LA ISLA DE LANZAROTE


Introducción

        Lanzarote esta situada en la parte más septentrional y oriental de las islas mayores del archipiélago, a 180 km de Gran Canaria y a tan sólo 120 km de la costa sahariana. Con sus 845 km2 es una isla de dimensiones moderadas y de planta visiblemente alargada en dirección NE-SW que, a diferencia de la mayoría de las islas del Archipiélago, no cuenta con una línea de cumbres continua que permita la compartimentación del relieve en vertientes bien definidas. Carece de grandes formas estructurales de relieve, aunque destacan dos macizos antiguos, los de Famara y Los Ajaches, situados en los extremos septentrional y meriodional, donde se alcanzan los mayores desniveles insulares y las mayores alturas (Peñas del Chache 671 metros, y La Atalaya de Femés, con 608 metros, respectivamente). Entre estos dos macizos se encuentra un área central de 300 metros de altitud media, salpicada de mil volcanes de diversa cronología, a lo largo de varios e imprecisos rosarios volcánicos. 

        Esas tres grandes unidades de relieve encierran tal diversidad y riqueza de paisajes volcánicos en tan escasa superficie terrestre que han merecido la reciente consideración de Lanzarote como Reserva de la Biosfera.

        Forma parte de la isla un pequeño archipiélago llamado "el archipiélago chinijo" situado al norte y constituido por La Graciosa con una superficie de 27 km2 y una altura de 266 m, Alegranza 12 km2 de superficie y altura de 289 m y Montaña Clara 1 km2 de superficie y 256 m de altura y los Roques del Este y del Oeste.

 

El medio físico

        De origen volcánico, Lanzarote está constituida por dos macizos basálticos unidos entre sí cuyos extremos ocupan el macizo de Haría, al N, y el de los Ajaches, al S. En el primero sobresale la mole de Famara, donde se encuentra el punto más alto de la isla, Peñas de Chache (671 m), mientras que en el segundo las cotas máximas, inferiores siempre a las del primero, se alcanzan en La Atalaya de Femés (608 m) y el Hacha Grande (561 m). Entre ambos macizos se encuentra El Jable, auténtico pasillo de tierras bajas recorrido por las arenas que transportan los alisios desde la costa septentrional a la meridional. Algunos geógrafos consideran que el macizo de Haría y los Ajaches son los núcleos de dos islas distintas unidas por materiales procedentes de erupciones basálticas emitidos en dos ciclos volcánicos de caracteres semejantes. En el primero, correspondiente al Mioceno Medio-Superior, se construyen los edificios tabulares de Famara y los Ajaches que configuran el basamento de la isla. En el segundo, enmarcado dentro del Pleistoceno y prolongado hasta la actualidad a través de las erupciones ocurridas en fecha histórica, se elaboran formas volcánicas muy simples y de menor envergadura. Esta particular historia geológica condiciona tanto los rasgos del relieve insular como los climáticos y fitogeográficos.

        Gran parte de la isla está cubierta con cenizas y cuenta con múltiples conos volcánicos. En la zona central de la isla se sitúa El Timanfaya o Montañas de Fuego, que con una extensión de unos 500 km2 y una altura de 510 m constituye la agrupación de conos volcánicos más amplia del archipiélago, entre los cuales sobresale el Caldera Blanca (458 m).

        Las costas, con una longitud de 265 km, son en general más bajas que las de Gran Canaria, y en ellas alternan los acantilados y las ensenadas, aunque son escasos los abrigos naturales para instalar puertos.

        Los Islotes del Norte de Lanzarote constituyen uno de los paisajes más singulares de Canarias. Albergan, en su reducida superficie, un gran número de valores naturales, caracterizados por su alto interés científico y didáctico, pero también por su enorme fragilidad. Sólo en uno de ellos, La Graciosa, reside una población permanente de unos quinientos habitantes, dedicados a la pesca y, en menor medida, al turismo. Se trata de espacios que merecen una especial atención, y donde la urgencia de su conservación debe ser también respetuosa con las necesidades de desarrollo de sus habitantes, los gracioseros.

