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  La exposici�n que hace el propio Bouzas de su situaci�n es suficientemente elocuente y no tiene desperdicio.
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He sido condenado por la Audiencia Provincial de la Coru�a en el P.A. 33/97 Ribeira-1, rollo 675/98, como autor de dos robos con intimidaci�n perpetrados en la parroquia de Agui�o (Ribeira) provincia de La Coru�a a penas de dos a�os y cuatro meses por el primero y tres a�os, seis meses y un d�a por el segundo, y me encuentro actualmente [2004] y desde el d�a ocho de mayo de 2002, cumpliendo condena en la prisi�n provincial de Teixeiro-La Coru�a.
    Tras pasar un mes en prisi�n, se acuerda por unanimidad de la Junta de Tratamiento, mi clasificaci�n en Tercer Grado, que es aprobado por la Direcci�n General de Instituciones Penitenciarias en agosto de 2002, fecha en la que paso del r�gimen ordinario a r�gimen abierto, teniendo que pernoctar en prisi�n de lunes a jueves.
    En marzo de 2003, me es concedido el sistema de control telem�tico, con lo que puedo pasar la noche en mi domicilio, y es la situaci�n en que contin�o hasta la fecha, con la obligaci�n de realizar presentaciones semanales en prisi�n.
                                                              "La �nica prueba en que basaron la
                                                               sentencia fue el reconocimiento por
                                                               parte de dos testigos"


     La �nica prueba en que basaron la sentencia fue el reconocimiento por parte de dos testigos de uno de los atracos en fotograf�as, rueda de reconocimiento y posteriormente en el juicio oral.
     Todo comenz� el 20 de abril de 1992, cuando dos individuos que ocultaban parcialmente sus rostros entraron en la sucursal del Banco Central Hispano de esta localidad y armados con pistolas o rev�lveres, realizaron el robo huyendo posteriormente en el coche del interventor. Durante este primer atraco llegaron a ser trece las personas retenidas en el interior de la oficina y testigos de los hechos. De estas personas comparecieron tres en el proceso y de los dem�s no se conoce su identidad. De estos tres testigos, es el interventor el que me identifica (err�neamente) como uno de los atracadores.
     Dos a�os despu�s, concretamente el 18 de agosto de 1994, de nuevo dos individuos, esta vez a cara descubierta, atracan de nuevo esta sucursal en la que se encuentran como �nicos testigos el director y el interventor, ya que ocurri� pasadas las dos de la tarde. En el transcurso del robo, uno de los individuos pregunt� al interventor por el coche sustra�do en la anterior ocasi�n y este hecho, junto con las coincidencias en las descripciones f�sicas y �modus operandi�, hace que conecten ambos robos. La polic�a hab�a obtenido mi fotograf�a por un percance ocurrido en La Coru�a, ciudad de la que soy natural, concretamente por una falta de imprudencia con veh�culo a motor que se sald� con una multa de 25.000 ptas. Estos testigos, tras consultar diversos albumes de fotograf�as de los archivos de la polic�a de Ribeira y La Coru�a, me identifican (err�neamente insisto) �sin g�nero de dudas� como uno de los autores del atraco.

     En febrero de 1995, se me informa de que se me acusa de estos atracos y se me toma declaraci�n. Hasta aqu�, mi reacci�n es de sorpresa, incredulidad y total despreocupaci�n, con la tranquilidad que tendr�a cualquiera que se sabe inocente y con la seguridad de que todo ser�a un error burocr�tico sin importancia y que por supuesto, no hab�a nada que pudiera relacionarme con estos robos ocurridos en un lugar que ni siquiera conoc�a. Este tema se olvid� y no volv� a tener noticias del tema hasta pasados casi dos a�os.

                                                             
"Inmediatamente me ingresan en prisi�n
                                                  incomunicada y me someten despu�s a un
                                                  reconocimiento en rueda, junto con cuatro
                                                 funcionarios del juzgado, que ni por asomo
                                                 coincid�an con mis caracter�sticas f�sicas"


     A finales de septiembre de 1996, habiendo transcurrido mas de dos a�os del �ltimo atraco, se presenta la polic�a judicial en el antiguo domicilio que ten�a (casualmente frente al edificio de los Juzgados y Audiencia y donde llevaba m�s de ocho a�os residiendo) en un momento en que me encontraba ausente y dejan un n�mero de contacto, poco despu�s acudo a comisar�a voluntariamente para ver de que se trataba y me quedo helado cuando me comunican que era aquel asunto de Ribeira. Inmediatamente me ingresan en prisi�n incomunicada durante tres d�as y me someten despu�s a un reconocimiento en rueda, junto con cuatro funcionarios del juzgado, que ni por asomo coincid�an con mis caracter�sticas f�sicas y en el lamentable estado psicol�gico y f�sico que ten�a tras pasar esos tres d�as en prisi�n desaseado, durmiendo vestido�A�n as� ansioso de que se practicara esta prueba, ya que estaba seguro de que en la rueda se aclarar�a este lamentable error. No fue as�, ambos me reconocieron de nuevo �sin g�nero de dudas�.

