El 30 de agosto pasado la
revista TIME publicó un extenso artículo titulado “Europe´s secret
capitals” en el que seleccionaban 14 ciudades poco conocidas (Ninguna
capital) de varios países de Europa occidental que por alguna u otra razón eran
muy recomendables para vivir. Los criterios de selección eran distintos en cada
caso: Por ejemplo en España seleccionaron Altea por su clima, su nivel de
precios, su tipismo del casco histórico combinado con sus campos de golf,
establecimientos hoteleros y playas, lo que en conjunto le convertían - según
TIME - en la ciudad ideal de Europa para los jubilados.
Pero en cambio para seleccionar
una ciudad de Francia, hicieron caso a la opinión de los franceses: En el año
2003 el semanario L´Express votó a Nantes como la ciudad más verde
de Francia por su proporción de espacios verdes por habitante, sus noventa y
cinco parques y plazas y sus quinientos kilómetros de bidegorris y paseos
peatonales. Por su parte el semanario Le Point eligió Nantes como
la mejor ciudad para vivir en el año 2003, triunfo que repitió el año 2004.
El resultado sorprendió a todo
el mundo: Había ganado Nantes que no tiene el glamour ni las riquezas artísticas
de París, ni la gastronomía de Lyón, ni la industria puntera de Toulouse, ni los
vinos de Burdeos, ni el clima mediterráneo de Niza, ni siquiera una gran
Catedral como Amiens, Reims o Chartres, ni tampoco es un rinconcito pintoresco
como La Rochelle.
¿Qué tiene entonces esta ciudad
que en apariencia no tiene nada?. La encuesta valoraba un montón de parámetros
de esos que se supone que conforman la llamada “Calidad de vida”,
y en la suma del promedio de todos ellos ganó Nantes, por la pulcritud de su
ambiente, la variedad y riqueza de sus servicios en general, sus transportes
públicos con tranvía, 155 autobuses a gas natural, un TGV que le pone a dos
horas de París, su oferta cultural, el nivel moderado de los precios, etc.
De hecho y con un incremento de
población del 10,3% en la década de los noventa, es con mucho la ciudad francesa
que más creció en ese período, habiendo pasado de ser la octava, a ser la sexta
del país.
Merece la pena averiguar por
tanto, cómo es la ciudad ideal para vivir de los franceses, que según TIME
gozan en su país de la mejor calidad de vida del continente, y a tratar de
comprender y degustar, que es eso que tiene Nantes que le hizo ser elegida entre
las demás por los franceses, la tierra por antonomasia de los bon vivants,
lo que convierte a Nantes automáticamente - siempre según TIME - en la
mejor ciudad para vivir de Europa.
Empezaremos (Como buenos
turistas) por ir hasta la oficina de Turismo, que comparte edificio con la
tienda de FNAC en la Plaza de Sarajevo. De la esquina de abajo del
Castillo de los Duques de Bretaña, situarse en la Place Neptune; Con
el Castillo a nuestras espaldas, a nuestra derecha nace una avenida amplia, que
es la Cours Roosvelt, y siguiendo unos 50 metros se llega a la Plaza
du Commerce, que es donde está el mercado de las flores. Justo a
continuación hay otra plaza también cuadrada, donde veremos un edificio antiguo
con el cartel de FNAC. En la oficina de turismo os facilitarán un gran
plano (En español) con la guía de Nantes, recomendación de rutas a seguir
y cosas para ver, etc.
Aunque
NANTES pertenece
oficialmente al "Pays de la Loire",
todo el mundo la considera la ciudad más importante de Bretaña:
Antiguamente fue su capital, su edificio más alto se llama “La
Torre de Bretaña”, y el
Château des Ducs
de Bretagne (s.XV) es su principal monumento: Allí en 1598
Enrique IV firmó el famoso "Edicto de Nantes" sobre la tolerancia
religiosa, proclamando la libertad de culto. En Nantes nacieron Aristides Briand,
Clemenceau y Julio Verne.
