| Se puede ser adicto a cualquier cosa: al trabajo, al dinero, a la est�tica, a personas, y tambi�n a sustancias como las drogas, el tabaco y el alcohol. �C�mo se convierte un individuo en adicto a algo o a alguien? |
| La adicci�n es el resultado de un modelo de crianza. Cualquier persona puede convertirse en adicta si durante su crianza se dan circunstancias favorecedoras de la adicci�n. |
| Si una persona desde que nace est� expuesta a un aporte de gratificaciones excesivas o continuas se volver� poco tolerante a la frustaci�n. |
| Por lo tanto, cada vez que no se cumple uno de sus deseos deber� recurrir a un elemento que aplaque el sentimiento de odio que genera la imposibilidad de complacerlo. |
| El adicto es un individuo que tolera poco las frustaciones y establece un v�nculo con una sustancia o persona que le ofrecen la ilusi�n de continuidad, tal como lo experiment� tempranamente en la crianza de sus padres. |
| Si aparece una frustaci�n, algo que interrumpe o hace discontinuo el placer, al estar poco habituado experimenta un odio intenso. Esa ilusi�n de continuidad se llama narcisismo. |
| Entonces el sujeto s�lo se calma m�gicamente con la incorporaci�n de una sustancia o la satisfacci�n de sus caprichos y se acostumbra a combatir el displacer que provoca la privaci�n de algo que esperaba mediante el empleo de drogas que tienen para �l ese efecto m�gico. |
| �Por qu� hay padres incapaces de decirles que no a muchos pedidos de sus hijos? |
| Los padres preservan a los hijos de frustraciones porque ellos mismos no las toleran: los adictos son hijos de quienes no soportan frustaciones. |
| Cuanto m�s tolerantes sean los padres a aceptar que algo que quieren no se cumple, y cuanto m�s puedan exponer a sus hijos a frustraciones tolerables y superables por s� mismos, mayor ser� la creencia de los ni�os en los propios recursos y menor la necesidad de apelar a soluciones m�gicas. |
| De ah� que si una persona puede verse estimulada por las frustaciones de la vida para superarlas mediante actos creativos, no precisar� recurrir a otros seres o sustancias que le provean una sensaci�n de bienestar ante el displacer que ocasiona una frustraci�n. |
| Los padres que emplean este modelo de crianza lo hacen llevados por el amor al ni�o. |
| Ellos cuando chicos vivieron frustraciones y experiencias dolorosas durante su infancia y tratan de que sus hijos no se expongan a determinadas privaciones. |
| Mantener el di�logo |
| Hay una gran diferencia entre probar drogas de manera circunstancial y convertirse en adicto. |
| Un adolescente puede consumir alguna droga como experiencia - lo mismo que suelen hacer con el alcohol - con el fin de conocer o comprobar qu� se siente, c�mo se modifican, o no, sus sensaciones y compartir esa experiencia con sus pares. |
| Esto no implica que necesariamente se convierta en un adicto. |
| El adolescente que cree que por el simple acto de probar una droga lo transforma en un adicto, lo �nico que hace es hipertrofiar el efecto de �stas y queda expuesto a permanecer pegado a la misma confiri�ndole poderes m�gicos. |
| Por eso, asustar a los j�venes respecto de la experimentaci�n contribuye a que le otorguen a la droga poderes superiores. |
| Y adem�s provoca la necesidad de mantener estas actividades ocultas haciendo o transformando a los padres en figuras persecutorias en vez de interlocutores con quienes puedan dialogar m�s francamente. |
| Como se�alaba Sandor Rad� ya en 1930, "no es la droga lo que hace que un sujeto se vuelva adicto, sino su predisposici�n caracterol�gica a convertirse en tal". |
| Cuanto menos tolerante a la frustraci�n, m�s dependiente, m�s narcisista y m�s baja la autoestima de un individuo, m�s expuesto est� a que la experimentaci�n se convierta en adicci�n. |
| Todos estamos de acuerdo respecto de la importancia que tiene el di�logo entre padres e hijos, y que el di�logo es una manera de prevenir la adicci�n. |
| Espejo para mirarse |
| Las actitudes represoras y persecutorias de los adultos contribuyen muy poco a prevenir adicciones. |
| Si un hijo no le puede contar a sus padres que ha fumado marihuana para probarla, mucho menos le podr� decir que est� empezando a padecer una adicci�n. |
| Otro punto para tener en cuenta en la prevenci�n es que como los padres somos modelos de identificaci�n para los hijos porque el psiquismo de los hijos se construye por identificaci�n, deber�amos preguntarnos a qu� somos adictos nosotros (trabajo, dinero, est�tica, relaciones de parejas, etc�tera), ya que no tenemos derecho a enojarnos con nuestros hijos cuando lo que ellos hacen es repetir el modelo que les hemos ofrecido. |
| Si alguien fue criado con una dosis de frustraci�n �ptima (ni excesiva ni escasa) tendr� la posibilidad de vivir la frustraci�n como un desaf�o a su creatividad, aceptar� la discontinuidad del placer como inevitable y, de este modo, ir� aprendiendo que el otro no est� obligado a proveerle un placer continuo. |
| En esto radica la experiencia de disminuir el narcisismo, ya que el mismo consiste en la exigencia de un placer constante, sin frustraciones. |
| Cuando un ni�o se enfrent� con frustraciones, las toler� y las super�, se quedar� con un residuo de esas experiencias que pudo superar y que dar�n por resultado una creencia en sus propios recursos. |
| La consecuencia ser� una m�s elevada autoestima y una disminuci�n de su narcisismo, y si adem�s sus padres no se han ofrecido como modelos identificatorios de conductas adictivas, es altamente improbable que esa persona, aun bajo el est�mulo social, se convierta en adicta. Podr� experimentar con drogas por curiosidad , sin transformarse en un dependiente, as� como tambi�n estar� capacitado para tener relaciones de amor con sus semejantes sin ser adicto ni dependiente de nadie. |
| Como no podemos asegurar anticipadamente qui�n se convertir� en adicto y qui�n tendr� con las drogas una experiencia fugaz, lo recomendable es no probarlas. |
| Especialmente en los tiempos que corren, en los que parece haberse tornado un imperativo de actualizaci�n social el consumo habitual de drogas como forma de pertenecer al c�rculo social de los mejores. |
| El autor es m�dico psicoanalista y profesor titular de la Asociaci�n Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. |
| 2002 |