                                                   "Siempre tuve la confianza de que se
                                                   encontrar�an huellas dactilares o
                                                   alguna otra prueba o que investigar�an
                                                   para encontrar al otro atracador por el
                                                   que nunca me preguntaron"


     Pasaron unos tres a�os desde la rueda de reconocimiento hasta el juicio y entre tanto, ya bastante m�s preocupado, aunque sin imaginarme en ning�n momento que esto llegar�a tan lejos, present� n�minas, contrato y el testimonio de compa�eros de trabajo, ya que en la �poca de los atracos me encontraba trabajado en una empresa de distribuci�n de La Coru�a, haciendo el reparto en la zona de Ferrol, As Pontes, Mellid, Ortigueira y otros pueblos de la provincia. Las rutas eran fijas y coincide que el d�a del primer atraco (lunes) me encontraba en la ruta de Ortigueira, que se encuentra en el otro extremo de la provincia y a m�s de 200 kms. de la zona donde se cometieron los robos, tal y como declar� por escrito el due�o de la empresa.
     Siempre tuve la confianza de que se encontrar�an huellas dactilares o alguna otra prueba en el transcurso de la instrucci�n o que investigar�an para encontrar al otro atracador por el que nunca me preguntaron, y sobre todo, estaba seguro de que en el juicio, cuando los testigos me vieran con mi aspecto normal, se dar�an cuenta del grave error que estaban cometiendo.
     Mi mujer y yo, pasamos horas en la hemeroteca por si alguna noticia de esos d�as nos ayudaba a recordar donde estaba el d�a de los atracos, si me hab�an puesto alguna multa, si hab�a realizado alguna operaci�n bancaria�, algo que me exculpara de manera definitiva, cuando encontramos noticias de atracos que se ven�an produciendo en la zona, con el mismo modus operandi, se lo comunicamos a nuestro abogado y obtuvimos la identidad de dos individuos, que tambi�n coincid�an con las descripciones f�sicas que daban los testigos de los atracadores y en una multitud de detalles que encajan perfectamente con los atracos por los que me condenaron.
     Se pidi� tanto en instrucci�n como en el acto del juicio, que se iniciara una investigaci�n para esclarecer la posible autor�a de estos dos individuos y que fueran sometidos a un reconocimiento en rueda con esos dos testigos. En instrucci�n, se practic� parcialmente esta petici�n, y en el acto del juicio, se acept� como pertinente ese reconocimiento en rueda pero no se practic�, y nuestro abogado no formul� protesta alguna.

                                                                      
"Los cerca de tres meses que pas� en
                                                         prisi�n fue la experiencia m�s amarga
                                                         de mi vida, incluso teniendo en cuenta
                                                         que el trato recibido fue muy correcto"


     Tras ser admitido a tr�mite el recurso de casaci�n, fue desestimado por �negligencia del recurrente�. En los mismos t�rminos se pronunci� el Tribunal Constitucional, tras interponer un recurso de amparo, �ltima esperanza que ten�amos, ya que recurrir al Tribunal Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo, lo vimos algo totalmente inalcanzable.
     Nuestro abogado, sin experiencia en derecho penal, nos �cerr� todas las puertas� omitiendo una serie de formalismos. Tuvimos una defensa muy mala y cuando esto se aclare, estamos estudiando presentar una queja contra este abogado porque consideramos que ha incurrido en graves negligencias, tal como se adelant� en casaci�n y en el recurso de amparo.

     En la sentencia, comienza citando una serie de antecedentes penales, que en mi modesta opini�n, son la causa principal que llev� a los magistrados de la Audiencia a condenarme, a pesar de ser causas de hace entre veinte y veintitr�s a�os fruto de gamberradas de adolescente cuya mayor consecuencia fue una multa, y a pesar de que se encuentran cancelados.
     Me parece triste y lamentable tener que pagar a estas alturas y de una forma tan dr�stica e injusta las consecuencias de una etapa juvenil de la que me averg�enzo y de la que afortunadamente hu� r�pidamente, pero estoy convencido de que esto es as�.

