UNIVERSIDAD YACAMBÚ

VICERRECTORADO DE ESTUDIOS VIRTUALES

DOCTORADO EN GERENCIA

FASE III (CR-074)

 

PRINCIPIOS QUE SUSTENTAN

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

 

Autor:

Eulises Rafael Moreno Rivas

C.I.: 8.365.655

 

Maturín, 28 octubre 2007

 

“Qué patria le dejaremos a nuestros hijos,

y qué hijos le dejaremos a nuestra patria”

Benito Juárez

 

CONTEXTUALIZACIÓN DEL OBJETO DE ESTUDIO

La responsabilidad social empresarial (RSE), también conocida como responsabilidad social corporativa (RSC), es la contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento social, económico y ambiental del entorno en que se desempeña.

Los antecedentes de la RSE se remontan al siglo XIX en el marco del Cooperativismo  y el Asociacionismo que buscaban conciliar eficacia empresarial con principios sociales de democracia, autoayuda, apoyo a la comunidad y justicia distributiva, para poder paliar las consecuencias nacientes y nefastas brechas sociales desde el siglo XVIII hasta comienzos del XIX cuando nació y se consolidó la clase burguesa por el dominante cultural de esa época (medio de producción dominante) conocido históricamente como la Revolución Industrial.

El movimiento cooperativo se inició el 24 de octubre de 1844 en Inglaterra cuando un grupo de 28 trabajadores de la industria textil de la ciudad de Rochdale que se habían quedado sin empleo después de una huelga, constituyeron una empresa que se llamó Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale. Estos primeros cooperativistas se dotaron de una serie de normas que presentadas ante la Cámara de los Comunes del Reino Unido fueron el gérmen de los Principios Cooperativos, las cuales versaban sobre: libre adhesión y libre retiro, control democrático, neutralidad política, radical y religiosa, ventas al contado, devolución de excedentes, interés limitado sobre el capital y educación contínua. Luego en 1895 se creó la Alianza Cooperativa Internacional que revisó tales principios en 1966 y 1995 siendo su versión más actual: la adhesión voluntaria y abierta, gestión democrática por parte de los asociados, participación económica de los asociados, autonomía e independencia, educación, formación e información,  cooperación entre cooperativas e interés por la comunidad (http://es.wikipedia.org/wiki/Cooperativismo).

Por otra parte, el Asociacionismo era un término utilizado por seguidores de teorías utópicas que estudiaban los pensamientos de  Robert Owen, Claude Henri de Saint Simon y Charles Fourier para describir sus creencias, y el término Asociacionismo era vinculado al socialismo (http://es.wikipedia.org/wiki/Asociacionismo).

En esa época el socialismo era considerado como una teoría utópica, contándose Karl Marx entre los filósofos que usaban el término “Socialismo Utópico” atribuido a Robert Owen,  conceptualizándolo éste último de los pensamientos de Hegel  y del Romanticismo (http://es.wikipedia.org/wiki/Socialismo_ut%C3%B3pico)

Luego, en Estados Unidos a finales de los años 50 y principios de los 60, después de la Guerra de Vietnam y de otros conflictos tales como el Apartheid en Sudáfrica, resurgió la idea de Responsabilidad Social Empresarial, pero hasta ahora, las evidencias empíricas y estadísticas indican que sólo ha sido eso: una “idea”.

En esos años la sociedad comenzó a pedir cambios en los negocios y una mayor y verdadera implicación del entorno empresarial en los problemas sociales. Lo cierto es que desde los años 90 este concepto ha cobrado fuerza y evolucionado, tras el advenimiento de la globalización, el aceleramiento de la actividad económica, la conciencia ecológica y el desarrollo de nuevas tecnologías.

En la actualidad los máximos exponentes de la Responsabilidad Social Empresarial son las empresas de Economías Sociales, las cuales se diferencian de las empresas públicas y de las empresas privadas, con amplios logros en los países europeos desde finales de los años 70 tales como Francia, Bélgica, España, Portugal, Italia, Grecia, Suecia, España, Canadá y Reino Unido (10 países) los cuales han sabido muy bien integrar la lógica empresarial capitalista con las formas socialistas de desarrollo comunitario, gozando de un reconocimiento creciente por las instancias comunitarias y la actividad educativa. Esto da espacio para crear dentro del objeto de estudio, un objetivo de investigación sobre por qué en diez países europeos funciona con éxito la responsabilidad social empresarial y en el resto del mundo, no.

 

La primera referencia básica que viene a la mente es ¿será la gente? Y si es la gente ¿cuáles aspectos en particular de la gente? ¿Será el sistema económico? ¿Será que por ser países monetariamente ricos sí pueden aplicar RSE? Lo que si queda descartado a priori es el sistema político, porque esos países tienen raíces y paradigmas de producción capitalistas. Mientras tanto en otros países que están urgidos de una aplicación exitosa de responsabilidad social empresarial, sucede que las intenciones adelantadas no concretan en felicidad suprema para los ciudadanos excluidos socialmente; caso particular: América Latina y el Caribe con 221 millones de pobres (Panorama Social 2001-2002 publicado por la CEPAL http://www.revistafuturos.info/futuros_8/pobreza1.htm) de una población de 520 millones de habitantes) es decir un 43% de la población; y en África  donde más de 313 millones de personas vive con menos de un dólar al día (http://www.elmundo.es/elmundo/2006/07/07/solidaridad/1152276662.html) en una población de 933.448.292 habitantes (Almanaque Anual, 2008: p41) es decir, el 34% de la población. Si sumamos los resultados anteriores se evidencian: 1.453.448.292 millones de habitantes, 534.000.000 de pobres que representan un 37% de esa población.

Volviendo al concepto de RSE que nació como la “contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento social, económico y ambiental del entorno en que se desempeña”, éste debe ser visto más allá del cumplimiento de las leyes y normas, dando por supuesto su respeto y su estricto cumplimiento, siendo la legislación laboral y las normativas relacionadas con el medioambiente el punto de partida.

El cumplimiento de estas normativas básicas no se corresponde con la Responsabilidad Social, sino con las obligaciones que cualquier empresa debe cumplir simplemente por el hecho de realizar su actividad. Sería difícilmente comprensible que una empresa alegara actividades de RSE si no ha cumplido o no cumple con la legislación de referencia para su actividad. En consecuencia, la RSE debe enfocarse para mejorar la calidad de vida laboral, el medio ambiente, la comunidad donde está instalada la empresa y la ética empresarial pero de manera espontánea.

No obstante, al hacer un somero barrido empírico desde finales del siglo XIX y principios del siglo XXI (más de cien años) puede observarse en las comunidades de los países pobres que el “mejoramiento social, económico y ambiental” sí se ha producido pero no para la comunidad, sino para los dueños de la empresa.

En las comunidades lo que se observa son grandes brechas sociales, pobreza, explosiones sociales, hambre, inseguridad, desigualdad social, criminalidad, mortalidad, aumento de divorcios, disminución de matrimonios, paternidad irresponsable, niños de la calle, narcotráfico, deserción escolar, desempleo, trabajo informal y restricciones de acceso a la salud, entre otros, los cuales vienen creando el escenario y las condiciones que potencian el creciente entusiasmo e iniciativas políticas, para mirar al socialismo como una alternativa para resolver tales problemas comunitarios. Estas evidencias empíricas y estadísticas, son comunes en muchos de los países pobres de las 196 naciones del mundo, especialmente en América Latina y el Caribe (32 países) y África (53 países), para un total de 75 países, que representan el 38% del total del mundo.

Así, el concepto de RSE que hace referencia al conjunto de obligaciones, compromisos legales y éticos, tanto nacionales como internacionales, derivados de los impactos de la actividad productiva de las organizaciones en el ámbito social, laboral, medioambiental y de los derechos humanos, está hoy bajo la mirada observadora de los humanistas del mundo ya que las organizaciones empresariales sí cumplen sus “obligaciones y compromisos legales” pero lo ético, los impactos sociales, lo laboral, lo medioambiental y los derechos humanos, ameritan ser repensados y reflexionados, ya que los logros que existen en 10 países de Europa, se atomizan ante una totalidad de 75 países Afroamericanos (África, América Latina y el Caribe) que debe ser tratada de forma integral.

 

 

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

Para entender mejor el planteamiento del problema, haremos inicialmente un análisis de las situaciones que día a día ocurren en un buen número de empresas nacionales e internacionales, donde lo cuantitativo es explicado por las características cualitativas de los comportamientos, discursos, significados y motivaciones de sus empleados metiéndose en el “interior” de la realidad de los fenómenos sociales, y cómo la triangulación empresa-comunidad-trabajadores pueden armonizar productivamente, si la empresa sabe interpretar a un grupo en particular, en un entorno en particular y en una cultura particular, es decir, interpretar a sujetos, familias y comunidades para comprender mejor los fenómenos humanos.

El entorno es todo aquello externo e interno que está relacionado con los procesos medulares de la empresa (los procesos medulares son llamados también, básicos, sustantivos u operativos) y que pueden en cualquier momento impactar la producción. Los avances de la ciencia y tecnología, han hecho que es entorno se haga turbulento, con cambios incesantes, dinámicos, inciertos, con ritmo acelerado y complejo que inciden en la manera de pensar de los individuos y en especial impacta las exigencias del cliente por la mayor diversidad de información, gestión y conocimiento que se ha gestado producto de las presiones competitivas.

En el entorno externo se encuentran los requerimientos del cliente, competidores, variables macroeconómicas, el ambiente político y los avances tecnológicos entre otros. Los requerimientos del cliente son muy cambiantes e inestables, motivado como ya indicamos por los avances tecnológicos y las presiones competitivas en el mundo de hoy.

Cuando se hace un análisis empresarial lo primero que se dice es que “el ENTORNO es turbulento, exigente, incierto, competitivo, cambiante, dinámico por lo que la empresa debe desarrollar la capacidad de aprender y adaptarse al ENTORNO, la organización debe ser ágil y flexible para triunfar en este escenario. El ENTORNO se hace así por los avances de la ciencia y tecnología que hacen cambiar los gustos y deseos de los clientes”.

Pero la empresa, en su análisis interno nunca piensa que “el EMPLEADO es turbulento, exigente, incierto, competitivo, cambiante, dinámico por lo que la empresa debe desarrollar la capacidad de aprender y adaptarse al EMPLEADO; la organización debe ser ágil y flexible para triunfar en este escenario. El EMPLEADO se comporta así por los avances de la ciencia y tecnología que cambian sus gustos y deseos”.

Este ejercicio didáctico de cambiar la palabra “entorno” por “empleado” en un mismo párrafo, ayudaría a pensar de una manera diferente a las empresas venezolanas y sus gerentes, en la concepción y formulación de sus obsoletas estrategias empresariales que no incluyen la valorización del ser humano antes que cualquier objetivo financiero.

Las empresas se enfocan en resolver sus problemas financieros para adaptarse a los cambios del entorno, pero ignorando que ese entorno también impacta a sus trabajadores y a la comunidad en general, los cuales se alienan por las profundas brechas de desigualdades sociales que existen entre ellos y los propietarios de la misma empresa, es decir, causa malestar el tener que trabajar bajo fuerte presión y necesidades no satisfechas, para que unos pocos vivan bien, mientras los trabajadores apenas subsisten. Recordemos aquí que a nivel mundial, por la amplitud y penetración del capitalismo, en las empresas el sujeto cognoscente, fin último de toda innovación y avance científico, está totalmente ignorado dentro de su propio sistema, ya que la empresa de hoy continúa contextualizada y operada bajo los signos de la era moderna y sus concepciones taylorianas de hombre-máquina que exige y sobre-exige por encima del mismo sujeto.

