Sólo el Luque es
responsable de lo que se dice, las quejas a él por favor.
Surgen
a la luz las primeras evidencias de la existencia de una civilización, anterior
a la Ibera, que se desarrolló hace mas de 10.000 años en los territorios de las
antiguas Iberia (España) y Libia (norte de Africa) Este pueblo fue capaz de
expandir su cultura al crear colonias en África, Norte de Europa y Oriente
llegando incluso a América gracias al alto desarrollo que poseía de los sistemas
de navegación de ultramar y a la existencia de islotes (dorsal atlántica) entre
las Azores, Canarias y las Antillas. Parte de ella pereció bajo las aguas tras
una gran inundación acaecida hacia el 9500 a. C. ¿Fue esta civilización la
Atlántida que relata Platón? Un grupo de investigadores así lo creen y deducen
que todas las civilizaciones posteriores al 10000 a C. tales como la egipcia,
etrusca, fenicia, griega y romana, etc. han derivado de ella.
La
revisión de algunos restos arqueológicos preibéricos y la traducción correcta
de los textos de Platón (Timeo y Critias) han permitido localizar la Atlántida
en la Península Ibérica y en el norte África así como a su capital, Atlántis,
enterrada hoy bajo las aguas del estrecho de Gibraltar.
La
localización de la Atlántida, además de resolver el enigma del mito, nos acerca
a la antesala de nuestros orígenes ya que en todos los textos en los que se
alude ala Atlántida la refieren como el lugar en donde habitaron los primeros
mortales, junto a los dioses, en los confines del mundo conocido: el Occidente.
Estas referencias míticas cobran una dimensión nueva ante los resultados
obtenidos de estudios del ADN de diferentes poblaciones que confirman que toda
la humanidad procede de un mismo tronco común y, presumiblemente, de un mismo
lugar: Occidente.
Tras las huellas de la
Atlántida
La existencia de la
Atlántida nunca ha sido descartada por los historiadores, pese a la carga
literaria y mítica que pueda serle atribuida, pues también la Troya de Homero
se creía producto de la fantasía hasta que el arqueólogo Heinrich Schliemann la
descubrió en 1903.
Herodoto,
Estrabón, Séneca, Filón de Alejandría y otros eruditos, así como diversos
textos religiosos y legendarios (Libro de los Muertos, Biblia, etc.) dejaron
testimonios abundantes a cerca de un continente, situado en las proximidades
del Atlántico, en el Oeste, desaparecido tras una gran inundación. Lo mas
sorprendente es que también se haga referencia a él en las leyendas bosquimanas
y en las tradiciones de mas de 130 tribus americanas, ubicándolo en este caso
en Oriente (Iberia y Libia). En el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, se
menciona un lugar de oriente, del cual procedían los padres del pueblo maya y
al que debían viajar -cruzando el mar- sus grandes sacerdotes para ser
investidos como tales.
La
inundación que asoló este continente -la Atlántida- fue, presumiblemente, el
diluvio del que se habla en mas de 600 relatos mitológicos de todo el mundo
incluido el del Nuevo Testamento. Los geólogos norteamericanos Wiliam Ryan y
Walter Pitman han probado que el Diluvio fue un acontecimiento real ocurrido al
final de la última era glacial -sobre 9.500 años a. C.- y que junto a otros
cataclismos derivados del cambio climático y de alteraciones tectónicas, transformaron
la anatomía del planeta, sumergiendo unas tierras y elevando a la superficie
otras. Sólo el 1% de la población consiguió sobrevivir. Estos datos están
aceptados por la comunidad científica internacional.
Los
restos arqueológicos del territorio no sumergido fueron catapultados bajo las
construcciones de las ciudades de los nuevos pueblos. Muchos de los
supervivientes de estos cataclismos emigraron hacia otras latitudes conservando
el recuerdo de su antigua civilización y proyectándola en los mitos y leyendas,
en la religión, en la arquitectura… en definitiva, generando las grandes
culturas de la antigüedad. El descubrimiento de una civilización anterior a la
ibérica, en España y norte de Africa, plantea la posibilidad de que ésta fuese
la Atlántida.
De
probarse esta tesis, defendida por prestigiosos historiadores, arqueólogos,
geólogos y filólogos, tales como Jorge Rivero Meneses, Jorge Díaz, Marquez
Triguero etc., la humanidad inteligente y por consiguiente la civilización, por
el contrario de lo que hasta hoy la historia y la ciencia han defendido, habría
surgido en Occidente y, desde ahí, se hubiera expandido hacia Oriente De esta
matriz primigenia, la Atlántida, derivarían las civilizaciones egipcia,
mesopotamica, celta, maya, azteca etc., teoría que justificaría las analogías
existentes entre todas las culturas de la humanidad pese a las distancias
espacio-temporales que media entre ellas
La Atlántida en España: Un
enigma desvelado
En opinión de Jorge Rivero
Meneses, J. Díaz, Gonzalez Cravioto, Maxine Asher -entre otros investigadores-
la Atlántida siempre ha estado ahí, delante de todos; pero sin embargo ha
pasado desapercibida hasta hoy debido a que la traducción incorrecta de los
textos de Platón- pieza clave para su localización- ha inducido a que fuese
buscada en los lugares mas dispares y alejados.
