FROMISTA
MONUMENTO NACIONAL DESDE EL 13 DE NOVIEMBRE DE 1894
La Iglesia de San Martín fue fundada por Doña Mayor de Castilla; viuda de Sancho III de Navarra y su construcción la podemos datar en torno al año 1066. Por su unidad arquitectónica y estilística; se calcula que su construcción debió prolongarse entre 15 y 20 años. Del exterior de la iglesia cabe destacar la zona de la cabecera; compuesta por tres ábsides; uno central semicircular y de gran tamaño y dos laterales de menor volumen que el anterior. Destaca el gusto con el que se trazó la construcción de estos ábsides, pues en lugar de dejar toda su superficie lisa, se colocó una serie de columnas y unas impostas de ajedrezado que contribuyen de manera trascendental a enriquecer la estética de la cabecera.
En cada una de las fachadas podemos apreciar que hay una portada, si bien son bastante simples al no contar con más decoración que una imposta de ajedrezado. La única que rompe esa sencillez es la portada norte, que aparece franqueada por sendas columnas con capiteles, si bien éstos están bastante deteriorados al ser la portada que más sufre las inclemencias del tiempo.
Contrasta en la iglesia la presencia de dos volúmenes verticales que parecen romper la tendencia a la horizontalidad del edificio. Las torres de los pies del templo no son usuales en los templos románicos, aunque se sabe que fueron construidas a la vez que el resto de la iglesia y pueden reflejar una influencia del románico alemán. Por otra parte, hacia la cabecera, destaca la presencia del cimborrio cuya mayor importancia radica en que en el exterior es octogonal, cosa que no es frecuente, pues en otras iglesias palentinas en las que existe un cimborrio, éste es cuadrangular.
En cuanto a los elementos decorativos, son muy abundantes en cuanto a su utilización, aunque se concretan en tres elementos:
El ajedrezado, que recorre toda la superficie de la iglesia a distintas alturas; la podemos ver a la altura del arranque de las ventanas, en el alero de los tejados. etc.
Los capiteles, situados en los lados de las ventanas y culminando las columnas, son también abundantes. En lo que a su división temática se refiere, los hay con decoración vegetal, animal y con personajes humanos. Como sucede con los capiteles del interior y los canecillos, en ellos hay una importante carga simbólica tendente a transmitir un mensaje relacionado con la doctrina cristiana. Los canecillos, pequeñas esculturas que decoran los aleros de los tejados, presentan una gran variedad temática. En total hay 309 figuritas y podemos ver en ellas variadas representaciones vegetales, geométricas; animales, monstruosas y humanas. Posiblemente se encierre en ellos un mensaje difícil de desentrañar para nosotros pero, seguramente, tenían una lectura conocida para el hombre del medievo, pues ellos eran conocedores de muchas leyendas, f bulas y cuentos que dotaban de significados a esas figuras y que nuestra actual cultura ha perdido.
Ya dentro del templo, lo primero que llama la atención es la sobriedad del edificio; plasmada en la desnudez de sus muros. La planta responde a1 tipo basilical. El cuerpo del templo tiene tres naves longitudinales culminadas en la cabecera por tres ábsides cuyo volumen es igual al de las naves que cierran, dos pequeños ábsides laterales y un gran ábside central, único lugar de la iglesia en el que hay decoración escultórica exenta; a la izquierda, un San Martín del siglo XIV ; a 1a derecha un Santiago del siglo XVl y en el centro un Cristo crucificado de finales del siglo XIII. También cabe destacar de los ábsides el gran tamaño de sus ventanas.
Las naves de la iglesia están cubiertas por bóvedas de cañón divididas en varios tramos por arcos fajones cuya función es la de recibir el peso d e esa cubierta y trasladarlo a los pilares y a los muros que, como se puede observar a través del derrame de las ventanas, son muy gruesos.
No obstante, aunque hayamos hablado de una planta basilical, a través de la estructura de la cubierta de las naves vemos que en San Martín de Frómista hay ya un tránsito hacia la planta de cruz latina. Observamos que la nave y el ábside central forman el eje longitudinal de esa cruz y que este eje está cortado perpendicularmente por una nave transversal.
Allí donde ambas naves se cortan, se forma un espacio cuadrado denominado crucero, sobre el cual se levanta un cimborrio octogonal al cual se pasa mediante trompas (el arco que va de lado a lado del cuadrilátero y sobre el que se levanta un fragmento del muro y el conjunto aparece culminado por una cúpula semiesférica. En lo que a la decoración de esta parte del templo se refiere, vemos que se compone de elementos que ya comentamos en el exterior. El ajedrezado recorre toda la iglesia a diferentes alturas y su colocación parece indicarnos el inicio de elementos. Por ejemplo, vemos que la franja inferior está colocada a la altura del arranque de las ventanas y que otra imposta recorre el ábside y la nave central en el punto donde se inicia la cubierta de ambos espacios.
El elemento más importante es el capitel. Su función no es decorativa, sino que servían como medio para enseñar al creyente parte de las Escrituras y preceptos de la doctrina cristiana. Este comentario sobre las capiteles puede ser también aplicado a los situados en el exterior.
En términos generales, podemos establecer una división en tres grupos atendiendo a los diferentes elementos decorativos labrados en su superficie:
Capiteles vegetales. Son los m s abundantes y su función es simplemente decorativa. Podemos ver una gran variedad en cuanto a motivos ornamentales y también en cuanto a su talla, pues algunos muy toscos contrastan con otros labrados con un gran detalle y profundidad. Capiteles animales. En ellos empieza a verse esa función doctrinal; pues lo que ellos representan en realidad son símbolos. Unos reflejan aspectos positivos; relacionados con el bien (pelícanos; palomas; águilas; etc.) y los otros muestran cosas negativas relacionadas con el mal y el pecado (serpientes, lobos, lechuzas; animales fantásticos; etc.) Como capitel representativo de este tipo de decoración cabe destacar el que muestra la fábula de la zorra y el cuervo; ya que es un ejemplo de cómo en la Edad Media, en su afán por enseñar esa doctrina cristiana al pueblo; no había inconveniente en usar iconografía de carácter pagano; pues los eclesiásticos sabían que la gente conocía estos cuentos; lo único que se hacía era dotar de significación cristiana a esos relatos para que el cristiano comprendiera el mensaje que la Iglesia quería transmitir a partir de esas representaciones.
Capiteles historiados. La mayor parte de ellos nos muestran escenas relacionadas con pasajes bíblicos Por citar algunos de los más conocidos y los más fáciles de identificar; destacaremos las escenas de Adán y Eva comiendo la fruta del Paraíso; la expulsión del Paraíso o la Adoración de los Reyes Magos. También cabe destacar representaciones de pecados (la avaricia y la lujuria) y un capitel que muestra oficios relacionados con la construcción.Texto de Carlos Arroyo Puertas