El empleado rebelde tiene una contextura absolutamente débil. Uno pensaría que podría tirarlo al suelo de un soplido. Una vez sólo en su despacho derrama alguna lágrima y tras limpiársela sale al pasillo. En la oficina nadie se da cuenta de nada. Cada uno corre hacia un lugar distinto por alguna razón parecida. En el box de al lado está el empleado nuevo. Al verlo le hace una pregunta.
- ¿Qué hacías antes de esto?
- Este es mi primer trabajo.
- Entonces bienvenido al infierno.
El empleado nuevo permanece en silencio y el empleado rebelde continúa su camino, quizás hacia el baño o quizás hacia la máquina de café, que si bien esa mañana no había funcionado ahora ya está arreglada.
El empleado rebelde tiene una contextura absolutamente débil. Sí, es cierto, pero su salud se mantiene bastante bien. Hay muchos hombres con aspecto mucho más sano, mucho más fornido y fuerte que él y que sin embargo andan mucho peor, como es por ejemplo el caso del Bailarín.