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La violencia como feed-back de la propia prensa
La propia prensa produce un feed-back. ¿Qué hace un niño para llamar la atención? A saber, muchas veces, desmerece su conducta. Promueve la indisciplina.
Esta sociedad, propugnada por el deficiente, desmesurado y mal interpretado capitalismo, adjunto con la copiosa inmigración de los marginados pueblos del interior de nuestro país y aledaños, y sin desmerecer la influencia de la magra educación cívica que se ha favorecido, son factores que se agregan a la premisa precedente.
La delincuencia juvenil, tan en boga en nuestros días, se encuentra marginada. Y, entonces, se hace oír. A su vez, la prensa, sobrevalora los efectos de las circunstancias sin importarle lo que está determinando: un feed-back.
Esto es, en suma, instigar el propio autovalor delictivo. O sea, que, en términos sencillos, la misma masa delictiva juvenil se encuentra en las primeras páginas y son noticia. Ahora todos nos fijamos en ellos. Se sienten importantes y pertenecen, de esta manera, a un «rol» social.
A este nuevo «rol» social lo ha favorecido las prestaciones televisivas y otras. Será conocido los hechos de asaltantes que buscan salir en la televisión excusa psicológica. ¿Alguien ha pensado en cómo se sienten aquellos jóvenes dedicados al tema que nos ocupa cuando son noticia? Jamás accederán y se doblegarán. Por el contrario, se sentirán anchos e importantes, tal cual cuanto más aberrante sea la acción y cuanto más destacada sea la víctima. Aun pensarán en lo impropio de aquellos victimarios que toman defensa por mano propia y, «afortunadamente», la justicia los encarcela. Habrá modas, a saber: modos de actuación delictiva que agrupará los sentimientos de estos marginados grupos sociales tipos de armamentos, logísticas marciales, etc.
En efecto, la prensa produce un lazo. Favorece esta delincuencia.
Empero no se ve la solución, tal vez éste sea el camino para una quiebra social... una revolución antes el ciudadano se armó contra el invasor, luego contra su propio gobierno, y ahora contra su vecino. Sabemos que es necesario informarnos, pero, deberíamos, en lo posible, hacerlo con cuidado, con sabiduría. No agrandar los efectos delictivos para obtener más audiencia pues esto juega en contra.
En fin, la prensa que se hace es una teleología apológica del delito sin saberlo. Somos como necios comiendo nuestra propia carne.
Eugenio M. Tait
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