La Casa de Gobierno Virreinal era un antiguo edificio ubicado en una zona céntrica de la ciudad. Construida en el siglo XVII, había pasado por distintas ocupaciones y usos hasta cinco años atrás, en que resultó dañada por un sismo y por lo tanto desalojada y desahuciada.
La Casa de Gobierno Virreinal ocupaba toda una cuadra, era un edificio de una planta formada originalmente por amplios salones. En su última ocupación, como sede de una dependencia del gobierno de la ciudad, los salones se habían fraccionado con muros falsos para organizar oficinas, cubículos y otras áreas. Al desalojarse luego del sismo, se habían desmantelado los muros falsos para despejar los grandes salones.
Por efectos colaterales del sismo, gran parte de los techos habían sido demolidos, dejando el edificio en estructura de pisos y paredes. Durante mucho tiempo, la Casa de Gobierno Virreinal estuvo en abandono hasta que una empresa privada la había adquirido con el propósito de restaurarla, y para tal fin había contratado una destacada firma de arquitectos.
Ema Parker llegó a la Casa de Gobierno Virreinal temprano aquella mañana de primavera, después de un fin de semana de violentas tormentas que azotaron la ciudad. Ema era una arquitecta recién graduada que trabajaba para la empresa a cargo de la restauración. Era una joven menuda, de ojos marrones y cabello corto teñido de un suave color magenta. Vestía la ropa usual en su actividad, pantalón de mezclilla, camisola de manga larga y botines bajos.
La ciudad estaba envuelta en una quietud inusual, ya que era un lunes feriado y la mayoría de la gente disfrutaba de un día de descanso. Sin embargo, para Ema, este era un buen momento para revisar algunos detalles del proyecto de restauración sin las distracciones habituales del bullicio del sitio de construcción.
El aire estaba fresco y una ligera brisa agitaba su cabello mientras ella caminaba hacia la entrada principal. Saludó a los vigilantes de seguridad que la conocían bien. Con una sonrisa y un asentimiento, la dejaron pasar.
Ema descubrió con preocupación que las tormentas del fin de semana habían causado grietas y desprendimientos en las paredes. Usando su teléfono celular tomó algunas fotografías, además notó que el suelo estaba reblandecido y mostraba signos de inestabilidad.
Ema se movía con cautela, tratando de identificar los puntos más lastimados. De repente, mientras caminaba absorta en sus observaciones, pisó en un lugar indebido. El suelo cedió bajo su peso, y en un instante, Ema perdió el equilibrio.
Sintió un vacío bajo sus pies y un vértigo momentáneo mientras caía. El suelo reblandecido por las tormentas había creado un socavón y Ema cayó al fondo, a casi tres metros de profundidad. La tierra suelta y húmeda amortiguó su caída, evitándole más daños que algunos golpes leves.
Aturdida y con el corazón acelerado, Ema trató de incorporarse. Estaba en el fondo de una angosta zanja, cuyas paredes podía tocar con extender los brazos. La zanja parecía empezar justo donde ella había caído, pero se prolongaba en una rampa descendente que se perdía en la oscuridad, pues solo entraba luz por el piso roto que había provocado su caída. La joven había soltado su celular durante la caída y manoteó en vano tratando de encontrarlo.
Al intentar ponerse de pie, notó que todo el terreno a su alrededor era inestable. Las paredes de tierra se desmoronaban con terrible facilidad a cada movimiento, y la situación empeoraba con la presión de su propio peso.
Ema miró hacia arriba y vio que apenas entraba luz en el angosto socavón. En la parte superior, gruesas losas de piso de cemento se asomaban peligrosamente. Si las paredes de la zanja se desplomaban, esas losas podrían caer sobre ella en cualquier momento.
"¡Ayuda! ¿Hay alguien ahí?" gritó Ema, desde el interior del socavón.
Los guardias afortunadamente escucharon sus gritos y corrieron hacia el lugar, llamando a Ema a su vez.
En el fondo de la zanja, Ema recapacitó acerca del peligro que podían correr los hombres al tratar de auxiliarla y advirtió con voz fuerte y clara: "¡Tengan cuidado, no se acerquen! El suelo es inestable. Podría colapsar si se acercan demasiado."
La primera intención de los guardias era prestar ayuda inmediata a Ema, pero sus gritos les alertaron a tiempo de notar que el piso alrededor del socavón estaba fracturado con profundas grietas, de manera que tomaron otras medidas. Con sus teléfonos móviles llamaron al responsable de la obra, informándole del accidente. También se comunicaron con los servicios de emergencia para pedir ayuda especializada.
Mientras tanto, aseguraron el área. Conos de advertencia y cintas amarillas fueron dispuestos alrededor. La actividad llamó la atención de algunas personas que transitaban por la zona, atraídas por la cercanía de comercios y sitios turísticos.
En el fondo del socavón, Ema trataba de mantenerse lo más quieta posible, consciente de que cualquier movimiento brusco podía desencadenar un colapso. De repente, escuchó un crujido sobre su cabeza. Miró hacia arriba y vio con horror cómo una de las gruesas losas de cemento comenzaba a desplazarse lentamente, amenazando con caer.
El pánico se apoderó de ella. "¡Ayuda! ¡Por favor, alguien, ayúdeme!" gritó Ema con desesperación, mientras la losa se movía peligrosamente.
Esa mañana, Nora Rosseau había decidido aprovechar el feriado para realizar algunas compras en un mercado cercano a la Casa de Gobierno Virreinal. Para disfrutar de la serenidad del día feriado y el clima fresco de la mañana, dejó su automóvil en una calle un poco distante para caminar por las calles poco transitadas.
Ese día había escogido un vestido de colorido estampado veraniego, con angostas cintas en los hombros y escote cuadrado que hacía lucir sus generosos senos, y una falda amplia, larga hasta la mitad de los muslos que realzaba sus esplendidas caderas. Lucía sus monumentales piernas con pantimedias color bronceado y alpargatas de plataforma con cintas de colores.
El mercado estaba ubicado a pocas cuadras de la Casa de Gobierno Virreinal, y al pasar frente a ella, Nora notó que la gente se reunía en torno a las cintas de seguridad montadas por los guardias, atraídos por la actividad inusual y gritos lejanos que, aunque apenas audibles, provocaban inquietud entre los presentes.
Las piernas de Nora, con sus capacidades sensoriales ampliadas, detectaron de inmediato la situación alarmante. A través del canal telepático que las comunicaba con Nora, sus piernas transmitieron la información: "Es una chica, se cayó en un socavón, los guardias están preocupados porque no pueden acercarse pues el suelo está reblandecido e inestable, y una losa del piso amenaza con caer sobre la chica."
Nora, consciente de la gravedad del asunto, se acercó rápidamente al lugar. Pensaba en la manera más efectiva de intervenir cuando escuchó una voz suave a su lado: "Bonitas piernas, señorita, y si esos tatuajes en sus chamorritos son los originales, eres la esperanza para la señorita Ema."
Nora se giró y descubrió a una mujer a su lado. Bajita, regordeta y mayor edad, vestía de manera sencilla y mostraba una sonrisa amistosa en su cara arrugada.
La señora, con una mirada de complicidad, hizo una seña a Nora y la llevó hasta una esquina cercana, donde tenía un puesto de refrescos y golosinas.
"Me llamo Maritere, yo trabajaba como afanadora del edificio hasta que lo desahuciaron por el sismo, luego me jubilé, pero como no me gusta estar sin trabajar, puse mi puesto en este lugar, donde muchas personas me conocen. Vi entrar a la señorita Ema hace rato, es una chica que trabaja con los arquitectos en la reconstrucción del edificio, y ella es la única a la que visto que vino a trabajar".