Cuando se producen cambios en el entorno, las empresas reformulan su planificación estratégica para salvaguardar sus objetivos financieros, indica sus planes de acción para el logro y algunas usan algún servomecanismo de control para ajustar su rumbo en tiempo real, monitoreando el resultados de sus objetivos. De manera análoga los empleados hacen también esfuerzos por mitigar las turbulencias del entorno e impactos en sus objetivos personales de supervivencia, seguridad, pertenencia, reconocimiento, autorrealización y trascendencia, insertándose en los planes de acción de la empresa donde trabaja, para adaptarse él también a los cambios del entorno.

Pero cuando analiza los objetivos empresariales que tiene que lograr, por ejemplo, en las perspectivas del balanced scorecard u otro mecanismo estratégico, se encuentra que no hubo espacio para él, porque sencillamente él no es un objetivo de la empresa. Acaba de nacer el factor desencadenante de las brechas sociales; la empresa pensó en sus intereses pero no en los empleados ni en los habitantes de sus comunidad; pero paradójicamente también ha nacido y se ha establecido una relación biunívoca de interdependencia, donde los intereses de los empleados están supeditados a los intereses de la empresa y al mismo tiempo los intereses de la empresa están supeditados a los intereses personales de sus empleados. Con esta singular realidad (que es ignorada por casi todos los gerentes de las empresas) si los intereses de los empleados y la comunidad en general, no son satisfechos, se tendrán problemas sociales que traerán serias consecuencias a la nación y a la productividad empresarial (se puede apreciar como el sujeto influye sobre el objeto, y al mismo tiempo, el objeto influye sobre el sujeto). Como vemos a ninguno de los actores (sujeto-objeto: empleado-empresa) le interesa un conflicto entre ellos, pero tradicionalmente se enfoca el concepto de responsabilidad social planteando conflictos y enfrentamientos entre la empresa con sus empleados y comunidad, cuando en verdad lo que se debe hacer es usar ésta misma, para armonizar ambos intereses aparentemente divergentes, proviniendo de la empresa como gestora social, la acción de coadyuvar a satisfacer las necesidades de sus empleados y comunidad en cuanto a calidad de vida, sentido de vida y sentido de existencia, pero para esto se debe disponer de gerentes con suficientes con principios, valores, ética y educación que vean en la responsabilidad social como parte integral de la acción gerencial, productiva, y no como una expresión filantrópica y misericordiosa de la empresa.

Cuando la organización está compuesta por pocas personas, los objetivos organizacionales se confunden con los objetivos personales de cada uno de los empleados. Si un grupo de personas accionistas se reúne para fundar una compañía, los objetivos de la compañía son los mismos objetivos personales de los accionistas que quisieron cooperar entre ellos para su creación. Los objetivos de la compañía son los mismos de los accionistas, y se pueden nombrar: lucro, productividad, reducción de costos, disciplina, orden, cumplimiento de horario, etc.

Pero cuando la compañía crece y requiere mayor volumen de actividades, obviamente mayor número de personas, el trabajo se divide cada vez más junto con la jerarquía. Los objetivos de la compañía (accionistas) empiezan a desagregarse en la medida que se desagrega el trabajo y la jerarquía. Al llegar al menor nivel jerárquico, es decir, los operarios, lo que prevalece en ese nivel son los objetivos personales, a saber: salario, beneficios, comodidad en el área de trabajo, regalías personales, bonos, etc.

Como puede verse en al análisis anterior los objetivos con que nació la empresa no son los mismos del nivel operario, que es quien tiene que hacer el trabajo para materializar los objetivos planteados por los accionistas. ¿Se persiguen los mismos objetivos? – obviamente no. ¿Las condiciones psico-socio-económicas son las mismas? – obviamente no. ¿Los niveles de cultura y educación son los mismos? – obviamente no. ¿La calidad de vida es la misma?- obviamente no. ¿Los niveles de motivación/satisfacción son los mismos? – obviamente no. Entonces se hace muy difícil el entendimiento entre empresa y empleados.

La Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas, que trata sobre la crítica de la razón funcionalista, más la Fenomenología de Martin Heidegger y su discípulo Hans Georg Gadamer, podrían ayudar bastante en explicar, entender y comprender ese “difícil entendimiento entre empresa-empleado-comunidad” con apoyo de la perspectiva del lenguaje y simbolismo en un único significado del fenómeno social sujeto-realidad; aunque en primera instancia, puedo decir que parece que ellas mismas, por sí solas, no son suficientes para abordar totalmente el conocimiento del suceso, sino que, como en la esencia del fenómeno se exige intención y capacidad para coadyuvar a resolver problemas sociales y reducir sus brechas, la situación puede ser mejor comprendida con la aplicación de un conjunto de principios que sustenten la responsabilidad social empresarial, donde necesariamente se debe crear una relación de interdisciplinariedad-transdisciplinariedad, que permitiría al “gerente mente-cerrada, obsoleto y problema”, abrir su mente, pensar, conocer y ver la realidad del “mundo” donde vive y co-existe con seres humanos cuyo comportamiento o conducta está revestido de elegantes matices de individualismo, subjetividad, intersubjetividad, trans-subjetividad, complejidad y transcomplejidad.

Aunque se acepta que los indicadores financieros de las empresas contribuyen a evaluar su situación desde la perspectiva económica y comercial al aportar elementos de juicio considerados por las entidades del sistema financiero o por los socios y accionistas para apoyar o negar operaciones de financiamiento, todos ellos, sin excepción, según Ortiz (2005) “sólo brindan respuestas parciales al propósito de las organizaciones concernientes a la creación de valor”,  porque cuando se genera la propuesta de valor para el cliente no solamente se habla de las metas financieras; la propuesta de valor también incluye responsabilidad, atención inmediata, honestidad, calidad del producto/servicio, cumplimiento de los tiempos de entrega parciales y totales planificados, cumplimiento de los requisitos y especificaciones del producto/servicio.

Y detrás de un buen indicador financiero se pueden esconder una serie de problemas que las empresas son incapaces de visualizar por el efecto enceguecedor del indicador que denota buena salud financiera, entre los cuales podemos destacar la complejidad humana en su pensamiento, conducta y motivación que produce efectos en la productividad empresarial por los impactos que ocasiona en el clima organizacional, cultura organizacional, comportamiento organizacional, gestión de procesos, satisfacción del cliente y costos operativos que forman parte del día a día empresarial, más el impacto sobre la sociedad por el sentimiento agravante de exclusión social, pero comúnmente esto pasa desapercibidos por los conductores de las empresas, es decir, por los gerentes. Mientras tanto, el empleado debe esforzarse por alcanzar simultáneamente sus objetivos personales de salario, beneficios, comodidad en el área de trabajo, regalías personales, bonos, etc. para obtener satisfacción personal y cumplir con los objetivos organizacionales de lucro, productividad, reducción de costos, disciplina, orden, cumplimiento de horario, etc.- para mantenerse y crecer en la organización, para luego salir a una sociedad que lo quiere aplastar técnica y científicamente, más la inseguridad, inflación, escasez, etc.

En la empresa son de particular importancia los objetivos personales individuales y de la comunidad, que no necesariamente son compartidos por quienes controlan las operaciones de la empresa. Normalmente estos objetivos no son explícitos; en estos objetivos se incluirían los estados o situaciones que el individuo aspira alcanzar por sí mismo, sus familiares y allegados, es decir: bienestar, riqueza, poder, reputación, autorrealización, seguridad y fortalecimiento de nexos familiares.

Las empresas para mejorar su salud financiera y continuidad en el tiempo de sus excedentes monetarios, realizan importantes y profundos análisis del entorno interno y externo con las mejores prácticas y técnicas del FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas), se buscan los mejores asesores, se consideran los experimentados consejos de expertos, se contratan gerentes comprometidos, se hace la planificación estratégica con sus objetivos estratégicos bien definidos, aplican el balanced scorecard de Kaplan y Norton, monitorean y controlan los indicadores con sus iniciativas a través de algún software y exhortan a todos los empleados a generar valor (a pesar de que en ningún momento consideraron las necesidades personales de los trabajadores) y fracasan todas las iniciativas de la empresa, sumergida en problemas de calidad, productividad y competitividad, que no le permiten salir del montón, ni proyectarse en un mundo globalizado en la era de Internet.

Día a día, en empresa tras empresa, se observa que las diferencias y conflictos entre éstos y la comunidad son cada vez mayores y distantes, trayendo como consecuencia desmotivación y resentimiento , con  decaimiento en la productividad de la empresa e inclusive accidentes laborales. A primera vista puede deducirse que existe una relación entre éstos, pero que es ignorada por la mayoría de los propietarios, accionistas y gerentes de las empresas, quienes se dedican tenazmente en la búsqueda de una solución mecanicista y tecnológica para mejorar su productividad sin pensar en ningún momento en los empleados,, en la comunidad ni mucho menos en la responsabilidad social empresarial, como una posible solución a los problemas de los individuos y comunidades.

Conocidos  son los testimonios que existen sobre las empresas que emprenden ambiciosos planes de crecimiento y que al poco tiempo todo se derrumba y pasa al olvido dejando solamente pérdidas; luego viene otro plan, con otra idea novedosa y más prometedora, que se conceptualiza con optimismo, participación y al poco tiempo pasa lo mismo: se pierde el entusiasmo, todo se derrumba y también pasa al olvido repitiéndose el ciclo una y otra vez, generando geométricamente sorprendentes cotas de desmotivación y pesimismo que todos conocen, pero donde nadie hace nada para salir de esa espiral que deja al mejor profesional sin fuerzas para un nuevo momento, eliminando toda creatividad e innovación.

Ese ciclo es muy característico en el venezolano: empieza una nueva relación laboral con mucho entusiasmo, energía, creatividad, innovación, dedicación, esperanza y fe, pero con el transcurrir del tiempo todas esas virtudes van mermando hasta desaparecer y convertir a aquel empleado en un ser indiferente, débil,  rutinario, aburrido, no participativo, sin esperanza y sin fe… ¿Por qué sucedió eso? ¿Alguien tuvo que ver con esto? ¿Alguien es responsable?  ¡Claro que sí! … la Gerencia de Recursos Humanos olvidó que trabajaba con ¡humanos! dentro de un entorno social llamado empresa.

Por cierto, son muchas las empresas que todavía usan la tayloriana frase de hace casi cien años donde al individuo lo consideraban eso… un “recurso”, demostrando con ello que son muy cerradas sus mentes por el dominio filosófico y epistémico que ejercen sobre ellos sus únicos y enjutos paradigmas gerenciales, ya que insisten en mantener la expresión “recursos humanos” en sus organizaciones antes que “talento humano”, “capital social” o “capital intelectual”, entre otros.

Los gerentes de las empresas de hoy deben lograr integrar armónicamente los objetivos empresariales con los objetivos de sus empleados y la comunidad donde está operando su empresa; debe conocer, interpretar y comprender los fenómenos sociales donde están inmersos sus empleados, culturas, subculturas, diversificación de valores, satisfacción, felicidad de los individuos, diversidad social, individualismo, crimen, delincuencia, pobreza, nueva estructura familiar y social, fines morales, fines sociales, fines estéticos, calidad de vida, función social y humana, descomposición social, bienestar para el individuo-comunidad-accionista, ya que su empresa tiene el loable rol de ser promotora del bien común con la responsabilidad social; es decir, es necesario que el gerente tenga pensamientos, conocimientos y conciencia de los mismos, para poder interpretarlos, entenderlos y comprenderlos en esta espaciotemporalidad, de una manera que sea mutuamente compartida entre la empresa, los empleados y la comunidad, es decir, entre el sujeto y el objeto.

Aquí podemos decir que los análisis de la gestión empresarial no pueden supeditarse solamente a la interpretación de los indicadores financieros o las típicas razones financieras, sino que se debe prestar especial atención a las personas que son responsables de aplicar su talento humano y a la comunidad, por medio de unos principios, valores, ética y educación que permitan consolidar su entendimiento y comprensión como ser humano, y la  atención a sus necesidades comunes para coadyuvar a conseguir su felicidad como plataforma sólida para conseguir calidad, productividad y competitividad en la empresa. Esto hace ubicar al capital intelectual generador de riquezas, en el plano prioritario y protagónico del éxito empresarial.

