| El infanticidio de Almansa Por Manuel Carballal El pasado 18 de septiembre del 2002 se cumpl�a el doceavo aniversario del caso m�s terrible y dram�tico acontecido en la historia criminal del ocultismo espa�ol. El pasado 18 de septiembre Rosa Fern�ndez Gonz�lvez deber�a ser una joven de 23 a�os, sonriente y feliz, pero solo es una pagina negra, la m�s negra, del fanatismo homicida por causas esot�ricas� Resulta dif�cil imaginar un crimen m�s brutal, in�til y absurdo que el de Rosa Fern�ndez Gonz�lvez. Esta inocente ni�a de 11 a�os fue asesinada de la forma m�s brutal y salvaje que podamos imaginar por su propia madre. La prensa, como siempre, confundi� el tocino con la velocidad exprimiendo titulares como "Cr�men sat�nico en Almansa". Muy al contrario, el terrible asesinato de Rosa no se produjo en un ritual sat�nico, sino en nombre de Dios. Los hechos se produjeron con todo su dramatismo en la madrugada del martes 18 de septiembre de 1990, en el pueblo albacete�o de Almansa. Almansa es un pueblo rico en curanderos y espiritistas. Docenas de consultorios espiritistas que profesan gran fervor a la imagen de Santa Luc�a atiborran el pueblo. En una conversaci�n con el Excmo. Alcalde de Almansa recuerdo que me manifestaba su molestia ante la invasi�n esot�rica, porque todo el mundo sabe que lo importante de Almansa es su industria del calzado. Rosa Gonz�lvez Fito, nacida el 5 de enero de 1954, era una de las m�s prestigiosas sanadoras espiritistas de Almansa. Iniciada en el espiritismo por Enrique "El de Villena", un ex-empleado de una f�brica de zapatos que dej� su trabajo para dedicarse a la curaci�n, Rosa Gonz�lvez, "Hermana de la luz", "miradora" o "sanadora", atend�a diariamente a multitud de enfermos. Su especialidad, la imposici�n de manos. Los ingresos de esta curandera eran tan sustanciosos que su marido, Jes�s Fern�ndez Pina, nacido el 24 de junio de 1947, pudo permitirse el abandonar su trabajo de zapatero para hacer de secretario de su mujer. La triste protagonista de esta historia fue Rosa Fern�ndez Gonz�lvez, �nica hija del matrimonio, nacida en Albacete el 22 de abril de 1979. El periodista del diario "La Tribuna" de Almansa y buen amigo, Luis Bonete, realiz� un meticuloso seguimiento del caso desde el primer momento. A �l se deben las im�genes televisadas en todos los canales, as� como las fotograf�as tomadas durante la detenci�n de las implicadas en este absurdo infanticidio. A su profund�sima investigaci�n se deben muchos de los datos desconocidos por el gran p�blico sobre este pat�tico caso. Los dram�ticos sucesos que desencadenaron la tragedia del 18 de septiembre comenzaron en realidad tres dias antes, el s�bado 15 de septiembre, cuando R. Gonz�lvez, Mar�a de los Angeles Rodr�guez Espinilla y su hermana Mercedes salen juntas a cenar. Mercedes hab�a llegado dos dias antes a Almansa, procedente de Valladolid, con la intenci�n de pasar unos dias con su hermana. Al d�a siguiente, a eso de las 15:30, Rosa Gonz�lvez telefoneaba a Mar�a de los Angeles, que se traslada inmediatamnte a casa de la curandera. Durante toda la tarde intenta exorcizar del cuerpo de Mar�a de los Angeles el esp�ritu de su marido, Mart�n, que supuestamente la pose�a y "le estaba haciendo mucho da�o". Adem�s de hacerlo con ella, tambi�n intentaba exorcizar a los hijos de su amiga quienes, supuestamente, portaban el mal. Para ello, les met�a los dedos en la boca, produci�ndoles grandes arcadas para que "echaran el pato que ten�an dentro". Sobre las 23:00, Mart�n, esposo de Mar�a de los Angeles, se presentaba en casa de Rosa con la intenci�n de llevarse a su familia. Consigue llevarse a sus hijos, pero no a su mujer. Al d�a siguiente, lunes 17, volvi� a casa de la curandera para intentar llevarse a su esposa. En la ma�ana del lunes se encuentran reunidos en el n�mero 89 de la calle de La Rosa, en Almansa, Rosa Gonz�lvez, su marido, Mar�a de los Angeles, su hermana Mercedes, Josefa y Ana Mar�a Gonz�lvez, cu�ada y hermana de la curandera a quien Jes�s Fern�ndez