El orgullo es algo peligroso. La gorda lo experimentaría en su lucha con el Poeta. A veces el orgullo nos hace creernos que somos invencibles y de pronto se viene la catástrofe. Como le pasaría a aquel personaje que se hacía llamar C que dejándose llevar por ese sentimiento se había metido de a poco en una terrible banda de rufianes, pensando que nada, a pesar de las advertencias de su hermano, podría pasarle, y así, riéndose de la vida, había ido involucrándose en los ambientes oscuros hasta que de pronto había caído en manos de la policía.
La gorda no se limitó a escuchar. Contestó y fue refutada. Refutó y fue contestada. Finalmente la llegada a su parada y la mirada molesta de todos los pasajeros interrumpieron su conversación. Posteriormente a ese viaje estuvo insoportable. Contestó mal a todos, se mostró esquiva y no paró de refunfuñar un segundo. Al llegar a su casa su único consuelo fue comer todo lo que hubiera en la heladera y tomar mucha gaseosa dietética.