24.- Varios

El robo al banco.
Nora entró al banco con elegancia y coquetería, destacando entre clientes y empleados con su vestido corto de un vibrante azul eléctrico, que se ajustaba perfectamente a sus generosas curvas. Complementaba su atuendo con la sensualidad de unas pantimedias satinadas, color natural, y elegantes zapatos de tacón alto. Era una mujer que sabía cómo llamar la atención sin esfuerzo.
Mientras aguardaba en la sala de espera, bruscamente irrumpieron por la entrada cuatro individuos enmascarados y armados. El caos se apoderó del banco en un abrir y cerrar de ojos. Los asaltantes, con actitud amenazante, obligaron a clientes y empleados a tirarse al suelo, sembrando el miedo y la confusión.
Nora obedeció la orden de tirarse al suelo, pero en su mente, estaba ideando una estrategia para mantener sus piernas ocultas. Se arrastró sutilmente detrás de un mamparo de propaganda, donde sus piernas quedaron fuera del campo de visión de los clientes y asaltantes.
Dos de los hombres enmascarados identificaron a la gerenta de la sucursal y la obligaron a llevarlos a la caja de seguridad, mientras los otros dos vigilaban al resto de las personas. Nora, con su conocimiento del banco, sabía que era su momento de actuar.
Con precisión y rapidez, sus piernas se teletransportaron al interior de la caja de seguridad, donde se agazaparon en la oscuridad, listas para lo que vendría a continuación. La gerenta abrió la caja de seguridad bajo la mirada ansiosa de los asaltantes, quienes esperaban encontrar el botín deseado.
Pero en cuanto ingresaron a la caja, las piernas de Nora atacaron con ferocidad, aprovechando su fuerza sobrehumana y la sorpresa de los hombres al encontrarse con un par de extremidades que actuaban de manera autónoma y determinada. Patadas precisas y golpes contundentes dejaron a los dos asaltantes noqueados en el suelo.
Las piernas de Nora no perdieron ni un segundo y cerraron la puerta de seguridad de la caja y la gerenta, comprendiendo su intención, superó rápidamente su asombro de ver un par de piernas femeninas moviéndose sin necesidad de un cuerpo; y bloqueó la puerta para asegurarse de que los criminales quedaran atrapados en su interior.
Las piernas de Nora, decididas a poner fin a la amenaza de los asaltantes, se teletransportaron a la zona de cajas del banco, materializándose de manera deliberada sobre uno de los mostradores.
Los asaltantes se vieron sorprendidos por la aparición de unas espectaculares piernas enfundadas en pantimedias satinadas, bajo las que traslucía una fina tanga de encaje, y que además posaban sobre el mostrador con un pie ligeramente adelantado para resaltar más las caderas y el trasero.
Los asaltantes, desconcertados por la inusual escena que tenían frente a ellos, les dieron a las piernas de Nora los segundos de distracción suficientes para tomar la iniciativa.
El atracador más cercano, recibió una tremenda patada en el mentón que le hizo saltar un par de metros hacia atrás y desplomarse aturdido.
Con una rapidez y agilidad asombrosas, las piernas de Nora saltaron contra el último asaltante y antes de que pudiera apuntar su arma le incrustó la rodilla derecha en la cara.
Con los dos asaltantes derribados y aturdidos, las piernas de Nora patearon sus armas en dirección al guardia del banco, que miraba boquiabierto y desconcertado, igual que el resto de empleados y clientes la gracia y el garbo con que un par de espectaculares piernas vestidas apenas con tanga y pantimedias, acababan de neutralizar a los fallidos asaltantes, para luego hacer una coqueta reverencia y desaparecer.
El guardia fue el primero en recuperarse de la sorpresa, tomó las armas, y asumió el control. Con rápidas órdenes mandó a clientes y empleados al fondo del banco para aislar a los asaltantes, que de cualquier manera estaban demasiado aturdidos para representar un problema.
El banco, que había sido escenario de tensión y peligro, ahora estaba lleno de asombro y alivio, con los delincuentes bajo el control del guardia y la gerente anunciando que los otros dos asaltantes estaban encerrados en la caja de seguridad y había activado las alarmas de manera que la fuerza policial estaba en camino
A pesar de su sorprendente fuerza y habilidades, las piernas de Nora no eran invulnerables, y durante todo el combate, Nora sintió cada uno de los impactos que sus extremidades propinaron a los delincuentes. Cuando sus piernas regresaron a su lugar bajo su cuerpo, Nora se encontró tendida en el suelo, con medio cuerpo adolorido pero satisfecha de haber intervenido para salvar el día.
