11.- La sombra con sombrero.

Nora Rosseau avanzaba con elegancia por el amplio pasillo que conducía al restaurante del exclusivo resort donde disfrutaba de un merecido fin de semana de descanso.

El alegre repiqueteo de sus tacones altos resonaba rítmicamente, mientras el suave contoneo de sus caderas armonizaba con el sutil roce de las pantimedias sobre sus muslos, creando un encanto hipnótico en cada paso.

Frente a un amplio espejo en el pasillo, Nora Rosseau se detuvo por un instante para admirar su reflejo. La imagen proyectaba a una mujer segura, sofisticada y deslumbrante. El vestido color arena abrazaba su figura con elegancia, destacando el vibrante rojo de su cabello. La falda corta permitía que sus piernas, largas y perfectas, enfundadas en pantimedias transparentes de sutil brillo, y realzadas por unos zapatos rojos de tacón alto, capturaran toda la atención con su gracia y belleza. Un maquillaje delicado realzaba la perfección de su rostro, acentuando sus rasgos exquisitos, sus brillantes ojos verdes y su aire de distinción.

Con un gesto elegante, Nora ajustó ligeramente el vestido, asegurándose de que cada detalle reflejara su feminidad y confianza. La iluminación suave del pasillo delineaba los tatuajes de la flor de lis en la parte posterior de sus pantorrillas, pequeños emblemas que hablaban de su estilo único y de su indomable fuerza interior. Nora sonrió al verse en el espejo, satisfecha al comprobar que todo estaba en perfecta armonía, desde su cabello rojo fuego suelto con un aire de libertad, hasta los impecables zapatos de tacón alto que completaban su look impecable.

La entrada de Nora al restaurante no pasó desapercibida y la espectacular figura de la pelirroja alta, de cuerpo sensual y piernas monumentales atrajo miradas mientras caminaba hacia la mesa desde donde una mujer morena llamaba su atención con discretos gestos.

Nora llevaba un par de días alojada en el resort, disfrutando sobre todo de los servicios de belleza y relajación. Durante algunas de las sesiones en el Spa, había coincidido con Carina Buñol, otra huésped del resort, con quien estableció una relación cordial, de tal manera que Carina le pidió a Nora que acompañara a su familia durante la cena de esa noche.

Carina Buñol tenía una presencia amable y acogedora. Su cabello castaño oscuro, recogido en un elegante moño, resaltaba sus rasgos delicados y sus ojos marrones, cuidadosamente maquillados.

Luego de recibirla con un abrazo, Carina le presentó su familia a Nora. Su esposo, Marcos Buñol, era un médico apasionado y dedicado que trabaja en una clínica particular. Con una estatura imponente y una expresión calmada, irradia confianza y profesionalismo. Marcos usaba una barba bien cuidada que acentuaba sus rasgos masculinos, y su cabello oscuro y corto le daba un aire de seriedad.

Sofía, la hija de Carina y Marcos, era una adolescente de 15 años, delgada y de rasgos finos, con una energía vivaz y una personalidad encantadora. Su cabello castaño claro caía en ondas naturales, y tenía ojos claros, grandes y expresivos.

El restaurante estaba casi lleno, tanto de huéspedes del resort como de comensales ocasionales. Discretas bocinas reproducían una apacible música ambiental que se combinaba suavemente con el murmullo de decenas de conversaciones.

Ágil y dispuesta en la empatía activa, Nora llevó a Carina y Marcos a una plática agradable, en la que procuraba que Sofía se sentía involucrada. Sin embargo, en cierto momento, Sofía sintió que los vellos de su piel se erizaban, mientras un súbito terror la invadía, cuando dejó de oír la música ambiental, la charla en la mesa y el murmullo del resto del salón.

Atrapada en el angustioso silencio, Sofía vio que Nora y sus padres estaban totalmente inmóviles, igual que el resto de los comensales y el personal del restaurante.

Como Sofía podía moverse normalmente, se levantó de su silla, con el rostro transfigurado de angustia. El terror crecía en su interior. Volteó hacia todos lados, hasta que, un poco más allá, descubrió una figura peculiar, que de inmediato reconoció con alivio, por haberla visto en las redes sociales.

Cuando estaban fusionadas con el resto de su cuerpo, la mente de las piernas de Nora dejaba completamente el control de las extremidades a su parte superior, aunque no podía evitar que sus poderosos sentidos siguieran atentos a cuanto pasaba a su alrededor.

Bajo la mesa, las piernas de Nora, cómoda y elegantemente cruzadas, seguían la conversación de Nora con Carina, Marcos y Sofía. Sin embargo, detectaron de inmediato un abrupto cambio en el ambiente del salón. El pesado silencio y la inmovilidad de la gente no pasaron desapercibidos para ellas.

Las piernas de Nora intentaron comunicarse telepáticamente con su parte superior, buscando entender lo que sucedía, pero solo encontraron un silencio ominoso que las llenó de desconcierto.

Ante la extraña situación, las piernas de Nora tomaron la iniciativa. Utilizando su habilidad de teletransportación, se separaron del cuerpo de Nora y aparecieron a un lado de la mesa, para confirmar, con sorpresa, el silencio abrumador del salón y la total inmovilidad de todas las personas, excepto de la chica de cabello castaño y ojos claros, que durante unos segundos las miraron con estupor antes de precipitarse hacia ellas.