                                                                   
"A los magistrados les choc� much�simo
                                                      que los dos testigos se mostraran tan
                                                      firmes al identificarme en la sala,
                                                      transcurridos m�s de cinco a�os del
                                                      �ltimo atraco y siete del primero"


     Soy un honrado trabajador y padre de tres hijos, y ni yo ni mi familia nos merecemos esto.
     Todo esto ha salido en diversos medios de comunicaci�n, en el �mbito auton�mico y nacional. Nuestros amigos y vecinos organizaron una campa�a de recogida de firmas donde se solicitaba el indulto, la revisi�n extraordinaria del proceso y mi clasificaci�n inicial en tercer grado penitenciario.         El Excmo. Ayuntamiento de Arteixo, donde actualmente resido, ha solicitado el indulto en acuerdo un�nime de la comisi�n de gobierno, en reconocimiento a mi completa integraci�n en la sociedad y el tiempo transcurrido desde los hechos, adem�s se han recogido en menos de un mes, cerca de 6.000 firmas entre nuestros conciudadanos, que se han presentado en la Audiencia Provincial de A Coru�a junto con esta solicitud. Afortunadamente, recibimos un gran apoyo de la sociedad y de los medios de comunicaci�n.

     Por otro lado, tuvimos contratado un detective privado para ver si pudiera encontrar alguna prueba nueva que pueda exculparme, pero la investigaci�n no ha dado sus frutos por la dificultad que supone dado el tiempo transcurrido.
     Los cerca de tres meses que pas� en prisi�n, en r�gimen ordinario, fue la experiencia m�s amarga de mi vida, incluso teniendo en cuenta que el trato recibido, tanto por el personal como por otros internos, fue muy correcto. All�, algunos internos oriundos de la zona donde ocurrieron los robos, especulaban con quienes pudieron ser los autores de �stos, pero con gran recelo a la hora de involucrarse lo m�s m�nimo, con lo que no obtuve ninguna respuesta.
     Al poco tiempo de salir en Tercer Grado, mi mujer y yo continuamos investigando dentro de nuestras limitadas posibilidades, visitamos la zona de Agui�o, hablamos con los vecinos y con la Polic�a de Ribeira y colocamos carteles pidiendo colaboraci�n. Poco tiempo despu�s, recibo una llamada en mi domicilio del interventor del banco, que fue uno de los testigos que me acusaron, para ver si pod�a ayudarnos en algo. Hablamos durante mas de dos horas por tel�fono, y los datos que me dio, no coincid�an, en absoluto, con lo que rezaba en el sumario; cabe destacar, que seg�n el sumario, se produce una primera identificaci�n fotogr�fica por parte de ambos testigos en octubre de 1994, dos meses despu�s del segundo atraco, cuando, seg�n el interventor, dicha identificaci�n no se hace hasta transcurrido al menos a�o y medio de dicho atraco por su parte, y quince d�as despu�s por parte del otro testigo. Al preguntarle como es posible que, transcurrido tanto tiempo, fuera capaz de realizar una identificaci�n con tanta precisi�n, y sin g�nero de dudas, me responde que �l vio a la polic�a muy convencida, pensando que tendr�a otras pruebas y que adem�s era muy grande mi parecido con el atracador. Seg�n �l, la polic�a le mostr� durante mucho tiempo, �montones� de fotograf�as donde no fue capaz de identificar a nadie, y cuando le mostraron la m�a, junto con otras tres, le dijeron que sab�an a ciencia cierta, que uno de los atracadores estaba en esas cuatro fotograf�as y que deb�a indicarla. La explicaci�n que nos dio la Polic�a de Ribeira con respecto a la raz�n de que fuera mostrada mi fotograf�a, cuando yo jam�s hab�a tenido nada que ver con atracos ni delitos similares, fue que �eso era cosa de la Polic�a de La Coru�a, a la que hab�an pedido colaboraci�n�. Al preguntar lo mismo a la Polic�a de La Coru�a, nos responden que presentaron mi fotograf�a, porque respond�a a las caracter�sticas f�sicas de uno de los atracadores descritas por los testigos.
                                                  "Cuando le mostraron mi fotograf�a, junto
                                                   con otras tres, le dijeron que sab�an a
                                                   ciencia cierta que uno de los atracadores
                                                   estaba en esas cuatro fotograf�as y que
                                                   deb�a indicarla"


