La Semana Santa alternativa (Aitor)
Bueno, vamos a dar el beneficio de considerar oficial la salida que tan
brillantemente, como de costumbre, relató el ínclito Sir Gerad, narrador de
verbo fácil e imaginación poderosa con cuyas inmejorables crónicas disfrutamos
semanalmente.
Digo lo de considerar oficial dicha excursión, porque la realmente oficial no se
produjo al no conseguir tras los ímprobos esfuerzos de la ya agotada y nunca
suficientemente valorada organizadora por excelencia Dña. Marga, a la que por
cierto deberíamos reconocer con mayor cariño los innumerables esfuerzos
realizados hasta la fecha. (¡Un poco de porfavor!).
Por lo tanto, no me queda más adjetivo para definir la aventura que me propongo
relataros que el de oficiosa, no por ello, sin embargo de menor atractivo o
interés.
Vistas las previsibles dificultades para encontrar previamente un alojamiento
seguro que facilitara un relajante descanso para nuestros ya maduritos cuerpos
(pero aún así, todavía serranos), un reducido grupo de cobardicas decidimos
desligarnos de la aventurada expedición a las tierras de Albarracín. Lo cierto
es que nuestro amigo Ángel (alias “Ángel Hito” por cierto miembro de Mendizale
Zoroak) no estaba por la labor de reposar sus dignísimas posaderas en pajares
lúgubres, o estancias similares ni compartir dormitorio con mamíferos de cuatro
patas, y con esto, no penséis mal, no me refiero a nadie del grupo que participó
en esa excursión, sino a los posibles animales, bichos y bichejos que pudieran
poblar los improvisados dormitorios-granja que la rumorología y la calenturienta
imaginación del colega hacían prever. Por lo tanto buscamos acomodo en otras
tierras más benignas sin renunciar al placer de ascender alguna que otra cima
que alimentara nuestra sed de monte, la cual al parecer nunca queda
suficientemente saciada.
Dicho y hecho. Encontramos, bueno Iñaki (Organizator) encontró un Hotel en Berga,
capital del Berguedá origen de la ruta de los Hombres Buenos que transcurre
entre el santuario de El Queralt y el Castillo de Montsegur en ocho jornadas.
Estábamos pues en tierra cátara, lo cual no consiguió hacer que fuésemos mucho
mejores, (¿será porque no nos hace falta?).
Tras olfatear el pueblo, dimos con un pequeño restaurante que saciara nuestros
famélicos estómagos, pues la frugalidad con la que habíamos pretendido engañarle
a la hora de la comida, no hizo sino alimentar las ansias de un pantagruélico
banquete. Nos conformamos con una cena ligera bien regada con sangría. Qué
colocón, mira que echarle doble dosis de canela!.
Amanecimos con ganas de ejercicio y nos trasladamos al mirador de Gresolet.
Objetivo la simpar Pedraforca, monte prepirenaico de 2.497 m con un desnivel de
967 m y una preciosa estampa, portada de libros y revistas especializadas.
La ruta es buena, está bien marcada y había bastantes “expediciones” lo que
facilitaba la ascensión. Llegados al refugio, tomamos el camino del collado del
Verdet (2.270 m) pero antes, en un paso de trepada Ángel decide, que visto que
hay hielo y que va algo lento, retroceder, (perdón, dar media vuelta y seguir
avanzando) hasta volver al refugio. Los atxazpianos, como buenos espíritus
aventureros nos conjuramos para proseguir en “la conquista de lo inútil” (la
frase no es mía). Nos da un poco de remordimiento abandonar a su suerte a
nuestro colega, pero como he indicado, el camino es bueno y sabedores que Ángel
se crece en solitario, nos encaminamos al bosque en el que el hielo y la nieve
salpican los recodos y campas que en rampas de dureza nada desdeñable nos sitúan
ante la pétrea mole de impagable belleza que desafía nuestro denodado esfuerzo
por conquistarla.
