El colegio

La tarde caía sobre la ciudad, tiñendo el cielo de tonos cálidos mientras Nora Rosseau se dirigía a la elegante cafetería donde había quedado de encontrarse con su amiga Elena Duquesi.
Con paso seguro, Nora entró al lugar, atrayendo las miradas de quienes se encontraban allí, debido a su ajustado vestido corto de color gris que delineaba las curvas de su trasero y su generoso busto, las pantimedias negras que realzaban sus piernas monumentales y los zapatos negros de tacón alto que las hacían lucir elegantes e interminables.
En una mesa discreta, Elena la esperaba, imponente en su elegante traje sastre azul marino y medias negras. A pesar de la diferencia de edad, la elegancia de ambas mujeres resonaba en la sala.
Se saludaron con afecto, intercambiando sonrisas antes de sumergirse en la conversación. Elena, con su aire distinguido y refinado, no perdió tiempo y abordó el asunto que la preocupaba.
“Nora, estoy lidiando con un problema en el colegio” comenzó Elena, sus ojos reflejando la inquietud “han comenzado a circular rumores sobre un grupo de alumnos que toma fotos inadecuadas y luego chantajea a sus compañeros. No hay evidencias certeras, solo chismes en redes sociales, pero temo que haya algo atrás de esto, que pueda afectar el prestigio de la institución”
Nora asintió, comprendiendo la gravedad de la situación. La cafetería, cómoda y acogedora, se volvía testigo de una conversación que podría cambiar el curso de las cosas.
“No quiero recurrir a las autoridades sin pruebas concretas” continuó Elena “es por eso que pensé en ti, Nora. Con tus habilidades, podrías investigar discretamente y descubrir si hay verdad en estos rumores. Necesitamos proteger la reputación del colegio”
“Cuenta conmigo. Investigaré a fondo y descubriré la verdad. Protegeremos el prestigio del colegio y pondremos fin a esta situación” Nora respondió con determinación, sus ojos verdes destilando confianza.
La alianza entre la científica aventurera y la directora del prestigioso colegio estaba sellada. Mientras disfrutaban de sus cafés, Nora trazaba mentalmente un plan para sumergirse en el oscuro mundo de los rumores y secretos, donde sus piernas teletransportables serían la clave para desvelar la verdad y restaurar el honor del colegio. La noche caía, pero la aventura apenas comenzaba.
El plan estaba en marcha, y mientras saboreaban sus cafés, Elena desplegó su estrategia ante Nora. La directora, con un brillo de astucia en los ojos, reveló su propuesta para introducir a Nora en el colegio de manera efectiva.
“He pensado en cómo podrías ingresar al colegio sin levantar sospechas y con pleno acceso a los grupos” Elena sonrió con confianza “Utilizaremos tu prestigio científico a nuestro favor. ¿Qué te parecería convertirte en la maestra del taller de ciencias?”
Nora, intrigada por la sugerencia, asintió. La idea de compartir sus conocimientos y experiencias con jóvenes mentes le agradaba, y la posición le brindaría la oportunidad de estar en el epicentro de la problemática que afectaba al colegio.
Nora sonrió, reconociendo la astucia de la propuesta. La posibilidad de estar presente en la vida de los alumnos de manera significativa mientras llevaba a cabo su investigación le parecía perfecta.
Con un acuerdo sellado, las dos mujeres continuaron planificando los detalles. La maquinaria estaba en marcha para que Nora Rosseau, la científica con piernas teletransportables, se adentrara en el mundo académico, donde la ciencia y la intriga se entrelazarían de manera fascinante.
El día esperado llegó, y Nora Rosseau se presentó puntualmente en el prestigioso colegio donde comenzaría su trabajo como maestra de ciencias. El bullicio de estudiantes y la efervescencia del ambiente académico llenaban los pasillos mientras Nora caminaba con seguridad hacia su nuevo destino.
Para esta misión especial, Nora había dejado atrás su estilo distintivo. Ataviada con el uniforme de las maestras, llevaba una blusa blanca de cuello redondo que realzaba su tez clara, un blazer color crema que se ajustaba elegantemente a su figura, y una falda plisada hasta las rodillas del mismo tono. Las pantimedias color natural y los zapatos bajos completaban el atuendo, marcando un contraste con su habitual vestimenta.