La
nueva traducción de los textos platónicos originales, efectuada por un equipo
de filólogos, describe la posición exacta del continente atlánte en la
península ibérica y en la antigua Libia ( Norte de Africa). El epigrafista y
arqueólogo Jorge Díaz así lo afirma: “ambos territorios, Iberia y Libia,
estaban unidos por un archipiélago de islas y debió tener una extensión total
aproximada de 600.000 km. ya que, en la sección 24 del Timeo, se recoge: 'y
esta península junto a Libia era del mismo tamaño que Asia'. Mas adelante el
mismo texto explica: '… su capital, Atlántis, se encontraba en un archipiélago,
frente a las columnas de Hércules' . Parte de la Arlántida desapareció a partir
del momento en que su capital, emplazada en el antiguo archipiélago existente
en el estrecho de Gibraltar, se sumergió en el mar, hace aproximadamente unos
9.500 años, tras las inundaciones de la última glaciación”.
En
las antiguas traducciones que se hicieron de los textos de Platón se produjeron
tres errores fundamentales: El primero consistió en traducir la palabra griega
“pélagos” como océano, en vez de cómo marisma o archipiélago, que son sus
acepciones en griego, por lo que se intentó siempre buscar la Atlántida en un
gran océano. Pero Platón se refirió siempre a un archipiélago ya que la
traducción correcta sería : “… En aquella época, se podía atravesar aquel
archipiélago dado que había una isla delante de la desembocadura que vosotros
llamáis columnas de Heracles”. Después añade: “… y la Atlantis-isla, su
capital, desapareció bajo el mar (zálattes) hundiéndose. Por ello aun ahora el
"piélago” es allí intransitable porque lo impide el fango y los bajos que
la isla allí asentada produce”. En griego existe un termino para mar que es
zálattas, otro para archipiélago que es pélagos y otro para océano (okeanos).
El
segundo error cometido por los buscadores de la Atlántida fue el considerarla
una isla. La única voz que utilizó Platón para identificarla geográficamente
fue la de "nésos de pantas” que significa "península". En las
ocasiones en que se refiere a una isla (nêsos), lo hace para nombrar a su
capital, la isla Atlántis, la Hierópolis o ciudad sagrada que según describe
Platón, se encontraba frente a las costas de Libia y a los pies de las columnas
de Hércules (estrecho de Gibraltar).
En
el Kritias, Platón comenta que los nombres atlántes fueron traducidos al
egipcio y que Solón lo hizo a su vez al griego; de esta forma puede seguirse la
pista de los nombres de sus territorios, además de extraer un amplio
vocabulario, pudiendo conformar un abecedario atlánte, a modo de piedra de
Rosetta.
Del
estudio filológico se deduce que la palabra "Atlas" -en las lenguas
indoiranias, ibérica, griega, bereber, euskera, azteca, maya, etc...- significa
“espacio intermedio”; por lo que Atlántis -la capital- significaría “ la ciudad
del espacio intermedio”. Pero este estudio filológico ha deparado otras
sorpresas, que ya habían intuido investigadores como Amador de los Ríos y Adolf
Schulten y es que la Atlántida y el antiguo reino de Tartessos fueron una misma
civilización y si la historia convencional ha aceptado la existencia del reino
de Tartessos, demostrada la identificación de ambas civilizaciones debería
aceptarse la existencia de la Atlántida como hecho histórico.
Tharsis,
la capital del reino de los tartessos (los primeros habitantes que ocuparon
antes que los iberos el sudeste peninsular) significa, en lengua tartessica,
también “espacio intermedio” y, al igual que la Atlántis mítica, desapareció
bajo el mar. Para los historiadores y arqueólogos siempre ha sido un enigma la
cultura de los Tartessos, entre otras causas por no poder ser ubicada
satisfactoriamente en el tiempo, dado el anacronismo histórico que supone la
existencia de una civilización tan altamente desarrollada como la de los
tartessos en épocas protoegipcias y a la que en numerosos textos religiosos e
históricos de la antigüedad se la refiere como a un antiquísimo reino. De los
tartessos existen pocos restos arqueológicos, más aún cuando su capital
desapareció bajo el mar.
El
paralelismo entre la histórica Tharsis y la legendaria Atlantis, ha quedado
manifiesto por lo que algunos historiadores afirman que sus nombres son
topónimos que se refieren a la misma ciudad. Los filólogos Ribero Meneses, J.
Alonso y Arnaiz señalan además que el término ”Atlantida” es una variante
helénica de la palabra “Atlastan” que, en lengua protoibérica, significa “país
o región” por lo que: Atlántida se traduciría como “ el país de los atlántes” o
también podría traducirse como “el país de los tartessos” dado que Tharsis y
Atlántis, fueron la misma capital.
Restos arqueológicos
atlantes en España
Si aceptamos la teoría de
que Tharsis o Atlantis se refieren a la misma ciudad (la capital de la
Atlántida) y que, por consiguiente, los tartessos fueron atlántes y los
supervivientes directos de estos tras la gran inundación del 9500, las huellas
arqueológicas serían numerosas. Los extraordinarios tesoros de Carambolo,
Lebrija y Aliseda, -catalogados como tartessicos- serían fieles exponentes del
grado de evolución atlánte). De la Atlántida quedó como residuo la civilización
tartessica que trascendió a la historia: de ella surgiría la ibérica que
decaería después con la invasión cartaginesa (500 a. C.). Según Schulten muchos
de los restos arqueológicos atlántes o tartessicos quedaron sepultados bajo el
mar y bajo las nuevas ciudades prerromanas por lo que muchos de estos han sido
confundidos con iberos, fenicios o romanos.
