20.- La santa compaña

Carlos se encontraba absorto en pantalla de su computadora. La habitación estaba sumida en la penumbra, sólo iluminada por la luz azul que proyectaba la pantalla, mientras recorría las fotos y videos que menudeaban en las redes sociales acerca de las misteriosas "piernas de la flor de lis".
Las imágenes y videos eran asombrosos. Las piernas de la flor de lis se movían con una gracia y elegancia que parecían desafiar las leyes de la física y de la lógica pues parecía imposible que un par de piernas femeninas actuaran sin un cuerpo sobre las caderas.
Mientras más recorría imágenes y videos, más asociaba las maravillosas piernas con los recuerdos de una antigua novia, quien tenía unas piernas igual de impresionantes, y disfrutaba lucirlas con faldas y vestidos cortos que dejaban apreciar unos pequeños y elegantes tatuajes de flor de lis en las pantorrillas.
Tomando una decisión, Carlos escribió un mensaje en el perfil de las piernas de la flor de lis:
"Hola, soy Carlos Medina. Hace muchos años, tuve una relación con alguien que tenía unas piernas preciosas adornadas con tatuajes de flores de lis. No puedo evitar notar la similitud en las fotos. ¿Eres Nora Rosseau? Me gustaría hablar contigo por un problema que está afectando a mi familia"
Carlos envió el mensaje y quedo expectante, dejándose llevar por los recuerdos. Nora y él habían compartido momentos especiales muchos años atrás, pero la vida los había llevado por caminos diferentes. Se habían separado en buenos términos, pero por un tácito común acuerdo fueron espaciando llamadas telefónicas y mensajes hasta llevar más de cinco años sin contacto.
Una mujer se acerca a Carlos por la espalda. Es Sandra, su esposa. De estatura media y esbelta con cabello castaño que cae en suaves ondas sobre su cuello. Sus ojos expresivos de un color avellana cálido tienen grandes ojeras y aunque trata de disimularlo su rostro se ve preocupado.
"¿Es ella?" le pregunta a Carlos.
"Estoy casi seguro, acabo de mandarle un mensaje".
Sandra lo abraza con ternura y Carlos deposita un beso en su mano: "Espero que sea ella, necesitamos una gran ayuda para resolver este gran problema"
Sandra acaricia el cuello de su esposo "Gracias por ayudarme, no sabes cuánto me arrepiento de haber causado todo esto".
Carlos se levanta y abraza a Sandra, que suspira y deja salir unas lágrimas, lastimada por el recuerdo de las situaciones que tanto daño le han causado a ella y a su familia, formada por Carlos y dos pequeños, Sergio y Sarita, de 9 y 6 años.
Carlos y Sandra se pierden en sus respectivos recuerdos.
Carlos no puede evitar emocionarse recordando a Nora. Recuerda su carácter afable y dulce, pero también firme y decidido; su hermoso cuerpo y su mente inteligente y analítica. Sus recuerdos se desvían al presente y desea fervientemente que la extraordinaria mujer de las piernas de la flor de lis, sea realmente la Nora Rosseu que conoció y que por lo tanto sea la indicada para ayudarle a resolver la crisis que afecta a su familia.
Por su parte, los recuerdos de Sandra van un año atrás, cuando viajó por trabajo a una ciudad colonial junto con unas compañeras de trabajo. La última noche, el grupo de mujeres salieron a recorrer los antros más conocidos. Sin embargo, a medida que avanzaba la noche, la diversión se convirtió en una atmósfera ríspida. Pequeñas disputas surgieron entre ellas, y por la influencia del alcohol se potenciaron hasta convertirse en conflictos y disputas.
En la madrugada, Sandra, molesta y frustrada por la discusión con sus compañeras, se le ocurrió separarse de ellas y salió sola a las solitarias calles empedradas, en total estado de embriaguez. Las estrechas y enmarañadas calles, que antes habían parecido pintorescas y amigables, se volvieron un laberinto oscuro y desolado.