        Se denomina «Archipiélago Chinijo», por analogía con la cariñosa expresión con que se conoce en Lanzarote a los niños pequeños, al grupo de islotes formado por La Graciosa, Alegranza y Montaña Clara, junto con los Roques del Este y del Oeste. Se localizan al Norte de Lanzarote, sobre una amplia plataforma submarina de menos de cien metros de profundidad, aunque en algunos puntos puede alcanzar los doscientos metros, como sucede entre Lanzarote y el Roque del Este.

        Se encuentran separados entre sí por brazos de mar de diferentes dimensiones y profundidades. Estas oscilan entre un kilómetro, como el que separa Lanzarote de La Graciosa denominado «El Río», los diez que distan entre esta última y Alegranza, y los once kilómetros que existen entre el Roque del Este y Lanzarote. Presentan unas reducidas dimensiones y una escasa altitud. La superficie total es de 41,3 km2, y la altitud máxima se registra en la Caldera de Alegranza, con 289 metros.

 

ARCHIPIÉLAGO CHINIJO

Nombre

Superficie  (km2)

Altitud máxima (m)

La Graciosa 27 266
Alegranza 12 289
Montaña Clara 1 256
Roque del Este 0,7 84
Roque del Oeste 0,6 41

 

Los rasgos climáticos:

        Durante la mayor parte del año la isla de Lanzarote se encuentra sometida al régimen del alisio; sólo en el invierno la retirada del Anticiclón de las Azores permite la llegada de perturbaciones asociadas al Frente Polar. Como consecuencia de ello, Lanzarote posee un clima desértico cálido, con tendencia a la aridez.

        Su acentuada sequía es resultado de la combinación de varios factores, entre los que destacan: una escasa pluviometría, unas temperaturas moderadamente altas, una fuerte insolación y unos vientos particularmente frecuentes. Las lluvias se caracterizan no sólo por su escasez, con un total anual de 160 litros por metro cuadrado, sino también por su irregularidad, su concentración durante la estación de invierno y su intensidad, puesto que en un sólo día puede llegar a caer el total del año. Las temperaturas, relativamente altas, poseen medias mensuales entre los 20 y 22 grados centígrados, que esconden fuertes variaciones diurnas, ya que pueden sufrir oscilaciones entre 15 y 17 grados centígrados en un sólo día. Los vientos, fruto de la combinación de los alisios y de las brisas costeras, son particularmente frecuentes e intensos en toda la Isla, debido no sólo a la falta de obstáculos orográficos sino también a los fuertes contrastes de temperatura existentes entre el interior de la Isla, recalentado durante el día, y la costa fresca, por la presencia de la corriente oceánica fría. La humedad relativa, del 70 por ciento, decrece a lo largo del día como consecuencia de la fuerte insolación (65 por ciento), y del efecto desecante del viento. 

        Todo ello, unido a la escasa altitud de la Isla, cuyo punto culminante son las Peñas del Chache con 670 metros, determina que toda su superficie se encuentre por debajo del nivel de inversión del alisio. La ausencia del mar de nubes tiene como consecuencia la agudización de la sequía, no sólo porque favorece una fuerte insolación, sino también porque determina la práctica ausencia de lluvias orográficas, tan importantes en la mayoría de las islas del Archipiélago. Sólo el reforzamiento esporádico del manto de estratocúmulos posibilita su estancamiento en el Macizo de Famara y su ocasional desbordamiento por la vertiente oriental, por lo que este sector posee un ambiente ligeramente más húmedo que se opone aI del resto de la Isla. De este modo, la práctica ausencia de relieves vigorosos, con la excepción mencionada anteriormente, da lugar a que estas condiciones medioambientales se distribuyan más o menos homogéneamente por toda la Isla.

