Fernando camina lentamente por una calle desierta y muy oscura. Es de noche, por eso la oscuridad. Camina dos pasos, se detiene. Observa fascinado el rect�ngulo negro de una boca de tormenta. Piensa que ah� dentro ha de haber multitud de ratas. Reanuda su caminata. Dos pasos y vuelve a detenerse. Nota que est� descalzo. Se le ocurre que debi� haberse olvidado de colocarse las zapatillas, sin embargo sus pies desnudos lo dejan desconsolado. Tienes ganas de llorar, pero camina. Dos pasos: eso camina. Siente un ligero escozor dentro de la nariz, luego cosquillas. Multitud de cosquillas en su nariz. Arquea el cuerpo hacia atr�s, como para hacer alguna acrobacia. Son las cosquillas. Como impulsado por un mecanismo de resorte, su cuerpo arqueado vuelve hacia delante violentamente. Estornuda. Hasta la sombra de su alma estornuda Fernando. Luego despierta.
No s� qu� ha sucedido. No tengo recuerdos precisos de mi pasado inmediato. Est� oscuro. No puedo mover los brazos, que est�n firmemente encadenados en forma de cruz a la pared que est� a mi espalda. Algo camina a lo largo de mi rostro. Estornudo con fuerza. Algo se aleja velozmente de mi rostro. El olor a humedad es insoportable. Me duele tanto la cabeza, que podr�a decir que no tengo m�s que cabeza, y en ella no tengo m�s que dolor. No s� d�nde estoy, ni qu� ha sucedido. Sobre mi muslo derecho distingo una mancha de luz, sigo el rastro, el haz fluye de una ventanita diminuta en un extremo del lugar en donde estoy. Lo �nico que alumbra el haz es una min�scula porci�n de mi muslo derecho. Y lo �nico que distingo sobre la min�scula porci�n iluminada de mi muslo derecho es una mancha de sangre. Pero no se qu� ha sucedido. No siento el cuerpo tampoco, s�lo la cabeza. De pronto oigo una risa, que viene como de otra �poca, de un pasado remoto o, tal vez, de un futuro remoto. Y ah� siento mi cuerpo; cada v�rtebra; cada m�sculo; cada rec�ndito cart�lago se manifiesta en un espasmo un�nime. Y s� que estoy completo�s� que estoy solo tambi�n. La risa parece brotar de la noche que me rodea, de cada uno de los miles de poros de la noche que me rodea. La risa contin�a y mientras m�s fuerte se hace, de alg�n modo que no alcanzo a comprender, m�s me a�sla del mundo. Realmente tuve mucho miedo cuando se abri� la puerta.