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Sos el visitante:

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Testimonio
del Regreso de la Muerte a la Vida

Antes de cumplir mis
dieciocho años me atropelló un auto 0Km marca Renault 18, a más de 80 Km. por
hora y recuerdo que pegó sobre mi pierna derecha, apoyé mi mano derecha sobre
el capot junto al vidrio del parabrisas y volé por el aire, luego de ello
incomprensiblemente en ese momento para mi me encontraba caminando por una calle
obscura en forma ascendente hacia el cielo donde había una tenue luz distante.
Lo extraño para mi era
que después de haber sido atropellado siendo de día ¿cómo podía ser?,
estaba caminando en la oscuridad hacia la luz, pero más aun, el gran
vigor físico que sentía, me sentía con un cuerpo nuevo, sin dolores,
flamante, sano y fuerte, era como un
guerrero marchando, caminaba y miraba asombrado mis músculos, la fuerza que
poseían.
Al avanzar se
intensificaba la luz, al fin llegue y había allí la entrada a lo que creo que
era una de las moradas que Jesús refirió, y ante ella dos hombres de
apariencia septuagenaria charlando se sorprendieron con mi presencia mirándome,
luego se miraron entre si como preguntándose que hacia yo ahí, a continuación
desperté, volviendo en mi en una camilla mientras me subían a la ambulancia
del hospital vecinal de Lanús, luego de haber estado clínicamente muerto,
habiendo caído en estado inconsciente de cara sobre el asfalto después de
volar mas de quince metros por el aire y arrastrando varios metros mi rostro. La
calle estaba cubierta de mi sangre. Para todos sin duda estaba muerto.
Una enfermera que se
encontraba de franco comprando unas toallas donde caí, vio el accidente, tomó
mis signos vitales: pulso y respiración y al ser negativos se esforzaba
inútilmente en resucitarme, mientras otra gente llamaba a la ambulancia que
tardó 40 minutos en concurrir, un basketbolista estadounidense contratado por
el C A Lanús sacaba al conductor del vehículo de los pelos por la ventanilla
de su vehículo cuando intentaba huir desde varios metros más adelante donde
recién pudo parar su auto con el cual me atropelló.
Hermanos queridos, Dios en
esa oportunidad me devolvió a esta vida sano y resucitado, en una semana se me
estaban terminando de curar mis heridas, de pelones de varios milímetros de
profundidad en mi rostro, no tuve ninguna fractura y no tengo cicatriz alguna de
ello.
Creo en una patria
celestial, donde no hay aflicciones, donde todo es maravilloso, donde no existe
el dolor, donde si hubiese sido por mi me hubiese quedado, pero solo Dios sabe
de nuestra vida y sus misiones y objetivos que debemos llevar adelante para que
más gente pueda creer en el Bello Evangelio del Agua y el Espíritu.