        La red fluvial de la isla se reduce a algunos barrancos de curso intermitente. En la vertiente occidental del macizo de Haría no existe ningún barranco; en la oriental son muy numerosos, aunque sus aguas se filtran inmediatamente entre las lavas. Tampoco fluye ningún barranco en la depresión de El Jable. Por el S desembocan en el mar los barrancos de Tenesia, Chafaris, Palomo y Teneguine. También en el S, en el macizo de Femés, varios barrancos recorren su vertiente oriental hasta el mar, el más destacado de los cuales es el de La Higuera.

Flora y Fauna

Flora

        Los rasgos climáticos unidos a la intensa antropización sufrida por la Isla, condicionan de forma notable el carácter de la vegetación de Lanzarote. La sequía, junto a la ausencia de relieves vigorosos, ocasionan la práctica ausencia de ambientes húmedos y, por tanto, la vegetación dominante de la Isla es el matorral xerófilo. La acentuada aridez determina, además, cambios notables de las formaciones vegetales que se traducen no sólo en el porte de los elementos vegetales, sino también en su recubrimiento y en su composición florística. Pero además, la configuración actual de este matorral depende, en gran medida, de los importantes procesos de antropización (agricultura extensiva de secano y sobrepastoreo) a que se ha visto sometida Lanzarote.

        La intensidad de la aridez y de la antropización se refleja, por un lado, en la selección de especies, lo que determina un empobrecimiento florístico acusado de las formaciones típicas del piso basal de las islas, siendo escasos el cardón (Euphorbia canariensis) y la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) y, por otro, en la reducción notable de la cobertura vegetal y en la importancia que adquieren en Lanzarote formaciones secundarias como el aulagar (La unea arborescens).

        La vegetación, por tanto, sólo conserva sus rasgos originales en las áreas de difícil accesibilidad, como ocurre en el Risco de Famara, bien en aquellos sectores constituidos por materiales volcánicos sin apenas alteración edáfica y de edad reciente, como el Malpaís de La Corona, o incluso de época histórica, como el mar de lava de Timanfaya. Todos estos espacios han terminado, por ello, configurándose como refugios privilegiados de la vegetación.

        En líneas generales, es posible contraponer los rasgos de las formaciones vegetales de los macizos antiguos, mucho más rica florísticamente, más diversas, de mayor porte y recubrimiento, con la que se encuentra en el sector central de la Isla, menos rica, más achaparrada y de menor recubrimiento. En los conos volcánicos el recubrimiento vegetal, además, no es uniforme, debido a factores tales como el tipo de sustrato, matizado por otros como la exposición a los vientos reinantes. De este modo, por regla general, los sectores culminantes de estos edificios volcánicos se caracterizan por presentar un enrarecimiento notable de la vegetación debido no sólo a las fuertes pendientes sino también a la existencia de un sustrato de escorias soldadas, a lo que contribuye la frecuencia y violencia de los vientos, así como la presencia habitual de costras calcáreas.

Fauna   

        La fauna de la isla está mayoritariamente compuesta por especies de aves. Uno de las zonas que desde el punto de vista biológico presenta una riqueza natural es el de el Archipiélago Chinijo, declarado Parque Natural en 1986, que debido al aislamiento espacial que representa cada islote crea unas condiciones más o menos favorables para la colonización de especies de flora y fauna desde los entornos más cercanos. La complejidad de las comunidades vivas se diversifica a la par que la progresión en tamaños y diversidad de hábitats, presentando un gradiente que oscila desde poblaciones muy localizadas, como sucede con la musaraña en Montaña Clara, hasta el progresivo incremento de las colonias de aves marinas en los Islotes más alejados. Un factor determinante de su riqueza natural es el entorno marino que los circunda. Como han señalado Bacallado y colaboradores (1989) es, desde el punto de vista biológico, uno de los más ricos y variados de Canarias. Ello se debe a sus características físico-químicas, y a la variedad de sus morfologías submarinas, donde alternan fondos rocosos anfractuosos, zonas detríticas arenosas, abundantes veriles, cuevas y túneles submarinos, como el del Roque del Este, etc. 