hab�a llamado al encontrar a su esposa como loca. Todo el grupo se traslada al dormitorio del matrimonio, donde se inician una serie de ritos extra�os con objeto de expulsar a los esp�ritus. La violencia hist�rica de la curandera se entremezcla con advocaciones religiosas, rituales m�gicos, im�genes de Santa Luc�a, etc. Tras una agotadora sesi�n, a media tarde Mar�a Angeles y Rosa parecen calmarse. Mar�a Angeles asegura que la curandera le ha salvado la vida, a lo que �sta responde: "Yo no soy Rosa, soy un extraterrestre de otro planeta...". Tras la sesi�n, Josefa, Ana Gonz�lvez y Mercedes Rodr�guez abandonan la casa, encerr�ndose Mar�a de los Angeles y Rosa en el dormitorio del matrimonio. Pero casi a media noche, Mercedes vuelve a casa de la sanadora, y ah� se inicia la recta final de este drama. El periodista Luis Bonete reconstruye exactamente todo lo que ocurri� en la casa del matrimonio Fern�ndez/ Gonz�lvez aquellla noche: �En la madrugada del d�a 18, Jes�s entra en el dormitorio y sorprende a su mujer totalmente desnuda, con las hermanas Rodr�guez. Las tres estaban cubiertas de excrementos y bilis. Tiempo antes, se hab�a desarrollado otro ataque de histeria exorcista en la habitaci�n. A golpes, obligan a Jes�s a que limpie la habitaci�n y a que despierte a Rosi, hija del matrimonio, que ya estaba acostada en su habitaci�n. El padre conduce a la peque�a a la habitaci�n, donde es desnudada y metida en la cama. Pero poco tiempo podr� dormir la peque�a, ya que un rato despu�s es despertada por su madre y obligada a tumbarse en el fr�o suelo. L�gicamente, la ni�a comienza a tiritar. En ese instante, dice Mercedes: "Si vais a quitar el mal, hacedlo ya, porque la ni�a no se encuentra bien" Rosa, ebria de superstici�n, exclam� "�Maldita sea! El mal est� dentro de ti". La curandera y Mar�a de los Angeles atacaron a Mercedes d�ndole patadas en la vagina y meti�ndole los dedos en la boca hasta hacerla sangrar. Al ver la sangre, la curandera interpret� que el mal ya hab�a salido, dirigi�ndose entonces hacia su hija, y comenzando a golpearla, asegurando que era ella ahora la pose�da por el esp�ritu de Mart�n. Al escuchar los lloros de Rosi, su padre, que hab�a sido expulsado de la habitaci�n, entr� nuevamente con la intenci�n de rescatar a su hija... Ojal� lo hubiera hecho, porque aquella fue su �ltima oportunidad de salvar la vida de la peque�a de la superstici�n homicida de las espiritistas. Las tres mujeres atacaron con feroz violencia a Jes�s, que nuevamente fue expulsado del dormitorio, saliendo adem�s de la casa en busca de ayuda. Ese momento es aprovechado por las tres mujeres, que se trasladan con Rosi al dormitorio de la peque�a. Tras atrancar la puerta con una de las camas y la c�moda del dormitorio, acuestan a la peque�a en la cama restante, reiniciando sus rezos, jaculatorias y exorcismos. A las 6:00, regresa Jes�s con Ana Mar�a, hermana de la sanadora, pero no pueden entrar en el dormitorio, qued�ndose al lado de la puerta hasta las 9:00. Dentro de la habitaci�n, Rosa y las hermanas Rodr�guez destrozan todos los muebles, se revuelcan por el suelo, gritan, caminan descalzas sobre clavos y cristales, se orinan... el espect�culo deb�o ser estremecedor para la ni�a, que, aterrada, viv�a los �ltimos instantes de su corta existencia. Mientras, en su locura exorcista, Rosa echaba colonia encima de Mar�a de los Angeles. Esta tuvo la fatal ocurrencia de decir que notaba que le ven�a el mal "por abajo"; que estaba entr�ndole un "aborto del Diablo". En ese momento, la curandera coloc� una toalla en la vagina de Angeles y comenz� a golpearla en el vientre. Al retirar la toalla llena de sangre, encontraron la prueba que necesitaban para confirmar sus sospechas sobre el "aborto del Diablo". Posteriormente, se averigu� que �sta ten�a la menstruaci�n ese d�a... Ante ese hecho, Rosa se vuelve hacia su hija y le dice: "Estas embarazada por el Diablo". Era el principio del fin de este drama. Las tres enajenadas se precipitan sobre la ni�a y, mientras las