Mi
encuentro

Un Testimonio dicho en verso:
En una ocasión me acosté
en mi cama solo
es difícil de explicar, sentía como si esa noche
fuera a morir, y como si no quisiera
contaminar a mi familia con mi sufrir
Esa noche muy
pensativo,
me sentía trabajado,
como si me envolviera el mal
con sus brazos desalmados,
Y boca arriba me dormí
con los brazos a los lados,
y comencé a soñar un sueño
tenebroso y medio largo.
Caminaba por una
vereda y de repente se abrió un portón,
yo, miré al interior y sabía pero no como
que alguien poseía la intención de mostrarme, en aquella ocasión,
lo que frente a mi se exhibía tras ese abierto gran portón:
Era alguien de mi familia
que hacía tratos por mi vida,
y allí estaba reunida con un brujo homosexual,
al que Cacique le llamaban en la secta de Umbanda.
pensé enseguida que esa no era la realidad,
que el mal aprovechando que
nos encontrábamos enojados,
pretendía acrecentar el odio para más separarnos,
mostrándome sus irrealidades en el presente acto,
que yo desconfié que fueran ciertas, negando.
Volví de nuevo a la
esquina de donde había venido
observando que frente a allí se agrupaba un gran gentío,
personas varias, de conocidas caras
pero las cuales aun no recordaba,
eran todas parecidas a
seres que conocí alguna vez.
Mientras las miraba descubrí que me hacían señas
para que a ellos me acercara y no hice caso,
y en un acto persuasivo levante mi mano como saludando,
y ante su insistencia les
grité: ¡Ahora vengo, espérenme!,
desde la vereda de enfrente de la esquina de donde ellos se encontraban.
¿Quienes
eran ellos?, parecían ser muertos, que conocí alguna vez vivos,
que me llamaban con mucho interés para decirme algo importante.
Al cruzar por la mitad de
la cuadra, apareció otro más de ellos,
era el padre de un amigo, que ya había fallecido hacía tres años y
medio,
quien me dijo: “- Hola Danielito, como anda tu viejo..”
y esto fue para darme confianza, pero yo desconfié sin remedio,
pues su cara se veía como
la de un muñeco de cera
rejuvenecido, brillosa en gran manera y suave como la seda,
le contesté: “-¡Usted no es Rodríguez!, ¿Porqué se hace pasar por él?”
el contestó:”-¡Si pibe!, ¿no te acordás de mí?”
Pero yo sabía que no era
el señor Rodríguez aquel
había leído que los demonios se visten hasta de ángeles de luz,
¿Por
qué no se iban a disfrazar de alguien que yo conocía?,
si su intención era contar con mi voluntad para obtener quizás el alma mía,
Me insistió:”- ¡Vení
aquí a la esquina, que deseamos decirte algo!”,
yo para conformarlo, hice como que había creído en él,
y le respondí que iría luego , que enseguida iba a volver
Y él se reunió con aquellos que me habían llamado antes.
Pero en el sueño, yo
sabía que más que una pesadilla
era una vivencia en la que me encontraba espiritualmente atado
de la que huir hubiese querido, pero el mal pertinaz,
en su propósito desalmado me acercó a otro conocido más allegado.
y como me había dado
cuenta que eran demonios
imitadores de gente conocida, muerta
mientras caminaba me salió al encuentro una cuñada
que en la vida material estaba viva,
Con ella
estábamos disgustados
y me solicitaba perdón en forma desmedida,
pues me había hecho muchas maldades,
y su rostro no era más que
otra imitación parecida,
invitándome también que
fuera a aquella esquina,
que debían decirme algo trascendental,
la perdone y le dije: “-¡Que Dios cuñada te bendiga!”,
observando que al hacerlo dio un gran salto hacia atrás
Observé el terror en su
rostro y la conformé
diciéndole que iría después
al ver que mi bendición fue como una puñalada
constaté que de un demonio se trataba
Entonces doble en la
esquina, buscando tomar distancia
de las entidades que se me acercaban
aquellas personas que parecían conocidas,
en realidad eran malos espíritus que me engañaban, y me acechaban
Colocándome en la ochava,
clamé a Jesús a vos viva,
“-¡Señor
Jesús, sacame de esta pesadilla!”
- “estos son espíritus que
seguramente mi mal desean,
y además deben buscar mi vida.”
Así que desperté, en la
cama donde dormía
en otro sueño pero acostado boca abajo,
y con la cabeza para el lado de los
pies de la cama,
y sentía en mi lumbar un peso y en mi cuello unas cosquillas,
giré observando hacia
atrás y no pudiendo creerlo
saltaron de mis ojos lágrimas de quebrantamiento,
al ver sobre mi, sentado al Señor Jesús, al Gran Maestro,
que con sus manos gloriosas poseía algo que destellaba entre sus dedos
Era un objeto que jamás vi
hasta ese momento,
como una rueda de carreta, del tamaño de una medalla de oro refulgente,
que destellaba rayos dorados e incandescentes
con sus manos lo rozaba por mi cuello.
fue una sorpresa y una
emoción tan descontrolada
al ver su hermosura ocupada en mi persona,
¡había
prestado oído a mi clamor desesperado!,
en aquella pesadilla en que me encontraba acollarado
El Señor Jesús me había
librado
rescatándome del mal y del gran terror que me había dado,
además de flaco parecía que en cualquier momento moriría
y tan chupado estaba mi rostro, que parecía un muerto en vida.
Y luego de todo esto, me
restablecí enteramente,
pues me salvo Jesús con su diestra refulgente.
día tras día se restableció mi cuerpo de su mortuoria delgadez
empecé a sentirme progresivamente mejor después de aquella vez
Ante la inmensa sorpresa comencé a dar gracias,
decía: “-¡gracias Señor!”, y lloraba,
y fue así que de repente quebrantado en gran manera
y con mis ojos envueltos en lágrimas,
la sorpresa me invadió aun
más, en ese momento desperté y sentía aún
ese peso en mi lumbar donde se encontraba sentado en el sueño el Señor Jesús,
en un segundo pensé: “-¡Será
algún almohadón que está sobre mí!”,
al encontrarme al revés de cómo me había acostado a dormir,
giré pronto mi
cabeza todavía con lágrimas cayendo,
y allí estaba, ¡Oh sorpresa!, a quien mucho le había pedido verlo,
era Jesús, el Señor, nuestro hermano, aquel al que crucificaron
quien se bautizó haciéndose cargo del pecado humano
Y que luego pagó por los
mismos en la cruz del calvario
para que se cumplieran las viejas escrituras,
para el perdón de los pecados de todo aquel que se sienta justificado,
por Cristo que ya saldó toda la deuda del pecado
Su imagen de hombre
misericordioso, dulce, amigable y santo,
hizo que se prolongue mi quebranto en alegría, en ahogos y en lágrimas,
¿quién
era yo para que él bajara de los cielos,
especialmente a librarme de mis males y desconsuelos?
su
cuerpo, radiante, con una sonrisa hermosa, duró algunos segundos
y de a poco fue desapareciendo, esfumándose ante mis ojos su presencia,
pero llenó todo mi corazón de una gran energía plena
reforzándome y dándome valor para continuar mi existencia.
(Aunque está expresado en
forma de versos, este relato es el
testimonio de mi encuentro personal con el Señor. Lo he realizado así en honra
a la hermosura de su ser, quien
como el mejor maestro nos mostró su sabiduría mediante metáforas y versos,
escritas a lo largo de los textos bíblicos).


