Nora Rosseau y Giovana Alberoni no podrían ser más diferentes, pero su amistad había florecido como un vínculo inesperado y entrañable, basado en un respeto profundo y una admiración mutua. Para Nora, Giovana era una joven brillante, con una mente prodigiosa para la tecnología y el ingenio afilado de quien ha aprendido a moverse con determinación en un mundo lleno de retos.
Por su parte, Giovana admiraba a la científica de renombre, a la doctora en física no clásica acostumbrada a desafiar los límites del conocimiento humano. Pero también había algo más, le extasiaba la forma en que Nora iba por la vida con una mezcla deslumbrante de sensualidad, elegancia y valentía.
Nora y Giovana se mantenían en contacto por medio de la comunicación virtual. Con cierta frecuencia, llegaban hasta horas de la madrugada discutiendo por videollamada algún tema de mutuo interés, o simplemente disfrutando de estar tan cerca una de la otra, como la pantalla de sus dispositivos. Por todo esto, a Nora le causó un poco de perplejidad que Giovana la invitara a reunirse para tomar un café, pero accedió de buena gana.
Nora llegó puntual a la cafetería donde se habían citado. Como de costumbre, usaba un vestido ajustado de color verde jade que realzaba su cabellera rojo fuego y las espectaculares curvas de su cuerpo, pantimedias de brillo sedoso y tacones altos que repiquetearon en el piso al caminar hacia la mesa donde Giovana le esperaba.
Se saludaron con un abrazo cordial. Nora admiraba sinceramente la belleza tranquila de su amiga, que aún con su vestimenta informal, pantalón comando de grandes bolsas y camisola color caqui; atraía las miradas por su rostro de líneas finas, cutis terso, ligeramente pecoso, y su cabello castaño atado en una coleta sobre la nuca.
Nora acostumbraba usar un ligero maquillaje, apenas lo indispensable para realzar sus ojos verdes y sus finos labios, por su parte, Giovana prefería andar de cara lavada, sin desmerecer la belleza de su rostro.
Hicieron su orden a la solícita mesera: café vienés y pastel de crema francesa para Nora, y café negro con pan de dulce para Giovana.
Cuando la mesera se retiró, Giovana adquirió una expresión seria y nerviosa, y Nora uso su sonrisa afable y empática para animarla a hablar.
“Ante todo, recordemos que soy paranoica confesa y que tal vez estoy como un gato correteándose la cola, pero necesito hablar con alguien y tú eres la mejor persona que conozco para escucharme” dijo la joven.
La risa de Nora cascabeleó alegremente: “Tu paranoia es adorable, conozco muy bien a esta gatita y estoy segura de que cualquier cosa que tengas que decirme es importante”
Giovana sonrió aliviada por la confianza de Nora, luego arrastró su silla hasta quedar a un lado de Nora y acomodó su laptop para que ambas pudieran verla.
La chica empezó a decir: “Mira, Nora, son cosas que he encontrado en Internet y que me tienen intrigada y hasta preocupada. Hace muchos meses, conocí por Instagram a una chica de Varsovia llamada Dasha. Era una modelo que viajaba por el mundo y subía fotos de sus destinos. Me gustaba su estilo y su actitud, y en un par de ocasiones conversé con ella por videollamada. Era muy simpática y divertida, aquí tienes algunas fotos de ella”
Giovana hizo clic y mostró en la pantalla varias imágenes de una bella joven rubia, con un tatuaje multicolor en el hombro derecho. En las fotos, se la veía sonriendo, posando y disfrutando de diferentes lugares.
Nora observó las fotos con interés y asintió con la cabeza. “Es muy guapa. ¿Y qué pasó con ella?”.
Giovana continuó: “Voy a cambiar de tema, recuerda que estoy en plan paranoico”, la chica ahora puso un video en la pantalla.
“Este video lo tomaron en una isla llamada Pitcairn, que está en medio del océano Pacífico. Es una isla muy pequeña y remota, que apenas se está abriendo al turismo, no tiene aeropuerto como tal, apenas un modesto aeródromo al que llegan aviones pequeños desde las islas vecinas”
En el video se apreciaba que efectivamente el aeródromo era apenas un galerón de madera y láminas, ocupado por los empleados locales y los turistas que acaban de llegar en un avión de turbohélice.
Entre los recién llegados, el autor del video captó a una joven rubia que se enredaba con su equipaje, entre el cual destacaba un contenedor de plástico amarillo de sólido aspecto. La rubia usaba un ligero vestido con finos tirantes que permitían ver sus hombros. Giovana detuvo el video, hizo zoom y señaló el tatuaje multicolor de la rubia.
“¿Es Dasha?” preguntó Nora.
Giovana no contestó y siguió reproduciendo el video. En él, se veía cómo la joven rubia discutía con los oficiales de la aduana del aeródromo, que querían abrir el contenedor amarillo.
La rubia les mostraba unos papeles y los sellos del recipiente, pero los oficiales ni siquiera trataban de leerlos. El autor del video enfocó con mayor detalle la escena en la que la rubia gritaba en varios idiomas, pero los aduanales respondían en su propio dialecto y mientras unos rechazaban los papeles que esgrimía la mujer rubia y contenían los manoteos con que trataba de recuperar el contenedor, los otros forcejeaban con los cierres, que por ser herméticos se resistían a sus esfuerzos, hasta que alguien consiguió una palanca de acero para forzar la tapa del recipiente.
Una espesa nube de gas oscuro brotó del contenedor violentado, mientras el gas se disipaba, la rubia cayó al suelo gritando y convulsionándose.
El video terminaba en medio del caos que vino después. Los empleados estaban tan asustados como los turistas que empezaron a gritar y correr de un lado al otro sin saber que hacer mientras la joven rubia se sacudía en el suelo con estertores de muerte.
“Apostaría que es oxígeno líquido, al contacto con el aire ambiente se disuelve” susurró Nora, y luego guardó silencio, expectante mientras tomaba un sorbo de su taza.
Giovana dio un trago de café y puso otras imágenes en la pantalla. “Este es un periódico de la isla que trata de los sucesos en el aeródromo, dicen las autoridades que se trató de una enfermedad súbita y que el cuerpo de la turista rubia fue cremado inmediatamente para evitar contagios, aunque no explican cuál es esa enfermedad. Y ahora mira estas fotos”.
Las imágenes provenientes de fotos del periódico local donde trataban el suceso del aeródromo, eran de mala calidad, pero Giovana las había optimizado con software especializado.
La primera foto era del contendor, con la tapa fracturada. Estaba hecho de un material sólido, del tamaño de una maleta pequeña, con asas y correas para transportarlo, de color amarillo con grandes logos en negro y rojo.
“Es para transportar componentes orgánicos, los fabrica la empresa Universal Preservation, están certificados por la OMS y protegidos por un convenio firmado por 87 países para asegurar su transportabilidad. Por lo visto Pitcairn no está entre esos 87 países y por eso los aduanales no reconocieron el certificado y se empeñaron en abrirlo”
Nora dejó que Giovana siguiera con su exposición sin interrumpirla. Ahora puso en la pantalla una foto escalofriante.
El pie de foto del periódico de Pitcairn mostraba el extraño objeto sacado del contenedor, hacía falta observarlo con cuidado y tener algo de conocimiento de anatomía para identificarlo como la parte superior de un cráneo humano, cuidadosamente aserrado a la altura del borde inferior de las fosas oculares y montado sobre una base de plástico de la que sobresalían cables y terminales.
Nora no pudo evitar una exclamación de asombro: “¿Qué diablos es eso?”
Giovana susurró: “Todavía no he terminado”.
Ahora puso en la pantalla la foto tomada por el periódico del pasaporte de la turista, en la que aparecía el rostro sonriente de una espectacular rubia junto con el nombre de Georgina Ferguson, y una fecha de nacimiento en 1950.
Nora trató de decir algo, pero Giovana la contuvo, y puso en la pantalla una foto tomada de una revista de muchos años atrás. En ella se veía a una joven Nora Rosseau, de cabello castaño y con sus inconfundibles piernas asomando bajo una minifalda; que se inclinaba para abrazar a una mujer sexagenaria, de rostro cenizo, surcado de arrugas y con profundas ojeras, confinada a un carrito eléctrico por la obesidad que padecía.
Nora reconoció la foto al instante. La habían hecho cuando recibió un premio por su tesis doctoral. La mujer que abrazaba era una admirada maestra y mentora. Nora dijo asombrada: “Georgina Ferguson fue mi maestra, cuando la conocí tenía más de 60 años, ¿es un caso de robo de identidad?”
Giovana sacudió la cabeza “No lo creo, el robo de identidad se hace entre pares, que coinciden aproximadamente en su filiación personal, sería inaudito que una Dasha de 20 años tratara de hacerse pasar por una mujer de casi 80”
A Nora empezaba a darle vueltas la cabeza y trató de decir algo más, pero Giovana la interrumpió: “Espera que todavía tengo más”
Nora se echó para atrás en su silla y de un trago agotó su café vienés, sorprendida y sobresaltada por todo lo que Giovana le estaba mostrando.
Giovana pulsó unas teclas en su laptop. Entró a la página web de una empresa que fabricaba contenedores para componentes orgánicos, similares al que rompieron los oficiales de aduanas en Pitcairn.
“Universal Preservation” presentó Giovana “se dedica a producir contenedores que mantienen vivos y funcionales órganos y tejidos humanos. No tienen productos de catálogo, los fabrican según las especificaciones que les requieren sus clientes. Trabajan para grandes centros médicos, laboratorios de investigación y universidades. Lo importante en este caso, es que el tipo de contenedor que apareció en Pitcairn los manda fabricar una empresa llamada Eternitas”
Invocada por Giovana, apareció otra página web en la pantalla, con un diseño y colores que reflejaban paz, tranquilidad y armonía.
“Eternitas una clínica de rejuvenecimiento exclusiva para mujeres, ofrecen tratamientos contra la edad, masajes, terapias, dietas y todo eso” presentó Giovana
“Pero nada que justifique el uso de contenedores orgánicos de alta gama” completó Nora.
Giovana se dejó caer sobre el respaldo de su silla y suspiró como si se deshiciera de un gran peso. “Eso es todo, ¿Qué diagnóstico tienes para mí, doctora Rosseau?, ¿paranoia desatada?”
Antes de que Nora pudiera responder, una de sus piernas enlazó las de Giovana por debajo de la mesa. Si cualquier otra mujer hiciera lo mismo, seguramente Giovana respondería violentamente, pero en este caso se sintió confortada cuando la misma voz de Nora, dulce y afable llegó hasta su mente a través del fino tejido de las pantimedias.