dos hermanas la sujetan, Rosa le abre las piernas y le introduce sus manos en la vagina. Primero un dedo, luego dos; por fin, toda la mano de la curandera se introduce en la peque�a cavidad, rasgando la carne infantil a su paso. Rosi grita, patalea, se revuelve destrozada por el dolor, pero su madre no se detiene. La vagina est� desgarrada; ya son dos manos las que arrasan el interior de la ni�a. Minutos de dolor indescriptible. La curandera arranca los ovarios, los intestinos, la vagina..."Gloria al Esp�ritu Santo, gloria a Jes�s, �Sal cabr�n!" increpaba la sanadora mientras hurgaba con las u�as en las v�sceras de su hija. En el nombre de Cristo, la curandera destrozaba, desgarraba, destru�a, devastaba las entra�as de su hija con las manos. Durante unos minutos interminables, Rosi, con s�lo 11 a�os, sufri� lo que ninguna narraci�n puede describir. Por fin, la masiva p�rdida de sangre produjo un piadoso shock a la peque�a que le provoc� la muerte, cesando as� su inenarrable tormento. A�n despu�s de muerta, y ya con mayor facilidad, Rosa continu� arrancando las v�sceras de su hija por la vagina. Y cuando se sinti� cansada cambi� la posici�n con Mar�a de los angeles que continu� con su tarea mientras exclamaba a cada "demonio" extirpado: "Otro, otro, �Esto no se acaba nunca!". A las 9:00h. de la ma�ana consiguieron entrar Jes�s y su cu�ada en la habitaci�n. El espect�culo era dantesco. El padre sali� disparado en busca de ayuda, y desde la casa de un vecino, llam� a la polic�a. Ana Gonz�lvez se qued� en el dormitorio. Las tres mujeres se precipitaron contra ella. "T� eres la clave; necesitamos tus ojos para que la ni�a reviva". La curandera y sus ayudantes propinaron una brutal paliza a la mujer que estuvo a punto de perder los ojos en el ataque, el cual le producir�a una contusi�n retiniana en ambos. Cuando comenzaron a ser conscientes de la monstruosidad que hab�an hecho, Rosa y Angeles intentaron darse a la fuga, siendo detenidas por la polic�a: Rosa, en un bar cercano, y Mar�a de los Angeles, en un veh�culo particular que asalt� en la huida. Mercedes fue detenida en el mismo lugar de la masacre. Cuando en febrero de 1992 la Audiencia Provincial de Albacete dict� sentencia contra las acusadas, las tres mujeres fueron absueltas. Rosa y Maria de los Angeles fueron ingresadas en un psiqui�trico, liberadas de la acusaci�n de asesinato por la eximente de transtorno mental transitorio. Mercedes fue absuelta "por no haber participado activamente en los hechos". Un absurdo que no merece la pena A la hora de redactar estas lineas tengo ante mi, sobre la mesa del despacho, las fotos tomadas por Luis Bonete minutos antes de la detenci�n de las asesinas de Rosi. Veo en estas im�genes la habitaci�n revuelta, las estampas de la Virgen y de santos. En una de las fotos, se ven los intestinos de la ni�a amontonados en un rinc�n de la habitaci�n, el suelo manchado de sangre... el cad�ver de Rosi, el rostro de la ni�a, con el ojo izquierdo entreabierto y la tez p�lida como el papel, que muri� de una forma tan brutal a causa de la ignorancia, la superstici�n y las creencias religiosas y esot�ricas mal llevadas y peor entendidas. Y lo peor de todo es que soy consciente de que estos dram�ticos casos no han cesado.�Qui�n ser� el pr�ximo? Poco despu�s de que usted, lector, concluya la lectura de este art�culo, en alg�n lugar del mundo alg�n ser humano encontrar� la muerte de la forma m�s brutal a causa de la superstici�n esot�rica, de una ignorancia hecha misterio. Y cuando los titulares nos recuerden casos precedentes, volveremos a pensar en Encarnaci�n, en Rosa..., y yo me pregunto �de verdad vale la pena este absurdo?. A nosotros nos tocar� encontrar la mejor forma de combatir esa brutal ignorancia esot�rica que pudo llevar a una madre a arrancar las v�sceras de su propia hija en el nombre de Cristo, los extraterrestres o los "Hermanos de la Luz"... http://www.archivodelcrimen.com/search.php?query=&topic=3 |
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