Crónica del domingo Canto Blanco    

Lunes de cuaresma y mientras hago un poco de tiempo para que empiece el trajín diario, voy a relatar los sucesos ( que diría Arlote ) del fin de semana.

En principio no parecía que fuera a ser nada excepcional , estaba programada una salida a CantoBlanco, en las altas tierras alavesas de Añana . A juzgar por la información de la siempre desinformada internet, el monte más feo de toda la zona y facilito ( 1 horita ) , . El pronóstico del tiempo era fatal y el cansancio de haber estado de carnavales en Algorta la noche anterior también decía lo suyo.

Pues bien con todos estos factores favorables nos decidimos a tirar para adelante como ya sabemos que siempre hay que hacer.

Llegamos a Salinas , una numerosa expedición ( 3 coches ) que dadas las circunstancias ni tan mal. Aprovechando que era su cumpleaños SanGi nos deleitó con un pase en calzoncillos , blancos de los de cuello por el pueblo y nos invitó al primer café con rosquillas del día ( no es que las rosquillas fueran del día ).

Pasando el palacio renacentista del que hablaba la guía y al que al pobre solo le queda lo de nacentista ya que el “ re “ esta demolido y atravesando la “ pica “ ( lugar de ajusticiamiento de montañeros renegados ) salimos del pueblo buscando las cimas más altas de la comarca. Entre vales y barrancos dejamos las sierras de Arcamo a nuestra derecha y Valdegobía a nuestra izquierda para avistar en el plazo de una hora CantoBlanco . El cielo se cerraba y el viento de norte arreciaba , así que al amparo de unos pinos de la cumbre nos tomamos el aperitivo.

Decidimos prescindir de la ruta de la guía y seguir una ruta un poca más ambiciosa con tres cumbres más mediante el mapa de la zona.

La gente se queda atrás después del amaiketako y el ánimo resurge en la gloriosa batalla de bolas de nieve de la que Pilar y Sangi se llevan la peor parte , finalmente llegamos a Basquiñuelas , en su iglesia , al igual que peregrinos de la época encontramos refugio para sacar las viandas deseadas kilómetros antes.

Tras visitar la torre , no sin prudencia ya que los escalones amenazaban ruina y la olvidada maquinaría de su reloj , que en algún tiempo marco la vida de los habitantes de la zona , reemprendemos la marcha para ascender la Atalaya y si nos da tiempo bajar hasta el lago de Arreo . Las primeras gotas de lluvia aparecen y decidimos dada la hora ( 16:30, no continuar ruta hacia el lago y bajar a por un café caliente a Salinas por lo que el que juzgo como fea montaña seguro que lo hizo de oídas por que el paisaje era magnifico.

Desde Salinas y como dada la diligencia de los restauradores de las salinas que las restauran , están cerradas desde hace 3 años ( y lo que es peor , al paso que van pueden estar trescientos ) tomamos el café tranquilamente , charleta oportuna y al anochecer retorno a nuestros cuarteles .

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