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La represión en las calles del hambriento
Estoy cansado...
Veo sufrir a todo mi pueblo querido...
¿Pero no se dan cuenta que estamos peleando hermanos contra hermanos?
Al policía le pregunto: ¿no eres el hermano de mi hermano?, ¿no eres acaso el vecino que a nuestro lado convive?, ¿no van nuestros niños a la escuela y a jugar juntos?
Pero... ¿qué está haciendo esta sociedad?, ¿no se da cuenta que llena el bolsillo de algunos a costa del sufrimiento de muchos otros?
A ti, uniformado... ¿no sabes que vivimos bajo los mismos techos, que miramos las mismas calles y jardines? ¿Es que acaso eres insensible?, yo creo que no.
¿Hasta cuándo... oh hermanos, debemos ver todo este sufrimiento?
Tú, personal uniformado del "orden": ¿no ves que en aquellos que reprimes no hay delincuencia?, ¿no ves que allí hay hombres, mujeres y madres de niños?, ¿no ves que no debes colaborar con el sistema de esa manera?
¿Por qué no ayudas, en lugar de ponerte en contra del afligido, del débil, del sediento de hambre...?
Quisiera ver a nuestras gentes unidas, sin conflictos, sin peleas. Quisiera ver fraternidad entre nosotros, y si para eso tenemos que oponernos al gobierno, pues, hermano sensible, hagámoslo todos juntos... no dejemos que la moneda nos maneje. No hagamos cosas que no queremos hacer, cosas de las cuales nos arrepintamos.
Porque mucho vale nuestra almohada, y mucho más la amistad.
Amigo, gente uniformada y buen policía, a ti te hablo: venzamos nuestros principios, seamos honestos con nosotros mismos...
Cortemos juntos la torta y sabed, que con cariño el pedazo mío es tuyo...
Hay un país, una raza, una nación y un folklore que nos espera...
Eugenio Tait