No obstante, la situación no parece tan fácil de resolver, ya que la relación sujeto-objeto (empleado-empresa-comunidad) se hace mutuamente divergente por la multiplicidad de variables e intereses, cuya interrelación es influida por los factores subjetivos de cada uno de los individuos que al mismo tiempo poseen profundas desigualdades culturales, sociales y educativas.

Siempre se ha dicho que las organizaciones deben ser suficientemente flexibles y adaptables para ajustarse a las demandas ambientales, ya que esa es la nueva realidad, si quiere asegurar el éxito del negocio, muy bien lo expresa Chiavenato (2003) al decir: “reorganización es la acción de modificar la estructura organizacional para ajustarla a las nuevas condiciones ambientales”. Así como este concepto del notable doctor Idalberto Chiavenato, existen  otros autores que también hacen énfasis en el ENTORNO como ¡condiciones ambientales! y no en sus ¡EMPLEADOS y COMUNIDAD!

 Parece que los que han ignorado al ser humano como sujeto y objeto de su propia felicidad y destino final de todo emprendimiento filosófico, científico y técnico, han sido los notables pensadores de las mismas Ciencias Sociales, al hacer alusión unidireccional de “condiciones ambientales” a los requerimientos y exigencias del cliente, obviando al cliente interno (empleados) que también tiene requerimientos y exigencias; también obvia al cliente externo llamado comunidad.

Ahora bien, se ha explicado suficiente sobre los cambios en el entorno empresarial desde la perspectiva financiera basados en los avances tecnológicos, la competencia y los nuevos requerimientos del cliente, pero también hay que considerar los cambios que ese entorno genera en las personas y la sociedad, que según Jameson (citado por Romero, 2005) son consecuencia de un dominante cultural que es la sucesión histórica de los diversos modos de producción abierta por el horizonte semántico de la interpretación. Igualmente -continúa exponiendo Romero (2005)- Jameson introdujo este término de dominante cultural, en la teoría del postmodernismo como una forma de codificación ideológica específica de cada modo de producción, que en este caso particular es el capitalismo tardío donde su dominante cultural es la “cosificación de la mercancía”. Dice Anderson (citado por Romero, 2005) que la “postmodernidad significa (…) la saturación de cada poro del mundo por el suero del capital”… y Venezuela está actualmente viviendo la era del postmodernismo, por tanto las empresas, para entender y comprender mejor los fenómenos sociales, deben conocer también las características del postmodernismo.

Los cambios que trae consigo la postmodernidad produce conmociones en las empresas cuando su entorno interno se desconecta del entorno externo, es decir, de las variables, culturas, subculturas y valores, donde opera la empresa, esa desconexión es la causante del nacimiento y radicalización de los problemas sociales, situación que produce que el entorno interno se sienta estremecido por el impacto de las nuevas variables, culturas, subculturas y diversificación de valores. La culpa fue desconectarse del entorno externo y operar en un entorno interno cerrado que ignora sus propias características de la interacción de personas y grupos.

Los cambios producen nuevas necesidades en los individuos que conforman una sociedad, los individuos con características semejantes tienden a formar grupos reducidos por su necesidad social de aceptación, conformándose varias subculturas, que tienen sus propios canales de comunicación por donde fomentan la diversidad social, producto de una individualidad cada vez mayor por la variedad de servicios que pone a disposición las telecomunicaciones.

En este punto, al estar en presencia de la era del conocimiento y de la perspectiva filosófica conocida como la postmodernidad, también se crea una nueva estructura familiar con características multiforme y multidimensional que da paso a un nuevo sistema social: el individualismo, con su propia variedad en las modas, gustos y deseos que producen cambios en la sociedad pero lo innegable es que sigue siendo una sociedad de consumo. El nuevo sistema social da origen a una nueva manera y forma de pensamiento social complejo para poder interpretar, comprender y explicar las conductas individuales y sus relaciones intersubjetivas, siendo todas ellas características cualitativas de los individuos.

Si la característica fundamental de la estructura social en el postmodernismo es el individualismo, donde no hay un patrón determinado de comportamiento sino que depende de los gustos, deseos, poder adquisitivo, educación, cultura y formación de cada individuo, los gerentes de las empresas deben apoyarse firmemente en las nuevas teorías sociales emergentes y las últimas investigaciones de la psicología industrial-organizacional dado que la “estructura social” es un conjunto ordenado y autónomo de elementos interdependientes cuyas relaciones están reguladas por leyes, y la individualización no es colectivo, y el colectivo es una condición indeclinable e indefectible para poder hablar de sociedad, ya que ésta se integra por grupos interdependientes cuyos comportamientos lo estudian las Ciencias Sociales; entonces el individualismo rompe con el conjunto ordenado porque no toma en cuenta a los demás, ni respeta normas generales o leyes, el individuo se distingue por sus propias peculiaridades y privilegia lo personal ante lo grupal, entonces, podremos estar en presencia del ocaso o fin de muchos gerentes venezolanos y con ello una baja en la productividad empresarial, porque un gerente con las conjeturas y paradigmas de la era industrial (era moderna) no podrá entender y comprender a sus empleados y comunidad para lograr una armonización con su empresa, integrando lo financiero con lo social, cultural, ecológico, en un mundo con impactantes brechas y desigualdades sociales.

Dentro de esa perspectiva, se puede manejar cierta información, tal como la indica Lubinsky (citado por Landy y Conte, 2006) “las diferencias entre las personas en atributos como la inteligencia, la personalidad y el conocimiento son importantes para entender una amplia variedad de resultados socialmente importantes incluyendo: logros académicos, desarrollo intelectual, crimen y delincuencia, elección vocacional, ingreso y pobreza, desempeño ocupacional”. Los mismos autores indican que otros investigadores afirman que existen “diferencias individuales en las capacidades físicas, la personalidad, los intereses, el conocimiento y la emoción al examinar el comportamiento de las personas en los escenarios laborales. Esto es resultado de diversas fuerzas”  con la salvedad de que tales atributos varían con la edad del individuo y que en el caso de los adultos, “los niveles de tales atributos son relativamente estables durante un período razonable de tiempo (varios años)”, de manera que tal información ayude a  las empresas a interpretar y comprender los fenómenos sociales donde está inmersa.

Para que las empresas puedan cumplir con la función social y humana, deben ser prósperas como negocio, y hoy día para lograr esto, las empresas deben de tomar en cuenta el factor humano y social, más aún cuando se impone la Era del Conocimiento, cuya expresión comenzó a usarse hacia el año 1960 por el economista Fritz Machlup y posteriormente por Peter Drucker, que indicó que el conocimiento transformará la sociedad y la economía a finales del siglo XX… y así fue; por tanto, son necesarias nuevas formas de entendimiento y comprensión de los gerentes venezolanos ante los fenómenos sociales.

Como un ejemplo de los fenómenos sociales que las empresas venezolanas deben enfrentar, podemos citar que en los países desarrollados cuando se piensa en una solución empresarial, se piensa en tecnología a diferencia de los países subdesarrollados como Venezuela que piensan en personas; es decir, contratar a otra persona más, sin clara consciencia de que están aumentando la burocracia, incrementando los tiempos de respuesta, se alargan los ciclos de los procesos, disminuye la calidad, aumentan los costos operativos, aumenta la nómina, aumentan los problemas de comunicación, aumentan los conflictos interpersonales, aumentan nuevas necesidades personales insatisfechas  que producen cambios en el clima, cultura y comportamiento de la organización. Al disponer de mayor personal entra en juego entonces el nivel de educación, formación, compromiso, competencia, actitud, cultura y valores como factores relevantes para conseguir el nivel adecuado de comunicación y sinergia que garantice la mejora continua de la productividad, porque si se produce una caída en la productividad, las empresas podrían perder las oportunidades que le ofrece el entorno externo, perderían participación en el mercado de trabajo, perderían clientes y tenderían al debilitamiento creando un ambiente que tampoco favorece a la motivación, creatividad e innovación.

Estas afirmaciones pudieran no tener sentido en países europeos, norteamericanos, Japón e industrializados en general, porque todos sus procesos son industrializados, robotizados, automatizados o venden información digital que necesitan muy poco de la intervención de personas, pero en Venezuela, con altos índices de pobreza, desempleo, subdesarrollado, no robotizada, no automatizada, con poca infocultura, con procesos netamente orgánicos que dependen de la constante interacción, cooperación, decisión, involucramiento, compromiso y decisión de las personas para contribuir al desarrollo del producto/servicio, la estrategia a emplear debe ser una nueva forma de pensar, interpretar y conocer del gerente postmoderno hacia el comportamiento de sus empleados que actúan bajo un enfoque individualista, subjetivo, intersubjetivo, complejo y transcomplejo dentro del contexto de una espaciotemporalidad cultural, espiritual, de lenguaje y autoconciencia. Para esto se debe hacer una revalorización de lo humano y de lo subjetivo por encima de cualquier solución mecanicista de la razón. Esta revalorización, al estilo del filósofo Edgar Morin al citar “La Humanidad de la Humanidad”, crearía una nueva forma de relación con el individuo, la sociedad y la realidad actual; es decir, entre el individuo, la empresa y la comunidad, en donde los objetivos tradicionales de lucro y mercantilismo de la empresa ya no existen, sino que evolucionaron hacia lo social, solidario y colectivo, propio de un estado socialista sustentado en principios de cooperación, solidaridad y ayuda mutua.

Ante tal situación las empresas venezolanas deberían reflexionar al respecto y no evadir la realidad, sino enfrentarlas coadyuvando a resolver los problemas de brechas sociales por medio de la responsabilidad social, para que los empleados puedan estar motivados y entregar todas sus energías en pro de mejorar la productividad y rentabilidad de la organización a la cual pertenecen, y al mismo tiempo sentir respaldo de la comunidad donde opera.

Las condiciones socioeconómicas y políticas del pasado han engendrado en Venezuela una situación explosiva en la sociedad, cuya máxima expresión ha sido El Caracazo, por el alto pasivo social en que se encuentra el Estado venezolano con su pueblo, por tanto resulta incómodo sentirse trabajando para un patrono que cada día se enriquece más, mientras que el trabajador generador de riquezas, cada día es más pobre. Muchas empresas, por características economicistas, disponen de formulación de sus misiones empresariales, el hecho de “satisfacer las expectativas de excelentes rendimientos financieros de los accionistas” expresión que no es bien acogida por los trabajadores latinoamericanos en estos tiempos emergentes, donde el escenario económico obliga a las empresas hacia las acciones sociales, y por otra parte ese escenario pudiera fomentar la aparición de una serie de antivalores y antiprincipios no deseables en los mismos trabajadores y comunidad, como consecuencia de las brechas sociales, con repercusiones impredecibles en la subsistencia de la organización y la sociedad en general.

La empresa debe mirar con detenimiento y reflexionar sobre sus actuales postulados financieros, basándolos en principios que beneficien a todos, soportados en una plataforma con valores de igualdad, equidad, honestidad y responsabilidad entre ambas partes; esta situación brechas personales y sociales puede ser al mismo tiempo una fuente de crecimiento o hundimiento personal, empresarial y social, por tanto, si las empresas no saben identificar y gerenciar tal situación, serán co-responsables de las consecuencias negativas que se producirán en la sociedad y en su propia organización.

En el contexto venezolano esta convicción va ganando espacio, aunado a la descomposición social que se produce, a pesar que las empresas tienen declaraciones de principios y valores, pero con tristeza esa declaración queda como un buen ejercicio académico, ya que no la fomentan con testimonios verídicos ni sus dueños ni sus máximas autoridades, pero la definición de la función social de la empresa según García y Dolan (2001) al sostener que “las empresas son algo más que estructuras generadoras de riqueza, es decir, al ser además estructuras humanas poseedoras de una cultura y de un conjunto de valores que configuran su identidad, pueden abordarse en toda su magnitud, el cambio que supone la incorporación de la responsabilidad social y su repercusión en el fin último de producir bienestar a accionistas, empleados y comunidad” serviría como eje inspirador para que las empresas re-enfoquen su misión y coadyuven a resolver los problemas sociales, dándoles una mejor calidad de vida a empleados y comunidad.