La mujer señaló a Nora una silla de plástico y le extendió una manta. Nora comprendió de inmediato la intención, se sentó y se cubrió las piernas con la manta que un segundo después quedó flácida sobre la silla mientras frente a ella aparecían su magnífico par de piernas, semidesnudas bajo las pantimedias color bronceado.
Nora sacó de su bolsa un dispositivo para videollamadas que acomodó al frente y bajo el calzón de las pantimedias.
"Te dejo las alpargatas, creo que allá abajo es un batidero", dijeron las piernas de Nora por el canal telepático, antes de desaparecer.
La gente que presenciaba el hecho, que se incrementaba a cada momento, lanzó una exclamación cuando, sobre una losa aparentemente más firme, apareció una figura extraordinaria: un par de torneadas piernas femeninas, sin cuerpo sobre la cintura, ataviadas con finas pantimedias bronceadas que se ajustaban y realzaban sus impresionantes curvas y su generoso trasero.
El sutil tejido de las pantimedias translucía unas sensuales bragas de encaje color natural. Las piernas estaban descalzas, pero erguidas sobre las puntas de los pies, inclinadas hacia el frente en una pose sensual.
El murmullo de la multitud aumentó cuando la imagen surrealista de las piernas de Nora se hizo evidente. Algunos sacaron sus teléfonos para grabar la escena, mientras que otros se quedaban paralizados de asombro, sin poder apartar la vista de aquella aparición insólita.
Las piernas de Nora evaluaron la situación. La losa que amenazaba con caer sobre Ema seguía desplazándose lentamente, y la joven pasante en el fondo del socavón, estaba cada vez más aterrada. Las paredes inestables de la zanja se desmoronaban con cada segundo que pasaba, aumentando el riesgo de un colapso total.
La multitud lanzó una nueva exclamación cuando las piernas desaparecieron de su vista para teletransportarse dentro del socavón.
El fondo de la zanja era un lecho de tierra húmeda y resbaladiza, inestable como si estuviera esperando la menor provocación para derrumbarse por completo. Ema apenas respiraba, temerosa de que cualquier movimiento desencadenara un nuevo desplome.
Ema ahogó un grito cuando, justo frente a sus ojos, se materializó bajo la tenue luz que se filtraba desde arriba, la mitad inferior de una mujer, con dos piernas largas, esbeltas y majestuosas, enfundadas en pantimedias perfectas, que conservaban su elegante gracia aun cuando sus pies descalzos se hundían en el lodo.
Su mente tardó unos segundos en procesar lo que veía. No había torso, ni brazos, ni cabeza. Solo unas piernas, pubis y caderas, erguidas e irradiando seguridad y poder. Al frente, bajo el calzón de las pantimedias, Ema vio con sorpresa una pantalla iluminada con un bonito rostro que, a pesar de la seriedad del momento, sonreía con afecto y comprensión.
"Hola, Ema, me llamo Nora y mis piernas van a ayudarte a salir de aquí," dijo la imagen con una voz calmada y tranquilizadora.
Ema, a pesar del susto y la situación precaria, sintió una oleada de alivio al escuchar la voz de Nora. Respiró hondo, tratando de calmar sus nervios, mientras las piernas de Nora evaluaban la situación.
“Las paredes de tierra y lodo reblandecido están a punto de desplomarse, tenemos que ir hacia el fondo de la zanja", dijo Nora a través de la videocámara, después de recibir la información de sus piernas.
Ema se sintió confortada y protegida por las poderosas "piernas de la flor de lis", por lo que no puso en duda las instrucciones de Nora. Confiando en la voz tranquilizadora de Nora y en la destreza de las piernas, comenzó a deslizarse hacia el fondo de la zanja.
Mientras Ema se movía, la tierra que arrastraba en sus movimientos provocó que la losa que colgaba en el bode del socavón, crujiera al empezar a romperse la pequeña fracción de mampostería que la sostenía en su lugar. Las piernas de Nora actuaron para evitar la catástrofe.
Con total precisión, se teletransportaron acomodando sus amplias nalgas justo debajo de la loza, para sostenerla con las piernas muy abiertas y los pies clavados en las paredes de tierra. Desde la cámara, Nora urgió a Ema que corriera al fondo de la zanja.” ¡Rápido, Ema! ¡Debes moverte ahora!".
La joven pasante, sin poder evitar un gemido de miedo, pero actuando con movimientos efectivos, se deslizó de prisa hacia donde llegaba la luz que se filtraba por el borde de la zanja. Con el corazón latiendo a toda velocidad y sus sentidos en alerta máxima, avanzó hacia la casi total oscuridad que se extendía más adelante.
A tientas, en la penumbra, Ema buscó un sitio protegido. Sus manos se toparon con un hueco en la pared de tierra, lo suficientemente grande como para que pudiera resguardarse. Se metió temblando en el espacio, y miró hacia las piernas de Nora que sostenían la losa con una fuerza sobrehumana.
"Estoy a salvo, Nora", gritó Ema, su voz resonando en el espacio cerrado. Las piernas de Nora desaparecieron del sitio donde sostenían la losa y aparecieron en el estrecho lugar donde Ema se había resguardado.
Con un sonido similar a un largo y quejumbroso gemido, la losa se desplomó con aterradora lentitud, incrustándose en el lugar donde había estado Ema luego de la caída. Esto provocó que la pared de tierra terminara de derrumbarse y otros grandes trozos de losa del piso cayeran, obstruyendo la parte alta de la zanja.
Toda la gente que presenciaba el drama desde la calle advirtió cuando grandes losas se desplomaron en la zanja y por todas partes surgieron exclamaciones de sorpresa y desaliento.
En el puesto de refrescos y golosinas, oyendo el retumbar del piso al derrumbarse y los gritos de la gente, Maritere se aferró con angustia al brazo de Nora.
"Ellas están bien, encontraron un hueco para resguardarse", dijo Nora para tranquilizarla, luego de recibir un mensaje telepático de sus piernas.
Maritere, con el rostro arrugado por la preocupación, añadió: "Siempre se decía que abajo de la Casa de Gobierno Virreinal había túneles y sótanos, a lo mejor les conviene tratar de encontrar uno que los lleve a una salida, espero que la señorita Ema tenga su celular para usar la lámpara".
"No hay problema, mis piernas pueden ver aún con total oscuridad", sonrió Nora para tranquilizarla.
La oscuridad era casi total, apenas una poca de luz se filtraba por huecos entre las losas y piedras derrumbadas en la parte alta de la zanja. La única fuente de claridad era la luz de la pantalla en la que Nora sonreía para infundir seguridad a Ema.
"Parece que no se puede salir por donde caíste, esas piedras están a punto de caer y las paredes de tierra se desmoronan al tocarlas, pero debe haber una forma de salir de aquí y vamos a encontrarla, pero antes hay algo que debes saber. ¿Puedes poner una mano sobre mis piernas?".
Ema se sentía asustada por la situación, pero al mismo tiempo la confortaba la voz dulce y serena en la videocámara. En la penumbra, ella estaba hecha un ovillo contra una pared de tierra, apretando sus piernas contra el pecho. Durante el derrumbe, las piernas de Nora, embarradas de lodo y tierra, se habían colocado sobre ella, protegiéndola con sus poderosos muslos. Tímidamente, Ema sacudió el lodo de uno de los muslos de Nora antes de poner su mano sobre la suave carne cubierta por el sutil tejido de las pantimedias.
Al momento, Ema escuchó en su mente una voz idéntica en dulzura y calidez a la que había estado escuchando por el dispositivo de videollamadas. "Hola, Ema. Nora te escucha y te habla por medio de la camarita. Yo puedo oírte perfectamente cuando hablas y puedo hablar directamente a tu mente si tenemos contacto físico”.
