Por Bruno Cardeñosa
"El
11 de septiembre no se estrelló un avión de pasajeros contra el
Pentágono." Así lo aseguran numerosos investigadores que cuestionan las
tesis oficiales sobre los atentados más sangrantes jamás ocurridos. ¿Qué pasó
realmente en Washington? ¿Existió una trama oculta detrás de los hechos? ¿Quién
se benefició de las especulaciones bursátiles detectadas en los días previos a
la tragedia? ¿Nos han contado toda la verdad? Este reportaje ofrece las
respuestas a todas estas cuestiones.
Atta, Mohammed Atta . Un islamista de tomo y lomo. Un fanático. Un musulmán de 33 años
que seguía a rajatabla la Ley coránica, y que en nombre de Alá estuvo durante
varios meses preparando el más atroz de los atentados que recuerda la Historia.
Que trazó con la frialdad del más irracional de los creyentes un plan
meticuloso para secuestrar un avión de pasajeros en pleno vuelo, modificar su
ruta y estrellarlo contra el edificio más emblemático del planeta. Que se había
entrenado para ello en varias escuelas de aeronáutica. Que no le importaba
sacrificar miles de vidas, si era por glorificar a su dios y a su jefe, Osama
Bin Laden . Que ni tan siquiera se planteó que para lograrlo debía inmolarse…
En nombre de Alá.
Sólo
dos días después de la tragedia del 11 de septiembre, el FBI señala la
existencia de 19 pilotos suicidas como responsables de los atentados, entre
quienes estaba Mohammed Atta. De inmediato, las cábalas le apuntan como uno de
los hombres clave de la operación orquestada por Bin Laden. Al parecer -siempre
según el FBI- este atento observador de las palabras de Mahoma había aterrizado
el día de autos en el Aeropuerto Internacional Logan de Boston a las seis de la
mañana. Casi dos horas después, tal y como recogieron las cámaras de seguridad
del aeropuerto, se sube al vuelo 11 de Americam Airlines con destino a Los
Ángeles. Allí se encuentra con el resto de secuestradores, que toman los mandos
del Boeing 767, con 81 pasajeros a bordo, a las 8.15 horas. Sólo cinco minutos
después, modifican el plan de vuelo; se dirigen hacia Nueva York; giran a la
derecha, pican con maestría hasta situarse a tan sólo 300 metros de altura y
hacen chocar el avión contra la torre norte del World Trade Center… Son las 8.48
horas: la guerra ha comenzado.
Primeras
dudas
Pero esta versión -la
oficial- presenta extraordinarios agujeros negros. Por un lado, Atta es un
saudita del Golfo; allí, la terrible tradición de los terroristas suicidas ha
sido siempre defenestrada por el imperante wahabbismo , al contrario de lo que
ocurre con los ciudadanos árabes del entorno palestino. Por lo que sabemos,
tampoco sus costumbres parecen las propias de un musulmán que hacía del Corán
su modo de vida. Un ejemplo: cuatro días antes del atentado se amarraba al
cuarto vodka de la tarde en un pub próximo a Miami, un cubata de ron Captain
Morgan con Coca-Cola… ¿Un árabe fundamentalista emborrachándose un viernes, el
día sagrado?
También
-a qué negarlo- resulta sospechoso que los secuestradores del vuelo 11 se
dejaran un panfleto de instrucciones de vuelo en el coche junto con retratos de
Bin Laden. O que fueran capaces de pilotar una fortaleza ingobernable como es
un Boeing 767 durante media hora, efectuando giros complejos a baja altura y
dirigiéndolo como un misil hacia las Torres Gemelas sólo habiendo pilotado
hasta ese momento pequeñas avionetas Piper y Cessna . O que uno de los
pasaportes de los suicidas hubiera sido encontrado casi intacto el día de los
hechos entre los escombros de las Torres Gemelas logrando sobrevivir a los
1.000 grados de temperatura que durante horas asolaron el WTC. O -y esto ya no
es una conjetura- que su nombre, como el de ningún otro ciudadano árabe, no
aparezca en las listas oficiales de quienes se subieron al vuelo 11 de American
Airlines …
El
paso del tiempo quizá nos ha hecho olvidar muchas de las informaciones que los
medios de comunicación ofrecieron minutos después de la tragedia. La CNN , por
ejemplo, barajó entre las primeras hipótesis la posibilidad de que los aviones
suicidas hubieran sido teledirigidos. En este mismo sentido, el diario de
Bahrein, The Gulf News, propuso un escenario alternativo en clara oposición a
las versiones oficiales. Se basaban en los estudios del piloto de líneas aéreas
Ishaq Kuheji , para quien resultaba en todo punto imposible que pilotos sin
experiencia hubieran sido capaces de manejar los mandos del Boeing con la
precisión de un veterano. En su opinión, resulta más factible pensar que los
sistemas de navegación de los aviones fueran programados con anterioridad, lo
cual explicaría el por qué de las complejas maniobras efectuadas por los
aviones antes de chocar contra las torres gemelas.