        Los recursos de estas aguas explican la abun­dancia de aves marinas, que encuentran en ellos la base de su alimentación. Por su parte, los sectores emergidos de los Islotes les ofrecen los lugares adecuados para su reposo y nidificación, usando para ello preferentemente los acantila­dos, así como las cuevas y grietas de sus edificios volcánicos. Según Martín y colaboradores (1988), siete especies de aves marinas nidifican en estos Islotes: petrel de Bulwer (Bu! weria bulweria), pardela cenicienta (Calonectris diomedea), pardela chica (Pu ffinus assimilis), paiño común (Hydrobates pelagicus), paiño de Madeira (Oceanodroma castro), paiño pechialbo (Pelagodroma marina) y gaviota argentea (Larus argentatus). De todas ellas, la población más abundante es la pardela cenicienta (entre 7.500-10.000 parejas), considerada la mayor del territorio nacional. Entre las especies más raras y amenazadas, presentes en los Islotes, se encuentra el paiño pechialbo, cuyas escasísimas parejas construyen sus huras (madrigueras) en reducidos sectores detrítico-arenosos. 

        Otro grupo de aves que inciden en el valor ecológico de estos espacios son las rapaces. Además de los cernícalos y lechuzas, destacan las poblaciones del halcón de Eleonor o «aleta» (Falco eleonorae) y del guincho o águila pescadora (Pandion halla etus). En el primer caso, los cantiles y riscos albergan a la población mundial más meridional de esta especie, que sobrevive gracias a la caza de los numerosos pajarillos migrantes, que bordean el Norte de Lanzarote en sus viajes hacia Africa. Por lo que respecta al guincho, los Islotes poseen el mayor número de parejas nidificantes del Archipiélago, resaltando sus nidos en los acantilados de Montaña Clara, Alegranza y Roque del Este.

        Uno de los valores potenciales más significativos, en el contexto regional de las aguas y litorales de los Islotes lo constituyen, sin duda, las referencias históricas sobre la presencia de la foca monje (Monachus monachus), reflejadas también en la toponimia y en avistamientos recientes. Este vertebrado marino se encuentra hoy, a nivel mundial, en peligro de extinción. Esta especie sobrevivía gracias a la riqueza de estas aguas y a la tranquilidad que ofrecían sus costas, con abundantes cuevas y jameos donde se refugiaba y reproducía. Actualmente, Alegranza es uno de los territorios potenciales para la reintroducción de poblaciones de esta foca, muy esquilmada y expoliada en las cercanas costas mauritanas y mediterráneas.

Rasgos característicos de la población

        La evolución demográfica en el siglo XX ha sido positiva, a pesar de que la densidad de población de la isla ha sido siempre inferior a la media registrada en el archipiélago (en la actualidad es de 85,8 h/km2 en la primera frente a los 195 h/km2 en el segundo). En la evolución de la población a lo largo de este siglo, se pueden observar tres fases diferentes:

  1. Hasta los años treinta existe una situación de crecimiento sostenido, como resultado de una alta natalidad y mortalidad.
  2. Entre los años treinta y sesenta se origina un mayor crecimiento, fruto del descenso de la emigración.
  3. Desde los sesenta hasta la actualidad, se dispara de forma espectacular el crecimiento poblacional, coincidiendo con el desarrollo turístico.

        La juventud es el rasgo más característico de la composición por edad de la población. El elevado número de jóvenes y adultos se debe, sobre todo, a la demanda de mano de obra del sector turístico de reciente implantación en Teguise, lo que ha provocado una oleada inmigratoria de población masculina activa que procede de otros municipios de Lanzarote, de otras islas del Archipiélago y también de la Península Ibérica. El reducido número de la población infantil demustra la reciente adopción de prácticas malthusianas. En lo que se refiere a la sex ratio es destacable el mayor número de efectivos masculinos en todos los grupos de edad a excepción del de los ancianos, donde el fenómeno de la sobremortalidad masculina invierte esta relación.

