eunirse con los Jarvis se había convertido en un ritual gratificante para Nora Rosseau. Dos o tres veces al mes, ya fuera para asistir a un espectáculo, pasear por alguna plaza comercial o simplemente disfrutar de una comida en familia, el tiempo con Marvina y Hugo aportaba momentos de calidez humana.
Esa tarde Marvina había invitado a Nora a su hogar, un apartamento elegante y cuidadosamente decorado que reflejaba el refinado gusto de la curadora en jefe del Museo de la Ciudad. Ni Nora ni Marvina eran duchas en el arte culinario, pero disfrutaban de explorar recetas y preparar juntas la comida, en tanto Hugo, obligatoriamente confinado a una silla en la cocina, se regocijaba de acompañar a su madre y su tía adoptiva.
La comida transcurrió con la misma naturalidad de siempre, conversando de temas triviales y compartiendo anécdotas. Al terminar, luego de lavar platos y ordenar la cocina entre los tres, fueron a la sala donde Marvina y Nora tomarían café, Hugo refresco; y todos comerían algún postre.
Fue entonces cuando Nora se acomodó en el sillón con las piernas cruzadas muy altas y el torso recto, de manera que podía acariciar sus pantimedias al decir: "Ustedes saben que mis piernas son muy intuitivas y más perspicaces que yo, lo que ellas me dicen, suelo aceptarlo y ahora mismo ellas creen que ustedes se traen algo entre manos"
Hugo río francamente y Marvina no pudo ocultar una sonrisa mientras se inclinaba un poco para mirar directamente a las piernas de Nora, que balanceaban un pie con un movimiento dubitativo. "Esas chicas nunca van a dejar de sorprenderme, no sé cómo descubrieron que Hugo y yo tenemos algo muy importante que pedirte, Nora"
Hugo se puso en pie de un salto, como si estuviera recitando una lección. "Ya te he platicado que estoy en el equipo de matemáticas de mi colegio, tía Nora. Hemos trabajado mucho este año, y ganamos la invitación a un evento increíble: la Olimpiada Colegial de Matemáticas que se va a celebrar en la Universidad de Lebon, en Austria, pero . . ."
El entusiasmo en la voz de Hugo se apagó ligeramente, y lanzó una mirada rápida hacia su madre que tomó el relevo. "Pero aquí es donde empieza el problema, en las mismas fechas de la Olimpiada, tengo que asistir a un evento sumamente importante como representante del Museo. Para poder ir a Lebon, Hugo necesita un acompañante, alguien de confianza que pueda estar con él durante el viaje y mientras participa en la Olimpiada. Y no podemos pensar en nadie mejor que tú, Nora"
"Eres la persona perfecta, Tía Nora. Eres valiente, divertida y siempre sabes cómo manejar cualquier cosa. Además, ¡sería increíble pasar tiempo contigo en un lugar tan genial!" dijo Hugo, usando el cariñoso apodo que había adoptado para demostrar su afecto.
"Es una gran responsabilidad, Nora, pero estoy convencida que Hugo estará en las mejores manos contigo. Y, por supuesto, todos los gastos correrán por mi cuenta. " añadió Marvina, reforzando el argumento de su hijo.
Nora se recostó en el sillón, cruzando los brazos con una expresión seria. Su cabellera rojo fuego se movió con gracia mientras la sacudía en un gesto de negativa. "Claro que no..." dijo con voz firme.
El aire en la habitación pareció congelarse. Marvina y Hugo intercambiaron miradas de desconcierto. Nora hizo una pausa deliberada, dejando que la tensión se acumulara. Luego, una chispa de diversión iluminó sus ojos verdes, y su expresión seria se transformó en una sonrisa radiante. "¡Claro que no voy a dejar que corras con todos los gastos, Marvina! Si este pequeño genio va a hacernos sentir orgullosas de él, quiero contribuir. Yo me encargo de todo lo que sea necesario para el viaje"
Marvina soltó un suspiro de alivio y luego una carcajada suave, mientras Hugo miraba a Nora con los ojos brillantes de admiración.
Nora levantó su taza de café, haciendo un gesto que invitaba a brindar. "Si todo está dispuesto, brindemos por Hugo, nuestro joven campeón matemático, y por la aventura que nos espera".
El automóvil avanzaba por una estrecha carretera que serpenteaba entre las montañas, flanqueada por pinos y abetos cubiertos de espeso follaje. A cada curva, la vista se expandía hacia valles profundos y picos que tocaban el cielo, creando impresionantes paisajes alpinos, en donde, por estar a mitad de verano, el color predominante el verde intenso de los bosques, relegando el blanco de la nieve a las altas cumbres.
El conductor ajustó el retrovisor para admirar por un momento el rostro de Nora Rosseau, delicadamente maquillado para realzar sus brillantes ojos verdes; y con un tono relajado rompió el silencio.
“El complejo Lebon tiene una historia fascinante. En el siglo XV se fundó la Universidad Condal de Lebon, que tuvo un gran renombre y prestigio por sus estudios en matemáticas, geometría, física y astronomía. Era un lugar donde las mentes más brillantes se reunían para aprender y debatir, hasta que en el inicio del siglo XX las turbulencias políticas y las guerras mundiales provocaron que decayera casi hasta desaparecer.”
El hombre, sin descuidar la vista de la carretera se aseguró por el retrovisor de tener la atención de la guapa pelirroja y del inquieto niño que supuso de inmediato como su hijo, antes de continuar.
“Después de la Segunda Guerra Mundial, los herederos del condado lograron rehabilitar la Universidad de Lebon, como el corazón de un complejo académico y cultural que en algunas décadas ha logrado restituir el prestigio de la antigua Universidad Condal, con eventos como la Olimpiada Colegial de Matemáticas que desde hace 30 años reúne a los mejores talentos infantiles”
El auto salió de una curva, y ante ellos se desplegó una vista impresionante del complejo Lebon, con sus torres de piedra y cúpulas de vidrio brillando bajo la luz del sol.
“En Lebon sabemos que este lugar es más que un centro académico. Es un símbolo de perseverancia y de amor por el conocimiento” añadió el conductor.
Hugo miró por la ventana, festejando haber llegado al final del viaje, mientras Nora, agradecía con una sonrisa la información que el conductor compartiera con ellos.
Cuando el taxi se detuvo frente al imponente recibidor del complejo, Nora y Hugo fueron recibidos por cordiales anfitriones. Mientras otros empleados descargaban el equipaje, una chica vestida con el uniforme del complejo Lebon revisó una tableta electrónica.
"Es un placer tenerlos aquí, Dra. Rosseau y joven Hugo Jarvis, bienvenidos a Lebon" dijo la chica con amabilidad, antes de guiarlos hasta la sección del Complejo habilitado como hotel.
La habitación era amplia y acogedora, las paredes revestidas de madera pulida contrastaban con los detalles minimalistas de líneas limpias y mobiliario contemporáneo. Lámparas integradas en el cielo raso emitían una luz suave creando un ambiente sereno.
Frente a las dos amplias camas, cubiertas con mullidos edredones blancos y cojines cuidadosamente dispuestos, se extendía un ventanal corredizo que daba acceso a un balcón. Desde allí, la vista era espectacular: las montañas vecinas se alzaban imponentes, con sus cumbres cubiertas de nieve resplandeciendo bajo la luz de la tarde. El aire frío que se colaba al abrir la puerta del balcón traía consigo un tenue aroma a bosque.
Colgada discretamente sobre una pared, una moderna pantalla de televisión de gran tamaño, ofrecía acceso a entretenimiento y servicios interactivos, aunque su ubicación estratégica no competía con la vista natural desde el balcón.
A un lado de la habitación, un funcional cuarto vestidor ofrecía un espacio íntimo y funcional. Nora esbozó una sonrisa al verlo, apreciando el detalle que le permitiría arreglarse con comodidad y privacidad.
Al caer la noche, el salón comedor del Complejo se abrió en una recepción de gala para dar la bienvenida a los participantes en la Olimpiada Colegial de Matemáticas y sus acompañantes.
Nora ingresó al salón con la elegancia de una reina y la confianza de alguien que sabe lo que vale. Un fino vestido negro reluciente abrazaba sus curvas con perfección, con un escote justo para darle presencia a sus tetas imponentes y la falda corta resaltaba la sensualidad de sus caderas y la firmeza de sus espléndidos muslos.
Las pantimedias de encaje, delicadas pero provocativas, añadían un toque de misterio, mientras sus tacones brillantes parecían multiplicar el magnetismo de sus majestuosas piernas. Su cabello, recogido en un peinado etéreo y sofisticado, reflejaba la luz como un halo rojizo. Sus ojos verdes, enmarcados con un maquillaje sutil, parecían escanear la habitación con calma, aunque con una chispa de diversión.
Hugo, tomado del brazo de Nora, caminaba con el porte de un pequeño caballero. Su traje gris, perfectamente ajustado, le daba un aire refinado, y la corbata azul marino añadía un toque de seriedad. No podía ocultar la sonrisa de orgullo que se dibujaba en su rostro, puesto que estaba emocionado por el evento, y sabía que, en esa noche especial, estaba junto a la mujer más espectacular de la noche.
Un diligente anfitrión se encargó de indicarles la mesa destinada al equipo del colegio de Hugo, donde se acomodaron entre saludos y amables comentarios.
Una mujer rubia de rostro simpático llamó la atención al golpetear suavemente el cristal de su vaso con un tenedor. Todos los ojos se dirigieron hacia ella.
"¡Hola a todos!", anunció con una sonrisa. "Me llena de alegría acompañar a mi hija y a los demás niños en esta Olimpiada de Matemáticas. Pensé que sería agradable saber quiénes somos, ya que, aunque todos nuestros niños son compañeros del colegio, los adultos no hemos tenido oportunidad de conocernos antes".
La mirada de Eloise abarcó la mesa antes de continuar. "Permítanme presentar a mi familia. Mi esposo es James Caleb", dijo, señalando al hombre a su lado. "Y mi encantadora hija, Cristi". Una pequeña inclinación de cabeza acompañó cada presentación. "Y yo soy Eloise", concluyó.
Nora se sumó a la iniciativa con una sonrisa. "Yo soy Nora Rosseau, y estoy aquí acompañando a mi sobrino, Hugo Jarvis".
A continuación, un hombre moreno levantó la mano con cortesía. "Gabriel Wilson, y mi hija es Aitana", se presentó, contribuyendo al creciente círculo de conocidos.
Otra pareja tomó su turno. "Blanca Roland", dijo la mujer, señalando a su esposo a su lado. "Él es Julius, y nuestro hijo es Dexter".
Finalmente, una mujer mayor, de porte distinguido, cerró las presentaciones. "Soy Inés Adinsel", anunció con una sonrisa amable. "Estoy aquí en representación de mi hijo y mi nuera, acompañando a mi nieto Adrián".
La ronda de presentaciones creó un ambiente más acogedor en la mesa, donde nombres y rostros se conectaron, formando lazos entre aquellos que compartían el mismo evento y la misma mesa en ese momento.
Eloise Caleb, con ojos brillantes de entusiasmo, compartió un detalle intrigante sobre el complejo. "¿Sabían que este edificio, que incluye parte del hotel y del centro cultural, se construyó adecuando restos del edificio original de la universidad del siglo XV, que a su vez se edificó en el lugar de las ruinas de un viejo castillo de la edad media? Hay muchos videos de investigaciones paranormales, que tratan de fenómenos en este lugar."
El comentario provocó una mezcla de interés y emoción en la mesa, dejando a todos con una sensación de suspenso en el aire. La cena continuó en medio de risas y conversaciones, pero la sombra de la historia impregnaba el ambiente, añadiendo un toque de intriga a la velada en los Alpes austríacos.
Después de una jornada llena de emociones, Nora se preparó para la noche. Se envolvió en un piyama completa de pantalón largo y camisola holgada, sintiéndose cómoda y relajada, mientras se dedicaba a secar y cepillar su cabello.
Sentado en la cama, Hugo la veía con admiración, y compartió un recuerdo indiscreto: "Cuando te conocí, tu cabello era castaño, y ahora es de un color bellísimo. Una vez le dije a mamá que se pintara el cabello como el tuyo, pero me dijo que tu color es excepcional, que ninguna pintura puede igualarlo."
Nora, mientras mira a Hugo en el reflejo del espejo, responde con una sonrisa: "Voy a contarte un secreto. Mi cabello solía ser color castaño, pero una vez mis piernas y yo ayudamos a una maga para salvar su mundo. Como premio, nos regaló este color para mi pelo."
Los ojos de Hugo se abrieron con asombro: "¿En serio? ¿Tu pelo es mágico entonces?"
La parte inferior de Nora desapareció de su lugar y se teletransportó detrás de Hugo, envolviéndolo en un cálido abrazo y derribándolo sobre la cama "¿Qué pasa, pequeño? ¿Acaso crees que tu tía Nora te contaría mentiras?" Su voz, suave y afectuosa, llegó directamente a la mente del niño creando un espacio de magia y complicidad entre ellos.
En el taburete del tocador, la parte superior de Nora terminó su ritual nocturno de belleza, divertida de ver por el espejo como sus piernas se liaban con Hugo en amigable lucha sobre la cama.
Al terminar, Nora da dos palmadas: “Es hora de dormir chicos, a su cama cada quién”. Sus piernas regresan a su lugar bajo su cuerpo y Hugo se acurrucó bajo el edredón.
Nora va hacia su cama cuando una voz telepática la contiene “¿Dónde vas?, ¿Piensas acostarte sin darle un beso de buenas noches y arropar a nuestro sobrino favorito?”
Nora apagó la iluminación central y antes de ir a su cama se acercó a la de Hugo para depositar un beso en la frente del niño, que le agradeció sinceramente: "Buenas noches, tía Nora. Gracias por estar aquí conmigo."
Nora sonrió en la oscuridad, sus ojos verdes brillando ligeramente. "Gracias a ti por invitarme, Hugo." El susurro de las palabras resonó en la habitación, creando un vínculo silencioso entre ellos dos.
La noche envolvía la habitación con una quietud apacible. Las cortinas dejaban pasar la luz de la luna menguante creando una suave penumbra De repente Nora despertó al sentir un movimiento furtivo en su cama. Al instante, se dio cuenta de que algo no estaba bien. Abrió los ojos para encontrarse con la figura de Hugo, quien se había deslizado junto a ella, temblando.
"Hay un fantasma junto a mi cama", susurró Hugo con voz angustiada.
Nora se incorporó con rapidez y abrazó a Hugo, sintiendo cómo sus piernas, se liberaban de su posición bajo su cuerpo. Al mirar hacia la cama de Hugo, vio como sus piernas, vestidas con el piyama blanco y erguidas en posición defensiva sobre la cama del niño, encaraban a una figura que flotaba en el aire.
Era como una mancha de bruma que se hubiera condensado en la forma semihumana, de un niño con brazos y piernas colgando inertes y la cabeza caída sobre el pecho.
La visión persistió durante un largo minuto antes de disolverse. Nora se dejó caer sobre la almohada, aun abrazando a Hugo, quien temblaba, aunque se había rehusado a apartar la vista de la aparición.
Las piernas de Nora regresaron a su cama, pero en lugar de acomodarse bajo su cuerpo, aparecieron del otro lado de Hugo, extendiendo sus amplios muslos de manera protectora sobre el niño. Nora preguntó: "¿Qué fue eso, ¿qué sucedió?"
Desde la posición en la que una de sus piernas abrazaba a Hugo, ambos recibieron una respuesta telepática. "Es un niño. No pudo decirme quien es, pero sabe que lleva aquí mucho tiempo. No quiere hacerte daño Hugo, solo siente curiosidad cuando llegan otros niños a este lugar”
“¿Puedes hablar con los fantasmas, tía Piernas?” exclamó Hugo, olvidando el susto vivido por la emoción de su nuevo descubrimiento. Nora y sus piernas rieron simultáneamente, divertidas por el apelativo que Hugo acaba de inventar.
"No exactamente," respondieron las piernas de Nora, sin dejar de cobijarlo con sus muslos, "puedo captar sus pensamientos y comprender sus intenciones; y ellos pueden recibir y entender mis mensajes telepáticos."
Nora comentó: "Parece que Eloise tiene razón. Este lugar está habitado por presencias del pasado."
Hugo, reconfortado entre la parte superior de Nora y sus piernas, se giró para mirar a las piernas, las abrazó y dijo: "Eres muy valiente, tía piernas. ¿Tuviste miedo?"
