LA
DIMENSIÓN DIALÓGICA DEL LENGUAJE
[1]
Cuando las lenguas y las culturas se evidenciaron mutua
y activamente, el lenguaje se volvió diferente; su calidad misma cambió: en
lugar del mundo lingüístico de Ptolomeo, fijo, único y cerrado, apareció
el universo de Galileo construido de lenguas múltiples que se reflejan la una
en la otra... Es la época de grandes descubrimientos astronómicos,
matemáticos y geográficos, que destruyen la finitud y el encerramiento del
antiguo universo... que pusieron fin a la centralización verbal e ideológica
de la Edad Media; en una época como ésta no podía haber una conciencia más
adecuada que la conciencia lingüística galileana
(Bajtín
citado por Todorov, 1987: 28).
En la época de la postmodernidad, en la era del conocimiento, del avance
tecnológico, la innovación y la creatividad, no puede haber un paradigma
más adecuado que el de una conciencia lingüística polifónica (bajtiniana),
basado en el principio de complementariedad y de responsabilidad para sentar
las bases de una democracia duradera, de una actitud transdisciplinaria, y del
aprendizaje de una cultura de la complejidad y de la diversidad. El cambio
hacia la postmodernidad implica el reconocimiento de la necesidad de un
paradigma explicativo que dé cuenta del poder mediador de la palabra en el
proceso de construcción de sentido del mundo natural, social y cultural.
Tenemos, por ejemplo, que dominios tan diferentes como las ciencias
físicas y las ciencias humanas parecen actualmente converger en un principio:
el reconocimiento del papel del lenguaje en la comprensión y en el
conocimiento. Para Bohr (creador
de la física cuántica), el problema filosófico del conocimiento no se
encuentra en la existencia de la realidad, ni en la estructura y las
limitaciones de las razones humanas. Se
trata, según este científico, de problemas relativos a la comunicación, de problemas ligados a las condiciones generales de la
comunicación conceptual:
“Estamos suspendidos en el lenguaje de una manera que no podemos decir qué está arriba y qué está debajo. La palabra ‘realidad’ es también una palabra, una palabra que debemos aprender a utilizar correctamente” [2] .
Toda la
actividad humana está conformada por discursos sociales potencialmente
significativos y las ciencias humanas estudian al hombre en lo que lo hace
propiamente humano: el texto. Bajtín
define la especificidad de las ciencias humanas así:
“En las ciencias humanas, a diferencia de las ciencias naturales, surgen los problemas específicos del establecimiento, de la transmisión y de la interpretación de los discursos de otros”.
“No
es simplemente el hombre, el que constituye el objeto de las ciencias humanas;
sino sobre todo el hombre en tanto que es un productor de textos” (Todorov
1980: 31), es decir es un sujeto discursivo. “Las ciencias humanas son
ciencias del hombre en su especificidad, y no una cosa sin voz o un fenómeno
natural. El hombre en su
especificidad humana se expresa siempre, crea texto. Allí donde el hombre
es estudiado fuera del texto e independientemente de él, no son más ciencias
humanas, sino anatomía y fisiología humana.
El acto humano es un texto potencial. El espíritu (el
mío como aquél del otro) no puede ser dado como una cosa (como objeto
inmediato de las ciencias naturales) sino solamente a través de una
expresión por signos, una realización a través de 'textos' y que valen para
sí y para otro”
[3]
.
Tenemos entonces que la sociedad cobra existencia en la relación mutua
de sujetos discursivos. Difícilmente se puede concebir la sociedad aislada de
los sujetos ni los sujetos aislados de la sociedad. Tampoco es posible
concebir la naturaleza sin sujetos discursivos que la signifiquen, y los
procesos mentales tampoco pueden comprenderse si no se analiza el sistema
semántico que los engendra. De la misma manera, los procesos sociales y
culturales no se pueden comprender si no se analiza el sistema semántico que
los hace significativos y en este sentido no se puede seguir haciendo caso
omiso del papel activo del lenguaje, en tanto que discurso, en la
construcción de esta significación y en la construcción misma de los
sujetos que significan los procesos ontológicos, sociales y culturales.
Socialización significa construir a través del
discurso una realidad social que es ella misma discursiva, no en el sentido de
‘estar hecha de’, sino en el sentido en que es el discurso lo que
convierte nuestra experiencia en conocimiento.
(Halliday
1978)
La construcción discursiva e interactiva de la
significación
Es precisamente de toda esta complejidad de la que se ha hecho consciente
la postmodernidad. La búsqueda
actual de los lingüistas y filósofos radica en la construcción de un
paradigma sobre la significación y la interpretación que dé cuenta de la
inmensa complejidad de lo real, de la polifonía discursiva y de la diversidad
compatible con la unidad, y de esto difícilmente pueden dar cuenta los
paradigmas estructuralistas y positivistas que se han manejado
tradicionalmente en ciencias humanas, puesto que ellos parten precisamente de
la dicotomía, de la fragmentación, de la individualización. No se concibe
una sociedad sin sujetos y estos sujetos tienen como característica principal
la de ser sujetos hablantes que producen un texto potencial e interpretan
igualmente textos potenciales de otros.
Propongo profundizar en la construcción de una explicación alternativa
sobre la manera como se realiza el proceso de generación de sentido, así
como en el modo real de intervención del lenguaje en este proceso: ¿cómo
hacemos sentido de nuestra relación con el mundo? ¿mediante qué proceso
aprendemos a asumir la lengua como significación? ¿cómo se logra el proceso
de semantización de la realidad social y natural que permite, tal como dice
Bernstein, que lo externo se convierta en interno y esto a su vez influya
sobre lo externo? ¿De qué naturaleza son las leyes que posibilitan la
construcción del pensamiento, la construcción del conocimiento?.