Sandra caminó sin rumbo hasta perderse completamente. Entonces, en medio de la oscuridad, surgió una procesión formada por figuras envueltas en mortajas sucias y desgarradas, que avanzaban lentamente, haciendo sonar campanas destempladas y repitiendo una ominosa letanía.
Obnubilada por la embriaguez Sandra ni siquiera atinó a huir y sólo se tiró al suelo a llorar. Cuando una de las figuras le alargó un cirio encendido lo único que se le ocurrió fue tomarlo.
Horas después, cuando Sandra se recuperó, estaba tendida en el suelo, con el caro vestido de noche revuelto y desarreglado, y con un sucio hueso entre las manos.
A partir de ese momento, su vida y la de su familia se tornó en una pesadilla de sueños terroríficos y sucesos paranormales en toda la casa y a todas horas.
El tono de nuevo mensaje de la computadora saca a Carlos y Sandra de sus pensamientos y recuerdos.
Nora no es muy afecta a las redes sociales, pero si usa mucho internet para explorar nuevos temas y conocimientos. Esa noche se encontraba leyendo algunos artículos, cuando recibió la notificación de un nuevo mensaje con un remitente que le trae gratos recuerdos.
Nora revisó el mensaje y le respondió a Carlos de inmediato.
"Hola Carlos Medina, claro que te recuerdo, gracias por el cumplido. Efectivamente, soy Nora Rosseau y me da gusto saber de ti, después de tanto tiempo, ¿crees que puedo ayudarte en algo?, dime más, por favor"
Carlos y Sandra se emocionan al leer la respuesta de Nora. Carlos escribe un nuevo mensaje en el cuál le pide una reunión presencial. En un par de mensajes más, acordaron de verse al día siguiente.
La cafetería estaba impregnada de un suave aroma a café recién hecho y murmullos de conversaciones distendidas.
A Nora le gustaba llegar temprano a sus citas y siempre pedía una mesa cercana a los ventanales, para observar el bullicio de la calle fuera. Usaba un vestido corto de color azul zafiro, que resaltaba su figura escultural y sus piernas largas y bien torneadas, cubiertas con pantimedias negras realzaban aún más su belleza, y con zapatos de tacón alto para completaban el conjunto con un toque de sofisticación.
Su cabello rojo y sus piernas impecables, elegantemente cruzadas bajo la mesa, atraían las miradas de los presentes.
Carlos y Sandra llegaron puntualmente. Eran una pareja atractiva y elegante. Carlos había mantenido su aspecto juvenil a lo largo de los años, era alto y de complexión fuerte, de piel muy blanca y cabello castaño corto, con barba escrupulosamente cuidada. Sandra era más baja, delgada y esbelta. Le gustaba arreglarse con esmero e irradiaba belleza y buen porte.
Carlos tardó unos segundos en ajustar el recuerdo de la universitaria de cabello castaño, con la espectacular pelirroja que saluda con la mano desde una mesa junto a las ventanas.
"¡Nora!", exclamó Carlos con una sonrisa nerviosa mientras se inclinaba para darle un beso en la mejilla. "Hace tanto tiempo, ¿verdad?"
Nora asintió amablemente y saludó a Sandra con una sonrisa. "Sí, ha pasado mucho tiempo, Carlos. Es un placer volver a verte. Y tú debes ser Sandra, ¿verdad?"
Sandra asintió y extendió la mano. "Un placer conocerte, Nora. Carlos siempre ha hablado mucho de ti, me dijo que eras una mujer extraordinaria y veo que no ha mentido".
Nora agradece con una sonrisa y todos se acomodan en sus sillas. El ambiente distendido de la cafetería contrastaba con la inquietud que rodeaba a la pareja.
El mesero los atiende de inmediato y los primeros minutos los usan para ponerse al día de noticias comunes.