El
Pentágono, derribado; Interrogantes, en pie
Pero si los atentados de
Nueva York presentan dudas más que inquietantes, el ocurrido en el Pentágono es
hoy por hoy un auténtico pozo de incoherencias. En el momento de escribir estas
líneas, un fenómeno editorial sin precedentes "invade" Francia. Allí
acaba de publicarse el libro La terrible impostura , de Thierry Meyssan , el
responsable de la organización crítica Red Voltaire , formada por políticos,
periodistas, intelectuales y profesionales de diversos campos. Meyssan y su
grupo se han caracterizado siempre por su defensa de los derechos humanos y por
su oposición a los poderes establecidos cuando estos ocultan al pueblo la
verdad sobre los hechos. Entre otros logros, a Meyssan se debe el fin del
asalto político que llevó al ultraderechista Le Pen a cosechar éxitos
electorales.
Meyssan,
en su polémico libro, expone una serie de pruebas que ponen en jaque las
versiones oficiales sobre los hechos del 11 de septiembre de 2001. Asegura en
el libro que detrás de los atentados -amén de Bin Laden y sus socios- podrían
encontrarse determinados órganos del entablisment político y militar de los
Estados Unidos. Las críticas no se han hecho esperar. La gran prensa ha sido
muy beligerante con él, y las autoridades políticas norteamericanas han
recurrido al manual del descrédito para desautorizarle. Sin embargo, sus
sospechas tienen fundamento: "Esa fuerza inmisericorde han dejado, sin
embargo, en pie la casi totalidad de interrogantes que ha suscitado el 11 de
septiembre y que es imperativo contestar" , escribía el columnista de El
País José Vidal-Beneyto el pasado 6 de abril a propósito de La terrible
impostura , que vendió 120.000 ejemplares en pocos días.
Nuestra investigación
arrancó el pasado 7 de marzo. Ese día, la cadena NBC daba a conocer la
filmación del atentado contra el Pentágono. La secuencia, de cinco fotogramas,
muestra cómo una terrible explosión se produce en la base del edificio. En un
principio, las informaciones aluden a que fuentes del FBI dieron a conocer las
imágenes. Luego se sabrá que no: alguien las filtró sin autorización… ¿Por qué?
La razón podría esconderse en la misma secuencia, en la cual no se observa
ningún avión de pasajeros chocando contra el emblemático edificio. Sólo tras
visionar la filmación repetidas veces se observa cómo a ras de suelo, un
pequeño objeto alargado de pocos metros de longitud, se aproxima al edificio un
instante antes de alcanzarlo originando la explosión. Sin duda, no es un
Boeing… Pero, ¿de qué se trata?
Al
observar la filmación, decidí investigar. Ciertamente, y casualmente, sólo unos
días antes de que se filtrara -los indicios apuntan al seno del Departamento de
Defensa- la filmación, Thierry Meyssan ya había mostrado una serie de pruebas
que parecían poner en solfa la versión oficial del incidente. Diversas
fotografías que se convirtieron en argumento de peso para sostener sus tesis.
Los
testigos del atentado
Pero vayamos por partes.
Cuando las dudas sobre los hechos del Pentágono emergieron -seis meses después
de la tragedia- decidí rescatar el inmenso archivo documental que reuní sobre
los atentados. En concreto, centré la búsqueda en las informaciones que se
ofrecieron minutos y horas después de los sucesos. Y en ellas hemos encontrado
pistas más que sospechosas.
