¿En qué consiste la diabetes?

 

La Diabetes Mellitus es una enfermedad producida por una insuficiente cantidad de insulina en la sangre. La insulina es una hormona producida por el páncreas, y que se encarga de absorber la glucosa que hay en la sangre e introducirla en las células; por eso, al carecer de insulina, el diabético tiene un nivel excesivo de azúcar en la sangre.

La glucosa es un azúcar que se obtiene a partir de la digestión de los hidratos de carbono. El proceso de la digestión sirve para que los alimentos que comemos se transformen en las sustancias – proteínas, minerales, azúcares – que regeneran las células de todo el cuerpo.

La sangre transporta la glucosa hasta las células y éstas la utilizan como fuente de energía. La glucosa que sobra se almacena en el hígado y en los músculos en forma de glucógeno, convirtiéndose energía de reserva. Sin embargo, si no hay insulina, la glucosa no puede penetrar en las células y se queda en el torrente sanguíneo.

Así, una persona no diabética acostumbra a tener siempre unos niveles de 70-120 miligramos de glucosa por decilitro de sangre, y sus límites se establecen entre 60-130 miligramos. En cambio, un diabético en ayunas sí que mantiene estos niveles estables de 70-120 miligramos de glucosa, pero dos horas después de comer su nivel aumenta hasta 70-180 miligramos de glucosa por decilitro de sangre.

ESTADO

AYUNAS

2 H. DESP. DE COMER

LÍMITES

NO DIABÉTICO

70-120 mg/dl

70-120 mg/dl

60-130 mg/dl

DIABÉTICO

70-120 mg/dl

70-180 mg/dl

60-250 mg/dl

 

Al no poder aprovecharse la glucosa, la célula tiene que utilizar sus reservas energéticas (grasas) como la principal fuente de energía. En esta situación, el hígado convierte las grasas en cuerpos cetónicos - entre los cuales se encuentra la acetona – que van a parar a la sangre, y de ahí son eliminados por la orina.

A la larga, tener en la sangre un nivel de glucosa elevado puede derivar en complicaciones que dañan distintas partes de nuestro organismo, fundamentalmente: los riñones, los ojos, los nervios de las extremidades, el corazón y los vasos sanguíneos. Sin embargo, la diabetes puede ser tratada y mantenida a raya gracias a un estricto autocontrol de los niveles de glucosa, y mediante un tratamiento basado en la administración de insulina, una dieta correcta, la práctica regular de ejercicio físico y unos hábitos de vida saludables.

Tipos de diabetes
No todas las diabetes son iguales, y se dividen en dos grupos:

1. Diabetes Mellitus tipo I:
También conocida como Diabetes Mellitas Insulinodependiente (DMID), es la que padecen los jóvenes y, en general, personas menores de 30 años. La manifestación de sus síntomas – cansancio, pérdida de peso, continuas ganas de orinar - es muy brusca. Su tratamiento es mediante insulina.

No se conocen exactamente las causas de su aparición, pero se barajan diversos factores como:

1) Factores hereditarios, como la existencia de algún familiar con diabetes tipo I.
2) Infecciones víricas que lesionen el páncreas, órgano que se encarga de producir la insulina.
3) Alteraciones del sistema de defensa del organismo – sistema inmunológico – que, por error, provocan la destrucción de las células del páncreas que producen la insulina.

2. Diabetes Mellitus tipo II:
También se llama Diabetes Mellitus No Insulinodependiente (DMNID), y es la que padecen las personas mayores de 45 años. A diferencia de la diabetes de tipo I, apenas provoca síntomas, y cuando se detecta la enfermedad, ésta ya ha producido daños en el organismo. Su tratamiento no requiere insulina.

Usualmente, las personas que padecen este tipo de diabetes suelen reunir alguna o varias de estas características:

1) Son mayores de 40 años
2) Tienen sobrepeso
3) Tienen algún diabético en la familia
4) Han padecido diabetes durante el embarazo

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