En resumen, una nueva misión empresarial basada en la interpretación y comprensión de los fenómenos de la postmodernidad, podrá responder al bienestar de la triple restricción individuo- comunidad-accionista. Para esto, la misión de la empresa no solamente debe enfocarse en fines económicos, sino que debe derivar hacia las personas, es decir, hacia lo social, cultural y ecológico, que forma parte de todo su entorno físico. La orientación de la misión empresarial debe estar acorde con el pensamiento de Hauge (citado por Toffler, 1985) en que: “el negocio debe ampliar su sistema de contabilidad para incluir todos los costos sociales y económicos de la producción y el crecimiento” e “innovar gestiones prácticas para concebir nuevos índices de la responsabilidad social corporativa que incluyan los factores sociales y ecológicos que ya están entrando en las regulaciones”. Con este pensamiento de Hauge (citado por Toffler, 1985) y la orientación de que estamos viviendo la época de postmodernidad en Venezuela se debe tratar de responder a las exigencias sociales del momento con un pensamiento gerencial emergente, porque debe quedar claro que ya no es posible tratar los problemas económicos de las empresas con un vacío social, cultural y ecológico, de manera que ésta contribuya a contrarrestar los trastornos sociales, culturales y ecológicos, incluyendo en su planificación una red sistemática de indicadores sociales, culturales y ambientales, incorporados coherentemente a los indicadores económicos.

En estos tiempos de nuevos factores emergentes, se tiene que implementar en las empresas venezolanas la responsabilidad social para con sus empleados y comunidad, generándole bienestar, valorando su integridad, sus principios y valores, para promover la innovación y creatividad en los equipos de personas, que se integran a conciencia en sus tareas y actividades, maximizando su potencial tanto personal como profesional, para redundar positivamente en la optimización de la producción empresarial, pero para fomentar esto, se debe disponer de gerentes con pensamientos que valoren la ética, moral y principios. Por otra parte, el colombiano González (2005) indica que “la responsabilidad social de la empresa es un buen negocio, dado que invertir en ella produce ganancias y utilidades”, es decir, no todo es pensar erróneamente que el empresario está perdiendo parte de sus ganancias para compartirlas con los empleados y comunidad, sino que generan ganancias y utilidades al negocio.

Las empresas de todos los tiempos siempre han interactuado con el individuo a través de una relación contractual de servicios intelectuales o gnoseológicos porque es la que le interesa para sus propósitos financieros, olvidando que en sus oficinas o plantas tiene a personas con necesidades espirituales, fisiológicas, calidad de vida, emocionales, familiares, sociales y económicas, que si no son satisfechas, tanto o más que las necesidades intelectuales, habilidades, destrezas técnicas o infraestructura tecnológica de la propia empresa, producirán un impacto negativo en el logro de las metas financieras por la muy baja calidad de sus productos y servicios, con merma en la productividad y competitividad. El reto entonces es crear las condiciones adecuadas de entendimiento y comprensión de los empleados, para hacer que aporten lo mejor de sus conocimientos, lo sigan generando con motivación, y lo compartan con los otros miembros de su organización para alcanzar las metas financieras propuestas, consiguiendo al mismo tiempo los mejores niveles de calidad, productividad y competitividad empresarial, y de calidad de vida personal y comunitaria.

Ante los fenómenos característicos de la postmodernidad, las empresas venezolanas deben amoldar sus estrategias basándolas en principios, conociendo el nuevo tipo de estructura familiar y social que con sus profundas desigualdades se inserta en la funcionalidad empresarial, con un nuevo estado de valores post-económicos que deben ser tratados con extrema precaución, porque si prevalecen las condiciones de opulencia en el entorno externo y dentro de la misma empresa, el interés de los individuos y de la sociedad dejará a un lado los objetivos empresariales para orientarse hacia fines psicológicos, morales, sociales y estéticos, ya que es improbable que los individuos postmodernistas acepten el sistema materialista de valores que prevalecía en la Era Industrial; éstos serían los principios que sustentarían la responsabilidad social en la empresa.

La empresa debe ser consciente, a través de accionistas y gerentes con mente adaptable, flexible y con visión social, que al aplicar responsabilidad social la misma debe llegar también a otras  empresas e instituciones que operan en la misma comunidad, a saber: policía, servicios sanitarios, iglesias, centros comunitarios y escuelas, etc., forman una red social que influyen en su funcionamiento, con la salvedad de que todas las integrantes de esa red, funcionan mal por la agitación de los cambios de la revolución del conocimiento y la empresa tendrá que asumir algunas funciones, o bien prestarle un apoyo selectivo para que ellas mismas puedan desempeñar tales funciones, porque éste es uno de los objetivos de la responsabilidad social.

No se sugiere que cualquier compañía pueda o deba intentar suplir los servicios del gobierno o retomar políticas paternalistas del pasado y asistencialistas del presente, pero en ningún caso puede seguir dando un apoyo sobreentendido o implícito. Se deben atender los problemas que afecten a la comunidad. Se debe estudiar la manera de coadyuvar a cubrir sus carencias por medio de programas compensatorios o patrocinando otros de las instituciones locales para mantener un medio ambiente donde puedan funcionar. El concepto actual de buen ciudadano corporativo rebasa los límites del significado tradicional, pues el gobierno y los ciudadanos ordinarios perciben ahora la naturaleza sistémica del orden social y el medio ambiente físico.

Las empresas exitosas del presente y futuro serán aquellas que mejor desarrollen nuevas formas de influir positivamente en la vida de los individuos y de la comunidad en general, mejorando sus condiciones educacionales, salud, ética, moral, principios, valores, economía social y calidad de vida, estando éstos inmerso en una sociedad plagada de desigualdades, con altos índices de pobreza, inseguridad, criminalidad, desempleo, mortalidad infantil, descomposición de valores, desunión familiar, ausencia de viviendas, empleos inestables e informales y agitación social. Vemos que el problema a resolver por las empresas venezolanas está ligado al reto que tienen los gerentes de desarrollar un pensamiento gerencial emergente, complejo y postmoderno de responsabilidad social empresarial, que permitan consolidar su entendimiento y comprensión como ser humano, basado en mutuos principios de ética, valores y educación, si quieren tener empresas productivas y rentables.

Hace medio siglo las empresas desarrollaban su actividad sin tener en cuenta el marketing o que hace tres décadas la calidad no formaba parte de las orientaciones principales de la actuación empresarial, hoy en día las empresas son cada vez más conscientes de la necesidad de incorporar las preocupaciones sociales, laborales, medioambientales y de derechos humanos, pero lo han hecho como parte de su estrategia de negocios. Pero esa “conciencia” es el resultado de las presiones de los gobiernos, consumidores, proveedores, comunidades  y activistas, es decir, es una “conciencia” forzada, esto permite deducir que en la mentalidad de la organización empresarial no existía ni existe la conciencia de ello, y las que se han reorientado a incluirla, ésta sigue siendo matizada por unas amplias tonalidades de economicismo (dividendos, excedentes, utilidades) por encima de lo cualitativo del ser humano: espiritual, mental, social, educación, valores, ética, cultura, etc.

Según un suplemento especial del diario El Tiempo de Venezuela sobre la RSE, publicado el 12 de marzo de 2007 “La empresa desempeña un papel muy importante en la vida de las personas, no sólo como generadora de empleo y riqueza, sino también como agente de desarrollo en las comunidades en que están insertas. Las grandes empresas son conscientes de ello y aprovechan las expectativas que genera la responsabilidad social empresarial para obtener ventajas competitivas”. Sin embargo, la afirmación anterior sugiere preguntarse entonces si las pequeñas empresas ¿son conscientes de ello? Y el hecho de no ser “grandes” ¿no les permite ejercer la responsabilidad social empresarial? o es que ¿Solamente la RSE es patrimonio de las poderosas empresas? Al pensar que solamente las “grandes empresas” pueden ejercer la RSE, se está subordinando la misma al economicismo y a la actividad productiva rentable, y no a la esencia del ser como persona con valores y principios; es decir, asocian la RSE a medios y fines cuantitativos antes que cualitativos. Al mismo tiempo, se fomenta erróneamente un concepto estereotipado de RSE.

Sigue indicando el escrito del diario El Tiempo que “la filantropía corporativa ha dejado de ser una actividad autónoma confiada a una fundación, y cada vez más forma parte de las estrategias que contribuyen a realizar el objeto social de la empresa, es decir, su misión”, vemos que la filantropía llegó a la organización mercantilista pero como una “filantropía estratégica” incluida en su “misión” “para contribuir al objeto social de la empresa”…pero, sin desviarse del norte economicista. Si esto es así, cabe la pregunta ¿se podrá hablar en la organización de convicción y compromiso por lo social?, y aún más, los responsables de ejecutar tal “estrategia filantrópica” ¿tienen los suficientes principios, valores, educación y cultura para implementarlos?; continuemos analizando un poco más el comportamiento empresarial.

Al hablar hoy a los empresarios de responsabilidad social empresarial, para ellos significa “compartir sus ganancias”, por tanto es un término que no le gusta y no aceptan, porque lo entiende como disminución de sus dividendos netos, y a primera instancia ningún empresario quiere disminuir sus beneficios económicos.

Lo que ha pasado es que se ha usado taxativamente el concepto de responsabilidad social empresarial solamente como un hecho filantrópico que no va más allá de una donación piadosa, conservación del ambiente, cuidar y pintar una plaza o sembrar un árbol; en fin, se ha reducido a lo más mínimo, mientras que el ser humano en su esencia, ha quedado relegado a un segundo plano, sufriendo consecuencias enajenantes por las privaciones de sus necesidades más elementales, entre las cuales se incluye hoy la información. Paradójicamente las empresas en el ejercicio de sus funciones, exigen a sus empleados principios, valores, ética, responsabilidad, sacrificio, puntualidad, honestidad, calidad de trabajo, atención inmediata y esmerada…pero ¿reciben los empleados lo mismo de las empresas? porque una cosa es lo que se “dice” y otra lo que se “hace”; en realidad, los principios, valores, la ética y la moral casi no existen en las personas que conforman las empresas, sino que están escritos sobre papeles que cuelgan adornando las paredes de las oficinas.

En la moral, ética, principios, valores, educación y cultura está la solución a todos los problemas del mundo, sin ellos es muy difícil la convivencia armónica, sea en una empresa, familia o sociedad. Al tocar el tema de la responsabilidad social empresarial, pudiera parecer que siempre se ha hablado de esto, pero en la espaciotemporalidad venezolana es un tema muy actual porque el estado venezolano es socialista, por tanto es conveniente para las empresas iniciar ya una transición armónica desde un sistema capitalista a uno socialista, tomando como bastión la presencia de la responsabilidad social empresarial, sustentada y sostenible en la ética, moral, principios, valores, educación y cultura de los individuos que conforman organizaciones, instituciones, familias y sociedad en general.

Dado que en el mundo no hay un criterio de consenso sobre el concepto de responsabilidad social empresarial (http://es.wikipedia.org/wiki/Responsabilidad_social_corporativa), se hace necesario definir uno para las realidades América Latina, del Caribe y África, para poder ubicarnos correctamente,  ya que el mismo es un concepto inacabado, confuso y totalmente rico en acepciones tal como la misma expresión “el estado del arte”.