Ema, sorprendida, preguntó en voz alta, "No entiendo, ¿ustedes son dos mujeres o cómo es eso?”
En la pantalla, Nora sonrió comprensiva “Es un poco difícil de creer, somos una persona, pero mis piernas se pueden teletransportar y separarse del resto de mi cuerpo, y ellas tienen una mente propia, independiente de la mía. Yo soy la parte superior de Nora, estoy en el puesto de Maritere y te veo, te hablo y te escucho por medio de la cámara, mis piernas están contigo, ellas pueden verte y oírte perfectamente, y si tienen contacto físico contigo, pueden transmitir sus pensamientos directamente a tu mente”
“Muy interesante todo esto chicas, pero ¿qué les parece si salimos de aquí?” urgieron las piernas de Nora.
“De acuerdo, dice Maritere que es muy posible que haya túneles subterráneos, pueden ser una opción para buscar una salida” dijo Nora en la videocámara.
"Vamos a avanzar hacia la parte más baja de la zanja. Sujétate de mis caderas Ema y sigue mis instrucciones. No te preocupes de la oscuridad, no necesito luz para ver” añadieron las piernas de Nora con seguridad.
Las piernas de Nora se pusieron en movimiento, avanzando con seguridad a través del lodo y la tierra, aunque sin dejar de quejarse porque estaban descalzas y sus pies se lastimaban al pisar piedras y cascajo.
En la profunda oscuridad de la zanja, las piernas de Nora se movían con seguridad, hasta el momento en que sintieron piso firme bajo la tierra suelta desprendida de las paredes.
Ema también lo notó y pidió un momento para palpar el piso y las paredes.
“Ladrillos” dijo la joven pasante “es uno de los viejos túneles que mencionó Maritere”
Las piernas de Nora retomaron la marcha, con Ema firmemente sujeta de sus caderas ya que era su única guía en la oscuridad. Unos pasos adelante, se detuvieron.
"Hay un desplome de tierra," informaron las piernas de Nora. "Creo que tendremos que excavar para buscar si el túnel continúa"
Ema soltó las piernas de Nora y reconoció con las manos el obstáculo. "Hay cascotes y pedazos de ladrillos. La tierra está húmeda y floja, esto acaba de caerse y todavía no se ha asentado, déjame buscar a mi dónde se puede hacer un hoyo"
Las piernas de Nora, sabiendo que la única fuente de luz para Ema era la luminosidad de la pantalla de la videocámara que llevaba en el calzón de las pantimedias, se acomodaron para tratar de ayudarle a Ema a localizar un sitio adecuado para escarbar. Ema se decidió y empezó a jalar tierra con ambas manos, jadeando por el esfuerzo.
En el puesto de refrescos y golosinas, Nora y Maritere veían en el celular el esfuerzo de la joven pasante.
La gente continuaba juntándose en la calle, frente a la Casa de Gobierno Virreinal, comentando lo que sucedía. Algunos, los primeros que habían llegado, mostraban y compartían videos y fotos de las piernas de la flor de lis, posando sensualmente, antes de introducirse al socavón; lo cual incrementaba el nivel de interés y expectación, que se potenció con la llegada de vehículos de emergencia, del cual descendieron una veintena de hombres y mujeres con el inconfundible uniforme de rescatistas urbanos.
En medio del bullicio y la tensión, Nora distinguió a Alonso Leonés entre el equipo de seguridad. Era imposible no reconocerlo: su porte firme y la manera en que coordinaba a los rescatistas dejaban claro que era el jefe del operativo.
Nora, se sintió aliviada al reconocerlo, sin perder tiempo arrancó una hoja de su agenda y con letra clara y elegante, escribió un recado:
"Hola, soy Nora, la de las piernas maravillosas. La chica accidentada se llama Ema, está sana y salva en compañía de mis piernas, pero allá abajo todo se está derrumbando. Por favor, no metas a tu gente al edificio, por la seguridad de Ema, de mis piernas y de tu propio personal." Firmó con un sencillo dibujo en forma de flor de lis.
"Maritere, necesito que lleves esto a Alonso Leonés, es el jefe del equipo de rescate. Es urgente," dijo, entregándole la nota y señalándole al jefe de operaciones.
La mujer no preguntó más y fue enseguida a cumplir la encomienda. Alonso estaba muy ocupado, impartiendo instrucciones y recabando información, pero Maritere tuvo la habilidad suficiente para llegar hasta su lado.
"Una pelirroja bonita y piernuda que se llama Nora te manda esto," dijo Maritere, extendiendo la nota.
Alonso miró con extrañeza a la mujer y luego al recado. Al leerlo, un recuerdo brotó de inmediato en su memoria. Había conocido a Nora y sus "piernas maravillosas" tiempo atrás en una situación de emergencia. La impactante figura de la pelirroja y la peculiar habilidad de sus piernas la habían dejado grabada en su mente.
El recado era simple pero contundente. Alonso comprendió la gravedad de la situación y decidió actuar de inmediato. En el mismo papel escribió un número y se lo devolvió a Maritere. "Es mi celular, dile a Nora que se mantenga en contacto conmigo."
Sin perder tiempo, Alonso empezó a impartir órdenes a través de un aparato de radio. Los miembros del equipo de rescate, que estaban a punto de iniciar las labores de búsqueda, se detuvieron, desconcertados por las nuevas instrucciones.
La gente que presenciaba desde la calle emitió un murmullo de desconcierto al ver que los rescatistas se replegaban cuando estaban a punto de ingresar al edificio.
Alonso, consciente de la necesidad de claridad, tomó un megáfono y se dirigió a la multitud.
"La persona accidentada se encuentra bien, está sana y salva y en compañía de una especialista en rescate y protección. Vamos a dejar que la especialista haga su trabajo sin riesgos." dijo con voz firme y tranquilizadora.
La reacción fue inmediata. Todos los que habían visto a las piernas de la flor de lis antes de ingresar a la zona, y aquellos que habían oído de su presencia, aplaudieron y festejaron la noticia, convencidos de que la especialista mencionada eran esas poderosas piernas.
La confianza en la peculiar y formidable habilidad de las piernas maravillosas llenó el aire, y por un momento, la tensión se disipó, reemplazada por una ola de esperanza y fe en el rescate exitoso de Ema.
"Creo que llegué al otro lado, pero la tierra está muy suelta. Escarbo y se desploma," dijo Ema, sin poder ocultar su angustia al sentir cómo el hoyo que acababa de abrir se cerraba poco a poco.
Ema sintió que las piernas de Nora se inclinaban sobre ella y apoyaban una cadera en su hombro para preguntarle, "¿Qué tan largo es el hoyo que hiciste?"
Ema respondió, "Como del largo de mi brazo."
Las piernas de Nora dijeron entonces, "Voy a hacer más grande el hoyo para que podamos pasar. Lista cuando te diga."
Las piernas de Nora se tendieron con el trasero sobre el piso y empezaron a patalear en el hoyo abierto por Ema para ensancharlo mientras se iban metiendo poco a poco.
Aplicando su fuerza sobrehumana, las piernas de Nora fueron agrandando el hueco e introduciéndose en él, usando la punta de sus pies para escarbar sobre el trayecto que había abierto Ema, y sus talones para empujar la tierra hacia el otro lado.
Cuando sintió que sus pies estaban fuera del hoyo, las piernas de Nora giraron hasta quedar con las nalgas hacia arriba y usaron sus muslos para tallar la parte superior del hoyo, arrancando tierra y ensanchando la oquedad.
Finalmente, se apoyó firmemente en las rodillas, con las piernas abiertas y sosteniendo el techo de tierra con las nalgas y las caderas.
"Ahora, Ema, pasa por abajo de mis piernas," urgió Nora por la videocámara.