Las piernas de Nora rieron ante el peculiar apelativo y respondieron: "Casi me orino del miedo, pero me aguanté por defenderte."
Hugo celebró la respuesta de las piernas de Nora, mientras la parte superior de Nora acomodaba el edredón para cubrirse los tres: Nora, Hugo y las piernas que continuaban abrazando al niño entre sus muslos.
"Parece que vamos a dormir aquí los tres," dijo Nora con una sonrisa en la oscuridad, sintiendo la calidez reconfortante de la unión que compartían en esa noche llena de misterio.
La mañana se deslizó sobre los Alpes austríacos con un tinte dorado, prometiendo otro día lleno de desafíos y descubrimientos en la Olimpiada de Matemáticas. Nora y Hugo, decidieron no mencionar los eventos de la noche anterior, reconociendo que la concentración de los niños era vital para la competencia.
Sin embargo, mientras se duchaba, las piernas de Nora activaron su conexión telepática con su parte superior “Regáñame por mentirosa, pero anoche no quise asustar a Hugo, ese niño vino a advertirle de un peligro que no pudo describir por completo. Afecta durante tres noches previas a la luna nueva y alcanza su clímax cuando la luna se cierra. Eso sucederá en dos días, justo cuando es la final de la Olimpiada."
Nora se quedó helada, absorbiendo la gravedad de la situación. "Sería frustrante retirar a
Hugo de la competencia por temor a una amenaza desconocida, pero podemos protegerlo, ¿estás de acuerdo? "
Las piernas de Nora transmitieron con determinación "Ese niño significa mucho para ti y para mí. No sé qué sea ese peligro, pero va a tener que pasar sobre nosotras para hacerle daño."
Nora asintió, agradecida por la fortaleza y la determinación de sus piernas. La protección de Hugo se volvía una prioridad inquebrantable, y aunque el misterio del peligro acechante aún persistía, Nora estaba decidida a enfrentarlo para resguardar al niño que había llegado a considerar como su sobrino.
El salón del hotel recibió a sus visitantes con un espléndido desayuno. Una vez terminado, los monitores del evento invitaron a los niños competidores y sus acompañantes, a las instalaciones de la universidad, donde trabajarían sesiones de preparación para los desafíos matemáticos que les esperaban en la Olimpiada, cuyo inicio formal estaba programado para el día siguiente.
Guiados y acompañados por los monitores fueron por los amplios corredores que unían al área vacacional del complejo con las instalaciones académicas. Aprovechando un amplio vestíbulo, los monitores presentaron a un grupo de jóvenes estudiantes universitarios que servirían como tutores de estudio para los niños.
Nora había elegido un vestido tipo suéter de manga larga y cuello alto estampado en tonos de marrón que le cubría las piernas hasta medio muslo, combinado con unas pantimedias color natural.
Su cabellera roja encendido destacaba su porte y elegancia de movimientos, que le convertía en el centro de atención.
Las sesiones de preparación de los niños durarían toda la mañana, por lo que algunas de las personas acompañantes de los niños organizaron una visita a la ciudad cercana de Lebon, pero Nora prefirió buscar la biblioteca del Complejo, conocida por albergar una valiosa colección reunida por la familia de los fundadores.
Era un amplio recinto divido por altos estantes de madera sólida, con una zona de muebles de lectura, que emanaba un aire de historia y conocimiento, un santuario de letras y sabiduría que había perdurado a lo largo de los siglos.
Nora se adentró en ese reino de libros antiguos y estantes de madera maciza. El brillo de la madera pulida en las paredes y el suelo creaba una atmósfera cálida y acogedora, mientras las altas estanterías albergaban una colección de títulos encuadernados en piel.
Las lámparas colgantes, con sus arbotantes centelleantes, iluminaban cada rincón de la biblioteca. Nora se movía entre los pasillos, explorando los estantes sin un orden aparente. Los títulos, variados y sin una clasificación formal, parecían esperar ser descubiertos en su diversidad.
Una mujer regordeta y de gesto avinagrado se acercó a Nora, mirándola con cierta desaprobación al notar la generosidad con la que lucía sus espléndidas piernas. Con gesto altanero, la mujer le preguntó: "Buenos días señorita, ¿alguna preferencia de lectura?"
Nora respondió con una sonrisa afectuosa: "Hola, estoy acompañando a un chico que viene a la Olimpiada de Matemáticas y solo estoy curioseando su colección, que me parece espléndida."
La mujer, con cierto tono de condescendencia, señaló: "Todos los títulos están en alemán, señorita, espero que no sea un impedimento para su curiosidad."
Nora, siempre sonriendo le alargó una mano con coquetería: "Soy Nora Rosseau, doctora en física no clásica. Cursé la mitad de mi doctorado en Ginebra, he colaborado con físicos del CERN en muchos proyectos, y tengo frecuentes conferencias virtuales con científicos de todo el mundo, muchos son germanos, suizos y austriacos, y por deferencia hacia ellos usamos el alemán para comunicarnos."
La mujer, captando el mensaje soterrado, esbozó una sonrisa forzada. "Entiendo, Doctora. Bienvenida, pero debo comentarle que la colección se conserva tal como se ha ido integrando a lo largo de tres siglos y no hay un sistema de clasificación formal, pero seguramente encontrará textos de mucho interés."
La mujer se retiró y Nora continuó su exploración entre los estantes. Al final del recinto, una gran puerta de madera laboriosamente tallada atrajo su atención. A través de angostas ventanas, pudo vislumbrar una habitación apenas iluminada, con libreros de madera oscura que guardaban tesoros literarios en una penumbra sugerente.
La puerta parecía ocultar secretos y conocimientos ancestrales, despertando la curiosidad de Nora de una manera única y fascinante. En el momento en que Nora posó la mano en el picaporte de hierro de la sólida puerta, la mujer regordeta apareció de nuevo, interrumpiendo su intento de explorar el misterioso recinto. "Lo siento, Doctora, pero este recinto guarda una parte de la colección que no se ha curado y, por lo mismo, no está disponible todavía."
Nora expresó su admiración: "Deben tener valiosos incunables. Es una pena no poder verlos"
Nora se retiró y observó que la mujer se quedó frente a la puerta, con los brazos cruzados sin disimular su rol de vigilante. Las piernas de Nora se comunicaron telepáticamente de inmediato con su parte superior: "No le creo a la señora cancerbero, te apuesto una tanga a que ocultan algo ahí adentro"
Nora asintió en acuerdo y continuó explorando entre los libreros. Encontró un libro de filosofía ética y lo llevó a la zona de lectura, donde escritorios individuales de madera tallada y estilo antiguo, cerrados en tres lados, ofrecían un lugar íntimo para sumergirse en la lectura. Se acomodó en uno de ellos y se aseguró de que el mueble ocultara el momento en que sus piernas desaparecieron.
Las piernas de Nora aparecieron en el recinto privado. Una imagen espectacular pues las monumentales piernas vestían únicamente pantimedias color natural que dejaban traslucir unas bragas de encaje color natural y zapatos de tacón alto.
El espacio, estaba ocupado por altos libreros de madera con puertas vidrieras, distribuidas de manera irregular, formando un laberinto por el que las piernas de Nora se desplazaron con pasos largos y sigilosos, a pesar de los altos tacones que apenas sonaban sobre el piso de madera pulida, en el cual había lámparas empotradas que daban una luz tenue, apenas suficiente para no tropezar con los libreros.
Las piernas de Nora no necesitaban luz para percibir el entorno con toda claridad, y moverse con gracia entre el laberinto de estantes repletos de libros.
De repente, las piernas de Nora se detuvieron ante la presencia de un espejo de piso a techo, enmarcado en madera tallada. La poderosa percepción visual de las piernas captó cada detalle del marco, que exhibía cientos de pequeñas caras esculpidas, reflejando una infinidad de gestos que expresaban todas las emociones y sentimientos posibles.
"Este no es lugar para un espejo", comentaron las piernas de Nora después de informar su hallazgo a la parte superior.
La parte superior de Nora sugirió: "¿Una puerta secreta?"
Las piernas de Nora aguzaron su percepción y confirmaron: "Algo así, detrás del espejo hay un hueco."
Sin dudar, las piernas de Nora utilizaron su poder de teletransportación y se desplazaron al otro lado del espejo. Sorpresivamente, se encontraron en una empinada escalera y, estuvieron a punto de caer, pero lograron mantenerse firmes sobre sus tacones altos.
"Es una ventaja tener un centro de gravedad bajo", reflexionaron las piernas de Nora. A pesar de la total oscuridad, se percataron de que estaban en una escalera de angostos escalones de piedra, con paredes y techo abovedado del mismo material, que giraba en espiral hacia abajo.
Con cuidado, pero con determinación, las piernas de Nora comenzaron a bajar por la escalera, explorando lo desconocido con valentía y curiosidad. Al llegar al final de la escalera se encontraron en un vasto recinto.
“Es enorme, alrededor hay tallados portales y puertas, como si fuera la plaza de un pueblo. En el interior de la plaza hay como árboles de piedra, y algo que parecen juegos para niños." Comentaron por su vía telepática a su parte superior, mientras recorrían el oscuro recinto.
A pesar de estar separadas sus dos partes, Nora seguía teniendo plena sensación de lo que sucedía con sus piernas, por lo que, en la sala de lectura, tuvo que taparse la boca para no lanzar un grito cuando la parte superior de Nora sintió una mano helada posarse sobre una nalga.
“Me está tocando, pero no hay nada, no veo nada” exclamaron telepáticamente sus piernas.
“Y hay más, siento muchas manos más que me tocan por todos lados” añadieron inmediatamente, con tono de angustia.
Las piernas de Nora se movieron lentamente, explorando la oscuridad absoluta del entorno con su percepción sin descubrir nada tangible, pero cada vez sentían más manos que se posaban sobre su superficie: "Son manos pequeñas, manos de niños, y están heladas. No me golpean, solo me tocan por todos lados."
La parte superior de Nora, que también sentía las manos heladas por todas partes, ordenó casi gritando a través del canal telepático: "Sal de ahí inmediatamente."
Las piernas de Nora se negaron: "No nos están haciendo daño. Lo que quieren es un poco de calor, nos están agradeciendo que les dejemos tocarnos."
La parte superior de Nora trató de disimular su inquietud y angustia, aparentando leer el libro, para no llamar la atención de la bibliotecaria y algunos estudiantes de la universidad que ocupaban otros escritorios de lectura.
Las piernas de Nora informaron después de un rato: "Ya se fueron. Eran muchos niños, solo nos tocaron, nos dieron las gracias y se fueron, pero nos dejaron heladas. Regreso contigo."
Cuando las piernas de Nora se teletransportaban a algún lugar, necesitaban saber con exactitud el destino o teletransportarse en varias etapas, pero cuando se trababa de fusionarse con su cuerpo, podía teletransportarse automáticamente desde cualquier parte.
Cuando llegaron a su lugar, Nora exclamó alarmada: "¡Están heladas chicas, hay que salir de aquí!"
Nora se puso de pie, tratando de disimular que sus piernas estaban entumecidas y temblando. Afortunadamente, la bibliotecaria se acercó para recoger el libro de filosofía ética y se ofreció a devolverlo a su lugar. Nora le agradeció y, tratando de parecer natural, salió de la biblioteca, dejando atrás el misterioso recinto lleno de secretos y experiencias inusuales.
Nora se dirigió lo más rápido que sus piernas entumecidas por el frío le permitieron hacia una salida que conducía al amplio jardín del hotel.
El sol de media mañana la recibió con su cálido abrazo, disipando poco a poco el frío que se había instalado en sus extremidades. Se encaminó hasta una banca de madera y se desplomó en ella, estirando las piernas y frotándose los muslos para devolverles el calor.
Las piernas de Nora compartieron sus experiencias: "Son muchos niños, cientos de ellos, atrapados en ese lugar detrás del espejo. Llevan muchos años encerrados, y no saben por qué o no me lo pudieron decir. Fue uno de ellos el que visitó anoche a Hugo. A veces encuentran fisuras en el espejo y pueden salir, pero dicen que el mismo espejo los jala de regreso otra vez."
Nora continuó frotando sus piernas tendidas al sol, mientras reflexionaba: "¿Qué está pasando aquí?"
Sus piernas respondieron, aliviadas y confortadas por el calor del sol y el cariñoso masaje: "No lo sé, pero tenemos que ayudar a esos niños."
En el tranquilo jardín del complejo, Nora disfrutaba del calor que aliviaban sus piernas cuando un hombre de edad avanzada, con cabello escaso y canoso, vestido con ropa de trabajo y un gafete del complejo, se acercó tímidamente.
“Buenos días señorita, si me permite y con todo respeto debo decirle que es difícil dejar de admirar sus hermosas piernas y me preguntaba si los tatuajes de flores de lis que las decoran tienen algún significado en especial”
Nora no quiso quitar sus piernas del calor del sol, y evaluó al hombre como respetuoso y honesto, por lo que, sin recoger las piernas, le compartió un poco de su historia, explicando que los tatuajes eran en memoria de su bisabuela, una mujer valiente y honorable, sin entrar en detalles.
El hombre levantó la manga de su camisa para mostrar un tatuaje similar en su antebrazo, con la divisa "Noblesse et honneur". Explicó que era en honor a su tío abuelo, un hombre valiente que luchó contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Asombrada, Nora sintió una conexión instantánea.
"Me llamo Nora Rosseau", se presentó, "y creo que compartimos una herencia común".
“Soy Jaques Leblanc, administrador del complejo, es un placer conocerla”
“Creo que hay muchas historias atrás de estos tatuajes” dijo Nora, invitando al hombre a sentarse a su lado. Con una sonrisa y la mirada amable de sus ojos verdes, le animó a hablar.
"Mi tío abuelo tuvo una vida valiente y honorable, peleó contra los nazis en la segunda guerra mundial, me contó tantas historias que me tatué esto en su honor, se hacía llamar Clavinote cuando era miembro de la resistencia anti nazi, porque todos ellos usaban apodos para proteger a sus familias"
Nora sonrío: "Mi bisabuela me contó muchas historias de cuando fue partisana, y recuerdo que mencionaba frecuentemente a Clavinote. Decía que era un hombre menudo pero muy fuerte y audaz, que siempre cargaba una navaja de barbero que afilaba todas las noches con su cinturón, y la usaba para rematar a los nazis"
El rostro de Jaques se iluminó ante los recuerdos de su bisabuela, que platica Nora: "Ese era mi tío abuelo, era barbero en su pueblo y por eso usaba la navaja"
Jaques y Nora compartieron algunos recuerdos provenientes de sus respectivos ancestros, encontrando con sorpresa que muchos trataban de lugares y sucesos comunes.
"Mi tío abuelo falleció hace 30 años y siempre me trató como a su propio hijo porque nunca se casó” confesó Jaques, “me decía que su gran amor, que perdió en la guerra, fue una chica de cabello castaño y ojos verdes"
Nora sonrió: "Mi bisabuela tenía cabello castaño y saqué de ella los ojos verdes, su apodo era Caillejoyeu"
Jaques no pudo ocultar su alegría: "Mi tío abuelo terminó la guerra en un hospital del ejército americano, y siempre pensó que Caillejoyeu había muerto en la misma acción que él resultó malherido. Donde quiera que esté, tío abuelo estará feliz de saber que Caillejoyeu sobrevivió a los horrores y tuvo una hermosa familia"
Silenciosamente, Hugo apareció entre los árboles y se sentó junto a Nora en la tranquila escena del jardín.
Jaques notó la presencia del niño y comentó: “Un gallardo hijo, digno de la elegancia de su madre”.
Nora abrazó a Hugo para aclarar: “Hugo no es hijo mío, es mi sobrino querido”
Jaques se sonrojó y trato de disculparse, pero Nora dijo: “No te preocupes Jaques, me halaga que piensen que Hugo es mi hijo, y estoy segura que a él tampoco le molesta”
Nora miró su reloj de pulsera y dijo que era hora de dirigirse al comedor para la comida. Jaques se despidió cordialmente y regresó a sus tareas.
Mientras caminaban hacia el comedor, Nora le contó a Hugo acerca de Jaques y la conexión inesperada que compartían. Le explicó que Jaques era descendiente de Clavinote, un valiente miembro de la resistencia antinazi, y cómo sus historias se entrelazaban con la familia de Nora.
