|
amenazada por las tensiones de autoridad de la realeza castellana, ansiosa de arrancar a las provincias de las rencillas y preocupaciones locales para comprometerlas en la gloriosa epopeya de forjar la España imperial. En los azares de este conflicto, las fuerzas castellanas finalmente redujeron a la impotencia a los feudatarios Rebeldes de Vizcaya, y en 1470 la tosca torre señorial de los Bolívar fue desmantelada definitivamente. Imposibilitada para revelarse y perseguir el poder en las contiendas partidistas, la vida de la familia transcurre tranquila por largo tiempo, hasta que un día uno de sus miembros se resuelve a buscar, en tierras americanas, la libertad perdida en la Península. La eterna rebelión de esta Taza, reacia a someterse a las trabas de los gobiernos paternalistas, la impulsa a depositar todas sus esperanzas en las lejanas soledades de América, a trasladar a las colonias de España, con ese espíritu emprendedor e independiente delos vizcaínos, las semillas del conflicto que en la Metrópoli se habían solucionado transitoriamente en favor del Estado castellano. Desde que se establece en Venezuela, el apellido Bolívar aparece vinculado a las más importantes obras de progreso social de la Costa Firme. Fundación de ciudades, fortificación del puerto de La Guaira, privilegio de un escudo de armas para la ciudad de Caracas, construcción de caminos y colonizaciones, talos son las huellas que en su nueva patria deja la actividad emprendedora de los Bolívar. Sin embargo, a través de la historia de esta familia nunca desaparecen de todo sus diferencias con el estado paternalista español que en América como en España se opone a que ella gobierne a su antojo tierras, esclavos e indios, sin contar con sus preceptos y su intervención. La tensión de estas relaciones alcanza su punto crítico en el año de 1737, cuando don Juan Bolívar, dueño ya de una considerable fortuna y de notaria influencia social en Caracas se empeña en adquirir para su familia un título de nobleza los privilegios que España daba a la aristocracia peninsular. La obtención de un escudo de armas no era entonces cosa imposible para quien disponía del dinero suficiente, pues dominada la Metrópoli por el mercantilismo de los Borbones muchos privilegios nobiliarios estaban en venta para atender a las crecientes necesidades del agotado erario español. Por eso, cuartan por conducto de su apoderado en Madrid supo don Juan Bolívar que el rey Felipe V había donado al convento de los frailes dé San Benito -a la manera de auxilio con autorización para beneficiarlo en las colonias de Ultramar- título de Marqués de San Luis, sin vacilación le ordenó adquirirlo por la suma exigida, es decir, por veintidós mil doblones de oro, que fueron entregados a sus beneficiarios con todas las formalidades del caso. Pero cuando las autoridades españolas, para oficializar el título, exigieron a los Bolívar la presentación de los papeles qué acreditaban su pureza de sangre y su tradición de hidalguía, surgió un inconveniente destinado a echar por tierra las aspiraciones de don Juan: la dificultad -que resultó invencible- de establecer plenamente la pureza de sangre de una de las doncellas situada en posición clave en- el árbol genealógico de la familia. Alguna de más posibles y frecuentes mezclas raciales qué los españoles consideraban incompatibles con su orgullo étnico y sus privilegios nobiliarios, se interpuso entre los Bolívar, quienes con el gesto de don Juan realzaban un decisivo esfuerzo para no separarse de la tierra de sus antepasados, y el gobierno metropolitano que, en guarda de centenarios privilegios de casta, iba a precipitar a esta familia, con su rechazo, a confundirse con la salvaje tierra de América y a emerger del ardiente crisol del trópico, donde todas las razas y todas las -ideas estaban en tremenda ebullición, convertida en la gran fuerza revolucionaria que destruiría definitivamente el predominio del Estado español en América. En el siglo XVIII, la familia Bolívar habitaba en Caracas, incipiente población situada en el norte del continente, en un valle de clima suave, atravesado por cuatro pequeños ríos y enclavado a mil metros de altura sobre el nivel del mar. La ciudad tenía entonces entre cuarenta y cuarenta y cinco mil habitantes, contando los blancos,
|
|