Con una mezcla de alivio y asombro, Sofia exclamó "Gracias al cielo, son reales y están aquí".

Las piernas de Nora, confundidas por la extraña situación, respondieron utilizando involuntariamente su capacidad telepática para preguntar, "Sofía, ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué le sucede a toda la gente?".

Sofía hizo un gesto de sobresalto, mirando hacia todos lados, luego hizo una señal para que la siguieran y corrió entre las mesas, ocupadas por personas suspendidas en las más variadas posturas, hacia el fondo del salón. Las piernas de Nora, sin dudarlo, se pusieron en marcha y la siguieron.

Sofía, con la mirada llena de miedo, descubrió la puerta de un cubículo de servicio y se deslizó adentro. Las piernas de Nora entraron tras ella y cerraron la puerta.

Sofía, visiblemente angustiada, se sentó en el suelo. Las piernas de Nora se hincaron frente a ella y preguntaron nuevamente, "¿Qué sucede, Sofía? ¿Tú sabes qué es todo esto?".

Con voz temblorosa, Sofía comenzó a explicar, "Pasa desde hace unas semanas, es como si me sacaran del tiempo, como si me atraparan en el espacio entre un instante y el siguiente. Todos a mi alrededor quedan congelados, y todo se vuelve un silencio absoluto".

La respuesta de Sofía desconcertó a las piernas de Nora, tanto por la impactante revelación de ambas estaban en un momento fuera del tiempo, como al darse cuenta de que, en ese universo la chica podía escuchar su voz telepática.

La tensión en la pequeña habitación era palpable. Las piernas de Nora intentaron obtener más información de Sofía. "¿Sabes quién o qué te saca del tiempo? ¿A qué le tienes miedo?", preguntaron a través de la telepatía.

Sofía, con los ojos llenos de lágrimas, respondió con voz temblorosa, "No sé qué es, le llamo la 'sombra con sombrero'. Me persigue en este mundo inmóvil y silencioso. Al principio fueron como pesadillas cuando estaba dormida, pero luego se convirtieron en cosas reales, que pasan en cualquier lugar y cualquier momento".

Los agudos sentidos de las piernas de Nora encendieron sus alarmas. Se pusieron de pie de un salto y se giraron hacia la puerta justo cuando algo la atravesó.

Una figura oscura, semihumana, cuyo único rasgo definible era una cabeza que se expandía hacia los lados como las alas de un sombrero, apareció ante ellas.

Sofía intentó salir del cubículo, pero la figura se abalanzó tratando de atraparla. Las piernas de Nora se interpusieron valientemente, pero de la oscura forma surgió un brazo que con un movimiento vertiginoso disparó un poderoso puño que impactó con tremenda fuerza en la parte superior de uno de sus muslos, siendo lanzadas violentamente contra la pared.

Sofía se escabulló y echo a correr por un pasillo lateral, pero la sombra con sombrero la persiguió. Las piernas de Nora, aunque aturdidas y adoloridas, estaban llenas de determinación. Se teletransportaron de inmediato para colocarse entre la figura y la chica que huía.

La mente de las piernas de Nora poseía la formación científica de su dueña y trataba de comprender como era posible que el puño de la sombra hubiese adquirido la suficiente densidad como para propinarle un golpe tan fuerte. Tratando de aprovechar esa condición de la sombra, las piernas de Nora concentraron su fuerza sobrehumana en una patada de arco directa hacia donde suponía se encontraba la cabeza del espectro.

Sin embargo, la pierna disparada pasó a través de la sombra con sombrero, sin impactar en nada sólido. Por la inercia, las piernas de Nora cayeron y rodaron por el suelo, mientras la sombra con sombrero continuaba persiguiendo a Sofía.

Las piernas de Nora, a pesar de todo, estaban decididas a defender a la chica. Se teletransportaron nuevamente para enfrentar, por tercera vez, a la figura oscura.

En esta ocasión, algún rudimento de conciencia se removió en la sombra con sombrero, pues pareció sorprenderse al encontrarse con un par de esculturales piernas de mujer sin cuerpo sobre las caderas, ataviadas con pantimedias transparentes que dejaban entrever una sensual tanga de encaje de color natural, y elegantes zapatos rojos, que insistentemente le hacían frente defendiendo a Sofía.

A través de la telepatía, las piernas de Nora preguntaron con determinación, "¿Por qué buscas a Sofía? ¿Qué quieres de ella?"

La sombra con sombrero se agigantó por un momento antes de desvanecerse gradualmente. Una voz áspera y profunda resonó en la mente de las piernas de Nora, "Ella lo tiene, ella sabe lo que es."

El rumor de las conversaciones, la música ambiental y todos los sonidos del entorno regresaron de manera turbulenta. La pausa temporal había terminado, y el movimiento y el sonido estaban de vuelta.

Nora sintió repentinos e inexplicables dolores en sus piernas y notó que regresaban a su sitio bajo su cuerpo, aunque no recordaba cuando se habían separado. “¿Qué pasó, que estás haciendo?” preguntó Nora por su canal telepático.

“Una larga historia que no vas a creer, tenemos que ir al tocador enseguida a cambiarnos las pantimedias” respondieron sus piernas. Nora miró bajo el mantel. Sus piernas, generalmente perfectas y suaves, ahora mostraban moretones y las pantimedias tenían un par de desgarres.

Mientras tanto, Carina y Marcos habían descubierto que Sofía había desaparecido pues en ese momento, la chica regresaba apresuradamente a su lugar.