Hugo, con los ojos brillantes de curiosidad, absorbió cada palabra mientras continuaban su camino hacia el comedor, listos para compartir otra comida en este extraño y fascinante viaje a los Alpes austríacos.
Durante la hora de la comida, Eloise, compartió una inquietante experiencia de la noche anterior.
"Anoche, Cristi se despertó porque sintió que algo se deslizó sobre su cama", comenzó Eloise, captando la atención de todos en la mesa. "Nos dijo que está segura de que no estaba dormida porque estaba repasando de memoria unas ecuaciones, y que sintió algo pesado sobre sus pies, como si algo pasara por encima de ellos. Se asustó y saltó, pero no pudo ver nada".
La inquietud se instaló en la mesa, y Dexter, otro niño del grupo, titubeó antes de hablar. "Yo también me levanté para ir al baño durante la noche, y vi algo blanco que se ocultaba tras las cortinas de la ventana. Grité a mis padres, pero no me creyeron", admitió tímidamente.
Julius, el padre de Dexter, intervino con un tono confuso. "Mi hijo tiene mucha imaginación. A veces en casa dice que ve fantasmas, pero no le damos mucha importancia".
Hugo no pudo resistirse a compartir su propia experiencia. "Yo también vi algo, pero mi tía Nora, lo ahuyentó".
Inés, la abuela de Adrián, sugirió con seriedad: "Deberíamos avisar a la gerencia del hotel".
Gabriel Wilson, dirigiéndose a Nora, planteó una pregunta inquietante. "Doctora Rosseau, tú eres una científica. ¿Qué nos puedes decir de todo esto? ¿Cómo es que ahuyentaste a un fantasma?"
Nora, consciente de la necesidad de ofrecer una explicación que no comprometiera la verdad sobre sus piernas, respondió con calma y amabilidad. "Ser científica no me hace poseedora de la verdad. Anoche ocurrió algo en nuestra habitación que tal vez no corresponda a los patrones de la ciencia actual, pero no puedo negar que haya sucedido porque Hugo y yo lo vivimos. Hugo dice que ahuyenté al fantasma, pero la verdad es que solo encendí la luz, y eso, lo que sea que haya sido, desapareció"
Eloise intervino para apaciguar la situación. "Yo soy un poco medium y tarotista", reveló. "Ahora que fuimos a la ciudad de Lebon compré una baraja de tarot. Prometo descifrar el misterio de estos fantasmas".
Después de la comida, Nora y Hugo se retiraron a su habitación para descansar antes de las siguientes actividades. Hugo se quitó los zapatos y se recostó en su cama mientras las piernas de Nora se separaban de su cuerpo y tomaban asiento coquetamente cruzadas junto a él.
“Tu tía piernas quiere hablar contigo” dijo Nora.
Hugo gateó hasta las piernas y se recostó sobre sus muslos, tibios y suaves bajo por el sutil tejido de las pantimedias.
A través de su canal telepático, las piernas de Nora le contaron a Hugo sobre la extraña presencia de los niños atrapados detrás del espejo, su situación y cómo planeaban ayudarlos.
Nora, dirigiéndose a Hugo, dijo: "Querido, sé que esto puede ser aterrador, pero quiero que te enfoques en la competencia. Tía piernas y yo estamos trabajando en resolver esto y, sobre todo, en protegerte".
Hugo asintió con determinación y agradeció el esfuerzo de Nora y sus piernas. "Lo entiendo, tía Nora. Voy a dar lo mejor de mí en la competencia y confío en que resolverán este misterio".
En ese momento, el celular de Hugo sonó, y al contestar, el rostro de su madre apareció en la pantalla. Una conversación llena de afecto y ánimo tuvo lugar, y Hugo compartió con su madre la emoción del evento y el apoyo de Nora.
La videollamada continuó con risas y palabras de aliento, creando un ambiente ligero y positivo antes de que llegara la hora para que Hugo regresara al entrenamiento para la Olimpiada de Matemáticas.
Nora condujo a Hugo al área designada para el entrenamiento de los niños, donde el bullicio y la emoción anticipaban la intensidad de la competencia que se avecinaba. Después de asegurarse de que Hugo estuviera bien ubicado, Nora emprendió el regreso a la biblioteca, decidida a continuar su investigación.
Al llegar, se encontró con que la biblioteca estaba cerrada. Curioseando los alrededores, descubrió una sala de descanso, equipada con sillones cómodos y una colección variada de lecturas. Nora se acomodó en un sillón, con varias revistas a la mano y cubriéndose las piernas con una manta para disimular cuando desaparecieran. Luego, las piernas de Nora se teletransportaron directamente al área reservada de la biblioteca.
Los altos libreros de sólida madera, llenos de libros antiguos están en una penumbra rota apenas por las pequeñas luces incrustadas en el piso. Desde el momento en que las piernas de Nora llegaron, su agudo sentido del oído captó un peculiar murmullo de varias voces que despertó sus alertas.
Nora Rosseau era una mujer alta y voluptuosa, por lo que sus piernas eran largas y de amplias y sensuales curvas, ahora enfundadas en pantimedias transparentes sobre unas elegantes bragas de encaje. Sin embargo, al carecer del peso de su parte superior y por la baja ubicación de su centro de gravedad, podían caminar en silencio a pesar de calzar zapatos de tacón altos.
Las piernas de Nora se deslizaron sigilosamente por los pasillos de la biblioteca reservada siguiendo el sonido.
En uno de los recovecos de la biblioteca reservada, se erguía un pesado atril de madera, ostentosamente tallado, que sostenía un libro de tapas gruesas y hojas amarillentas. Iluminado por una lámpara de aceite.
Una mujer frente al atril leía en voz alta, en un idioma desconocido, seguida en la lectura por otra mujer y dos hombres que repetían una especie de salmodia. Los cuatro eran de edad madura, y denotaban la elegancia y distinción asociada a los miembros de la nobleza.
La lectura se prolongó por unos minutos más, durante los cuales las piernas de Nora se esforzaron en vano por identificar o comprender el extraño idioma, formado con exclamaciones guturales.
Al terminar, uno de los hombres apagó la lámpara y luego los cuatro se dirigieron en silencio hacia la puerta principal de la biblioteca.
Las piernas de Nora, que estaban en el pasillo que tendrían que recorrer, encontraron un recoveco entre dos libreros y se metieron de lado en él, forzando un poco sus nalgas para entrar.
“Nunca he lamentado tener tanto trasero, pero en este momento me gustaría un poco menos” pensó Nora en la sala de lectura, sintiendo como su carne se compacta entre los pesados muebles.
“Es lo malo de estar tan exuberante”, dijeron telepáticamente las piernas de Nora
Las sombras del lugar enmascararon en su escondite a las piernas de Nora, de manera que los dos hombres y una de las mujeres pasaron sin contrariedad a su lado.
Pero la última mujer, que las piernas de Nora identificaron como la lectora, se detuvo un momento en el pasillo, olisqueando el aire con gesto de duda, finalmente siguió a los demás fuera del área reservada.
Las piernas de Nora, transmitieron a su parte superior la identidad de las cuatro personas: Los herederos de la familia Hadderlan, que habían presidido la cena de gala y cuyos retratos destacaban en el vestíbulo de la Universidad.
Desde la sala de lectura, la parte superior de Nora podía ver la puerta vidriera de la biblioteca, por lo que distinguió cuando los cuatro salieron y se encaminaron hacia ella, por lo que mandó un mensaje urgente a sus piernas que, con una sincronización perfecta, regresaron a su lugar justo a tiempo para que Nora se pusiera de pie con un movimiento grácil, llevando la manta colgando con elegancia de su brazo.
Uno de los hombres se dirigió hacia Nora: "Doctora Rosseau, vi su nombre en la lista de invitados y tenía que decirle que es un honor tenerla entre nosotros".
Luego, una de las mujeres abrazó a Nora y le besó las mejillas: "Y viene acompañando a Hugo Jarvis, un chico brillante que heredó la inteligencia y el talento de su madre".
Nora aclaró con amabilidad: "Hugo no es mi hijo, es mi querido sobrino".
La mujer pidió disculpas por la confusión, y Nora añadió con una sonrisa que a menudo la gente confundía la relación entre ellos, pero que, a fin de cuentas, era casi como si fuera su hijo.
Los dos se despidieron cordialmente y continuaron su camino, pero la otra mujer, al pasar junto a Nora, olisqueó el aire y comentó: "Delicioso perfume, Doctora Rosseau, y muy poco común".
Nora se limitó a sonreír ante el comentario, manteniendo su misteriosa elegancia. Cuando se hubieron alejado, las piernas de Nora le pidieron su celular. Nora lo sacó de su bolsa de mano, regresó al sillón y se cubrió otra vez con la manta, cuidando de no hacer movimientos exagerados que llamaran la atención, se levantó el ceñido vestido hasta las caderas para poder meter el celular bajo el calzón de las pantimedias.
Las piernas de Nora se teletransportaron de regreso a la sala reservada. En el silencio, sus sentidos agudos exploraron el entorno, sin detectar movimiento ni sonido. Asumiendo que estaban solas, caminaron con determinación hasta el atril que sostenía el libro, abierto en las páginas recién leídas por los herederos Hadderlan. Con movimientos precisos, las piernas de Nora se descalzaron para permitir que los dedos de sus pies se movieran con libertad bajo el fino tejido de las pantimedias.
Usando su extrema flexibilidad, las piernas de Nora sacaron el celular del estratégico escondite y cuidadosamente capturaron imágenes de las páginas abiertas del libro. El silencio apenas se rompía por el susurro de las pantimedias al rozar en sus movimientos.
Al concluir su tarea, las piernas de Nora volvieron a guardar el celular con destreza bajo el calzón de las pantimedias, y calzaron de nuevo sus elegantes zapatos.
En ese instante, un escalofrío recorrió la piel de sus piernas, alertándolas de una presencia inquietante. En la sala de lectura, la parte superior de Nora compartió la misma sensación, como una desagradable premonición.
Las piernas de Nora, en la sala reservada, no necesitaron voltear para entender la fuente de tan desagradable reacción. En uno de los corredores que llevaban al atril, había emergido un personaje siniestro. Bajo de estatura, no superaba el metro y medio, pero lo que le faltaba en estatura lo compensaba con una presencia opresiva y siniestra. Estaba cubierto, desde una capucha deforme, hasta el borde que arrastraba en sus pies, con una prenda que parecía hecha de fragmentos de telas viejas y desgastada, un amasijo de retales de colores sucios y apagados arrancados de sudarios antiguos.
Con una voz aguda y penetrante, el misterioso ser espetó: "Eres solo la mitad de una mujer, ¿dónde está el resto de tu cuerpo?, ¿por qué te inmiscuyes en lo que no puedes comprender?".
Las piernas de Nora se encararon con él, tensando los músculos para evitar que el temblor de sus rodillas fuera evidente. Con tono desafiante, las piernas de Nora respondieron: "Quizás sea solo la mitad de una mujer, pero valgo tanto como una completa y no necesito más para percibir que algo aquí es malvado y perverso".
El enano caminó encorvado y tambaleante hacia las piernas de Nora, que lo enfrentaron con determinación: "Mitad-de-una-mujer, detecto en ti un gran poder, pero lo que ocurre aquí te supera".
Las piernas de Nora adoptaron una postura peculiar, la izquierda detrás y la derecha adelante, ligeramente flexionada, destacando las curvas de sus caderas. Sin embargo, esta posición también ocultaba sutilmente que su pierna derecha estaba preparada para lanzar una patada letal en un instante.
El enano se detuvo a escasos centímetros, y la capucha se deslizó, revelando su cabeza, desproporcionadamente grande, se inclinaba hacia un lado debido a un cuello retorcido. Tenía el rostro de un ser que había sufrido y había aprendido a amar ese sufrimiento. Sus ojos hundidos y amarillentos brillaban como brasas agonizantes con destellos de pura malevolencia. Sus labios, secos y agrietados, apenas cubrían unos dientes largos, afilados y desiguales, como los de un depredador que se hubiera alimentado de cosas mucho más terribles que carne. ´
El enano bufó con acento de indignación: "Eres poderosa, mitad-de-una-mujer, he visto a muchos hombres correr ante mí, mientras que tú me desafías y permaneces".
Las piernas de Nora estaban temblando, pero con un esfuerzo lograron que su voz telepática, aunque tenía la dulzura de Nora, sonara severa y firme. “Te desafío porque quiero respuestas, ¿eres tú quien mantiene cautivos a los niños detrás del espejo?”
El enano extendió sus brazos, huesudos y cubiertos con hilachas de su túnica hacia los lados. Un sonido, inicialmente incomprensible, llegó a las piernas de Nora: eran pasos infantiles, muchos pasos, el suave roce de incontables pequeños pies descalzos.
Detrás del enano, emergieron siluetas borrosas de niños, extendiendo sus brazos hacia las piernas de Nora. El aire se llenó de llantos y súplicas "Ellos son míos, mitad-de-una-mujer. Me los han regalado, y cada vez me dan más".
Las piernas de Nora percibieron cómo su voz telepática estaba a punto de quebrarse, pero con un esfuerzo descomunal logró mantener la calma y preguntar con acento firme: "¿Quién te los regala? ¿Quién se atreve a entregarte a esos niños? ¿Y por qué lo hacen? ¿Qué quieren a cambio?"
El enano rio guturalmente. Su figura aberrante comenzó a esfumarse, como si se fundiera con las sombras, llevándose consigo las siluetas infantiles, cuyos llantos y súplicas se intensificaron.
"Eso tendrás que descubrirlo por tu cuenta, mitad-de-una-mujer. O vete y sigue viviendo en paz", susurró el enano al desaparecer, mientras un silencio total descendía sobre la sala.
Las piernas de Nora se dejaron caer de rodillas y tuvieron que hacer un esfuerzo de autocontrol para regresar a su lugar, bajo el cuerpo de Nora, que las recibió sintiendo toda la angustia y el dolor que habían vivido.
Con un temblor en su voz telepática, las piernas de Nora susurraron: "¿Podemos ir a la habitación?, necesito que me abraces"
Nora se puso de pie y se dirigió con premura a su habitación, al llegar se desplomó sobre la cama y sus piernas se separaron del resto del cuerpo, buscando cobijo entre sus brazos.
Las piernas de Nora dijeron: "Hay mucho dolor y angustia en ese lugar, ese engendro es pura maldad y perversidad, me dio mucho miedo".
Nora se recostó en la cama, acomodando sus piernas entre sus generosas tetas y las abrazó con ternura. A través de susurros telepáticos siguió escuchando a sus piernas: "Fue aterrador, Nora. Nunca antes nos habíamos enfrentado a algo así. Esa presencia, esos niños prisioneros, es como una pesadilla"
Nora acarició las pantorrillas de sus piernas con suavidad, reconociendo la valentía que habían demostrado. "Lo sé, chicas. Fue una experiencia aterradora, pero estamos juntas en esto, y encontraremos la manera de ayudar a esos niños y detener lo que sea que esté sucediendo."
Sin descuidar los mimos a sus piernas, Nora sacó el celular del calzón de las pantimedias y miró las fotos de las páginas del libro. "Excelente chicas, esto es muy valioso, voy a mandárselo a Giovanna, seguramente nos va a ayudar a descifrarlo".
Las piernas de Nora, reconfortadas en el abrazo de su parte superior dijeron telepáticamente: "Sé que hay muchas cosas que hacer, pero arrúllame cinco minutos más y quedo lista para lo que sigue".
Nora abrazó con cariño a sus piernas y reflexionó acerca de la forma que habían desarrollado una personalidad propia. Sus piernas eran increíblemente audaces y valientes, pero al mismo tiempo, sensibles y vulnerables.
Un poco más tarde, Nora inquirió con algunos empleados del Complejo y localizó a Jaques Leblanc en un pequeño despacho en el área de administración.
Jaques la recibe y amablemente le ofrece asiento: “Doctora Rosseau ¿en qué puedo ayudarte?”
Nora correspondió con una sonrisa y le extendió la mano: “Quiero hacerte una pregunta, ¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?
“Comencé cuando tenía 16 años, en los primeros días de la reconstrucción. Mi padre era carpintero y me trajo como ayudante de todo” respondió el hombre, con gesto de extrañeza por la pregunta.
Nora asintió, evaluando rápidamente la situación, y decidió que debía ser clara y concreta, así que envolvió a Jaques en la profunda mirada de sus ojos verdes, y bajó su voz hasta un murmullo dulce y directo: “Jaques, compartimos una herencia de valentía y honor, y quiero confiar en ti, tanto como Caillejoyeu confiaba en Clavinote. Sé que hay una historia de maldad y perversidad en Lebon, que no puedo ni imaginar. Por favor dime, ¿Qué está pasando en este lugar?”