Por fin, Carlos abre la introducción a sus preocupaciones. "Nora, hemos estado viendo en las redes sociales todo lo que se habla y se publica de las hazañas de las piernas de la flor de lis. Son realmente asombrosas".
Sandra asintió, su mirada revelando una mezcla de admiración y preocupación. "Es cierto. Tú y tus piernas han sido un ejemplo de valentía y determinación. Por eso hay algo que necesitamos hablar contigo. Algo que suena increíble, pero tenemos que hacerlo".
Nora, percibió la tensión en la pareja, con su empatía características comprendió que lo que fuera, les afectaba mucho. De manera casual, puso su mano sobre la de Sandra y le dijo con suavidad: "Carlos es una persona muy especial para mí, por lo que representó en una etapa de mi vida; si tú eres la mujer que escogió para amar y formar su familia, también tú eres muy especial para mí. Estoy aquí para escuchar lo que tengan que decirme, para ayudar si puedo. Confía en mí, por favor".
Carlos asintió, agradecido por la comprensión de Nora. "Nora, quiero contarte algo, pero primero, quiero que escuches una antigua leyenda, la leyenda de la 'Santa Compaña'. Puede sonar extraño, pero es parte de lo que necesitas saber".
Con una voz serena, Carlos comenzó a relatar la historia de la "Santa Compaña", describiendo cómo las almas en pena vagaban en procesión durante la noche, portando velas que se convertían en huesos y explicando que esas velas era una maldición para quienes las aceptaban. Luego, Sandra tomó la palabra y contó su propia experiencia desagradable con los espectros durante su viaje a una ciudad colonial.
Carlos continúo diciendo que, desde esa noche, a Sandra la acechaban presencias sobrenaturales y fenómenos paranormales como ruidos, visiones, pesadillas, objetos que caen, se arrastran y golpean. Lo peor es que esas presencias y fenómenos no solo afectan a Sandra, sino que se han expandido a Carlos y hasta a sus pequeños hijos.
La pareja añade que han buscado ayuda con sacerdotes, brujas, videntes y cazafantasmas, sin que nadie haya logrado erradicarlos.
Carlos explicó también, con una expresión seria, "Hemos investigado mucho sobre la maldición de la 'Santa Compaña', Nora, y hemos descubierto que, para romperla, debemos devolver el hueso a las ánimas errantes durante la luna llena antes de que se cumpla un año y faltan sólo un par de semanas para ese plazo. Si no se rompe la maldición, se queda para siempre ".
Sandra asintió y añadió, "Pero aquí está el problema: nosotros no podemos ser quienes devuelvan el hueso, hemos investigado a fondo y que la única forma de quitar la maldición es que sea un niño quien lo haga".
Carlos tomó su celular y lo pasó a Nora. En la pantalla, vio una foto de dos niños, un niño de unos 7 años abrazando a una niña más pequeña.
"Estos son nuestros hijos, Sergio y Sarita", explicó Carlos. "Por un descuido, Sergio se enteró de toda esta historia. Y, a pesar de los riesgos, insiste en que quiere ser quien devuelva el hueso y acabe con la maldición. Dice que no podemos arriesgar a nadie, y que por eso sólo él puede hacerlo”
Nora miró la foto de los niños en la pantalla y luego a Carlos y Sandra, comprendiendo la gravedad de la situación. Sabía que estaba a punto de embarcarse en una aventura que no solo desafiaría las leyes de la ciencia, sino también las creencias sobre lo desconocido.
Sandra dijo con un tono preocupado "Sergio es voluntarioso y está decidido a enfrentar la 'Santa Compaña'. No podemos encontrar otra salida para terminar esta maldición. Lo que te rogamos es que hables con él y de alguna manera le des consejos y lo prepares para lo que tiene que hacer"
Nora, se frotó los muslos bajo la mesa y agitó su cabello rojo que brilló como una nube de fuego.
Con una mirada penetrante y decidida, Nora respondió, "Claro que no. Sergio no va a enfrentar a esos espectros solo. Mis piernas lo acompañarán y lo protegerán".
