ALIMENTACIÓN: DEL NACIMIENTO A LA ADOLESCENCIA

Conviene conocer muy bien cuáles son las necesidades que demanda el organismo en cada etapa de la vida, qué alimentos deben evitarse para esquivar las enfermedades, las necesidades dietéticas... Proporcionar al cuerpo lo que requiere en cada momento, otorga el salvoconducto para una vida saludable y duradera.

LACTANTES

En los bebés, por ejemplo, el alimento ideal hasta que se produzca el destete –entre los cuatro y los seis meses de edad– es la leche materna. De hecho, los niños que toman leche de sus madres tienen a la larga menos problemas respiratorios y gastrointestinales que los que se alimentan con biberón, y son menos propensos a padecer a reacciones alérgicas como el asma y los cólicos, así como al estreñimiento y la obesidad.

Leche maternizada
Es aconsejable dar al bebé el pecho aunque sólo sea en los primeros días de vida, ya que el calostro, la sustancia aguada que precede a la leche y que se secreta justo cuando la madre da a luz, es muy rica en anticuerpos que aumentan la inmunidad del niño contra las enfermedades. Las grasas presentes en la leche materna son esenciales para el desarrollo cerebral del bebé –cuando la madre no pueda o no quiera amamantar a su hijo, la leche maternizada es un buen sustituto–.

Los primeros alimentos sólidos deberán ser fáciles de digerir –purés de verduras bien triturados, papillas de fruta cocida, de legumbres... –, y cuando empiecen a salirle los dientes, conviene ofrecer al bebé trozos pequeños de fruta o verdura pelados, que le ayudarán a aliviar el dolor de las encías. Para beber, lo mejor es el agua previamente hervida y enfriada.

Por otro lado, los bebés de menos de seis meses no deben tomar alimentos que contengan gluten, una proteína presente en la mayoría de los cereales (centeno, avena, trigo...), ya que puede provocar reacciones alérgicas. Tampoco se les debe ofrecer alimentos con huevos, frutos secos, pescados y semillas hasta que sobrepasen el año de edad; y se evitará la sal en las comidas, ya que puede causarles deshidratación y sobrecargarles los riñones.

LA INFANCIA

Lo más adecuado
Es fundamental que en los primeros años de vida del niño se fomenten los hábitos alimenticios adecuados, con una dieta diversa y rica en alimentos nutritivos –el pan, los cereales, frutas, verduras, carne, pescado, queso, legumbres, leche....

Asimismo, es aconsejable que los niños coman según su apetito –si se les obliga a comer cuando ya está saciados, en el futuro podrán tener problemas de obesidad–. Cuando el niño se niega a comer hay que saber si es porque ya tiene suficiente, porque está enfermo o porque está reafirmando su independencia, por lo que se deberá consultar con el pediatra.

Es recomendable asimismo introducir los alimentos nuevos al principio de la comida, cuando el niño tenga mucha hambre. A partir del año de edad, pueden comer la mayor parte de platos que comen los adultos, aunque en menor cantidad y con mayor frecuencia –hasta cinco o seis comidas ligeras al día–.

Los alimentos desaconsejados
Los niños no deben tomar nunca alimentos preparados poco nutritivos (se ofrecerán alternativas más saludables, como trozos de zanahoria o de pepino, fruta, yogur, queso o bastones de pan integral).

Tampoco son aconsejables los frutos secos ya que pueden atragantarse. Los alimentos muy azucarados o salados o con sabores muy fuertes (si el niño se acostumbra, siempre necesitará poner más cantidad de azúcar o sal) tampoco son recomendables. Si desde el primer momento se habitúa a tomar el yogur sin o con poco azúcar, más adelante le gustarán las variedades menos dulces y sus dientes estarán más sanos.

LA PUBERTAD Y LA ADOLESCENCIA


En esta etapa de la vida es necesaria una nutrición óptima. Los productos sanos –por desgracia, la comida rápida está en muy boga– deben constituir la base de la alimentación (frutas, verduras, pescado, cereales integrales, legumbres).

En la adolescencia es cuando aparecen problemas como la anorexia o la bulimia, trastornos que reflejan una falta de autoestima o problemas de identidad sexual o emocional. Por otra parte, las depresiones o la ansiedad pueden abocar a muchos jóvenes a comer en exceso, lo que los convierte en presa fácil de la obesidad. Por ello, en este periodo vital, se debe comunicar al médico cualquier cambio importante o perjudicial que se observe en los hábitos alimenticios de los hijos.

Las chicas que pierdan mucha sangre durante la menstruación deben incluir alimentos ricos en hierro en su dieta, y los productos de los que no se debe abusar son las grasas (patatas fritas, hamburguesas), los dulces, las bebidas gaseosas y el chocolate.

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