Recordará
el lector que cuando se produjo el atentado sobre el Pentágono -a las 9.43
horas de la mañana- el planeta llevaba una hora estremecido con las imágenes
del Word Trade Center. Los primeros teletipos informaban no del estrellamiento
de un avión, sino de una explosión en el interior del Pentágono. Luego se
hablaría de dos deflagraciones, e incluso de un camión-bomba. La existencia de
un avión involucrado sólo aparece una hora después de los hechos, cuando la
cadena de televisión ABC alude a un testigo que observó "un pequeño avión
sobrevolando el Pentágono." Sólo entonces, esta tesis cobra fuerza y se
recuerda que a las 9.10 horas se había perdido el rastro de un avión que había
despegado desde el aeropuerto Dulles de Washington rumbo a Los Ángeles. Al
parecer -según informaciones posteriores- el avión dio media vuelta cuando se
encontraba sobre Ohio, dirigiéndose de nuevo hacia la capital. En ese momento,
se pedió su señal por radar.
Sin
embargo, los testigos del incidente de Washington brillan por su ausencia.
Katty Kay , corresponsal en la capital de Estados Unidos del diario The Times ,
es quien recoge los primeros testimonios. Uno de ellos es el de Alan Graham ,
que estaba aparcando su coche a 300 metros del gigantesco edificio cuando
"oí un tremendo ruido; pensé que se trataba de un avión que pasaba sobre
mi coche hacia el aeropuerto." Pero Graham sólo oyó el avión… No lo vió.
Tampoco
observó el supuesto avión otro de los testigos presenciales, el asesor del
Partido Demócrata Paul Begala : "Ví una gran bola de fuego
anaranjada" , diría. "Como la estela de un avión" , añadiría
Dave Winslow , reportero de la agencia de noticias Associated Pess . Ninguno de
ellos -insisto- vio un avión… Y quienes lo vieron, no dudan en calificarlo de
"pequeño", como informaría un testigo ocular a la ABC. Otro, Michael
Kelly , explicaría a la cadena competidora -la CBS - lo siguiente: "Ví un
avión que venía por encima, a muy baja altura, y lo próximo que vi fue una
tremenda explosión. Era un avión pequeño" . Lo que no pudo precisar es si
ese avión impactó o no contra el edificio; nadie asistió a esa escena. Ni
siquiera un testigo perfectamente ubicado, el periodista español Javier Sierra
(no confundir con el antiguo coordinador internacional de Año/Cero y actual
director de Más Allá).
Sierra
se encontraba junto al río Potomac, tomando un café en una terraza y leyendo la
prensa: "Absorto en mi lectura, pasaron los minutos casi sin enterarme. De
repente, oí el ruido efímero de motores de avión, seguido de una enorme
explosión que conmocionó a personas y objetos por igual. Me asomé hacia la derecha
y vi una bola de fuego naranja mezclada con una espesa nube de humo negro
levantarse sobre lo que todos sabíamos que era el Pentágono." Sin embargo,
tampoco fue testigo directo del impacto del avión. Sencillamente, no los hubo.
De
acuerdo a la versión oficial, en un principio, el avión parecía dirigirse hacia
la Casa Blanca. Sin embargo, prosiguió su rumbo -en dirección hacia la cara del
Pentágono en donde se encuentran las oficinas de los altos cargos- y al superar
el río Potomac efectuó un giro para estrellarse en la cara opuesta, justo en un
sector del edificio que casualmente, en contra de lo que afirmaban las primeras
informaciones, estaba prácticamente desocupado, puesto que había sido reformado
recientemente y los funcionarios aún no se habían ubicado en las oficinas.
Pero
un análisis crítico de los hechos vuelve -nuevamente- a traicionar la versión
oficial. De acuerdo a los datos ofrecidos por el Gobierno de los Estados
Unidos, el avión efectuó tras sobrevolar el río un giro de 180 grados… a casi
700 kilómetros por hora de velocidad. Así pues, esta maniobra se habría
realizado a 10 G, una aceleración en contra de la gravedad que no puede ser
asumida por piloto alguno. Para que nos hagamos una idea, un F-16 puede
ejecutar maniobras de hasta 9 G, el límite de lo que soporta un cuerpo humano.
Un Boeing, claro está, no puede emular tal maniobra y, mucho menos, un piloto
sin experiencia. "Además, la maniobra, según los pilotos consultados,
habría hecho perder al piloto el mando del avión" , asegura Joe Vials , un
investigador privado que ha estudiado los hechos del pasado 11 de septiembre,
concluyendo que es harto improbable pensar que el piloto suicida, tras el
brusco giro, hubiera sido capaz de enfilar el Pentágono a baja altura en una
maniobra de aterrizaje, cuando según el FBI fueron precisamente los aterrizajes
y despegues lo que menos importaba a los suicidas cuando se instruyeron en
escuelas de vuelo.