Un
viaje en el Espíritu

Un sueño para pensar
profundamente
Un día, preocupado por
mis hijitos, los cuales estaban con su madre, mi ex-esposa, a unos 30
Kilómetros de distancia en la Localidad de Presidente Perón (ex - Guernica) -
Provincia de Buenos Aires, me acosté y comencé a soñar con que estaba sobre
la cama tal cual se encontraba la habitación en ese momento, con la luz
apagada.
Creo que fue instantáneo,
es decir ni bien me dormí, era como un sueño en el que todo era muy real y me
encontraba en el mismo lugar donde estaba mi cuerpo dormido, dialogando con mi
esposa, a quien le expresaba mi preocupación por ellos.
Estaba preocupado por no
repetir la experiencia relatada en "Una Transportación Espiritual",
pero no los veía hacia como un mes por razones económicas y debido a una
disminución física, de la cual el Señor me sanó. Así es que le dije -voy a
verlos, los extraño mucho, pensé, como no tengo otro medio iré caminando
hasta allá.
Salí, comencé a hacerlo
y de repente comenzó a soplar un viento huracanado, muy potente, que me
levantó en vilo a unos 3 metros del piso y me llevaba volando de pié por el
aire.
Comencé a atajarme pues
pasaba entre las copas de los árboles, golpeando por entre sus follajes. De
repente, en ese sueño real como si lo estuviera viviendo, sentí que me
desestabilizaba a causa del viento, es decir mi cuerpo se inclinaba como para ir
cabeza abajo cuando de repente, sentí una fuerte mano que me tomaba de mi
pierna izquierda luchando por conservarme en forma vertical, cabeza arriba,
luego otra sobre la pierna derecha, exactamente en los muslos, por debajo de las
nalgas.
No se porque, no lo vi
pero estoy seguro de que se trataba de un ángel que me sostenía en tal vuelo y
me "timoneaba" emparejando mi vuelo.
Luego, como el viento era
tan fuerte, sentí otras dos manos que me sujetaron los hombros, estaba seguro
que se trataba de otro ángel a pesar de no haberlos visto.
Luchaba con el viento y
sentía que ellos también lo hacían. En el fragor de la lucha contra semejante
presión de aire.
Recuerdo haberme inclinado
y rozado con mi cabeza sobre el hombro y el ala del que me sostenía por los
hombros.
Luego de repente comencé
a bajar y el viento se iba calmando, estaba en un bosque con parque de
pastizales bien recortados y frente a mi una iglesia de la época, calculo, de
la edad media, entonces entre en su interior y allí me encontré con mi esposa
Ana (mi actual esposa).
Era una habitación
angosta y larga, unos 3 metros por 5, sobre la pared misma de la puerta de
entrada existía un mostrador o mesada tipo como existían en esos bancos
antiguos para que los clientes llenen los cheques. Sobre ella se encontraban
apoyados de codos varios hombres de aquella época escuchando la prédica.
Quien daba la predica
estaba en el extremo opuesto de la mesada, vestía con una especie de sotana sin
mangas, negra o azul , una camisa
blanca de mangas ranglan y con puño, una especie de efod, largo, igual que la
especie de sotana: hasta creo que las rodillas y recuerdo que tenía sandalias
con tiras de cuero cruzadas hasta arriba de las pantorrillas (parecía haberse
escapado de una película de la Roma antigua).
Lo poco que puedo recordar
es que era como un sermón referido al diezmo, y hablaba de que no había que
librar el mismo a la confianza sin control, sino que había que velar y
supervisar porque sea usado realmente para la obra del señor, que no se debía
oprimir al creyente por causa del mismo sino que se debía esperar fuera
entregado, dicho diezmo, de corazón. Recuerdo haber escuchado con atención, y
haber pensado en el sueño en contárselo a mi Pastor, y luego al terminar esa
predica desperté.


Transportación
Espiritual

Hacía varios meses que no
veía a mis pequeños Luciano y Mariana. Su madre, de la que estoy ya
divorciado, no me dejaba verlos, y cuando accedía me impedía el contacto
físico.
Un día me recosté en mi
cama y comencé a pensar en ellos. Los extrañaba tanto, que comencé a recordar
la entrada de la casa, la manija de la puerta, imaginé que la abría, que
entraba y que comenzaba a subir las escaleras que yo mismo hice, hasta su
cuarto.
Imaginando ayudado por mis
recuerdos veía el ambiente de su habitación, sus camas y sus lindas caritas,
facción por facción.
Temía ser visto, pues en
determinado momento sentí que todo ya dejaba la imaginación para ser real.
Pensé dudando si me
había trasportado en forma espiritual hasta ellos.
De repente ellos
despertaron sorprendidos me vieron, también mi ex-esposa, ella se asustó,
ellos gozaron mi presencia tan anhelada. Esa sorpresa me volvió en mi
repentinamente. Entonces ellos sintieron temor al verme esfumarme.
En esa ocasión creo que
me trasporté, no se ni entiendo como, creo que fue el gran anhelo por verlos y
extrañarlos tanto y no poder hacerlo por estar con limitaciones físicas, y
económicas a la par del impedimento que me hacía ella.
Después de eso tuve miedo
de repetir esa experiencia, no quise volver a atemorizarlos. Nunca había sido
mi intención hacerlo.
Creo que Dios nos da dones
especiales, solo que son habilitados gradualmente a medida que sabemos como
manejarlos sin perjudicar a otros.