“No sé qué diga Nora” dijeron las piernas de Nora “pero yo estoy sorprendida, eres genial Giovana y estoy segura de que mi linda gatita olisqueó tremenda rata”
El comentario de las piernas de Nora relajó un poco el ambiente. Nora suspiró “Tengo cuatro preguntas para tratar de resumir todo esto: ¿Por qué Dasha estaba viajando con el pasaporte de Georgina?, ¿Por qué Dasha se opuso con tanto énfasis a que abrieran el contenedor?, ¿Por qué la ruptura del contenedor provocó esa reacción y la muerte de Dasha? y ¿Para qué una clínica de rejuvenecimiento como Eternitas, usa contenedores de componentes orgánicos?”
La mesera llegó en ese momento, para servir más café en la taza de Giovana y traer el segundo café vienés a Nora. Hubo un lapso de silencio mientras esto sucedía, cuando la mesera se retiró, la voz telepática de las piernas de Nora llegó hasta las dos chicas:
“Cuatro: Eternitas usa los contenedores para guardar los cerebros de viejas que desde ahí controlan los cuerpos de las niñas. Tres: El cuerpo de Dasha murió cuando los jenízaros de Pitcairn desfondaron su contenedor y mataron el cerebro que la guiaba. Dos: Dasha defendió el contenedor porque sabía que protegía su cerebro de Georgina, que pagó una millonada para usar el cuerpo de la polaca. Y uno: Georgina usaba su propio pasaporte porque de alguna manera el cuerpo de Dasha tenía los biométricos de la vieja de 90 años para hacerse pasar por ella misma, rejuvenecida”
“79” susurró Nora, luego de un breve y pesado silencio, durante los cuales Nora y Giovana se miraron, azoradas “Georgina hubiera tenido 79 años”
“Todo apunta a que tienes razón” dijo Giovana con voz temblorosa,” pero suena escalofriante, así como lo dices”
“Si se les ocurre otra forma de responder las preguntas de Nora, me gustaría escucharlas, ya me asusté yo misma” dijeron las piernas de Nora.
“¿Pero es posible hacer eso?” preguntó Giovana “eso de que el cerebro de una mujer anciana pueda manejar el cuerpo de una joven, suena a película de ciencia ficción”
Nora suspiró. “No lo sé, pero creo que eso explicaría todo lo que nos has mostrado”
“¿Cuántas veces lo habrán hecho?” preguntaron las piernas de Nora “¿Cuántas niñas serán en verdad juguetes de control remoto de ancianas?”
“No nos precipitemos” dijo Nora. “Lo que han dicho las chicas es contundente y explicaría todos los hallazgos de Giovana, pero tenemos que comprobarlo. Voy a buscar a Georgina Ferguson, seguramente seguimos teniendo amigos y conocidos en común”
“Yo tengo algunas ideas de información que puedo encontrar para confirmar o denegar la hipótesis” añadió Giovana.
“Pues yo solo digo que aún no sabemos cómo o por qué, pero esto se pone interesante” dijeron las piernas de Nora.
Nora no podía quitarse de la cabeza las escalofriantes fotos del cráneo mutilado que surgió del contenedor destrozado en Pitcairn. Tampoco podía creer que su maestra, Georgina Ferguson, estuviera involucrada en aquella atrocidad. Necesitaba saber más. Necesitaba encontrarla.
Nora se puso en contacto con algunos conocidos y amigos comunes con Georgina y les preguntó si sabían algo de ella, si la habían visto recientemente, si tenían alguna forma de localizarla. Las respuestas que obtuvo fueron vagas y confusas. Al parecer, Georgina vivía sola, pues muchos años atrás se había divorciado y sus hijos estaban en el extranjero.
Además, no había tenido contacto con nadie desde hacía tres meses, argumentando que se sometería a un tratamiento médico. Nadie sabía exactamente de qué se trataba el tratamiento, ni dónde se lo hacía, ni cuándo volvería. Nora sospechó que el tratamiento tenía que ver con Eternitas, la clínica de rejuvenecimiento que Giovana había descubierto.
Nora consiguió el domicilio de Georgina y decidió acudir a buscarla. Tal vez allí encontraría alguna pista, algún indicio, alguna prueba. O tal vez allí la encontraría viviendo en apacible vejez y desmontando en consecuencia la siniestra hipótesis que habían formulado.
El conserje del edificio era un hombre de mediana edad, que con mucho tacto y amabilidad trato de eludir las preguntas de Nora, pero la guapa pelirroja sabia usar su voz dulce, sus brillantes ojos verdes y su impresionante escote, de manera que al final, el conserje terminó por informarle que unos meses atrás la doctora Ferguson había tenido un cambio impresionante, pues un día salió del edificio como una mujer anciana, muy enferma y ligada a un carrito eléctrico con tanque de oxígeno y monitor de supervivencia; y dos semanas después regresó con un cambio impresionante, joven, hermosa y esbelta, con el pelo rubio, la piel tersa, los ojos brillantes: la cara y el cuerpo de una modelo.
“Sólo pude creer que era ella porque me había avisado que iba un tratamiento de rejuvenecimiento, sabía todo lo que debería saber y además se identificó con el sensor de huellas dactilares de seguridad del edificio” dijo el conserje.
Luego, el hombre añadió que la nueva doctora Ferguson había salido de vacaciones unas semanas atrás, y solo le había dicho que pensaba hacer un largo viaje a las islas del Pacifico del sur, sin una fecha tentativa de retorno.
Nora le mostró en su celular una foto de Dasha al hombre, y este la reconoció sin problemas como la nueva Georgina Ferguson.
Giovana Alberoni vivía en casa de sus padres, pero había creado con ellos una relación de absoluto respeto en la cual ella vivía prácticamente de manera independiente. En su habitación disponía de una poderosa estación de trabajo, que tanto le resultaba ideal para su trabajo como programadora, como le proporcionaba la potencia necesaria para sus actividades como hacker.
Giovana había desarrollado varios poderosos protocolos para infiltrarse en servidores de empresas y organizaciones de todo tipo, y durante varias horas trabajó para romper las medidas de seguridad de los servidores donde se almacenaba la información de Eternitas.
Al cabo del tiempo, logró el acceso de alto nivel que buscaba, empezó a hurgar en los archivos de Eternitas, para armar el rompecabezas de datos que pusiera en evidencia o que desmintiera las acciones dentro del negocio de rejuvenecimiento.
Nora abrió la videollamada y exclamó “Que cara tienes Giovana, esas ojeras están enormes, ¿Cuánto hace que no duermes?”
“Tres días” respondió Giovana “y han valido la pena porque logré meterme hasta el fondo de los archivos de Eternitas, ¿empiezo a soltarte lo que encontré?”
“Adelante nena, pero prométeme que terminando te vas a dormir”, dijo Nora acercando una taza de café a su computadora.
Giovana río alegremente, complacida de la preocupación de Nora. “Primero encontré a un par de caballeros llamados Carles Rico y Xavier Duran, que aparecen como ‘asesores de la dirección’ en la nómina de Eternitas y con un sueldazo impresionante, a pesar de que no figuran en el organigrama de la empresa”
“¿Y qué hacen este par de asesores, que te llamó la atención?”
“Para empezar son dos cerebritos en áreas de tecnología médica, cirugía robotizada y biociencias, tienen doctorados y una buena experiencia. Sin embargo, en Eternitas despliegan una gran actividad en el servidor de mensajería, buscan chicas de Europa oriental en las redes sociales y les ofrecen trabajo como modelos de imagen, ofreciendo dinero, fama y diversión. Entre una y otra cosa, estos tipos interrogan a las chicas respecto a su familia, apegos y relaciones. Muchas chicas los han rechazado, pero identifiqué a 12 que si se tragaron el anzuelo, entre ellas Dasha, y a quienes Carles y Xavier les organizaron el viaje a nuestro país. Algunas chicas anunciaron en sus redes sociales que iban a emprender un nuevo proyecto, otras simplemente dejaron de publicar”
Giovana había pasado por la pantalla fragmentos de conversaciones por mensajería, registros de reservaciones de vuelos y hasta pólizas contables de Eternitas con el concepto de viáticos para traer a las chicas al país.
“En todos los casos, las chicas dejaron de publicar en sus redes sociales en días cercanos a sus viajes. A la fecha, todas sus cuentas están abandonadas” En la pantalla apareció una hoja de cálculo pulcramente elaborada con los nombres de las chicas, retratos, países de origen y el seguimiento y comparación de fechas.
“La base de datos de clientes de Eternitas es grande” continuó Giovana “pero encontré 12 personas muy interesantes. Para empezar, son mujeres muy mayores, llenas de achaques y algunas con problemas físicos, que han pagado los importes más altos de la cartera de clientes”
Una nueva hoja de cálculo apareció en la pantalla, ahora con los 12 renglones que desglosaban nombres, edades e importes pagados por las clientas. En la lista, aparecía el nombre de Georgina Ferguson.
“También estuve hurgando en los archivos contables de Eternitas, y encontré las facturas de Universal Preservation por la compra de 12 contenedores. Y no solo eso, Eternitas compró un sofisticado equipo para trasplantes oculares y otro aparato para el reimplante de tejidos dérmicos, que puede servir para cambiar las huellas dactilares”
“Yo les dije que por eso Dasha usaba el pasaporte de Georgina, para efectos de identificación biométrica, Dasha era Georgina” dijeron las piernas de Nora.
“Y coincide con lo que dijo el conserje, de que la joven Georgina pasó el lector de huellas dactilares del edificio” añadió Nora, que aprovechó para pasarle a Giovana el comentario de sus piernas.
“¿Algún diagnóstico, doctora Rosseau?”
“Sólo se me ocurre que Eternitas tiene en su poder todo lo que necesita para hacer lo que suponemos, es hora de cruzar los Alpes” dijo Nora haciendo referencia a una gesta heroica de la antigüedad.
“Y llevar la guerra a Roma” agregó Giovana, cerrando la cita.
Nora consultó la página web de Eternitas y se comunicó con relaciones públicas por videollamada. Una amable joven respondió algunas dudas respecto a los servicios ofrecidos por la empresa y finalmente, Nora reservó para pasar dos días en una terapia de relajamiento y desintoxicación emocional.
Cuando Nora le comentó esto a Giovana, la joven programadora insistió en algo muy peculiar: regalarle a Nora un par de piercing.