Jaques sostuvo la mirada de Nora unos segundos, sin intención de desafiarla, pero revelando una dura batalla en su interior. Por fin se levantó y cerró la puerta.
En un rincón, había una cafetera de la que sirvió dos tazas y le ofreció una a Nora, junto con un par de dados de azúcar. Nora comprendió que el anciano estaba organizando sus ideas y respetó su silencio.
Jaques regresó a su sillón y habló por fin, estrechando la taza de café entre sus manos:
"Si esto tiene un inicio, es cuando en lugar de lo que hoy conocemos, en ese terreno se levantaba el castillo del primer conde Hadderlan, en el siglo XVI.
El conde era conocido por ser practicante de las malas artes; celebraba ritos demoniacos, hacía sacrificios de animales y se rumoraba de que también de niños y muchachas; hasta que sus propios vasallos, confabularon contra él y apoyaron a un señor vecino que le hizo la guerra a Hadderlan y lo derrotó.
Sus antiguos vasallos arrasaron el castillo en desquite por todo el mal que causó, pero nadie quiso apoderarse del valle y siguió siendo de los Hadderlan, cuyos descendientes, en el siglo XVIII retomaron la propiedad y construyeron la Universidad Lebon, sobre las ruinas del viejo castillo.
Se dice que la maldad resurgió y pronto la Universidad Lebon, junto con su prestigio académico, empezó a crear una leyenda de actos malvados que causaron la muerte de muchos alumnos y hasta maestros"
La voz del viejo se volvió ronca y tuvo que tomar un sorbo de café para continuar: "No se sabe mucho de esto y no hay registros históricos conocidos, pero en 1934 el partido nazi de Alemania tenía muchos simpatizantes en Lebon, destacando los descendientes de la familia Hadderlan, que facilitaron que en la Universidad trabajaran científicos nazis en proyectos oscuros.
Si en este lugar la maldad que atrajo el primer conde pudo llegar hasta la Universidad, se puede comprender lo que sucedió cuando se mezcló con todo lo que representaban los terribles experimentos de los científicos nazis"
El anciano tomó un sorbo de su café, y su mirada se volvió más intensa. Nora asimiló la información, comprendiendo la conexión entre la historia del conde Hadderlan y los oscuros eventos que acontecieron en la universidad a lo largo de los años, pero decidió guardar silencio pues sintió que Jaques tenía mucho por decir.
Jaques continua: "Y falta algo más. Yo empecé a trabajar para la familia Hadderlan haciendo un poco de todo y una vez que estaba con otros obreros abriendo una zanja, descubrimos una mazmorra con algo parecido a equipo médico.
Los capataces acudieron de inmediato, nos echaron fuera a todos y solo los trabajadores de confianza de los Hadderlan tuvieron acceso al lugar. Pero yo pude escamotear algo parecido a una cucharilla de plata porque me llamó la atención un escudo grabado"
Jaques fue hasta un armario de madera y descubrió un compartimiento secreto del cual sacó un cuaderno de medio folio, con tapas de cuero, cuidadosamente cerrado con ligas de hule para evitar que sus hojas se desperdigaran.
Jaques regresó a su escritorio, abrió el cuaderno y de un bolsillo interior en una tapa sacó algo parecido a una moneda. "Recorté el instrumento, guardé el escudo y fundí el resto para desaparecerlo"
Nora tomó el objeto circular y lo revisó meticulosamente. No pudo evitar un estremecimiento al ver en la plata opacada por los años, un círculo alrededor de un rayo que descendía retorcido. Jaques dijo con voz velada: "Es el emblema de la Sociedad Vril".
Nora dejó el disco de plata sobre la mesa y bebió un gran trago de café para asimilar la noticia. La Sociedad Vril fue una secta nazi de pseudocientíficos y místicos, que pretendían dotar de armas sobrenaturales al III Reich, en especial, recuerda Nora, buscaban atraer y controlar entidades siniestras. La voz telepática de las piernas de Nora dijo: "Como el engendro enano"
Jaques no necesitó preguntar, para darse cuenta, por la reacción de Nora, que la pelirroja comprendía cabalmente la gravedad de la revelación que acaba de hacerle y continuó: "Si había maldad en las ruinas del viejo castillo Hadderlan, lo que hayan hecho los nazis la magnificaron y los actuales dueños han continuado con esa cadena de actos de maldad”
Otro trago de café y Jaques continua con las revelaciones: “Estoy seguro de que la sala reservada de la biblioteca es crucial en todo esto. No sé lo que hay ahí, porque los dueños trajeron trabajadores extranjeros para rehabilitar esas áreas. Eran gente que vivían apartados, no hablaba nuestro idioma y en cuanto terminaron se fueron. Desde siempre el castillo ha tenido fama de ser un lugar embrujado, pero desde que se abrió esa área, las cosas empeoraron y muchos de los que trabajamos aquí hemos visto apariciones"
Nora nota que los ojos del viejo se empañan de recuerdos difíciles y trata de que la intensa mirada de sus ojos verdes se convierta en un remanso de empatía para el hombre, que devuelve el emblema a su escondite en el cuaderno, que cierra luego con sus ligas mientras continúa hablando.
"Cuando descubrí para quienes trabajaba quise largarme muy lejos, pero me pregunté qué habría hecho el tío abuelo Clavinote y decidí quedarme para investigar y recopilar todo lo que pudiera, esperando que alguien mejor que yo pudiera acabar con esta pesadilla"
Jaques empujó lentamente el cuaderno sobre la mesa, hacía Nora: "Estoy viejo y enfermo Nora, el médico dice que el cáncer que padezco tardará unos 6 meses más en acabar conmigo, pero permíteme creer que el alma de Caillejoyeu te mandó aquí y que su nobleza y valor te guiarán para hacer lo sea necesario"
Nora tomó con reverencia el cuaderno y lo acunó entre sus senos, reconociendo el esfuerzo que ha representado a lo largo de la vida de Jaques.
Luego, la mano de Nora encontró la del anciano, y sus miradas se entrelazaron en un pacto silencioso. "Tengo amigas poderosas y conozco gente que va a ayudarnos a terminar con lo que sea que esté incubando maldad en el complejo", declara Nora con determinación. A través del contacto de las manos, se transmite una corriente de gratitud y confianza.
"Gracias, Jaques. Has hecho un gran trabajo, y Clavinote debe estar orgulloso", agregó Nora, reconociendo el sacrificio y la valentía del anciano que había dedicado su vida a desentrañar los secretos de un pasado oscuro. La habitación pareció impregnarse con un aire de esperanza, como si las palabras de Nora fueran el primer rayo de luz que penetra en una oscuridad persistente.
Un poco después, los pasillos del complejo resonaron con un ruido peculiar: los tacones de una pelirroja de cuerpo exuberante y piernas monumentales, que corría para llegar a tiempo para recibir a los niños que saldrían de las sesiones de entrenamiento.
Tras una cena llena de risas y camaradería con los demás niños competidores y sus acompañantes, Nora y Hugo se retiraron a su habitación. A punto de meterse a la cama, Nora le pidió a Hugo que viera la televisión un rato y luego se durmiera, pues ella tenía algo importante que hacer y se encerró en el vestidor, con la intención de escanear el contenido del cuaderno de Jaques.
Nora aprovechó una banca de madera para sentarse con las piernas cruzadas frente al cuaderno y empezar su labor. Al cabo de un rato sus piernas rompieron su concentración, cuando le dijeron que querían ir con Hugo. Sorprendida, pero contenta, Nora aceptó la petición y sonríe cuando escuchó en la habitación el alborozo con que Hugo recibió a su querida tía Piernas.
Durante muchos años, Jaques Leblanc había documentado minuciosamente la parte oscura de la historia de la reconstrucción y posterior operación del complejo. Mientras escaneaba en imágenes las hojas del cuaderno, Nora se topó con detalles que atrajeron su atención de tal manera, que tardó varias horas en terminar su labor.
Cuando quiso llamar a sus piernas, Nora se dio cuenta de que estaban profundamente dormidas, y decidió no molestarlas. Sus brazos eran fuertes y tonificados de manera que podían mover sin problemas la parte superior de su cuerpo, más ligera sin su majestuosa parte inferior.
Guardó el cuaderno en un compartimiento seguro de su maleta y apagó la luz del vestidor. Sigilosamente, la parte superior de Nora llegó hasta su cama y se encaramó en ella.
Mientras se limpiaba las manos con una toallita húmeda, contempló una escena que le dio un poco de celos: La habitación lucía serena en la penumbra de la noche. Hugo dormía tranquilo y feliz, completamente inmerso entre sus piernas que cobijaban al niño en un cariñoso abrazo protector.
La parte superior de Nora se acomodó bajo el edredón y acarició suavemente el cabello de Hugo, mientras reflexionaba en las ocasiones que había rechazado propuestas matrimoniales, pues nunca se había sentido identificada con la maternidad. Sonriendo para sí misma, Nora pensó: "Nunca me hubiera imaginado que mis piernas fueran mejor madre que yo"
Durante el desayuno, Eloise Caleb no pudo reprimir más su curiosidad y aprovechando una pausa en la plática común, apuntó a Nora con una pregunta: “Conozco a Marvina desde que Hugo y Cristi estaban en jardín de niños, y nunca me habló de que tuviera una hermana”.
Nora sonrió, inclinando graciosamente la cabeza sobre el hombro derecho, y captando que todos en la mesa, incluyendo a Hugo, guardaban silencio en espera de la respuesta.
“Marvina y yo somos primas, de niñas éramos grandes amigas, pero alguna tontería entre las familias nos distanció durante mucho tiempo. Hace apenas un par de años que volvimos a encontrarnos y decidimos que los pleitos de los mayores no nos incumbían, así que reafirmamos nuestros lazos y Hugo también contribuyó porque desde el primer momento me adoptó como su tía favorita”
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La Señora de las Cumbres, Parte 2
El Complejo de Lebon deslumbraba con su amplio, moderno y lujoso auditorio, el escenario perfecto para la ceremonia de inauguración de la Olimpiada Colegial de Matemáticas.
En las primeras filas, los niños de los 12 equipos participantes se alineaban, enfundados en los impecables uniformes de gala de sus respectivos colegios, sonrientes y emocionados, pero sin evitar que la expectación y nerviosismo se reflejara en sus rostros.
En las filas siguientes, se acomodaban los acompañantes de los niños y el público en general, listos para presenciar el evento.
La ceremonia se abrió con la presentación y algunos discursos emotivos de los herederos de la dinastía Hadderlan: los hermanos Wilma y Maximilian, y sus primos Valdemar y Giselle, acompañados de autoridades de la ciudad de Lebon y otros invitados de honor que resaltaba la importancia del conocimiento y la competencia justa.
Nora lucía un elegante vestido corto y ceñido de brocado negro y rojo, resaltando sus impresionantes curvas y la cabellera del mismo tono. Las pantimedias transparentes y los zapatos de tacón alto añadían un toque de sofisticación.
Durante el segundo discurso, el celular de Nora empezó a vibrar. Al ver la llamada entrante, tomó la decisión de salir discretamente para responderla., sin embargo, su elegante vestido corto y ceñido, que dejaba al descubierto buena parte de sus muslos, brindó un interesante espectáculo para quienes ocupaban la misma fila y tuvieron que replegar las piernas para dejar pasar a la guapa pelirroja, que salió del auditorio a buscar un lugar discreto donde atender la videollamada.
En la pantalla del celular apareció el rostro de Giovanna Alberoni, una joven programadora, experta en el manejo de las tecnologías de la información y la comunicación. En su bonita cara, Nora percibió de inmediato una amalgama de emociones: angustia, asombro, sorpresa y miedo.
Giovana exclamó sin siquiera saludar: "Nora, ¿en qué estás metida? Dime que encontraste por ocurrencia esas imágenes en internet y que me las mandaste porque no tenías nada que hacer."
Nora captó la tormenta de emociones que sacudía a su joven amiga y sonrió afablemente procurando que su voz sonara dulce y serena: "Hola Giovana, esto es algo muy serio y agradezco de todo corazón que me ayudes y te preocupes por mí, te prometo que te voy a contar todo cuando sea oportuno, pero ahora cuéntame por favor, lo que hayas averiguado”.
Giovana hizo un esfuerzo para recomponerse y exponer ordenadamente sus hallazgos: “Esas páginas que me mandaste son algo que no debería existir, algo que no existe en el lado ordenado y racional del universo. Tuve que meterme a lo más oscuro del internet profundo y ni siquiera ahí encontré páginas completas como las que tú encontraste. Lo que hice al final fue buscar uno por uno los pictogramas, ¿y sabes cómo los llaman en sitios satanistas y muy retorcidos? ‘Los detritos del diablo'."
Giovana respiró profundamente y continúo "Eran utilizados en la baja Edad Media para escribir grimorios oscuros, dedicados a lo más perverso y maligno."
Nora se esforzó por no mostrar la angustia que empezaba a invadirla, y sonrió para animar a Giovana a seguir.
Giovana continuó: "Esos pictogramas en particular pertenecen al grimorio AlevalusDiexier, que contiene fórmulas para atraer a nuestro mundo a criaturas abominables”.
“Solo existe un ejemplar del AlevalusDixier, que un tal conde Hadderlan mantuvo hasta el siglo XVIII, en que sus propios vasallos se hartaron de que hiciera sacrificios y ritos para atraer demonios y cosas así, y lo colgaron de las murallas de su propio castillo antes de tratar de demolerlo”
“Luego reaparece a principios del siglo XIX con los descendientes de Hadderlan, y de ahí surgió el rumor de que el AlevalusDixier cayó en manos de los nazis, quienes intentaron usarlo como arma secreta. Con el fin de la guerra en Europa, el AlevalusDixier se pierde hasta ahora que tú sales con dos páginas completas."
"Hay poca información histórica del Conde Hadderlan, pero existen algunas leyendas que dicen que uso el AlevalusDixier para convocar una cosa horrible llamada Cariacarus con la que pretendía ser el dueño de todo el conocimiento, pero la rebelión de sus vasallos y la ruina de su castillo truncaron sus locos sueños"
"No me interrumpas, si no digo todo, exploto: Hay un personaje en todo esto que fue un enemigo de Hadderlan, un fraile llamado Ezelvian que fue expulsado de la iglesia por practicar magia y cosas así, dice la leyenda que Ezelvian condenó a Cariacarus a ser un enano deforme atrapado en el castillo Hadderlan, pero el precio que pagó Ezelvian fue que también él quedó atrapado en una mazmorra del mismo castillo"
Giovana lanzó por fin un largo suspiro: "¿Qué es todo esto Nora?, ¿en dónde estás?, ¿necesitas ayuda?"
Nora dijo, con la más adorable y tranquilizadora de sus sonrisas: "Buen trabajo, Giovana. Eres maravillosa, me has ayudado muchísimo y no sabes lo valiosa que es la información que me has dado."
"Cuídate mucho, Nora, y si puedes, mejor sal de donde estás metida. Esto es lo más terrible que he visto en mi vida."
Nora responde: "Gracias por ayudarme y por preocuparte por mí, pero debo actuar para detener una situación que puede causar daño a gente inocente."
Giovana dice: "No sé dónde estés, pero dime si te puedo ayudar en algo más. Voy a estar muy pendiente de ti."
Nora se despide: "Tengo que irme preciosa, te prometo que te voy a contar todo esto, y otra vez mil gracias"
Nora regresó al auditorio justo cuando estaban presentando a los equipos participantes en la Olimpiada y tuvo la oportunidad de aplaudir al colegio de Hugo. Animados por el reconocimiento del público, los niños desfilaron con paso firme en dirección a los salones donde se llevaría a cabo la primera fase de las competiciones.
Con cada paso, la expectación crecía, y el ambiente vibraba con la energía competitiva de los jóvenes talentos matemáticos. Las competencias de la Olimpiada Colegial de Matemáticas estaban a punto de comenzar, y la determinación brillaba en los rostros de los participantes mientras se encaminaban hacia el desafío que les aguardaba.
Nora salió del auditorio y regresó a su habitación. Consultando el cuaderno de Jaques encontró un mapa minuciosamente elaborado de las antiguas ruinas del castillo Hadderlan.