Existen
suficientes evidencias arqueológicas en toda España y en el norte de Africa que
atestiguan que estos pudieron ser los territorios atlántes. Según el arqueólogo
Jorge Diaz, el Acueducto de Segovia, el Arco de Medinaceli, las murallas de
Carmona, entre otros muchos monumentos, son vestigios atlántes ya que la
juntura de los bloques de estas construcciones se encuentran fundidas de tal
manera que no se advierte la unión entre ellos. En los monumentos de granito
para que se produzca este fenómeno de erosión y compactación, hasta hacer que
desaparezcan las uniones entre los bloques, se necesita un tiempo superior a
los 12.000 años. El acueducto de Segovia (en donde, además, aparecen
inscripciones en grafía tartésica) no pudo ser nunca una construcción romana, sino
anterior porque los romanos construyeron su primer acueducto trescientos años
después de la dominación de Hispania. Manuel Bendala, historiador de la
Universidad Autónoma de Madrid, afirma que Hispania estaba ya totalmente
urbanizada antes de la llegada de los romanos.
Jorge
Diaz comenta: "el descubrimiento de la Atlántida no consistía pues en
hallarla bajo el mar sino simplemente en reconocer las evidencias dejadas en
las regiones que no se hundieron".
Los
Toros de Guisando, la dama de Elche o la de Baza, entre otras esculturas que
han sido valoradas como ibéricas, celtas o romanas han sido catalogadas también
como atlántes ya que recientes estudios las sitúan en el periodo preibérico, es
decir: en el tartessico o atlánte.
Las
famosas Torres de Hércules parecen haber sido localizadas en un tramo costero
entre Cádiz y Huelva por el geólogo y arqueólogo Esteban Marquez Triguero, el
cual afirma que los restos de las columnas de Hércules debieron estar situadas
sobre la elevada plataforma costera pero que, debido a los movimientos de
basculación de la costa y a la transgresión marina, se hallan hoy en gran parte
bajo las aguas y a gran distancia de la cornisa atlántica.
En
la costa atlántica del norte de Marruecos se alzan las ruinas de la ciudad
megalítica de Lixus cuya fundación se remonta en torno a los diez mil años de
antigüedad ya que en sus murallas ciclópeas se ha producido el mismo fenómeno
de compactación que en el acueducto de Segovia. Sobre Lixus se asentaron
diferentes pueblos del ámbito mediterráneo como el mauritano, cartaginés,
fenicio y romano. El arqueólogo Sergio Navas opina que Lixus es el vestigio
atlánte en la antigua Libia.
Los
primeros testimonios escritos de Lixus aparecen con Herodoto, Estrabón y Plinio
que llegaron a identificarla con el jardín de las Hespérides. Muy cerca de
Lixus se han encontrado restos humanos sorprendentes: unos esqueletos de
sapiens, de edades comprendidas entre los diez y doce años y con una antigüedad
de 20.000 años; estos esqueletos miden aproximadamente entre 2 y 2´50 metros.
¿Pudieran ser los restos de los antiguos gigantes de los que hablan las
leyendas? Esta excavación, que aún está en sus inicios, deparará muchas
sorpresas.
La
arqueóloga inglesa Elena Whishaw (directora de la Asociación para La
Investigación del Antiguo Mediterráneo) afirma haber localizado los restos
sumergidos de la capital de la Atlántida, en las costas de Cádiz, a unos 120
pies de la orilla. Semienterrados por bancos de almejas, arenas movedizas y
otros sedimentos acumulados durante los diez mil años transcurridos. En su
opinión, "las marismas cercanas a Huelva son las huellas de la gran
inundación, incluso las inscripciones tartésicas de Gibraltar muestran a
hombres subiendo a botes intentando sobrevivir".
"Después
de las grandes inundaciones y cataclismos que se desencadenaron tras la última
glaciación -comenta E. Whishaw- se produjo una diáspora humana hacia los
lugares mas protegidos. Los supervivientes se refugiaron en su mayoría en los
Pirineos y en el norte de la Península, viviendo en las cuevas, en condiciones
de extrema precariedad. Estos hombres fueron los autores de las extraordinarias
pinturas rupestres. Los vascos pueden ser descendientes de aquellos
supervivientes atlántes que han conseguido mantener un recuerdo mas vivo de su
ascendencia debido al aislamiento geográfico e histórico . Esto explica que el
euskera esté ligado a la lengua tartésica y sus mitos hablen de la Atlántida.
Cuando cesaron las lluvias y las aguas bajaron el nivel hubo una segunda
ocupación del sudeste peninsular por los descendientes de los antiguos
tartessos-atlantes, constituyendo la segunda civilización de Tartessos muy
diluida después entre los iberos."
Exploraciones
submarinas realizadas por un equipo dirigido por esta arqueóloga han mostrado
los restos de una enorme ciudad sumergida en los fondos marinos del estrecho de
Gibraltar, entre Huelva y Cadiz. Se han estudiado las fotografías
tridimensionales obtenidas por satélite, realizadas con filtros infrarrojos y ultravioletas.