        Según refleja el último censo de 1991 elaborado por Instituto Canario de Estadística (ISTAC) la población alcanza los 64.991 habitantes.

Economía

        La principal actividad económica de la isla es el turismo, ya que cuenta con un clima excelente y un singular paisaje volcánico. Lanzarote se incorporó al desarrollo turístico con cierto retraso en relación con Gran Canaria y Tenerife, y lo hizo ofreciendo un tipo de turismo distinto, en el que se acentuaban más los valores paisajísticos, ecológicos, estéticos y culturales. No podía ser de otra manera pues el turismo masivo asociado a áreas urbanas existentes ( casos de Las Canteras y Puerto de La Cruz) o a nuevas zonas planificadas a tal efecto (casos de Maspalomas o Las Américas), requería un gran aval de infraestructuras urbanas o las inversiones dinerarias pertinentes para llevarlas a cabo. Lanzarote sólo disponía de una desarticulada ciudad (Arrecife), con una playa (El Reducto), escasamente atractiva para el turismo foráneo, y con un inexistente poder económico local que acometiera iniciativas turísticas de grandes vuelos.

        De ahí que haya sido el Cabildo Insular de Lanzarote el que haya adquirido un protagonismo inusual en el primer desarrollo turístico de la Isla, y que no haya sido la iniciativa privada, como había ocurrido en las llamadas islas mayores. A un lado, los escarceos de algunos significados conejeros en pro del turismo local (Guillermo Tophan, Rafael Medina...), fue el Cabildo el que inició la promoción de la Isla con la constitución del Parque Insular de Turismo en el Malpaís de la Corona (municipio de Haría) mediante la apertura de Los Jameos del Agua y la Cueva de Los Verdes en 1962, fijando su atención ese mismo año en otras tres zonas para su Declaración de Interés Turístico: Mirador del Río, El Golfo y Montaña del Fuego, cuando no estaba declarado todavía el Parque Nacional de Timanfaya.

        lnicialmente, el turismo conejero dependía funcionalmente de Las Palmas de Gran Canaria, pues los pocos turistas que se acercaron a la Isla en la década de los sesenta eran de estancia corta y no pernoctaban en la Isla al no haber una mínima infraestructura hotelera. Es a partir de 1965 cuando se inaugura el Hotel Fariones en Puerto del Carmen, que se sumaba a la oferta del Parador Nacional, y las residencias de Arrecife (Mira-mar, España, Vasca, etc). Oferta ésta claramente insuficiente para un turismo potencial. Curiosamente, es por esos años cuando por primera vez se da un movimiento de población grancanaria hacia Lanzarote en busca de nuevos atractivos, y no en sentido inverso, como había sido la tradición, aunque por motivos bien distintos a los del ocio.

        Tal como ocurriera en las islas mayores, el turismo conejero tuvo como motor de su desarrollo al sector inmobiliario y no una planificación sectorial adecuada. Pronto surgieron las urbanizaciones como hongos a lo largo de todo el perímetro costero de la Isla, y las pocas playas existentes, incluso las peor dotadas para el baño, se cubrieron de urbanizaciones, con mayor o menor fortuna, y con distinto ritmo de crecimiento. La primera fue la que surgió en la playa más extensa de la Isla, La Tiñosa, nombre que fue repudiado inmediatamente para mutar por el de Puerto del Carmen, antiguo pueblo pesquero de la zona. A esta urbanización lineal, que fagocitó la franja costera que va desde Punta Tiñosa hasta el Aeropuerto, a lo largo de unos diez kilómetros, le siguieron dos grandes promociones, como Costa Teguise, mejor cuidada que la anterior, aunque no dispusiera de una buena playa de apoyo, y Playa Blanca, con una excelente superficie de arenas rubias, y con un clima local más favorable que las anteriores, aunque en todas, incluso en las que se citarán a continuación, el viento es un factor climático de presencia casi constante.