La expresión de sorpresa en el rostro de Carlos y Sandra fue evidente. No esperaban esta respuesta, pero sabían que Nora era una mujer única con habilidades extraordinarias. Comprendieron que ella estaba dispuesta a enfrentar el peligro junto a Sergio para garantizar su seguridad.
Carlos tomó la mano de Nora con gratitud. "Nora, no sabes cuánto significa esto para nosotros. Sergio y tú tendrán un gran desafío por delante, pero estamos agradecidos por tu valentía".
Sandra asintió con lágrimas en los ojos. "Gracias, Nora. No tenemos palabras para expresar cuánto valoramos tu ayuda. Lo que sea necesario, haremos lo que esté en nuestras manos para apoyarte y proteger a Sergio".
La cafetería, que seguía su rutina diaria ajena a la extraordinaria conversación en esa mesa, fue el escenario de un pacto inusual entre Nora y la familia de Carlos y Sandra. Unidos por la determinación de Sergio y la necesidad de enfrentar a la "Santa Compaña", estaban dispuestos a enfrentar lo desconocido y superar las pruebas que les esperaban.

La alta noche envolvía la ciudad colonial, y en un hotel cercano al callejón todos los huéspedes se entregaban al sueño, excepto en una habitación del primer piso.
El ambiente estaba cargado de tensión y expectación. La habitación era amplia con dos grandes camas. Sergio y Sarita estaban sentados en una, tratando de mirar la televisión.
Carlos y Sandra, con las manos enlazadas estaban de pie frente a la otra cama.
Nora usaba un ajustado vestido corto de suéter de manga larga, con pantimedias transparentes de color natural y zapatillas beige de suela plana.
Nora se sentó en la cama vacía, su mitad inferior se desprendió y la mitad superior quedó sobre la cama y sus piernas a un lado.
Bajo las pantimedias transparentes, destacaban sus ajustadas pantaletas de color natural, realzando sus generosas caderas y trasero.
La mirada de Carlos no pudo evitar desviarse hacia las monumentales piernas de Nora, quien notó su atención y la mirada inquieta de Sandra.
Nora les mostró un pequeño gadget de videollamadas, "Tengo que usar pantimedias transparentes para poder usar esto y saber lo que está sucediendo".
Sandra, suspiró y con una sonrisa suave, respondió, "Desde que Carlos me habló de ti, dijo que eras una chica espectacular, y te he visto muchas veces en redes sociales, así que creo que esas pantimedias son tu uniforme de superhéroe".
Nora metió el gadget bajo el calzón de las pantimedias y verificó que estuviera conectado a su celular.
Carlos miró su reloj: “Ya es la hora, ¿estás listo hijo?”
Sergio abrazó a su hermanita, le dio un beso en la mejilla y saltó de la cama, dispuesto.
Sandra abrazó a su hijo con ternura antes de que Sergio y Carlos salieran de la habitación, rumbo al callejón donde aparecía la “Santa Compaña” al llenarse la luna.
Sandra se sentó junto a la parte superior de Nora, y la pequeña Sarita, inquieta por la tensión en la habitación, se refugió en los brazos de su madre.
El reloj avanzaba implacablemente, marcando el inicio de una noche llena de misterio y peligro, en la que Nora y sus piernas maravillosas enfrentarían a lo sobrenatural.
La oscuridad de las calles empedradas se rompía ocasionalmente por el débil resplandor de algunas farolas, iluminando el camino desolado.
Carlos y Sergio caminaban presurosos hacia el callejón, con los nervios a flor de piel. Las piernas de Nora aparecieron a un lado del niño, reconfortantes y decididas. Por la videocámara, Nora les dijo, "Ánimo Sergio, estamos contigo".
Un poco más adelante, Sandra les avisó por la videocámara que estaban en el lugar donde se topó con la "Santa Compaña".