Aunque su cabellera rojo intenso estaba recogida en un moño sobre la nuca, Nora se las arregló para dejar caer un coqueto flequillo sobre su frente, destacando sus intensos ojos verdes. A pesar de la formalidad del uniforme, la belleza singular de Nora no pasó desapercibida; su presencia atrajo miradas curiosas y susurros de admiración a su paso por los pasillos.
Elena Duquesi, la directora, la recibió con una sonrisa y la condujo a su nuevo espacio de trabajo. El laboratorio de ciencias estaba equipado con instrumentos modernos y materiales de primera calidad. Nora se sentía en su elemento, lista para compartir su conocimiento y desatar la chispa de la curiosidad científica en sus alumnos.
La llegada de Nora Rosseau al colegio no pasó desapercibida. El uniforme de maestra no lograba disimular las voluptuosas formas traseras y el blazer realzaba los prominentes pechos de la pelirroja, cuya presencia desató sensaciones en los pasillos del prestigioso instituto.
La falda plisada ocultaba sus muslos, pero sus torneadas pantorrillas y esbeltos tobillos ofrecían un espectáculo que no pasaba desapercibido entre los estudiantes, especialmente los varones.
Desde el primer día, Nora notó las reacciones singulares que su presencia provocaba en el colegio. Las miradas curiosas y susurros la seguían a cada paso. Alumnos varones, con aires de galanes, merodeaban en su entorno, intentando llamar su atención de manera sutil. No podían resistirse a la combinación de belleza y misterio que Nora desprendía.
Las niñas, por otro lado, se acercaban con intenciones de conocer más sobre la vida de la atractiva maestra de ciencias. Sus ojos brillaban con admiración y curiosidad, y no perdían oportunidad de hacerle preguntas sobre su vida, sus experiencias científicas y hasta su peculiar forma de vestir.
Nora, con su aguda inteligencia y habilidades sociales, manejaba estas situaciones con gracia y profesionalismo. Respondía a las inquisitivas preguntas de los estudiantes, inspirando a muchos con su pasión por la ciencia. Aunque la atención generada podía resultar abrumadora, Nora encontraba la manera de equilibrar su vida académica con las intrigas del colegio.
En medio de este torbellino de atención, Nora se enfocaba en su misión principal: descubrir la verdad detrás de los rumores y proteger la reputación del colegio.
La cafetería del colegio bulle con la energía de los estudiantes que disfrutan de sus descansos entre clases. Nora Rosseau se encuentra en una mesa, tomando un café mientras revisa algunos apuntes para la siguiente lección. El murmullo de risas y conversaciones de los alumnos se mezcla con el aroma del café recién preparado.
Un grupo de chicos y chicas se aproxima a Nora. Entre ellos, destacan Diana Laura y Jorge Luis, los líderes carismáticos y populares del colegio. Con sonrisas encantadoras, se acercan a la mesa de Nora, captando la atención de todos en la cafetería.
“Hola, Miss Nora “Saluda Diana Laura con entusiasmo, su voz resonando en el bullicio del lugar “¿Cómo estás? Hemos notado tu increíble desempeño como maestra, y pensamos que deberías unirte a nosotros en una fiesta que estamos organizando”
Jorge Luis asiente, agregando con un tono persuasivo: “Será en mi casa. Una velada increíble con música, diversión y buenas vibras. Estamos seguros de que te encantará”
Nora, consciente de las sospechas que había acumulado sobre este grupo, evalúa la invitación con cautela, pero toma un paso decisivo.
“Gracias por la invitación. Será un gusto unirme a ustedes en la fiesta” responde Nora con una sonrisa sutil, sin revelar sus sospechas.
Diana Laura y Jorge Luis expresan su alegría ante la respuesta de Nora y le proporcionan detalles sobre la dirección de la casa de campo y la hora del evento. A medida que se alejan, la cafetería zumba con la excitación de los demás estudiantes, quienes murmuran sobre la participación de la guapa maestra en la próxima fiesta.
Nora, con su café entre las manos, reflexiona sobre las motivaciones reales detrás de la invitación. Sus piernas, siempre vigilantes, le transmiten sus propias inquietudes. La fiesta se revela como un terreno potencialmente peligroso, pero Nora, con su determinación y astucia, está dispuesta a adentrarse en el corazón de las sombras para descubrir la verdad que se esconde detrás de las apariencias festivas.
La noche de la esperada fiesta había llegado, y Nora Rosseau se preparaba para deslumbrar en el evento. Se enfundó en un vestido dorado, ajustado de manera exquisita para resaltar cada curva de su figura, y lo suficientemente corto para exhibir las monumentales piernas que se enfundaban en pantimedias brillantes. Las zapatillas transparentes de tacón alto completaban el look, añadiendo un toque de sofisticación y glamour.