Nora se había tatuado las flores de lis en sus pantorrillas mucho tiempo atrás y cada cierto tiempo buscaba un artista que retocara los tatuajes, pero fuera de eso, no era afecta a decorar su cuerpo, sin embargo, aceptó las razones de Giovana y al día siguiente ambas fueron a un estudio de tatuajes ubicado en una plaza comercial del centro antiguo de la ciudad, rodeado de negocios dedicados a la venta de chucherías de importación
El aspecto exterior no le inspiró mucha confianza a Nora, las vitrinas estaban cubiertas con pintura negra y decoradas con grafitis. Al pasar la puerta, les recibió un ambiente oscuro y opresivo. Unos focos amarillentos iluminaban anaqueles de madera oscura con manoseados catálogos empastados en tapas de cartón arrugado. Unas sillas viejas y desvencijadas y un mostrador igual de oscuro que los anaqueles y tan maltratado como los catálogos. De unas anticuadas bocinas clavadas en lo alto de las paredes resonaban notas de rock pesado.
El joven flaco y desmelenado que las recibió tocó el botón de un timbre en la pared tras el mostrador y se desentendió de ellas, volviendo a la lectura de un libro bajo la luz de una lámpara tipo flexo.
Nora estaba a punto de pedirle a Giovana que se fueran de ahí, cuando Jules, la dueña del negocio apareció por la puerta disimulada tras una cortina y saludó afectuosamente a Giovana.
La mujer, alta, corpulenta, con el cabello casi rapado, cubierta de tatuajes y vestida con gastadas prendas de tipo militar, captó la angustia de Nora, en lugar de saludarla, le sonrió enigmáticamente y guiñando un ojo le invitó a cruzar la puerta tras la cortina.
Nora se encontró súbitamente en otro universo. Un corredor blanco, impoluto y bien iluminado, con puertas vidrieras a los lados. Jules paso por una de ellas, seguida por las chicas y se encontraron en un cuarto aséptico, inmaculadamente limpio.
“Quita esa cara de espanto, rojita, el show del terror es pura fachada allá afuera y lo necesito porque ese ambiente tenebroso es la mejor publicidad para un negocio como el mío” dijo Jules luego de una sonora carcajada, estrechando la mano de Nora.
Jules, se lavó las manos escrupulosamente, le dio a Giovana y Nora sendos cubrebocas y ella se puso bata, guantes y un cubrebocas quirúrgico. En la mesa metálica donde distribuyó sus instrumentos, Giovana colocó un par de pequeñas cajas de plástico. Con cuidado, Jules sacó dos pequeños aretes y mientras los esterilizaba y preparaba dijo, mirando a Giovana. “Si me dices lo que son, tendrías que matarme ¿verdad?”
“Exacto” respondió la joven.
Jules volvió a reír con una risa franca. Luego confirmó donde quedaría cada arete.
Nora había escogido para la ocasión un vestido con cierre al frente, que abrió completamente. Se bajó las pantimedias y la tanga hasta descubrir su pubis depilado y se recostó en una camilla cubierta con una inmaculada sábana desechable.
Los hábiles dedos de Jules palparon con delicadeza el monte de venus de Nora y ubicaron el lugar preciso para un piercing tipo Christina.
“Me gusta que lo tengas bien depiladito, eso me ahorra mucho trabajo” dijo Jules mientras, con movimientos rápidos y precisos, aplicaba anestesia local, esterilizaba la zona, y perforaba con una pistola punzón para finalmente colocar el arete.
“Listo rojita, acomódate la tanga y las pantimedias, siéntate en la camilla y sácate la mejore teta que tengas”. Mientras Nora obedecía, y vestía su parte inferior, Jules preparaba la mesa metálica para que Nora, sentada en el borde de la camilla acomodara sobre esta su seno derecho libre de la copa del brasier.
“Un pezón maduro, firme y sólido; los prefiero a los botoncitos imberbes que me traen las niñas de hoy” dijo Jules mientras aplicaba el esterilizante y la anestesia.
Con mano experta, Jules perforó con el pezón derecho de Nora y colocó el segundo arete.
“Eso fue todo, te voy a dar un antibiótico tópico, pones dos gotas en cada orificio de cada arete tres veces al día, si hay dolor toma el analgésico que prefieras y sólo si hay verdaderos problemas me vienes a molestar” dijo Jules, mientras Nora acomodaba su teta en la copa del brasier y terminaba de vestirse.
Nora bajó del taxi y mientras el conductor sacaba de la cajuela su maleta rodable, admiró el edificio moderno y minimalista que albergaba a Eternitas. El vestíbulo la recibió con un amplio espacio de paredes acristaladas que, hacia la derecha se prolongaba varios pisos hacia arriba y al lado izquierdo iniciaba un ancho pasillo.
Nora se presentó con la recepcionista, quién tomó sus datos y le pidió esperar un momento. A un lado del vestíbulo había cómodos sillones y Nora fue a sentarse en uno de ellos.
En pocos minutos, una chica vestida con el uniforme de las empleadas de Eternitas, falda corta y chaleco azul claro, blusa blanca con un pañuelo multicolor en el cuello, pantimedias transparentes y zapatos de pequeño tacón; le llamó sonriente:
“¿Nora Rosseau? Es un placer tenerla en Eternitas, mi nombre es Anita ¿cómo prefiere que le llamemos?, ¿señora, señorita o . . . ?”
A Nora le divirtió el silencio al final de la frase “Señora Rosseau está bien, soy soltera, no tengo hijos, pero me gusta cómo suena ‘Señora Rosseau’ “.
La chica tomó nota en una tableta que portaba, tomó el asa de la maleta rodable y le pidió a Nora que le siguiera. “Acompáñeme por favor, señora Rosseau, vamos a conocer su habitación”
Mientras caminaba por el amplio pasillo que brotaba del vestíbulo, y Anita parloteaba de las excelencias de Eternitas, Nora notó que todas las empleadas usaban el mismo uniforme, con el cabello peinado en un moño en la nuca. De igual manera, observó que eran chicas jóvenes y guapas, mientras que la mayoría de las clientas con quienes se cruzó, se trataban de mujeres de edad, o con problemas notorios en su imagen.
“Gordas, feas, esqueléticas, viejas. Creo que las únicas normales aquí somos las chicas trabajadoras y nosotras” susurró la voz telepática de las piernas de Nora.
“No seas grosera, ¿Qué esperabas encontrar en una clínica de embellecimiento?” respondió Nora por el mismo canal.
Llegaron hasta un cubo de elevadores y la chica de Eternitas pulsó el botón de llamada, explicando que había un ala dedicada a las habitaciones para las huéspedes interesadas en las terapias de desintoxicación emocional.
Mientras esperaban, los agudos sentidos de las piernas de Nora captaron algo: “Dos XY a las 4” dijeron por su canal telepático.
Nora agitó la cabellera en un gesto coqueto y volteó levemente en la dirección indicada por sus piernas, para distinguir a los dos hombres que se acercaban, con evidente intención de tomar el ascensor.
Un tipo de porte altivo y arrogante, con cabello negro y reluciente de cosmético; alto y musculoso, vestido con un ostentoso traje a la medida y corbata de fina seda liada en un llamativo nudo; acompañaba una silla eléctrica, en la cual viajaba un hombre viejo y consumido.
Era calvo, con el cráneo lleno de manchas y verrugas. Su rostro era una máscara de arrugas, sus ojos dos rendijas sin brillo, su boca una línea torcida y amarga.
Consumido, y enclenque, era casi un esqueleto cubierto de piel grisácea y flácida. Vestía un traje aún más fino y ostentoso que su acompañante y en la mano de dedos largos y ganchudos que usaba para el mando de la silla lucía un llamativo reloj de oro y diamantes.
Nora observó que en cuanto Anita los vio, se paró rígidamente con la vista al frente y suspendió abruptamente su charla.
El anciano estacionó la silla a un lado y atrás de Nora y de manera descarada barrió con la mirada sus piernas y nalgas. El otro tipo, desde lo alto de su arrogancia, también revisó a conciencia cada centímetro de sus pantimedias y su trasero.
“No voltees, no hagas contacto visual” recomendaron las piernas de Nora, “parece que estos tipos nunca han visto por detrás a una mujer, el endomingado está al borde del orgasmo mental y el viejuco está babeando”
La puerta del elevador se abrió. Estaba vacío. Nora y la empleada de Eternitas entraron, en tanto los dos hombres permanecieron inmóviles. Anita acudió a la botonera del aparato, dudando entre seleccionar un piso o preguntarles algo, pero Nora se anticipó.
Con una mano bloqueó la puerta del elevador y usó su voz más dulce y la más tierna de sus sonrisas para encarar al par de hombres. “¿Van a subir?” preguntó.
El anciano proseguía su descarado examen visual del cuerpo de Nora y el otro respondió con gesto de fastidio. “Esperamos, vamos abajo”.
Cuando por fin se cerró la puerta y el ascensor se movió, la chica de Eternitas dejó escapar un leve suspiro.
“Anita, ¿Quiénes son ellos?” preguntó Nora con aire de simple curiosidad.
“El señor de la silla de ruedas es Higino Gonx, el dueño y el otro es Carles Rico, su asesor. Por política de la empresa no debemos hablarles a menos que ellos nos dirijan la palabra” susurró la chica.
“Vaya tipos, ellos si pueden desnudarnos con los ojos, pero no aceptan que se les hable” comentaron las piernas de Nora, por su canal telepático.
“Ellos se lo pierden, dicen los que saben, que hablar con una mujer bonita arregla el día más feo” dijo Nora, apretando afectuosamente el brazo de Anita, que se sintió reconfortada por el sutil halago.
La habitación de Nora estaba a la mitad del pasillo, era amplia y confortable, con una enorme ventana hacia los jardines.
La chica había recuperado su locuacidad y le mostró a Nora como usar la pantalla para consultar una hoja personalizada con sus horarios y actividades. Le mostró después que en el armario había prendas de varias tallas, así como un surtido de manoletinas, todo ello para usarlas durante su estancia en Eternitas.
“Falta poco más de una hora para su primera actividad, señora Rosseau, puede descansar aquí o empezar a conocer el centro, en las paredes hay tableros guía para que pueda llegar a cualquier lugar y desde luego, cualquiera de nosotras le ayudaremos con gusto” dijo Anita antes de despedirse.
Las prendas que Eternitas proporcionaban a sus clientas eran de dos tipos, un conjunto de blusa y pantalón holgados, o un vestido tipo caftán, largo hasta las rodillas y ceñido por una faja. Todas las prendas eran del mismo material, una tela suave y fresca, de un sutil color arena.
Nora se desprendió de su vestido y las pantimedias, quedando solo en brasier y tanga, seleccionó un caftán de su talla y calzó con un par de cómodas manoletinas. Cómo el caftán no tenía bolsas, se las ingenió para acomodar el celular en el frente de la tanga.