De ahí, tras un ligero descanso, y haber comprobado que nuestro amigo ha
descendido sin problemas, lo que nos comunica por el walkie, reiniciamos la
marcha en continuo ascenso hacia el anhelado collado. Aquí empieza lo bueno. Un
paso de grado Iº, lleno de hielo por donde está marcada la ruta nos reta. No
sabe con quiénes se mete. Si bien acojonadillos pensando en que si las cosas van
mal dadas, destrepar eso “ni pa Judas”, buscamos alternativas a la ruta helada
que poco a poco nos colocan en el plano sumital, grimpando por las rocas, en la
zonas más complicada de la ascensión. De ahí, crestenado a ratos, en descenso y
ascenso continuo vamos acercándonos a la cima. Nos encontramos con una pareja
que va a descender ese tramo y nos dejan de piedra. Ellos hacen el recorrido
nuestro pero al revés, (ganas de complicarse la vida). Según vamos acercándonos
a la antecima, vamos encontrándonos más gente, y en ella coincidimos con un
grupo grande y su perro que se llama Frodo, si bien el dueño tiene más pinta del
susodicho.
Fotos, vistas la Pirineo y a la cercana Sierra de Cadí a la que pretendemos ir
en los próximos días y reponer fuerzas. Contactamos con Ángel por el walkie y
nos comunica que está harto de esperar y de tomar el sol, que os demos vidilla.
Pues nada, todo para abajo. El descenso es rápido y fácil por este otro lado.
Llegamos a la emborcadura e Iñaki duda, creyendo que el camino es de de Graos. (Ibon,
¿para cuándo ese curso de orientación? que la gente se me despista). Menos mal
que yo voy bastante con M Zoroak y algo se me habrá pegado, no en vano me llaman
pathfinder. El caso es que nos tiramos literalmente por la tartera cuesta abajo
resbalando por la pedrera en un vertiginoso, pero cansino descenso, hasta cinco
caídas le conté a Iñaki. Una vez abandonada la pedrera, un camino a media ladera
nos lleva hasta el refugio y de allí hasta el aparcamiento donde comemos algo
más decentemente.
La jornada pues, terminó con un contundente, Atxazpe 2, Mendizale Zoroak 0. Por
la tarde, turismo por Bagá, precioso pueblo, no como el feucho Berga al que sólo
salva un poco la plaza del Ayuntamiento y las callejas de la zona alta, y paseo
por el Monasterio de El Queralt.
La siguiente jornada la dedicamos para que el mendizale zoroa descansara(¿?) (lo
cierto es que él conducía, así que descansó menos) y nos fuimos a Vic, precioso
pueblo con bastantes monumentos dignos de ver y un concurrido mercado. Tras
comer en un vegetariano para celebrar que estamos en la capital de la
chacinería, nos dirigimos a Solsona y su entorno. Acabamos la jornada pegándoos
la comilona padre en San Llorens de Morunys a base de morcilla, longaniza, etc,
vamos que lo hicimos al revés comer suave y cenar a lo bestia, por la noche las
tripas se vengarían.
Un día de “treki” (sic en palabras de Angel)
Cuando cogimos el coche sólo sabíamos que íbamos al norte. Cuando desayunamos
todavía estaba por decidir si haríamos una ruta al sur de Cadí o intentábamos el
Carlit. Cuando Ángel se pasó el desvío de Pugcerdá, yo tuve que ingeniármelas
con los libros de rutas de El mundo de los Pirineos, para encontrar algo por el
norte de Cadí, Y a fé mía que lo encontré. Decidimos unir dos rutas por la zona
norte, sin mucho desnivel y siempre con la impresionante estampa de la mole
pétrea de Cadí nevada como frontera y baluarte. Hubiéramos hecho el recorrido
completo si no fuera porque algunos desaprensivos habían tirado por ahí el poste
con la señal del GR a la vez que abierto un camino nuevo de tala más largo que
un día sin pan, el cual nos dejó baldados y lejísimos de nuestra ruta. Eso y la
amenazante presencia de un frente lluvioso que nos venía rodeando desde la
comida en el pintoresco pueblo de El Querforadat, hizo que acortásemos la
inicial marcha prevista volviendo a enlazar con parte del camino realizado por
la mañana. Ello no evitó que pasáramos unas ocho horas de travesía, que no está
pero que nada mal. He de decir, además que este recorte nos salió bien, pues
salvo un ratito en que sólo le granizaba a Ángel (digno de verse), hasta que no
estuvimos en el coche no se puso a llover. Y de qué manera.
La caravana que se montó a la vuelta no nos dejó margen para gran cosa en la
cena, pero salvo lo lentos que fueron sirviendo, no nos podemos quejar. Estuvo
bien.
La vuelta sin más comentarios, paramos a comer en Zaragoza y más pronto que
tarde estábamos en casita deshaciendo las mochilas, que el martes había que
currar.
Esto es todo, esto es todo, esto es tooooooooooodo amigos!!!!!