Dios
nos Cuida

Nada pasa inadvertido para
Dios, él está en todo detalle, él es perfecto y muchos se preguntan:
¿Porqué si Dios es perfecto hizo al hombre imperfecto? luego terminan
diciendo... Dios entonces no es perfecto pues lo perfecto hace cosas perfectas.
¡ No es así !
Dios es espíritu, y él
como tal es perfecto. Nos hizo a nosotros perfectos en cuanto a nuestros
espíritus, pero en la carne dice la palabra de Dios que existe la siguiente
regla: "Todo tiene su tiempo bajo el sol", es decir una evolución
natural determinada. Solo Dios sabe porque lo hizo así, porque limitó al
hombre a esta vida material tan limitada y dolorosa. Pero nos manda que a pesar
de tener aflicción nos mantengamos como si no la tuviéramos, con fe y
esperanza. Que no estemos preocupados por que comeremos mañana pues Dios conoce
toda necesidad y ya proveerá el alimento o los medios para éste, para el día
de mañana.
En el transcurso de esta
vida llena de limitaciones, quizás sea el objetivo de Dios que nuestros
espíritus hechos perfectos, se perfeccionen aún más en las experiencias que
nos da a vivir.
Mientras tanto muchos
dones espirituales que poseemos están como desenchufados y en algún preciso
momento él los conecta.
Testimonio:
Un día, concurrí a un
tribunal de la ciudad de La Plata con mi esposa, dejamos el auto a varias
cuadras, y mientras esperábamos que nos atiendan recordé que había dejado una
documentación dentro del automóvil, justo en momentos en que estaban por
llamarme a la audiencia.
Entonces ella salió
apurada a buscar dichos papeles, quedando yo en el interior del tribunal a la
espera. Yo me quedé preocupado pues ella no ve bien, tiene miopía y no poseía
consigo los anteojos. Me quedé pensando en ella y mentalmente como siguiendo
sus pasos, sí, como imaginando acompañarla.
De repente escuché una
fuerte frenada de un auto y ví como un taxi la había envestido, todo esto en
fracción de segundos, exclamé ¡No, Dios no!, la gente a mi alrededor me
miró, y ahí comprendí que solo yo había escuchado la terrible frenada de
aquel auto.
Salí corriendo hacia la
esquina, sentía que la gente, al salir de tribunal corriendo, me miraba como a
un loco, llegue hasta la esquina, y a pesar de no ver ningún tumulto rodeando
el caído cuerpo de mi esposa atropellada, supe que ahí había sido, y que no
había pasado pues Dios lo había impedido, pero pude si observar en ese sitio
dos largas huellas negras de frenada sobre el pavimento.
Me quedé esperando que
regrese, entonces volvió y le pregunté ¿Estás bien?, ella me respondió, -No
sabés lo que me pasó. Contesté si creo que algo sé, pero contame. Ella
todavía aterrada comenzó a relatarme lo sucedido:
Iba a cruzar la avenida,
esperé que el semáforo cortara el tránsito vehicular, y comencé a cruzar, de
repente escuché a un auto que arrancaba a grandísima velocidad, giré mi
cabeza y era un taxi, la trompa del auto estaba frente a mi, no había tiempo de
saltar por la gran velocidad que traía, me ví a mi misma envestida y tirada
frente al auto ensangrentada y muerta, y de repente, en esa fracción de tiempo,
sentí como si dos manos me tomaran por los hombros y me tiraran hacia atrás, y
entonces de aquel taxi escuché una gran frenada y el auto que me envestiría
con el medio de su paragolpes delantero, estaba parado al lado mío, y solo
había enganchado con su espejo retrovisor el cinto de mi cartera.
El taxista estaba pálido
y no entendía nada, quedó mudo y absorto, no comprendía como fue que no me
atropelló. desenganché mi cartera y termine de cruzar, una muchacha que estaba
arriba del cordón de la vereda me sujetó por los brazos, como si no pudiese
creer que yo sea real. Me dijo: ¿seguro que estás bien?, ¿seguro que no te
golpeó?, vi que te atropellaba y no entiendo como no te golpeo. Toda la gente
miraba sin poder creerlo.
Mi esposa es como que
renació y renovó su fe en Dios aquel día.
Otra vez concurrí a
predicarle y a hacerle entrega de un libro de New Life Misión a una hermana en
Cristo que le habían extraído un pecho y que poseía metástasis de cáncer, y
mi esposa, decidió quedarse sobre el auto, pese a que le dije infinidad de
veces que no lo haga, pues era objeto vulnerable de cualquier ladrón de autos,
que a pesar que Dios nos cuida, no había que tentar a los mal vivientes, y
además siempre le digo que me acompañe a las predicas y que ore a Dios en
silencio mientras predico.
Ella, quedó sobre el
auto, y como esa vez no le dije nada, pensó: - ¡Va!, tendría que haber bajado
con él, Señor intercedé con tu Espíritu para dar entendimiento de esa
prédica..., pero de repente, tres muchachos que venían caminando por la calle,
que fumaban marihuana, se introdujeron en el auto, con una rapidez asombrosa,
pusieron un arma sobre su cien y le exigían la llave del auto y se preparaban a
llevarse al auto y a ella de rehén. Ella uso su astucia femenina y les dijo:
-Chicos, no hagan esto, no me maten, no ensucien sus vidas matándome, llévense
todo pero... la interrumpieron -Dame las llaves, dijo: -Juro que no las tengo,
por favor. Uno de ellos hacía continuamente ademanes de dispararle sobre su
rostro con el arma. Otra vez mi esposa les suplico humildemente que recapaciten
y los bendijo en el nombre de Dios, entonces fue que gritaron vámonos, pero el
del arma, que estaba sentado en asiento trasero no se bajaba y la seguía
apuntando, entonces ella, con toda la feminidad y la dulzura inmerecida por el
delincuente le volvió a decir andá, no me hagas nada y que el Señor te
bendiga. Entonces el salió corriendo del auto, ella todavía muy asustada
esperó a que doblen en la esquina y salió del auto a darme la novedad, yo
estaba en el jardín de la misma casa y pese a mis 20 años de militar y que
estoy en todo detalle, no había percibido nada. Solo había tenido una ligera
intranquilidad pero no hice caso pues quería completar la predicación del
evangelio. No importa le dije, yo no pude pero el Señor te cuidó, lo
importante es que no te hicieron nada.
Luego al querer salir
descubrí que habían robado la llave de cambio de gas a neutro y a nafta, es
decir lo habían inutilizado para que no lo pueda arrancar, pedí a los humildes
hermanos un pedacito de cable y realicé un puente. Cerré el auto y fui en
busca de los mal vivientes con el objeto de que me devuelvan lo sustraído, pero
en la villa nadie quiere hablar por miedo a la revancha, entonces dejé de
comprometer gente inocente y arranque mi auto y me fui.
¿Quién
dijo que el Señor no nos cuida?, el a pesar de nuestros fallas irremediables de
nuestra consistencia carnal, él se apiada de nuestras vidas y nos cuida, sus
ángeles manda que acampen en pos de ti, como decía el salmista. Mi señora
salió ilesa de esa situación y eso es lo que vale, ahora sabe que debe
acompañarme y que no debe quedarse nunca sobre el auto estacionado.