Nora apunta con el dedo en un punto del mapa y dijo: "Esto lo vi anoche: la mazmorra de Ezelvian 'Ezel Das verlies vian' "
Las piernas de Nora dijeron: "Eso está en el parque ¿quieres que vaya allá?
Nora lo pensó un momento: "No, vamos a ir juntas esta vez". Copió con cuidado la parte del mapa que le interesaba en una hoja de recados del hotel, volvió a esconder el cuaderno y salió con el aire de quien quiere dar un simple paseo.
El parque alrededor del complejo estaba cuidadosamente arreglado, con arriates y andadores. Al acabarse los pasillos empedrados, Nora se quitó los zapatos y llevándolos en la mano saltó a los prados andando sobre las pantimedias y alejándose de los edificios del complejo.
En una zona remota del parque, donde la confluencia de algunos arroyuelos permitía una profusa vegetación, Nora encontró el lugar donde el mapa ubicaba la mazmorra de Ezelvian y descubrió que correspondía a un angosto vertedero semi oculto por vegetación. Viendo esto, las piernas de Nora dijeron: "Esto va a ser muy divertido".
Sin vacilar, Nora se convenció de que no había nadie a la vista. Enredó su cabello en una trenza, se sacó el vestido para quedar solo en un conjunto brasier y bragas de encaje color nude; y pantimedias. Dobló el vestido y lo escondió junto con su bolsa de mano y los zapatos entre la vegetación.
Cuando metió las piernas en el boquete del vertedero descubrió, ocultos entre el lodo y la vegetación, los escalones casi verticales de una vieja escalera de piedra. Siguió los escalones durante un descenso de varios metros, sosteniéndose de gruesas raíces que brotaban de las paredes, hasta que sus pies descalzos tocaron una angosta plataforma plana de piedra.
La oscuridad era casi total, apenas entraba luz por el angosto vertedero, pero las piernas de Nora percibían el entorno con claridad e informaron "El vertedero sigue bajando hacia la izquierda, pero de frente está el dintel de una puerta".
Unos pasos más, y la oscuridad envolvió por completo a Nora, que siguió avanzando confiando en la capacidad de sus piernas para percibir el entorno.
'’Es la entrada a un corredor angosto hecho de piedra sólida, había una puerta de madera y hierro, pero hace mucho se desplomó podrida y oxidada'’ dijeron las piernas de Nora, caminando lentamente, para cuidar sus pies cubiertos solo con las pantimedias, de los restos de la puerta.
Nora recorrió el corredor en medio de una completa oscuridad, guiada por la percepción del entorno de sus piernas, para evitar raíces que había perforado las paredes de roca, y escombros en el suelo.
Unos pasos después, las piernas de Nora informaron “Otra puerta desmoronada, la humedad y los siglos acabaron pudriendo las tablas de madera y disolviendo en óxido los travesaños de hierro”
Nora sintió que sus piernas daban unos pasos más para detenerse en un ambiente de frío intenso. "Estamos en un cuarto de paredes, piso y techo de piedra, hay restos de muebles y otras cosas que hace mucho se pudrieron"
Nora estaba mojada, de la humedad que se le había pegado al rozar con paredes y plantas en el vertedero. Las pantimedias nada podían contra el frío del piso que agredía las plantas de sus pies. Un violento escalofrío sacude el cuerpo de la pelirroja, que sintió como el frío aumentó bruscamente de intensidad, cuando sus piernas susurraron telepáticamente: “Estamos acompañadas, aquí hay alguien"
Completamente perdida en la oscuridad, mojada, temblando de frio y ahora de miedo, Nora se abrazó los senos tratando de perder menos calor corporal y susurró: “¿Dónde está?, ¿cómo es?
Sus piernas respondieron por sus medios telepáticos: “Está exactamente frente a nosotras, si estiras la mano lo tocas. Es un hombre, y que bueno que no lo puedes ver porque ha sufrido mucho y es aterrador”
Nora se estremeció cuando escuchó una voz en un idioma extraño, que sus piernas le tradujeron: “¿Por qué has venido, tú también quieres torturarme?”
Nora respondió, tratando de que su voz transmitiera afabilidad y seguridad, aunque sus dientes castañeteaban: “No soy tu enemiga, deseo el bien para ti y quiero que me ayudes,
Sus piernas transmitieron el mensaje y tradujeron después la respuesta: “Nada puedo hacer por nadie, no me traigas más dolor”
Nora, luchando contra el frío y el miedo, se esforzó por mantener la calma: “Eres Ezelvian, eres el héroe que una vez luchó contra el demonio Cariacarus, puedes hacer mucho”
Aunque Nora sabía que la entidad no podía comprender sus palabras, confiaba en que su voz dulce y amable, a pesar de temblar de frío y miedo, actuara como un bálsamo, acompañando los mensajes telepáticos transmitidos por sus piernas. “Cariacarus tiene aliados en el mundo de los humanos que le permiten seguir dañando a las personas, y se ensaña con niños inocentes".
El fantasma de Ezelvian, con voz hueca, respondió, "Soy ajeno al mundo, nada de lo que pase ahora me compete."
"Ezelvian, eres un guerrero de Dios, en algún rincón de tu ser queda mucho de humanidad. Necesito tu ayuda para detener esta maldad." Insistió Nora, decidida a recuperar la posible bondad en el espectro.
Nora sentía que el frio del suelo traspasaba el delgado tejido de las pantimedias haciendo que sus piernas le dolieran de frio, por lo que apretó sus muslos tratando de conservar un poco de calor, y haciendo un esfuerzo para que su voz no temblara, le revela a Ezelvian que parte de ella se ha enfrentado a Cariacarus, que conoce el espejo que retiene a los niños en el castillo y el recinto donde están encerrados.
Nora apretó los dientes para ahogar un gemido cuando sintió como una onda helada la sacudía, cuando la mirada inhumana del espectro recorrió lentamente su cuerpo, de los pies a la cabeza, y su voz se escuchó como un rumor áspero: “Hace falta mucho valor para enfrentar a Cariacarus, eso lo admiro y lo respeto”
Ezelvian explicó que Cariacarus era una abominación que Hadderlan sacó del inframundo con el AlevalusDixier, y le enseñó a arrebatar el "alma intelectual" de las personas, pues Hadderlan tenía la obsesión de dominar el conocimiento y usarlo para allegarse poder. Sin su "alma intelectual", las personas siguen viviendo, pero se vuelven lerdos y bastos.
Ezelvian dice también que el espejo que retiene las “almas intelectuales” es creación del AlevalusDixier, y está hecho con la esencia vital de Cariacarus.
Algo que suena como un suspiro invadió la mazmorra, con dolor, Ezelvian dice que él se enfrentó a Cariacarus pero no pudo derrotarlo y sólo logró confinarlo al castillo, para que nunca pudiera salir de entre sus paredes.
Cuando trató de destruir el espejo, el conde de Hadderlan y su secta lo capturaron y encerraron en la mazmorra. Ezelvian añade con rabia que luego Hadderlan uso el AlevalusDixier para maldecirlo con que la mazmorra fuera una prisión, aún después de su muerte.
“Esa lucha aún no ha terminado, yo puedo ser tu aliada para vencerlos finalmente” dijo Nora luchando contra el frío para darle convicción a su voz.
Nora siente que nuevamente una mirada de hielo recorre su cuerpo de pies a cabeza, haciéndola temblar más fuerte aún. La voz de Ezelvian resuena "Eres una mujer. ¿Por qué una mujer querría enfrentarse a una abominación?"
"Han pasado siglos, el mundo ha cambiado. Soy una científica, heredera de las artes de la alquimia y la magia. Tengo poderes y quiero usarlos para hacer el bien, pero necesito saber cómo vencer a Cariacarus". Explica Nora su motivación.
Un pesado silencio invadió la mazmorra. Nora estaba aterida de frio y todo el cuerpo le dolía por el esfuerzo de tratar de evitar de temblar.
La voz de Ezelvian volvió a escucharse, pero esta vez con un tono de esperanza.
“La señora de las cumbres. Siento en ti el poder de la señora de las cumbres, mujer; y lo vas a necesitar porque el AlevalusDixier enseñó a Hadderlan cómo mantener a Cariacarus en este mundo y cómo sujetarlo a su voluntad. Se usa un objeto para amarrarlo, y este objeto debe fortalecerse repitiendo el salmo del grimorio todos los días."
Nora preguntó con determinación: "¿Sabes cuál es el objeto que lo amarra?"
"Solo su dueño lo sabe. Puede cambiarse de un día para otro. Si quieres romper el espejo que retiene a las almas, primero debes destruir el objeto que lo amarra"
Nora extendió sus manos, encontrando un tacto áspero y helado que envolvió sus dedos. "Eres noble y valeroso, Ezelvian. Te prometo que continuaré tu lucha para devolver a Cariacarus a donde pertenece y liberar a sus víctimas."
Nora no podía ver nada, pero claramente sintió que Ezelvian postraba una rodilla en el suelo frente a ella. Sintió también cuando las manos ásperas y heladas del espectro colocaban las manos de la pelirroja sobre su cabeza.
Las piernas de Nora enviaron un angustioso mensaje telepático: "Está hincado en acto de contrición frente a ti, y acaba de decir “Libérame, señora de las cumbres" “.
Nora experimentó un nudo en la garganta y un dolor en el corazón. Se sobrepuso al frío e hizo un esfuerzo para buscar una frase en su memoria. La voz de Nora, dulce y amable a pesar de todo, resonó en la mazmorra: "Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti."
Una luz intensa invadió momentáneamente la mazmorra. Nora, vislumbró la imagen de un hombre altivo, de rostro inteligente, que se desvaneció en segundos. Cuando regresó la oscuridad, aunque el frío persistía en la mazmorra, Nora dejó de temblar. Un halo de tranquilidad y redención parecía haberse apoderado del lugar.
Nora se tiró sobre la hierba tibia, boca arriba, con los brazos y las piernas abiertos y extendidos, agradeciendo el cálido abrazo del sol después de haber enfrentado el frío del vertedero, el túnel y la mazmorra.
Mientras el sol acariciaba su cuerpo, Nora liberó su mente de cualquier pensamiento, contando hasta 60 para regalarse un merecido minuto de descanso antes de incorporarse sobre los codos para mirar su cuerpo. Estaba cubierta únicamente por la combinación de lencería de encaje nude y las pantimedias destrozadas. Además, tenía lodo, raspones y arañazos por todas partes.
"Por eso quisiste venir. Yo nunca hubiera podido convencer a Ezelvian, y mucho menos me hubiera ganado el privilegio de absolverlo." Dijeron las piernas de Nora.
Nora acarició suavemente sobre sus bragas y murmuró: "Somos un equipo y nos complementamos, sin ti, jamás hubiera llegado hasta Ezelvian"
Nora encontró una pequeña corriente de agua que llegaba al vertedero, donde se limpió del lodo. Luego se quitó las pantimedias rotas, recuperó su bolso, se puso vestido y zapatos, y decidió dejar su cabello en forma de trenza.
Mientras caminaba de vuelta al hotel, analizó lo que había pasado comentando telepáticamente con sus piernas. "El Hadderlan de la edad media quería almacenar conocimiento y por eso llamó al trasgo y lo enseñó a absorber el "alma intelectual" de las personas".
Las piernas de Nora siguieron la idea: "Para los nazis hubiera sido un arma formidable, imagínate que el enano sorbiera el cerebro de los científicos, ingenieros y técnicos enemigos"
Nora completó: “Lo que buscaba la Sociedad Vril era romper el encantamiento de Ezelvian que encierra a Cariacarus en el castillo, para mandarlo contra los aliados, por suerte no lo lograron o la historia hubiera sido muy diferente”.
Algunas personas se cruzaron en su camino. Nora sabía el drástico cambio de su imagen, pero recurre a su porte y presencia para compensar andar con las piernas desnudas, sin maquillaje y con el cabello desaliñado apenas sujeto en una trenza.
Las piernas de Nora se cuestionaron "¿Por qué los niños?, todos los que encontré atrás del espejo son niños".
Nora respondió: "Y deben ser cientos, desde que retomaron las Olimpiadas de Matemáticas pueden detectar y traer aquí a niños de gran inteligencia".
Las piernas de Nora insistieron: "¿Si, pero por qué los niños?"
Nora suspiró: "Porque los niños son inteligencias puras, no tienen prejuicios ni dogmas, si no pueden resolver algo con el conocimiento, siempre pueden recurrir a la imaginación y la fantasía. Lo que están reuniendo aquí es un capital de inteligencia con el que pueden cambiar el mundo"
En su habitación, Nora se metió a la ducha con agua caliente, para quitarse el resto del frío que todavía le quedaba. Luego descubrió que el vestido de brocado rojo y negro estaba húmedo por habérselo puesto sobre el cuerpo mojado, así que recurrió al vestido de suéter del día anterior y buscó unas pantimedias negras para disimular los arañazos y raspones en sus piernas. Apenas tuvo tiempo de acomodarse el cabello, y aplicarse un poco de maquillaje para salir corriendo y llegar al comedor justo cuando iban entrando los niños competidores y sus acompañantes.
Inés Adinsel, la abuela de Adrián, uno de los compañeros de Hugo le reclamó a Nora por no haber estado en el auditorio durante la competencia, pues mediante cámaras especiales, estuvieron proyectando el trabajo de los equipos infantiles.
Nora se excusó diciendo que tuvo que atender en su habitación videollamadas por asuntos de algunos proyectos de trabajo.
Una vez que se acomodaron en su lugar a la mesa, Hugo tiró un cubierto al suelo y se agacha para recogerlo. Aprovechó para poner una mano en una pierna de Nora y susurrar: "Yo sé lo que han estado haciendo tía piernas, salvarnos a todos ¿verdad?"
Cuando Hugo se incorporó, sintió que un cariñoso golpe en su pie, dado por un elegante zapato de tacón alto; le confirmaba que la tía Nora y las piernas de la flor de lis estaban trabajando para protegerlos a todos.
Al terminar la comida, los niños tuvieron un rato de descanso antes de las competencias de la tarde. James Caleb se acercó a Nora y le dijo que él y su familia iban a pasear por los jardines del Complejo, y la invitó a que los acompañara junto con Hugo.
Hugo y Cristi se conocían desde jardín de niños y corretearon felices por los cuidados prados del parque, bajo la atenta mirada de James Caleb, pues Eloise se rezagó con Nora intencionalmente.
“Yo creo mucho en el tarot, me ha ayudado en muchas cosas de mi vida y siempre recurro a él cuando quiero saber más de lo que se puede ver” dijo Eloise confidencialmente.
Nora no supo cómo responder y esperó que Eloise continuara: “Con todo esto de las apariciones y la fama que tiene este lugar, ayer que fuimos al pueblo compré una baraja, y estuve echando las cartas y haciendo preguntas para pedir revelaciones”
Nora siguió en silencio, expectante y sinceramente interesada, pero Eloise lo interpretó de manera equivocada. “Sé que eres una científica, que no crees nada de esto y que debes suponer que son una chiflada”
Nora puso su mano en el brazo de Eloise y la interrumpió con dulzura. “Claro que no Eloise, de ninguna manera pienso así de ti, y te sorprendería saber en lo creemos los científicos, sigue contándome por favor”
Eloise suspiró, aliviada. “Estuve echando las cartas varias veces, de distintas maneras y siempre me salió lo mismo: En este lugar hay una gran maldad, que viene de muy lejos y quiere quitarles lo más preciado a los niños. Esto me asustó, pero las cartas me dicen que esa maldad no quiere provocar la muerte o lesiones físicas o cosas así, pero insisten en que los niños tienen algo muy valioso de lo que quiere apoderarse”
Nora se sorprendió de las revelaciones de Eloise y de que sus cartas del tarot, hubieran llegado tan cerca del terrible secreto del castillo Hadderlan.
Pero Eloise no había terminado: “Hay otra cosa Nora, las cartas me dicen algo que no puedo comprender, pero tiene que ver con la protección contra esa maldad”
Eloise titubeó, sin la seguridad para atreverse a continuar. Nora se cercioró que los niños y James siguen jugando por el prado y encaró a la mujer, dedicándole una comprensiva mirada de sus profundos ojos verdes, que animó a Eloise a continuar: “Las cartas dicen que la protección contra la maldad proviene de una mujer con cabello de fuego”.