Casualmente,
el único testigo de los acontecimientos que narra una versión coincidente con
la oficial es el capitán del Ejército Lincoln Liebner . Aseguró horas después
de los hechos que vio el avión de Americam Airlines, que primero chocó contra
un helicóptero y luego contra el Pentágono. Nada de esto, sin embargo, se
observa en la filmación de los hechos…
Pero
las pruebas más rotundas a este respecto -y en las que Thierry Meyssan-
sostiene sus dudas, son las fotográficas. De los análisis de las imágenes se
deducen las siguientes conclusiones:
Primero-.
En un principio, se informó que el impacto del avión había afectado a cuatro de
los cinco anillos del Pentágono (el edificio está formado por cinco pentágonos
concéntricos, a cual de ma yo r perímetro). Dicha información no es verídica,
pues las imágenes muestran que sólo el primer anillo quedó colapsado o
derrumbado. La otra parte del edificio dañada lo fue por culpa del posterior
incendio.
Segundo-.
El impacto de un avión de cientos de toneladas debería haber provocado el
derrumbe de la fachada. De hecho, en las imágenes ofrecidas por los medios de
comunicación, el lugar del impacto aparece derruido. Sin embargo, el colapso se
produjo por acción del incendio posterior y no a causa del impacto. Las
primeras imágenes muestran el sector afectado por el presunto impacto en pie.
No hay en dichas imágenes más que daños estructurales exteriores y focos
ígneos. Pero el edificio -insisto- quedó en pie tras la explosión. Es más: el
Boeing 757 que se habría estrellado mide 13, 6 m. de altura, y sin embargo, en
las imágenes tomadas tras el suceso, sólo la primera planta -de cinco metros de
altura- parece afectada, cuando el epicentro del impresionante golpe debería
haberse producido como mínimo entre la segunda y tercera planta.
Tercero-.
El sector dañado por el impacto o la explosión mide 19 metros de ancho y 15 de
profundidad. Sin embargo, la envergadura del Boeing que se habría estrellado es
de 38 metros y su longitud de más de 47. Es difícil comprender que una
fortaleza de tales características hubiera provocado un desperfecto tan
pequeño. En todo caso, si el avión hubiera chocado sin penetrar en el edificio
como sí lo hicieron los que impactaron contra las torres gemelas, miles de
toneladas de fuselaje habrían quedado esparcidas. No se encontró, sin embargo,
pieza de fuselaje alguno: "Para decirlo de otra forma no hay trozos del
fuselaje, ni nada parecido. Saben, preferiría no hablar del tema, tenemos
numerosos testigos oculares, que están en capacidad de informarles en cuanto a
lo que pasó con el aparato al acercarse. Por lo tanto no sabemos" , señaló
al día siguiente de los hechos Ed Plauger , capitán de bomberos que comandó las
operaciones de rescate.
Cuarto-.
De haber llegado a ras de suelo, el Boeing, en el terreno colindante al sector
del Pentágono en donde se produjo el incidente, la hierba habría quedado en
mero recuerdo y todo alrededor estaría arrasado. En las fotografías, apenas se
observa nada. Es más, Meyssan señala que dichas imágenes "muestran cómo
sobre la hierba intacta se vertieron toneladas de tierra… ¿por qué?" El
investigador francés sospecha que para ocultar pruebas…
Pero…
¿Qué habría ocurrido con el avión?
Todos los indicios apuntan
a que no se estrelló un Boeing contra el Pentágono. Sin embargo, los pasajeros
del vuelo 77 de American Airlines fallecieron, y esto también está claro.
Entonces, ¿qué ocurrió con el avión? Veamos. Se sabe que las anomalías en los
vuelos fueron detectadas desde poco después de producirse los secuestros. De
hecho, el cuarto vuelo en cuestión, el 93 de United Airlines , teóricamente se
estrelló en Pennsilvannia tras una rebelión a bordo de los pasajeros contra los
secuestradores. Sin embargo, la caída del avión se produjo después de que se
diera la orden ejecutiva de abatir cualquier avión en vuelo, puesto que tras
los atentados de las torres gemelas se tomó la decisión de suspender todos los
que ocupaban espacio aéreo norteamericano. La posibilidad de que el vuelo 93
hubiera sido abatido por los F-16 que partieron de sus bases es más que una
sospecha. De hecho, sólo con repesar los acontecimientos de aquel día nos damos
cuenta de que se informó sobre la intercepción en vuelo del avión…
Evidentemente, la decisión de abatir el avión -con 45 personas a bordo- que
presumiblemente tenía por objeto provocar una nueva tragedia, si de por sí es
difícil de tomar, más difícil es -aún siendo comprensible- de admitir
públicamente.