Dios
nos Guía

En una ocasión, en que
mis padres sin motivo estaban enojados (y para que se cumpla la Palabra de Dios
cuando refiere que aunque nuestros padres sin causa nos abandonen el Señor
estará con nosotros, para que se cumpla del todo además...), mi suegro quien
me alojaba en un departamento del fondo de su casa, también se enojó sin
causa, es decir con mi esposa y yo no tenía nada, fue que su jovencita mujer
rencillosa buscó la forma de presionar a mi suegro con subterfugios para que
nos pida que dejemos el departamento, justo cuando me encontraba pagando dos
préstamos, y ganaba muy poco dinero, $ 150 (pesos), que no me alcanzaban para
solventar ningún alquiler.
Entonces le dije a mi
esposa, que no teníamos otra oportunidad que, al menos por un tiempo, salir en
busca de una casa abandonada.
Entonces oramos a Dios, y
luego salimos a caminar, a cinco o seis cuadras, frente a una plaza, encontramos
una casa abandonada, seguimos caminando, pero le dije a Ana, siento que Dios me
muestra esta casa, luego vimos más casas más adelante, pero volvimos a la de
aquélla esquina en el pasaje San Carlos.
Como no quería entrar
como un delincuente a la casa, llamé en la casa de al lado y hablé con la
vecina, le expliqué la situación económica que estaba atravesando y la
situación familiar, ella me contó que la dueña de la propiedad no venía
desde hacía más de quince años ahí. Me dijo que abra la casa y viva allí,
pues le impresioné bien y no deseaba que venga a vivir gente indecente, ya
habían echado varios vecinos a
varios intrusos que habían intentado entrar.
Le contesté que no me
agradaba entrar así, que lo consideraba incorrecto, y le pregunté si ella
poseía la dirección o el teléfono de la dueña, me respondió que la señora
de enfrente. Otra vez me presenté y luego de dialogar me indicó la dirección
de los consuegros de aquélla mujer.
Al concurrir allí
hablamos con el consuegro y el hombre nos dijo: Miren, ustedes son buenas
personas, vayan y tomen posesión de la vivienda que no pasa nada, esa vieja
loca de mi consuegra no viene nunca, pero si viene y lo toma a mal yo hablaré
con ella. No me pareció bien, le pedí el teléfono de la señora, "dio
algunas vueltas" pero al fin me lo dio,
y como llamamos pero nadie contestaba, averiguamos la dirección y
concurrimos, encontrándonos que la señora propietaria de la vivienda, según
nos indicó una vecina, había viajado a Mar del Plata, a la casa de una hija.
La esperamos, concurriendo todos los días, durante una semana, pero, ni bien
llegó salió de viaje a casa de otra hija en Córdoba. La vecina le había
avisado que la buscábamos, pero claro, no nos conocía y a pesar de haberle
dejado el número de nuestro teléfono celular, no nos llamó.
El consuegro de la dueña
nos llamó y nos insistió que entremos en la propiedad, dijo: -Esta noche, para
no hacer mucha bandera, yo igual le avisaré a los vecinos que los autoricé yo,
salten la pared y ingresen por la puerta del fondo, no tiene más que una
cerradura antigua de una paleta, y yo le soldé a la eléctrica unas varillas,
llévense una barreta y háganlas saltar.
Muy a pesar nuestro, esa
noche la mujer de mi suegro estaba histérica, insoportable, buscaba más
problemas y ello nos empujó a hacerle caso a este señor. Llevamos la barreta,
algunas llaves antiguas de una paleta y saltamos la pared, hicimos saltar las
varillas atravesadas soldadas al marco de la puerta en forma de reja, abrimos la
cerradura y cuando comenzábamos a empujar la puerta, detrás de la cual se
encontraban varios muebles, comenzamos a ver luces como de linterna. Mi señora
se asustó y me dijo susurrando: -Parece que el vecino de al lado cree que son
dos ladrones que se metieron y no sabe que somos nosotros, ¿Y si nos dispara?,
le contesté: - No Ana, mirá bien, las luces si fueran de linterna no
flotarían en el aire, sino que se vería el halo y daría contra las paredes,
aparte..¿Cuántas linternas se precisan para realizar todas estas luces que
giran en diferentes sentidos?. Ambos sentimos miedo. Mi señora me dijo: -
Entremos, si ya está abierto, le contesté: Ana ¿No te das cuenta? Dios no
desea que entremos así, como si fuéramos delincuentes, vámonos, volvamos
cuando hallemos a la dueña, no se porque pero siento que así como Dios me
indicó esta vivienda para vivir no desea que lo hagamos así por eso nos envía
esta señal.
Al volver de viaje la
propietaria, a las doce de la noche dos días más tarde, llamamos a su puerta,
desesperados pues debíamos mudarnos para evitar un mal mayor, pues la mujer de
mi suegro había golpeado a mi esposa aplicándole una patada en la cabeza luego
de tirarla al suelo de un empujón. La señora, nos atendió confiada, pues Dios
le dio claridad mental para comprender nuestra situación. Nos hizo pasar y
charlamos. Le dije: -Señora, necesito que me deje vivir allí, no tenemos donde
ir, su casa está muy estropeada, no la pierda, si usted nos da esta oportunidad
que hoy le pido, yo no tengo dinero para pagarle, pero si usted me ayuda
comprando materiales, yo se la voy a arreglar y cuando la deje usted la podrá
poner en alquiler. La señora acepto (claro la casa ella la daba por perdida
hasta ese momento).
Al otro día la señora
nos acompañó diciendo: -Los voy a acompañar así les hago entrega yo de mi
casa y para que nadie diga tonterías de que se metieron. Diremos que ustedes me
alquilan.
Ella tomó en sus manos un
montón de llaves de doble paleta que tenía en un cajón y me dijo: - No
recuerdo cual es la llave, más de quince años hace que no vivo, tendremos que
probar todas estas llaves. Le contesté: - No hace falta, esta es la llave (le
dije con fe), tomé una de las llaves al azar y la inserté en la puerta y esa
abrió. La señora sorprendida exclamó: - ¡Era la voluntad de Dios que ustedes
vivan aquí!, ¡Es increíble, la primera que agarró abrió la puerta, esa
era!.
Vivimos allí dos años,
le hice muchas reparaciones a la casa, la mujer jamás me dio ningún material
para hacerlo, luego cobré un dinero de un juicio que gané y construí mi
actual vivienda.
El señor conoce nuestras
necesidades, está en todo detalle y en cada una de nuestras necesidades, se
goza y presta mayor oído a quien clama a él en oración. Atiende con mayor
fluidez a quienes creemos en el Verdadero Evangelio del Agua y el Espíritu,
pues nos considera sus hijitos, habiendo sido liberados por Cristo de nuestros
pecados, a pesar de nuestras maldades cotidianas, nuestros pecados vienen a ser
para él blancos como el algodón, tan blancos como la nieve.


