DESCRIPCION DE UNA PRACTICA URBANA DE LA PALABRA(MAMBEO,DUGA) CLAN ENOKAYE.Por Fabio Alberto Ramirez T. MD |
El 14 de febrero de 1999 en la sede de la Fundación Colombiana de Etnomedicina, en las afueras de Bogotá, se llevo a cabo una reunión de diez y nueve personas de nacionalidad colombiana, de estrato social medio y alto, la mayoría profesionales, con el objeto de conocer a través de uno de los últimos sabios del amazonas, región de araracuara, el arte de conocimiento del mundo, de sí mismo y de la curación de enfermedades a través de la palabra. El nombre del sabio en español es Oscar Roman, cuenta actualmente con cerca de setenta años, ya manifestó a sus discípulos que aunque se encuentra en perfecto estado de salud en un tiempo relativamente próximo va a desaparecer, urgía por lo tanto recibir sus enseñanzas mientras aun nos acompañe, se presento con un hijo y dos sobrinos.Entre los huitotos, las palabras tío y sobrino son reverenciales, y significan personas integrantes de la comunidad.
A las tres de la tarde se inicio la sesión, repartiéndose una muy pequeña cantidad de ambil(subproducto del tabaco)que no tiene propiedades alucinógenas y es considerado sagrado por los enokaye, representa el principio femenino, la coca es el masculino, el ambil es considerado "salado" y lo es en la practica y metafóricamente, mientras la coca es considerada dulce aunque no se percibe como tal cuando se "mambea", esta ultima expresión fue acuñada por los antropólogos y significa retener en la boca(retener también la palabra)en términos mas amplios significa escuchar, la palabra enokaye para mambear es DUGA.La primera sensación fue la de un intenso deseo de escuchar, paradójicamente don Oscar Roman no habla español perfectamente y sin embargo y a pesar de tener la boca completamente llena con polvo sagrado de coca, sus palabras tenían un peso, y una inmensa capacidad de evocación insuperables si se comparaban por ejemplo con las de su hijo, que habla un español fluido, este deseo de escuchar se acompañaba de una gran urgencia de no pasar por alto ninguna cita, gesto o referencia, acompañando al cuerpo una sensación simultánea de voluptuosidad y sobriedad o transcendencia espiritual, la sensación física sin embargo es muy sutil, mas aun con la coca hasta el punto de preguntarse el asistente si realmente algo estaba sucediendo en lo físico o si por el contrario era cierta actitud especial la responsable de todos los cambios; las metáforas y analogías explicadas por don Oscar hacia que cada uno de los asistentes encontrara referencias individuales especificas y profundas, aun cuando si se analizaban desde el punto de vista puramente idiomático, eran localistas y restringidas a la cosmovision indígena de su entorno, y de cómo percibía el mundo caótico de los blancos.
Cada palabra de don Oscar era multisignificante y cada significado multievocador, cada frase era replanteadora y redefinidora, de la realidad personal y cósmica, una sola palabra servia por ejemplo, para entender y solucionar toda la complejidad de una estructura familiar conflictiva y pasar al plano de certezas de acción.
El logos se encarnaba en don Oscar y era mucho más majestuoso en la medida en que callaba, nos dimos cuenta que en realidad nunca escuchamos, solo lo hacemos para a continuación expresar nuestras ideas preconcebidas con respecto a la realidad, y que lo que siempre nos acompaña es la torturante charla mental incomunicante.
La distorsión de la hoja de coca sagrada, al trafico de drogas es simplemente, la ilusión del hombre blanco de creer que refinando lo sagrado, se puede acceder al poder de la comunicación, y a la comprensión del logos, y que a esto ultimo se le puede poner un precio, una rentabilidad.
Los hiutotos lo sabían y muchas veces lo expresaron con temor: "llegara el momento en que lo sagrado será pisoteado y desvirtuado", es la cocaína y su caricatura de comunicación, el símbolo de una inmensa fuente de riquezas tanto para las mafias como para los que la reprimen; es el miedo de la charla mental a su propia charla, la base de la represión, es simplemente el miedo al miedo, y las ventajas institucionales y políticas de la incomunicación personal y colectiva el centro de todo el accionar; es la protección de esta incomunicación la principal fuente de ingresos puesto que solo la persona confusa puede ser "informada" por los medios, para ser luego manipulada.
La sociedad como decía Octavio Paz, solo tolera cómplices, el alcohol se permite porque nunca cuestiona nada, deforma la comunicación y al hacerlo perpetua el statu quo. El loco y el alucinado, son disidentes que ponen en peligro lo establecido; el individuo informado de sí mismo y de su entorno es también lo menos deseable para una sociedad "light" que preconiza la moda como la meta existencial más deseable.
Al igual que el amor rara vez se encuentra en el matrimonio, para seguir citando a Octavio Paz en su "Laberinto de la soledad", puesto que este rito es únicamente la forma como la sociedad se recrea; tampoco la paz se encuentra en las mesas de dialogo, para dialogar es necesario escuchar al otro, desde el trasfondo personal del inmenso silencio del cual surgimos y este silencio es respeto hacia sí mismo y hacia el otro.
Tal vez sea la cultura enokaye la portadora del misterio del don de lenguas bíblico, de la inversión de la torre de babel, siendo posible que los asistentes a una de sus ceremonias se comuniquen entre sí, y consigo mismos, independientemente de sí su idioma materno es alemán, ingles o huitoto, y de sí todos lo hablan simultáneamente o callan.
Pero no son ni siquiera el ambil ni la coca los que curan, tampoco la fascinante planta denominada por los enokaye "el árbol de la sabiduría"; es la palabra que indaga en el alma, en el tiempo y en los miedos; las plantas son solamente sus referentes físicos, por eso no temen los enokaye que las plantas sean patentadas en otros países, "podrán llevarse lo físico, nunca el alma de lo que cura"; el alma de lo que cura nace con la formación del sanador con la comprensión del mito, con la diferenciación de su lado oscuro o luminoso, y con el rezo, que conjura las fuerzas naturales; pero tampoco es la palabra la que cura, es su ausencia, que sin embargo no es carencia, es la potencialidad absoluta de su silencio, la omniabarcadora facultad de desplazarse en el tiempo-espacio, que se percibe como vacío de dicción. Los invito por lo tanto a indagar en uno de los terrenos más fascinantes de la verdadera cara de la Colombia contemporánea.