Las instalaciones de Eternitas estaban diseñadas para brindar una sensación de paz y serenidad. Las luces tenues y la música suave creaban un ambiente relajante.
El primer día de terapias de relajamiento llevó a Nora a través de diversas actividades. Sesiones de meditación, masajes terapéuticos y baños de aromaterapia se sucedieron en una secuencia planificada.
Sin embargo, no era la desintoxicación emocional lo que había llevado a Nora a Eternitas. Durante todo el día tanto su parte superior como sus piernas, aprovechando sus poderosos sentidos, estuvieron atentas a detectar cualquier indicio de irregularidades, pero sin nada que les alertara.
Por la noche, luego de cenar en el comedor para las huéspedes, Nora volvió a su habitación, en espera de que fuera el momento propicio para que sus piernas entraran en acción. Cuando su reloj indicó la una de la madrugada, Nora dijo: “Es hora” y al momento sintió como sus piernas desaparecían.
Fuera del cuarto, en el pasillo iluminado sólo con pequeñas luces a nivel del piso, surgieron las piernas de Nora, desnudas a no ser por una tanga color natural y las manoletinas en los pies.
“En algún lugar debe haber un quirófano muy especializado, donde hagan las operaciones para remover el cerebro de las ancianas e injertar en la cabeza de las jóvenes algún dispositivo que permita el control desde los contenedores, también deben tener los aparatos para el trasplante ocular y el cambio de huellas dactilares” habían reflexionado Nora desde que planearon el ingreso a Eternitas.
“Su misión, si decida aceptarla, es encontrar ese quirófano y esos aparatos” habían concluido las piernas de Nora, en tono jocoso y retomando una frase de la televisión y el cine.
Las piernas de Nora se deslizaron con gracia y sigilo por los pasillos desiertos, gracias a sus sentidos mejorados, percibían el entorno con una claridad sorprendente. Observaban, escuchaban y se movían con la precisión de un depredador acechando en la oscuridad.
“Voy al elevador, donde el viejuco y el petimetre dijeron que iban para abajo” dijeron las piernas de Nora por su canal telepático a su parte superior, que reposaba en la cama de su habitación.
Las piernas de Nora llegaron al vestíbulo del elevador que habían tomado con Anita, donde conocieran a Gonx y Rico. Por mera curiosidad, entraron al ascensor en ese momento en modo de espera y descubrieron que el botón para descender al sótano estaba protegido por una llave electrónica.
“Buena señal, el sótano es la caja de los secretos”, comentaron las piernas de Nora por su canal telepático. Un breve salto de teletransportación, y se encontraron en el vestíbulo inferior.
Era un recinto con las paredes recubiertas con finos perfiles verticales de metal, entre los cuales se disimulaba un sistema de luces led. Frente al elevador, había una sólida puerta de seguridad que no representó problemas para la capacidad de teletransportación de las piernas de Nora, que sin embargo, al pasar del otro lado, estuvieron a punto de rodar por una escalinata que descendía poco más de un metro, hasta un espacio sorprendentemente lujoso.
Era mucho más vasto que cualquier espacio que las piernas de Nora hubieran visto en Eternitas. Piso de moqueta reluciente, paredes con recubrimientos de diferentes texturas y materiales. El techo era alto y desde él descendían grandes lámparas que, encendidas, deberían inundar de claridad el lugar.
Pero, siendo altas horas de la noche, solo había unas lamparillas a los lados. Las piernas de Nora no necesitaban luz para explorar el lugar que resultaba ser un completo centro de entretenimiento con un gimnasio equipado con tecnología de última generación, salas de estar con grandes pantallas, un comedor elegante y amenidades que sugerían una comodidad que iba más allá de lo necesario para una clínica de rejuvenecimiento.
Merodeando por el vasto recinto, las piernas de Nora descubrieron un pasillo espacioso, decorado de manera similar y con puertas repartidas a los costados. Con pasos ágiles y silenciosos, que no dejaban de ser sensuales, se acercaron a la primera puerta y con un salto de teletransportación pasaron del otro lado.
Resultó ser una amplia habitación, comparable con la mejor que pudiera ofrecer un hotel de lujo, incluyendo una sala de estar y una cocineta bien equipada. Solo estaba encendida una pequeña lámpara que iluminaba una sinuosa silueta femenina en la cama, que de improviso se revolvió y aventó hacia un lado el edredón.
Las piernas de Nora se refugiaron en la sombra. Una joven, vestida apenas con un diminuto camisón, se puso de pie, se dirigió a una pequeña cocineta, donde tomó un vaso de agua con movimientos torpes de sueño interrumpido. La luz apenas la iluminaba, pero las piernas de Nora, con su poderosa vista, barrieron a la joven.
“Tiene cara de adormilada, ni gota de maquillaje y el pelo todo revuelto, pero estoy segura que es una de las chicas informaron las piernas de Nora por su canal telepático a su parte superior.
Las piernas de Nora, con sigilo, continuaron explorando las habitaciones, encontrando más jóvenes con aspecto extranjero. La mayoría dormían, pero algunas estaban despiertas, viendo películas o jugando videojuegos en las pantallas de sus respectivas habitaciones.
"Son las chicas que embaucaron Carles y Xavier, ¿Puede ser suficiente para que alguna autoridad intervenga?", preguntaron las piernas de Nora en la conversación telepática.
Nora, reflexiva, respondió con cautela, "No lo creo. Esas chicas entraron legalmente al país y no hay pruebas de que estén en Eternitas en contra de su voluntad. Necesitamos encontrar algo que compruebe la realización de cirugías extremas”.
“¿Hablas del quirófano, verdad?, pero ¿qué vamos a hacer?, hoy es nuestro último día aquí”. La voz telepática de las piernas de Nora sonaba molesta y frustrada, además sus poderosos sentidos captaron que la animación regresaba a las instalaciones de Eternitas, puesto que el personal encargado del aseo iniciaba sus labores muy temprano, por lo que volvieron a su lugar bajo el cuerpo de la pelirroja.
En cuanto lo tuvo de vuelta, Nora palmeó y acarició suavemente su pubis, reconociendo el esfuerzo de sus piernas y reconfortándolas para darles ánimo. “No hemos terminado, cuando salgamos de aquí vamos a buscar un lugar cercano donde alojarnos, para que puedas regresar de noche y seguir buscando, estoy segura que ese quirófano está más cerca de lo que pensamos. Ya encontraste a las chicas, ahora vamos a evitar que las conviertan en cuerpos sustitutos”.
Unas horas antes, mientras Nora disfrutaba de las actividades de Eternitas, algo importante sucedía en el despacho de Higino Gonx.
Era una oficina en el área administrativa que representaba un serio contraste con la imagen general de Eternitas, pues en lugar del estilo moderno y minimalista, el amueblado y decorado eran un derroche de lujo y ostentación con muebles enormes y abigarrados.
Carles Rico y Xavier Duran aguardaron, de pie, rígidos y con sonrisas forzadas, a que Gonx estacionara su silla de ruedas detrás de un descomunal escritorio de madera oscura, y se levantara trabajosamente, durante unos minutos, sus ojos secos y crueles miraron una docena de fotografías que sus asesores habían extendido sobre la mesa, En todas aparecía un hombre joven, de rostro agraciado y piel apiñonada, cabello rubio rizado y ojos claros; luciendo sus músculos en diferentes poses y diminutos atuendos.
Gonx miró las imágenes y con un gesto de inconformidad las barrió del escritorio. “Ya no quiero al tipo este, ahora quiero a la pelirroja, esa pelirroja grandota que vimos en el elevador, quiero ese cuerpo” la voz de Gonx era un carraspeo amargo.
Carles y Xavier intercambiaron una mirada de susto y desconcierto. Tímidamente, Carles dijo, tratando de reacomodar las fotos: “Este chico es perfecto, ya está todo listo para que viaje la próxima semana”
La mano garruda de Higino lanzó las fotos al suelo. “¿Eres estúpido o estás sordo?, dije que quiero usar el cuerpo de la pelirroja piernuda y nalgona, en este momento van y lo consiguen, quiero estar en ese cuerpo y gozar todo lo que trae encima”
Carles se achicó ante los gritos del anciano y prefirió bajar la vista. El anciano levantó una mano en un gesto dominante, tragó saliva y respiró tan profundamente como pudo antes de seguir “Ya no quiero vivir en el cuerpo de un escuincle fornido, ahora quiero probar usar el cuerpo de una mujer y disfrutar de ser esa sabrosa pelirroja”
Xavier dijo melosamente, “Eso puede ser un problema señor, no podemos trasplantar los ojos y las huellas dactilares de una persona destacada como usted al cuerpo de una mujer”
El rostro del anciano se deformó en un rictus de rabia “Par de inútiles, les pago para que resuelvan problemas, no para que los provoquen, ¿no pueden comprar un notario para hacer un testamento donde le deje todo a la piernuda?, ¿no pueden pagar abogados para formalizar que la nalgona tenga todos los poderes sobre mis propiedades y fortuna?”
Higino Gonx se dejó caer en su silla jadeando y con el rostro descompuesto. Serviles, los dos hombres corrieron a arrodillarse a los lados de su jefe, Xavier le puso una mascarilla de oxígeno y Carles, haciendo la voz más melosa posible, le prometió que resolverían todo y que en menos de 24 horas estaría en posesión del cuerpo de la pelirroja y toda su fortuna y poderes estarían disponibles para su nuevo cuerpo.
En la pantalla de televisión, conectada a la agenda particular de Nora en Eternitas, zumbó el aviso de despertarse. Nora aventó el edredón y la sábana, y se puso en pie para empezar las actividades del día.
A media mañana Nora estaba por iniciar una clase de yoga, cuando Anita la interceptó. “¿Señora Rosseau?, buenos días, traigo un mensaje de nuestra directora, la señorita Carmina Soco, quién le invita a su oficina”
Nora se extrañó, pero no puso reparos y siguió a la chica hasta el edificio administrativo.
En la oficina de la directora, elegante en un estilo minimalista, la recibió una joven mujer que parecía salida de una revista de moda. Alta y delgada, cintura estrecha, piernas largas y tetas puntiagudas.
Su piel era de un blanco nacarado, sin una sola mancha o arruga, su cabello era negro como el azabache, largo y liso. Sus rasgos eran delicados y armoniosos, pestañas rizadas con cejas finas y arqueadas.
Sin embargo, a pesar de su sonrisa, sus ojos marrones tenían una mirada fría y despiadada, y cuando se relajaban de la sonrisa profesional que procuraba mantener, sus labios se apretaban, en un gesto duro y severo.
Usaba el mismo uniforme de las chicas de Eternitas, pero sin pantimedias, con la falda mucho más corta y el chaleco más ceñido para resaltar sus senos.