Un
pedido de Auxilio

Verónica, era la hija de
mi ex-esposa, a quien crié desde los cinco años de edad. A los dieciséis, se
llevaba muy mal con su madre, yo, también polemizaba con su madre pues quería
que estudie, pero las malas compañías, especialmente una señora de unos 35
años, que se hacía la nena, la usaba de sirvienta en los quehaceres
domésticos a cambio de darle algunos pesitos o solamente
comprarle cigarrillos, la aconsejaba contra su madre, y su madre tratando
de ir al juego de la adolescente, había permitido que cambie su estudio con tal
de que le ayude en la casa, otorgándole luego permisos de salidas
descontroladas para su edad, y a lo cual me oponía totalmente.
Un día, se fue de casa,
primero se fue con una tía muy malvada que también a la par de esa vecina
"amiga" la había incitado en contra de su madre.
La tía tenía una hija
con Síndrome de Retard, le daba muchísimo trabajo cuidarla, teniendo en cuenta
que la criatura se la pasaba a los golpes y apretones descontrolados e
irracionales.
La tía quería usarla de
niñera de su hija y a la vez deseaba hacerle una maldad a su hermanastra, mi
ex-esposa, vaya a saber porque razón.
A los dos meses de ello,
la tía la echó a la casa de esa vecina "amiga" de Verónica. La
madre disgustada, cedió la tenencia a esta vecina. Todo esto relatado se
desarrollaba en Guernica, actual Presidente Perón - Buenos Aires.
Un día, viviendo en la
Capital Federal, hacía casi dos años que no la veíamos a Verónica,
estábamos en el living con gente de visita. Yo empecé a sentirme extraño, no
era como un sencillo malestar, era una sensación muy extraña, pedí permiso a
las vivitas, me levanté y me fui a mi cuarto y me acosté boca arriba.
De repente, comencé a
sentirme inexplicablemente como si fuese una mujer, me sentía en un cuerpo
femenino. Luego empecé a sentir que poseía el rostro de la niña, y todo el
cuerpo de ella era el mío mismo.
No entendía nada, estaba
perplejo, comencé a sentir calor, muchísimo calor, volaba de fiebre y de
repente tuve la percepción, no la vi, pero la presentí, de que ella estaba
internada en un hospital y volaba de fiebre.
Inmediatamente se me fue
toda sensación extraña, incluida la fiebre. Me sentí normal de nuevo. Me
levanté, me dirigí a mi ex-esposa y le dije: - andá a ver a tu hija. Me
contestó: - Vos estás loco, que se te dio esa idea ahora. Yo insistí y le
relaté lo que me había sucedido. Ella fue escéptica, no queriendo ir
buscarla. Igual así, la invité a ir al mercado, y cuando subió al auto salí
volando para Guernica. Ella se oponía, decía vos estas loco.
Al llegar a la casa de
esta vecina, "amiga de Verónica", bajó y le preguntó por su hija,
diciéndole la vecina que estaba internada con un muy fuerte cuadro febril en el
hospital de Guernica.
Creo que Dios, algunas
veces actúa como una de esas telefonistas que salen en las películas antiguas
conectando las líneas telefónicas, en este caso habilitando otros sentidos o
dones especiales sobrenaturales.


