LENGUAJE Y COMUNICACIÓN


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Origen y formas de lenguaje
Desde siempre, la inquietud de búsqueda del hombre por desentrañar y explicar su ser, su origen, su esencia y su sentido, ha comprendido, además, la explicación del lenguaje como acto consustancial a su condición humana y que, desde sus inicios, se constituyó en el instrumento que le permitió, de un lado, conocerse, y, del otro, conocer, dominar, transformar su entorno y, totalizando ambos enfoques, construir, sumando lenguaje y pensamiento, su historia, su presente y su futuro.
Su naturaleza humana, débil si se compara, aspectualmente, con la de los animales que lo rodearon, sólo pudo construirse socialmente y desarrollarse gracias al trabajo y al lenguaje; el trabajo, o praxis, como satisfactor de su necesidad de supervivencia grupal, generó una especie cada vez más perfectible, y, el lenguaje, o referencia mental de su praxis, como instrumento, como acto personal de nominalización y simbolización que permitió generar la comprensión cabal de su acción y de su presencia, la transferencia o divulgación de información, la construcción de concepciones, interpretaciones, sentidos, teorías, ideologías; en suma, la construcción de la cultura, la construcción del hombre.
El lenguaje se constituye, así, en el elemento o marco que, gracias al pensamiento, integra al hombre y su realidad con un sentido histórico. Es el instrumento que potencia y socializa su acción y su dimensión humanas, como parte del entorno cultural (En el fotograma adjunto, parte de una escena de actuación teatral de creación colectiva realizada por los alumnos de la asignatura, Base 95; se aprecia la unidad de los lenguajes verbal y gestual). El lenguaje, en integración con el pensamiento, es, consecuentemente, el marco que define la complejidad de su actividad mental y el sentido de las situaciones reales de comunicación en las que participa en su doble rol: de fuente y de destino, de emisor y receptor de unidades lingüísticas -verbales y paraverbales- y no lingüísticas; roles patentes en el esquema de Watzlavick.

Lenguaje e interdisciplinaridad en la historia
A través de la historia de la humanidad, en todas las culturas, el lenguaje ha demandado siempre significativos esfuerzos orientados a la definición de su naturaleza, evolución, sentido y validez. Los estudios se han realizado desde diversas perspectivas de análisis y, entre esos aportes, podemos mencionar el de los filósofos, -desde los griegos hasta los contemporáneos y, especialmente, el de los filósofos analíticos-, los lógicos, los epistemólogos, los lingüistas, los juristas, los políticos, los religiosos, los sociólogos, los antropólogos, los psicólogos, etc.
En este sentido, no se puede dejar de mencionar la preocupación por el lenguaje, en la cultura greco-latina, que tuvieron los retóricos, los sofistas, los estoicos y los alejandrinos, los lógicos y los matemáticos. Entre todos ellos destacan Protágoras, Alcidamos, Platón, Aristóteles, Diógenes, Dionisio de Tracia; preocupación patente, especialmente, en el hallazgo y tratamiento de las paradojas, en el planteamiento de los primeros problemas de la gramática, de la lógica y de la matemática. (1)
Varrón, San Agustín, Donato y Prisciano merecen citarse también por sus preocupaciones sobre el lenguaje, ligadas a otras de naturaleza a veces religiosa.
En el medioevo, continuaron también profusamente las preocupaciones de Pedro Abelardo, Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Ockham, entre otros, sobre el lenguaje y su relación con la lógica matemática, retomándose el estudio de algunas paradojas y generándose nuevas preocupaciones sobre el lenguaje de "primera" y "segunda" intención -modernamente, correspondería a las preocupaciones sobre el lenguaje objeto y el metalenguaje-, el planteamiento de enfoques dicotómicos -por ejemplo, nominalistas versus realistas-, y, finalmente, la configuración en el Trivium o artes del lenguaje de tres aspectos de su análisis: ars lógica, ars grammatica y ars retórica.
En el renacimiento, las preocupaciones en torno del lenguaje, representadas principalmente por Scaligero y Sánchez de Brozas, parten de un carácter predominantemente descriptivo de los fenómenos lingüísticos del latín, si bien el descubrimiento del nuevo mundo -que, para el caso, significa el descubrimiento de nuevas lenguas con diferentes estructuras- se traduce en un enriquecimiento de las preocupaciones lingüísticas que muestran entonces un carácter, además, comparativo y pedagógico, que se enriquece y completa, sumatoriamente, en los estudios de la lógica. En este sentido, destacan todos los gramático-lógicos de la abadía de Port-Royal, Arnauld, Lancelot, Nicole, quienes sentaron las bases de preocupaciones lógicas que interesaron a Hamilton y, posteriormente, se complementarían en los estudios de Frege y Carnap.
En el siglo XVIII, el estudio del lenguaje incorpora preocupaciones antropológicas con un nuevo objeto de conocimiento relacionado con él: el concepto de comunidad o nación. En ese sentido destaca el aporte de Göttinggen, Herder y W. von Humboldt. Éste, con el tamiz hegeliano, reinterpreta el papel del lenguaje como organizador no sólo del pensamiento sino, además, del mundo.
En el siglo XIX, con Rask, Bopp y Grimm, el estudio del lenguaje se nutre del desarrollo de la ciencia y aplica sus mismas estrategias de investigación, generándose el estudio comparatista de las lenguas y ahóndandose la búsqueda de la primera lengua del hombre, presumiblemente el sánscrito. Luego, en el último tercio de la centuria, llegaría el aporte de los neogramáticos, entre ellos, A. Leskien, K. Brugmann, H. Paul, H. Oshoff y F. de Saussure, quienes incorporan la analogía y su relación con los conceptos de ley y de excepción en los estudios lingüísticos y, con ello, perfilan la naciente ciencia: la lingüística histórica.
En el siglo XX, con la aparición de la obra póstuma de Saussure, y con el aporte de las escuelas de Praga (Jakobson, Trubetzkoi), de Ginebra (Charles Bally), de Copenhague (Hjelmslev) y la Anglosajona (Firth, Halliday), que desarrollaron fundamentalmente su programa, el estudio del lenguaje se centra, de un lado, en la definición de su objeto de estudio y sus manifestaciones dicotómicas, definiéndose conceptos como lengua, habla, sistema, signo lingüístico, valor, oposición, sincronía, diacronía, relaciones sintagmáticas y relaciones de asociación (paradigmáticas, para Hjelmslev), y, de otro lado, en la definición de los fundamentos de la disciplina que estudia el lenguaje, apuntándose el concepto de semiología como una disciplina marco que incluiría a la lingüística, representada por el signo lingüístico, además de signos de otro tipo, en el sentido lógico del término, y de un conjunto de principios epistémicos.
En América, los estudios lingüísticos, iniciados con Boas, parten de las escuelas europeas pero adquieren fisonomía propia con Sapir y Whorf y su principio de la relatividad lingüística; luego vendrán Bloomfield, Pike, Hockett, Harris como representantes del distribucionalismo y, posteriormente, Noam Chomsky con su gramática generativa.

