Las Hayas de Trinidad
A domingo vencido,
retomo este pequeño teclado para fijar algunos de los sucesos de hoy.
Se puede tildar de domingo tranqui, tranqui, tranqui. Una salida sin excesivas
pretensiones excepto la de disfrutar del día, que ha amanecido nuboso y con
algunas débiles gotas que se escapaban de las alturas y que a algunos ha hecho
temer por el resultado.
Hoy hemos vuelto a la sierra de Andia , para perdernos entre los rasos de la
sierra en la subida hasta la ermita de La Trinidad de Iturgoyen, como el horario
parecia sobrado pues hemos transformado lo que iba a ser un amaiketako en la
comida oficial. Hemos cometido el sacrilegio ( bueno no sabemos quien porque no
ha aparecido) de volcar una botella de reserva de rioja en una bota de vino ,
aún así seguia siendo reserva ( gracias a irrintxi ).
El retorno por una pista entre bosques frondosos de hayas, parcialmente
cubiertas por la niebla, hasta que hemos descubierto al primo de Tiberio pero en
pata negra ( Quíen le echara mano a alguno de sus jamones ), bueno a falta de
jamón nos conformaremos con una foto ( somos de buen conformar aunque no sepa
igual).
Alcanzamos el pueblo de Iturgoyen y perdemos parte del grupo que decide quedarse
a comer oficialmente en el pueblo. El retorno por al barranco de Beagua es lo
más bonito del día, nosotros que ya nos hemos acostumbrado a ver los cañones
desde el río, hoy lo hemos hecho desde las alturas, un sendero estrecho entre
los bojes, encinas y hayas no cambia de valle para dejarnos nuevamente en Lezaun.

La hora de marchar ha llegado y nuestros tranquilos compañeros que se han
quedado a comer en Iturgoyen no aparecen, media hora después siguen sin
aparecer. Se comienzan a organizar las brigadas de búsqueda cuando asoma Julio
que en avanzadilla , nos indica que el resto viene ya sin fuelle y bastante
retrasados , que se han colado de camino y que han cruzado el cañón por el río
además de vandalizar alguna que otra alambrada. Una hora después de la hora
fijada de llegada asoman Antonio, Petri y el bueno de sir Jon que llega
renqueante ( extrañamente él que había dicho que a la hora salía el autobús) y
es que “ El que al cielo escupe en la cara le caé”.
Y bien sin mayores extravagancias nos hemos vuelto tras contemplar que el otoño
empieza a marcar su diapasón en las hojas de los árboles y alfombra los suelos
de nuestros montes con sus ocres característicos.
Tras esta excursión decimos adiós a nuestros compañeros de Atxaspe hasta el mes
de diciembre, ya que se nos van a o volver montañeros de medio día hasta el año
que viene ( acaso esto significa que se convertirán en medio montañeros?)
nosotros seguiremos disfrutando las horas que nos permita la luz del día y
muchas veces tambien a la luz nocturna.
Sin otro particular pasar buena semanita

Nota:
Gracias por vuestros favorables comentarios respecto a los artículos que han
aparecido en nuestra revista Haitzes Haitz, me alegran de que os hayan gustado.
Gerardo