Por el dispositivo de comunicación, Nora bromeó: "Es hora de retirarte, Carlos. No te preocupes, tu hijo está en buenas piernas".
Carlos titubeó un poco, pero Sergio le recordó que no podía quedarse.
Sergio y las piernas de Nora quedaron solos en medio de la calle desolada. El niño sacó de una bolsa de su chaqueta un envoltorio con un hueso reseco, el objeto de su valiente misión.
Pasaron largos minutos, hasta que las piernas de Nora, con su percepción agudizada, captaron el sonido de campanas, pasos arrastrados y voces plañideras que se acercaban cada vez más.
A través de la videocámara, Nora comunicó a Sergio la perturbadora presencia de los espectros. La oscuridad se acentuaba, y el niño percibió un penetrante olor a incienso y velas quemadas.
La oscuridad se incrementó, las luces de las farolas y las pocas que se veían en las casas vecinas, se convirtieron en círculos apenas luminosos El ruido de pasos y campanas se hizo notorio, y al final de la calle, aparecieron luces amarillentas que se movían conforme se acercaban.
Las piernas de Nora y Sergio se apartaron de la senda de la "Santa Compaña" mientras esta pasaba frente a ellos. Sergio estaba temblando, aterrado por la visión de los espectros demacrados que desfilaban con paso lento ante él. Las piernas de Nora, aunque poderosas, tampoco eran inmunes al terror que desprendían los espíritus errantes. Apenas pudo dar un leve golpe con la rodilla a Sergio, intentando sacarlo del estado de shock.
El niño reaccionó. Sin poder controlar los temblores que le sacudían de pies a cabeza, se acercó a la procesión de espectros y les alargó el hueso.
Uno de ellos hizo más lento aún su paso, su rostro demacrado y aterrador se descompuso en una mueca cuando se volvió para mirar al niño. Tomó el hueso con un gesto de asco y lo arrojó hacia un lado. La "Santa Compaña" continuó su paso inexorable, dejando a Sergio angustiado y desconcertado.
En la habitación del hotel, Nora, Carlos y Sandra observaban con preocupación a través de la videocámara en las pantimedias de las piernas de Nora. Sandra gimió angustiada, "No lo aceptaron, no quisieron el hueso, no han retirado la maldición".
Carlos tomo el celular de Nora y le pidió a Sergio que se retirara, preocupado por su bienestar, mientras Nora y sus piernas teletransportables discutían telepáticamente acerca de qué hacer a continuación.
Sergio, desconsolado, se sentó en la banqueta con el hueso en las manos, sintiéndose derrotado y al borde de soltar lágrimas de miedo y frustración.
De repente, Sergio se dio cuenta de que su mano derecha estaba atrapada entre los suaves y cálidos muslos de Nora. El niño se sobresaltó y, para su sorpresa, escuchó en su mente la voz armoniosa y cálida de Nora. "¿Qué pasa, nunca has tocado las piernas de una chica?"
Sergio respondió desconcertado, "No.… bueno, una vez a una amiga de la escuela".
A pesar de la gravedad del momento, las piernas de Nora rieron melodiosamente para bromear. "Bueno, pues vas a poder presumir que le metiste mano a las piernas de una guapa treintona. Ahora lo importante es que sabemos que, si me tocas, puedes captar directamente mi voz".
Sergio comprendió la importancia del descubrimiento y escuchó nuevamente la voz telepática de las piernas de Nora. "Esos horrores no van a despreciarnos, y no vamos a dejar que la maldición se quede para siempre con tu familia. Si corremos por el parque, podemos encontrarlos nuevamente al final de la calle. ¿Estás dispuesto a enfrentarlos?"
Sergio recuperó el valor de inmediato y se puso en pie de un salto. Las piernas de Nora y el niño salieron corriendo hacia un parque lateral, decididos a enfrentarse a la "Santa Compaña". La noche se volvía más intensa, pero la determinación de Sergio y la ayuda de las piernas de Nora los guiaban hacia el desafío que tenían por delante.