En analogía se podría preguntar ¿Cuál es el estado del arte de la responsabilidad social empresarial?; citemos los siguientes escritos; por ejemplo, un reporte encontrado en la revista Harvard Business Review en su edición de diciembre indica que Porter y Kramer (2006) sostienen que “los enfoques predominantes de responsabilidad social corporativa están desconectados de los negocios que oscurecen muchas de las mejores oportunidades que tienen las empresas para beneficiar a la sociedad” y enumera situaciones tales un boicot hacia la empresa deportiva Nike por hacer prácticas laborales abusivas hacia algunos de sus proveedores indonesios; las protestas de Greenpeace por el hundimiento de una plataforma petrolera en desuso -Brent Spar- de la Shell Oil en el Mar del Norte; se responsabiliza a las empresas de comida rápida por la obesidad y mala nutrición; se responsabiliza a las empresas farmacéuticas de no buscar prontamente respuesta ante el SIDA en África mientras mantienen sus mercados productivos y rentables en otras partes del mundo.

Paralelamente se puede notar que los ejemplos anteriores son semejantes a casi todos los encontrados en la bibliografía y escritos destinados al continente europeo y países industrializados cuando se habla de responsabilidad social empresarial, pero siempre tienden a enfrentar a las empresas con la sociedad, es decir, crear conflictos, cuando ambas son interdependientes y se debería buscar una armonía e integración de un todo por parte de la empresa. No obstante, Porter y Kramer son especialistas en Marketing que siempre han trabajado por las finanzas empresariales y nos hace dudar un poco de sus propósitos humanitarios sin que detrás de ello busquen los intereses del economicismo; es decir, aquella “filantropía estratégica” de la misión empresarial. De aquí concluimos que hablar de responsabilidad social empresarial para Europa y países industrializados, es sinónimo de hablar de condiciones ambientales y filantropía asociada a sus líneas de producción. Este concepto es totalmente respetable, pero no es el más adecuado para referirse a la situación de África, América Latina y el Caribe. La responsabilidad social empresarial se ha manejado de forma genérica, donde las empresas de estas regiones la aplican tomando como referencia algunos modelos europeos exitosos, propios de otras culturas, espacios y tiempo, en vez de interpretarla y aplicarla a su propia realidad particular en la comunidad donde funciona.

Como un ejemplo, de nuestras conclusiones sobre la “filantropía estratégica” de Porter y Kramer, tenemos que en Venezuela operan empresas cerveceras de altísima rentabilidad financiera, las cuales han emprendido programas de responsabilidad social, que a entender de este autor, es una máscara “filantrópica” que pretende esconder detrás de ella las terribles consecuencias de sus productos etílicos que destruyen a la nación con violencia familiar, hombre borracho que maltrata, lesiona y asesina a esposa o hijos; borracho que produce irreparables daños físicos, morales y mentales a sus familiares; accidentes en las carreteras (causa principal de mortalidad en Venezuela), enfermedades como la cirrosis hepática, alcoholismo, violaciones, robos, atracos, daños a la moral y las buenas costumbres, pérdida de principios, valores, educación, ética que conducen al deterioro de la persona, de la familia, del pueblo; para luego decir “construimos una escuela”.

La razón de ser de esa o esas empresa etílicas, es destruir a la humanidad convirtiendo a las comunidades en una cantina o bar gigantesco donde se expenden bebidas alcohólicas de casa en casa, las cuales no tienen la respectiva licencia para licores (¿por qué la empresa cervecera les venden sus producto y por qué nadie las controla, será que tienen los mismos antivalores?), gente que camina por las calles con una cerveza en la mano, y peor aún es el día siguiente con el “botellero-basurero” que se encuentra por todos los rincones de la ciudad y el Pobre Obrero: Limpio, Amanecido y “Rascao” ¿Son socialmente responsables estas empresas? Creen ellas que con un programa de “filantropía porteriana/krameriana” pueden tapar todo lo anterior; creemos que lo mejor que pueden hacer es que en cada pueblo donde operen, coadyuven a satisfacer las necesidades prioritarias del pueblo con principios, valores, ética, moral y educación, para resolver los problemas sociales desde la raíz, abandonando esas máscaras “filantrópicas” que benefician a unos pocos para dedicarse a atender seriamente el desastre y daño social que producen a la nación.

 

 

OBJETIVO GENERAL

Generar un cuerpo de ideas estables que fundamente la responsabilidad social en la empresa a partir de los actores sociales inmersos en ella.

 

 

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

1.    Analizar los elementos básicos de la responsabilidad social empresarial

2.    Analizar los elementos de la teoría empresarial

3.    Analizar los principios, valores, ética y educación del colectivo social y empresarial.

4.    Contrastar estos elementos con los actores sociales.

5.    Analizar el papel del estado fomentando principios, valores, ética y educación en el colectivo social y empresarial, a través de leyes, documentos, programas y otros medios.

6.    Establecer los elementos básicos que fundamenten la responsabilidad social empresarial.

Tales objetivos pueden ser cambiados en la medida que se va obteniendo información durante la investigación.

 

 

JUSTIFICACIÓN

En países con sistemas capitalistas y socialistas, se justifica la profundización y consolidación del concepto RSE como una iniciativa para combatir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los pueblos. En lo particular, siendo Venezuela una nación en proceso de transición del sistema capitalista a uno socialista, queda justificada la relevancia y actualidad del tema de responsabilidad social empresarial por sus vínculos históricos con el socialismo. Esta justificación al mismo tiempo ubica a la RSE como un medio que coadyuva a los gobiernos de cualquier sistema político a resolver la problemática de la pobreza y calidad de vida de las comunidades.

Para las empresas venezolanas es importante apegarse a la responsabilidad social y hacer su transición ahora, porque cuando se consolide la ley sobre empresas de producción social, para las empresas privadas podría ser traumático su cumplimiento y tal vez cierren sus puertas produciendo una crisis social, ya que el estado actualmente no está en capacidad de absorber productivamente a todos los empleados del sector privado; también porque cuando sea ley ya no se podrá hablar de responsabilidad social empresarial, porque ésta en su propia naturaleza, es una manifestación espontánea hacia el prójimo. De ahí que, los principios ha desarrollar en esta tesis doctoral se basarán en un cuerpo de ideas estables que fundamenten la responsabilidad social en la empresa a partir de los actores sociales inmersos en ella, para que apoyen sus razonamientos, pensamiento y conducta, con obligación moral hacia el prójimo, entendiéndose como prójimo, los empleados y la sociedad.

Con los principios de la responsabilidad social se puede lograr armonizar los mismos, siempre que el empresario entienda el nuevo rol social de la empresa en la era de la postmodernidad, y la intención de esta investigación es hacérselo saber con un conjunto de ideas fundamentales debidamente sistematizadas para que entienda el hecho.

Igualmente hay que hacer grandes esfuerzos en dar testimonio empresarial, para que los empleados y la comunidad acepten con confianza que la empresa en verdad quiere fomentar el bienestar de ellos. Esta relación de desconfianza, incomprendida, turbulenta, compleja, pero necesaria entre empleado-empresa-comunidad debe ser corregida por el bien de ellos mismos si quieren pasar a otros niveles superiores de evolución que conlleve al desarrollo mutuo y estable en el tiempo.

La responsabilidad social empresarial sería el puente entre empleados-empresa-comunidad que generaría felicidad a todos, ya que daría equitativamente felicidad al empleado, felicidad a la comunidad y felicidad al empresario, en una relación del tipo ganar-ganar. Así mismo, los empresarios vendrían a cumplir con su nuevo rol social de coadyuvar para tener un mundo mejor, donde mejore la calidad de vida de las personas.

Otra razón es la ausencia de teorías sobre el tema, ya que tratan por un lado las estrategias empresariales para obtener productividad, y por otro la responsabilidad social, esta sería la relevancia científica; estos resultados pudieran ser ampliados con la ayuda de otras perspectivas filosóficas y epistemológicas, y apoyaría otras teorías del comportamiento organizacional, estrategias empresariales y teorías humanas de los individuos en las empresas.

Como relevancia social está la solución que se daría a los problemas sociales como la delincuencia, pobreza, mortalidad, inseguridad, criminalidad, mortalidad, descomposición familiar, escasez de valores humanos y espirituales, escasez de viviendas, desempleo, empleos inestables e informales y agitación social mejorando la calidad de vida.

El por qué de esta investigación es por el aporte o solución simultánea que se puede dar a tres problemas que a través de la historia aparecen como inversamente proporcionales entre sí: Los intereses comunitarios, los intereses personales de los empleados y los intereses empresariales.

Las empresas venezolanas tienen problemas de calidad, productividad y competitividad entre ellas mismas y peor aún al compararlas con las empresas del exterior, como evidencia están las exportaciones que hace Venezuela en materias prima comparadas con las exportaciones de productos manufacturados; también se pueden verificar los nombres de las empresas venezolanas que estén posicionadas en los mercados mundiales.

Las empresas también tienen otras limitaciones al respecto, pero la ausencia de motivación y satisfacción de los empleados por las amplias desigualdades sociales que actualmente existen no contribuye en nada a alcanzar las metas de productividad que se establezcan, a pesar que se disponga de las mejores tecnologías, porque las mismas son subutilizadas ya sea por desconocimiento técnico, falta de capacitación y desmotivación, generando bajos niveles de productividad.

Por otra parte, cuando existe buen conocimiento técnico, capacitación y motivación, todavía la tecnología puede ser subutilizada porque los niveles de demanda de los productos/servicios de la empresa son moderados y en consecuencia tienen a los elementos tecnológicos trabajando a productividad moderada, por ejemplo, un 40% de eficiencia. Si la empresa tuviera más mercados, obviamente incrementaría su productividad, y aquellas empresas que están conformadas en su mayoría por procesos orgánicos, es decir, que su producto/servicio final depende única y exclusivamente de las funcionalidades y operaciones de un sistema integrado por seres humanos y no máquinas, los niveles de productividad son todavía menores aún.

La realidad indica que las empresas venezolanas lo que hacen es subsistir ante la competencia de empresas extranjeras e inclusive nacionales también, dado que sus niveles de retrabajo,  pérdidas e incumplimiento de los compromisos de entrega, se traducen al cierre del ejercicio fiscal en grandes costos de operación y mínimos márgenes de utilidades.

Es de notar aquí, que las empresas dependen de los empleados a los cuales se les pide innovación y creatividad para materializar las estrategias en logros financieros. Pero las brechas sociales actuales no facilitan ni la innovación ni la creatividad, ya que éstas muchas veces se producen por la satisfacción de las necesidades básicas de los individuos, los cuales están sumergidos en un ambiente de pobreza, delincuencia, inseguridad, criminalidad, mortalidad, descomposición familiar, escasez de valores humanos y espirituales, escasez de viviendas, desempleo, empleos inestables e informales y agitación social.

Pero a pesar de esa dependencia, los empleados son tratados como “recursos” del mismo sistema productivo y no como seres humanos, cuyo fin último de la misión empresarial debe ser el mismo individuo.

La selección del tema de investigación se hizo por lo complicado que es conseguir que los empleados y comunidad vean en la empresa una aliada y viceversa, ya que los propósitos financieros de las partes hacen que cada uno opere en detrimento del otro.

A los empresarios no le gusta el término de responsabilidad social, porque lo entiende como el hecho de compartir sus ganancias con otros, disminuyendo sus dividendos netos; a primera vista, ningún empresario quiere disminuir sus beneficios económicos, pero si no lo hace, estará condenándose toda la vida a ser una empresa pequeña con tendencia a desaparecer.