Lenguaje e interdisciplinaridad, hoy
Hoy, todo hecho de lenguaje, para ser comprendido a cabalidad, requiere de un análisis interdisciplinario, integrador y pluricultural, que conjugue todas las disciplinas que han abundado sobre él y han aportado luces para una comprensión totalizadora del mismo, de su concepción, de sus estructuras, de sus sentidos, y que, en conjunto, han configurado a la metalingüística o metalenguaje como un gran marco teórico que enriquece, dinamiza y trasciende cualquier conceptualización que de él se haga desde una perspectiva monodisciplinaria.
El lenguaje, a partir de esta demarcación que pretende rescatar el aporte interdisciplinario, conceptualmente, resulta ser una entidad sumamente compleja y distinta del concepto que, en el marco de una concepción principalmente lingüística, sirvió de base para su difusión a través de la escuela y significó la aprehensión del término en un sentido muy restringido y, casi exclusivamente como sinónimo de lengua.
El concepto de lenguaje, consecuentemente, comporta una significación más amplia y trascendente. Comprende multirreferencias significativas que corresponden a diversos códigos o sistemas de significación. Por tanto, aparece en diversas disciplinas pero con diferentes matices de significación. El cine, el teatro, la pantomima, la danza, la pintura, el habla coloquial o especializada (textos informativos, literarios, jurídicos, éticos, religiosos, publicitarios, etc.) constituyen también formas del lenguaje, modalidades de la comunicación y del mensaje y, consecuentemente, resulta posible y pertinente hablar de lenguaje cinematográfico, lenguaje teatral, lenguaje gestual, lenguaje corporal, lenguaje pictórico, lenguaje literario, lenguaje jurídico, entre otros, y, extensivamente, hablar de multimedia, es decir, de formas combinatorias de códigos sociales de comunicación, cada vez más complejas y sistematizadas (verbigracia, el Internet, como forma que combina códigos verbales -en modalidad escritural o sonora-, códigos pictóricos -íconos fijos o con movimiento, pictogramas, backgrounds-, códigos musicales, cinematográficos, etc.).

Bibliografía
(1) SERRANO, Sebastià. La lingüística: su historia y su desarrollo. Barcelona: Montesinos Editor, 1983, págs. 16-30
 

* Enlaces WEB sobre el tópico:

La página del idioma español (Página de Ricardo Soca, periodista uruguayo)
La lengua española (Página de Sergio Zamora)

* Enlaces WEB a Medios de Comunicación Social: nacionales e internacionales

Diario La Primera
Diario Perú21
Diario El Comercio
Diario La República
Visite la ATEI: Asociación de las Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas

Cuadro general de lecturas sobre LENGUAJE y COMUNICACIÓN
 

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