¿Acaso
ocurrió lo mismo con el vuelo 77? El avión podría haber sido abatido sobre las
miles de hectáreas despobladas que existen cerca de Washington y que por
motivos de seguridad no pueden ser sobrevoladas por aeronave alguna y que están
restringidas al público. Nadie se habría dado cuenta de ello. Es más, las dos
llamadas que hizo a su marido Barbara Olson , comentarista de la CNN que
viajaba en el avión, están en entredicho, según atestigua Joe Vials. De hecho,
parece que no hay pruebas de registro alguno de que se hubieran producido. Es
más, según diversas informaciones oficiales, dichas llamadas fueron efectuadas
al procurador general Ted Olson desde el teléfono público del avión. Sin
embargo, en el momento de ser realizadas el avión debería se encontraba por
debajo del techo de cobertura para este tipo de llamadas… Siendo dichas
comunicaciones técnicamente imposibles, cabe preguntarse si de verdad se
produjeron.
Joe
Vials y otros estudiosos sospechan que, probablemente, un misil pudo provocar
el suceso del Pentágono. De hecho, los testimonios visuales que hablan de un
objeto en llamas o de una estela -e incluso el ruido ensordecedor propio de los
misiles- encajan con esta versión de los hechos. También el impacto de un misil
-de pocos metros de longitud- se ajustaría al destrozo provocado en la fachada
del Pentágono y con lo que se observa -un pequeño objeto alargado- en la
filmación filtrada el pasado 7 de marzo.
En
definitiva, la hipótesis del misil parece mucho más ajustada a las pruebas
existentes que la del avión de pasajeros. Eso sí, sólo faltaría saber si dicho
misil impactó de forma accidental contra el Pentágono o si, por el contrario,
fue algo intencionado con objeto de edificar una hipótesis alternativa para
desviar la atención de los medios sobre el derribo intencionado del vuelo 77… A
fin de cuentas, podrían argumentar, despojándose de escrúpulos los defensores
de esta última posibilidad, que muy pocas personas fallecieron en el interior
del Pentágono… Las primeras informaciones hablaban de siete heridos, luego de
ocho muertos y finalmente de 800, pero hoy por hoy, oficialmente, se trató sólo
de medio centenar.
Una
trama financiera precedió a los atentados
Ralph Shoenman , quien
fuera secretario personal de Bertrand Russell y quien tuviera una participación
directa en la investigación del fiscal Jim Garrison cuando éste quiso demostrar
la participación de un sector del poder político en la muerte de Kennedy , es
uno de los estudiosos que con más interés ha indagado en los hechos del 11 de
septiembre de 2001. Asegura que el gobierno de los Estados Unidos "bajó la
guardia" en las horas previas a los atentados para facilitar las acciones
de los terroristas. E indica que el objetivo no era otro más que facilitar con
la subsiguiente reacción -el ataque a Afganistán- los intereses económicos de
Estados Unidos en el exterior, y de paso, los particulares del clan familiar
del presidente George Bush Jr .
Thierry
Meyssan baraja la misma tesis, sin dejar de considerar que el suceso del
Pentágono pudo haber sido provocado directamente por un sector del ejército
sirviendo oscuros intereses. Sin embargo, su propuesta -una bomba- ha perdido
peso con la aparición de la filmación antes citada. Sin embargo, el fondo de
las cuestiones que plantea sigue en pie. De hecho, el colectivo que dirige
presentó el 16 de noviembre un demoledor informe que nadie hasta ahora ha sido
capaz de debatir y que demuestra la existencia de una trama financiera previa a
los acontecimientos del 11 de septiembre.
Seis
días antes, las acciones de United Airlines y American Airlines , las compañías
aéreas cu yo s aviones fueron secuestrados, perdieron de un tirón
respectivamente el 42 y el 39 por ciento de su valor. Además, las opciones de
compra sobre los valores de empresas asentadas en el WTC como Mogan Stanley o
Merrill Lynch & Co. se multiplicaron por 12 y por 25 respectivamente. Según
denunciaría días después de los hechos de Nueva York y Washington la Comisión
de Control de Operaciones Bursátiles de Chicago, la operación reportó a los
"iniciados", que es como dicha comisión denomina a quienes poseen
información privilegiada para operar en bolsa, más de 16 millones de de dólares
de beneficio. Si los datos se extienden al resto de compañías afectadas que
vivieron sobresaltos en sus acciones en los días previos a los atentados, los
beneficios alcanzan varios cientos de millones: "Es el más importante
delito por aprovechamiento ilícito de informaciones privilegiadas jamás
registrado" , indicó en su informe la Organización Internacional de
Comisiones de Valores (IOSCPO).
