| La cultura, según la entiendo yo, es esencialmente un producto de la holganza. El arte de la cultura es pues, esencialmente el arte de la holganza. Desde el punto de vista chino, el hombre que es sabiamente ocioso es el hombre más culto. Porque parece haber una contradicción filosófica entre ser atareado y ser sabio. Quienes son sabios no han de ser atareados, quienes están demasiado atareados no pueden ser sabios. El más sabio de los hombres, por consiguiente, es el que más graciosamente toma la holganza. |
| El festín de la vida está, pues, ante nosotros, y la única cuestión es el apetito que tendremos para comerlo. Lo importante es el apetito, no el festín. Al fin y al cabo, lo más sorprendente que hay en el hombre es su ideal del trabajo, y la cantidad de trabajo que se impone a sí mismo, o que le ha impuesto la civilización. Toda la naturaleza se dedica a la holganza, y sólo el hombre trabaja por su sustento. Trabaja porque tiene que hacerlo, porque con el progreso de la civilización, la vida se hace más compleja, con deberes, responsabilidades, temores, inhibiciones y ambiciones, no nacidas de la naturaleza, sino de la sociedad humana. Mientras estoy aquí sentado ante mi escritorio, una paloma vuela en torno al campanario de una iglesia, frente a mi ventana, sin preocuparse por lo que va a tener para el almuerzo. Sé que mi almuerzo es cosa más complicada que el de la paloma, y que los pocos artículos alimenticios que tomo afectan a mi1es de personas en su trabajo y un complicado sistema de cultivo, venta, transporte, entrega y preparación. Por eso es que cuesta más al hombre que a los animales conseguir comida. No obstante, si un animal de la selva quedara suelto en una ciudad y obtuviera cierta comprensión del significado de la atareada vida humana, sentiría mucho escepticismo y asombro acerca de esta sociedad humana. |
| De modo, pues, que tenemos esta laboriosa humanidad, sola, enjaulada y domesticada, pero no a1imentada, porque está en la obligación de trabajar y de preocuparse por el problema del sustento. Si no hubiera sido tan difícil para el hombre obtener su comida, no habría razón alguna para que la humanidad trabajara tanto. |
| El peligro es que nos civilicemos en exceso y lleguemos al punto que obtener la comida sea tan penoso que perdamos el apetito en el proceso de conseguirla. Esto parece no tener mucho sentido, desde el punto de vista del animal de la selva lo mismo que del filósofo. |
| ¡Sabia humanidad! ¡Cuán incomprensible es la civilización en que los hombres trabajan y se preocupan hasta encanecer, por conseguir el sustento, y se olvidan de jugar! |
| 2001 |