Ema se tiró bocabajo y, a fuerza de codos y rodillas, se arrastró por el angosto espacio entre los muslos de Nora, hasta sentirse en un espacio amplio.
Al volverse hacia atrás, vio con terror que la exigua luz de la cámara se apagaba mientras la tierra sobre el hoyo se desplomaba y lo cerraba.
"¡Nora!" gritó Ema, aterrorizada viendo como las piernas de Nora quedaban atrapadas.
Un segundo de silencio ominoso y angustiosa oscuridad la rodeó hasta que la luz de la videocámara se manifestó a su lado, mostrando el rostro de Nora que, a pesar de todo, trataba de lucir sereno bajo el calzón de las pantimedias. Las piernas de Nora, se encontraban acostadas a un lado de Ema, quien no pudo evitar abrazarlas.
"Estoy hecha un asco, tengo lodo, raspones y moretones por todos lados, mis pantimedias están rotas y la pedicurista va a sufrir para arreglarme los piececitos" dijeron las piernas de Nora por su canal telepático.
“Pero son fabulosas chicas” dijo Ema.
"Voy a quedarme aquí tirada 20 segundos," dijeron las piernas de Nora. "No me sueltes, aunque no lo parezca, tengo mucho miedo y me reconforta tu abrazo."
Ema se pegó más a las piernas de Nora, fascinada al comprobar que, aunque eran fuertes y poderosas, también eran sensibles y humanas. Mientras reposaban medio minuto, las piernas de Nora usaron su capacidad de percepción para explorar el entorno a pesar de la oscuridad.
"Estamos en un túnel de piso, paredes y techo de ladrillo. Calculo que tiene menos de un metro de ancho, como metro setenta de alto y se prolonga en línea recta. Hay algunos desplomes pequeños más adelante, pero podemos pasar sin problemas," informaron las piernas de Nora.
Ema asintió. Sentía una mezcla de admiración y gratitud hacia aquellas piernas increíbles que habían hecho tanto por salvarla. Tras el breve descanso, las piernas de Nora se enderezaron:
"Vamos, Ema. Estoy lista para seguir."
Las piernas de Nora se movieron con decisión, y Ema, sujetándose de ellas, avanzó por el estrecho túnel.
A cada paso, sentía la seguridad de que, aunque estuvieran en una situación peligrosa, juntas podrían salir adelante. Mientras se movían, Ema no dejaba de asombrarse de la increíble capacidad de percepción y fortaleza de las piernas de Nora.
Cada vez que llegaban a un desplome, las piernas de Nora se aseguraban de que Ema pudiera pasar sin problemas, a veces usando su fuerza sobrehumana para mover escombros y otras guiándola con precisión para evitar obstáculos.
Las piernas de Nora se detuvieron de improviso. "Aquí se acaba el túnel horizontal. Estamos a un metro del borde de un pozo hacia arriba y hacia abajo."
Ema seguía sujeta de las caderas de Nora. El ambiente era húmedo y frío, y la joven arquitecta tiritaba, cubierta con ropas mojadas y saturadas de lodo.
Las piernas de Nora añadieron: "Hacia abajo el pozo cae hasta otro túnel, hacia arriba el pozo sube unos 10 metros y está cerrado en el extremo, pero estoy segura de que hay una puerta porque hay bisagras y cerrojos."
Ema preguntó: "¿Hay cómo subir hasta esa puerta?"
Las piernas de Nora respondieron: "Hay restos de una escalera de metal que hace mucho tiempo dejó de servir."
Luego añadieron, "No puedo teletransportarme hacia la puerta de allá arriba porque no sé qué hay del otro lado. El único lugar seguro al que puedo saltar es a mi lugar bajo el cuerpo de Nora. Necesito que te quedes aquí; siéntate pegada a la pared y mientras no te muevas, estarás segura."
Ema no pudo evitar una exclamación de angustia al saber que se quedaría sola. Las piernas de Nora la tranquilizaron: "No puedo sacarte yo sola de aquí; necesito ayuda, y Nora dice que allá arriba hay un equipo de personas entrenadas y capaces que pueden hacer todo lo necesario."
Ema, temblando de miedo y frio, se acomodó en el piso y trató de calmarse. "Está bien, Nora. Entiendo. Ve a buscar ayuda y vuelve pronto, por favor."
Alrededor de la Casa de Gobierno Virreinal se había congregado una pequeña multitud, atenta ante el drama que se desarrollaba. El aviso de Alonso respecto a que la joven arquitecta estaba sana y salva, y que estaba en compañía de una especialista, tenía a la gente en plena expectación, puesto que no había dudas de que dicha especialista eran las piernas de la flor de lis.
En el puesto de Maritere, también se resentía la animación del lugar, pues muchas personas se habían acercado a comprar golosinas y refrescos, sorprendidos de encontrar junto a la dueña del negocio a una guapa pelirroja que, sin descuidar una videollamada, ayudaba a despachar a Maritere.
La manta que hasta el momento había disimulado su ausencia, se dilató cuando las piernas de Nora volvieron a su sitio.
“Bienvenidas” dijo Nora por el canal telepático “has hecho un gran trabajo”.
Las piernas de Nora respondieron: “Y hay mucho por hacer todavía, para empezar, ¿me puedes quitar estas pantimedias? Están rotas y enlodadas”
Con mucha discreción y tapándose las piernas con la manta, Nora se bajó el calzón de las pantimedias hasta los muslos, recuperó la videocámara del calzón de la prenda y, luego de guardarla en su bolsa, se bajó las medias tratando de extraer la mayor cantidad posible de lodo de sus piernas. Se calzó los zapatos y se puso en pie, lamentando un poco que sus piernas aún se veían sucias.
"Tengo que ir con Alonso," explicó Nora a Maritere, marcando en su celular el número del jefe del operativo.
"Adelante niña, buena suerte, y si te puedo ayudar en algo más, aquí voy a estar" respondió Maritere, dándole un rápido pero afectuoso abrazo.
Alonso dio las indicaciones para que su gente guiara a Nora hasta un espacio entre los vehículos de emergencia, donde habían instalado el puesto de mando del operativo.
Al verla, Alonso acudió hacia ella y luego de un breve saludo, Nora informó en voz baja:
“Ema está en un túnel que termina en un pozo que cinco o seis metros hacia arriba tiene una puerta de metal por la que podemos rescatarla, pero necesitamos ayuda para encontrar la puerta y abrirla”
Alonso asintió y agradeció a Nora todo lo que había hecho, luego la tomó del brazo y la condujo hasta donde habían instalado una mesa plegable, con un gran cartapacio mostrando un legajo de planos de la Casa de Gobierno Virreinal.
Alrededor de la mesa había varios oficiales de rescate, subordinados de Alonso, y un hombre de aspecto soberbio y prepotente, vestido de manera informal, pero con ropa cara y de marca.
Se trataba de Vincent VanLucen, el arquitecto responsable de la restauración, que estaba en medio de una perorata y se sintió interrumpido por la llegada de Nora. Con gesto de fastidio, VanLucen la miró de arriba a abajo, desaprobando sus piernas sucias y desnudas, en contraste con el delicado maquillaje y el elegante vestido de verano.
Alonso anunció, notando el desagrado de VanLucen. "La doctora Nora Rosseau es de toda mi confianza y va a aportar opiniones valiosas."
VanLucen suspiró con gesto de tolerancia y continuó hablando, recorriendo con la vista a sus oyentes, mirando a Alonso y sus colegas a los ojos, y escrutando descaradamente el escote de Nora.