En ellas se observan restos de estructuras de edificios y trazados de calles y
recintos en forma de pirámides escalonadas. Todo un hallazgo pendiente aun de
evaluar.
La Atlántida: El origen de
la humanidad
Contra los dogmas
científicos convencionales surgen nuevas teorías que sostienen que la humanidad
racional nació en Occidente y que después se expandió hacia otros territorios.
El
Instituto de Antropología de la Universidad de Zurich ha probado que la
humanidad racional se ha derivado de un tronco genético distinto al de todas
las poblaciones de homínidos. Por otra parte, el departamento de Biología
Molecular de la Universidad de Yale confirma el origen común de la especie
humana, dimanada de un tronco único. Un equipo de genetístas de la Universidad
de Oxford dirigido por Brian Sykes, identificó los siete linajes mas antiguos
que intervinieron en las formaciones poblaciones de Asia, América y Europa;
estos grupos eran originarios de España y norte de Africa.
En
Xinkiang, China, se han descubierto 115 cuerpos momificados originarios del
Occidente de Europa, con una antigüedad de mas de 4000 años y que, según
estudios de ADN, constituyeron la base poblacional de aquel territorio. Los
análisis de ADN realizados por la Universidad de Stanford ponen de manifiesto
que los descendientes directos del homo de Cromagnon (el homo sapiens sapiens)
son los habitantes de la Península Ibérica y Norte de África. Ribero Meneses
añade: "Los restos humanos hallados en Atapuerca ponen de manifiesto el
papel preeminente que la península ibérica ha jugado en la génesis de la
Humanidad".
A
causa de los acontecimientos del último periodo glacial, hace unos 11.000 años,
se produjeron sucesivas oleadas migratorias que partiendo de España poblaron
las regiones centrales y septentrionales de Europa, que habían estado
anteriormente cubiertas por los hielos. Este suceso ha sido refrendado por los
estudios efectuados por el departamento de Biología Molecular de Yale, que
prueban que hubo una expansión poblacional desde la península ibérica hacia las
regiones deshabitadas del Norte y Centro de Europa. El sarcófago descubierto en
Londres en 1998 conteniendo los restos de una mujer -la primera pobladora de
Gran Bretaña- demostró mediante análisis de ADN su origen vasco. Esto unido a
las evidencias toponímicas permiten establecer el origen común de las
poblaciones europeas e ibéricas.
Estudios
filológicos comparativos entre las lenguas tartesica, ibéra y el euskera, realizados
por Arnais y J. Alonso, evidencian que el euskera es la descendiente directa de
la lengua tartessica. Más aún ,el filólogo J. Ribero Meneses afirma que:
"el euskera es el último vestigio vivo de la lengua atlánte, de la cual
derivaron, la lengua ibérica, las lenguas romances, el griego, las indoirania e
indoeuropeas. Una placa de bronce hallada en Bembibre confirma mis tesis
respecto a la existencia del castellano ya en época romana. Basta con realizar
un análisis toponímico para constatarlo. También fue el origen de las lenguas
precolombinas, aztecas y mayas."
Se
da el hecho curioso que muchos sacerdotes vascos durante la colonización
americana podían entenderse en euskera con los indios nativos. Aún en el Atlas
africano y en zonas de Asia se habla un euskera arcaico o tartesico, es decir:
atlante. El director de la Biblioteca Nacional, Luis Alberto de Cuenca, afirma
que: "el euskera es la base del castellano y posiblemente de las lenguas
romances". Por su parte, Antonio Arnaiz Villena, tras realizar un estudio
comparativo entre las lenguas mediterráneas, euskera y egipcia, llega también a
la conclusión de que el euskera es una lengua primigenia anterior a la egipcia.
Que
una civilización preibérica, -la tartesica o atlante- haya sido la cuna de la
humanidad, el origen de las grandes culturas de la antigüedad lo corroboran
numerosos vestigios tanto científicos, como históricos o arqueológicos. En
Mérida y en Gibraltar, por ejemplo, se han encontrado sendos santuarios
protohistóricos de origen preibéricos dedicados respectivamente a Mitra y a
Melkart construidos con anterioridad al florecimiento de las culturas persa y
fenicia. La manifiesta influencia tartesica en Egipto y la referencia que los
egipcios hacen del “país de Punt” el lugar de procedencia de los invasores
herreros llegados del occidente que dieron origen a las primeras poblaciones
predinasticas nos remite a oleadas migratorias y al trasvase a otras tierras de
una cultura que floreció en un lugar que la leyenda histórica llamó Atlántida.
Los Atlantes españoles
poblaron la Tierra
No pudieron darse entre los continentes europeo, africano,
asiático y americano las evidentes analogías culturales, de no haber existido
una cultura primigenia; y si esta civilización preibérica pudo expandir su
cultura tuvo que haber practicado la navegación de ultramar. El enorme
petroglifo de Santa María de Oia (sudeste de Galicia) descubierto por Pablo
Noboa y J. San Román, representa un barco semejante a los barcos egipcios
usados durante el Imperio Antiguo (2619-2150 a.C.) pero está fechado en unos
8000 ó 9.000 años a. C. Esto significa que los habitantes de Iberia conocían un
sistema de navegación( adoptado después por los egipcios) capaz de atravesar
océanos, en pleno Neolítico, mientras que ni Egipto, ni en Sumeria habían
surgido siquiera como civilización.