De
inmediato, las sospechas se centraron en Bin Laden y su productivo entramado
financiero: él mismo se habría beneficiado de los atentados. Pronto se
descubrió que la sociedad Alex Brown había gestionado la ma yo r parte de las
operaciones que tantos dividendos proporcionó a los "iniciados", cu
yo s nombres quedaron protegidos como consecuencia del modo en que se
efectuaron las maniobras. Pocos después, el FBI fue apartado de las
investigaciones oficiales para aclarar el hecho… ¿Por qué?
La
Red Voltaire parece haber dado con la respuesta. El grupo Alex Brown está
gobernado por el capitán Krongard , actualmente el número tres de la CIA. Por
su parte, la participación ma yo ritaria en Carlyle corresponde al grupo United
Defence Industries , undécimo vendedor de armas en el mundo y a cu yo mando
está el clan del presidente Bush. Además, y por si fuera poco, Meyssan ha
demostrado la existencia de vínculos comerciales muy estrechos y actuales entre
la familia Bush y el Saudí Bin Laden Group , la ma yo r empresa de Arabia
Saudí, fundada y dirigida por el clan familiar de Bin Laden. De hecho, no deja
de ser llamativo que el patriarca del clan falleciera en 1988 en un misterioso
accidente aéreo a bordo de un avión en el cual George Bush padre había montado
en numerosas ocasiones para gestionar su devenir económico. Hoy, Bush Sr.
seguiría mandando en Carlyle . La investigación ha llegado a una conclusión terrible:
"George Bush padre, podría ser, entonces, uno de los afortunados
beneficiarios de las maniobras bursátiles ligadas a los atentados del 11 de
septiembre" , concluye el informe francés.
Además,
cabe recordar que en 1996 el Departamento de Energía de los Estados Unidos
elevó informes sobre la idoneidad de construir un oleoducto que atravesara
Afganistán y el resto de Asia Central para transportar petróleo desde la cuenca
del Caspio al resto de Asia. Dos años después, se vuelve a insistir en esa imperiosa
necesidad. En Turkmenistán y Pakistán parecen dispuestos entonces a favorecer
los intereses petrolíferos de Estados Unidos, algunas de cuyas ma yo res
empresas del sector están dirigidas por George Bush padre. Quienes sí parecen
más opuestos a los intereses norteamericanos son los afganos del régimen
talibán, hasta entonces afín a Estados Unidos. De hecho, está documentado que
Bin Laden y sus combatientes fueron entrenados por la CIA a través de los
servicios secretos pakistaníes para liberar al país del dominio soviético. Pero
a partir de entonces, la situación cambia de forma radical. A mediados de 2001,
el secretario de asuntos exteriores de Pakistán, Niaz Naik especula con una
posible intervención norteamericana en Afganistán que abriría el paso al oleoducto.
Y predice que dicho ataque podría tener lugar en los últimos meses del año…
En
este mismo sentido, no deja de ser sospechosa otra de las revelaciones que hace
Thierry Meyssan. Al parecer, en julio de 2001, la cuenta bancaria del supuesto
terrorista Mohamed Atta engorda en 100.000 dólares. La transferencia, de
acuerdo al diario Times de la India, la efectúa el general Ahmed Mahmud … el
director de los servicios secretos pakistaníes.
Bajo
esta perspectiva, los sucesos del 11 de septiembre se antojan como orquestados
desde el interior del entablishment norteamericano. Las empresas petrolíferas y
armamentísticas de los Estados Unidos resultaron ser las más beneficiadas con
la tragedia, puesto que el ataque terrorista -repleto de sombras y preguntas
sin responder- desencadenó una guerra que favoreció los mentados intereses.
Además, la trama financiera hinchó los dividendos de las compañías participadas
por los Bush. Con todos estos datos -y otros muchos en la misma línea que por
cuestiones de espacio resulta imposible exponer- las dudas parecen más que
justificadas… ¿Sabremos algún día qué hubo detrás de los atentados del 11 de
septiembre de 2001?