Nora sonrió ligeramente: “No soy la única pelirroja aquí, he visto a algunas empleadas y otras señoras que vienen con los niños de otros colegios”
Con emoción en la voz, Eloise respondió: “Lo pregunté tres veces a las cartas y la respuesta es clara, no se trata de alguien con el pelo pintado, la protección contra la maldad proviene de una mujer con cabello de fuego, y tú eres la única que cuando camina parece que incendia el aire”
Nora no encontró palabras para contestar, pero Eloise la tomó de las manos: “Este lugar me ha dado miedo desde que llegamos, pero no sé porque, siento alivio sabiendo que estás aquí. Lo consulté con el tarot, y lo que me dijeron las cartas es la que mujer con cabello de fuego posee un poder inexplicable, pero capaz de confrontar a la maldad que habita el castillo”
Nora estrechó entre sus manos las de Eloise: “Hay cosas que es mejor que tú y los demás nunca sepan, pero quiero que estés segura que voy a hacer cuanto esté a mi alcance para protegerlos a todos. Ahora quiero pedirte algo muy especial, que estés atenta y si te hago una señal, encárgate de Hugo”
Eloise trató de decir algo, pero Nora le guiñó un ojo en señal de complicidad cuando vio que James y los niños se acercaban, pues era tiempo de que Hugo y Cristi volvieran a los salones de la competencia.
El auditorio del Complejo había sido habilitado con grandes pantallas para que los acompañantes de los niños participantes y el público interesado en la Olimpiada Colegial pudiera seguir las competencias que se efectuaban en los salones de la universidad.
Nora ocupaba una butaca en el grupo que habían formado los padres y familiares de los niños del colegio de Hugo. Junto con Julius Roland, padre de otro de los niños e ingeniero de profesión, Nora se dedicaba a explicarles a los demás algunos de los ejercicios que los competidores tenían que enfrentar, cuando el tono de videollamada entrante en su celular le llamó la atención y le hizo salir en busca de un lugar propicio para responder.
“No puedo dejar de pensar en ti” dijo Giovana Alberoni en la pantalla del celular en cuanto se enlazó con Nora “y no te alborotes con que es una declaración de romance, estoy seriamente preocupada. Tengo una docena de bots explorando el internet bonito y el oscuro y hay cosas importantes que debes saber acerca de los Hadderlan”
“La información pública dice que hay dos ramas de la familia Hadderlan, tus anfitriones son los Hadderlan-Hugues, con dos hermanos por el lado paterno, Maximilian y Wilma, y otros dos por el lado materno, Valdermar y Grisel.”
“Tienen una gran presencia en redes sociales luciéndose en esos asuntos de la nobleza ridículos e intrascendentes, pero que tanto encandilan a los plebeyos. Han intentado muchos negocios con poca suerte, de manera que el único que tienen actualmente es el Complejo Lebon. Hasta aquí los Hadderlan-Hugues son como otros tantos royals venidos a menos, mucha gloria en apellidos rancios, pero poco tino y mediana fortuna en la vida real”.
“Lo interesante viene en la parte oscura de internet, donde hay muchas teorías e historias conspirativas que ligan a los Hadderlan-Hugues con grupos neonazis, sectas ocultistas y grupos metafísicos. Se autonombran como herederos de la Sociedad Vril y, por lo tanto, delegados directos para preservar el conocimiento secreto del III Reich”.
“Ya te conté la leyenda del demonio Cariacarus que el primer conde de Hadderlan trajo del infierno con el AlevalusDiexier, la continuación de la historia dice que el bicho malo ha ido pasando de generación en generación, hasta nuestros días en que Wilma Hadderlan-Hugues presume que es la guardiana de saberes demoníacos que le confieren el control de la voluntad del trasgo. Estos no son simples nobles; están envueltos en un manto de secretos oscuros y conexiones siniestras".
Giovana respiró profundamente y sonrió por primera vez: “Y sumando dos más dos, ya sé dónde éstas Nora: Hay muchas historias en redes sociales que comparten la Olimpiada de Matemáticas de Lebon, y con frecuencia aparece una espectacular piernuda pelirroja”
Nora rio de buena gana: “Me atrapaste Giovana, no se te escapa una”.
El rostro de Giovana recuperó la seriedad “Esto son palabras mayores, dime la verdad, ¿es Cariacarus?”
Nora asintió “Es Cariacarus. Los Hadderlan usan la Olimpiada Colegial como pretexto para reunir niños talentosos a quienes el trasgo les roba el “alma intelectual” “.
“¿Niños?, ¿por qué niños?” preguntó Giovana.
Nora repitió el razonamiento que había formulado “Porque los niños son inteligencias puras, sin contaminar con prejuicios y estereotipos. Los Hadderlan quieren reunir una masa de inteligencia sin límites para moldearla a su antojo. No imagino cual puede ser su meta final, pero estoy segura que no es nada positivo ni que beneficie a la humanidad”
Giovana levantó las cejas, sorprendida e inquieta por la conclusión a que Nora había llegado, luego sacudió la cabeza, haciendo ondear su coleta de cabello claro, como si ordenara sus ideas.
“Ya sabemos que hay muchos chiflados en Internet y peor en la red profunda, pero también hay gente excepcional. Encontré a un tipo que se autonombra el gran demonólogo de internet, que ha explorado e investigado la historia y las leyendas en torno a Lebon, el primer conde Hadderlan y Cariacarus. Menciona con orgullo que hace unos años lo echaron de la biblioteca de Lebon porque descubrió y estudió textos medievales ignorados”
“En su blog describe lo que encontró respecto a Cariacarus y hay dos cosas sobresalientes: el primer Hadderlan lo enseñó a arrebatar la “substantia cogitans”, algo así como la esencia de la inteligencia, de las personas; pero respetando su vida. Me imagino entonces que las víctimas del trasgo quedan funcionales pero tontos”
Nora interrumpió: “Un punto a favor del demonólogo de internet, Ezelvian dijo lo mismo, “alma intelectual”, le llamó a lo que roba Cariacarus de las personas”
“Qué bueno que el tipo este va resultando confiable, porque lo siguiente es que Cariacarus se rige por un ciclo lunar inverso, es cuando hay luna nueva que puede disponer de toda su fuerza, y la luna nueva es mañana” añadió Giovanna.
“Los Hadderlan organizaron todo para retenernos hasta mañana, una vez que termine la Olimpiada puede azuzar a su demonio contra los niños, que podrían irse sin saber que han perdido lo más valioso que tienen” relfexionó Nora.
“Y no se van a dar cuenta que se han vuelto tontos, hasta la próxima vez que hagan la tarea” añadió Giovana, que continuó, casi sin respiro. “Algo más, el demonólogo de internet, habla de otro personaje mencionado en las leyendas, que fue quién le mostró a Ezelvian el camino para enfrentar a Cariacarus, y que participó en las revueltas que culminaron con la muerte de Hadderlan”.
“Era una mujer a quién la gente del antiguo condado consideraba como una santa, y la buscaban por su sabiduría y compasión, aunque la iglesia la tachaba de bruja porque sabía usar plantas y minerales para hacer pociones y cosas así. Finalmente, en la rebelión contra Hadderlan, destacó como una guerrera formidable. Nunca se menciona el nombre de esta mujer, solo aparece en las leyendas como “la señora de las cumbres” “.
“Ezelvian también la mencionó, y con mucho respeto y reverencia. Entonces vamos a necesitar toda la inspiración de la señora de las cumbres para enfrentar a Cariacarus” dijo Nora.
“Ya sé que es ocioso pedirte que te cuides Nora, porque entiendo que tu poder y tu energía valen más que cualquier recomendación, pero me sentiría mal si no te pidiera de todo corazón, que tengas mucho cuidado y protejas a ese niño tan lindo al que acompañas, por favor, mantente en contacto” pidió Giovana.
Nora concluyó la videollamada: “Eres mi ángel guardiana Giovana, claro que me cuidaré y protegeré a Hugo, hasta la próxima amiga querida”.
La mañana soleada en Lebon ofrecía un respiro de la intensa competencia, y Nora decidió llevar a Hugo a explorar la ciudad. Después de un delicioso desayuno en una acogedora cafetería, se dirigieron al museo local.
Nora lucía un sencillo pero encantador vestido de suéter a rayas de vivos colores que destacaban las exuberancias de su voluptuoso cuerpo, con mangas largas y cuello redondo. Las pantimedias oscuras y los zapatos de tacón alto resaltaban sus piernas espectaculares, creando una estampa que atraía las miradas mientras caminaban por las calles de Lebon.
En el museo, Hugo encontró fascinante la exhibición de armas y armaduras de la Edad Media. Sus ojos brillaban de emoción mientras examinaba cada detalle de las espadas y los yelmos antiguos.
Sin embargo, cuando ingresaron a la sala de retratos al óleo de personajes representativos de la región, su entusiasmo se desvaneció un poco.
Una pintura frente a ellos capturó la atención de Nora y Hugo de inmediato. En el lienzo, el paisaje de la región se desplegaba con cumbres nevadas, riscos agrestes y cañadas boscosas. Erguida sobre una roca, en primer plano destacaba una mujer de porte altivo y sencillo al mismo tiempo.
Su cabello rojo estaba elegantemente recogido en un tocado con una trenza que caía sobre su hombro derecho. Tenía una pose altiva, con profundos ojos verdes que miraban con fuerza al espectador y parecían desafiarlo con una tenue sonrisa.
Vestía una vaporosa túnica blanca que dejaba al descubierto gran parte de su figura. Sus brazos cruzados protegían un generoso pecho, y la túnica estaba abierta a los costados, de manera que revelaba unas piernas bien torneadas, con los muslos apretados de tal manera que resaltaba sus amplias caderas. Un detalle discordante con la etérea túnica que la cubría, era un cinto de cuero con remaches de metal que ceñía su esbelto talle.
Hugo leyó en voz alta la descripción: "Autor desconocido, siglo XVII. La señora de las cumbres. Santa, paladín y protectora".
Durante unos minutos ambos admiraron el cuadro en silencio. En la mente de Nora volvió el recuerdo de Ezelvian y la descripción que Giovana le había dado de la mujer.
La voz telepática de las piernas de Nora resonó en su mente: "Ezelvian te dijo “señora de las cumbres”. Ezelvian te pidió la redención, porque él la conoció y en su congoja te confundió con ella".
Hugo admiraba las finas líneas que dibujaban unas piernas espléndidas, apenas veladas por la túnica, cuando descubrió, a los pies de la mujer y recargado contra una piedra, un cuchillo de pelea con una hoja ancha, tan larga como una espada corta.
Hugo apretó la mano de su tía. "Es como tú, tía Nora, tiene el cabello rojo, los ojos verdes y todo lo demás que tú tienes; y también se parece a tía Piernas".
Hugo recibió un leve coscorrón afectuoso y discreto de parte de Nora. "No me digas que me has estado espiando", bromeó ella.
Pícaro, Hugo respondió en voz baja: "¿De qué sirve tener una tía tan guapa si no la espío de vez en cuando?".
La risa discreta de Nora resonó en el museo, sintiéndose ligeramente halagada por la admiración de su sobrino.
En uno de los amplios pasillos del museo, Nora y Hugo se toparon con Max Hadderlan, que les saludó cordialmente, incluido un galante beso en el dorso de la mano de Nora, e inició una charla desenfadada con el tema de sus ancestros presentes en la galería de retratos.
Nora, con su rostro adornado por la mayor inocencia, y unos ojos verdes llenos de brillo ingenuo, se dirigió a Max con una pregunta juguetona, como si estuviera buscando la sabiduría del experimentado hombre de negocios. "Max, ¿qué opina sobre todo lo que la gente comenta sobre apariciones y fantasmas en el hotel?"
Max sonrió, reconociendo la curiosidad de Nora. "Estas leyendas contribuyen a la fama del hotel, crean un ambiente misterioso y atractivo para muchos huéspedes", respondió con calma.
Hugo, perceptivo de la trascendencia de la conversación, decidió mantenerse en silencio, dejando que los adultos intercambiaran palabras.
Nora, con una expresión aún más juguetona, insistió: "Pero, Max, ¿ustedes, los Hadderlan, conocen el origen de todas esas historias? Me pregunto de dónde provienen".
Max respondió con un aire de complicidad: "Ah, esas leyendas tienen sus propias historias. A veces, la realidad y la fantasía se entrelazan de maneras fascinantes".
Nora, decidida a abordar el tema de frente, sin soltar la mano de Hugo, entrelazó su brazo libre con el de Max, creando un ambiente de confidencialidad mientras continuaban su paseo por el museo. Con un tono suave, Nora lanzó su pregunta, como si estuviera indagando en un secreto compartido. "Max, ¿es cierto lo que dicen sobre ritos mágicos en el castillo de Hadderlan durante la Segunda Guerra Mundial?"
Max se sorprendió ante la directa pregunta y trató de evadir la cuestión, pero Nora, con una mezcla de determinación y sutileza, siguió adelante. Con el mayor desparpajo, le inventó a Max una historia: “Cuando estudié mi doctorado en Ginebra, conocí a un amigo que vivía en Lebon y decía que la Sociedad Vril tuvo mucha presencia en la ciudad durante los años del conflicto”
La mención de la sociedad secreta pareció golpear a Max de manera inesperada, y Nora notó la reacción. Max, intentando recomponerse, argumentó que muchas leyendas urbanas surgían de malos entendidos. Afirmó que había vivido toda su vida en Lebon, y que esa era una más de las decenas de leyendas y mitos propias de una ciudad con tanto pasado como Lebon.
Nora persistió en su interrogatorio, aprovechando la atmósfera de confidencialidad que había creado. Mientras caminaba del brazo con Max, le preguntó sobre el primer conde Hadderlan, mencionando que su ficticio amigo le habría hablado acerca de que el conde era un amante de las artes y las ciencias, con un deseo ferviente de encontrar una fórmula para acumular conocimiento.
En respuesta, Nora sintió cómo los músculos de Max se tensaban bajo la elegante camisa de seda que vestía bajo un saco de fino casimir. Tratando de mantener la compostura, argumentó que el primer conde Hadderlan era una figura entre la leyenda y la historia, y que muchas de las historias sobre él, eran producto de la imaginación.
Nora, sin mostrar señales de ceder, decidió ahondar aún más en la conversación. Con una sonrisa encantadora, preguntó: "¿Entonces, Max, ¿qué hay de cierto en la conexión de la familia Hadderlan con la Sociedad Vril? "
“Lo tienes sudando, el pobre tipo está al borde del infarto” susurraron telepáticamente las piernas de Nora “
Nora se detuvo bruscamente ante un cuadro y cambió de conversación diciendo cualquier trivialidad respecto a la pintura para ahorrarle a Max la respuesta a la última pregunta.
Max dijo cualquier cosa. Internamente, estaba furioso y desconcertado por haber dejado que Nora lo apabullara, y al final de cuentas obtuviera todas las respuestas que quería. Resistió cinco minutos más de charla trivial y al final se excusó galantemente para atender un compromiso ineludible
Nora espero que estuviera lejos antes de dejar salir un largo suspiro de tensión contenida, Hugo, desconcertado, preguntó: "¿Qué acaba de pasar, tía Nora? No entendí nada"
.
Nora respondió con una sonrisa: "Se llama 'cruzar el Rubicón', querido Hugo. Ahora los Hadderlan saben que conocemos sus malas intenciones y que estamos dispuestos a enfrentarlos".
Se dio cuenta de que Hugo se había quedado en la primera parte de la explicación, así que mientras seguían paseando por el museo, le relató la famosa escena de Julio César y el río Rubicón, utilizando la historia como una analogía para explicar la decisión irrevocable de enfrentarse a un enemigo.
De manera repentina, el clima cambió y sobre el Complejo Lebon se abatió una violenta tormenta de verano, con fuertes rachas de viento y una espesa lluvia.
Los empleados del Complejo aseguraron a los huéspedes que era un meteoro común en la región y en la temporada, por lo que el Complejo estaba preparado para soportarlo y disponía de plantas generadoras de electricidad que aseguraban que los eventos de la noche se celebrarían según lo planeado, por lo que todos se prepararon para el cierre de la competencia.
Nora eligió con esmero su atuendo para el evento final de la Olimpiada Colegial de Matemáticas. Se deslizó con gracia y confianza en un vestido de brocado gris y plateado, meticulosamente ajustado para resaltar las curvas de sus nalgas y caderas con elegancia. Las mangas largas aportaban un toque de sofisticación, mientras que el escote redondo realzaba con sutileza el exquisito canalillo entre sus generosas tetas.