Aprovechando la distracción de la conversación, Nora se levantó de la mesa, necesitando espacio para entender lo que estaba sucediendo. En el tocador, Nora se metió a un reservado y examinó los daños de sus piernas mientras le contaban
todo lo que había sucedido durante la pausa temporal, cómo habían interactuado con Sofía y el enfrentamiento con la figura oscura.

Mientras Nora escuchaba las explicaciones de sus piernas, no podía evitar sentir una mezcla de asombro y temor. Se quitó las pantimedias rotas y enfundó sus piernas con otras que sacó de su bolsa.

Nora regresó a la mesa, con la intención de reanudar la cena con normalidad, pero lo primero que hizo al regresar a su lugar fue guiñarle un ojo con complicidad a Sofía, que de inmediato comprobó que contaba con una formidable aliada.

Después de la cena, mientras saboreaban los últimos bocados de postre, Nora decidió abordar el tema. Miró a Carina y Marcos con seriedad y calma. "Hay algo muy importante que necesitamos hablar, se bien que apenas nos conocemos, pero quiero pedirles que tengan confianza en mí porque esto involucra de manera directa a su hija” La voz de la pelirroja se caracterizaba por ser dulce y afable, pero también podía transmitir severidad.

Carina y Marcos intercambiaron miradas inquietas, sin embargo, Sofía intervino con decisión: “Oigan a Nora por favor y crean en ella, es muy importante para mí”.

“No es fácil lo que queremos decirles” dijo Nora, incluyendo con la mirada a Sofía, “y este no es el mejor lugar”

“Si te refieres a la privacidad, tenemos una suite con una sala en la que podemos charlar” dijo Marcos, sin poder disimular en su voz el nivel de intrigado que estaba.
Conformes todos, concluyeron con la cena y se dirigieron juntos a la zona de suites del resort.

La suite de los Buñol era amplia, con tres dormitorios y una sala entre ellos, amueblada con dos amplios sofás, uno frente a otro, y una sólida mesa de centro en el medio.

Nora se instaló en uno de ellos, cruzando las piernas al sentarse e inclinada hacia delante de manera que podía acariciar sus piernas al hablar. Marcos y Carina ocuparon el otro sofá, con Sofía entre ambos.

Con una mirada profunda y decidida, Nora comenzó a hablar, sus palabras resonando con una tranquilidad asombrosa dada la extrañeza de lo que estaba a punto de desvelar.

"Ante todo necesito que abran sus mentes a lo inimaginable. Lo que voy a compartir no tiene parangón en nuestro entendimiento común; es una realidad más allá de la ciencia convencional. Esta es apenas la primera parte de lo que deben saber, pero es esencial para creer lo que viene después ".

En el silencio expectante que crearon las palabras de Nora; Carina, Marcos y Sofía presenciaron cuando la corta falda del vestido de Nora cayó flácida sobre el asiento del sofá y sus piernas aparecieron de pie a un lado suyo, en una coqueta pose que resaltaba sus caderas. Sus pantimedias brillaban sobre una elegante tanga de encaje color nude, y los zapatos rojos añadían un toque de sensualidad.

“Las piernas de la flor de lis” dijo Sofía con admiración “se las he mostrado en videos de las redes sociales”

Marcos quedó fascinado por la inigualable belleza de las piernas de Nora, que se desplegaban semidesnudas frente a él. Su elegancia y singularidad eran hipnóticas, y no podía apartar la mirada.

Carina no pudo resistir hacer un comentario lleno de asombro y emoción. "Las chicas del spa estaban completamente fascinadas con los tatuajes de tus piernas, Nora. Incluso hicieron apuestas sobre si eras o no la misteriosa mujer de las maravillosas piernas de la flor de lis."

“Efectivamente, soy yo" dijo Nora "y hay una historia detrás de todo esto, que luego se las puedo contar, porque ahora hay otro asunto más importante. Pero antes es importante que sepan que mis piernas tienen su propia mente y su propia personalidad, cuando estamos unidas yo puedo manejarlas, pero una vez que se han separado de mi cuerpo, ellas pueden pensar y actuar por su cuenta".

Usando su canal telepático de comunicación, las piernas de la flor de lis empezaron a narrar los acontecimientos misteriosos que habían tenido lugar en el salón comedor a partir de que se abrió el lapsus de tiempo perdido, mientras Nora repetía en voz alta.

Describió la sombra con sombrero y su inquietante presencia, el modo en que había afectado a Sofía y cómo sus piernas se habían erigido como la última línea de defensa en la confrontación.

Marcos y Carina se vieron abrumados por una mezcla de asombro y preocupación. Sus cabezas daban vueltas, y un torbellino de preguntas se amontonaba en sus mentes, como un rompecabezas de enigmas y misterios que debían resolver.

Nora extendió una mano con delicadeza y señaló sus piernas, que giraron un poco sobre sus tacones. El fino tejido de las pantimedias no alcanzaba a ocultar grandes moretones en los muslos y rodillas.

"Estos golpes no estaban aquí cuando comenzamos a cenar. Son evidencia de que lo que estoy relatando es real. Lo que enfrentamos no es un simple capricho de la imaginación, sino un peligro genuino y tangible".

Desde que Nora empezó a narrar lo que le había sucedido en el restaurante, Marcos había abrazado a su hija mientras Carina había buscado tomar su mano.