En cuanto a la relevancia metodológica la investigación aporta nuevos elementos porque la inserción del investigador en una comunidad, grupo o empresa, con el objeto de observar (con una pauta previamente elaborada) estudia los hechos tal como ocurren en el contexto, los cambios socio-culturales, las funciones y papeles de los miembros de cada uno de los  miembros de una comunidad y empresa. Estos serán interpretados adicionalmente con la ayuda del pensamiento complejo, subjetividad, e intersubjetividad, propia del postmodernismo. De los resultados de esta investigación se beneficiarán las empresas, sociedad e individuos

 

 

MARCO TEÓRICO

·                                     Elementos conceptuales de la responsabilidad social empresarial

·                                     Teorías empresariales

Hay muchos escritos, tratados o investigaciones previas sobre la RSE, pero el mismo se ha centrado más en asuntos de tipo ambiental, desarrollo sostenible, producción más limpia y acciones filantrópicas,  que sin lugar a duda es uno de los frentes de atención por la importancia que ello reviste para el planeta y la misma humanidad, pero no debe ser el único.  Al respecto podemos citar a González (2005) quien considera que “asumir las empresas una posición de indiferencia ante los crecientes problemas que están afectando a la humanidad, tales como la contaminación ambiental, violencia, desorden social, pérdida de principios y valores, aumento de los estados depresivos, deslegitimación del orden establecido y más, será para el mundo entero la peor catástrofe vivida, dándole a las empresas el loable rol de ser promotora del bien social de las comunidades donde desarrollan sus operaciones, pues de no hacerlo serán testigos de su propio entierro”.

Tito González amplía el concepto de responsabilidad social empresarial incluyendo “violencia, desorden social, pérdida de principios y valores, aumento de los estados depresivos, deslegitimación del orden establecido y más” y de paso exhorta a la empresa a ser promotora del bien social de las comunidades donde se desarrollan”, es decir, toma en pleno la condición humana del ser, de su existencia, del vivir con un sentido de vida correcto, de no ignorar al sujeto dentro de los mismos procesos sociales… y a nuestro entender, la pérdida de principios y valores explica la violencia, desorden social, estados depresivos, deslegitimación del orden establecido y otros indicados por Tito González, los cuales eficazmente atendidos por la empresa, generarán bien social a las comunidades donde se desarrollan.

En ese mismo orden de ideas, ¡excelentemente! sostiene Guédez (2006) que “la ética es el origen esencial de la responsabilidad social o bien la responsabilidad social empresarial es la expresión social de la conducta ética” y que los programas filantrópicos no pueden sustituir la cultura corporativa sustentada en valores. También indica Víctor Guédez que los problemas sociales dejaron de ser un problema exclusivo del estado o de las organizaciones benéficas, ya que el mismo es un problema de todos y que la responsabilidad del empresario no termina con el pago de los tributos y el cumplimiento de la ley, sino que se incluyen los deberes de participar, opinar, aportar y contribuir en la formulación de políticas públicas, aportar en términos de calidad, experiencia y productividad. Podemos deducir que Víctor Guédez concluye que los problemas sociales también pertenecen a las empresas, y tales problemas en el caso venezolano ya los hemos mencionados en los párrafos anteriores: pobreza, inseguridad, criminalidad, delincuencia, desempleo, mortalidad infantil, descomposición de valores, falta de ética, desunión familiar, divorcios, violencia doméstica, alto consumo de bebidas alcohólicas, carencia de viviendas, empleos inestables e informales, deficiencias en los sistemas educativos y escasez de rubros alimenticios básicos entre otros, a los cuales le sumamos los expuestos por Tito González de “violencia, desorden social, pérdida de principios y valores, aumento de los estados depresivos, deslegitimación del orden establecido y más”.

Otro autor, Kliksberg (2006), no habla directamente de responsabilidad social empresarial, pero habla del Capital Social como una dimensión olvidada del desarrollo, en la cual se ha perdido la confianza de la gente en la sociedad, en las instituciones y en la familia, relacionando directamente la clave del Capital Social con los valores éticos que Guédez (2006) relaciona con responsabilidad social empresarial. Lo importante del pensamiento de Kliksberg (2006) es el acotamiento que hace al decir que  “esto aparentemente pertenece al mundo de la subjetividad pero resulta que tiene implicaciones macroeconómicas de primer orden”, esto muestra coherencia con el propósito de tratar con el enfoque fenomenológico los hechos subjetivos que tienen implicaciones en el bien social.

Moreno (2004) ya había tocado estos términos al hablar también del capital social y sus dimensiones éticas, con la tendencia latinoamericana de dar una especial relevancia a los valores de la cultura, particularmente a los códigos éticos como componentes esenciales y predominantes del capital social, incluyendo solidaridad y honestidad. José Ignacio Moreno León también habla del egoísmo que pisotea al prójimo (situación no deseable en la empresa), la ignorancia hacia el bien común, la corrupción que perjudica el desarrollo de las regiones y la importancia del cambio cultural en América Latina.

Igualmente hay que incluir los pensamientos de Núñez Hurtado (2001) sobre los problemas de los países latinoamericanos que han perdido el horizonte ético, creando profundas crisis de valores, sustanciales para la sana convivencia humana que han incidido negativamente en una cada vez mayor pobreza, marginación, corrupción, desigualdades sociales y violencia, con un profundo debate por el humanismo, por la ética de la vida y por la sociedad.

Para esta tesis doctoral tomaremos como concepto y propósito de la responsabilidad social empresarial, lo indicado por Víctor Guédez y Tito González, de que los problemas sociales pertenecen también a las empresas; más los pensamientos vinculantes de Bernardo Kliksberg y José Ignacio Moreno León sobre ética (como complemento para Guédez y González) para entender y comprender cómo los fenómenos sociales tienen sus raíces en los principios, valores, ética y educación de los individuos, siendo la empresa un promotor de éstos y un factor social determinante en subsanar o incrementar tales problemas.

Se pretende realizar un estudio acorde con la sociedad como sistema dinámico, entendiéndose, que las empresas son una sociedad, la investigación tomará en cuenta las profundas desigualdades sociales como la marginalidad, pobreza, delincuencia, criminalidad, inseguridad, desempleo, empleo informal, pérdida de valores, descomposición familiar, carencia de viviendas, etc; es decir, las condiciones del entorno externo que rodean a las empresas venezolanas que se introducen en la organización a través de los individuos que forman parte de ese entorno y que laboran en la empresa. De esa forma, el entorno externo se introduce en el entorno interno de la empresa conformando un sistema de múltiples de variables dentro de la organización las cuales deben ser controladas con un eficaz mecanismo regulador propio de ese cada sistema dinámico.

Se orientará a las organizaciones venezolanas en el sentido de no ver su misión canalizada solamente por la perspectiva económica, es decir, de generar riqueza para vivir en la opulencia, olvidándose de la comunidad y sus empleados, los cuales se pueden encerrar en la sociedad de consumo y terminar degradando la relación comunidad-empresa-empleado por la existente y acentuada desigualdad social, marginalidad-lujo, indigencia, violencia, criminalidad, penurias, privaciones, que fomenten inconscientemente rencores y un sentir generalizado de que la empresa es injusta.

La formulación de una misión coherente debe vigorizar lo que hay qué hacer y qué no hacer, en el pasado (era moderna) se formularon muy bien, pero en la postmodernidad ¿cuáles son esas guías energizantes? Ante la imperativa necesidad de determinarlas se debe concebir primero el modelo de sociedad que funciona en la postmodernidad (era del conocimiento o sociedad tecnológica) que incluya variables socioculturales. Y luego esto permitirá establecer objetivos estratégicos adecuados, basados en el nuevo rol social de la empresa. Con la concepción de objetivos estratégicos estimulantes, con interés en las variables sociales, ecológicas y no puramente en factores económicos, se tendrá a unos empleados vigorosamente motivados a dar lo mejor de sí para el beneficio personal, empresarial y social,

Las organizaciones venezolanas deben desechar la imagen clásica de la organización fundada bajo las teorías de Frederick Taylor (1911) y Henri Fayol (1916) que son modelos que funcionan desde la época de la revolución industrial la cual ha sido superada por la postmodernidad y se deben generar nuevas teorías para atender los problemas nuevos que tienen la cultura de “hecho a la medida” y a tiempo, o dicho de otra manera la “cosificación de la mercancía”, según Jameson (citado por Romero, 2005). Se debe establecer un tipo de estructura basada en un sistema dinámico con un determinado sistema regulador integrado por empleado-empresa-comunidad-gobierno que permita proyectar un entendimiento y adaptación al entorno cambiante, no lineal, discontinuo, turbulento e incierto.

Se instará a resolver la paradoja de mantener la libertad individual de las personas y su cohesión con la empresa, es decir, armonizar los objetivos personales-empresariales-comunitarios y los valores personales-empresariales-comunitarios, con un sistema viable; y evitar programas y paradigmas de la moderna.

El éxito de la empresa para alcanzar las metas establecidas en sus estrategias, dependerá de la eficacia de la empresa en saber identificar, determinar y coadyuvar a resolver los problemas sociales por medio de una responsabilidad social empresarial basada en principios, valores, ética y educación. Se aplicarán conocimientos de los trabajos de Víctor Guédez, Tito González, Bernardo Kliksberg, José Ignacio Moreno León, Meter Drucker, Peter Senge, etc.

Tales principios que sustentan la responsabilidad social empresarial en esta tesis doctoral, no pudieran tener sentido en países con procesos industrializados, robotizados, automatizados o que venden información digital, y necesitan muy poco de la intervención de personas; pero en Venezuela, subdesarrollada, no robotizada, no automatizada, con altos índices de pobreza, con poca infocultura, con procesos netamente orgánicos que dependen de la constante interacción, cooperación, decisión, involucramiento, compromiso y decisión de las personas para contribuir al desarrollo del producto/servicio, más aún, si la empresa es de servicios especializados que se hacen los servicios en tiempo real, son vitales los atributos de humanos de principios, valores, ética y educación fomentados por la responsabilidad social de la misma empresa donde labora el trabajador.

Lo primero que debe hacer la organización, es hacerse “nueva” esto significa que como debe adaptarse al entorno, debe ser una organización flexible, y al mismo tiempo sus gerentes deben ser “nuevos” cambiando sus paradigmas gerenciales para convertirse en gerentes que se adapten al entorno, es decir gerentes flexibles en su modo de pensar. La nueva organización debe desarrollar un tipo de “gobierno empresarial” enfocado en resolver lo específico del momento, adaptándose sin demora a las presiones inmediatas, pensando en metas a largo plazo, con capacidad de concebir nuevas estrategias, procesos, procedimientos y programas con la ayuda de los recursos tecnológicos sin ignorar los factores sociales y ecológicos.

En la postmodernidad los cambios se producen muy aceleradamente en el entorno externo e influyen, también aceleradamente, produciendo cambios en la forma de vida de los individuos, cambios sociales, transformación de la vida familiar, hacen obsoletas las teorías sociales, los conocimientos, las estrategias y los viejos paradigmas para estar en la presencia de eslabones sociales perdidos, saltos teóricos, que no permiten evaluar con precisión los datos de la individualidad y los resultados del postmodernismo, por la discontinuidad y ausencia de puntos de referencia emergentes.

Las áreas de producción de las empresas, deben ahora en primera instancia, hacer esfuerzos por diversificar o desestandarizar sus líneas de negocios convirtiéndolas en más especializadas con ciclos de producción más cortos y variados; deben preguntarse qué innovaciones han realizado últimamente, conocer cuál es el comportamiento de la nueva economía y la nueva sociedad del conocimiento, donde nuevamente emerge la tecnología con un protagonismo histórico en este contexto de espaciotemporalidad. Tradicionalmente las empresas sólo se muestran interesadas en ampliar conocimientos en nuevas estrategias comerciales, reducción de costos, aumento de productividad y menor inversión para mayor rentabilidad, pero ahora el gerente del postmodernismo, debe tener obligatoriamente conocimientos sobre las nuevas actitudes sociales y conjugar la tecnología, con un nuevo estilo organizativo, un nuevo tipo de relaciones con las personas y una nueva diversificación de valores. El gerente debe mejorar su conocimiento gerencial, sociológico, antropológico cultural, psicológico, estadístico, jurisprudente, e inferir y detectar a tiempo los signos de los cambios en el medio ambiente que exigen obligación moral hacia el prójimo,  hacia sus empleados y hacia la sociedad en general.