La falda, que cubría la mitad superior de sus muslos, permitía que sus imponentes piernas fueran el centro de atención. En ellas, las pantimedias platinadas añadían un brillo sutil, complementado por unos zapatos de lujo en tono gris plata que realzaba cada paso con gracia y estilo.
Nora entró al auditorio irradiando un aura de sofisticación y seguridad. Abrazó y depositó un cariñoso beso en una mejilla de Hugo, que corrió a reunirse con sus compañeros de equipo, tras el escenario.
En las butacas, Nora se acomodó junto a Eloise, quien, visiblemente preocupada, compartió en voz baja sus inquietudes sobre la seguridad de los niños. Mencionó que ella y James habían considerado retirarse después de la cena, pero la tormenta los dejó atrapados en el complejo sin posibilidad de salir.
Nora respondió en el mismo tono confidencial, transmitiendo a Eloise confianza y seguridad. Le pidió que confiar en ella y repitió su petición para que, en caso necesario, tuviera a Hugo cerca para cuidarlo.
La ronda final de la Olimpiada Colegial de Matemáticas llenó el auditorio de expectación. En el escenario, cuatro mesas alineadas albergaban a los equipos finalistas, mientras los jueces, desde su estrado, observaban cada movimiento con atención.
Videocámaras estratégicamente colocadas transmitían a las pantallas gigantes, los problemas planteados a los participantes y el marcador cambiante.
Los niños, concentrados y decididos, resolvian problemas con precisión asombrosa y las respuestas se proyectaban en las pantallas, provocando suspiros, murmullos y aplausos contenidos desde las butacas, donde padres y acompañantes apenas podían dominar sus nervios.
Las horas parecieron minutos, y cuando el árbitro jefe declaró el final, una ovación irrumpió en el auditorio, celebrando el esfuerzo, el genio y la pasión por el conocimiento que un grupo de aguerridos niños habían demostrado en esta jornada inolvidable.
El conductor de la competencia tomó la palabra para felicitar a todos los equipos por su destacado desempeño e invitó a los asistentes a dirigirse al elegante salón comedor para la cena de gala de clausura, durante la cual se darían a conocer los resultados de la competencia.
La cena de gala se desarrollaba en un ambiente festivo y acogedor, mientras afuera, la tormenta de verano azotaba el complejo Lebon con viento y lluvia.
En el interior, en cada una de las mesas, los niños, llenos de entusiasmo, se disputaban entre ellos la palabra para compartir sus experiencias y destacar la forma en que habían abordado los desafíos matemáticos.
Al concluir la cena, un grupo de personas se dirigió al escenario montado en un extremo del salón para dar inicio a la ceremonia de premiación de la Olimpiada. Tras anunciar al ganador del tercer lugar, un animado grupo de niños subió al escenario para recibir sus merecidas medallas y trofeos.
El segundo lugar resultó ser el colegio considerado como favorito, y la emoción llenó la sala. Sin embargo, cuando se anunció el nombre del colegio ganador, un estallido de alegría resonó en el salón. Hugo y sus amigos no pudieron contener su felicidad y corrieron hacia el escenario entre los aplausos entusiastas del público y los vítores de Nora y sus compañeros de mesa.
A continuación, vino el discurso de clausura de la Olimpiada Colegial de Matemáticas, por parte de un atildado Max Hadderlan-Hugues, que evitaba mirar en dirección a la mesa donde destacaba una espectacular pelirroja vestida de gris y plata. Su actitud puso en alerta a Nora que discretamente sacó una tarjeta de su bolsa, escribió algo y la escondió en su mano.
Una vez terminado el evento y mientras se disponían a levantarse de la mesa, una empleada del hotel se acercó discretamente a Nora: "¿Doctora Rosseau?, la condesa Wilma Hadderlan-Hugues le solicita respetuosamente que la visite en su apartamento privado".
Nora aceptó sin vacilar. Se inclinó hacia un lado y dejando un beso en la mejilla de Hugo, le dio también la tarjeta. Al pasar junto a la madre de Cristi le oprimió dos veces el hombro. Eloise comprendió de inmediato y le hizo un gesto de complicidad al sorprendido Hugo mientras buscaba con su mano el hombro del niño. Prevenido de la situación, James Caleb tomó de la mano a Cristi y buscaron salir juntos del salón.
Nora siguió a la chica hasta la planta más alta del edificio. Al fondo de un pasillo suntuoso, tras una puerta de madera lujosamente tallada, Nora entró a un despacho amueblado y decorado con lujo ostentoso.
De pie en el centro de la habitación, la recibió una mujer alta, robusta, de rostro anguloso con profundas arrugas en ojos y frente. Cabello gris platinado, muy corto y con un elaborado peinado simulando alas en las sienes. Ojos azules de mirada fría e implacable, vestida con un elegante palazo de seda negra.
"Soy Wilma Hadderlan-Hugues, condesa heredera" se presentó con gesto altivo.
Nora responde con una suave sonrisa que ilumina sus ojos verdes: "Encantada condesa, usted ya conoce mi nombre: Nora Rosseau"
La condesa señaló un sillón de madera, tan lujoso como incómodo, Nora se sentó, con la espalda recta, las rodillas juntas y las manos en el regazo.
La condesa siguió de pie: "Soy una mujer práctica y no me gusta perder el tiempo, tiene usted unos llamativos tatuajes en sus piernas, ¿que representan?"
Nora intuyó que la condesa era un enemigo formidable, previamente alertada por su hermano Max, y decidió enfrentarla sin ambages: "Son un recuerdo de mi bisabuela, ella peleó contra los nazis durante la segunda guerra mundial y finalmente estuvo en el bando ganador"
Wilma levantó una ceja y aspiró el aroma del perfume de Nora: "Trabaje 20 años como perfumera y puedo distinguir cientos de aromas, su perfume es muy peculiar, nadie en este complejo, ni empleadas ni huéspedes lo usa, pero lo detecté en un sitio muy especial"
Los cálidos ojos verdes de Nora sostuvieron la fría mirada azul de Wilma que preguntó con voz dura: "¿Cómo entró a la zona reservada de la biblioteca?".
Nora respondió: "Parece que en este lugar hay muchas personas que guardamos secretos, ¿quieres que intercambiemos?, yo revelo un secreto y tú descubres otro a cambio"
Ofendida por el súbito tuteo, Wilma se irguió en toda su estatura para mirar hacia abajo a Nora, que se limitó a sonreír sin esquivar su mirada.
Nora decidió disparar a ciegas, cruzó las piernas coquetamente y enlazó sus manos sobre las rodillas, con voz dulce preguntó: "Cariacarus es una abominación que tiene sus propios fines y como todos los demonios, desprecia a los humanos porque nos considera inferiores, ¿cuánto tiempo supones que va a dejar que los viejos hechizos del AlevalusDiexier lo sometan? "
El rostro de Wilma se deformo en una mueca de rabia e indignación, desconcertada por las revelaciones de Nora. Luego asumió un gesto altivo: "¿Crees que sabes mucho doctora?, ¿de dónde sacaste esos nombres?, pero ya no importa, Cariacarus es mi esclavo y tiene que obedecerme, porque esto me da el poder sobre su voluntad"
Wilma se abrió el escote del palazo y sacó un guardapelo de cerámica colgado de una delgada cadena. "Esta es una tonta reliquia de familia, pero ahora sirve para cosas más trascendentes que guardar recuerdos o fotografías deslucidas"
Wilma levantó el guardapelo frente a su cara y recitó algunas frases en un idioma extraño. Nora se puso de pie, alerta.
Wilma terminó su salmodia y soltó una risa seca, similar a una tos amarga: "Tengo miles de almas intelectuales de niños, inteligencias inocentes que se van a ver beneficiadas cuando se les junte una espléndida inteligencia madura. No te preocupes linda, vas a seguir tu vida, pero con la mente de una persona simple, se acabó tu brillante vida de ciencia y lo mejor que podrás hacer es buscar un esposo que te mantenga y dedicarte a parir hijos y cuidar tu casa".
Mientras Wilma hablaba, un intenso frío invadió la habitación. Junto a la puerta, previendo tal vez un intento de fuga, empezó a materializarse un enano perverso, envuelto en prendas que parecían un montón de trapos viejos y sucios, con una gran capucha ocultando cabeza y rostro.
Wilma siguió riendo y gritó nuevas frases en el extraño idioma, pero el enano se quedó inmóvil hasta que barbotó en el mismo idioma: "mitad-de-una-mujer vete de aquí, no quiero que estés aquí, me molesta tu presencia"
Nora soltó una risa melodiosa y se burló del enano: "Hola pequeñito, ¿eres tú la mascota de esta mujer?, ella presume que te domina y que solo sirves para ejecutar su voluntad. Ella presume que te halaga para que tu soberbia te ciegue, seas fácil de manejar, y te vuelvas un esclavo que obedece sus órdenes y cumple sus caprichos"
Las piernas de Nora usaron su capacidad para comunicarse telepáticamente con Cariacarus y le repitieron las palabras de Nora, añadiendo algunos detalles despectivos.
El enano se revolvió, molesto e indignado: "Calla mitad-de-una-mujer, dile a tu cabeza que yo soy uno de los grandes, yo domino los poderes, yo soy señor de tiempos y espacios'’.
Cariacarus se despojó de la capucha, mostrando su repulsivo rostro, saturado de verrugas, en el que destacaban las mandíbulas armadas de dientes gruesos y puntiagudos y rugió, abalanzándose contra Nora: “Vete mitad-de-una-mujer, tan solo vete o sufre las consecuencias”.
Nora sintió que el aire a su alrededor súbitamente se volvía denso y pesado. Una angustiosa desesperación surgió de algún lado oprimiendo su pecho. Su mente analítica se desmoronó ante el terror puro que brotaba de la repulsiva figura, y Nora descubrió con pánico, que su cerebro dejaba de funcionar, bloqueado por el brutal poder de dominación de Cariacarus.
Sin embargo, una fracción de segundo después, todo cambió. Nora sintió repentinamente como si la decapitaran, como si su cabeza hubiera quedado separada de su cuerpo, y éste actuara sin necesitarla. No tardó en comprender que la mente de sus piernas acababa de tomar el control del cuerpo, relegándola a ella, solo a la cabeza.
“Ahora no soy mitad-de-una-mujer, ¿eres tan tonto que no te has dado cuenta de quien soy con mi cuerpo completo?” guiado por la mente de sus piernas, el cuerpo de Nora encaró al trasgo con tal determinación que Cariacarus tuvo que detenerse.
El cuerpo de Nora dio un paso más y asumió una pose peculiar, cruzó los brazos sobre las grandes tetas y apretó los muslos, adelantando un pie para destacar sensualmente sus amplias caderas. La cabeza de Nora comprendió de inmediato y se agitó para dejar caer su cabello color fuego sobre el hombro derecho, antes de esgrimir una suave sonrisa y dedicarle al trasgo una poderosa mirada de sus ojos verdes.
“He liberado a Ezelvian de su encierro y he premiado su valor y coraje con la redención, ahora es tiempo de castigar tu maldad y enviarte a la condenación”
Los ojos saltones y legañosos de Cariacarus cambiaron su expresión, de la furia a la incredulidad y su boca abierta dejó de ser amenazante para reflejar asombro e incertidumbre. “La señora de las cumbres”, no es cierto, no puede ser cierto, ellos juraron por la boca del averno, que estabas muerta”.
“¿Tan mal me veo que parezco muerta?, ven acá y te voy a hacer saltar los dientes para que te enteres que tan muerta estoy”, sin perder la sensualidad, el cuerpo de Nora dio un par de pasos encarando resueltamente al enano que se retorcía bramando blasfemias, y se plantó frente a él, con las manos en las caderas y las tetas erguidas completando un gesto de arrogancia.
El enano reculó ante la cercanía de Nora y se dirigió a Wilma, mirándola con furia y rugiendo imprecaciones en su extraño idioma.
La condesa heredera había perdido su pose de petulancia ante la singular escena que acaba de presenciar y que no podía comprender. Ella esperaba ver a Nora sojuzgada por Cariacarus, dominada por su maleficencia, y convertida en una mujer común y corriente, sin parangón con la científica decidida y audaz.
Sin embargo, Nora había encarado resueltamente al enano demonio y de alguna manera, incompresible para Wilma, lo había repelido, por lo que ahora el trasgo vociferaba y se precipitaba en contra de ella.
Wilma se asustó y balbuceó, agitando el guardapelo y tratando de recordar las fórmulas del AlevalusDiexier para controlar al enano, que finalmente lanzó un agudo chillido y corrió hacia una pared, esfumándose al tocarla.
“Te devuelvo tu cuerpo, preciosa, yo tengo que llorar de miedo un rato” dijeron las piernas de Nora por su canal telepático, en el momento que la cabeza de la pelirroja sintió que regresaba a su lugar sobre su cuello y recuperaba el control de su cuerpo.
Nora sentía que sus piernas temblaban, pero se sobrepuso inmediatamente, plantándose firmemente y desafío a Wilma. "Parece que no tienes tanto poder sobre ese engendro. ¿Qué sigue? ¿Vas a correr al AlevalusDiexier para ver cómo recuperarlo?"
Wilma Hadderlan-Hugues estaba demudada, saturada de emociones discordantes. Al miedo de ver cara a Cariacarus se sumaba el desconcierto de verlo huir de Nora, así como la furia de verse superada por la pelirroja, que se mofaba de ella, desafiante con las piernas abiertas y las manos en las caderas.
Más por rabia que por decisión coherente, Wilma, corrió detrás del pesado escritorio de madera maciza y removió en los cajones para extraer una pistola con la que trató de apuntar a Nora, pero en el momento en que bajó la mirada para quitar el seguro y cortar cartucho, las piernas de Nora se desprendieron de su cuerpo.
Con un ágil movimiento, la parte superior de Nora buscó caer sobre el sillón mientras sus piernas, con dos rápidas zancadas alcanzaron el escritorio, metieron un pie en el borde del pesado mueble y con un poderoso impulso lo levantaron para que diera una voltereta, y cayera sobre Wilma, atrapándola junto con el sillón y todos los objetos que estaban sobre la cubierta.
Las piernas de Nora saltaron hacia la pistola que Wilma había aventado al recibir la mesa encima y la patearon hasta un rincón. La parte superior de Nora, moviéndose ágilmente sobre sus brazos, llegó hasta la mesa volcada y se asomó para escuchar los chillidos y maldiciones de Wilma, atrapada bajo el pesado mueble. Nora extendió un brazo hasta el cuello de Wilma, le arrancó el guardapelo y lo lanzó hacia donde estaban sus piernas.
Con mucho cuidado, un elegante zapato de tacón color gris plata se posó sobre el guardapelo. Aplicando progresivamente una fuerza formidable, las piernas de Nora pulverizaron el objeto que permitía la presencia en este mundo y controlaba a Cariacarus.
Un alarido sobrenatural resonó en todo el hotel, sobresaltando y hasta aterrorizando tanto a empleados como a huéspedes, dando inicio para todos a una noche llena de sucesos inexplicables El alarido se prolongó, alternando entre chillidos de dolor y rugidos de rabia.
Los empleados de Wilma Hadderlan-Hugues alarmados por el ruido de la caída del pesado escritorio y sobrecogidos por los alaridos inescrutables, acudieron a golpear la puerta del despacho. Oyendo esto, Wilma empezó a gritar pidiendo ayuda.
La parte superior de Nora dijo por sus canales telepáticos a sus piernas: "El espejo, hay que destruir el espejo antes de que Cariacarus lo use, ve a destruirlo"
Las piernas de Nora preguntaron: "¿Y tú qué?"
La parte superior de Nora aseguraron: "Yo me encargo, vete ya"
Siguiendo las indicaciones de Nora; Eloise y James Caleb se apresuraron a llevar a Cristi y a Hugo para resguardarlos en su habitación, cuando fueron interceptados por Max, Valdemar y Gisell Hadderlan, quienes les invitaron a la biblioteca para una sesión de fotos, explicando que Cristi y Hugo eran los más representativos del equipo ganador.
Con total desconfianza, Eloise y James se negaron, alegando que los niños estaban cansados y querían dormir, pero los Hadderlan se deshicieron en halagos mientras caminaban junto a ellos. De improviso y con una eficiencia impecable, los Hadderlan usaron una puerta disimulada que conducía a un pasadizo secreto, para separar a los niños de los adultos.