Según
el geógrafo holandés Marten Van Hoek, los atlántes debieron navegar en
dirección noreste ya que, desde hace mas de 10.000 años, las corrientes del
océano atlántico establecen un curso circular hacia la derecha como las
manecillas de un reloj. Con salida desde Iberia arribarían a las Azores y desde
ahí partirían llegando por las propias corrientes norecuatoriales a las costas
africanas occidentales, a Canarias y Cabo Verde, desde donde zarparían hacia
América y, a la inversa, hacia Bretaña.
El
biólogo Antonio Torroni confirma tras un estudio poblacional, que una gran
migración se produjo desde la Península Ibérica hacia las Islas Británicas hace
alrededor de 10.000 años. Dennis Stanford y Bruce Bradley, del Instituto
Smithsoniam de Estados Unidos, sostienen que pueblos procedentes de la
Península Ibérica llegaron a América hace 18.000 años, afirmando que: “en
cuevas de Cantabria, Andalucía o Levante se han encontrado puntas de lanza
semejantes a las norteamericanas de la cultura Clovis y los recientes hallazgos
de fósiles humanos en Alaska y estado de Washington sugieren que los
colonizadores del continente americano proceden del sudeste europeo, que
paralelamente emigraron también a las áreas más septentrionales del continente
asiático.”
La Atlántida madre del
culto solar universal
En un pasaje del Critias se
lee: "Neptuno fortificó la colina aislándola de todo lo que la rodeaba por
medio de dos anillos de agua y tres de tierra. A partir del mar cavaron un
canal que desembocaba en la cintura exterior de la ciudad en el centro de la
isla . Para transportar por agua a la ciudad los maderos de las montañas y los
diversos productos de cada estación, se había hecho que las diversas trincheras
se comunicaran entre si y con la ciudad por canales transversales…"
Por
tanto, el esquema de la ciudad de la Atlántida lo constituyen cinco anillos
concéntricos rodeando a un enclave central, conectado con el exterior por un
canal; el mismo esquema que encontramos en los petroglifos hallados en toda la
costa atlántica, en ambos lados del océano, con mayor abundancia en la franja
costera desde las islas Británicas hasta el norte de Portugal.
Las
construcciones megalíticas de planta circular y las de plantas circulares
concéntricas ponen de manifiesto la influencia de esta primigenia civilización,
supuestamente atlánte, como madre de las culturas conocidas. En la cuenca del
Caribe, costas atlánticas de Norteamérica, México etc. se han hallado círculos
megalíticos concéntricos y petroglifos de anillos concéntricos con núcleo
central y canal semejantes al esquema atlánte que describiese Platón En México,
la pirámide circular de Cuicuilco, está cubierta por una capa de lava de entre
6 y 8 metros de espesor como consecuencia de la erupción del volcán Xitle
ocurrida hace unos 8000 años a.C.
La
forma circular concéntrica se relaciona con el culto solar, presente en todas
las culturas. En Egipto el disco solar (Atón) era representado por uno o varios
círculos concéntricos con un punto en el centro.
Entrevista con el
arqueólogo e historiador Francisco Benavent
-¿Existen
fundamentos para establecer que hubo una civilización primigenia?
-Sí. Los resultados de
distintas ramas de la Ciencia sustentan por separado la hipótesis que la
civilización nació en el Sáhara y Península Ibérica y se fue propagando a
través de los movimientos migratorios provocados por su desertización al
finalizar la glaciación de Würm. Las evidencias las aportan: La propia
arqueología (1), a través de los restos y yacimientos estudiados en el Sáhara,
y los estudios de Escacena-Carrasco de 1996 en la desembocadura del
Guadalquivir, que descubren allí restos de bóvidos y gatos de procedencia
africana, y ponen de manifiesto la similitud de la cerámica y la domesticación
de animales con la cultura egipcia predinástica de El-Badari: la Genética (2),
que utilizando halotipos HLA demuestra que gran parte de los genes de las
poblaciones de los países mediterráneos son de procedencia norteafricana; la
Biología (3), que ha identificado restos de bayas y semillas de origen africano
en estos mismos países; la Lingüística (4), dónde utilizado como “piedra de
Roseta” un solo lenguaje, el euskera o preibérico, se pueden interpretar gran
parte de los textos hallados en la cuenca mediterránea, indoeuropea y
américana; la Historia del Arte (5), que pone de manifiesto las claras
concomitancias entre las pinturas rupestres del Tassili y del Levante español;
el estudio comparado de las Religiones (6), que evidencia la existencia de una
religión común, denominada “Puerta de la Oscuridad”; la Meteorología (7), que
explica la desertización del Sáhara como consecuencia de la desaparición de la
masa glacial de Escandinavia y Norteamérica; y últimamente las técnicas
aeroespaciales de teledetección (8) (prospección por radar), que han permitido
obtener “radiografías” del territorio sahariano que muestran que hubo grandes
ríos y lagos en toda esta zona.
-¿Existen
argumentos para probar la existencia de la Atlántida?
En realidad sólo existen
referencias poco concretas sobre la Atlántida en la obra de Platón,
informaciones difusas en fuentes de la antigüedad. Solo hallazgos arqueológicos
podrían refrendarlas.
-¿Puede
ser el reino de Tartessos la mítica Atlántida?