     No quise presionar al testigo por miedo a que se desvaneciera esa peque�a luz de esperanza, y no me he puesto en contacto con �l de nuevo, a pesar de que me facilit� todos sus datos, incluso su n�mero de tel�fono m�vil particular, y fui a contarle al Presidente de la Audiencia, que fue uno de los magistrados que dictaron la sentencia, lo que me hab�a dicho este hombre. Hablamos durante largo rato, me comento casos que conoc�a de reconocimientos err�neos por parte de testigos, pero que era muy dif�cil iniciar un Recurso Extraordinario de Revisi�n sin una prueba m�s contundente. En ning�n momento lleg� a reconocer expl�citamente que mi caso pod�a tratarse de un error judicial, pero si que no descartaba que todo partiera de un c�mulo de desprop�sitos desde su inicio, me anim� a seguir investigando y me dijo que las puertas de su despacho estaban abiertas, a la vez que ofreci� su colaboraci�n en el caso de averiguar algo m�s. Tambi�n coment� que recordaba muy bien el juicio a pesar de que hab�a transcurrido casi cuatro a�os, porque tanto a �l como a los otros magistrados les choc� much�simo que los dos testigos se mostraran tan firmes al identificarme en la sala, cuando hab�an transcurrido m�s de cinco a�os del ultimo atraco y siete del primero.

                                                       
"La Guardia Civil no ha tomado ninguna
                                              iniciativa al respecto, ya que dicen que es un
                                             caso cerrado y que adem�s en su d�a fue
                                             competencia de la Polic�a"


     Una vez averiguamos la identidad de los individuos que hab�amos visto en los recortes de prensa de la hemeroteca, supimos que se encontraban en prisi�n por delitos similares, y les escrib� una carta desde prisi�n inst�ndolos a que si hab�an sido ellos, lo confesaran, o en caso contrario, preguntarles si sab�an quien pudo cometer los atracos. No obtuve respuesta. Me puse en contacto con su familia, rog�ndoles colaboraci�n, y tampoco obtuve nada.
     Posteriormente, y como sab�a que estas personas no estaban en los archivos de la Polic�a, y s� de la Guardia Civil, le ped� colaboraci�n a la propia Guardia Civil de La Coru�a, y me present� ante inspectores de Delitos contra el Patrimonio, con mi historia y el sumario de la causa. Tras una breve investigaci�n extraoficial, llegaron al total convencimiento de qui�n era uno de los aut�nticos autores de los atracos, no pudiendo precisar quien podr�a ser el otro, ya que este individuo no actuaba siempre con el mismo �compa�ero�, y dado el tiempo transcurrido era muy dif�cil de precisar.
     Cuando nos mostraron la fotograf�a de este individuo, a mi mujer y a m�, nos sorprendimos enormemente frente al extraordinario parecido que ten�a conmigo. Todo encajaba por fin, pero la Guardia Civil no ha tomado ninguna iniciativa al respecto, ya que dicen que es un caso cerrado y que adem�s en su d�a fue competencia de la Polic�a Nacional. Creo que por el hecho de que me encuentre �pr�cticamente� en libertad, y sobre todo a ojos de los dem�s, la gente no se involucra directamente en el caso, pero lo que mi familia y yo estamos viviendo, les aseguro que es muy dif�cil de imaginar.

     �ste es el resumen m�s breve que he podido hacer de todos estos a�os de pesadilla interminable, impotencia e incertidumbre que no nos deja vivir y que no se pueden describir con palabras.

                                                   "La sala segunda del Tribunal Supremo,
                                                    a petici�n del Fiscal, tambi�n solicit�
                                                    el indulto y tanto la Audiencia Provincial
                                                    como la Fiscal�a lo informaron
                                                    favorablemente en julio de 2002"


     En cuanto al tema del indulto, me cost� much�simo firmar la solicitud, si lo hice fue ante la insistencia de mi mujer y dem�s familia, y prefer�a ir a prisi�n a que me �perdonen� por algo que no he hecho. La sala segunda del Tribunal Supremo a petici�n del Fiscal, tambi�n solicit� el indulto y tanto la Audiencia Provincial, como la Fiscal�a, lo informaron favorablemente en julio de 2002. Actualmente est� a la espera de ser resuelto por el consejo de ministros.
Aunque, no es lo que realmente buscamos, sino que queremos la verdad y que se haga justicia, por un lado, ser�a un gran alivio y me permitir�a seguir luchando por demostrar mi inocencia con mayor fluidez.

Secundino Bouzas Bao
(2004)


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Sobre este caso tambi�n puede consultarse:

http://members.tripod.cl/porlajusticia/


as� como los siguientes art�culos publicados en "
La Voz de Galicia":


�Meten en la c�rcel a un inocente�
(6/5/2002)

El acusado estuvo a 200 kil�metros del atraco (6/5/2002)

El acusado de un atraco en Agui�o ir� a la c�rcel �para descubrir al culpable� (7/5/2002)

�No quiero el indulto�, dice el condenado por dos delitos que achaca a otro reo (9/5/2002)

�Si supieras la verg�enza que tengo cuando voy a la playa...� (31/8/2003)


                                                                                                                                                                                      
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           ...esto a m� no puede pasarme...

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