El resultado de un modelo de crianza
por Luis Gratch
para LA NACION
 
Crecer fuertes: aprender a enfrentar adversidades
 Es importante que los padres puedan ense�ar que no todo es posible y que siempre hay alternativas.
 Una forma de medir la fortaleza an�mica es la capacidad de enfrentar obst�culos.
 Los aspectos positivos de vivir situaciones dolorosas.
 La identificaci�n con los modelos paternos.
 
     Se puede ser adicto a cualquier cosa: al trabajo, al dinero, a la est�tica, a personas, y tambi�n a sustancias como las drogas, el tabaco y el alcohol. �C�mo se convierte un individuo en adicto a algo o a alguien?
     La adicci�n es el resultado de un modelo de crianza. Cualquier persona puede convertirse en adicta si durante su crianza se dan circunstancias favorecedoras de la adicci�n.
     Si una persona desde que nace est� expuesta a un aporte de gratificaciones excesivas o continuas se volver� poco tolerante a la frustaci�n.
     Por lo tanto, cada vez que no se cumple uno de sus deseos deber� recurrir a un elemento que aplaque el sentimiento de odio que genera la imposibilidad de complacerlo.
     El adicto es un individuo que tolera poco las frustaciones y establece un v�nculo con una sustancia o persona que le ofrecen la ilusi�n de continuidad, tal como lo experiment� tempranamente en la crianza de sus padres.
     Si aparece una frustaci�n, algo que interrumpe o hace discontinuo el placer, al estar poco habituado experimenta un odio intenso. Esa ilusi�n de continuidad se llama narcisismo.
     Entonces el sujeto s�lo se calma m�gicamente con la incorporaci�n de una sustancia o la satisfacci�n de sus caprichos y se acostumbra a combatir el displacer que provoca la privaci�n de algo que esperaba mediante el empleo de drogas que tienen para �l ese efecto m�gico.
     �Por qu� hay padres incapaces de decirles que no a muchos pedidos de sus hijos?
     Los padres preservan a los hijos de frustraciones porque ellos mismos no las toleran: los adictos son hijos de quienes no soportan frustaciones.
     Cuanto m�s tolerantes sean los padres a aceptar que algo que quieren no se cumple, y cuanto m�s puedan exponer a sus hijos a frustraciones tolerables y superables por s� mismos, mayor ser� la creencia de los ni�os en los propios recursos y menor la necesidad de apelar a soluciones m�gicas.
     De ah� que si una persona puede verse estimulada por las frustaciones de la vida para superarlas mediante actos creativos, no precisar� recurrir a otros seres o sustancias que le provean una sensaci�n de bienestar ante el displacer que ocasiona una frustraci�n.
     Los padres que emplean este modelo de crianza lo hacen llevados por el amor al ni�o.
     Ellos cuando chicos vivieron frustraciones y experiencias dolorosas durante su infancia y tratan de que sus hijos no se expongan a determinadas privaciones.
     Mantener el di�logo
     Hay una gran diferencia entre probar drogas de manera circunstancial y convertirse en adicto.
     Un adolescente puede consumir alguna droga como experiencia - lo mismo que suelen hacer con el alcohol - con el fin de conocer o comprobar qu� se siente, c�mo se modifican, o no, sus sensaciones y compartir esa experiencia con sus pares.
     Esto no implica que necesariamente se convierta en un adicto.
     El adolescente que cree que por el simple acto de probar una droga lo transforma en un adicto, lo �nico que hace es hipertrofiar el efecto de �stas y queda expuesto a permanecer pegado a la misma confiri�ndole poderes m�gicos.
     Por eso, asustar a los j�venes respecto de la experimentaci�n contribuye a que le otorguen a la droga poderes superiores.
     Y adem�s provoca la necesidad de mantener estas actividades ocultas haciendo o transformando a los padres en figuras persecutorias en vez de interlocutores con quienes puedan dialogar m�s francamente.
     Como se�alaba Sandor Rad� ya en 1930, "no es la droga lo que hace que un sujeto se vuelva adicto, sino su predisposici�n caracterol�gica a convertirse en tal".
     Cuanto menos tolerante a la frustraci�n, m�s dependiente, m�s narcisista y m�s baja la autoestima de un individuo, m�s expuesto est� a que la experimentaci�n se convierta en adicci�n.
     Todos estamos de acuerdo respecto de la importancia que tiene el di�logo entre padres e hijos, y que el di�logo es una manera de prevenir la adicci�n.
     Espejo para mirarse
     Las actitudes represoras y persecutorias de los adultos contribuyen muy poco a prevenir adicciones.
     Si un hijo no le puede contar a sus padres que ha fumado marihuana para probarla, mucho menos le podr� decir que est� empezando a padecer una adicci�n.
     Otro punto para tener en cuenta en la prevenci�n es que como los padres somos modelos de identificaci�n para los hijos porque el psiquismo de los hijos se construye por identificaci�n, deber�amos preguntarnos a qu� somos adictos nosotros (trabajo, dinero, est�tica, relaciones de parejas, etc�tera), ya que no tenemos derecho a enojarnos con nuestros hijos cuando lo que ellos hacen es repetir el modelo que les hemos ofrecido.
     Si alguien fue criado con una dosis de frustraci�n �ptima (ni excesiva ni escasa) tendr� la posibilidad de vivir la frustraci�n como un desaf�o a su creatividad, aceptar� la discontinuidad del placer como inevitable y, de este modo, ir� aprendiendo que el otro no est� obligado a proveerle un placer continuo.
     En esto radica la experiencia de disminuir el narcisismo, ya que el mismo consiste en la exigencia de un placer constante, sin frustraciones.
     Cuando un ni�o se enfrent� con frustraciones, las toler� y las super�, se quedar� con un residuo de esas experiencias que pudo superar y que dar�n por resultado una creencia en sus propios recursos.
     La consecuencia ser� una m�s elevada autoestima y una disminuci�n de su narcisismo, y si adem�s sus padres no se han ofrecido como modelos identificatorios de conductas adictivas, es altamente improbable que esa persona, aun bajo el est�mulo social, se convierta en adicta. Podr� experimentar con drogas por curiosidad , sin transformarse en un dependiente, as� como tambi�n estar� capacitado para tener relaciones de amor con sus semejantes sin ser adicto ni dependiente de nadie.
     Como no podemos asegurar anticipadamente qui�n se convertir� en adicto y qui�n tendr� con las drogas una experiencia fugaz, lo recomendable es no probarlas.
     Especialmente en los tiempos que corren, en los que parece haberse tornado un imperativo de actualizaci�n social el consumo habitual de drogas como forma de pertenecer al c�rculo social de los mejores.
     El autor es m�dico psicoanalista y profesor titular de la Asociaci�n Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.
     2002
 
 
 
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