        A favor de los bajos precios del suelo, de las ayudas oficiales, directas o mediante la construcción de infraestructuras, y de la calidad ambiental de Lanzarote, surgieron otras urbanizaciones, tales como las de La Santa, Vista Graciosa y Famara, las únicas situadas en la costa Noroccidental de la Isla, Los Cocoteros, Oasis de Nazaret, Montaña Baja, etc. Estas urbanizaciones, junto con las tres primeramente citadas, han soportado el incremento espectacular habido en los últimos diez años, período en el que los turistas han pasado de doscientos mil a más de un millón.

        La escasez de recursos hidráulicos ha influido negativamente en la agricultura. El bajo nivel de precipitaciones dificulta aún más el cultivo de secano, incluso en régimen extensivo, y la escasez de aguas subterráneas no permiten la puesta en marcha del regadío. Por otra parte, gran parte del suelo insular está ocupado por el malpaís, zonas de erupciones volcánicas recientes que han cubierto de lava las tierras más fértiles. En la actualidad, más del 60% de los recursos hídricos procede de la potabilización del agua del mar, sistema muy costoso pero esencial para atender la elevada demanda provocada por el auge del turismo.

        Así pues, los asentamientos humanos se sitúan sobre zonas de lapilli y cenizas, y la escasa agricultura existente se practica en pequeñas parcelas. Se hace necesario utilizar diversos sistemas para conservar la humedad del terreno, tales como los "enarenados" y el "cultivo en agujeros", así como para proteger los cultivos del viento alisio del NE, los "contravientos". Los principales cultivos son la vid (aproximadamente 20.000 Hls de vino anuales), melones, sandías, batatas y tomates. La ganadería, por su parte, tampoco tiene gran relevancia económica.

        La actividad pesquera, en cambio, ha experimentado un importante desarrollo en los últimos decenios. Arrecife es el segundo  puerto pesquero del archipiélago después del Puerto de la Luz, en Las Palmas de Gran Canaria. A partir de esta actividad, Lanzarote entró en contacto con la costa africana, desde Marruecos al Congo, incrementó su flota pesquera, sobre todo  para la curvina, el cherne y la sardina, y participó en el desarrollo económico y urbano de Arrecife con la construcción de una docena de fábricas de conservas de pescado (Lloret y Llinares, Afer, Conservera Canaria, Ojeda, Frigor, Garavilla, Atunera Canaria, etc.). Esa fase de esplendor pesquero duró desde la década de los años sesenta, en que el turismo comenzó a monopolizar casi toda la actividad económica conejera, hasta los primeros años ochenta, en que comenzó a declinar, pero aún hoy sigue siendo importante. 

        El sector secundario se reduce a la ya citada industria de derivados de la pesca en Arrecife.

Administración y Gobierno

        La isla de Lanzarote es uno de los siete territorios insulares que integran la Comunidad Autónoma de Canarias que, a su vez, engloba administrativamente las islas de Alegranza, La Graciosa, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste. Pertenecen a la isla los municipios de Haría, San Bartolomé, Teguise, Tías, Tinajo, Yaiza y Arrecife, capital insular.

        El órgano de Gobierno y administración insular es el Cabildo, que tiene autonomía plena en los términos que establece la Constitución y su legislación específica conforme al artículo 32 del Estatuto de Autonomía aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982, que es su norma institucional básica.


Logotipo de la isla de Lanzarote


Introducción El méedio físico Los rasgos climáticos Flora y Fauna Rasgos característicos de la población Economía Administración y Gobierno

 

Volver a Página de Tenerife Ir a Página de Fuerteventura

Hosted by www.Geocities.ws

1