Dentro del Castillo se
encuentran el Musée des Salorges
(Museo naval), el Musée d´Art Breton
Régional y el
Musée d´Art Populaire.
Al lado del Castillo está la
Cathédrale de St-Pierre,
muy grande, muy alta con una bóveda de 36,5 mts. de altura, (Más que la de
Notre-Dame de París) y bastante insulsa y con aspecto de a medio decorar;
Aunque empezó a construirse en 1434, las obras no acabaron hasta 1891; Los
bombardeos de 1943 destruyeron su coro y vidrieras, que hubo que reconstruir;
Tuvo un gran incendio que obligó a reconstruir el techo en 1972. Así que aunque
es de gótico francés, y se empezó a construir 32 años antes que el castillo, da
una cierta sensación de artificial y recién hecha, fuera de época, algo así como
la Catedral nueva de Vitoria. Lo único llamativo es la tumba de Francisco II
y su mujer Marguerite de Foix, una de las mejores estatuas funerarias de
Francia. La Puerta de Saint-Pierre al lado de la Catedral, es un resto de
la antigua ciudad fortificada.
Un monolito en la Place du
Maréchal Foch divide una amplia avenida rectilínea, que por una parte es el
Cours Saint-André, y al otro lado se llama Cours St-Pierre y la
Place de la Duchesse Anne. Por debajo de todo ello discurre un canal
subterráneo, que une el Erdre con el Canal Saint-Félix y el
Loira. La columna se levantó en agradecimiento al monarca Louis XVI por las
grandes obras emprendidas en la ciudad, y fue un regalo de los arquitectos
nanteses ... en 1790, es decir al año siguiente de la Revolución. Como sabéis,
Luis XVI perdió el poder y la libertad en junio de 1791, cuando intentó huir y
fue apresado; En enero de 1793 perdió además la cabeza en la guillotina, y como
suele pasar en estos casos, rendirle homenaje fue considerado políticamente
incorrecto, por lo que la estatua no fue colocada e inaugurada hasta 1823.
Al otro lado de la Rue Henri
IV, y por la Rue Clemenceau, perpendicular a la Catedral, hay un
jardín botánico no muy grande pero interesante, el Jardin des Plantes,
creado a finales del s.XVII y usado en su día por boticarios y cirujanos para
cultivar sus plantas medicinales. Está muy cerca, pero en dirección contraria al
Nantes turístico. Desde su entrada principal se ve la cercana Iglesia St
Clément, grande y armoniosa, con sus órganos, su Virgen de madera
policromada, y unas buenas vidrieras, cosa cada vez más difícil de ver en
Francia; Es curioso que en un país que exportó al mundo el arte del vidrio
emplomado y que tiene algunos de los mejores ejemplos de arte vitral (Catedral
de Chartres), veamos por todas partes como sus mejores templos (Catedral de
Amiens, o la misma de Nantes, o la Iglesia de Saint Michel en Burdeos) son
reconstruidos o reformados con cristalitos de colorines más propios de una
parroquia post-conciliar de extraradio.
En dirección opuesta, es decir
hacia el mar detrás de la Catedral y una vez pasada la
Porte St-Pierre, está el
Musée des Beaux-Arts, con obras
de Tintoretto, Coubert, etc. Alrededor de la Catedral está el barrio medieval
con calles empedradas, Barrio Bouffay, cuyo centro es la Iglesia
de la Sainte Croix, con una curiosa torre rematada por ángeles
tocando la trompeta, en un carillón cuya campana mayor pesa 8.000 Kgs.; La
iglesia por dentro es muy fea con sus bóvedas de medio punto desnudas, aunque
tiene un púlpito de caoba y las sillas del coro son del siglo XVII.
Probablemente fuera despojada de lo mejor de su decoración cuando se utilizó
como club revolucionario en el período del Terror.
