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Los escribas trabajan
lentamente, pero su número es tan inmenso que los impresos separan ya por
completo las tierras de los lechos de los antiguos mares. En la tierra vive
precariamente la raza de los escribas, condenada a extinguirse, y en el mar
están las islas y los casinos, o sea los trasatlánticos, donde se han
refugiado los presidentes de las repúblicas y donde se celebran grandes fiestas
y se cambian mensajes de isla a isla, de presidente a presidente y de capitán a
capitán.
JULIO CORTÁZAR, Fin del mundo del fin
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