Gabriel
Carta que su Papá le escribiera en la
adolescencia:
Han pasado los años ya, pequeñito, y aunque
eres grande y fuerte como el viento, sigues siendo para mí como esa suave y puequeña
brisa de verano.
Pareciera ayer mismo verte
allí, recostado sobre tu silla de bebé, mirándome pasar con esos ojazos firmes y
asombrados, como si uno fuera no se sabe quién. Carita de asombro, carita de ternura,
clavabas tu vista en mí al estar en los brazos de tu Mamá.
Rápído has crecido, o
bien, me has crecido, porque siempre para uno, eres más de aquello que le pertenece a de
aquello otro que no lo es. Junto a tu hermanita se han hecho hermosos y han adormado y
justificado mis días.
Igual que le comentara a
ella a ti te digo, porque es necesario que sepas, que tengas paciencia conmigo, con mis
regaños, con mi pesado andar; y esto es porque van pasando los días hijito. Uno tras
otro, mis canas justifican por ello mi falta de paciencia en tantas cosas, que a veces, al
confundirse con mi pretendida amistad a tu persona para que sientas en mí un amigo, se
oculta la realidad de mi madurez.
También en tí he pensado
al escribirle a tu hermanita, verás. En ambos pensé cuando dije y digo que bendición
ambos me han sido, que haría por ustedes otra vez la misma casita, pondría el mismo
ladrillo sobre ladrillo, aunque plantando esta vez más flores y canteros para por ella
pasear.
Ha sido hermoso cuidarlos,
protegerlos, educarlos. Tras cuántos retos te he dado no has visto, siempre en verdad,
aquél esbozo de sonrisa que junto a la reprimenda tuve que disimular. Así, por ello, una
y otra vez te volvería a criar...
Temprano es todavía, y no es tarde ya,
sino que en estos años tenemos mucho aún para que,
junto a tu hermanita, recojamos y sembremos las flores,
y podamos los tres por la senda de esta vida caminar.
Papá a Gabriel
02 de Abril de 2001