Sus tacones eran más altos que de las otras chicas, con lo cual superaba la estatura de Nora, a quien las manoletinas planas no le prestaban gran ayuda.
"Doctora Nora Rosseau, siempre es grato recibir a alguien tan distinguido en nuestras instalaciones", dijo Carmina, recibiendo con un beso cordial a Nora y llevándola a sentarse en una cómoda sala lateral.
"Gracias, Carmina, he pasado momentos encantadores en Eternitas, le felicito por tener una organización tan esmerada”
Carmina cruzó sus largas piernas de manera espectacular. "Pecando de curiosa he revisado sus perfiles en redes sociales, doctora Rosseau. Sus seguidores son un tesoro que podría beneficiar enormemente a Eternitas. Estoy segura de que disfrutó de nuestras terapias de relajamiento. ¿Qué le parecería quedarse un par de días más, disfrutando de todos nuestros servicios, a cambio de una pequeña promoción en sus redes sociales? Su presencia aquí podría influenciar a muchos de sus seguidores a considerar los beneficios de Eternitas".
Con una fina y arreglada mano, Carmina señaló un ventanal interno, que daba hacia el amplio espacio sobre el vestíbulo, tres pisos abajo, como abarcando todas las instalaciones y servicios.
Nora arqueó una ceja, confusa. “No creo tener tanto público, los temas que trato son de divulgación científica, en ocasiones estudiantes que me consultan y personas que piden ayuda en proyectos”.
Carmina se inclinó hacia Nora y le puso una mano en la rodilla. “Querida Nora, los seguidores suelen tener las aficiones e intereses de lo más variado, lo que pido es que una o dos veces mencione sus buenas experiencias en Eternitas. Una opinión favorable de una persona de prestigio es mejor que cualquier publicidad".
Nora se dio cuenta de que la propuesta de Carmina tenía para ella un valor considerable, en tanto que le daba más tiempo para que sus piernas pudiesen merodear por el edificio, de manera que aceptó demostrando genuino entusiasmo.
Carmina recibió la noticia con el mismo júbilo “Quiero que las próximas horas sean inolvidables querida, me he tomado el atrevimiento de pedir a mi personal que trasladen su equipaje a la suite Emperatriz, de aquí en adelante la doctora Rosseau es la huésped más valiosa de Eternitas”
Ambas se pusieron de pie y sellaron el trato con un abrazo.
Al salir de la oficina de Carmina Soco, Nora se topó con la diligente Anita. “Que bueno que se queda un poco más con nosotros, señora Rosseau, ¿quiere conocer la suite Emperatriz?”
Nora aceptó de buena gana y junto con Anita regresó a la zona de habitaciones de Eternitas. La suite Emperatriz se ubicaba en el tercer piso, en un sitio inmediato a los elevadores. Cuando llegaron, unas chicas con el uniforme de Eternitas estaban acomodando las cosas que Nora había dejado en su anterior habitación.
Mientras Anita pregonaba las excelsitudes de la suite, Nora notó que el dormitorio era una habitación pequeña, con una puerta corrediza activada por sensores; pero se compensaba con una amplia sala.
Antes de integrarse a la siguiente actividad en su agenda, Nora se metió al baño de la suite. Sacó su celular de la tanga y le escribió por mensajería a Giovana. Luego regresó el dispositivo a su cálido escondite y dejándose guiar por Anita, retomó la rutina de Eternitas.
A media tarde, durante una sesión de reiki, Nora sintió el vibrador de su celular. Como pudo se excusó y fue al tocador para revisar la respuesta de Giovana.
Eran tres mensajes de texto, el primero decía: “Carmina Soco tiene un doctorado en biotecnología, nació en 1946, se retiró de las investigaciones en laboratorios corporativos por achaques de vejez, hace tres años reaparece como fundadora y directora de tecnología de Eternitas, demostrando en carne propia el potencial de sus propios procedimientos de rejuvenecimiento”. Anexa al mensaje, venía una fotografía de un evento corporativo. Entre la gente, Giovana había señalado a una bellísima mujer de largas piernas con una breve minifalda y altos tacones.
El segundo mensaje: “Madina Akhmyedov, una modelo de Instagram nacida en 2001, en Uzbekistán. Su cuenta está abandonada desde hace tres años” En la foto anexa sonreía el rostro que Nora había admirado unas horas antes en la oficina de Carmina Soco. El color del cabello era diferente y los ojos de Madina era azules mientras los de Carmina eran marrones; pero indudablemente era la misma persona.
El tercer mensaje: “Ya no tengo dudas, desde un contenedor amarillo el cerebro de Carmina está controlando el cuerpo de Madina, esto es peor que una mala película de terror. Esos días de cortesía que te regalaron son una trampa, sal de ahí Nora, huye por favor”
Nora le devolvió un mensaje agradeciendo el interés por su seguridad y asegurándole que era indispensable llegar al fondo del asunto.
El resto del día trascurrió con normalidad. Nora se retiró temprano a su habitación puesto que quería dormir un poco mientras esperaba que fuera una hora propicia para que sus piernas retomaran su merodeo por el edificio.
Cuando la alarma del celular le avisó que ya era el momento adecuado, las piernas de Nora se teletransportaron fuera de la habitación. Como en la noche anterior, solo iban vestidas con tanga y calzando las manoletinas.
Las piernas de Nora se dirigieron al vestíbulo del elevador en el sótano. La noche anterior, se habían ido directamente a la puerta de seguridad que conducía a las dependencias de las chicas, pero ahora, enfocaron su poderoso sentido de percepción del entorno al acabado del muro en el lado derecho.
“Aquí hay una puerta escondida, debe tener algún tipo de cerradura electrónica de seguridad” le comunicaron a Nora cuando detectaron las sutiles diferencias en el acabado metálico.
“¿Se puede abrir desde dónde estás?” preguntó la parte superior de Nora, desde la habitación.
“No lo sé y no me importa” dijeron las piernas, teletransportándose al otro lado de la puerta disimulada, donde se hallaron en un pasillo con un acabado diferente del resto de Etérnitas. Paredes y techo estaban recubiertos de simple mortero pintado de blanco. El piso era de cemento pulido y estaba totalmente oscuro. Las piernas de Nora no precisaban iluminación, de manera que avanzaron decididas por el pasillo tenebroso.
La primera puerta correspondía a un cuarto con mesas adosadas a las paredes y sobre ellas tableros y pantallas con teclados. Al fondo, había racks con componentes computacionales y electrónicos.
“Esto tiene todo el aspecto de un cuarto de control, hay mandos de videocámaras y tableros de control” informaron las piernas de Nora, luego de curiosear un poco.
Las piernas de Nora regresaron al pasillo y buscaron la siguiente puerta. El cuarto que encontraron era un amplio recinto, cubierto en piso, paredes y techo con loseta blanca, hasta darle un aspecto aséptico.
En el centro había mesas de trabajo con el instrumental requerido para ensamblar circuitos integrados. En las paredes, había vitrinas escrupulosamente ordenadas con herramientas, y componentes; y al fondo en un estante metálico, ocho contenedores amarillos.
Sobre una de las mesas había un contenedor abierto, mostrando los espacios donde se estaban acomodando sus componentes. Las piernas de Nora no pudieron evitar un estremecimiento ante un hueco siniestro, con la forma y el tamaño para contener un cráneo mutilado como el que vieran en la foto del periódico de Pitcairn.
“Están preparando uno, eso quiere decir que una de las chicas está a punto de perder su cuerpo” dijeron las piernas de Nora, sin poder reprimir un tono de angustia.
Las piernas de Nora volvieron al pasillo y encontraron otra puerta más retirada, hasta el fondo del corredor. Todas las puertas que había encontrado, tenían puertas de seguridad, pero esta, además, mostraba cierres herméticos.
Cuando las piernas de Nora se teletransportaron al otro lado, se encontraron con un espectáculo sobrecogedor. En el centro de un espacioso cuarto, había una gran tina redonda, de plástico amarillo montada sobre patas de metal y con tubos de desagüe en el fondo.
Alineados contra la pared, bidones de plástico acomodados por colores. La mente de las piernas de Nora era básicamente una copia de la mente de Nora, por lo que tenía sus conocimientos técnicos y por lo tanto pudieron reconocer sin problemas los químicos rotulados en las etiquetas.
“Estamos depiladas como un huevo duro, si tuviera vello lo tendría erizado” gimieron las piernas de Nora “Con esto se puede hacer un cóctel de ácidos y en esa tina cabe un cuerpo humano que licuan y luego vacían al drenaje”
“Así se deshacen de los cuerpos de las ancianas” respondió la parte superior de Nora, desde la suite Emperatriz. “Ahí terminaron Georgina Ferguson, Carmina Soco y quien sabe cuántas más”
Las piernas de Nora oyeron pasos en el corredor. Su poderoso sentido del oído, detectó que puertas que se abrían y cerraban. Su primer impulso fue regresar a la suite Emperatriz, pero decidieron proseguir con su investigación. Esperaron varios minutos, hasta asegurarse que el pasillo estaba vacío antes de usar su capacidad de teletransportación para salir del cuarto donde estaban y caminar sigilosamente hasta la primera puerta, donde captaron dos voces provenientes del interior
“Se está liberando, son 5 minutos para saturar el cuarto y otros 5 minutos para purgarlo” dijo un hombre.
“Viejo loco y terco, Qué le costaba seguir con lo que había pedido, en dos días tendríamos aquí un adonis con el cuerpo ideal para que lo usara, le cambiábamos ojos y huellas dactilares, y en un par de días estaría listo; pero al viejo maniático se le ocurren sus caprichos y hay que joderse para cumplirlos” rezongó otro, cuya voz identificaron las piernas de Nora como la del tipo que acompañaba al viejo en la silla de ruedas, cuando coincidieron en el elevador.
“No te preocupes, esto se lo vamos a cobrar, puedes estar seguro, cuando deje de ser un carcamán decrepito va a estar tan contento, que va a pagar lo que sea, no te olvides lo que pasó con la Soco”
“Es una vieja bruja en el cuerpo de una modelo usbeka, cuando la modelo manda es adorable, pero cuando brota la bruja se vuelve insoportable”
“Lo mismo le va a pasar al viejo, solo hay que esperar a negociar con él cuando esté contento en el cuerpo de la piernuda pelirroja”
Las piernas de Nora se sobresaltaron al oír esto último, al segundo siguiente, estaban bajo el cuerpo de Nora, acostada en el dormitorio de la Suite Emperatriz.
Al conectarse con su parte superior, las piernas de Nora captaron problemas en seguida. Nora no solo no las recibió como de costumbre, sino que estaba totalmente laxa.