Cuando finalmente llegaron los policías, Nora aprovechó la confusión para escabullirse discretamente del banco. Procurando que su identidad secreta permaneciera oculta, permitiéndole regresar a su vida cotidiana mientras continuaba explorando los misterios de sus asombrosos poderes.
La escena final de esta aventura encuentra a Nora en su casa, recostada en su cama con las piernas tendidas a un lado. Con ternura y cuidado, Nora aplica una crema antinflamatoria y analgésica en los moretones que sus piernas habían sufrido durante la intensa pelea en el banco.
"Vaya paliza que les diste", comentó Nora, masajeando con cariño las piernas que yacían separadas de su cuerpo.
Las piernas de Nora respondieron por telepatía, "Puedo golpear durísimo, y aunque resintamos los golpes, no importa. Nos recuperamos, pero esos delincuentes enfrentarán la justicia."
Nora sonrió ante la respuesta de sus piernas, agradecida de tener aliadas tan valientes y decididas. Sin embargo, su mente analítica no dejaba de funcionar.
"Lo que estoy pensando", dijo Nora mientras continuaba aplicando la crema, "es que vas a tener que usar siempre pantimedias negras. Si usas pantimedias transparentes, blancas o de red, te vas a ver muy mal con tantos moretones."
Las piernas de Nora emitieron una risa telepática, "Y te aseguro que no habías pensado en los tatuajes que tengo en las pantorrillas. Esas flores de lis que nos legó la abuela son fáciles de reconocer si andamos enseñando las pantorrillas."
Nora sonrió ante la observación, consciente de que, además de sus habilidades sobrenaturales, sus piernas también tenían un estilo propio. Sabía que su vida estaba llena de desafíos, aventuras y misterios por resolver, y que tanto ella como sus piernas estaban listas para enfrentar cualquier obstáculo que se les presentara en el futuro.

La tienda de conveniencia.
Era una noche tranquila cuando Nora entró a una tienda de conveniencia cercana para satisfacer un antojo de última hora.
Usaba un vestido a medio muslo, pantimedias negras y zapatos de tacón, luciendo elegante como siempre. Eran alrededor de las nueve de la noche en la tienda había unas cuantas personas: la cajera, un grupo de cuatro chicas vestidas de fiesta y maquilladas para una noche de diversión, así como dos señoras mayores que charlaban animadamente mientras hacían sus compras.
Sin embargo, la tranquilidad se vio abruptamente interrumpida cuando dos hombres armados irrumpieron en la tienda. Sus rostros estaban cubiertos con pasamontañas y sus armas en mano. La atmósfera se llenó de tensión mientras las mujeres presentes en la tienda eran amenazadas por los delincuentes.
Uno de ellos cerró la puerta de la tienda y corrió los cerrojos, el otro encañonó a las mujeres, las juntó a un lado de la caja y ordenó a la cajera que abriera el cuarto de la trastienda para encerrarlas.
Las piernas de Nora le urgían que las liberara, para atacar a los asaltantes, pero Nora había notado que el enmascarado no parecía un peligro inminente, pues les hablaba a las mujeres con cierto respeto, sin gritos e insultos y mantenía su dedo índice fuera del gatillo del arma.
Para evitar poner en peligro innecesariamente a las mujeres, Nora y sus piernas, acordaron esperar a que los asaltantes salieran de la tienda para actuar en su contra.
Sin embargo, la situación cambió de manera dramática cuando el otro asaltante se acercó con una actitud totalmente diferente, a gritos e insultos encerró a las mujeres en la trastienda, pero retuvo de un jalón a una de las chicas vestidas de fiesta.
El primer enmascarado trató de intervenir, pero el otro lo mandó a cuidar la puerta a punta de gritos e insultos.
El delincuente bloqueó la puerta de la trastienda con el cerrojo, dejó su arma sobre el mostrador de la caja y se abalanzó sobre la joven, tratando de arráncale el breve vestido de fiesta que usaba.
Encerrada con las demás mujeres, Nora decidió que era el momento de actuar. Sabía que no podía permitir que ese acto de violencia continuara.
Nora les advirtió a las mujeres que no se impresionaran por lo que estaban a punto de ver, buscó una pila sólida de cajas donde colocar la mitad superior de su cuerpo y teletransportó sus piernas fuera de la trastienda.
