La pol�tica monetaria:
vocaci�n dom�stica en un mundo internacional
Carlos A. Rozo
Introducci�n
La segunda posguerra puede dividirse en
dos per�odos, cada uno de ellos caracterizado por tendencias opuestas en la
acumulaci�n de capital. El primer per�odo ejemplifica el resurgir de la
acumulaci�n capitalista despu�s de la crisis de los a�os 30. El capital retorna
su funci�n rectora y hace florecer la producci�n. Durante este per�odo destacan
los bajos niveles hist�ricos de desempleo, y el lento ritmo de aumento de
precios que caracteriz� el desempe�o de las llamadas naciones industrializadas.
Estos factores contribuyeron ampliamente a lograr un crecimiento econ�mico
continuo, medido seg�n la tasa de crecimiento del PNB. Dichas condiciones
prevalecieron durante gran parte del per�odo transcurrido desde 1945 hasta fines
de la d�cada de los sesenta.
Sin embargo, en la �ltima d�cada, que consideraremos como el segundo per�odo, el
dinamismo de la acumulaci�n del mundo capitalista se contrajo espectacularmente
ocasionando que el desempleo y la inflaci�n se hayan vuelto cr�nicos. Las
tensiones sociales y pol�ticas provenientes del desquiciamiento econ�mico
resultan evidentes y han sacudido la confianza que se hab�a logrado gracias al
crecimiento y la estabilidad del per�odo inicial. La situaci�n se ha agravado
a�n m�s por la incapacidad de la pol�tica econ�mica gubernamental para sacar de
este estado de crisis a las econom�as nacionales. Tal hecho confirma la magnitud
del problema.
En octubre de 1979 el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos inici�
el m�s severo experimento de regulaci�n del proceso de acumulaci�n en base a las
prescripciones del monetarismo, relativos al crecimiento del circulante y al
nivel de las tasas de inter�s. Hasta aquel momento, en que se permiti� la
flotaci�n de la tasa de redescuento, la tasa prima de inter�s hab�a alcanzado el
nivel de 12 % solamente una vez: durante la guerra civil en los a�os 60 del
siglo pasado. Antes de finalizar ese mismo a�o, esta tasa lleg� al 20% y desde
entonces ha fluctuado constantemente sin rebasar el 15%. Es decir, la tasa de
inter�s no s�lo ha sido muy alta sino que tambi�n se ha caracterizado por su
volatibilidad. En este mismo per�odo otro r�cord ha sido superado: en los
�ltimos meses la tasa de desempleo ha alcanzado el nivel de 10.1 %, el m�s alto
desde 1941. La situaci�n en la Gran Breta�a, el otro gran experimento del
monetarismo dentro de los pa�ses industrializados, no evidencia mejores
resultados. A finales de 1980 la tasa de inflaci�n rebas� el 15% aunque en 1981
se redujo a 12% pero la cuota de desempleados se increment� del 8 % a casi el 12
%. Lo notable del experimento es que estos resultados se dan a pesar de que a lo
largo de los �ltimos 5 a�os el crecimiento monetario ha sido estable, en
t�rminos anuales, de acuerdo a las metas de crecimiento propuestas. Las promesas
del monetarismo no se han hecho realidad, pues aunque la inflaci�n ha sido
parcialmente, atenuada, sus supuestos efectos positivos sobre la inversi�n, el
empleo y el crecimiento son a�n esperados. Sin embargo, los doctores de la
econom�a, en general, en los pa�ses industriales contin�an recetando la misma
medicina.
En este ensayo se pretende, en lo general, aclarar cu�les son las implicaciones
de la din�mica financiera internacional en la estructura econ�mica nacional y,
en lo particular, delucidar las consecuencias de la contradicci�n entre la
vocaci�n internacional del capital y el car�cter exclusivamente nacional de la
pol�tica econ�mica. En consecuencia, ser� examinada la din�mica del capital
productivo frente al capital dinerario en t�rminos del auge competitivo que
produce la internacionalizaci�n de la producci�n y los efectos que esto tiene
sobre la repartici�n de la ganancia. La revisi�n subsecuente de los cambios
estructurales y operacionales del sistema financiero internacional, nos
permitir�n pasar a considerar las implicaciones sobre la eficiencia de la
pol�tica monetaria.
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