Al terminar Nora de hablar, Marcos se volvió hacia su hija, con la angustia dibujada en el rostro.

“Sofía, ¿desde cuándo empezó esto?, ¿cómo empezó? "

“Hace dos meses”, comenzó Sofía con un suspiro tembloroso. "empezó como si fueran pesadillas, en las que soñaba esta figura oscura, con una especie de sombrero que se extendía a ambos lados, como unas enormes alas, por eso la llamé la sombra con sombrero. Luego empezó a volverse real, estando despierta, y en los lugares más extraños, veía en el borde de mi visión que la sombra me vigilaba, pero nunca podía verla de frente, era como un borrón que se me aparecía de vez en cuando”

Sofía miró a sus padres, cuyos rostros reflejaban preocupación. Las piernas de Nora se habían fusionado con el resto de su cuerpo, y Nora fue a sentarse en la sólida mesa de centro, para estar más cerca de Sofía.

“Cada vez se volvía más frecuente, por la noche eran pesadillas en que la sombra con sombrero estaba cada vez más cerca de mí. Cuando estaba despierta, veía la sombra frecuentemente”

Nora, Carina y Marcos escuchaban en silencio, con el corazón encogido por el miedo y la empatía por la chica. El relato de Sofía era perturbador, pero necesitaban entenderlo para protegerla.

Carina dijo con voz ahogada “Sofía, ¿por qué no nos contaste nada de esto?"

Sofía se encogió de hombros, con una mirada apenada. "No estaba segura de lo que estaba pasando", admitió en voz baja. "Pensé que era sólo mi imaginación o algo como alucinaciones. Y tampoco sabía si ustedes me creerían”.

Marcos besó el cabello de Sofía y Carina depositó un beso en la mano de la chica.
Nora alargó una mano y le oprimió una rodilla en señal de afecto.

Pero Sofía, aún no había terminado. “Hasta ese momento, solo eran pesadillas y visiones cuando estaba despierta, pero cada vez se acercaba más, hasta que un día, en la escuela, descubrí que todos a mi alrededor se quedaban paralizados en medio de un silencio absoluto”.

“Traté de despertar a alguien, pero estaban congelados, como si el tiempo se hubiera detenido para todos menos para mí. En esa ocasión fueron unos minutos, pero tuve un miedo aterrador porque sentí la presencia de la sombra con sombrero”

El recuerdo de lo sucedido arrancó un sollozo de Sofía, que se refugió en el abrazo de sus padres. Nora corrió a la cocineta de la suite para llevarle un vaso con agua, que sirvió para que Sofía recuperara un poco la calma.

“Esa experiencia de vivir en un tiempo suspendido se repitió a los tres días y luego otra y otra vez. Me pasó en varios lugares y momentos, cada vez duraba más el tiempo suspendido y cada vez yo sentía más cerca la presencia de la sombra con sombrero”

Otro trago de agua y Sofía continuó, su voz temblorosa pero decidida. "Cada vez lo sentía más cercano hasta el día de hoy, que se apareció completo en el periodo de tiempo suspendido. Tuve mucho miedo, pero me sentí reconfortada cuando vi a las piernas de la flor de lis a mi lado, con la capacidad de moverse en el espacio entre el tiempo”

Una nota telepática de sus piernas hizo que los ojos de Nora se iluminaran repentinamente con una idea.

"La sombra con sombrero mencionó que 'ella lo tiene, ella sabe lo que es', ¿Qué se te ocurre que pueda ser Sofía, ¿Qué puedes tener o saber, que la sombra lo está buscando?”

Sofía agitó la cabeza, negando. Marcos y Carina compartieron una mirada de angustia con Nora. La pelirroja se puso de rodillas frente a Sofía y tomo sus manos entre las suyas.

“Todo tiene un origen en algún momento o algún evento, dices que esto empezó hace unas semanas. Trata de recordar algo que pueda haber desencadenado todo esto, puede ser algo muy simple, pero es necesario conocerlo” La voz de Nora, suave y dulce, reconfortó a Sofía, junto el cariño que le transmitía el abrazo de su familia.

No tuvo que pensar mucho para recordar un acontecimiento casi perdido entre los sucesos de las últimas semanas: Una tarde mientras caminaba de regreso a su casa después de la escuela, Sofía encontró un libro abandonado en la calle. Estaba tirado entre un montón de hojas secas y parecía haber estado allí por un tiempo. Atraída por la portada ilustrada con un diseño intrigante, Sofía recogió el libro y comenzó a hojearlo.

A medida que leía las páginas del libro, se sumergía en cuentos de magia, aventuras y misterios. El libro estaba lleno de relatos mágicos sobre mundos lejanos, criaturas misteriosas y héroes valientes. Al principio, Sofía pensó que era una joya literaria que había encontrado y lo guardó como un pequeño tesoro.

Nora sintió que sus piernas se tensaban al escuchar lo que decía Sofía. Nora sabía que sus piernas, además de sus sentidos ampliados, poseían también una aguda intuición y confiaba plenamente en ellas.

"Sofía, ¿leíste ese libro? ¿Puede haber algo en él que esté relacionado con lo que ha estado pasando?"

Sofía asintió con la cabeza, su expresión mezclaba confusión y un toque de miedo. "Sí, lo leí. Era un libro de cuentos mágicos, pero pensé que solo eran historias fantásticas. Nunca imaginé que pudiera estar relacionado con todo esto".

