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la voz cantante de los
ramones sufría de un cáncer linfático.
argentina fue el lugar elegido por la banda para su último
recital, en river, en 1996.
había encontrado su forma de ejercer la
rebeldía: una especie de adolescencia eterna, de la que no quiso
ni podrá
ahora salir jamás. dicen que de
chico había pasado por un manicomio.
dicen que había entrado en un estado
catatónico durante seis semanas a principios de los noventa que
lo llevó a dejar los tragos fuertes y contundentes para siempre.
"vivo con ella porque cocina muy bien y
porque yo no tengo memoria para pagar los impuestos", decía, de
su madre, joey
ramone, la voz cantante en todos los
sentidos posibles, de los
ramones. fue ella,
su madre,
charlotte lesher,
la encargada de confirmar al mundo que sí, que el muchacho
grande, había sucumbido al cáncer linfático que lo tenía
acorralado desde, por lo menos, cinco años atrás.
"murió en paz, mientras dormía, rodeado
de amigos y familiares", dijo la mujer. "en
el cuarto sonaba el tema de
u2 In a little
while y estaba inconsciente, pero creo
que escuchaba la canción.
y cuando ella finalizaba,
joey terminó", dijo la señora que aún vive en
queens, el barrio de
nueva york donde
había nacido
joey, donde había nacido el grupo que
cimentó buena parte de la leyenda y la historia musical del punk
en el mundo.
el muchacho no llegó a cumplir los 50.
había nacido en nueva
york, como jeffrey
hyman, el 19 de mayo de 1951.
pero ese nombre quedó atrás, archivado,
cuando junto a tres amigos de la calle (dee
dee, tommy y
johnny)
armó, en 1974, algo más que una banda de rock and roll.
de regreso de todas las miserias posibles, ellos buscaron
atender lo desagradable, meterle decibeles a un sonido denso,
escueto y obsesivo, pero con una condición certera: ese tono
monocorde pero intenso se les parecía. tenía
la potencia de lo verdadero. todos,
entonces, perdieron sus apellidos para unificarse bajo el nombre
de guerra los
ramones y encender la furia que después
continuaron los británicos de
sex pistols y
the clash.
y si ahora en el mundo la muerte de
joey convoca el peor de los sentimientos
posibles: la tristeza punk; en la argentina,
la noticia golpea más aún: aquí, la banda jugó de local siempre,
tras sucesivas visitas que comenzaron en 1987. en
obras, el estadio de vélez
o el monumental de
nuñez, la convocatoria de
los ramones, que
pegaba fuerte en los pibes pobres del conurbano, nunca dejó de
crecer. a tal punto que fue en este
lugar, donde se entonaba de memoria no sólo blitzkrieg
bop, su tema más conocido, el sitio
decidido por la banda para el adiós definitivo.
en river tocaron por última vez,
juntos, y el disco, el número 18 de la banda, se llamó, sin
mucha metáfora, en castellano muy llano y muy directo,
adiós amigos.
más de un fan guardará en su ropero los
trapos con esa consigna con la que despidieron a la banda en
marzo de 1996.
"somos un grupo original, en términos de
sonido y actitud", repetía el muchacho que no llegó a los 50,
cuando le preguntaban por el extraño encantamiento que
provocaban en almagro o
ezpeleta, a unos 10.000 kilómetros de
queens.
desde aquel river,
siempre se especuló con un posible retorno que justamente la
salud endeble de joey, y ciertos
disturbios en el entramado de la banda, nunca hizo posible.
la muerte de
joey convierte aún en más mítico aquel
recital enardecido por 45.000 fanáticos. ¿cuántos
jurarán, a partir de hoy, haber estado allí?.
"tuvo una vida llena de éxitos, pero
demasiado corta", se lamentaba ayer su madre, charlotte
lesher, que enfrentó a la prensa con una
saludable dignidad rockera. "nos hará
falta, a nosotros y al mundo entero. él y
los ramones
cambiaron la música", dijo. hoy al
mediodía se celebrará una ceremonia religiosa para despedirlo en
una capilla de forest
hills.
el muchacho, que no llegó a los 50, será
sepultado esta tarde en una ceremonia privada. |