El potencial violador tenía a su víctima en el suelo, atrás de la caja, le había desgarrado el vestido y arrancado la tanga. Estaba hurgando en su pantalón, cuando un objeto desconcertante se deslizó suavemente bajo su barbilla y le hizo levantar la cara.
El tipo tardó unos segundos en reconocer el objeto como un elegante zapato de mujer, al extremo de una pierna de curvas imponentes. El tipo trató de levantarse, pero la suela del zapato se estampó en su cara y lo tiró de espaldas.
La joven vio saltar sobre ella las piernas en pantimedias e interceptó al tipo que trataba de recuperar su arma con un rodillazo en el estómago que le derribó definitivamente.
El enmascarado que cuidaba la puerta escuchó el ruido de la breve lucha atrás de la caja, y vio caer a su compañero fuera del mostrador.
Aferró su arma y fue en su ayuda, pero se sorprendió cuando aparecieron frente a él un bonito par de piernas de mujer, ataviadas con pantimedias negras y calzando elegantes zapatos de tacón alto. La sorpresa del hombre fue su perdición, ya que las piernas de Nora aprovecharon la ventaja y dispararon su pie derecho contra la mano armada del tipo, dejándolo indefenso.
Luego, las piernas de Nora le propinaron un golpe certero en el abdomen, doblando al asaltante y permitiendo que atraparan su cuello entre sus poderosos muslos. El delincuente quedó inconsciente rápidamente bajo la presión de las piernas de Nora.
Mientras tanto, la joven que estaba detrás de la caja, una vez repuesta de la impresión de haber estado a punto de ser atacada y salvada por un par de piernas en pantimedias negras, abrió la puerta de la trastienda y se guareció con las demás.
Derribado el segundo tipo, las piernas de Nora se teletransportaron de regreso a su lugar, bajo su cuerpo. La amenaza había sido neutralizada, y las mujeres en la trastienda observaban con asombro y gratitud a Nora y sus piernas teletransportables, que habían intervenido para protegerlas en su momento de necesidad.
Mientras Nora y sus piernas teletransportables habían intervenido con valentía para detener a los asaltantes, afuera de la tienda, un cliente que había intentado entrar y se dio cuenta del atraco había llamado a la policía. Las sirenas de las patrullas se acercaban rápidamente, anunciando la llegada de la ayuda.
Antes de que llegaran los policías, Nora les pidió a las mujeres que no mencionaran nada acerca de lo que acaban de vivir, pidiéndoles su ayuda para guardar su secreto. Las mujeres asintieron, conscientes de la necesidad de proteger a Nora y su habilidad especial.
Finalmente, las patrullas de la policía llegaron al lugar. Las mujeres salieron de la trastienda y fueron llevadas a un lado por los agentes, quienes comenzaron a tomar sus declaraciones sobre lo que habían presenciado durante el atraco.
Los asaltantes, una vez recuperados y en manos de los agentes, comenzaron a dar versiones confusas y delirantes de lo ocurrido, asegurando que habían sido atacados por las piernas de una mujer fantasma que usaba pantimedias negras. Sus declaraciones provocaron confusión y escepticismo entre los agentes.
Mientras las mujeres distraían al agente que estaba tomando sus declaraciones, Nora aprovechó la oportunidad para escabullirse detrás de un anaquel, quitarse las pantimedias y esconderlas detrás de algunos productos, eliminando cualquier evidencia que pudiera vincularla con la misteriosa intervención de sus piernas.
La aventura llegó a su fin con Nora retirándose discretamente del lugar. A través de la telepatía, se comunicó con sus piernas para felicitarlas por su valentía y audacia, agradeciéndoles por sus actos. Sus piernas, en tono humorístico, le respondieron que al final de cuentas, no habían comprado nada y que se iban a la cama sin cenar. Nora sonrió ante la conversación con sus piernas y se alejó del lugar, sabiendo que había hecho lo correcto al proteger a las mujeres y su secreto al mismo tiempo.

Agresión en el metro.
Nora viajaba en el tren subterráneo, apretada entre la multitud de pasajeros que se agolpaban en el vagón. El bullicio de la ciudad resonaba a su alrededor mientras ella se mantenía de pie, observando a su alrededor.