“La Casa de Gobierno Virreinal es un edificio viejo y maltratado, pero sus cimientos son sólidos. Hubo tormentas en los días anteriores, pero nada de eso puede afectar la estructura del edificio. No sé qué haya hecho la chica, pero seguramente algo imprudente que provocó el accidente. Lo que no puedo entender es porque no la sacan del hoyo y terminamos con esta situación”
Alonso intervino con determinación: “Tenemos información confiable acerca de una degradación del suelo bajo el edificio, que provocó el hundimiento, además sabemos que hay una red de túneles bajo la Casa de Gobierno Virreinal, ¿Qué sabe de eso?”
VanLucen puso los ojos en blanco, con gesto de paciencia y tolerancia. "Los túneles son poco más que leyendas urbanas," dijo con suficiencia mientras desplegaba sobre la mesa un portafolio de mapas. "Sin embargo, esta es una reproducción de un viejo mapa que, como no tiene acotaciones, es difícil saber con certeza lo que representan. Algunos de mis subordinados piensan que esas líneas discontinuas pueden describir la trayectoria de los túneles, pero yo estoy en desacuerdo porque no hay evidencias que lo sustenten."
Cuando Nora estaba fusionada con sus piernas, ella tenía el control del cuerpo, aunque eso no disminuía la capacidad mental y sensorial de sus piernas. Sin embargo, en esta ocasión la pelirroja sintió de improviso como si hubiera sido decapitada y su cabeza quedaba aislada de su cuerpo, solo flotando sobre él. Además, la mente de Nora se vio replegada, convirtiéndose en una pasajera de su propio cuerpo mientras la mente de sus piernas asumía el control completo.
De manera impulsiva y desconcertando a todos, Nora apartó a VanLucen y se inclinó sobre los planos. La mente de las piernas de Nora era tan analítica como su mente original, y condujo al cuerpo alrededor de la mesa, examinando cuidadosamente el mapa mientras sus monumentales caderas apartaban a quienes la rodeaban.
"Aquí está el socavón donde cayó Ema" dijo, recorriendo con el dedo de la mano sobre el plano, "luego se convierte en una zanja que corre en línea recta y desciende por aquí, esto es uno de los túneles que se supone que no existen, y esto de aquí es el pozo que baja a otro túnel y sube hasta una portañola de hierro".
Ante la admirada y sorprendida mirada de todos los presentes, Nora dio vuelta al siguiente plano, que detallaba la planta completa del edificio sobre el plano anterior, trazó un círculo con el dedo sobre el plano y dijo "Aquí debe estar la puerta del pozo, ¿qué es esto?".
Van Lucen, trató de disimular con soberbia su desconcierto ante la participación de Nora, dirigida por la mente de sus piernas; y ante todo interrogó con arrogancia: “¿Quién es usted?, ¿de dónde inventó todo esto?
Alonso apoyó una mano en un hombro de Nora y dijo con voz firme: “Le dije que la doctora Rosseau es una persona extraordinariamente calificada, su información es precisa y cuenta con toda mi confianza, ahora, ¿puede responder la pregunta?”
VanLucen bufó, inconforme, miró el plano y dijo “Se llama el salón Azur. Es el recinto más espacioso de la Casa, cuando eran oficinas, se utilizaba como sala de usos múltiples, ahora esta despejado."
"Perfecto," dijo Nora con un tono firme y decidido, encarándose con Alonso y sus oficiales, ignorando por completo a VanLucen "¿tienes algo que sirva para detectar huecos bajo el suelo? y también necesitamos algo para abrir la puerta y el equipo para sacar a Ema”
Alonso asintió, dando órdenes inmediatas a sus hombres, que obedecieron de inmediato, mientras VanLucen, intentaba retomar el control de la situación sin que nadie le prestase atención.
Por su parte Nora estableció una conexión telepática con sus piernas. "Hiciste un excelente trabajo con los planos y el tipo ese, pero ahora, ¿me regresas mi cuerpo?".
Alonso notó un cambio en Nora que duró una fracción de segundo, antes de que ella sonriera con su habitual amabilidad. "Lo siento, a veces la mente de mis piernas toma el control completo de mi cuerpo y no siempre actuamos de la misma manera. Mis piernas le prometieron a Ema que regresarían por ella, además, ellas pueden ser de mucha utilidad si van con el equipo de rescate. Pero necesito un lugar para preservar mi parte superior y un par de botas tácticas."
Apegándose a las políticas de actuación, que restringían la participación de civiles, Alonso estuvo a punto de rechazar la intervención de las piernas de Nora, pero recordó las hazañas de las legendarias piernas de la flor de lis, además de que acaban de demostrar su capacidad al poner a Ema en un lugar seguro.
"La ambulancia," dijo Alonso, conduciendo a Nora hacia el vehículo más cercano. A un lado, estaba su conductora, una chica alta y robusta a la que Alonso interrogó “Alicia, ¿Qué talla de calzado usas?”
“Cinco y medio”, contestó la chica, son cierta sorpresa. Alonso interrogó con la vista a Nora, que asintió en silencio.
“La doctora Rosseau va a acompañarme en una misión, pero necesita calzado de seguridad”.
Alicia miró a Nora, revisando con más sorpresa aún sus piernas sucias y desnudas, pero calzadas con elegantes alpargatas de plataforma.
“Ya lo creo, esos zapatitos son muy lindos, pero nada adecuados para un rescate”.
Alicia abrió el compartimiento médico de la ambulancia y subió de un salto, seguida por Nora.
"Voy a preparar el equipo, nos vamos en cinco minutos," dijo Alonso, vacilando entre mirar a Nora a los ojos, o a sus piernas.
Alicia cerró la puerta del compartimiento médico. Nora le pidió toallas húmedas con las que se limpió las piernas y el interior de las alpargatas. Mientras la paramédica se cambiaba las botas por las alpargatas de colores, Nora sacó de su bolsa de mano unas pantimedias de repuesto que se puso de inmediato.
Mientras se calzaba las botas prestadas, Nora notó la mirada inquisitiva de Alicia.
“Siempre coquetas” dijo, haciendo referencia a las pantimedias,” además las necesito para acomodar esto” añadió, mientras levantaba el vestido hasta las caderas y acomodaba la videocámara bajo el calzón de las pantimedias y sobre la tanga de encaje.
Alicia había tenido oportunidad de ver en las pantorrillas de Nora los tatuajes de la flor de lis, de manera que no fue una gran sorpresa cuando la parte superior del cuerpo de la pelirroja quedaba sobre uno de los asientos del compartimiento médico mientras sus piernas se esfumaban y reaparecían inmediatamente frente a ella.
"Todo mundo allá afuera habla de las piernas de la flor de lis" dijo Alicia "ahora entiendo porque mi jefe confía tanto en ti"
"Ellas son las heroicas, yo me quedo aquí y cuido la retaguardia" dijo Nora en el momento que sus piernas se teletransportaban fuera de la ambulancia.
Las piernas de Nora con pasos rápidos y ágiles fueron a buscar a Alonso. Aún con las botas tácticas, el balanceo de sus caderas al andar resultaba cadencioso y elegante.
Los rumores y notificaciones de la presencia de las piernas de la flor de lis en el sitio habían llegado hasta los rescatistas que rodeaban el puesto de control. Al ver un monumental par de piernas, carentes de cuerpo sobre las caderas, vestidas solo con pantimedias color bronceado que dejaban translucir su ropa íntima y moviéndose sensualmente al caminar, las recibieron con señales de respeto y admiración.
El jefe de operaciones estaba discutiendo con otros oficiales, que no estaban conformes con que el responsable del operativo corriera el riesgo de ingresar al sitio colapsado.
Las piernas de Nora llegaron entonces junto a Alonso y los demás, asumiendo una coqueta pose con una pierna ligeramente flexionada al frente, y desde la videocámara, el rostro de Nora sonrió. "Estamos listas, Alonso. ¿Nos vamos?"