Las piernas de Nora saltaron sobre la cama, angustiadas, auscultaron a la parte superior de su cuerpo y con una mezcla de alivio y susto, descubrieron que su parte superior tenía pulso correcto y fuerte y solo parecía estar profundamente dormida.
Luego de comprobar que su parte superior estaba en buenas condiciones, las piernas de Nora analizaron la situación. Su poderoso oído captó un suave susurro proveniente de unas finas ranuras situadas todo alrededor del dormitorio.
El susurro cesó de pronto, e inmediatamente se reanudó con una forma diferente, con sonido de suave succión.
“En 5 minutos se satura el cuarto y en otros 5 minutos se purga” recordaron las piernas de Nora, lo que dijo el tipo en el cuarto del sótano.
Las piernas de Nora estaban asustadas y preocupadas. Aunque inicialmente su mente era una copia de la mente de Nora, al cabo habían creado su propia personalidad, y ahora lamentaba no tener la fría analítica de Nora, que siempre era la estratega.
“¿Qué diablos haría Nora?”, se obligó a pensar, y llego a la conclusión de que Nora diría que ya habían llegado demasiado lejos para detenerse, y que era indispensable encontrar el quirófano donde aplicaban la espeluznante tecnología, y evitar que causara más daño.
“De cualquier manera, siempre puedo protegerte” dijeron las piernas de Nora a su inanimada parte superior, al momento de fusionarse.
Un rato después Carles y Xavier entraron a la suite Emperatriz usando sus accesos privilegiados y llevando una plataforma con ruedas, sobre la cual transportaban una pila de cajas de cartón. Vestían como de costumbre, con caros y llamativos trajes.
“Empiezo a estar harto de ese viejo loco y sus exigencias, no habíamos hecho esto a la luz del día” comentó Xavier.
“No seas llorón, por los caprichos atender al viejo estás forrado de dinero. Además, ¿de qué te preocupas?, son las seis de la mañana apenas están empezando las actividades del mujererio y las muchachitas de aquí tienen prohibido siquiera vernos”
La puerta automática del dormitorio les franqueó el paso. Xavier se sentó en la cama y con un estetoscopio auscultó el pecho de Nora, luego sacó de un bolsillo un medidor digital de presión.
“Es más robusta y sólida que otras muchachitas, sus signos vitales son perfectos” comentó.
Mientras tanto Carles se había dedicado a sacarle la tanga a Nora. Con desenfado, levantó una de sus piernas y la torció para mostrarle a Xavier el tatuaje de la pantorrilla. “Ayer vi esto y se lo mencioné a Higino, pero no le importó, ¿Qué tal si esta es la mujer de las ‘piernas de la flor de lis’ de la que se habla en internet?”
“Es un tonto mito de las redes, ¿sabes cuantas nenas conozco con tatuajes en los chamorros?” respondió Xavier mientras forcejaba con los broches del brasier de Nora.
Nora quedó desnuda sobre la cama. Los dos tipos recorrieron con la mirada el espectacular cuerpo exquisitamente depilado.
Xavier se agachó y amasó las tetas de Nora. “Riquísimas, y totalmente naturales, el viejo va a estar feliz”
Carles deslizó una mano sobre el pubis, se mojó con saliva dos dedos y los metió en la vagina. “Apretadísima, se nota que es una experta y sabe cómo mantenerla en buen estado, estoy pensando en darle una buena despedida” el tipo sacó los dedos y se los chupó con deleite mientras con la otra mano se acariciaba los genitales sobre el pantalón.
Xavier dijo “Que asco, como puedes pensar follar con el cuerpo que en unas horas más va a ser de tu jefe. Vamos a acabar con esto de una vez”
“Espera un momento, cuando el viejo use este cuerpo y me regañe, voy a consolarme pensando en que le he metido los dedos”
Ahora fueron tres dedos de Carles los que se metieron en la vulva de Nora, frotando con lascivia los delicados tejidos interiores, mientras el tipo gemía y bufaba.
“Ya basta, eres repugnante” dijo Xavier en tono de broma.
Riendo socarronamente, Carles dio una última sobada a la vulva de Nora, llegando a manosear hasta el perineo y el canal entre las nalgas, mientras Xavier emparejaba la plataforma con la cama.
Las supuestas e inofensivas cajas de cartón, en realidad disimulaban una gaveta de plástico con el tamaño suficiente para contener un cuerpo humano, sentado, con la cabeza gacha y con las piernas recogidas. Carles y Xavier tomaron a Nora de corvas y axilas y la acomodaron en la gaveta, luego cerraron la tapa.
Antes de salir de la suite, ambos se cercioraron de estar impecables y salieron al pasillo, sabiendo que su soberbia y altanería eran un efectivo escudo contra la posible curiosidad de alguna de las chicas de Eternitas.
En la gaveta de plástico, las piernas de Nora hervían de rabia por el abuso de Carles y Xavier. Tuvo que hacer un esfuerzo para controlarse y ubicar por donde llevaban la plataforma.
Por los movimientos y giros de la plataforma supo que llegaron al cubo del elevador, que bajaban al sótano y que luego giraban hacia la izquierda.
“Claro, al centro la puerta de seguridad donde están las chicas, a la derecha la puerta que descubrí hace rato y a la izquierda hay otra puerta secreta” reflexionaron las piernas de Nora
La puerta disimulada del lado izquierdo daba el paso a un amplio salón, con piso, paredes y techo recubiertos de loseta esmaltada, brillantemente iluminado.
En el centro, había un cuarto de paredes de cristal con estructura de metal reluciente, dentro del cual había una mesa de cirugía.
Higino Gonx casi aventó su silla eléctrica contra la plataforma con las supuestas cajas de cartón. “¿La trajeron inútiles? ¿Está desnuda? ¿Cómo se ve?”
“Claro que sí jefe. Es magnífica. Está buenísima. Completamente depilada. Y toda para usted” respondieron melosamente los dos.
“Ya sáquenla, quiero verla” urgió el viejo.
Xavier se acercó al cuarto de cristal y pulsó unos botones. Con suaves siseos, la pared se replegó en dos hojas hacia los lados y la mesa se desplazó sobre unos finos rieles hasta quedar fuera del cuarto, justo frente a ellos.
Los dos tipos batallaron porque el viejo se empeñaba verlo todo, estorbando con su silla eléctrica, sin que ninguno se atreviera a pedirle que se retirara. Por fin, el cuerpo de Nora quedó tendido sobre la cama.
El viejo se paró resoplando de su silla, se inclinó sobre la mesa y manoseó a Nora, palpando con sus manos huesudas desde las tetas hasta los muslos, farfullando palabras obscenas. Con los ojos desorbitados, y la lengua reseca chasqueando, separó los muslos de la pelirroja y sus dedos hurgaron con avidez en la vagina de la mujer.
Xavier y Carles se retiraron a un rincón, donde se quitaron los sacos y corbatas, colgándolos de sendas perchas. De igual manera se despojaron de relojes, esclavas y anillos, que guardaron en unos cajones junto con todo lo que llevaban en los bolsillos, y cuidadosamente se doblaron las mangas de las camisas.
Volvieron a la mesa, donde Higino seguía manoseando el cuerpo de Nora, con la cara contrecha en un rictus de lujuria.
“El procedimiento establece que primero se saca el cerebro del nuevo dueño del cuerpo y luego se prepara el cuerpo que va a servir como marioneta” graznó el viejo, “pero no me hubiera perdido esto por nada del mundo”
“Vamos a prepararla, ¿nos puede dar espacio, por favor?” se atrevió a decir Xavier.
Higino boqueó, posiblemente para rezongar, pero al final fue a sentarse en su silla y la movió hasta un lado.
La mesa de cirugía tenía cajones. De uno de ellos, Xavier sacó una cinta velcro, con ayuda de Carles recogió la cabellera roja hacia la parte superior de la cabeza, lo restiraron todo lo posible y aseguraron con la cinta. Luego Xavier acomodó sobre el rostro de Nora una mascarilla y la conectó a un tanque en otro cajón. Luego sacó una almohada rígida que puso bajo la nuca de la mujer, inmovilizando su cabeza.
Mientras tanto, Carles le puso electrodos en el pecho y los enlazó a terminales en la base de la mesa, pulsó unos botones y se encendieron monitores colocados sobre la pared del fondo de la caja de cristal.
Carles oprimió un botón y la mesa se desplazó hacia el interior de la caja, luego las puertas se cerraron. Otro botón y el interior de la caja se iluminó con una luz azul. “Esterilizando el microambiente” dijo Carles.
Precedidos por Higino en su silla eléctrica, Carles y Xavier fueron a uno de los lados largos de la caja de cristal en donde había una estación de control, con monitores, teclados, tableros de control e indicadores. Con fría precisión fueron activando los mandos, siguiendo una estricta secuencia.
“Extrayendo actuadores” dijo uno de ellos. Dos amplias esclusas en el techo se abrieron silenciosamente y de ellos surgieron brazos robóticos llevando en el extremo actuadores dotados de apéndices con perturbadores aparatos, instrumentos y herramientas.
En una de las pantallas apareció el rostro de Nora, profundamente dormida bajo la máscara de anestesia. Usando una palanca de mando, Carles empezó a alinear la cara de la pelirroja, con marcas en la pantalla. Xavier estaba atento a la maniobra de su colega, y ambos se sobresaltaron con los ásperos chillidos de Higino Gonx.
“¡Las piernas, donde están las piernas!”
Muy temprano por la mañana, la chica del bonito vestido floreado entró con paso decidido al vestíbulo de Eternitas y se plantó frente a la recepcionista.
“Hola, soy Cecilia Lucero, vengo a mi primer día como practicante” dijo la chica, sonriendo. Era de estatura media, delgada y espigada. Cutis blanco y terso. Apenas con suave toque de labial y finas líneas de delineador para resaltar sus ojos marrones tras unas gafas de montura. Llevaba el cabello castaño recogido en una coleta.
La recepcionista buscó en su terminal y efectivamente, en la pantalla apareció el rostro fresco y agradable de Cecilia.
“Si, aquí estás, vas a practicar con Patricia Mcbride, pero ella llega dentro de dos horas, la puedes esperar en la sala de sillones o volver más tarde”
Cecilia asumió su sonrisa más cautivadora y convincente. “Patricia me dijo que hoy llegaría temprano, por eso vine a esta hora”.
La recepcionista dudó un momento, pero consultó nuevamente su terminal. Aunque no lo recordaba, ya estaba registrada la entrada de Patricia Mcbride veinte minutos atrás. “Adelante Cecilia, por el elevador administrativo al segundo piso y a la derecha al fondo del pasillo.