Cuando la empresa diversifica sus líneas de negocios y entra en el terreno de la especialización tecnológica con eficaces procesos productivos, produce una segmentación de mercados para responder a los distintos gustos y deseos de los individuos de la sociedad, en otras palabras, está respondiendo a la segmentación de la sociedad  con productos y servicios “hecho a la medida”, con una mercancía “cosificada” pero esa nueva segmentación de mercados debe ser “de cara al pueblo”, a un pueblo con individuos que exigen educación, que quieren gerentes éticos, con principios y valores que les permita hacer frente a las novedades culturales a través de objetivos dirigidos hacia una sociedad más sana, civilizada y no necesariamente más rica.

Así, el reto gerencial es entender y comprender los fenómenos sociales, los individuos, grupos y sociedad por medio de principios, valores, ética y educación que le permitan conjugar la diversificación, innovación, estructura organizativa y la sociedad, apegados y respetuosos de las regulaciones del gobierno, sean por ejemplo políticas nacionales y criterios no económicos, porque de lo contrario su desconocimiento tendrá impacto en la operación de la organización y en la sociedad; los gerentes deben preguntarse ¿cómo y dónde queda el trabajador de la empresa? Obviamente el trabajador sólo piensa que la empresa está buscando el beneficio de los accionistas y él queda relegado a un segundo plano. Para evitar secuelas a la moral del trabajador por la percepción de que los beneficios son solamente dirigidos para la compañía por la diferencia entre su sueldo y los dividendos que obtenga la compañía, de su descontento y desmotivación por las tareas repetitivas y rutinarias, reclamos de servicios sociales, clínicas, asistencia diaria, seguridad, medicamentos, contaminación, y las secuelas en la moral del trabajador, los gerentes deben incluir en sus estrategias dar formación y desarrollo emergente a su personal con principios, valores, ética y educación, que les permitan entender y comprender las crecientes asimetrías que existe en la sociedad por la mayor heterogeneidad, antes que uniformidad de culturas y subculturas. Con los principios que sustentan la responsabilidad social en la empresa se hace más fácil su entendimiento y comprensión, mientras que al mismo tiempo, con esa formación, se empiezan a reducir las brechas sociales y poco a poco eliminar la desigualdad no deseada.

Reeducar al trabajador, no suponer que posee la educación general bien internalizada, orientarlo psicológicamente hacia la comunidad, al trabajo en equipos, al trabajo para la familia, al valor del tiempo, al significado de puntualidad y la formación cultural, a los principios, a la ética y a los valores. No pensar que esas funciones educativas fueron cubiertas en las escuelas, colegios y universidades o algunas otras instituciones de la sociedad, porque los propios colegios y escuelas fueron colapsados por la turbulencia de la revolución del conocimiento y sufren trastornos. Los gerentes deben tener en mente que quien debe paliar las deficiencias educativas es la empresa, sin asumir que el trabajador llega a su empresa ya convertido en un ser socialmente apto por la cultura existente, pues ella misma está fragmentándose en subculturas y hay que saber en qué subcultura se ubica cada trabajador según su estilo de vida, valores y lenguaje.

Si la empresa no atiende estas exigencias que plantea el entorno, sus problemas tenderán a intensificarse por las diferencias entre las subculturas, comunidades, individuos, escuelas, empresas, familias e instituciones, al punto que en un determinado momento quedará por la ausencia de talento humano adecuada. La empresa internamente debe concebir nuevas herramientas educativas para solucionar sus propios problemas con Investigación y Desarrollo, uniendo sus fuerzas con las autoridades regionales (unidades estratégicas de negocios) y nacionales (matriz o corporación).

  Debe aplicar en su funcionamiento la modalidad de teleseminarios, videoconferencias y gestión del conocimiento, ayudar al empleado a luchar contra su propio stress (ascensos, traslados, cambios de domicilio, jubilaciones, nacimientos, defunciones, matrimonios, disolución de la familia, etc.) buscar apoyo en la psicología industrial. Debe detectar a tiempo cómo cambian los criterios (principios, valores, ética y educación) de la ciudadanía con sistemas internos supervisando su comportamiento respecto a tales criterios. Tener obligación moral con sus empleados, ciudadanos y accionistas. Iniciar este proceso y no esperar que se lo impongan. Existen altas probabilidades que dentro del actual gobierno venezolano con inclinación hacia las políticas sociales, se den las circunstancias adecuadas donde se reconozca la meritoria acción social de la empresa, para que dentro del sistema de regulaciones del gobierno se incluyan incentivos o reconocimientos de la inversión social, tal vez como un desgravámen deducible del impuesto sobre la renta, con la intención de impulsar la responsabilidad social empresarial, situación que le permitiría a la empresa mantener su rentabilidad para poder cumplir con sus compromisos sociales.

Cabe destacar que en el pasado la fábrica (era moderna) establecía un modo de vivir, servía como modelo para construir otras instituciones (hospitales, oficinas, entes gubernamentales), análogamente la era del conocimiento (postmodernidad) establece también una nueva forma de vivir y de trabajar por las telecomunicaciones, donde no hace falta concentrar grandes cantidades de trabajadores descentralizando los centros urbanos por la mayor dispersión del trabajo hacia los hogares, donde los grupos laborales se comunican a través de teleconferencias, correos electrónicos, chat. En esta era se deben desmantelar las grandes empresa en unidades estratégicas de negocios altamente especializadas con una tecnología extremadamente progresiva, pero ejerciendo una estricta supervisión sobre la calidad técnica, investigación y desarrollo, fuerza laboral, medio ambiente, regulación, planificación e investigación del comportamiento, mientras las UEN´s se encargan del trabajo rutinario y repetitivo, es decir, lo operativo, la fábrica no desaparece, pero pierde su anterior papel central. Al respecto de la investigación y desarrollo, en orden de facilitar la adaptación de las empresas y la sociedad en general a la era de la postmodernidad, el gobierno venezolano debería considerar en su alto gabinete, el objetivo estratégico nacional de “instalar una computadora en cada hogar venezolano” con el acceso a Internet totalmente disponible y gratuito, además de resolver urgentemente el problema social que ya existe en Venezuela  sobre la necesidad de disponer de “rapidez en el funcionamiento de Internet, con tarifas sociales y más servidores para evitar la saturación de los mismos”.

Actualmente ni las escuelas están dotadas de tan importante instrumento que les permita insertarse en el mundo del conocimiento, menos aún para los hogares más humildes, con menos ingresos de dinero en el sistema social, más el hecho de que por esa situación, es que somos un pueblo sin infocultura que nos autoaisla de la información reciente y actualizada. En contraposición existen cantidades de emprendimientos comerciales llamados cyber-café que disponen de los servicios de computadoras e Internet, pero los mismos generan otro problema social para el país, ya que éstos siempre están saturados de niños y jóvenes “mal alimentando” su mente con juegos, “chateo” y pornografía, en vez de fomentar la búsqueda del conocimiento, información, educación, ética, principios y valores, que prepare a la generación de relevo que conduzca al país por el camino del desarrollo económico, social y sustentable en el tiempo, mientras que en otros países a los jóvenes de la misma edad los llaman “hackers” por su amplio dominio y control sobre los sistemas operativos y diseños de softwares de computación. A propósito, no existe ninguna regulación gubernamental sobre estos establecimientos comerciales que disponen de las tecnologías más avanzadas para acceder al conocimiento y sin embargo son subutilizadas en juegos, “chateos” y pornografía. Paradójicamente, las herramientas tecnológicas que no disponen las escuelas, se encuentran subutilizadas atrofiando y pervirtiendo la mente de nuestros jóvenes en muchos establecimientos comerciales que abundan en las regiones. Valdría la pena determinar la cantidad de cybers-café y escuelas en un mismo municipio. Como también valdría la pena determinar cuántas empresas existen en esas zonas con capacidad de donar o instalar una computadora en algún hogar, escuela o institución. Establecer programas de orientación para esos niños y jóvenes que sólo buscan el juego y la pornografía en los caber-café y facilitar Internet a los mismos de una manera controlada prospectiva. ¿Qué limita a la empresa en esto? La mente cerrada que le adormece la buena voluntad. ¿No pueden al menos ayudar con una computadora a los hijos de sus empleados que tengan las mejores notas, en vez de gastar trescientos millones de bolívares en una fastuosa y frívola fiesta navideña?

En la postmodernidad (era del conocimiento) queda erradicada totalmente la burocracia de la modernidad (era industrial), ahora la empresa que fue grande se subdivide y coordina el trabajo en varias unidades laborales temporales con estructura matricial, este tipo de organización requerirá de un conjunto de cualidades humanas diferentes a las actuales, con capacidad de aprender aprisa e inventar soluciones nuevas; no deberá actuar apegado al reglamento si quiere solventar los problemas, para esto la misma organización deberá capacitar a su personal para emitir juicios y tomar decisiones sobre valores complejos antes que cumplir mecanicistamente las órdenes de arriba. ¿Cómo podrá la empresa venezolana de la postmodernidad conseguir esto, si sus empleados carecen de principios, valores, ética y educación? Si los accionistas persisten en mantener su empresa tal como esta estructurada según el modelo industrial, necesariamente están aceptando su incapacidad para innovar y enfrentar los nuevos tiempos y su incapacidad o mezquindad de formar a los empleados que necesita; por otra parte, equivaldría a decir “hasta aquí llegó mi empresa” generando un perjuicio a la sociedad, que lo imputaría de actuar socialmente irresponsable. Entonces, infiriendo la magnitud de los impactos que puede producir un  empresario y gerente con mente cerrada, los ejecutivos están forzosamente obligados ante la patria ha estudiar y aprender nuevos conocimientos para que desarrollen las estrategias emergentes que redunden en beneficio de sus empleados y la sociedad.

Cobra especial importancia la planificación que pueda realizar la empresa sin utilizar los declinantes métodos lineales de planificación donde las condiciones favorables de un determinado momento las proyectan al final de su período fiscal como sin prever cambios abruptos, así los objetivos empresariales en el ámbito corporativo deben estar alineados con los planes de la nación y sus objetivos nacionales, mientras que las unidades estratégicas de negocios alinean sus objetivos a los intereses locales y subculturales de la región donde operan para un evitar el ambiente turbulento (en el caso venezolano el ambiente es más turbulento que complejo) dando oportunidad a la comunidad (cuando proceda) de participar en la fijación de ciertos objetivos para evitar el vandalismo y sabotaje por posible descontento, resistencia y desconfianza en el sistema empresarial. Se pueden recoger propuestas de la comunidad y sus individuos, según la geografía y las subculturas con mayor énfasis en las variables socioculturales: cambios políticos, educación, principios, valores, ética, diferencias raciales y religiosas, familia, actitudes en general. No centrarse tradicionalmente en las variables económicas, evitar el uso de modelos gerenciales, planificación estratégica e inclusive el tradicional balanced scorecard, inadecuados para incorporar las variables socioculturales en la gestión de planificación. Se debe confiar en datos menos precisos y ser más intuitivos, antes que intentar determinar un equilibrio entre los datos cuantitativos y cualitativos de la planificación tradicional.

Muchas de las funciones requeridas a la empresa de hoy no son factibles por la carencia de datos, modelos de conducta social y comportamiento que no existen hoy en nuestra sociedad postmodernista, que impiden a las empresas la capacidad de prever acontecimientos sociales, políticos y económicos, en ese caso la misma empresa debe inventar (a través de la educación) sus propias herramientas para adquirir conocimientos que le permitan entender y comprender el comportamiento individual, social y empresarial, para poder adaptarse sin problemas a este dominante cultural de la era del conocimiento.