"El libro podría ser la clave de todo, pero necesitamos saber más sobre su contenido. ¿Dónde está ahora, Sofía?"

Sofía se mordió el labio inferior, recordando la última vez que vio el libro. "Lo tengo guardado en un cajón de mi escritorio, en mi habitación. Lo dejé allí después de leerlo".

Nora, Carina y Marcos intercambiaron miradas de alivio pues los tres compartían el sentimiento de que habían encontrado una pieza importante del rompecabezas.

Nora se incorporó, acomodó su vestido que se había recorrido descubriendo sus generosos muslos y volvió al otro sofá, pensando en el siguiente paso.

Sofía rememoró el momento en que recogió aquel libro, ajeno y misterioso. Reordenó sus recuerdos acerca de cómo ese día en particular había escogido un andador diferente al habitual para cruzar el parque, y cómo se había detenido un momento para ver a unos niños que jugaban a amontonar hojas secas, entre las cuales, al irse los niños, ella había detectado las pastas de cuero marrón del libro.

Sólo entonces descubrió la extraordinaria coincidencia de que los niños no hubiesen visto el libro, a pesar de estar revolviendo las hojas secas, y fuera ella quien lo hubiera encontrado.

La mente de la joven conectó los puntos, pero antes de que pudiera expresar sus pensamientos, una pausa en el tiempo se apoderó de la sala.

Marcos, Carina y Nora quedaron suspendidos en el tiempo, congelados en una escena de confusión y misterio, mientras el silencio se adueñaba del espacio como un manto lúgubre.

Sofía soltó un quejido al sentir la extraña sensación de que el mundo a su alrededor se detenía. Sus ojos se abrieron con sorpresa y miedo, y su corazón latió con fuerza en su pecho.

Se puso de pie de un salto, en la sala estaban sus padres y Nora, indefensos por su inmovilidad en este espacio sin tiempo. Superando su miedo y buscando protegerlos, Sofía saltó al espacio despejado del recibidor, al mismo tiempo que las piernas de Nora, siempre dispuestas a proteger a la joven, abandonaron su lugar bajo su cuerpo y aparecían a su lado, preparadas para defenderla y enfrentar lo que fuera necesario.

El silencio reinó, el mundo suspendido en un instante de incertidumbre. Una tenue sombra apareció en una pared y se transformó rápidamente en la figura oscura y amenazante de la sombra con sombrero, como un espectro que acechaba en las sombras de un mundo detenido en el tiempo.

Una voz áspera e inhumana retumbó como el susurro del viento en una noche tormentosa, reclamando que las piernas de Nora no deberían estar ahí. Las piernas de Nora, desafiando el miedo y la incertidumbre, se alzaron con determinación y exigieron respuestas.

“Deja en paz a Sofía, ¿Por qué la estás buscando? ¿Qué es lo que quieres de ella?”
La figura sombría y aterradora pareció crecer en la oscuridad al acercarse a ellas, como una entidad que no pertenecía a este mundo.

Una mezcla de risa y susurros incomprensibles saturó el espacio sin tiempo, una cacofonía de sonidos que provocó escalofríos en la joven. “Ella lo tiene” resonó una voz áspera y ronca “Ella tiene la llave” .

Las piernas de Nora se mantuvieron firmes, abiertas en posición defensiva y con sus tacones plantados en el suelo.

Sabían que estaban en una lucha contra una entidad que iba más allá de su comprensión, pero no iban a retroceder. Estaban dispuestas a proteger a Sofía, sin importar las amenazas que se cernieran sobre ellas.

Sofía, tras el escudo protector de las piernas de Nora, reunió el valor para hacer una pregunta crucial:

“¿Estás buscando el libro, es eso lo que yo tengo que tú quieres?”

Un gemido incomprensible broto de la sombra, que pareció crecer en tamaño y alargó una mano inhumana hacia Sofía. Las piernas de Nora reaccionaron con rapidez, actuando más por instinto que por certeza, lanzó una furiosa patada contra el brazo que amenazaba a Sofía, sintiendo con placer que esta vez su pie no atravesaba una sombra incorpórea, sino que impactaba con un miembro sólido.

La sombra, desconcertada por la resistencia de las piernas femeninas, retrocedió lentamente mientras la habitación se llenaba de susurros y murmullos ininteligibles creando un ambiente aterrador. Las piernas de Nora escucharon el gemido de miedo de Sofia, agazapada atrás de ellas y abrazando sus muslos.

Entre los terroríficos sonidos, la voz de la sombra surgió, pavorosa e intimidante “Está en el libro. Solo espero hasta el mediodía de mañana”

El tiempo regresó súbitamente a la habitación cuando la sombra se desvaneció. Nora, Marco y Carina recuperaron el movimiento, en el momento siguiente al que se congelaron.

Desconcertados y sorprendidos, los tres descubren a las piernas de Nora erguidas sólidamente sobre sus elegantes tacones, con Sofía abrazándolas como si fueran un refugio seguro.

Las piernas de Nora regresaron a su posición bajo el ajustado vestido color arena, mientras Sofía narraba el episodio que vivieron fuera del tiempo, enfatizando que fue la mención del libro lo que había atraído la nueva aparición de la sombra con sombrero.

“La llave está en el libro y sólo va a esperar hasta el mediodía de mañana” repitió Nora el ultimátum de la sombra, que sus piernas le transmitieron por su canal telepático.