El profesor Schulten, en su
libro “Tartessos”, se inclina a pensar que la civilización tartésica tuvo sus
raíces en Libia, y que se benefició de las antiquísimas culturas
norteafricanas. Escribió que “quizás” Tartessos tuvo que ver con la Atlántida,
estableciendo a título de hipótesis una variada lista de concomitancias. Las
costumbres, las tradiciones, la lengua, la religión y el arte de los tartessos
permiten identificarlos como herederos de un mismo pueblo común o muy
relacionado con el que habitaba en el Sáhara neolítico y sudeste peninsular,
que desarrollo una gran civilización y que es dónde estuvo la Atlántida.
Las enigmáticas esculturas
atlántes
Un conjunto de setenta
esculturas, representaciones de hombres, homínidos y humanoides, con un
antigüedad de mas de 11000 años fueron encontradas en Huelva en el área minera
de Ríotinto. Este hallazgo no solo pone de manifiesto que el hombre actual y
los homínidos pudieron convivir en el mismo tiempo y lugar ,contradiciendo con
ello la teoría de la evolución, sino también abre las puertas a la hipótesis
extraterrestre. Este descubrimiento extraordinario es considerado por algunos
investigadores como evidencias arqueológicas de la mítica Atlántida
En
1974, en la zona conocida como “Llano de los Tesoros” del área minera de Riotinto
(Huelva) cuando se estaban realizando obras de desmonte para descubrir la roca
madre del mineral aurífero, en un terreno en donde abundan las cuevas y
galerías subterráneas, la máquinas excavadoras horadaron la cubierta de una
cueva sellada extrayendo con su pala huesos, cerámicas y esculturas. La empresa
constructora ordenó inmediatamente que fueran arrojados a los escombros ante el
temor de que pudiese intervir la administración y ordenase la paralización de
las obras.
Tres
empleados de la contrata que se hallaban trabajando en el lugar con su
maquinaria recogieron las esculturas y posteriormente las trasladaron en
camiones, cubiertas de arena, a una finca de Córdoba en donde han permanecido
ocultas hasta que pudo hacerse cargo de ellas el geólogo Esteban M. Triguero y
llevadas a Torrecampo (Córdoba) para ser estudiadas.
Este
hallazgo arqueológico puede significar uno de los mayores revulsivos tanto para
la ciencia como para la historia. Las setenta esculturas recuperadas de las más
de doscientas que fueron extraídas de la cueva, representan la diversidad
racial del planeta; pero además, entre ellas se encuentran unas esculturas
paleoantropoides y otras más extrañas aún ya que son auténticas reproducciones
de las conocidas figuras de alienígenas de rostro triangular, boca menuda y
ojos oblicuos. Lo extraordinario de este conjunto escultórico es que fue
realizado hace más de 11.000 años. La pregunta que surge ante este
descubrimiento es inevitable: ¿cómo pudieron ser representados juntos estos personajes,
por un escultor de hace más de 11000 años?
Demostrada
su autenticidad por las Universidades de Córdoba y Granada, la hipótesis salta
a la palestra: los personajes representados en las esculturas del Llano de los
Tesoros vivieron en un periodo y lugar que la leyenda histórica hace
corresponder con la Atlántida; en consecuencia, podemos encontrarnos ante un
testimonio tangible de quienes fueron sus protagonistas, los habitantes de la
Atlántida. Pero de aceptarse esta hipótesis, tendríamos que admitir que en la
mítica Atlántida convivieron los hombres inteligentes, los homínidos y,
posiblemente, alienígenas o cuando menos tenían ya noticias directas de ellos,
de lo contrario no podrían haber sido representados escultoricamente.
Este
supuesto hace saltar los resortes -bien anclados hasta ahora- de la teoría de
la evolución de Darwin la cual hace imposible el que hombre y homínido hubiesen
podido convivir en fechas tan recientes; tanto es así que entre el hombre
actual y el Australopithecus hay una distancia de más de cuatro millones de
años. Los únicos que protagonizaron un periodo de corta convivencia -según la
ortodoxia científica- fueron el Homo sapiens y el hombre de Neanderthal, hace
aproximadamente 35.000 años.
Pero
la evidencia nos muestra parámetros bien distintos al observar estas
escultoras, ya que el escultor que realizó esta obra, dado el realismo con el
que están hechas las figuras, o bien los tuvo delante, posando para él o bien
tuvo unas referencias muy precisas sobre nuestros supuestos antecesores, cosa
improbable ya que hasta el pasado siglo XIX no se conocían. Por tanto, estas
esculturas suponen una contradicción científica si intentamos explicarnos como
pudieron ser realizadas en la fecha admitida para su procedencia. Pero aún se abren
otras incógnitas de dimensiones mas trascendentales: ¿por qué quisieron ser
inmortalizados? ¿pretendieron transmitirnos algún mensaje por medio de esta
representación poblacional?
Las misteriosas esculturas
pretartésicas
No cabe duda de que estamos ante uno de los hallazgos
arqueológicos mas enigmáticos y quizás mas importantes para la historia de la
humanidad, pues bien pudiera ocurrir que estas esculturas sean testigos
silenciosos de un pasado bien diferente al que hemos construidos intelectualmente
para la especie humana.
