"En los dedos de Dios"
Savetti, 2003

VI

Diego se encuentra de nuevo sin trabajo y las cuentas se abultan. Tiene que empacar. Dos meses de renta es demasiado. Mientras hace maletas, encuentra la tarjeta que le dejó Danielle la noche del accidente. Se siente muy solo y decide llamarle solo para conversar con alguien.

Danielle busca las llaves para abrir la puerta de su departamento, el timbre de su teléfono celular le impide completar la operación. Es Diego. Ella ya se había olvidado del chico al que había atropellado. A pesar de sentirse cansada, se sintió comprometida y decide recibirlo en casa después de notar una señal de Déborah en la puerta de su habitación.

Diego no tardó en llegar. Antes de abrir, Danielle dudó y pensó en no dejarlo pasar, pero lo hizo.  El extraño llegó acompañado de una botella medio vacía de vodka. Según recordaba de aquella noche, a Danielle gustaba beber poco, pero fuerte. La charla se extendió hasta la madrugada.

Déborah se levantó por un vaso de agua. Su acompañante dormía. Apenas entreabrió la puerta observó a Diego platicando amenamente con Danielle. Se llenó de pánico.

La mañana siguiente, apenas se fue Danielle al trabajo y el chico en turno se marchó, Déborah vació los cajones del dinero, joyas y las mejores prendas de su amiga y se marchó.

Danielle no se explicaba nada de lo que sucedió con Déborah. Ahora le aterra la idea de quedarse sola de nuevo. Recuerda que Diego le contó no tener a donde ir y se le ocurre convidarlo al sofá, pero su conservadora moral le dice que no sería correcto. Finalmente decide que nada pasará si solo se queda un corto tiempo y decide llamarlo.

La amena charla de Danielle, su compañía y sobretodo sus ojos, le advierten que muy en el fondo se siente atraído por ella. Diego duda en aceptar, pero lo hace.

Un par de semanas y Diego abandona el sofá. Danielle su soledad.

Ha superado las tres semanas que habían durado sus relaciones anteriores. Danielle siente que su vida está casi completa. Sólo le quedan las dudas acerca de su trabajo, pero eso no importa por ahora.

La noche estaba hecha para celebrar. Recién cumplieron un mes juntos. Cena y velada increíble. Al cerrar el restaurante, no querían que el momento terminara y deciden buscar otro sitio. El único lugar abierto entre semana era el bar de Domingo.

Diego inventa excusas para no llegar, pero Danielle está feliz como nunca la había visto y se resigna. No sabe con qué cara llegar al bar y cuál será la reacción de Domingo, al que no había visto desde el incidente que tuvieron a causa de Déborah.

Mientras estacionan el auto, Domingo los observa desde la puerta. Inmediatamente reconoce a Diego y decide atenderlos personalmente. Al estrechar la mano de Diego, a Domingo le viene a la mente la noche con Déborah. Diego recuerda la pelea entre ambos y Danielle, quien bebió más vodkas que de costumbre, sintió un lujurioso cosquilleo por todo el cuerpo al reconocer al que creyó cantinero, ahora como gerente del lugar. Así le resultó más atractivo.

El resto de la noche, Danielle no le quitó la vista de encima a Domingo, quien se percató de ello. Un ánimo de venganza se apoderó de él. En la primera oportunidad que Diego se levantó para ir al baño, Domingo se aproximó a conversar con Danielle, quien insinuante rozó su pierna, coqueteándole descaradamente.

Diego regresó y no volvió a levantarse de las mesa hasta que cerraron el bar. Danielle se dio cuenta que había olvidado su cartera en casa. Pidió a Diego que fuera por ella para pagar la cuenta.

Uno a uno fueron retirándose los clientes y empleados del bar. Domingo cerró la puerta, apagó las luces y se aproximó a la mesa donde una tenue vela iluminaba el rostro de Danielle. Ella le respondió de inmediato. Llevaba toda la noche deseando ese momento.

De repente Danielle se apartó de Domingo. A pesar de que realmente le atraía, no le pareció estar haciendo lo correcto. Domingo la abrazó confesándole que solamente lo había hecho para vengarse de Diego. Danielle se sintió basura y salió inmediatamente del lugar.

Mientras tanto, Diego que había ido por el auto para ir a casa a recoger la cartera de Danielle, no encontró las llaves del departamento y volvió del estacionamiento a pedirle las suyas. Solo una luz iluminaba el lugar, fue imposible no ver lo que sucedía adentro.

Enfurecido corrió hacia el auto y condujo varias calles en círculos; no sabe que hacer. Se siente traicionado y decide abandonar a Danielle, no sin antes ver por última vez la escena que lo había desolado. Se dirige hacia el bar y a lo lejos reconoce la figura de una mujer que camina por la acera rápidamente.

Baja la velocidad y cruza miradas con Danielle. Acelera y se pierde en el horizonte.

Es la última vez que Danielle vería a Diego, ella lo sabe, pero no puede detenerse a llorar toda la noche pensando en eso, hay mucho trabajo en la oficina el día siguiente.

En el bar, Domingo pone música y baila. Es lo único que puede confortarlo después de lo que ha sucedido.

 

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