“Eso nos da unas 15 horas para revisar ese libro y encontrar la llave, nosotros viajamos en mi auto, vivimos a tres horas de viaje de carretera, vamos a preparar todo para salir de regresar a casa mañana en la madrugada” dijo Marco.

Carina y Sofía miraron a Nora con aprensión. “Vamos con ustedes, por nada del mundo los dejaríamos solos” declaró la pelirroja con vehemencia, enfatizando con el uso del plural, que sus formidables piernas estaban embarcadas en la aventura.

“Gracias Nora, entonces a empacar y luego tratar de dormir un poco para salir de aquí en la madrugada” Marco estrechó la mano de Nora con gratitud, luego de que Carina y su hija la abrazaran con cariño.

La siguiente hora fue de intensa actividad. Por vía telefónica resolvieron los trámites para dejar el resort, mientras Marco hablaba con la administración, en el interior de Nora se resolvía una importante cuestión.

En algún momento, Nora les dijo a Marcos y Carina: “Mis piernas creen que la sombra con sombrero puede volver en cualquier momento, ellas dicen que por seguridad Sofía, debe pasar la noche con nosotras”

“No encontraba la manera de decirlo, pero no hay duda de que sólo junto a tus piernas mi hija está segura” dijo Marcos, aliviado “aquí tenemos un dormitorio, ¿Por qué no vienes con nosotros?”

Sofía intervino, con timidez “La cama de mi dormitorio es extra grande, ¿podemos compartirla? Tengo miedo de dormir sola, esto es peor que las pesadillas”

Finalmente, Sofía acompañó a Nora a su habitación, para trasladar sus cosas a la suite.

En las horas de la madrugada, Nora despierta, sintiendo una extraña ausencia. Sus piernas no están en su lugar. El cuarto yace tranquilo y silencioso, sin signos de intrusos.

Sin embargo, al mirar hacia el otro lado de la cama, Nora encuentra una conmovedora escena: sus piernas se han deslizado al lado de la joven, una especie de barrera protectora que vela por su sueño.

El viaje por carretera hasta la ciudad donde residían los Buñol transcurrió sin incidentes. Habiendo salido del resort antes al amanecer, llegaron a primera hora de la mañana.

Sin perder tiempo, Sofía fue a buscar el libro en su habitación y se lo entregó a Nora, quien se acomodó en la mesa del comedor para empezar a revisarlo junto con Marco, mientras Carina y su hija preparaban café y emparedados para desayunar, luego del exhaustivo viaje.

El libro tenía pastas de cuero duro, color marrón. En la tapa no había título, sólo un intrincado diseño geométrico, laboriosamente repujado. Las hojas eran de un peculiar papel, similar al pergamino en cuanto a la elasticidad y resistencia, pero tan delgado como el papel cebolla, aunque sin su transparencia.

Los textos estaban escritos con una fuente garigoleada con una tinta densa que en algunas secciones parecía ser impresa y en otras escrita a mano. Carecía de índice, así como de datos sobre el autor o el impresor.

En su interior, había cuentos cortos, sin títulos identificativos. Al final de cada cuento, había ilustraciones impresas en colores apagados, con imágenes confusas y ambiguas, casi como ventanas a un mundo desconocido.

Carina y Sofía se unieron a ellos en torno a la mesa, llevando tazas y platos.

Nora hojeó el libro con delicadeza, revisando páginas al azar. Sofía, quien ya lo había leído previamente, señaló que no recordaba ningún cuento que tratara sobre sombras o fantasmas, y que solo uno le pareció inusual.

Nora buscó el cuento señalado por Sofía y notó que las palabras en las primeras líneas carecían de sentido, como si estuvieran revueltas en una especie de caos lingüístico. Pasó las páginas hasta llegar a la ilustración que acompañaba al relato. La imagen parecía representar a una niña entrando en una habitación llena de muebles y juguetes.

Las piernas de Nora, agudas como siempre, le enviaron un mensaje urgente, pidiéndole que volteara el libro. Nora obedeció, y al invertirlo, la ilustración adquirió un significado diferente. La sombra de la niña se transformó en una figura humanoide gris, con una cabeza que se alargaba hacia los lados, formando la silueta de un sombrero.

Las piernas de Nora se agitaron mientras exclamaban telepáticamente, "Es él, es la sombra del sombrero". La respuesta que habían estado buscando comienza a tomar forma, y una nueva pieza del enigma había sido descubierta.

Sofía, observando la ilustración con mayor detenimiento, confirmó que la figura en la imagen correspondía a la sombra del sombrero que había estado acechándola. Carina, perspicaz, toma el libro, se concentró en las últimas líneas del cuento y descubrió un patrón en el texto.

"Parece que está escrito al revés, que comienza en la última palabra y va retrocediendo", comentó con asombro, y le pidió a Marco que consiguiera papel y pluma de inmediato.

Carina comenzó a recitar cuidadosamente las palabras del cuento en orden inverso, mientras Marco las transcribía con meticulosidad. A medida que Carina avanzaba, una narración aterradora y lúgubre comenzó a tomar forma, revelando una verdad inquietante.

Cuando finalmente terminó, los cuatro se miran entre sí, asombrados y preocupados por la oscura revelación. Carina abrazó a su hija, tratando de ofrecerle seguridad en ese momento crítico, mientras Marco acomodaba las hojas con la transcripción para leerlas en voz alta, intentando comprender el mensaje oculto en el cuento.