Ante la mirada atónita de los otros oficiales, Alonso guiñó un ojo a las piernas de Nora y se dirigió hacia la entrada de la Casa de Gobierno Virreinal, acompañado por las piernas de Nora.
Los rescatistas y la multitud alrededor del edificio observaban con creciente interés. Nora era una mujer alta, de manera que sus piernas eran largas y monumentales. Verlas separadas de su cuerpo y moverse sensualmente, semidesnudas solo con tanga y pantimedias, era un espectáculo inusual, pero la reputación de la flor de lis era bien conocida, y la confianza que Alonso mostraba en ellas disipaba cualquier duda.
Un hombre bajito y regordete, con el rostro desencajado y sudoroso a pesar de lo fresco de la mañana, llegó hasta Alonso, esgrimiendo un gafete del equipo de restauración. "Escuche jefe, tengo algo que decirle, soy Jerome, y trabajo con VanLucen".
Alonso trató de eludirlo, pensando en la urgencia de buscar a Ema, pero las piernas de Nora se detuvieron y lanzaron un mensaje telepático a la parte superior de Nora, que estuvo de acuerdo con ellas, y por medio de la videocámara interpeló a Jerome.
"Hay cosas que no sabemos, ¿verdad Jerome? ¿Qué tienes que decir?" La voz de Nora, proyectada desde la videocámara sobre el pubis de sus piernas, resonó con autoridad.
Los ojos de Jerome se dilataron sorprendidos al toparse con un par de hermosas piernas, semidesnudas y calzadas con botas tácticas, con la imagen de un bonito rostro de mujer en un dispositivo sobre el pubis. Alonso, captando la seriedad de la situación, volvió sobre sus pasos.
Jerome se había puesto de cuclillas, hablando directamente a la videocámara. "La Casa de Gobierno Virreinal se está cayendo, el suelo es inestable, no tiene cimientos y encontramos por lo menos ocho resumideros que se están tragando el piso. El dueño del edificio ha pagado mucho para falsear los estudios de mecánica de suelos, pretendiendo arreglar todo desde arriba. Yo esperaba que hoy no entrara nadie al edificio porque pedí para mañana una visita de inspección municipal, pero las tormentas de los últimos días han agravado la situación y ese edificio es una trampa mortal."
La voz de Nora se volvió fría al preguntar, "¿VanLucen lo sabe?"
Jerome se dejó caer de rodillas y asintió con la cabeza. "Sí, lo sabe. Me ha presionado para mantenerlo en secreto hasta que pudiera presentar una solución temporal. Está más preocupado por su reputación y las inversiones que por la seguridad de la gente."
Los oficiales de rescate se habían reunido alrededor de Jerome y las piernas de Nora. Uno de ellos dijo con voz ahogada. “Si hubiéramos entrado en grupos al edificio para buscar a la chica accidentada, se habría derrumbado todo el piso. Estas piernas hermosas nos salvaron la vida”.
Alonso ordenó a uno de los oficiales que grabara la declaración de Jerome y lo retuviera hasta que él regresara. Resuelto esto, Alonso y las piernas de Nora se dirigieron hacia la entrada del edificio, donde esperaban Enzo y Gael, los otros miembros del equipo de rescate, con el equipo necesario.
Los dos se sorprendieron al ver a Alonso en compañía de un par de hermosas piernas sin mujer sobre las caderas, ataviadas solo con tanga y pantimedias. Más sorpresa fue cuando un bonito rostro femenino les saludó desde una videocámara metida en el calzón de las pantimedias.
“Hola chicos, me da gusto colaborar con ustedes, llámenme Nora."
Enzo y Gael se presentaron, sin poder ocultar su admiración ante la belleza de las espectaculares piernas sin cuerpo, y el rostro que les sonreía con afecto.
"Dejen de babear, caballeros, y prepárense. Nora tiene poderes extraordinarios y es un recurso invaluable en este momento." A continuación, Alonso explicó brevemente cómo había cambiado la situación con la revelación de Jerome.
"Hemos enfrentado peores situaciones, jefe," dijo Enzo.
"Esa chica lleva más de dos horas atrapada allá abajo, ¿Entramos de una vez?" añadió Gael con determinación.
"Yo peso menos de la mitad que cualquiera de ustedes, ¿quieren que vaya adelante?" dijo Nora, poniéndose al frente del equipo. "Solo les pido que no se distraigan viéndome las nalgas, ¿de acuerdo?"
El comentario rompió la tensión del momento y formalizó la unidad entre los cuatro.
Cuando el equipo de rescate se enfiló hacia la entrada de la Casa de Gobierno Virreinal, encabezado por un espectacular par de piernas ataviadas con pantimedias bronceadas y tanga de encaje, hubo una salva de aplausos y gritos de aliento.
Las piernas de Nora, siempre coquetas, no pudieron evitar girar graciosamente sobre la punta de sus pies y dedicar una rápida reverencia a modo de saludo.
La Casa de Gobierno Virreinal conservaba algunos muros en la periferia, incluyendo la entrada principal. Las tormentas del fin de semana los habían castigado severamente y mostraba grandes grietas. Los pocos tramos del techo que quedaban amenazaban desplomarse.
Por todos lados, había andamios y refuerzos de madera y metal con los que el equipo de VanLucen trataba de remediar el deterioro.
Las piernas de Nora tenían en la mente el plano del edificio, por lo que encabezaron al equipo cruzando un ostentoso vestíbulo con columnas de mármol, la mitad de las cuales estaban derrumbadas.
Al llegar a un amplio corredor, las piernas de Nora se detuvieron súbitamente. "Mis piernas tienen un oído superior al de nosotros, están oyendo un rumor que proviene del piso," dijo Nora por la videocámara.
"¿Es un ruidillo regular, como de golpeteo?" preguntó Gael, que era experto en estructuras.
"Sí, pues sí" confirmó Nora.
"El firme se está diluyendo bajo el piso, eso causa que las losas del piso se rompan y se hundan por su propio peso. Además, como el edificio no tiene cimientos, en cuanto los muros pierdan soporte se van a desplomar," explicó Gael.
"¿Pero puedes guiarnos, verdad Nora?" preguntó Enzo, un poco asustado.
"Podemos buscar el sitio donde se oigan menos indicios de que el firme se diluye, espero que sea seguro," dijo Nora, tratando de ser sincera. Retomaron el paso hasta entrar al siguiente recinto.
Este recinto tenía mayores muestras de degradación, algunos muros estaban desplomados y habían aplastado andamios y soportes. Con paso cauteloso, las piernas de Nora avanzaron hacia la siguiente puerta, cuidando cada paso, seguidas por Alonso, Gael y Enzo, quien cargaba el pesado equipo de resonancia.
En algún momento, Enzo descubrió una grieta en el piso y, temiendo un riesgo por el peso que traía a cuestas, trató de rodearla. Un sordo crujido preludió la ruptura de la losa del piso frente a Enzo.
Entorpecido por el equipo de resonancia, no pudo saltar y se vio precipitado por un socavón. La caída fue de un par de metros, sobre un montón de tierra y escombros.
Enzo no sufrió daño por la caída, pero cuando trató de ponerse en pie entre la tierra suelta y los escombros, descubrió que la losa, angosta y aguzada, se precipitaba hacia él. Con los pies entorpecidos por la tierra y los escombros, y agobiado por el peso del equipo que llevaba, su única reacción fue levantar los brazos y esperar lo peor.
Enzo, un rescatista veterano, se obligó a no gritar y no cerrar los ojos, por lo que pudo ver perfectamente cuando sobre él aparecieron las piernas de Nora, abiertas al máximo en un perfecto split, con un pie incrustado en el talud y el otro sosteniendo el borde de la losa. En otra situación, Enzo hubiera admirado el espectáculo del parche de las pantimedias de Nora, estiradas sobre el puente de las bragas de encaje y los esplendidos muslos tensos por el esfuerzo de contener el peso de la losa.