La joven de la coleta se encaminó hacia donde la recepcionista le indicara. Desde que entrara al edificio sabía que el nombre y la foto de Cecilia Lucero estaban en el sistema, y que la llegada de Patricia Mcbride ya estaba registrada, porque ella misma se había encargado de hackear el sistema de Eternitas para facilitar su entrada.
Llegó al ascensor y subió al piso indicado, pero en lugar de dirigirse al área señalada, buscó una puerta rotulada como “vestuario”.
De una bolsa del vestido sacó una tarjeta de policarbonato para hacer saltar la cerradura. Siendo temprano, había pocas chicas, de manera que pudo escabullirse sin problemas hasta unos anaqueles de donde extrajo un uniforme completo, que llevó hasta uno de los vestidores vacíos.
De un tirón, se sacó el vestido floreado, revelando que debajo usaba un top y un pantaloncillo de licra, con bolsillos a los lados y al frente, en donde cargaba dispositivos y herramientas.
Bajo el pantaloncillo llevaba pantimedias naturales de manera qué, al ponerse la falda tableada, blusa blanca y chaleco, junto con los zapatos de tacón bajo y la pañoleta en el cuello; y luego de hacer con su cabello un nudo sobre la nuca, Giovana Alberoni quedo caracterizada como empleada de Eternitas.
Antes de ponerse la falda, había sacado algunos dispositivos de los bolsillos del pantalón de licra. Primero colocó un pequeño audífono en su oreja derecha, asegurándose que quedaba oculto con el cabello. Luego pegó con esparadrapo un laringófono sobre su garganta y lo escondió bajo el pañuelo del uniforme.
Lo siguiente fue pegar un esparadrapo del mismo color que su piel sobre la cara interna del antebrazo izquierdo, que ocultaban una serie de botones. Finalmente, se colgó del cuello un gafete impecablemente falsificado, escondió el vestido bajo el banco del vestidor y salió caminando garbosamente.
Un toque en el borde de las gafas, hizo aparecer frente al ojo izquierdo de Giovana un mapa de Eternitas con un indicador señalando la posición del sensor instalado en el piercing en el pezón derecho de Nora.
Giovana que había metido su celular en el forro del chaleco, antes de llegar a la recepción, lo sacó para pulsar una clave que activo una llamada por el sistema interno, que distrajo a la recepcionista los segundos necesarios para cruzar subrepticiamente hacia el edificio de huéspedes.
Usando un botón, Giovana activó el laringófono y susurró. “Hola, hay alguien ahí”
La voz de Giovana llegó hasta el piercing en el monte de Venus de Nora. El volumen era nulo, pero estaba en una frecuencia que las piernas de Nora captaron con toda claridad, mientras los secuaces de Gonx preparaban a Nora para ingresar a la caja de acrílico.
“Giovana, gracias al cielo, ¿Dónde estás?” respondieron por su canal telepático, que el piercing transmitió traduciéndolo como sonido.
“Pasando el vestíbulo de Eternitas, ¿Qué está pasando?, ¿Cómo las ayudo?”
“¿Puedes localizarnos?” preguntaron las piernas de Nora.
“En un pezón de Nora hay un localizador, ¿están juntas?”
“Juntas y en problemas, Nora está anestesiada e inconsciente, un viejo maldito quiere quitarle el cerebro para usar su cuerpo como su marioneta, yo la puedo defender, pero es demasiado pesada para teletransportarla y necesito ayuda para moverla”
“Aguanta, amiga, ya estoy en camino, y traigo encima toda la ferretería que necesito para encontrarlas y abrir cuanto se me ponga enfrente” las palabras decididas de Giovana reconfortaron a las piernas de Nora, que recordaron las puertas con seguros electrónicos que ella pasó fácilmente con su capacidad de teletransportación, pero que estaban diseñadas para ser casi inexpugnables.
Sobre la mesa, solo estaba la parte superior del cuerpo de Nora, profundamente dormida bajo el efecto de la anestesia. La base del tórax estaba cubierta de suave piel sonrosada y los pechos generosos de la pelirroja subían y bajaban acompasadamente con la respiración.
Carles aferró con fuerza la manga de la camisa de Xavier “Te lo dije, son las piernas de la flor de lis”.
“¿Qué esperan imbéciles?, quiero esas piernas, ¿dónde están, encuéntrenlas?” Higino Gonx estaba prendido de las barras de metal de la estructura de la caja de acrílico y su voz ronca y áspera semejaba graznidos de un ave furiosa.
Atropellándose y sin saber que hacer a ciencia cierta, Carles y Xavier llegaron hasta la puerta de la caja y pulsaron los botones para abrirla y extraer la mesa con la inconsciente parte superior de Nora.
Mientras la mesa se deslizaba hacia afuera, las piernas de Nora se materializaron sobre ella. En otro momento, los dos tipos se habrían excitado de ver un par de magnificas piernas, con suculentas caderas y generosas nalgas, totalmente desnudas; pero ahora, ambos sintieron un miedo intenso que desencadenó distintas reacciones.
Carles trató de llegar a la puerta de salida de la sala, pero las piernas de Nora saltaron con una agilidad y gracia sorprendente para cerrarle el paso con una sólida patada en el pecho, que le hizo retroceder y golpearse contra la mesa.
Por su parte Xavier buscaba en un cajón de la mesa algún instrumento quirúrgico que pudiera usar como arma, pero las piernas de Nora cerraron el cajón con un poderoso talonazo, de manera que los bordes metálicos del cajón le machacaron los dedos. Un segundo golpe lanzó a Xavier, aullando y maldiciendo de dolor, al interior de la caja de acrílico.
Carles era fuerte y asimiló rápidamente el golpe con la mesa. Ahora a gatas, trató nuevamente de huir, pero se detuvo gimiendo de miedo cuando dos torneadas pantorrillas desnudas se interpusieron en su camino.
Con dos certeras patadas, las piernas de Nora lo metieron a la caja de acrílico, adolorido y aturdido.
Las piernas de Nora entraron tras él a la caja de acrílico. Xavier, sosteniendo su mano lastimada y gimoteando, trató de alegar algo, pero las piernas de Nora, recordando la forma vil en que el par habían abusado de la inconsciencia de Nora un poco antes, no estaba en condiciones de escuchar. Xavier recibió un colosal impacto del empeine derecho en los genitales, que le hizo aullar de dolor, saltar y caer de rodillas, donde recibió un golpe definitivo de la planta del pie que le aplastó la cara contra la pared.
Carles estaba arrastrándose bajo la mesa cuando sintió como los delicados pero poderosos dedos del pie de Nora prendían el borde de su pantalón y de un tirón lo volvían a meter a la caja de acrílico.
Temblando y llorando de miedo y dolor Carles se dio la vuelta. Sobre él las piernas de Nora se erguían en un espectáculo de belleza femenina y poder. El pie derecho se dejó caer con rabia aplastando los genitales del hombre, que lanzó un largo chillido de dolor y por reflejo, se incorporó lo suficiente para recibir una brutal patada en el mentón que lo derribó.
Las piernas de Nora salieron de la caja de acrílico y oprimieron los botones necesarios para cerrarla, luego machacaron con dos talonazos la botonera, inutilizando el mecanismo y dejando encerrados en su interior a Carles y Xavier.
En ese momento la puerta de la sala se abrió y una figura femenina con el uniforme de las chicas de Eternitas se precipitó en el interior.
“Nora” gritó Giovana corriendo hasta la mesa, le quitó la mascarilla y con ojo crítico revisó los monitores del soporte vital. Luego dijo “Está bien, sus signos vitales son correctos, pero hay que sacarla de aquí”
“Qué bueno que llegaste, no sabría cómo moverla” reconocieron las piernas de Nora.
“No te preocupes, ya estamos juntas” con movimientos rápidos y efectivos, Giovana cruzó los brazos de Nora bajo sus tetas y la envolvió en la sábana que cubría la mesa, dos certeros nudos completaron el atado y con mucho cuidado la tomó en brazos, apoyando la cabeza de Nora sobre su hombro.
Higinio Gonx contempló aterrado y sorprendido la forma en que las hermosas pero formidables piernas desnudas apaleaban a sus secuaces, mientras la parte superior del cuerpo de la mujer yacía anestesiada sobre la camilla.
Sin embargo, el viejo Gonx estaba demasiado templado para ser víctima fácil del miedo y el asombro, con mano firme abrió un compartimiento a la derecha de su silla de ruedas y sacó un objeto similar a un bolígrafo, pero más grueso.
Era una descarga de adrenalina y testosterona que su médico le había dado luego de muchas exigencias, para ser usada en casos extremos. Gonx sabía que el coctel de hormonas le daría a su viejo cuerpo unos minutos extra de energía, a cambio de serios quebrantos a su salud, como efectos colaterales.
Los alaridos de dolor de Carles y Xavier eran argumentos suficientes para saber que este era un caso extremo, así que el viejo sujeto con la mano derecha el aplicador sobre uno de sus muslos y con la otra mano aplastó el émbolo, provocando que la aguja se clavara en su magra carne y las hormonas entraran a su organismo.
Giovana acomodó cuidadosamente el bulto con la parte superior de Nora contra su cuerpo y se encaminó hacia la puerta, pero antes de llegar recibió un empujón que la hizo trastabillar y apoyarse en la pared para no caer, ensordecida por el estruendo de los disparos mientras un par de balas pasaban sobre ella, y de reojo veía las piernas de Nora a su lado, erguidas y protegiéndola.
Higino Gonx, empuñando una pistola que había sacado de otro compartimiento de su silla de ruedas, se precipitaba hacia ellas a grandes zancadas, rugiendo rabiosamente insultos y obscenidades.
Por instinto, Giovana se agazapó cubriendo con su cuerpo a la parte superior de Nora, mientras tanto, las piernas de Nora saltaron contra Higino, arrancándole el arma de una patada.
El viejo se tambaleó, pero con su renovada energía pudo aventar a las piernas de Nora hacia un lado, con la irracional y furiosa determinación de llegar hasta Nora. Sin embargo, Giovana tenía en sus brazos la parte superior del cuerpo de la pelirroja y estaba dispuesta a defenderla, de manera que se incorporó con rapidez y recibió a Gonx con una despiadada patada en el abdomen que hizo recular al viejo, que no dejaba de rugir insultos y amenazas.
El coctel de hormonas seguía vigorizando al viejo que soportó la patada de Giovana, pero las piernas de Nora saltaron para atrapar la cabeza de Gonx entre los muslos y derribarlo sobre la espalda.
