Home      HISTÓRICO        CONTACTO    Música de Boda

BIOGRAFÍAS

Gabriel Faure

(1845 - 1924)

ESTHER GARCÍA

Artículo publicado el 7 de abril   de 2004


                                                    

Compositor y organista francés, fue el más célebre compositor de su generación desarrollando un estilo muy personal. Sus innovaciones armónicas y melódicas influyeron sobre la enseñanza de la armonía en las generaciones posteriores. Nació en Pamiers Ariège y estudió música en la École Niedermeyer de París con el prestigioso compositor Camille Saint-Säens. Desde 1866 hasta 1905 fue organista de varias iglesias, entre ellas las de St. Sulpice y la Madeleine, en París. En 1896 lo nombraron profesor de composición en el conservatorio de París, y entre 1905 y 1920, se hizo cargo de la dirección. Entre sus alumnos se encuentran los músicos Maurice Ravel, Florent Sehmitt, Jacques Aubert Charles Koechlin, Nadia Boulanger y el compositor rumano Georges Enesco. Junto con Saint-Saëns, Fauré fue defensor de los valores de la música francesa en un tiempo en que la tendencia predominante en Europa era adoptar los resultados y técnicas de la música romántica alemana.

 

 

 Fauré se inclinó por un sonido más discreto y emotivo, que se enfrentaba con el estilo llamativo de Richard Wagner y sus seguidores. Compuso en los pequeños géneros, en especial canciones y obras cortas para piano. Valoró la lógica de la música y nunca permitió que asociaciones literarias o filosóficas juzgaran o interfirieran en el suave fluir de sus obras, entre las que destacan una balada para piano y orquesta (1881), la suite Peleas y Melisandra (1889), un requiem (1887), los ciclos de canciones La bonne chanson con textos de Paul Verlaine (1891-1892) y L'horizon chimérique (1922) y la ópera Penélope (1913). Escribió además numerosas obras para piano y música de cámara.

 

 

 Además del réquiem, una de las obras más notables de este compositor es la conocida “Cantique de Jean Racine”, escrita en 1865 y dedicada a César Franck. Con ella ganó un primer    a pasar de no seguir completamente las reglas marcadas.

 

RÉQUIEM op. 48

 

 

El Requiem de Fauré se distingue de los otros Requiem del siglo XIX en que no es una obra operística y en que evita escrupulosamente el terror del juicio final. Se encuentra en completo contraste con los Requiem de Berlioz (1837) y Verdi (1874) cuyo largo efecto dramático él detestaba. Fauré entendía su Requiem como algo íntimo, pacífico y amable. Como él le dijo al crítico Luis Aguettant en Julio 1902: “Veo la muerte como una liberación bienvenida y una aspiración hacia la felicidad suprema, más que una experiencia dolorosa”. En este sentido se apartó instintiva y sistemáticamente de todo aquello que era considerado correcto y apropiado. “Después de tantos años de acompañar los servicios funerarios en el órgano de la Magdalena de París, quise escribir algo diferente”. Como él mismo dijo a su hijo Philippe en 1908:”Para mí el propósito del arte y especialmente de la música, es elevarnos lo más alto posible por encima de la existencia cotidiana”. Su Requiem, casi tanto como sus composiciones maduras, intenta trascender la realidad y expresar lo inexpresable.

 

 

Contrariamente a la creencia popular, la muerte del padre de Fauré en 1885 no tuvo nada que ver con el inicio de la composición del Requiem. Parece haber sido la muerte de su madre la víspera de año nuevo, la que le llevó a completar el Agnus Dei, Sanctus e In Paradisum en 1887. La idea original fue un modesto Requiem de cinco movimientos para su propio coro (con un joven soprano en el solo del Pie Jesu) y una pequeña orquesta de viola, chelos, bajos, arpa, timbal y órgano continuo (con un etéreo solo de violín en el Sanctus). Este  primer Requiem fue representado para un servicio funerario de primera clase para Joseph Le Soufaché en la Iglesia de la Magdalena el 16 de enero de 1888. Sólo después decidió Fauré añadir un barítono solista e insertó el Ofertorio.

 

 

A pesar de que el Requiem de Fauré se representa frecuentemente en las salas de conciertos, fue concebido para uso litúrgico. La palabra Requiem tiene una considerable prominencia en toda la obra, menos en el Ofertorio y el Sanctus, siendo apropiadamente usada para el comienzo y el final de la composición.

 

 

Abundan los pasajes memorables en el Requiem de Fauré y lo sitúan aparte de otras músicas religiosas que tienden hacia lo romántico y sentimental. Gran parte del interés melódico radica en la orquesta desde las elevadas líneas de la cuerda en la segunda parte del Introito y del Agnus Dei,  hasta el bellísimo y suave violín obligado en el Sanctus y en el inolvidable tema del órgano en In Paradisum.

 

ESTHER GARCÍA

abril de 2004

 

Para hacer cualquier aportación, comentario o sugerencia pinche aquí: contacto                          
Última modificación:

                                                                                                                                                    Subir

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1