El
historiador y arqueólogo Rafael Gomez Muñoz comenta: “El hecho de que este
grupo de esculturas apareciesen en una explotación minera, de oro, cobre y
plata, conocida desde los primeros tiempos de la antigüedad, me hace suponer
que estos personajes representados debieran estar relacionados con el entorno
minero y me lleva a preguntarme si los homínidos sirvieron como mano de obra,
dada su inferioridad intelectual. Pero de ser así, si estos homínidos fueron
trabajadores de las minas, me cuestiono el motivo por el que fueron enterrados
junto a los señores e inmortalizados del mismo modo, ya que fueron extraídos de
la misma necrópolis.” Desde luego si los homínidos trabajaron para el sapiens y
fueron enterrados juntos y con los mismos honores nos encontramos posiblemente
ante un pueblo que carecía de desigualdades sociales desde el contexto en el
que hoy las entendemos; una sociedad que respondería con su comportamiento al
lema: “dar a cada uno según su capacidad y según su necesidad, sin
desigualdades” ya que los homínidos realizaron el duro trabajo de las minas por
su inferioridad intelectual pero tendrían el mismo rango social y beneficios
que los señores ya que fueron enterrados con la misma dignidad.
Los
primeros estudios geológicos realizados a estas esculturas las sitúan en una
época pretartesica En la Edad de los metales surgió el primer estado de cuya
existencia histórica se tiene noticia cierta y que la leyenda relaciona con la
Atlántida, el estado de Tartessos, en el sudeste peninsular. Pero los
historiadores convencionales sitúan al reino de Tartessos en época posterior
(III a. C.) al estimado para las esculturas de Torrecampo, (más de 11.000 años)
con lo que estas esculturas quedan catalogadas dentro de un periodo pretartesico.
Sin embargo, para los historiadores más progresistas Tartessos fue una
civilización que se desarrolló en épocas muy anteriores a las establecidas
oficialmente para esta cultura, por lo que ven en ella un testimonio
arqueológico atlánte, ya que consideran la posibilidad de que el reino de
Tartessos que ha conocido la Historia fuese la reminiscencia de una antiguo
reino de magnas dimensiones y antigüedad, la mítica Atlántida. De lo que se
deduce que estas esculturas cuya realización se produjo hace mas de 11.000 años
pueden ser una manifestación artística y religiosa de la civilización atlante.
Las
esculturas debieron estar sustentadas sobre una base cuadrada y apoyadas sobre
una pared o columna, tal y como parece indicar la parte posterior de los bustos
que es bastante lisa. Junto a ellas se encontraron también escultoras de leones
y linces. El realismo con el que fueron hechas evidencian que los personajes
posaron ante el escultor.Las cabezas presentan una pátina compuesta de sulfatos
y complejos minerales procedentes de las aguas residuales de la actividad
minera datos que confirman la procedencia de estas del área minera de Riotinto.
Humanos, homínidos y
humanoides en una necrópolis de hace más de 11.000 años
Las esculturas concentradas
hoy en Torrecampo ( Córdoba ) en la Casa-Museo Posada del Moro podrían haber
querido ser una fiel representación de las razas humanas existentes en aquella
época: europeoides, negroides, mongoloides y amerindia; una especie de ONU de
nuestros antepasados, pero además, esta muestra incluye un número variado y
extenso de representaciones de homínidos: varios tipos de Australopithecus y
Neanderthales, algo así como una manifestación documental de dos especies
surgidas de troncos diferentes que fueron coetáneos con lo que el sapiens no
descendería de los de ellos sino que convivieron y que lo hicieron en
condiciones de igualdad, a pesar de las obvias desigualdades fisiológicas.
Con
independencia de la intención con la que fueron realizadas estas esculturas, lo
cierto es que nos da una referencia sobre nuestros orígenes a la que se añade
un elemento innovador: la participación extraterrestre en la creación del
hombre.; esto es lo que sugiere la presencia dentro del grupo de esculturas de
cabezas de humanoides. También podría sugerir que estos humanoides mantuvieron
un estrecho contacto con los habitantes de la zona ya que son representados
como formando parte de la colectividad, hasta el punto de haber sido enterrados
juntos.
Todas
estas figuras estaban dentro de un contexto de necrópolis y según el arqueólogo
e historiador R. Gomez Muñoz : “Resulta demoledor para un arqueólogo e
historiador convencional observar esta muestra ya que parece indicarnos que los
homínidos convivieron con el hombre moderno, lo que rompe de lleno la teoría de
la evolución de Darwin.” Poe su parte el antropólogo G. Diez añade: "Nos
encontramos ante las innegables primeras representaciones escultóricas de una
especie intermedia entre el mono y el hombre moderno; es decir, ante individuos
con caracteres simiescos que sin lugar a duda son del tipo hominoideo
paleoantropo".
Efectivamente
allí están representados diversos tipos de Australopithecus que debieron
haberse extinguido hace un millón y medio de años ; también lo está el sapiens
arcaico que supuestamente hizo lo mismo hace 300.000 años y el Neanderthal,
cuyo último asentamiento conocido fue en Zamarrya (Málaga) hace 30.000 según
las afirmaciones y valoraciones de la ciencia convencional.