El cabello de Nora, que dentro de la escuela se recogía en un moño, ahora caía en ondas espléndidas sobre sus hombros, y su maquillaje resaltaba la intensidad de sus ojos verdes. Con su porte elegante y confiado, Nora estaba lista para adentrarse en la fiesta y desentrañar los misterios que acechaban en las sombras.
Al llegar a la casa de la fiesta, la guapa maestra de cabello de fuego fue recibida por miradas admirativas y susurros de asombro. Muchos jóvenes, que ya habían llegado, la reconocieron de inmediato, y sus rostros se iluminaron con admiración ante la espectacular presencia de Nora. La combinación de su vestido dorado y su seguridad al caminar convirtieron la entrada en un momento de silenciosa fascinación.
Diana Laura y Jorge Luis, los anfitriones de la fiesta, se acercaron con sonrisas encantadoras.
“Nora, qué alegría que hayas venido. Te ves increíble” dijo Diana Laura, admirando el atuendo de la maestra.
“Sí, no podíamos dejar de invitarte a nuestra fiesta” agregó Jorge Luis, con un brillo en los ojos.
Nora, con gracia y una pizca de misterio, agradeció por la invitación y se sumergió en el bullicio de la fiesta. La música vibraba en el aire, las luces destellaban en tonos cálidos y la euforia de los jóvenes llenaba cada rincón de la casa.

Durante la fiesta, Nora desplegó su encanto, interactuando con los estudiantes de manera amigable y manteniendo sus sentidos alerta.
Dentro del bullicio de la fiesta, Nora se dio cuenta de que, entre la multitud animada, ella era la única persona adulta. La revelación resonó en su mente, y sus piernas, siempre vigilantes, le enviaron un mensaje telepático de alerta. La atmósfera festiva se volvía más compleja a medida que Nora se movía entre los jóvenes y adolescentes.
Curiosa sobre la ausencia de otros maestros en la fiesta, Nora se acercó a Carmina, una de las chicas del grupo de amigas de Diana Laura.
“¿Invitaron a otros maestros a la fiesta?” preguntó Nora, con una expresión de curiosidad genuina.
La chica, con una sonrisa, le respondió: “No, solo seleccionamos a personas especiales para nuestra fiesta. Queríamos que tú fueras la invitada principal”
Esta revelación desconcertó a Nora, y sus piernas, como si intuyeran algo más, le mandaron un mensaje telepático de alerta y le sugirieron dirigirse hacia la zona de baile.
“Maestra Nora, que bueno verla aquí, ¿quiere bailar?” le preguntó un chico con entusiasmo, extendiendo la mano.
Nora, consciente de su falta de habilidad para seguir el ritmo de la música, dudó por un momento. Sin embargo, sus piernas, siempre dispuestas a sorprender, le aseguraron telepáticamente que se encargarían de todo.
“Claro, acepto” respondió Nora, permitiéndose ser guiada por el joven a la pista de baile.
“¿Estás segura de esto? Bailar nunca ha sido mi fuerte y el colmo sería quedar en ridículo frente a estos niños” preguntó Nora por su canal telepático a sus piernas.
“Solo déjate llevar princesa, esta noche soy tu príncipe bailador”
La música era alegre, animada y enérgica. Para su sorpresa, al primer compás de la música, Nora sintió una sincronización perfecta entre sus movimientos y el ritmo envolvente. Sus piernas ejecutaban pasos elegantes y movimientos gráciles que capturaban la atención de todos los asistentes.
La forma en que Nora se movía era a la vez sensual y juguetona, seduciendo a todos los que la rodeaban con su energía y pasión.
“¿Dónde aprendiste a bailar así?” preguntó Nora por vía telepática.
“Soy una cajita de sorpresas” respondieron sus piernas.
La música pulsaba en el aire mientras Nora continuaba bailando con diferentes parejas en la animada fiesta. Entre giros y movimientos gráciles, se encontró de repente bailando con Jorge Luis. Él, hábilmente, la guio hacia una zona apartada donde varios sillones aguardaban.
Diana Laura recibió a Nora con efusividad y la invitó a sentarse a su lado, elogiando su belleza, encanto, elegancia y habilidad para el baile. Jorge Luis se unió al grupo y, con una sonrisa, le ofreció a Nora una bebida.