Sin embargo, la urgencia de la situación privó a Enzo de gozar el espectáculo, pues Alonso y Gael, aplicando los protocolos de rescate en terreno inestable, acudieron enseguida a sacarlo de la zanja
Una vez que el socorrista estuvo a salvo, las piernas de Nora se esfumaron de la zanja, dejando que la losa se desplomara, provocando un golpe sordo que resonó desde el fondo de la zanja.
"¿Estás bien, Enzo?" dijo Nora por la cámara.
"Estoy bien, gracias Nora. Eres fantástica," respondió el aludido.
Solo entonces, Nora se quejó, retorciendo sus muslos "Voy a practicar más yoga, hacer esos split en frío duelen."
El equipo se rio brevemente, aliviados por la salida de Enzo del peligro y el comentario de las piernas de Nora. Pero la misión aún no había terminado, y continuaron la marcha, determinados a completar el rescate con éxito.
El salón Azur era el más amplio de los que habían recorrido. Aún conservaba sus cuatro paredes, aunque el techo había desaparecido. Los trabajadores de VanLucen lo habían despejado de escombros y cascotes por lo que el salón lucía un piso de mosaicos estampados, apenas mojados y con pequeños charcos.
“Esto no me gusta” dijo Gael, con toda la lluvia que ha caído, debería haber aquí una alberca. Puede haber muchas explicaciones, pero la más probable es que el agua se filtre por los bordes del piso y esté degradando el firme y la base”
“Hay que moverse de prisa y con cuidado” dijo Enzo, despojándose del equipo de resonancia, para empezar a ensamblarlo.
"Eso parece pesado," dijo Nora. "¿Les parece si mis piernas lo pasean por el salón? No es por presumirles, pero no olviden que aquí, yo soy la más ligerita."
Los tres rescatistas eran veteranos experimentados y reconocieron el valor de las piernas de Nora. "Gracias, Nora. ¿Qué hacemos para ponerte el equipo? Es como un detector de metales que se ajusta a la cintura, yo puedo seguirlo a distancia por Bluetooth."
"Pues alguno de ustedes va a ser el afortunado en meterme mano en las pantimedias y sacar la videocámara para que no estorbe," respondió Nora, sonriendo en la cámara con picardía.
Por acuerdo tácito, Gael y Enzo se entretuvieron con el equipo, así que fue Alonso quien tuvo que meter su mano bajo el calzón de las pantimedias y sacar la videocámara. El oficial no pudo evitar ruborizarse al sentir el calor del bajo abdomen de las piernas de Nora en el aparato.
Sin perder tiempo, Alonso les explicó a las piernas de Nora lo que tendría que hacer, mientras Gael y Enzo sujetaban el mango del detector de resonancia a la cintura de las piernas de Nora. Una vez todo listo, las piernas de Nora empezaron a recorrer el recinto, mientras Enzo atendía cuidadosamente el panel de control.
Las piernas de Nora avanzaban con elegancia y cautela, sus movimientos precisos y medidos, buscando cualquier señal de irregularidad en el suelo. Enzo observaba con atención el panel de control, ajustando los parámetros para obtener lecturas más precisas.
Los oficiales de rescate sabían que la exploración por resonancia de un salón era una tarea lenta y delicada, pero las piernas de Nora, y la misma Nora en la ambulancia, empezaban a desesperarse cuando Enzo dijo "No te muevas".
Las piernas de Nora esperaron mientras Enzo manipulaba los mandos del detector de resonancia.
"Ahí está, es un pozo de 10 a 15 metros, de forma regular, más o menos de 2 metros de lado." Moviéndose cautamente, los tres se acercaron al lugar señalado. Sin perder de vista el panel, Enzo trazó un cuadrado con un grueso marcador, delimitando el hueco detectado.
Luego les quitó a las piernas de Nora el cinto del detector y, mientras Alonso y Gael preparaban la máquina de corte, empacó el detector de resonancia para transportarlo de regreso.
"Oigan chicos, no sé qué está pasando. ¿Pueden regresar la cámara a mis pantimedias?", se oyó la voz de Nora, amortiguada desde una de las bolsas del chaleco táctico de Alonso.
Alonso se puso de pie y, con mucho cuidado, metió el dispositivo bajo el calzón de las pantimedias de Nora. Una vez que la cámara estuvo en su lugar, la voz de Nora volvió a sonar con claridad. "Gracias, Alonso. Ahora, a trabajar."
Con la máquina de corte lista, Gael y Enzo comenzaron a trabajar en el área marcada, con Alonso supervisando y asegurándose de que todo el proceso se realizara con la máxima precisión y seguridad.
Bajo el piso actual de mosaico, apareció un piso de cemento pulido, y bajo este, una puerta de metal oxidado. Gael buscó con ojo experto los puntos estratégicos de las bisagras y el cerrojo para cortarlas y luego levantar la tapa con ayuda de barretas.
Desde el primer momento que empezaron a cortar el cemento, se oyó la voz de Ema amortiguada por las capas de la tapa del pozo, lo cual sirvió para renovar los esfuerzos de los rescatistas, sabiendo que estaban cerca de su objetivo.
"¡Ema! ¡Estamos aquí! Aguanta un poco más," gritó Alonso, tratando de dar ánimo a la joven atrapada.
Con cada corte, la voz de Ema se hacía más clara, y los rescatistas redoblaban su esfuerzo. Finalmente, tras lo que parecieron horas, pero solo fueron unos minutos, la tapa de metal se desplazó lo suficiente para que las piernas de Nora pudieran tener una percepción del túnel que le permitiera visualizar el punto de destino de la teletransportación.
Las piernas de Nora se materializaron en el túnel, a un lado de Ema, trayéndole el tenue resplandor de la cámara, que reconfortó a la joven pasante tras un largo periodo en la oscuridad. Ema se abalanzó hacia las piernas de Nora con un abrazo. "Nora, sabía que volverías", dijo Ema.
"Ánimo querida, vienen conmigo los expertos que te van a sacar de aquí", respondieron las piernas de Nora.
Ema, con angustia, añadió: "Esto está muy mal, Nora. El túnel se sigue derrumbando y todo el tiempo he oído que el suelo retumba".
Las piernas de Nora exploraron el túnel con su percepción del entorno y descubrieron con alarma que, efectivamente, el túnel que un poco antes se veía íntegro y despejado, ahora mostraba lozas del techo desplomadas y paredes desencajadas de su sitio.
Un potente halo de luz barrió el túnel cuando Gael, el más ligero de los tres, llegó suspendido de una cuerda.
"Hola chicas, ¿listas para salir de aquí?" dijo Gael. Posteriormente, y con rápida eficacia, aseguró a Ema con un arnés de rescate.
Mientras Alonso y Enzo sacaban a Ema del pozo, Gael aventó la luz hacia el fondo del túnel. "Esto no estaba así hace un rato", dijo Nora a través de la videocámara.
"Si esos derrumbes son recientes, es una señal alarmante. Todo esto se está cayendo y hay que largarnos cuanto antes", dijo Gael sin poder evitar un tono de angustia en la voz.
Desde arriba, Enzo avisó que la línea estaba libre y en pocos minutos Gael había salido del pozo y las piernas de Nora se habían teletransportado a su lado.
Alonso revisó someramente a Ema, quien estaba asustada y nerviosa, pero sin ningún daño físico, mientras sus compañeros recogían el equipo de rescate.
En el momento que se disponían a regresar por el camino que habían llegado, se escuchó un largo estruendo proveniente del dintel de la puerta del salón azur, un momento antes de que se derrumbara y bloqueara la salida.