La
ciencia admite, ante los últimos hallazgos, que en algunos casos hubo
convivencia entre algunos de estos grupos, como ocurrió con el Homo sapiens y
el Neanderthal, pero se ha demostrado que sin embargo no hubo cruzamiento- lo
cual prueba que pertenecían a especies distintas- según avala el estudio de ADN
realizado a sus fósiles. Se sabe que el Homo Erectus de Java, por el contrario
de lo que se pensaba, coincidió también con el sapiens hasta hace 20.000 años
así lo confirma los análisis efectuados por Carl Swisher y G. Curtis del Centro
de Geocronología de Berkeley (EE.UU ).Sin embargo, no han existido hasta ahora
evidencias de que pudieran haber convivido todos los diferentes tipos de
homínidos con el hombre moderno, por lo que el conjunto escultórico de
Torrecampo supone el hallazgo mas insólito que la biología y la Antropología
pudieran haber imaginado.
Análisis
recientes de ADN efectuados por el departamento de Biología Molecular de Yale y
Stanford revelan que el sapiens ha derivado de un tronco genético distinto del
de los homínidos, que entre uno y otro grupo existe una barrera biológica que
demuestra que son especies diferentes. Según esto, habrían existido dos troncos
familiares: de una parte el de los homínidos (Procónsul, ardipithecus, los
Australopithecus afarensis, africanus y robustus; Homo erectus, habilis y
Neardenthal) y de otra parte el de los sapiens (Sapiens arcaico, Cromañon y
Homo sapiens sapiens). Del primer tronco derivarían los simios Estos resultados
avalan la tesis que algunos biólogos plantean: que la humanidad no deriva del
mono sino que deriva de otro tronco y cuyo rastro mas inmediato lo encontramos
en la Eva mitocondrial, una sapiens que habitó África hace 100.000 años y cuyo
ADN revela que de ella descendemos la especie humana inteligente.
Esta
Eva sería el primer antecesor del hombre actual, la primera sapiens. A partir
de ahí surgirían el hombre de Cromañon y el Homo Sapiens sapiens actual. No de
otra forma podría explicarse la convivencia de los individuos, hombres y
homínidos representados en el conjunto escultórico de Torrecampo Wallace,
alumno de Darwin y descubridor junto a él de la teoría de la evolución de las
especies afirmaba que el evolucionismo era aplicable a toda especie menos al
hombre ya que: "algún poder inteligente ha guiado o determinado el
desarrollo evolutivo del hombre porque este es verdaderamente una excepción
para el metódico sistema de las leyes biológicas."
El
descubrimiento de este conjunto escultórico supone una prueba arqueológica de
la convivencia entre homínidos y hombres y de valorarse correctamente se
salvarían los vacios existentes en la teoría de la evolución de las especies.
Pero que duda cabe que lo mas inquietante que nos ofrece este conjunto
escultórico son las representaciones de los supuestos extraterrestres. ¿Cómo
explicar las esculturas de humanoides? Autores como Zecharia Sitchin o Alan
Alford tendrían las respuestas.
Zecharia
Stchin (autor de El duodécimo planeta) propone que la creación del hombre fue
llevada a efecto por los nefilim o dioses extraterrestres que llegaron al planeta
Tierra hace unos 400.000 años y crearon trabajadores para las minas, la raza
humana. Esta creación se realizó a partir de diferentes combinaciones de ADN de
los visitantes extraterrestres. El premio Nobel Francis Crick (descubridor
junto con Watson del mecanismo básico del ADN) en su obra La vida misma
sostiene que debió existir una panspermia dirigida inteligentemente en la
creación. Estos microorganismos habrían sido enviados y controlados por una
civilización extraterrestre, con lo que la vida en todas sus manifestaciones
hubiera sido una creación manipulada por extraterrestres.
El
hecho de encontrarse cabezas humanoides dentro del conjunto escultorico del
Llano de los Tesoros podría certificar la hipótesis de Crick y la especulación
de Sitchin. ¿Cómo sería posible, de lo contrario, esta concurrencia de
personajes hace mas de 11.000 años ? Son tan alarmantes las preguntas y
respuestas que pueden ser suscitadas ante estas esculturas, que han sido
relegadas en un pequeño museo de un recóndito pueblo de Andalucía sin que hayan
saltado por su espectacularidad a la opinión pública y científica ya que esto
exigiría un pronunciamiento de la ciencia y la historia ortodoxa poco acorde
con los postulados que hoy sustentan
La autenticidad de las
esculturas
El conjunto escultórico de Torrecampo ha sido analizado por
los departamentos de Mineralogía y Petrología de dos Universidades, la de
Granada y Córdoba. En ellas se aplicaron diversas técnicas, entre otras la de
Difracción de Rayos X y Espectroscopia de Inducción de Plasma. De este modo se
confirmó mediante el siguiente informe -“que la roca de la que están labradas
procede de las antiguas canteras del Mioceno Superior de Niebla (al este de
Huelva) y que su cortificación exterior está compuesta por óxidos y sulfatos de
las aguas residuales del área minera, así como de una gama de elementos
químicos de los criaderos minerales tales como hierro, cobre, plomo, cobalto y
otros que se asocian a ellos como el litio, vanadio, bario, lentano (este
elemento da autenticidad a la escultura) y zirconio, procedentes, tal vez, de
la actividad humana, tanto minera como metalúrgica.”
La
analítica realizada en Córdoba de las muestras extraídas de las esculturas
describe que el material con el que se han construido pertenece a una arenisca
calcárea que contiene gran número de fósiles entre los que destacan algas
calcáreas y fragmentos de bivalvos y foraminíferos.