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¿Es necesario un
cambio en la ortografía?
¿Es necesario un cambio en la ortografía? Esta es una pregunta que
muchos nos hemos hecho y que, aún en los ámbitos más especializados al respecto, no ha
podido todavía encontrarse respuesta.
Es motivo, de la presente nota, dar una sugerencia más al respecto y
que, entre muchas otras, espero no se acumule en «las oficinas de los archivos de la
nada».
La idea es muy simple: hay que modernizarse. Si bien fueron los
paradigmas de la Ilustración, Renacimiento, Reforma y Revolución, los que delinearon el
concepto, aún hoy en día tenemos el desenlace de sus consecuencias. No sabemos, a
ciencia cierta, si este desarrollo es aún vigente. Se piensa que, aún, en los tres
campos, las discusiones se mantienen todavía.
¿Porqué negar a los menores y extranjeros una facilitación en el
lenguaje?, ¿hasta cuando las responsabilidades se deben deslindar a los educadores?, ¿y
qué pasa con la floreciente riqueza de la literatura? Todas, empero, son preguntas que
contienen, sabemos, respuestas que se contradicen, es decir, que se niegan las unas a las
otras.
En mi opinión, no deberíamos privar de esta última riqueza
lingüística a los mayores, a los especialistas que, tras el velo de una compleja
ortográfica, expresan un contenido literal y cultural. Y es esto último una fuente
importante de decisión. Querer acotar la lengua, es querer acotar la historia, al
individuo, sus pueblos, sus sociedades y al marco cultural heredado.
Deberíamos, pues, para dar fin a este debate, una solución
pragmática, acorde a las necesidades implementadas, como tantas en la actualidad. Me
refiero a que deberíamos especializar sus contenidos.
Nada impide que el «recorte» ortográfico sea empleado por la gente
común, obteniendo con ello sus facilidades al respecto. Pero, que a su vez, se mantenga
vigente en aquellos especialistas que quieran mantener la cultura, la poesía, la
historia, etc. Deberíamos permitir una profesionalidad en la ortografía, como se da en
tantas disciplinas.
Si encontramos especialidades en las ciencias duras, en las
humanísticas, etc., nada impide que en cuestiones de gramática se mantengan los
contenidos vigentes de la ortografía, y que esta escisión lingüística solo sea
provista al vulgo, a nosotros, a la gente común.
Espero que se haya comprendido la idea. Enfatizo la misma:
«profesionalizar el lenguaje». Y quedaremos bien, entonces, con "Dios y con el
diablo".
Eugenio M. Tait
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