Max y Valdemar, con manos firmes, cargaron a Hugo a pesar de sus pataleos y resistencia. Gisell, una mujer robusta, tiró del brazo de Cristi, quien luchaba en vano por desasirse, mientras James golpeaba con furia impotente la puerta secreta y Eloise gritaba pidiendo ayuda.
“Es lo más absurdo que nos ha ordenado Wilma, esto es un secuestro y los padres van a denunciarnos” se quejó Gisell, aunque sin soltar su presa.
“Cuando Cariacarus haya terminado con ellos, se los devolvemos a sus padres, estarán sanos y salvos y no recordarán nada de todo esto” respondió Max, jadeando “luego podemos inventar cualquier excusa”
El pasadizo los dejó en una puerta disimulada tras un librero en la biblioteca y de prisa corrieron al área reservada, sumida como siempre en una oscuridad apenas rota por pequeñas luces en el piso. En el momento que cruzaban la puerta, resonó el largo alarido de Cariacarus que inició el caos.
Aunque los Hadderlan habían escuchado antes ruidos infernales, se sobresaltaron lo suficiente para que Max se descuidara y recibiera en una mano una fuerte mordida de parte que Hugo que lo hizo aflojar la presa. El niño se escurrió de sus manos y durante los segundos de desconcierto de Valdemar le propinó una patada en la espinilla que lo hizo saltar.
Hugo aprovechó el sobresalto de Gisell, asustada y desprevenida por los aullidos de Cariacarus, para arrebatarle a Cristi, luego los niños corrieron juntos hacia los oscuros pasillos del área reservada.
Max le ordenó a Gisell que vigilara la puerta y jaloneó a su primo para ir en persecución de los niños. Sin embargo, no llegaron muy lejos pues Max había dado dos largos pasos cuando una pierna envuelta en fina pantimedia platinada, le golpeó con fuerza inusitada en la espinilla, a manera de una zancadilla que lo hizo dar una voltereta y caer violentamente contra un librero. Valdemar tampoco llegó muy lejos, pues una rodilla tan bien torneada como poderosa, se estrelló contra su pecho y lo derribó.
Max trató de ponerse en pie, solo para recibir una patada que lo aventó hacia la puerta, donde se le reunió enseguida su primo, luego de recibir el mismo tratamiento.
Desde la puerta, Gisell presenció como una extraña silueta plateada, se movía entre las sombras y apaleaba a sus parientes. Sin dudarlo, salió corriendo hacia la biblioteca, siendo seguida por Max y Valdemar, con los pelos de punta por los estridentes gritos y alaridos que salían del fondo de la sala reservada y adoloridos por los golpes que les propinó la extraña aparición, de la cual sólo pudieron ver un par de poderosas piernas.
Las piernas de Nora avanzaron decididas por la penumbra del área reservada de la biblioteca. Pasaron frente al atril del AlevalusDiexier, de donde provenía un ruido sordo, como si sus hojas se sacudieran, y siguieron avanzando hasta llegar frente al espejo.
En la pulida superficie apareció de pronto la aterradora figura de Cariacarus. Nuevos alaridos sacudieron el recinto y se propagaron por todo el edificio mientras las garras del engendro estremecían la superficie interna del espejo y tras él aparecieron innumerables siluetas infantiles que se unieron a la cacofonía llorando y gritando.
La percepción del entorno de las piernas de Nora captó entonces dos figuras, agazapadas en un recoveco entre los muebles. Sentados en el piso, Hugo abrazaba a Cristi, quien, aterrorizada por todo lo que estaba sucediendo, tuvo un sobresalto más al ver un par de espléndidas piernas de mujer, vestidas con elegantes pantimedias platinadas y sobre finos zapatos de tacón, pero sin un cuerpo sobre las caderas; que se precipitó sobre ellos.
Hugo abrazó con más fuerza a la niña y le gritó al oído, para hacerse notar en el espantoso sonido que les rodea: "Ellas son poderosas y viene a salvarnos".
Las piernas de Nora envolvieron con sus muslos a los dos niños, y Cristi escuchó en su mente una voz dulce y amable, pero firme y enérgica que le resultó conocida: "No se muevan de aquí, esto ya se va a acabar".
Las piernas de Nora se quitaron los zapatos y Hugo, sin dejar de abrazar a Cristi, los puso a un lado. La niña no pudo dejar de observar el fino calzado que se distinguía por el llamativo color de las suelas.
Acto seguido, las piernas de Nora se dirigieron al librero más cercano, un mueble monumental de madera sólida, y lo derribaron con un fuerte empujón, haciendo que los libros se dispersaran por todos lados. Luego, lo empujó usando los muslos hasta alinearlo contra el espejo. Después de verificar que estaba apoyado en el borde del espejo, regresó al extremo libre.
Apoyando su pequeña espalda baja contra el mueble, afianzaron sus pies enfundados solo en las finas pantimedias en el suelo, y aplicaron su fuerza descomunal para empujarlo como un ariete, destrozar la parte baja del marco del espejo, y hacer saltar la superficie pulida en miles de fragmentos minúsculos.
Cariacarus se irguió en el marco del espejo destrozado, levantó los brazos invocando todas sus fuerzas y lanzó un aullido sobrecogedor, obligando a las siluetas infantiles a retroceder por el hueco, llorando y gimiendo.
El engendro saltó fuera del marco destrozado y sobre el librero derribado. Sin dejar de aullar y rugir alargó las mandíbulas armadas de dientes retorcidos y afilados, y con los ojos inyectados de rabia se lanzó contra las piernas de Nora.
La primera reacción de las piernas de Nora fue usar su capacidad de teletransportación para eludir el ataque del enano, pero algo sucedió.
Una luz tenue, pero que la oscuridad de la biblioteca reservada hizo radiante, envolvió a las piernas de Nora, paralizándolas momentáneamente. Cariacarus tuvo que refrenar su embestida ante la cascada luminosa que cayó frente a él, y que en pocos segundos adquirió una forma excepcional.
En su rincón, los niños fueron también espectadores. La luz sobre las piernas de Nora se condensó en forma de una mujer alta, de hermosa silueta y aspecto majestuoso que aprovechaba las piernas de Nora para consolidar su aspecto. Vestía una túnica blanca, etérea, y en torno a su cabeza flameaba una cabellera de color rojo intenso.
Luego del pasmo, Cariacarus reaccionó con tanto miedo como furia, y trató de usar sus poderosas mandíbulas contra su nueva enemiga, pero la señora de las cumbres, usando como suyas las piernas de Nora, y moviéndose con gracia y velocidad sobrenatural, eludió al trasgo y con una mano poderosa lo atrapó de los trapos que lo envolvían alrededor de la nuca y lo levantó como si fuera una alimaña nociva.
Hugo alcanzó a observar que la mujer empuñaba un arma como la que había visto en el cuadro del museo de Lebon. La mujer giró un poco sobre la punta de los pies para ocultar a la vista de los niños cuando usó el cuchillo para abrir en canal el cuerpo de Cariacarus, desde la garganta hasta las ingles, luego, con un vigoroso giro de la muñeca, lanzó al enano por el hueco del espejo.
Convertido en un despojo, el demonio rodó por las escaleras descendentes tras el espejo, impelido por golpes y patadas que le propinaban los niños entre gritos de burla y júbilo. Al llegar al final de la escalera, los desechos de Cariacarus se precipitaron con un último alarido de rabia y frustración por una grieta que se abrió y cerró oportunamente en el suelo.
En el salón del espejo, la señora de las cumbres usó diestramente las piernas de Nora para plantarse frente a los asombrados niños a quienes dedicó una suave sonrisa antes de disolverse en una suave bruma que se deslizó por el aire rumbo a la salida de la biblioteca.
Como si esperaran una señal, del espejo empezaron a brotar las almas intelectuales apresadas a lo largo de decenas de años, en forma de siluetas de luz acompañadas por una intensa algarabía.
El escándalo de miles de almas de niños celebrando con gritos y risas mientras corrían y saltaban en busca de la salida hacia el exterior, sacudió a todos los ocupantes del edificio, empleados y visitantes, que desde los primeros momentos de las manifestaciones sobrenaturales se habían reunido en los salones y pasillos buscando explicaciones a los fenómenos,
La tormenta había cesado un rato antes, y la noche se iluminó con el resplandor de miles de almas que, al llegar al aire libre, sin dejar de gritar, cantar y celebrar, se difuminaban al elevarse hacia el cielo.
Cuando la señora de las cumbres dejó de usarlas, las piernas de Nora, agotadas y aturdidas, se dejaron caer al suelo, y se arrastraron temblorosas hasta donde estaban Hugo y Cristi, para cubrirlos con sus cálidos y suaves muslos, proporcionando un refugio reconfortante. Mientras los niños se acurrucaban en este inusual abrazo, tapándose los oídos para mitigar el estruendo ensordecedor de las almas infantiles escapando del espejo; las piernas de Nora reflexionaron en que las cartas del tarot de Eloise habían acertado en que una mujer con cabello de fuego había derrotado finalmente a Cariacarus.
De pronto, todo quedó en silencio. Las piernas de Nora se comunicaron telepáticamente con los niños: "Todo ha terminado, pequeños. ¿Pueden irse solos?".
Hugo colocó los zapatos de tacón frente a las piernas de Nora, las cuales se calzaron y desaparecieron.
Hugo se puso de pie y ayudo a incorporarse a Cristi, agobiados ambos por las intensas emociones vividas en unos cuantos minutos. Mientras caminan hacia la biblioteca, Hugo le pidió a la niña que guardara el secreto de las piernas bienhechoras y quedaron de acuerdo en mencionar solo a la mujer radiante que acabó con Cariacarus, destruyó el espejo y liberó a los niños atrapados.
En cuanto sus piernas desaparecieron del despacho de Wilma Hadderlan, la parte superior de Nora enrolló la parte vacía de su vestido hasta la base de sus senos, luego colgó de su cuello su bolsa de mano y caminó sobre sus manos hasta un amplio balcón, lo abrió y agradeció que la tormenta había amainado súbitamente.
Se orientó y dedujo que su propia habitación estaba en la cara adyacente del edificio, y dos pisos hacia abajo.
Los brazos de Nora eran fuertes y tonificados, además, su cuerpo carecía de sus monumentales piernas, por lo que pesaba menos de la mitad y podían sostenerlo sin problemas.
La fachada de la parte vieja del edificio estaba decorada con tallas de piedra, de las cuales Nora se aprovechó para deslizarse por la fachada con agilidad, hasta un desagüe de cobre que alimentaba una gárgola, y que le sirvió para llegar al nivel de su habitación.
Mientras se desplazaba por la pared, Nora escuchó los gritos y aullidos de Cariacarus, junto en el revuelo que ocasionaba entre los huéspedes y empleados del hotel. Pensó que con todo lo que estaba pasando, ver a la mitad superior de una mujer colgando de la pared sería lo menos llamativo,
Con las manos ardiendo por la aspereza de la piedra, la parte superior de Nora se dejó caer en el balcón de su habitación. Forcejeó con la cerradura y finalmente pudo entrar a la habitación y encaramarse sobre la cama, donde acomodó el vestido para permitir el regreso de sus piernas.
El hotel era un hervidero de actividad. Los gritos de Cariacarus y el alboroto de las almas de los niños habían sacado a todos los huéspedes a los pasillos y salones, donde buscaban a los empleados tratando de saber lo que estaba sucediendo, pero tampoco los empleados tenían idea de lo que estaba pasando.
Por otro lado, los padres de Cristy también tenían en vilo a los empleados que buscaban a los niños por todos lados.
Muchas personas habían visto salir de la biblioteca el desfile de almas infantiles y permanecían expectantes en esa zona del complejo.
Hugo salió de la biblioteca con paso firme, asumiendo valor y determinación; y llevando de la mano a la niña.
De pronto un hombre se interpuso en su camino e hizo el amago de estirar una mano hacia ellos. Hugo reaccionó poniendo a Cristi atrás de él para protegerla, pero otra persona, que se había mantenido alerta, bloqueó el intento de Hadderlan, quien reconoció en seguida a Jaques Leblanc que se levantó la manga de la camisa y le mostró la flor de lis tatuada en su antebrazo.
“Todo se acabó nazi, otra vez les derrotamos” dijo el anciano “ahora corre y no te detengas”
Max sabía que tenía una pistola en una bolsa interior de su fina chaqueta y pensó en sacarla, pero otra figura se plantó junto al anciano, defendiendo a los niños.
James Caleb no era un hombre imponente, pero la indignación y el coraje para proteger a su hija, le permitía emanar una fortaleza y determinación que terminaron de convencer a Max Hadderlan de seguir la orden de Jaques, de manera que dio media vuelta y se escabulló como hacía rato que habían hecho sus primos.
Eloise atrapó en un abrazo a Cristi, mientras James agradecía la oportuna intervención de Jaques y estrechaba con vigor la mano de Hugo.
La gente empezaba a rodearlos cuando un taconeo firme y característico anunció la llegada de una pelirroja de espectaculares piernas cubiertas con pantimedias platinadas que se puso en cuclillas sin importarle lo que revelara su corto vestido, para estrechar en un abrazo a Hugo.
Cristi, en brazos de sus padres, abrió los ojos desmesuradamente al reconocer las piernas, las pantimedias y los finos zapatos. La niña se soltó del cariño de sus padres y se unió a Hugo en el abrazo a Nora. Con la cara sumergida en la cabellera roja, musitó al oído de la mujer; “Gracias por salvarnos tía Nora, conozco tu secreto y te prometo que voy a cuidarlo”
Nora y Hugo se encontraban en una cafetería del aeropuerto, disfrutando de una pausa en el ajetreo de los días pasados, mientras esperan la llamada para abordar el avión. Nora degustaba un café vienés y Hugo saboreaba un chocolate caliente y devoraba un pay de fresa.
Un hombre de aspecto común, pero atildado y ataviado con un impecable traje a medida, se sentó a su mesa sin previo aviso. El hombre levantó una ceja en un gesto dubitativo y comentó con refinada voz: "Un joven apuesto e inteligente, indudablemente hay una hermosa genética en su familia".
Nora decidió no aclarar la falta de parentesco consanguíneo, pero respondió: "Mi sobrino vivió toda la experiencia; se merece conocer el desenlace de la historia". La ceja del hombre regresó a su lugar, y una sonrisa esplendorosa iluminó su rostro.
Mientras ajustaba cuidadosamente las mangas de su saco, dejando asomar los puños de la camisa, cerrados con valiosas mancuernillas, el hombre dijo: "La familia Hadderlan tiene dos ramas. Se separaron durante la preguerra: los Hugues se quedaron en Austria, como simpatizantes del régimen nazi, y los Havans se autoexiliaron en América del Norte. Los Hugues desaparecieron sin dejar rastro, luego de este incidente, y los Havans tomarán posesión del complejo de Lebon, con la intención de limpiar la imagen y recuperar su prestigio"
El hombre tomó una cucharita de la mesa y, con delicadeza, probó un pequeño bocado del pay de Hugo.
El niño abrió mucho los ojos, pero sintió que una de las piernas de Nora se estiraba hasta las suyas, y escuchó su voz telepática: "No te enojes, siempre hace lo mismo. Es un buen amigo que se encarga del trabajo sucio".
El hombre elegante, siempre sonriente, continuó: "El cuaderno de Jacques Leblanc contiene información muy precisa y formal, que nos permite elaborar un minucioso expediente para asegurarnos de que los Hugues tengan serios problemas cuando aparezcan. De ese expediente se desprende que la colección privada, incluyendo el Grimorio, sea decomisada por el gobierno austriaco debido a sus antecedentes como propiedad de una organización nazi. Además, hay muchos funcionarios y parlamentarios de primer nivel que repelen cualquier manifestación pro-nazi, por lo que seguramente la colección será destruida a la brevedad".
El hombre elegante se puso en pie con una elegancia natural y se aseguró de que su traje estuviera impecable.
Dirigiéndose a Hugo, comentó: "Joven amigo, recibe mi respetuosa envidia porque tienes una tía admirable".
Luego, mirando directamente los profundos ojos verdes de Nora, añadió: "No sé cómo lo haces, pero eres extraordinaria. Te debemos una". Sin decir más, dio media vuelta y se retiró con la misma bizarría con la que había llegado.
Sonriendo, Nora tomó un sorbo de su bebida y Hugo la observó de soslayo, escondido tras su taza de chocolate, mientras resonaban en su mente los dos adjetivos dirigidos a Nora: "Admirable y extraordinaria".
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