Años de descuido en el mantenimiento del edificio, más los daños causados por las tormentas, pasaban finalmente factura a la Casa de Gobierno Virreinal, que empezaba a cerrar su historia, derrumbándose los muros y hundiéndose los pisos.
Tanto los despojos del edificio como los mismos pisos estaban empapados, por lo que al caer levantaban mínimo polvo, permitiendo que la gente que rodeaba la Casa de Gobierno Virreinal pudiera ver la destrucción del edificio.
Un sordo rumor invadió el salón Azur, preludio de su inminente destrucción. Desde el calzón de las pantimedias de las piernas de Nora, la voz de la pelirroja sonó firme y severa. "Esperen aquí, que nadie se mueva".
Sorprendidos, todos vieron cómo las piernas de Nora se teletransportaban hasta el muro más distante, el cual lucía dos grandes ventanales desprovistos de cristales, pero protegidos por rejas de hierro.
Las piernas de Nora desaparecieron y se materializaron del lado externo del muro, donde había un amplio espacio que había sido utilizado como estacionamiento. Actualmente estaba vacío, salvo por una franja de prado que las recientes lluvias hacían reverdecer, delimitada por una malla de alambre. Luego estaba la calle y, al otro lado, algunos edificios de oficinas vacíos por el día feriado y otros de departamentos habitacionales.
Las piernas de Nora se teletransportaron de regreso junto a sus compañeros. "Voy a tirar ese muro. Prepárense para correr como nunca lo han hecho", dijo Nora desde la cámara bajo el calzón de sus pantimedias. El edificio entero crujía y, por todos lados, llegaban sonidos alarmantes de derrumbes y hundimientos.
Las piernas de Nora se teletransportaron al extremo más distante del muro y comenzaron a correr a toda velocidad para luego saltar y golpear el muro con ambos pies.
Sabedoras de principios físicos, las piernas de Nora calcularon en fracción de segundos la mejor manera de aprovechar su peso, masa, velocidad y fuerza. El impacto de las piernas de Nora contra el muro fue simplemente brutal, el muro crujió al ser arrancado de sus esquinas y se derrumbó hacia el terreno desocupado, dejando un amplio espacio abierto para salir del edificio en crisis.
Enzo y Gael, cargando el equipo de rescate, escoltaron a Ema y siguiendo las instrucciones de Nora, salieron corriendo hacia la calle.
Cuando estaban separadas de su parte superior, las piernas de Nora adquirían una fuerza descomunal, pero seguían teniendo la vulnerabilidad de las piernas de una mujer. El tremendo impacto contra la pared las había lastimado en la planta de los pies, los tobillos y las rodillas. Luego del choque, la reacción las había hecho rebotar con fuerza y descontrol varios metros hacia atrás, de manera que cayeron dolorosamente al suelo, lastimándose aún más con el golpe, y dejándolas encogidas y temblorosas a la mitad del salón.
Alonso llegó corriendo hasta ellas, las recogió en vilo y sin detenerse buscó también la salida.
El caos en la Casa de Gobierno Virreinal era absoluto. Mientras Alonso corría, las paredes se desplomaban y el piso se fracturaba y hundía por todos lados. Alonso no se detuvo. Llevaba en sus brazos a las valientes piernas de Nora, cuya increíble hazaña les había dado una oportunidad de escapar.
Finalmente, Alonso cruzó el umbral creado por el derrumbe del muro y llegó al terreno despejado del otro lado. En el prado, lejos de los restos del derrumbe, Ema, Enzo y Gael los esperaban ansiosos, y al ver a Alonso salir con las piernas de Nora, sus rostros se iluminaron con alivio.
Alonso se dejó caer en el prado, acunando a las piernas de Nora. En la pantalla de la videocámara, el rostro de la pelirroja mostraba un rictus de dolor y Alonso sentía cómo las piernas temblaban. "Me duele todo, mucho, mucho", gimió Nora mientras sus piernas se extendían lentamente, tratando de comprobar que no había daños graves.
"Nos salvaste a todos, gracias Nora", dijo Alonso con sinceridad, abrazando en su regazo a las valientes piernas. Ema se hincó a su lado y, con manos trémulas, tocó la parte alta de los muslos de Nora, como si tocara su rostro más allá de la videocámara. "Gracias por regresar por mí, estuve a punto de volverme loca por el miedo y la oscuridad".
Enzo y Gael se acercaron también. “Me salvaste la vida por lo menos dos veces, Nora, gracias” dijo Enzo.
“Eres extraordinaria Nora, nunca hubiera pensado que unas piernas tan hermosas fueran tan poderosas”. Añadió Gael.
El estruendo del muro al caer había atraído la atención de las personas que seguían atentos el rescate alrededor de la Casa de Gobierno Virreinal, junto con varios rescatistas que acudieron y con herramientas abrieron un hueco en la alambrada.
La gente vitoreó y festejó cuando vieron a Enzo y Gael escoltar a una joven mujer, cubierta de tierra y lodo, con gesto de agotamiento, pero también de alivio. Tras ellos, Alonso llevaba en brazos a las piernas de Nora.
"Estamos bien", había dicho Nora por la videocámara, "pero a mis piernas les hace falta que las consientan un rato, ¿me las puedes traer?"
Alonso asintió y con delicadeza llevó cargando a las piernas de Nora hacia la ambulancia.
Nora, con sus piernas fusionadas bajo su cuerpo, estaba sentada a un lado del puesto de Maritere. Miró su reloj de pulsera y notó que apenas habían pasado cuatro horas desde que llegó a la Casa de Gobierno Virreinal. Era difícil de creer todo lo que había sucedido en tan poco tiempo.
Sus piernas estaban desnudas, pues se había quitado las pantimedias para permitir que Alicia las limpiara cuidadosamente y aplicara curaciones en los raspones, rasguños y moretones. Tenía los pies envueltos en gasas bajo las alpargatas de colores, pues habían sacado la peor parte cuando sus piernas caminaron descalzas en el subterráneo.
El equipo de rescate se había retirado, dejando su lugar a la policía local que ahora resguardaba el terreno devastado. Ema ya estaba con su familia, luego de que los paramédicos aseguraron su buen estado. Los curiosos se habían dispersado, y sólo los transeúntes habituales pasaban por la calle, algunos miraban extrañados el campo de ruinas en que se había convertido la Casa de Gobierno Virreinal.
Nora estaba saboreando un refresco, cortesía de Maritere, que estaba a su lado, sentada en una silla. "¿Sabes, Maritere?", dijo Nora, después de un largo sorbo. "Hoy ha sido uno de esos días en los que sientes que todo puede cambiar en un instante. No sé si fue el destino, o simplemente pura suerte, pero me alegra haber estado aquí."
Maritere asintió. "Has hecho algo increíble, Nora. No solo salvaste a Ema, sino que también inspiraste a todos los que estaban aquí. Eso es algo que no se olvida fácilmente."
Nora sonrió, aunque un cansancio profundo se reflejaba en sus ojos. "Gracias, Maritere. Pero mis piernas y yo nunca estuvimos solas. Primero tu confianza, ánimo y ayuda. Luego el equipo de rescate, Alonso, Gael, Enzo... todos fueron esenciales. Y Ema, por supuesto, su fortaleza fue admirable."
Unos niños se acercaron a comprar golosinas, atraídos también por los rumores de lo que había sucedido unas horas antes, y descubrieron que junto a Maritere estaba una atractiva y curvilínea pelirroja, ataviada con un elegante vestido de verano, sentada en el suelo con las piernas extendidas. Nora les sonrió y saludó agitando la mano, disfrutando de esos pequeños momentos de normalidad tras el caos del día.
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