Poseemos
Poder

El ilimitado poder de la
palabra que nos otorgó Dios, especialmente a los que hemos creído en su
hermoso Evangelio y por lo tanto los que por Dios somos considerados sus hijos y
dignos de recibir el Espíritu Santo, porque Dios cumple su promesa de blanquear
el caudal de pecados de nuestras vidas con una sola condición: LA FE.
Fe en que Jesús se hizo
cargo de todo el caudal de tus pecados en su bautismo por Juan (igual que en el
sistema de sacrificio) y los portó sobre sí pagando por ellos con su misma
sangre en la cruz del calvario (porque de acuerdo a la vieja doctrina de
sacrificio: sin sangre no era posible la remisión, es decir, el perdón de
pecados o faltas).
Testimonio:
Vivo en un Chalet que
construí sobre la casa de mis padres, que cuenta con dos plantas, es decir
primer y segundo piso. En el segundo piso están las habitaciones, la mía da a
la calle y frente a mi casa, en la esquina, había abierto un maxikiosko,
completísimo, que en realidad el objetivo principal de este era la venta de
drogas.
Justo en la puerta de
allí se agrupaban gran cantidad de muchachos que consumían la droga que este
"maxikiosko" expendía. Estos chicos algunos del barrio y otros de
zonas aledañas, también de una villa miseria, no solo todos los días se
agrupaban allí desde las 13 o 14 horas hasta las 5 ó 6 de la madrugada, sino
que, como estaban drogados, vociferaban, se golpeaban, y además, estupidizados
por los efectos de la droga y llevados por la dependencia, procedían a robar en
el mismo sector donde paraban.
En una oportunidad, cuando
construía, uno llamado Dovio, habiéndose enterado de las herramientas que
existían en la construcción, habiendo asustado a un peón para que le contase,
concurrió a robar. Yo estaba seguro en el Señor. Mi padre lo sorprendió
bajando un compresor por la rondana, le disparó a no pegar, él se asustó y
saltando entre los techos de las casas, llegó a la de la esquina y se tiró a
la vereda, rompiéndose una pierna al caer.
Yo realicé la denuncia a
la policía, entregando la bicicleta de éste que había dejado en el frente de
mi casa, entregué con la denuncia, los datos personales del delincuente,
nombre, apellido, dirección exacta, llevé al peón para que reconozca la
bicicleta dentro de la comisaría, etc, etc, pero la policía de la Comisaría
de Barceló en Lanús se excusó diciendo que se había mudado de allí y luego
en que había pasado a archivo la causa, cuando jamás se había mudado.
Además volvieron a entrar
otros delincuentes vecinos de la otra cuadra de casa, los que primero vinieron a
ofrecerse como trabajadores albañiles, miraron que podían robar y cuando
volvieron a robar, también mi padre los frustró.
Luego de esto, habiéndome
mudado ya allí, dos delincuentes drogados, menores de edad, rompieron de un
piedrazo el vidrio de la ventanilla de mi auto y robaron mi campera de cuero,
avisándome un vecino, los busqué, y se la saqué haciéndolos asustar cuando
subí con mi auto sobre la vereda de repente y bajé a los gritos ordenándoles
que me devuelvan la campera. Con los nervios me olvidé de hacerles pagar el
vidrio que salía más caro que la misma.
Otro día, cuando dormía,
vinieron dos delincuentes y intentaban robar el equipo de gas de mi auto, en la
vereda, les grité: -¿Porque hacen esto pibes? Si yo fuera otro tipo de hombre,
con esto (les enseñé mi arma) hubiera tenido la oportunidad de matarlos justo
cuando los sorprendo con las manos en la maza. Salieron corriendo gritándome
todo tipo de insultos, doblaron en la esquina amenazando tomar revancha,
entonces disparé sobre el pasto de una vereda de enfrente. Al rato regresaron y
con un martillo de goma reventaron la ventanilla de la puerta de mi auto (otra
vez).
Otro día los muchachos
que venían molestando desde la vereda de enfrente, con bronca, pues luego de
pedirles varias veces que se vayan y explicarles que molestaban y no dejaban
dormir a nadie, llamé en muchísimas oportunidades a la policía, la que no
venía pero se comunicaba por radio con el servicio civil de vigilancia (que son
una empresa formada por policías) les ordenaban que adviertan a los pibes que