Con una sonrisa encantadora, Nora decidió jugar el juego de los chicos y aceptó la bebida. Los minutos siguientes serían determinantes. Aunque parecía que iba a ingerirla, con gracia y encanto al charlar, Nora logró distraer a los chicos y deshacerse del líquido, fingiendo tomarlo.
Los dos chicos, Jorge Luis y Diana Laura, la miraban con expectación, cosa que no pasó desapercibida para Nora, que, en un momento estratégico, dio un cabezazo, cerró y abrió los ojos, y sacudió la cabeza, fingiendo estar amodorrada.
Diana Laura le preguntó si se sentía bien, y Nora respondió con voz soñolienta que tenía un poco de sueño, que era hora de retirarse. En ese instante, Jorge Luis tomó a Nora de un brazo y Diana Laura del otro, levantándose del sillón.
"No te preocupes, Nora. Vamos a una recámara para que descanses un poco antes de irte", dijeron con sonrisas tranquilizadoras.
Nora se dejó llevar, representando magistralmente el papel de estar bajo los efectos del supuesto narcótico. Otro chico y un par de niñas se acercaron de manera casual, integrándose al grupo, para que el resto de la fiesta no notara que estaban sacando a Nora por una puerta lateral y llevándola a una accesoria en el jardín, constituida por una amplia recámara, amueblada con sencillez, pero con muebles caros.
Con sumo cuidado, Jorge Luis y sus cómplices acomodaron a Nora sobre la cama.
Jorge Luis, tomando el mando de la situación, anunció: "Se tomó el vaso completo, así que va a estar dormida por lo menos dos horas". Sus palabras resonaron con una seguridad que revelaba la confianza de un plan cuidadosamente tramado.
Después, Jorge Luis distribuyó tareas entre sus compañeros. Como un enjambre silencioso, salieron de la habitación, dejando a Nora supuestamente inconsciente en la cama.
Las piernas de Nora, siempre atentas con sus poderosos sentidos, le comunicaron: "Ya se fueron, me contuve para no patearlos. ¿Ahora qué hacemos?"
Nora se incorporó. Durante el supuesto desmayo, se había esmerado en conservar su pequeña bolsa de mano, sujeta con una correa a la palma de su mano izquierda.
"Permanece atenta por si los oyes regresar", susurró Nora a sus piernas mientras se levantaba con gracia y determinación.
Nora recorrió la habitación con agilidad, examinando cada rincón en busca de pistas que pudieran revelar más sobre las actividades de Jorge, Diana y sus secuaces. Sin embargo, la búsqueda resultó infructuosa.
En medio de esta aparente falta de hallazgos, Nora realizó una pequeña y discreta maniobra con su celular y un pequeño dispositivo que sacó de la bolsa de mano.
Mientras llevaba a cabo esta acción, Nora reflexionaba en silencio: "Jorge y Diana son los cabecillas, y el resto, Daniela, Carmina y Kevin, son los secuaces".
Las piernas de Nora, siempre alertas, anunciaron la llegada de personas. Rápidamente, Nora regresó a la cama y se acomodó como si aún estuviera inconsciente.
Los chicos regresaron a la habitación, y con ellos, un hombre adulto de aspecto imponente, moreno, rostro picado de viruelas, cabello grasiento y vestido con un caro conjunto de ropa deportiva, al que llamaban Cubano.
Al ver a Nora tendida en la cama, Cubano hizo comentarios procaces de su cuerpo, alabando con términos vulgares sus senos y piernas; y describiendo lo que podría hacer en su boca.
Incluso Daniela y Carmina trataron de alejarse hacia el extremo más lejano de la habitación, como si quisieran distanciarse de la situación.
Jorge, tratando de retomar el control, interrumpió al Cubano y trató de llevar la conversación hacia los negocios.
La astuta maestra, fingiendo el desmayo, pero manteniendo una atención aguda, dedujo que Cubano estaba involucrado en la venta de fotos y videos obscenos en sitios pornográficos de internet. Jorge, por su parte, pretendía venderle el material que habían obtenido en el colegio.
Cubano, con su presencia imponente, percibió rápidamente la impresión que causaba en los chicos, quienes, hasta ese momento, se mostraban impresionados e incluso asustados por los alcances que el hombre insinuaba en el negocio oscuro en el que estaban involucrados.
Con un tono persuasivo, Cubano señaló hacia Nora, la maestra pelirroja, y dijo: "Esta belleza puede ser un gran éxito". Sus palabras resonaron en la habitación, cargadas de malas intenciones.