El audífono en el oído de Giovana le llevó el mismo mensaje que las piernas de Nora le transmitieran a Gonx, atrapado entre sus muslos y con la cara metida entre sus ingles.
Giovana sintió un escalofrío en su espalda cuando escuchó la voz telepática de las piernas de Nora, que habitualmente era tan dulce y armoniosa como la voz de Nora, convertida en una áspera y fría sentencia. “¿Querías tener mi coño?, pues míralo bien porque es lo último que verás en tu vida”
Gonx persistía en insultar y amenazar, hasta que dejó escapar un breve alarido súbitamente cortado por un pavoroso crujido de huesos triturados. Las piernas de Nora dejaron en el suelo el cuerpo inerte del anciano y caminaron hacia Giovana, susurrando “Lamento que hayas tenido que ver esto”
“No he visto nada, ahora hay que salir de aquí” respondió Giovana que no pudo menos que añadir “Yo hubiera hecho lo mismo”
“¿Puedes llevarte a Nora a la suite Emperatriz?, todavía tenemos algo que hacer”
Giovana dio un golpecito en las gafas, desplegando el mapa de Eternitas “Claro que sí, nos veremos allá”
Las piernas de Nora desaparecieron. Antes de salir y sin dejar de cargar la parte superior de Nora, Giovana revisó algunos paneles de control y apagó la luz de la sala, dejando totalmente a oscuras a Carles y Xavier, atrapados en la caja de acrílico.
Habitualmente, Carmina Socco llegaba tarde a Eternitas, pero en ese día, advertida por Higino de sus planes para apoderarse del cuerpo de Nora, había llegado temprano y presenciado en circuito cerrado desde su oficina todo lo sucedido en el laboratorio. Luego de ver caer a Gonx, la escultural mujer corrió a sacar un contenedor amarillo de un cajón especial en un librero.
En el momento que enfilaba hacia la puerta de la oficina, se detuvo. Interponiéndose en su camino estaban un par de piernas femeninas, largas y con exquisitas curvas, pero que carecían de cuerpo sobre la cintura. Estaban totalmente desnudas, cubiertas de moretones y arañazos. Abiertas y con las rodillas flexionadas, en posición de pelea.
El desconcierto provocó que las largas piernas de Carmina se enredaran sobre sus altos tacones y tuvo que sostenerse del escritorio. Los ojos de la mujer se abrieron desmesuradamente y su bello rostro se deformó en un gesto de asombro. “Imbéciles, no supieron con quién se metieron” pensó, acusando a Gonx y sus secuaces de la situación en la que se veía.
Las piernas de Nora empezaron a caminar hacia ella. Sin soltar el contenedor, Carmina metió la mano entre sus senos y de un bolsillo especial en el brasier, sacó una darringer plana de dos cañones con la que apuntó a las piernas de Nora, quienes usaron su habilidad de teletransportarse para llegar en un instante hasta Carmina y arrancarle el arma de una patada, en el momento que Carmina jalaba del gatillo.
Dos balas salieron del arma y atinaron en el gran ventanal, haciendo estallar el cristal. Carmina trató de escabullirse, pero las piernas de Nora le tiraron una zancadilla que la derribaron. La mujer soltó el contenedor que rodó a mitad del recinto.
Las piernas de Nora no vacilaron, de un salto se pusieron en el sitio indicado para darle una certera patada al contenedor y sacarlo por el ventanal roto.
Carmina Soco lanzó un largo alarido. El contenedor era sólido y el impacto contra el suelo no le afectó, pero los delicados componentes en el interior si resultaron seriamente dañados.
Carmina siguió gritando, pero además empezó a convulsionarse de manera grotesca, sus elegantes y torneados brazos y piernas se retorcían y agitaban sin control. De alguna manera, Carmina pudo arrastrarse hasta el borde del ventanal roto, trató de incorporarse, pero los movimientos desquiciados de sus extremidades hicieron que se precipitara hacia el vacío.
Las piernas de Nora se acercaron lo suficiente para captar lo que sucedía en el vestíbulo de Eternitas.
Afortunadamente en el vestíbulo solo estaba la recepcionista, en un extremo y protegida por su mostrador, y algunas personas en el otro lado, lejos del lugar donde se precipitaron los restos del ventanal, el contenedor y el cuerpo de Carmina Soco.
Esta última resultó con graves roturas de huesos, pero a pesar de los daños y las convulsiones de sus miembros pudo arrastrarse hasta el contendor y ahora gritaba y lloraba aferrándolo con el brazo que le quedaba sano.
Giovana llegó hasta la suite Emperatriz sin mayor incidente que causar extrañeza en un par de huéspedes que la vieron caminar cargando un envoltorio que pudiera confundirse con un niño pequeño.
En la suite, Giovana dejó su preciada carga en la cama, desató la sabana y estaba cubriendo la parte superior de Nora con el edredón cuando descubrió que empezaba a moverse, agitando los brazos y sacudiendo la cabeza.
Giovana le quitó el velcro que ataba la cabellera roja y con inusitado cariño le acomodó y acarició el pelo. “Calma Nora, ya todo está bien, aquí estoy contigo”
Nora abrió los ojos y Giovana sintió congoja y aflicción al ver que los ojos verdes y habitualmente brillantes y poderosos, estaban turbios y desenfocados. “Me duele la cabeza, mucho, mucho, no puedo ver todo esta borroso” la voz de Nora era pastosa y ahogada.
Giovana corrió al baño a mojar una toalla con agua fría y la exprimió antes de colocarla sobre la frente y los ojos de Nora. Luego trajo unas torundas de algodón que mojó con agua potable de una botella y le humedeció los labios. “Te anestesiaron, pero ya estás a salvo, tus piernas te salvaron”
Nora buscó a tientas una mano de Giovana y la apretó con ternura. “Gracias Giovana, gracias por venir”
“No te iba a dejar sola, nena, descansa y reponte”
Nora se retiró la toalla de los ojos y parpadeó antes de abrirlos. Para alivio de Giovana, empezaban a recuperar la mirada intensa de siempre. “¿Dónde están mis piernas?”
“No lo sé, dijeron que tenían algo que hacer”
“No lo dudo, siento que me duelen, están lastimadas, pero siguen pegando y pateando”
Las piernas de Nora aparecieron sobre la cama. En lugar de ubicarse bajo su cuerpo, se arrodillaron frente a la parte superior de Nora, para enlazarla con la pierna izquierda, en tanto ella se incorporaba para abrazarlas.
Giovana no era muy afecta a muestras de cariño, pero cuando Nora le miró y la llamó con un gesto de la mano, no dudó en unirse al abrazo. Además, sintió delicioso placer con el afectuoso beso que Nora le dio en una mejilla y cuando percibió el ronroneo de satisfacción de las piernas de Nora.
La plaza comercial tenía una discreta zona de snacks en donde habían colocado mesas altas en las que los clientes debían consumir de pie.
En una de ellas, dos mujeres llamaban la atención. Una de ellas, la pelirroja alta, de brillantes ojos verdes, usaba un vestido corto que remarcaba sus curvas y dejaba lucir un par de majestuosas piernas enfundadas en pantimedias negras que disimulaban arañazos y moretones; y montadas en zapatos de alto tacón.
Su acompañante era una joven más pequeña, esbelta y espigada, de cabello castaño y ojos azules. Vestía una camiseta estampada bajo una camisola y un pantalón de amplios bolsillos con botas tácticas.
Tranquilamente, la pelirroja tomaba un café vienés y un pastel de crema, y la chica un café negro y un pastel de fresa.
Súbitamente, un hombre se detuvo frente a ellas. Era de estatura media, de rostro común y hubiese pasado desapercibido de no ser por el porte y la elegancia con que lucía un fino traje cortado a la medida.
El hombre enlazó las manos tras la espalda y saludó con una reverencia. “La calidad de un líder se mide por el talento de sus colaboradores, hemos tratado inútilmente de obtener la participación de la señorita Alberoni, me complace ver que su brillante inteligencia está del lado de su éxito, querida Nora”.
Los ojos de Giovana se abrieron por el asombro de haber sido identificada, pero Nora le pasó afectuosamente un brazo sobre los hombros. Acercó su boca al oído de Giovana y dijo alegremente, mirando con picardía al hombre. “No te sorprendas, es un excelente amigo, en el que confío plenamente, además siempre se encarga de arreglar el desastre que dejamos atrás”
El hombre sonrió esplendorosamente ante las palabras de Nora y dispuso las mangas de su saco para lucir sus lujosas mancuernillas.
“Llamamos tecnología perversa a las invenciones que pueden representar avances extraordinarios en la ciencia y la tecnología, pero que no estamos aún listos para aprovecharlas y caemos en la tentación de usarlas para complacer intereses desviados. La prodigiosa tecnología de Carmina Socco estaba guardada solamente en los dispositivos de almacenamiento de su contenedor. Pueden tener la seguridad de que todo rastro de esa tecnología ha sido destruido y solo nos queda esperar que dentro de muchos años alguien la pueda replicar y estemos listos para aprovecharla exclusivamente para el bien”.
El hombre hizo aparecer una diminuta cucharilla en su mano derecha y con un movimiento casi quirúrgico robó un pedacito del pastel de crema de Nora.
“Carles Rico y Xavier Duran son chicos listos y talentosos que pudieron hacer muchas cosas buenas, pero se dejaron llevar por la tentación de ganar dinero fácil y ahora tienen que responder por la desaparición de chicas como Dasha Rodnov y Madina Akhmyedov, y damas como Georgina Ferguson y otras coetáneas”.
Ahora fue el turno del pastel de fresa de Giovana, de sufrir el ataque de la cucharilla.
“Higino Gonx deja una gran cantidad de preguntas sin resolver, relacionadas con negocios turbios y tratos corruptos en muchos países y a muchos niveles. Pero la gran pregunta que en este momento tiene atormentados a los forenses, es la causa de su muerte, es un enigma saber lo que comprimió su cabeza hasta destrozar los huesos del cráneo.”
El hombre se apartó de la mesa, como un acto de prestidigitación hizo desaparecer la cucharilla, antes de cerciorarse de que su saco estuviese impecable. “Tengo alguna idea de qué fue lo que reventó el cráneo de Gonx, pero prefiero olvidar el asunto. Solo me queda decir que ustedes son extraordinarias y les debemos una”
El hombre desapareció con la misma diligencia con que llegó.
Giovana arrastró los pies para acercarse más a Nora, y dejar caer la cabeza sobre la melena rojo fuego que cubría su hombro. “Desde que salí de la secundaría no me había puesto falda y jamás hubiera pensado siquiera usar pantimedias y zapatos de tacón alto. Yo también pienso que ustedes dos son extraordinarias, Nora Rosseau”
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