ya venía el patrullero entonces luego de insultos al vecindario, se iban, luego
llegaba un patrullero cuando ya no había más molestias, quedando los vecinos y
yo como locos que protestaban y denunciaban incoherencias.
Estos policías de civil
tenían amistad con estos muchachos drogadictos, y le contaban quien llamaba a
la policía. Así es que a mi vecino de enfrente le llenaron el frente de
grafitis, a otro le robaron reiteradas veces y a mi un día vinieron con un auto
con una potencia musical enorme y escuchando cumbia desde las doce y media hasta
las cinco de la mañana, gritaban muy drogados y mirando para la ventana de mi
habitación: -y esto le molesta, llame a la policía a ver si vienen.
Yo tomé mi auto y fui a
buscar a la policía de la Comisaría Barceló, pero al ver que no concurría
llamé por teléfono, al ver que no venía llamé a la Unidad Regional de
Lanús, y al Comando Central de Policía Federal, pero nada.
Había llamado a denuncias
anónimas de toxicomanía varias veces informando lo del maxikiosko, no sabía
ya que hacer.
Esa noche mientras estaba
atento esperando a la policía, puse mi grabador para registrar la in conducta
de los mal vivientes.
Al día siguiente, al
bajar me encuentro que habían roto la cerradura del baúl de mi auto y habían
robado la rueda de auxilio, el críquet hidráulico carrito, herramientas y un
canasto de mimbre.
Concurrí a la comisaría,
realizando la denuncia, pues la noche anterior solo les había pedido que
concurran al lugar, pero jamás concurrieron.
Al regresar a casa, mi
mujer recordó lo del grabador y en la cinta figuraba las voces de quienes me
robaron y los nombres. Enseguida averigüe sus domicilios y confiando aún en la
justicia, fui a la comisaría Barceló realizando una ampliación, hablando con
el Comisario, pidiéndole que por favor haga algo, informándole mi extrañeza
de la seguridad de los delincuentes de la inconcurrencia policial.
Siguieron molestándome, a
mi y a otros vecinos, hasta que un día Dios me tocó y pudo cambiar el
sentimiento de rencor que tenía hacia los muchachos drogadictos por lástima.
Venía orando sin cesar
todas las noches pero el señor, parece ser que pretendía que cambie mi forma
de orar.
Llorando, quebrantado
pregunté a Dios: -Señor, ¿No me escuchas? ¿Porqué? No ves que te estoy
pidiendo por la liberación de estos drogadictos y porque cierre este kiosco que
vende basura. ¿Cómo te lo debo pedir? ¿De que forma?
El Señor enseguida, en
medio de mi ahogado quebranto me respondió:
Si tuvierais fe como un
grano de mostaza, mandarás al árbol: Arráncate, y plántate en el mar; y te
obedecerá."
Me quebranté aún más,
pero como la vos de Dios estaba solo en mis pensamientos dudé si solo no fue
que recordé esas palabras que mas o menos así figuran en la Biblia y Dios
volvió a hablarme:
Si tuviereis fe como un
grano de mostaza, mandarás a ese monte: muévete de aquí para allá, y lo
hará.
Entonces ahí recordé mis
veinte años en que presté servicios en el ejército y dije al Señor: ¿Se
trata de mandar Señor? En tu santo nombre lo haré, y comencé a orar diciendo
a los gritos:
- ¡Señor Jesús, en tu
Santo nombre, mando y decreto que ese kiosco que está vendiendo droga a los
adolescentes sea cerrado mañana mismo y se vaya del barrio, ordeno la
liberación de la droga para los chicos que allí paran!
Al día siguiente el
kiosco fue cerrado y vendido a un hombre que lo abrió solo un día pero
también cerró y hasta hoy permanece cerrado ese local de comercio, que
paralelamente pertenece a una mai de umbanda.
¿Que
decir? Poder de Dios, fuego consumidor...
... El tal Dovio,
lamentablemente, vino un muchacho amigo que lo conocía y me dijo: ¿Sabés
Daniel que falleció tu enemigo? le dije: -¿Quien? Me respondió: -Dovio, quien
te robó o intentó robarte. Tuvo un derrame cerebral o algo así por el consumo
de estupefacientes.
Me quedé mal pues no lo
deseaba, e inmediatamente recordé los salmos de David, pues mi amigo despertó
mi atención al decir "tu enemigo", cuando David clamaba justicia de
Dios por sobre sus enemigos.
Sentí temor de Dios.
De él es la vida, la
muerte, la vida eterna y la muerte eterna, amén.



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