Con el enfoque fenomenológico se trata de conocer,, interpretar y comprender lo que rodea al ser humano, y cómo se muestra la realidad, es decir, entender la fenomenalización del fenómeno, por ejemplo: pobreza, desigualdad, brechas sociales, pérdida de principios, valores, ética, problemas de seguridad social, salud, educación, hambre, hacinamiento, delincuencia, prostitución, drogas, alcoholismo, escasez de viviendas, inflación, bajos sueldos, alienación tecnológica, difícil acceso a la información, etc., etc., etc.…en el cual el ser humano tiene que sobrevivir y coexistir… pero luego, ante tal panorama social, la empresa le pide: ¡Productividad! Para esto se aplicarán las teorías de Martin Heidegger (Fenomenología) y de Jürgen Habermas (Teoría de la Acción Comunicativa, que trata de coordinar a través de una racionalidad comunicativa las diferentes pretensiones de validez del discurso y la acción humana); ésta última tendrá una relación transdisciplinaria con las teorías del pensamiento complejo de Edgar Morin.

Las empresas deben apoyarse firmemente en la investigación sociológica y en la psicología industrial/organizacional; impartir “enseñanza cultural” e instruir sobre adaptación a su personal y llegar a la comunidad. Todo requiere unos conocimientos psicológicos respecto al proceso de aprendizaje, que por ahora no están  disponibles para los que dirigen al talento humano en la empresa para que les permita crear modelos sociales, observar sus tendencias sociales y poder predecir cambios o variaciones en los criterios regulativos y estructuras de los organismos gubernamentales; deben formar un equipo interno de profesionales con conocimientos en sociología, economía, psicología, antropología cultural y telecomunicaciones. Especialmente la economía debe ser vista con cierto cuidado, la misma pasa a ser conocida con un nuevo nombre: Infonomía, la cual presenta una óptica neo-shumpeteriana donde la innovación es una condición esencial de progreso, porque los productos o servicios deben incorporar cada vez más información del consumidor.

En otro orden de ideas, cabe destacar que los que están reclamando y exigiendo con vehemencia reivindicaciones sociales en Venezuela, son los sectores sociales con menos ingresos, que en su mayoría lo que quieren es imitar el patrón de vida del sector de mayor ingreso impulsados por ese deseo de consumismo que embriaga a la sociedad y por las privaciones que han sufrido producto de las acentuadas desigualdades sociales. En el caso venezolano vemos que los sectores sociales de menos ingreso son una fuente generadora de personeros políticos, que cuando llegan al poder lo primero que hacen es satisfacer los viejos resentimientos y privaciones archivados en su mente y corazón, por ejemplo, el que anduvo “a pie” de barrio en barrio en su lucha social y tuvo carencia de vivienda, por algún motivo, compra un vehículo rústico 4x4 y una casa en el Country Club. Esta reflexión (nada novedosa) induce a pensar que entonces lo que hay que hacer es gerenciar para los pobres, innovar para los pobres y conceptualizar teorías sociales para los pobres, pero gerenciar con principios, valores, ética y educación; eso es lo que se puede hacer, ya que está en manos del gobierno sacarlos de la pobreza, y en manos de las empresas prepararlos para el crecimiento personal con sentido humano y social. Hoy en día se pone en tela de juicio los niveles de ética, principios, valores, de aquellos otrora “luchadores de a pie” que se veían en el barrio porque ahora se les ve en el ¡COUNTRY CLUB! con un vehículo de esos rústicos que en el estado norteamericano de Texas llaman, HUMMER.

Quiero decir con esto, dar acceso y poner al servicio de los pobres la ciencia, tecnología, los conocimientos, la información, las telecomunicaciones e investigación, porque no todo puede ser satisfacer el consumismo, es decir, los gustos desmesurados, caprichosos, desenfrenados, materialistas y vacíos de los individuos. En la era del conocimiento el consumismo es la Información, pero hay que fortalecer primero los principios, valores, ética y educación (que están en crisis), ya que con buenos niveles de los mismos, seguro que la sociedad se transformará del nocivo y alienante consumismo material a un consumismo de información Intelectual, cognoscitiva o gnoseológica, reforzada con amplios valores espirituales de la transmodernidad.

El gerente de la postmodernidad formulará estrategias de características empresarial-social con el ser humano como primera prioridad, tipo Ad hocracia, según la región donde se encuentre funcionando la empresa y podría extenderla a ciertas regiones con semejanza geográfica, cultural, tecnológica y económica, basado que en Venezuela es muy evidente que está en la postmodernidad, por tanto, su estrategia iría dirigida a usar el conocimiento de esa perspectiva filosófica dentro del entorno venezolano, el cual según Karl (1997) “muestra una situación atípica en el contexto internacional. Mientras que la mayoría de los países americanos, europeos y asiáticos han experimentado un crecimiento económico sostenido y una mejora paulatina de las condiciones de vida de su población, Venezuela se ha estancado y hasta retrocedido económica y socialmente a partir de la década de los ochenta” (Revista Debates IESA, volumen XI Nº 1 enero-marzo 2006), por eso la exhortación para que la empresa se enfoque en gerenciar, innovar y conceptualizar estrategias sociales para atender las necesidades de los pobres, que en el fondo es la expresión social de la conducta ética, de la que nos habla Guédez (2006).

 

 

LIMITACIONES

El alcance de esta investigación es abordar a los empleados de las empresas privadas y públicas venezolanas de cualquier género, para aplicar en ellas los objetivos específicos declarados en este documento, pero partiendo del hecho de que la investigación científica es una empresa social, la cual construye los hechos en forma colectiva, resulta importante señalar que dada su naturaleza y complejidad, no se pretende alcanzar un conocimiento acabado o definitivo acerca de la realidad, tan sólo es válida una aproximación relativa, aplicable al ámbito donde está definido.

Dada la naturaleza de los fenómenos sociales (el hombre y sus acciones) es temerario establecer que un factor es causa de un fenómeno de orden social y mucho menos que sea causa única. La multivariedad de elementos y factores que inciden para que un fenómeno se comporte de una manera y no de otra, no permite establecer con un grado de certeza el tipo de causalidad unívoca, que permitiría la predicción (Ramírez, 2000).

 

 

TIPO DE INVESTIGACIÓN

Se selecciona la investigación de campo y el estudio etnográfico para estudiar el hecho de la responsabilidad social empresarial en su ambiente natural. Este tipo de investigación de campo “es importante en las Ciencias Sociales, ya que siendo su objeto natural el estudio del hombre y sus acciones, es perfectamente pertinente abocarse a estudiar estos fenómenos en la realidad misma donde se producen” (Ramírez, 2000); así mismo, indica Kerlinger (citado por Ramírez, 2000) “se podrá indagar in situ los efectos de las interrelación entre diferentes tipos de variables sociológicas, psicológicas, educacionales, antropológicas, etc.” 

Dado que estamos en presencia de una nueva era (a saber la postmodernidad) donde se está estructurando una nueva sociedad, la cual requiere una nueva forma de pensar debido al agotamiento de los modelos gerenciales, administrativos y epistémicos, se hace necesario un pensamiento emergente que permita entender la actividad y el comportamiento de los individuos en esta nueva sociedad que se está fraguando. Ahora bien, ante la crisis de un enfoque epistemológico dominante, aunado a que en los enfoques tradicionales existe una fuerte orientación hacia los estudios de lo objetivo con una contundente ausencia del sujeto (y con ello de la subjetividad) en los hechos, no se tiene visión integral de los fenómenos como sistemas, ya que sólo se toma en cuenta una parte de él, como es el objeto, pero para que haya objeto debe haber sujeto, y para que haya sujeto debe haber objeto, es decir, tener una visión integradora de lo investigado. En consecuencia, según Ruiz (s/f) el enfoque fenomenológico permite reivindicar al sujeto como un actor involucrado y comprometido con los hechos o cosas, pero no como un actor más, sino que privilegia su actividad dentro del sistema social, situándolo de manera correcta en los problemas de la vida cotidiana fuera de un esquema alienante.

Para esto se hará un estudio dentro de un ámbito geográfico delimitado y demográficamente establecido, sobre los principios, valores, ética, educación, (costumbres y modos de vida); es decir, se hará un estudio etnográfico.

Se tratará de comprender el significado del ser humano o de su existencia, es decir, cuál es el sentido de la vida, qué significa ser persona en un mundo de seres humanos con diferentes culturas que se reúnen para compartir sus mismos hábitos, prácticas y significados en una sociedad también conformada por otros seres humanos con diferentes hábitos, prácticas y significados que los insertan en su propio “mundo”.

Sin embargo, ¿Cuál es su impacto y resultado final de esa cohabitabilidad y coexistencia humana en un mundo lleno de desigualdades y brechas sociales? Hay que sumergirse y habitar la forma básica del “mundo” del ser humano (pensamiento complejo) para entender el significado de su existencia determinado por lo que tiene sentido y significado para él, de acuerdo con lo que valora para su “mundo”, por tanto, para estudiar estos hechos, se ha seleccionado el enfoque fenomenológico de Martin Heidegger, quien ha superado al enfoque inicial dado por su maestro Edmund Husserl que trataba del sujeto pero de forma absoluta, mientras que Heidegger lo hace desde una posición más relativista. Para esto, tomaremos en cuenta las contribuciones hechas por el filósofo checo Jan Patočka, para un mejor entendimiento de la fenomenalización del fenómeno.

El significado de las cosas es una distinción o caracterización cualitativa, por lo tanto será estudiada desde la perspectiva de la cultura y el lenguaje; por ejemplo: un empresario que quiere ser socialmente responsable con un empleado, le otorga un bono de reconocimiento acorde con su productividad… ¿Qué reacción puede esperar del empleado? Si lo hace en una cultura latinoamericana, será bienvenido el bono, pero si lo hace en una cultura japonesa, estará ofendiendo al empleado y humillando su honor; este ejemplo permite entender la particular perspectiva cultural y valoración del “mundo” de los seres humanos, amén del lenguaje con que se exprese la otorgación del bono.

La investigación interpretativa, propia del enfoque fenomenológico trata de  comprender al ser humano desde su cultura y lenguaje para colocarlos en sus contextos espaciotemporales respectivos. Con eso, el intérprete los entiende, los comprende, frente a sus autores, sus contenidos, sus destinatarios; estos últimos tanto originales como efectivos. Es un estudio que surge a partir de un problema que se origina en la sociedad, con el objeto de que en la búsqueda de la solución se mejore el nivel de vida de las personas involucradas.

 

Al entender o comprender se participa en la construcción de un tipo de conocimiento axiológico, interpretando la información, estableciendo visiones no simplificadas de la realidad y facilitando la generación de una verdadera cultura evaluativa. La evaluación es un proceso reflexivo,  sistemático y riguroso de indagación sobre la realidad, que atiende al contexto, considera globalmente las situaciones, atiende tanto a lo explícito como lo implícito y se rige por principios de validez, participación y ética. Evaluar implica valorar y tomar decisiones que impactan directamente en la vida de los otros.

 

 

TÉCNICAS 

Las técnicas de investigación serán las siguientes:

 Observación Participante: conocida también como introspectivo vivencial, ya que el investigador se introducirá dentro de los grupos de estudio y formará parte de él, para dar descripciones de los acontecimientos, hechos y fenómenos producto de las interacciones de las personas y entre las personas.

Se usará este método porque tiene la ventaja de obtener las vivencias de primera fuente permitiendo comprender la situación o el comportamiento del grupo. Permite al mismo tiempo que el investigador relate su propia percepción de los hechos o fenómenos que se plasman en un cuaderno de campo o en un libro de diario.

Entrevista Cerrada: se obtendrá información sobre los distintos puntos de vistas y la experiencia que tienen las personas y grupos sobre: empresa, gerentes, tecnología, productividad, responsabilidad social, educación, cultura, ética, principios y valores (personales y empresariales). Permitirá detectar dispersión de puntos de vistas atendiendo diversas posturas. Se buscará obtener un ambiente que le permita al entrevistado construir su propio discurso personal, sus deseos y necesidades de forma confiada y cómoda sobre los tópicos indicados.

 

 

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