Bajo la mesa, las piernas de Nora seguían la lectura con atención, cuando la voz de Marco se suspendió de improviso. Su poderoso sentido del oído comprobó en seguida que cualquier sonido del exterior había desaparecido, excepto un gemido ahogado de Sofía, que también se había dado cuenta que habían caído en una brecha del tiempo.

“Pero son las 11 de la mañana, aún no es medio día” reclamó la chica.

“Horario de verano, el reloj está una hora antes que el mediodía solar”, dijeron las piernas de Nora, apareciendo a su lado.

Sofía, sobresaltada y aterrorizada, no podía apartar la vista de sus padres, congelados en el tiempo junto con Nora, hasta que una voz dulce, pero con tono severo ordenó "Tienes que seguir leyendo el texto, debe haber algo que nos ayude".

La chica recogió las hojas con la transcripción del cuento, mientras las piernas de Nora salieron de prisa por la puerta la puerta vidriera hacia el jardín.

El jardín era amplio y sereno, con setos bajos que marcaban los límites con las casas vecinas.

El silencio y la quietud que envolvía el lugar era total; en el jardín contiguo, un grupo de niños estaba congelado en medio de un juego de pelota, más allá, en otro jardín un par de perros correteando con su dueño se habían quedado inmóviles y detenidos durante sus cabriolas.

Las piernas de Nora, enfundadas en las pantimedias transparentes que hacían resaltar sus llamativas curvas, y destacaban las refinadas flores de lis en las pantorrillas, calcularon el inconveniente de desplazarse con tacones altos sobre el césped, donde podrían quedarse atorados, de manera que se deshizo de sus elegantes zapatos y se plantaron descalzas en medio del jardín.

Un silencio expectante se cernía en el aire, y la sombra con sombrero emergió tras el grueso tronco de un árbol, reclamando a Sofía con un lúgubre y lastimero quejido.

Las piernas de Nora reaccionaron de inmediato, saltando hacía la sombra y lanzando una patada alta que intencionalmente pasó rozando el sitio donde debería estar su cara, deteniéndola en seco y confundiéndola. Pero antes de que pudieran celebrar su éxito, una mano de la sombra emergió con una solidez inesperada, golpeando las piernas de Nora en las caderas y lanzándolas violentamente hacia un lado.

La sombra del sombrero, con determinación y ansias de encontrar a Sofía, avanzó, pero las piernas de Nora, se materializaron frente a ella. En un acto de astucia, las piernas de Nora intentaron discernir el momento en que la sombra se consolidaba en una forma tangible y cuándo se volvía etérea.

Preparadas y sin margen para el error, las piernas de Nora se lanzaron con todo su poder en una doble patada. Sus pies juntos, descalzos bajo las pantimedias, encontraron la masa sólida de la sombra del sombrero. Incapaz de sentir dolor, pero si rabia y enojo, la sombra rugió cuando el impacto la arrojó hacia atrás.

Sin embargo, la sombra se recuperó de inmediato y se precipitó hacia Nora, amartillando uno de sus poderosos puños en un intento por vencer a su inusual adversario. Pero las piernas de Nora se adelantaron con destreza, logrando incrustar una rodilla en el pecho de la sombra, dejándola tambaleándose y desorientada ante la inquebrantable defensa de las piernas de Nora.

Las piernas de Nora persistieron en su ofensiva, tratando de repetir la temible patada doble, pero esta vez, la sombra del sombrero se desvaneció justo en el momento en que las piernas de Nora pasaron a través de ella. Las piernas cayeron dolorosamente y rodaron por el suelo.

La sombra del sombrero se lanzó al ataque con una ferocidad insólita, anticipándose a las acciones de las piernas de Nora. Una garra poderosa aferró el muslo derecho, y con una velocidad sorprendente, la sombra las azotó contra el suelo con una fuerza abrumadora.

Las piernas de Nora intentaron teletransportarse para liberarse de la garra de la sombra, pero esta actuó con una celeridad sorprendente, azotándolas tres veces más de manera brutal contra el suelo. Cuando la sombra con sombrero soltó finalmente el muslo de las piernas de Nora, quedaron tendidas, inertes, con las extremidades abiertas y las nalgas hacia arriba. El calzón de las pantimedias desgarrado durante la lucha, descubrían la suave piel de las nalgas, doblemente descubiertas pues la tanga de encaje se había sumido entre ellas.

La sombra del sombrero levantó amenazadoramente un puño sobre su cabeza, preparando el golpe letal para concluir la lucha.

En ese momento crítico, Sofía irrumpió en la escena con valentía, arrojándose sobre las piernas de Nora para cubrirlas con su cuerpo. Con lágrimas en los ojos, levantó una mano temblorosa hacia la sombra, suplicándole que no causara más daño a las piernas de Nora.

Con voz trémula y llena de angustia, le rogó que permitiera que le ayudaran, que habían descifrado el enigma del libro de cuentos, pero que desconocían cómo encontrar la llave que la sombra tanto ansiaba.

La sombra del sombrero, en respuesta a las súplicas de Sofía, bajó su mano amenazante. La joven le mostró las hojas donde habían escrito el cuento de manera legible y le relató cómo habían llegado a conseguirlas.

Explicó que el cuento hablaba de la lucha entre dos hombres poderosos y cómo uno de ellos había recurrido a la magia negra para atrapar a su enemigo y convertirlo en una sombra en un mundo sin tiempo.