Se acercó a Nora, relamiéndose los labios ostentosamente y frotándose las manos. “Esas fotos de muchachitas que me has enseñado están bien para empezar, pero este mujerón es de mucha mejor calidad, la vamos desnudando poco a poco y tenemos por lo menos 100 fotos, y ya desnudita le sacamos 100 más, y a todo esto le podemos ganar mucho dinero”
Cubano añade “Hay un gran fetiche de pantimedias y lencería, esta muñeca es ideal para aprovecharla”. El tipo se inclina sobre Nora, le levanta el vestido y se deja ir buscando con la boca el pubis de la pelirroja.
Pero lo siguiente fue que la cara de Cubano se estrelló contra el colchón. La parte superior de Nora se había incorporado sobre su base y dijo con una encantadora sonrisa: "Lo siento, pero nadie se mete ahí sin mi permiso”.
Cubano, aturdido y sorprendido, se incorporó rápidamente, y sin vacilar trató de llegar a la puerta para escapar. Sin embargo, unas bonitas piernas en pantimedias negras se interpusieron en su huida. Con una hábil zancadilla, derribaron a Cubano, que se levantó con determinación y siguió buscando la puerta. Antes de que pudiera alcanzarla, un certero rodillazo en el plexo solar lo tumbó al suelo, dejándolo sofocado y desconcertado.
Los chicos observaban atónitos, sin comprender del todo lo que acababa de suceder. Las piernas de Nora regresaron a su lugar, y con un movimiento fluido, Nora, con su cuerpo completo, se levantó de la cama. Su sonrisa amable contrastaba con la intensidad de la situación.
"Tenemos mucho de qué hablar, pero primero vamos a controlar a este delincuente", declaró Nora con determinación, mirando a su alrededor.
Carmina vestía un corto y ceñido short sobre unas pantimedias estampadas. Kevin usaba un cinturón tipo militar con hebilla de acero.
La voz de Nora era dulce, melodiosa y amable, pero cuando quería, podía darle un énfasis autoritario, el mismo que usó perentoriamente: “Carmina, nena, necesito tus pantimedias, vete al baño y tráemelas. Kevin, dame tu cinturón y tus calcetines. Diana, quita la funda de la almohada”
Hábilmente, Nora utilizó las pantimedias de Carmina para maniatar al Cubano, después amarró sus piernas con el cinturón de Kevin, con los calcetines improvisó una mordaza y le vendó los ojos con la funda de la almohada-
Los chicos observaban asombrados mientras Nora llevaba a cabo esta serie de acciones con una mezcla de gracia y determinación. Con Cubano controlado y reducido a la impotencia, Nora se volvió hacia los jóvenes con una mirada seria.
"Ahora, hablemos de lo que está sucediendo en este colegio", dijo Nora, con la promesa de respuestas y revelaciones en el aire.
Nora se acomodó en la cama, cruzando coquetamente las piernas mientras les dirigía una mirada seria. "Chicos, entiendan que no soy una novata en esto. Con un cuerpo como este, he aprendido muchas tretas para eludir bebidas ", dijo, haciendo alusión a la intentona de darle una bebida adulterada.
Con una mezcla de encanto y autoridad, Nora continuó, "Ahora es su turno de hablar, y quiero saber todo lo que han hecho". Jorge Luis intentó engallarse, pero una mirada de los demás lo calló. Carmina, tomando la palabra, sugirió que lo mejor sería confiar en Nora y hablar con sinceridad.
Los chicos, bajo la atenta mirada de Nora, explicaron que todo comenzó como una travesura para ganar algo de dinero, pero las cosas se salieron de control cuando los rumores en las redes sociales atrajeron la atención de Cubano, quien intentó involucrarse con la intención de obtener beneficios económicos.
Nora, directa y sin rodeos, les preguntó si hubieran permitido que Cubano le tomara fotos. Los chicos, visiblemente afectados, bajaron la mirada y musitaron disculpas y arrepentimiento. En ese momento, Daniela, con un tono apenas audible, confesó, "Maestra Nora, vi que Kevin y Carmina estaban a punto de detener a Cubano cuando quiso hacerle daño, pero sus piernas mágicas actuaron antes".
