| � Dos regalos de acero: una flor y una sugerencia para los d�as futuros de un pa�s al que ve de lejos, pero sin olvidarlo. |
| Hace m�s de veinticinco a�os, tuve el inusual privilegio de recorrer la ciudad de Boston de la mano de un gran arquitecto. Por sugerencia de un querido amigo lo llam� al llegar a la ciudad que visitaba para asistir a una reuni�n cient�fica. Aunque no lo conoc�a y a pesar de ser �l ya entonces muy famoso, al saber de mi inter�s por la arquitectura, se ofreci� con generosidad a conducirme en un paseo. Tal vez le result� curioso saber que viv� durante muchos a�os en una casa construida por �l en Buenos Aires, antes de emigrar a los Estados Unidos. As�, durante una tarde de verano, recorrimos decenas de edificios, que comentaba con especial agudeza y detenimiento. Recuerdo yo -y ahora compruebo que �l tambi�n -que aquel encuentro culmin� cuando me invit� con un helado. Me dijo al despedirse: "Ahora recorre el rascacielos que est� all� enfrente. Si no te gusta, no me lo digas, porque lo hice yo". |
| Al cabo de un cuarto de siglo, en estos d�as volv� a hablar con mi anfitri�n de entonces, de visita en Buenos Aires para descubrimos el regalo que acaba de hacer a la Ciudad, la Floralis generica. Durante esa conversaci�n telef�nica con Eduardo Catalano, que de �l se trata, lo encontr� con el mismo agudo humor de entonces, con ese entusiasmo que lo llev� a concebir y regalarnos esa bella flor de acero que, por una feliz casualidad, de improviso amaneci� una ma�ana frente a mi ventana. |
| Recibo ahora una carta de Catalano, transmitida por correo electr�nico pero escrita de pu�o y letra. Me detengo en uno de sus p�rrafos. Dice: "�No crees que todas las disciplinas universitarias tendr�an que ofrecer un programa nuclear, que presente lo esencial para estructurar un profesional educado y a la vez capaz de absorber todo conocimiento? Creo -prosigue -que, sin ese n�cleo b�sico, la educaci�n no s�lo es incompleta, sino que es imposible". Resulta aleccionador comprobar que quienes han concretado los mayores logros en los campos m�s diversos regresan sobre la cuesti�n de la formaci�n general como n�cleo b�sico para estructurar una persona educada, cualquiera sea la actividad a la que se dedique. Un famoso qu�mico, galardonado con el premio Nobel, coment� no hace mucho que la experiencia educativa m�s importante de su vida fueron los cursos introductorios de la Universidad de Columbia sobre Literatura y Humanidades y Civilizaci�n Contempor�nea, que a�n se siguen dictando. |
| Un reciente intento de eliminar los cursos de formaci�n general en la Universidad de Chicago gener� tal reacci�n que su presidente debi� renunciar. Un ex alumno dijo: "Cuando estudi� en esa universidad en la d�cada del 60, profesores exigentes pero pacientes nos abrieron mundos que ni yo ni mis compa�eros imagin�bamos que existieran. Todo nos result� dif�cil, y no se nos ofrecieron atajos. Sin embargo, provistos de esas bases para pensar cr�ticamente, pudimos luego recorrer todos los caminos: la investigaci�n, las artes o los negocios". |
| Catalano cierra su carta destacando que el mayor desaf�o reside en dise�ar ese n�cleo de conocimientos para ser compartidos por todos. "Tal vez, antes de elaborarlo. deber�amos dise�ar otro curso para preparar a los encargados de hacerlo." y concluye con esta bella frase: "Hay que pensar antes de pensar". Sorprendido ante tal contundencia, �l mismo agrega con humor: "�Qu� tal?" |
| 2002 |