El cuento decía que el encierro en ese mundo etéreo persistiría siempre que la sombra se alimentara del odio y el rencor que lo alejaba de la humanidad que alguna vez había sido.

Conforme explicaba el cuento, Sofía descubrió la llave. Al mismo tiempo, sus palabras revelaban los fragmentos de conciencia que se albergaban en lo más profundo de la sombra.

La imagen de las piernas de Nora, inmóviles y con las pantimedias desgarradas, exhibiendo indefensa la piel tersa de sus nalgas, despertó recuerdos de las veces que quien ahora era la sombra, había disfrutado la calidez del amor de una mujer.

Pero esa misma imagen, le exigió reconocer la valentía y determinación con la que las piernas de Nora, ahora vencidas e inertes; le habían hecho frente. Otro fragmento de su conciencia trajo antiguos sentimientos de respeto y admiración hacia rivales dignos.

Sofía continuaba con su valiente alegato, instando a la sombra a liberarse del yugo del odio y la venganza que lo mantenía prisionero en el mundo sin tiempo.

Le hizo ver que solo él tenía la llave con el poder de poner fin a su propia condena y redimirse, encontrando la paz y la humanidad que alguna vez perdió en el abismo de la oscuridad.

Un viento turbulento y silencioso arrebató de las manos de Sofía las hojas donde Marcos había transcrito el cuento al revés, y las hizo revolotear alrededor de la sombra del sombrero, mientras la actitud violenta y hostil de la sombra del sombrero se desvanecía. A sus espaldas, un punto de luz, tenue al principio, comenzó a brillar con una intensidad creciente.

La sombra, como si obedeciera a una llamada interna, comenzó a retroceder hacia el punto de luz, que se tornó deslumbrante, forzando a Sofía a apartar la mirada. La sombra con sombrero dio media vuelta y con pasos firmes, avanzó hacia la luz.

El ladrido de los perros en la casa vecina, los risueños gritos de los niños jugando y el alegre trino de los pájaros en los árboles llenaron el aire, anunciando el fin de la pausa temporal.

Sofía, con un nudo en la garganta, gritó para llamar a sus padres, quienes salieron corriendo al jardín.

Carina abrazó con fuerza a su hija y Marco, con un cuidado exquisito, levantó las piernas de Nora, las llevó al interior de la casa y las colocó con delicadeza en un sofá.

En la silla de la mesa del comedor, Nora se lamentaba por el dolor que sus piernas le transmitían. Los siguientes minutos eran cruciales. Carina cargó la parte superior del cuerpo de Nora y la acomodó en el sofá, justo en frente de sus piernas.

Nora, angustiada al notar que sus piernas no respondían a sus llamados telepáticos, comenzó a temer lo peor. Sofía explicó cómo la sombra del sombrero había golpeado cruelmente a las piernas de Nora.

Marco, con su experiencia como médico, solicitó permiso a Nora para auscultar sus piernas. Con delicadeza y profesionalismo, sus manos recorrieron las piernas de mujer desde las caderas hasta los dedos de los pies.

Con un tono de alivio, Marcos anunció: "No hay huesos rotos ni tendones lastimados, solo son los golpes".

De pronto las piernas de Nora compartieron un pensamiento en tono de susurro: "Qué bueno que Marcos está guapo y es un buen hombre, sólo así le dejo que me meta mano".

El cuarto de invitados disponía de dos camas gemelas. La parte superior del cuerpo de Nora descansaba cómodamente en una de ellas, rodeada de almohadones mullidos que ofrecían un refugio reconfortante.

A los pies de la cama, Marcos y Carina expresaban a Nora palabras amables, ofreciéndole su hospitalidad el tiempo que necesitara. Nora agradeció el gesto, pero decidió que solo requería una noche. Los medicamentos que Marcos le había proporcionado estaban haciendo efecto y contribuyendo a su recuperación.

En la otra cama de la habitación, las piernas de Nora, a las que Carina y Sofía habían vestido con una cómoda pijama de franela, reposaban cubiertas por una sábana. Sofía, arrodillada a su lado, hablaba en voz baja, con su rostro inclinado cerca de la parte superior de las caderas de Nora.

Sofía, al notar la mirada curiosa de los adultos, les regaló una sonrisa y explicó que durante las pausas temporales podía oír la voz de las piernas de Nora, sin embargo, ahora se daba cuenta de que, si rozaba su piel, podía percibir su lenguaje telepático.

Curiosa, Nora preguntó a sus piernas acerca de la conversación que sostenían. Las piernas de Sofía respondieron: "Es solo una charla de amigas".

Esa noche, Sofía insistió en compartir su cama con las piernas de Nora. En lo más profundo del sueño, ocurrió algo sorprendente: compartieron un sueño inusual y especial.

En ese sueño, Sofía y las piernas de Nora se encontraron en un lugar mágico e inexplicable. Ante ellas, un hombre vestido con ropas sencillas y sosteniendo un gran sombrero de fieltro entre las manos, apareció de la nada. Su mirada reflejaba gratitud y respeto, y en un gesto simple pero lleno de significado, les dijo con una sonrisa sincera: "Gracias".

Ninguna de las dos pudo explicar por qué compartieron este sueño, aunque tenían claro quién era ese hombre, de manera que ese breve y enigmático encuentro dejó una profunda impresión en sus corazones.  

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