Mientras las piernas de Nora y Sergio corrían por el parque, escucharon las campanas, el arrastrar de pasos y las voces quejumbrosas de la "Santa Compaña". Torcieron en una esquina y se plantaron en medio de la calle.
La "Santa Compaña" avanzaba por la calle, preludiando su presencia por la oscuridad ominosa que le precedía.
Las piernas de Nora se abrieron para plantarse firmemente en medio de la calle, Sergio estaba tras ellas, sujetándose de sus caderas.
Las campanas sonaban de manera funesta, y el arrastre de pasos y las voces quejumbrosas de la "Santa Compaña" resonaban en la oscuridad.
Las piernas de Nora y Sergio le cerraban el paso a los espíritus errantes que se acercaban inexorablemente.
La "Santa Compaña" avanzaba directamente hacia ellos, encabezada por una figura envuelta en trapos sucios que parecían ser tanto un hábito de monje como una mortaja. Esta figura entonaba una letanía que los demás espectros respondían con voces plañideras. Las piernas de Nora no podían evitar temblar de miedo, pero hicieron acopio de su energía para confrontar al espectro principal.
Cuando la procesión estuvo a un par de metros, la voz telepática de las piernas de Nora exclamó, "La 'Santa Compaña' no puede rechazar que un niño devuelva el cirio. Deben aceptarlo y liberar a su madre de la maldición".
El espectro vaciló y se detuvo en su marcha de siglos, sorprendido y furioso por la intervención de Nora.
El espectro se inclinó hacia las piernas de Nora, su rostro demacrado y aterrador se deformó en una mueca. "Tú eres la mitad de una mujer, pero puedes viajar en el espacio y el tiempo, ¿por qué nos desafías?" gruñó con voz áspera y gutural.
Las piernas de Nora respondieron con determinación, "Porque que es justo. Si un niño te devuelve el cirio, debes quitar la maldición". Sergio alargó el hueso al espectro, que lo rechazó con un gesto despectivo.
El espectro insistió, "La 'Santa Compaña' no responde ante nada ni nadie". Avanzó hacia las piernas de Nora y Sergio, seguido por el resto de las espantosas entidades que lo presionaban para reanudar su paseo de siglos.
Las piernas de Nora resistieron la embestida de los espectros, sintiendo la fuerza con la que Sergio se aferraba a sus caderas para evitar salir corriendo. Comprendieron que en ese momento todo dependía de ellas.
Con voz telepática firme, las piernas de Nora exclamaron, "La tradición es la fuerza que mantiene a la 'Santa Compaña'. Si rompes la tradición, rompes con lo que ha sostenido a la 'Santa Compaña' durante siglos. Si rechazas el cirio, estás rechazando lo que representa la 'Santa Compaña'".
Tras el espectro principal, surgieron una docena de criaturas deformes, de rostros espantosos, deformados por terribles sentimientos y emociones que expresaban con sonidos inhumanos y aterradores. Las piernas de Nora lucharon por mantenerse firmes ante la avalancha de pavorosas presencias.
Las piernas de Nora continuaron, "Si rompes con lo que ha mantenido a la 'Santa Compaña' durante siglos, estarás condenando a tu propio destino". Tras el espectro principal, surgieron voces, lamentos y gemidos abrumadores.
Por fin, el espectro extendió una mano de piel desgarrada y putrefacta. Sergio alargó el hueso, que en el momento en que el espectro lo tomó, se convirtió en un cirio sucio con una llama mortecina.
Habían logrado que la "Santa Compaña" aceptara el cirio y, con ello, habían quebrado la maldición que había atormentado a la familia de Carlos y Sandra, pero aún faltaba una dura prueba.
El espectro reinició su atormentada salmodia, a la que el resto de las ánimas respondió. La procesión de la "Santa Compaña" retomó su camino de siglos pasando alrededor de las piernas de Nora y Sergio. A su alrededor, retumbaron pasos que se arrastraban, campanadas y voces gemebundas de ultratumba.