Se cruza la
Rue de Strassbourg, y por el
Ayuntamiento y la Prefectura, o mejor más abajo, por la
Rue de la Marne (Zona de pubs y
baretos nocturnos muy majos), se llega a la
Cours des 50 Otages, una avenida
muy ancha por donde pasa el tranvía, que está construida sobre el cauce relleno
de L´Erdre, afluente del Loira, y va desde un embarcadero a la
altura de la isla Versailles, hasta la
Cours Roosvelt. El río es desviado
por un canal subterráneo que reaparece y desemboca en el canal de Saint Félix,
al lado de la Cité des Congres. El nombre de esta avenida se refiere a
los 50 rehenes ejecutados en 1941 como represalia ordenada personalmente por
Hitler en respuesta por la muerte del Feldkommandant de Nantes llevada a
cabo por un grupo de las Juventudes Comunistas; Este hecho sirvió para relanzar
y aglutinar a la Resistencia, y Nantes fue proclamada cuna de la resistencia por
el general De Gaulle, al acabar la guerra. Todo ello se recuerda en un feo
monumento de aire patriótico-militar en el extremo alto de la calle.
Si seguimos por el Erdre
(hay un paseo peatonal al lado de las vías del tranvía) podemos visitar la isla
Versailles y seguir, por ejemplo hasta el puente del General de la
Motte Rouge, llegaremos hasta un barrio residencial con lujosos chalecitos
asomados al río donde están atracados motoras y barquitos de todos los gustos.
Con buen tiempo es un paseo precioso y tranquilo, a condición claro, de no
pasear justo por las vías del tranvía.
Al otro lado de la avenida está
el Nantes del siglo XIX: La Iglesia de Saint Nicolas, que a primera vista
es gemela de la de St Clément, es sin embargo del siglo XIX y fue la
primera de Francia en abandonar el estilo neoclásico para volver al gótico.
Coger la Rue
d´Orléans, atravesar la
Place Royale, y seguir por la
Rue Crébillon hasta la
Place Graslin; En esta plaza está
el Grand Théatre donde
un autobús conducido por un chófer vestido de palaciego del s. XVIII con peluca
empolvada y todo, recoge a los espectadores por la ciudad para llevarlos al
teatro; En la trasera del teatro hay dos curiosos grupos escultóricos de estilo
completamente diferente pero que sin embargo se complementan: Un monumento a la
danza de estilo moderno formado por un hombre, una mujer y un niño bailando en
éxtasis entrelazados, que parecen flotar en el aire. Mirando al grupo anterior,
unos espectadores que parecen salidos de un cómic, se asoman desde un balcón del
teatro.
Enfrente del teatro está el
célebre restaurante La Cigale,
uno de los más bonitos de Francia, representante de las grandes brasseries
del S.XIX con palmeras en miniatura, azulejos, techos pintados etc. declarado
oficialmente monument historique.
Es muy difícil comer (imposible cenar) sin reserva previa; Tiene menús a precios
asequibles, y una carta en cambio astronómica. Está abierto a diario de 7,30 de
la mañana a 0,30 de la madrugada. A media tarde se puede tomar una cerveza
tranquila y disfrutarlo, sin necesidad de comer.
En la Rue Crebillon, que
es la gran calle comercial, os recomiendo una chocolatería artesanal,
Castellanne, y una tienda de discos de la cadena Harmonia Mundi,
que entre otros venden discos de su propio sello a un precio magnífico; Yo
compré el Stabat Mater de Pergolesi, recomendado con 5 diapasones por la
revista Diapasón, (Concerto vocale, René Jacobs, etc.) por 7 €; Y un
detalle: Tenían muchas obras de Ligeti, entre ellas el Requiem que
es imposible de encontrar en Bilbao. Ambas tiendas están a la izquierda llegando
a la plaza Graslin. Casi a la mitad de la
Rue Crebillon y en dirección a la
Place de la Bourse está el
Passage Pommeraye, unas
elegantes galerías comerciales suspendidas y en tres niveles, que comunican el
centro con el puerto, inauguradas en 1.843, con escaleras y suelo de madera.