En un rincón del vagón, notó una escena que le hizo sentir un nudo en el estómago. Un tipo grande y musculoso maltrataba a una mujer que parecía ser su esposa. La mujer estaba visiblemente asustada y abrumada por la situación. El hombre la amenazaba con gestos violentos y palabras hirientes.
Cuando el tren finalmente llegó a una estación y las puertas se abrieron, la mujer aprovechó la oportunidad para intentar escapar de su agresor. Sin embargo, el grandulón la alcanzó rápidamente y, con un empujón brutal, la arrojó al suelo de la estación.
La mujer comenzó a llorar y el hombre la amenazó con golpearla si no se levantaba inmediatamente. La escena era desgarradora, y Nora no podía permitir que continuara.
Con determinación, Nora se sujetó del pasamanos del tren para evitar que la parte superior de su cuerpo cayera al suelo del vagón. Al mismo tiempo, teletransportó sus piernas a la estación. La acción fue rápida y precisa.
Las piernas de Nora se materializaron en la estación justo entre la mujer en el suelo y el gigantón que la amenazaba. A pesar de la inusual aparición, el tipo era demasiado bruto para sorprenderse ante la presencia de unas bonitas piernas en pantimedias negras. Sin pensarlo dos veces, lanzó una brutal patada hacia las piernas de Nora, que se interpusieron entre él y su esposa.
Con agilidad y gracia, las piernas de Nora eludieron el ataque, desviando la patada con precisión milimétrica. En un rápido contraataque, lanzaron una patada formidable contra el pie de apoyo del tipo, haciendo que se desplomara de espaldas al suelo.
Las piernas de Nora no perdieron tiempo y saltaron sobre su cuello, atrapándolo entre sus muslos. Sin embargo, el hombre era increíblemente fuerte y resistió la presión de las piernas de Nora. Clavó sus dedos en las nalgas de Nora, quien aflojó la presión sobre su cuello debido al dolor.
El tipo se aprovechó de la situación y logró desprenderse de las piernas de Nora, arrojándolas con fuerza contra el suelo. El golpe aturdió a las piernas por un momento, pero se recuperaron justo a tiempo para recibir al hombre cuando intentó abalanzarse sobre ellas. Con una patada en el abdomen, lo hizo retroceder y luego lo remató con un golpe fuerte del talón en la nuca.
En el vagón, Nora no pudo evitar sentir el dolor cuando el tipo clavó sus dedos brutalmente en su trasero y luego el golpe al caer al suelo. Sin embargo, hizo un esfuerzo por mantener su compostura y no evidenciar el dolor.
Las piernas de Nora, maltrechas pero triunfantes, se comunicaron telepáticamente con ella, indicándole que era hora de teletransportarlas de regreso. La misión estaba cumplida, y era momento de retirarse discretamente antes de que la policía llegara a la escena. Las piernas de Nora habían demostrado una vez más su valentía y determinación al proteger a una mujer en apuros.
La aventura llega a su fin cuando Nora, regresa a su casa. La tensión y el estrés de la confrontación en el tren subterráneo habían quedado atrás, y ahora se encontraba en su hogar, lista para relajarse.
Nora se quitó la ropa y miró su cuerpo desnudo en el espejo de cuerpo entero que colgaba en la pared. Con delicadeza, pasó los dedos por las marcas que le habían dejado los brutales apretones del gigantón en sus glúteos.
A través de la comunicación telepática que compartía con sus piernas, Nora sintió cómo ellas se quejaban por el dolor que aún experimentaban. Sus piernas habían soportado mucho durante la pelea en la estación del tren subterráneo, y las huellas de la batalla estaban marcadas en ellas.
Nora sonrió ante la conversación silenciosa con sus piernas y asintió con complicidad. "Sí, fue una mala idea intentar sofocar al tipo ese", pensó.
A pesar del dolor, ambas sabían que habían hecho lo correcto al defender a la mujer en peligro. Las piernas de Nora eran verdaderas heroínas en pantimedias negras, y juntas habían marcado la diferencia una vez más.
Con un suspiro de satisfacción, Nora continuó acariciando suavemente sus piernas, agradeciéndoles por su valentía y fortaleza. La conexión especial que compartía con sus piernas teletransportables seguía siendo un misterio, pero era una parte fundamental de su vida que Nora valoraba profundamente. Con la certeza de que estaban dispuestas a enfrentar cualquier desafío juntas, Nora se metió en la ducha para relajarse y recargar energías para futuras aventuras.






Mobirise.com