Durante minutos que se hicieron eternos, docenas de entidades aterradoras, deformadas por siglos de putrefacción pasaron en torno del niño y las piernas de mujer. Algunos de los espectros les ignoraba, pero otros, tal vez por vestigios de curiosidad, les dirigían miradas espantosas de rostros muertos.
Sergio se dejó caer sobre las rodillas y se abrazó desesperadamente a las piernas de Nora, cerrando los ojos con fuerza y tratando de no escuchar los terribles ruidos de la procesión.
Las piernas de Nora giraron para ponerse de frente al niño, que se abrazó a la pierna derecha mientras la izquierda se enlazaba a su alrededor, brindándole protección en ese terrible momento, pero buscando también un poco de calor humano en medio de la marea de espantosas visiones y ruidos de ultratumba que saturaba sus sentidos.
Los espeluznantes ruidos que acompañaban a la "Santa Compaña" se apagaron de improviso y por completo. Sergio, apretado contra las piernas de Nora, mantuvo los ojos fuertemente cerrados, temeroso de lo que encontraría al abrirlos.
Sin embargo, cuando escuchó la voz apacible y fresca de las piernas de Nora, sus palabras lo sorprendieron, "También vas a presumir a tus amigos que tuviste la cara en la tanga de la guapa treintona".
Sergio abrió los ojos y se dio cuenta de que había buscado refugio metiéndose en la entrepierna de Nora. Se apartó rápidamente, sobrecogido por la situación y abrumado por la sorpresa de encontrarse en ese lugar tan inusual.
Desde la pantalla del gadget, la cara sonriente de Nora le dijo que todo estaba bien, que se había comportado como un héroe y que sus padres iban corriendo a buscarlo.
Sergio, aún aturdido por la experiencia, asintió, sintiéndose aliviado y agradecido por el apoyo de Nora y sus piernas maravillosas en ese momento de peligro y misterio. La maldición había sido rota, y la familia de Carlos y Sandra finalmente estaba libre de su influencia.

En el restaurante del hotel, Nora, Carlos, Sandra y los niños se reunieron para desayunar después de una larga noche llena de emociones y desafíos. La atmósfera estaba llena de alivio y gratitud, y todos compartían una sensación de victoria sobre la maldición que había atormentado a la familia de Carlos y Sandra durante tanto tiempo.
Habían escogido un gabinete semicircular, Carlos y Sandra estaban en un extremo, tomados de las manos y casi sin poder apartar la vista uno de la otra.
Nora ocupaba el extremo opuesto del gabinete, al lado de Sarita y Sergio, que le contaba por décima ocasión a su hermana pequeña la forma en que las piernas maravillosas habían enfrentado y derrotado a la procesión de fantasmas.
Sarita miraba para un lado y otro pues no podía dejar de ver a la pelirroja que sonreía mientras recordaba que Sergio también había sido muy valiente y que, sin él, nunca se hubiera roto la maldición.
En cierto momento, Nora notó que Carlos y Sandra llamaban a Sergio, entonces estiró una rodilla cerca de Sarita y puso una mano de la niña sobre su pierna.
“Hola Sarita, te voy a decir el secreto de ser valiente: hacer cosas buenas en el momento correcto”
Los ojos de Sarita se abrieron desmesuradamente cuando la cálida y dulce voz de las piernas de Nora sonaron en su mente. Su primera reacción fue levantar el mantel para ver las piernas de Nora y luego se volvió hacia su familia, haciendo la voz ronca para tratar de sonar en secreto: “Me hablaron las piernas mágicas y me dijeron el secreto para ser valiente”
Entre risas, los cinco retomaron el desayuno en familia, saboreando la libertad recuperada y mirando hacia el futuro con esperanza. La "Santa Compaña" ya no era una amenaza, y estaban listos para comenzar una nueva etapa en sus vidas, sin el peso de la maldición sobre sus hombros. 

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