De la Place Graslin, por
detrás del teatro y hacia el norte, en pocos metros se llega a la Place des
Volontaires de la Defense Pasive, donde se concentran tres o cuatro grandes
almacenes; siguiendo por la Rue de Budapest, se llega a la gran torre
rascacielos que domina la ciudad, es el centro de comunicaciones del oeste. Se
llama la Tour Bretagne, en la plaza del mismo nombre, en lo más
alto de Nantes; al otro lado de la plaza está Correos. En general en Francia son
muy respetuosos con las alturas, al menos en las zonas céntricas, y no abundan
los rascacielos, por lo que esta torre solitaria es a Nantes algo así como la
Tour Montparnasse a París.
Cerca, dirección oeste, en la
Plaza de Aristide Briand, un conjunto de edificios, fruto del
racionalismo revolucionario, levantados en tiempos de Napoleón bajo el lema
"investigar y castigar": La Gendarmería y el Palacio de Justicia que forman
ángulo recto, y en su vértice, la Prisión de Nantes, lo que hace en conjunto un
paraje solo apto para estómagos fuertes. Al otro lado de la plaza está el Banco
de Francia: Uno puede imaginarse una escena de un atracador detenido en el Banco
de Francia, que es conducido a la Gendarmería, posteriormente juzgado, condenado
y finalmente encarcelado; El proceso en el tiempo sería casi tan lento como en
España, pero en Nantes no habría recorrido más de cincuenta metros en completar
su periplo.
Si de la Place de
Bretagne vamos en dirección norte, tras pasar la Place Saint Similien,
llegamos al Marche Talensac, un gran mercado con puestos de
pescado y verduras, una vitalidad, un griterío y un paisanaje, que contrastan
con el tono general de pulcritud de la ciudad. Allí hay restaurantes que dan de
comer a los mercaderes una vez que éstos han acabado la faena y tomado unas
cuantas rondas de blancos... ¡A las tres de la tarde!.
De la Place Graslin, por
el lado de La Cigale, yendo hacia el sur llegamos inmediatamente al
Cours Cambronne, un parque rectangular con verjas de hierro que ocupa
un antiguo convento de Capuchinos que fueron expulsados durante la Revolución.
Por el otro lado y a la izquierda, está la Médiathèque, un enorme
centro cultural con grandes vidrieras.
Si desde la Place Graslin
seguimos por la Rue Voltaire, llegaremos a la Manoir de la Touche,
residencia del Obispo de Nantes del siglo XV, y el contiguo Palais Dobrée,
construído en el siglo XIX aunque imitando el estilo románico, que es un museo.
Acercándonos al Loira llegamos a la Iglesia de Notre-Dame du Bon Port de
estilo neoclásico con una inmensa cúpula que acoge toda la iglesia: Un estornudo
en el centro nos confirmará sus cualidades acústicas.
Prácticamente ya no hay más que
se pueda ver en una visita rápida: Hay una Fragata de la marina de guerra
anclada en el Loira en plan museo; se pueden alquilar barquitos con motor
eléctrico (No hace falta carné de piloto) en la isla Versailles, en el
río Erdre, donde empieza la Cours
des 50 Otages por su extremo más alto, etc. También se alquilan
bicicletas, hay visitas guiadas, etc.: Nantes es la sexta ciudad de Francia con
más de medio millón de habitantes, y lógicamente puestos a verlo todo y a
patear, hay para días.
La CITÉ DES CONGRES,
donde se celebra LA FOLLE JOURNÉE, está cerca del Castillo, pero un poco a
desmano: Desde la Place de la Duchesse Anne, se cruzan las vías del
tranvía y un puente sobre un pequeño canal, el St. Félix (Que es la nueva
desembocadura del Erdre) y una carretera, que llega a la Avenida
Carnot, y pasando el curioso edificio de las Galletas LU, se llega a
la Cité, que está pegada al canal de Saint Félix.
Julián Landín Aguirre
Algorta, 21.01.05