Jorge Luis, mostrándose abatido, explicó que inicialmente solo quería usar a Nora para demostrarle a Cubano lo que eran capaces de hacer, pero que estaba arrepentido de haberla puesto en peligro y por haber violentado la intimidad de sus compañeras. Diana Laura y Carmina lloraban en silencio, expresando su pesar por las consecuencias de sus acciones. Daniela se atrevió a sentarse junto a Nora y le tomó de la mano, rogándole que lo perdonara. Kevin, sin saber que hacer se dejó caer de rodillas, expresando que estaba muy apenado por todo lo que había hecho.
Las piernas de Nora, con su capacidad telepática, transmitieron un mensaje: "No sé por qué estúpida razón, pero les creo. Considero que realmente están arrepentidos". Nora, con una expresión reflexiva, decidió darles una oportunidad para redimirse y enmendar sus errores.
Nora, con firmeza, estableció las condiciones que los chicos debían seguir. "Primero, van a borrar todas las fotos y videos que pudieran tener. Segundo, van a dejar de inmediato y para siempre de hacer lo que estaban haciendo. Tercero, van a borrar todos sus perfiles de redes sociales y van a quedarse quietecitos por seis meses, antes de hacer perfiles nuevos", declaró Nora con determinación.
Con paso seguro, se levantó de la cama y caminó hacia un mueble de dónde sacó una pequeña cámara conectada a su celular, ambos cuidadosamente escondidos. Nora, con una mezcla de seriedad y compasión, explicó que tenía una amiga experta en tecnología que había estado cuidándola toda la noche y grabando todo lo que había sucedido, incluyendo las confesiones de los chicos.
"El punto cuatro es que estoy segura que van a cumplir con todo", anunció Nora, reiterando la confianza que depositaba en ellos. “Sin embargo”, añadió con firmeza, "Estas grabaciones son mi seguro de cumplimiento".
"El último punto es que van a olvidar que han visto mis piernas fuera de mi cuerpo", anunció Nora con firmeza. "Ustedes van a guardar mi secreto, y yo voy a callar todo lo que he descubierto"
Los chicos, bajo la evidente presión de las circunstancias, aceptaron todas las condiciones sin discutir. El silencio se apoderó de la habitación, roto únicamente por las palabras de Nora y la tensión palpable entre los presentes. La trama, ahora marcada por el compromiso y la vigilancia, prometía una nueva etapa donde los personajes deberían demostrar su capacidad para redimirse y aprender de sus errores.
Jorge Luis, con cierta ansiedad en su voz, preguntó sobre el destino de Cubano, quien se había recuperado y agitaba furioso, tratando de quitarse la venda de los ojos. Las piernas de Nora se separaron de su cuerpo, caminando con determinación hasta el enfurecido individuo.
Con una precisión impactante, las piernas de Nora colocaron el tacón de un zapato en la garganta de Cubano, aplicando firme presión. En un instante, la agitación cesó, y Cubano entendió que cualquier movimiento adicional solo empeoraría su situación. Se quedó quieto e inmóvil, sometido por la presión de aquel tacón que simbolizaba la autoridad de Nora.
Nuevamente la voz de Nora combinó la dulzura con la severidad: “Ahora váyanse a la fiesta, diviértanse y a cumplir con sus compromisos a partir de este momento”
Con un tono que combinaba amabilidad y seriedad, Nora los despidió, dejándolos con la tarea de enmendar sus caminos.
Mientras sus piernas mantenían inmóvil y controlado a Cubano, Nora hizo una extensa llamada por celular y un rato después, con absoluta discreción un par de agentes llegaron a la casa, preguntando por Jorge Luis, quien les condujo hasta la accesoria donde aprehendieron a Cubano.
Antes de entrar a la sala de la fiesta, Nora les explicó a Jorge y Diana que le acompañaba: “Cubano tiene cuentas pendientes, hay un par de órdenes de búsqueda por las que tiene que responder. No tienen idea de los problemas en que se hubieran metido tratando con él”.
Diana le dio un codazo a Jorge, como reclamándole “Te lo dije”
Jorge Luis estaba abatido y angustiado, pero aliviado por haber eludido un grave problema. “Me salvó de enredarme con un delincuente, maestra Nora, no sabe cómo se lo agradezco, y lo digo en nombre de todos”
Diana Laura estaba al borde del llanto. “No sabe maestra Nora, lo arrepentidos que estamos de todo lo que hicimos y sobre todo que tratamos de meterla en todo esto, siendo usted tan buena con todos”
Nora, conmovida, abrazó a Diana Laura y le agradeció el gesto. Jorge Luis se unió al abrazo y Nora supo que el caso estaba cerrado.


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