Para ello, es importante que empecemos a reconocer que los seres humanos
somos eminentemente sujetos discursivos que actualizamos discursos sociales en
una acción comunicativa significativa. Los
filósofos lo han comprendido, y es así como Habermas y toda su teoría
tiende a realzar el papel de la acción comunicativa en la construcción del
conocimiento. Igualmente, 30 años antes de Austin y Benveniste, Bajtín
(1919) pone de relieve los actos de discurso, inscribiéndolos en
discursos una filosofía de la acción, en una antropología filosófica,
en la que la enunciación y sus enunciados son el punto central en el proceso
de construcción del sujeto, en el proceso de aprendizaje de la sociedad y en
el proceso de reproducción cultural:
“La enunciación da la posibilidad de recuperar el tiempo menor (la actualidad, el pasado reciente y el futuro previsible y deseable) y el gran tiempo: el diálogo infinito e inconcluso, en el cual ningún sentido muere" [4] .
"La expresión, antes que ser celebración del SER, es una relación con aquel a quien yo la expreso y cuya presencia es ya requerida para que mi gesto cultural de expresión se produzca" [5]
Bajtín, dice Zavala
[6]
, propone revisar toda la filosofía desde el punto de vista de la
situación particular y de la responsabilidad inherente al acto concreto...
“El mundo es espacio para los actos del hombre, concebidos como actos
éticos porque se llevan a cabo para el otro, bajo la mirada del otro, y el
acto concebido desde esta óptica es un ‘acontecimiento del ser’ único
e irrepetible, un encuentro entre dos sujetos con salidas al nivel
ontológico, pero a la vez es un encuentro pragmático, un fenómeno de la
'vida'. Puesto que el acto es un acontecer, es algo inacabado,
algo que está haciéndose, los sujetos participantes están constituyéndose
en el proceso del 'acontecimiento mismo del ser'. Se trata, en mis palabras,
de ‘un encuentro ecodiscursivo’ con el sentido.
Así, la teoría lingüística actual comienza a inscribirse en el
proyecto de construcción de una teoría del lenguaje que evidencia leyes
sociales dinámicas del acto discursivo en las que se consideran los
posicionamientos de los sujetos y la diversidad axiológica del ser humano.
Una teoría lingüística renovada que podría dar cuenta tanto de la unidad
como del cambio y la evolución conceptual a través de la unidad discursiva:
el enunciado. Una práctica enunciativa instaurada en la interacción de
enunciados cuyas delimitaciones están ligadas a la posibilidad de cambio de
sujetos discursivos, de conclusividad con anticipación a una réplica, de una
postura evaluativa por parte del enunciador sobre su enunciatario y su
enunciado y que por tanto emite un enunciado destinado a ser comprendido.
Podríamos decir que en este momento se hablaría ya no de un giro
lingüístico en términos de los filósofos,
sino de un giro discursivo en la misma lingüística.
La construcción de los esquemas conceptuales
Mi propuesta teórica no trata de una interpretación social del lenguaje
y del significado como lo sería en términos de Halliday
[7]
sino, por el contrario, de una interpretación discursiva de lo
social, del sujeto y de la realidad, es decir, de una interpretación
discursiva del significado. Esta consiste en primera instancia en considerar
que los esquemas cognitivos son el resultado de generalizaciones motivadas
por el intercambio verbal y que los esquemas interaccionales se hacen
significativos solamente en el proceso discursivo, es decir, que para que
esa relación entre experiencia externa (mundo ontológico, social y cultural)
y procesos psicobiológicos (sujeto) se vuelva significativa, para que se
convierta en esquemas conceptuales, es necesaria la mediación del lenguaje.
En segunda instancia propongo que es el intercambio verbal, en tanto que
elemento funcional, el que hace posible que los procesos de generalización y
de construcción de esquemas se lleven a cabo.
Todo esto implicaría llegar a hacer varios reconocimientos: reconocer,
en primer lugar, el papel mutuo de los participantes en el proceso de
significación, y que si bien los esquemas funcionan internamente (en el
sujeto), éstos son de naturaleza intersubjetiva, son sociales; significa
reconocer, en segundo lugar, que la naturaleza de los esquemas es externa, es
discursiva en tanto que se basa en el uso funcional del lenguaje, es decir,
son consensuales y se pueden generalizar; reconocer, en tercer lugar, que los
esquemas se pueden interiorizar y evolucionan en y a través del proceso
relacional motivado por el uso funcional del lenguaje en los diversos
encuentros de interacción verbal realizados en una comunidad; significa
reconocer, finalmente, que es en y a través de los enunciados, de los
discursos producidos en la interacción verbal, que se construyen esos
esquemas conceptuales que van finalmente a contribuir en la construcción del
sujeto discursivo.
Nos vemos en este momento frente a una perspectiva que conlleva la
propuesta de una nueva manera de abordar el problema del proceso de
construcción de sentido, que pretende dar una explicación a la ocurrencia
simultánea de la diversidad (heterogeneidad de sujetos) y de la unidad (el
discurso), que recupera además la vieja hipótesis del papel activo del
lenguaje, esta vez en tanto que discurso, en el proceso de construcción del
significado, en la construcción del conocimiento. Es una teoría mediadora de
la producción de sentido que inscribe el lenguaje en una dimensión
dialógica y explora el papel activo del intercambio verbal y de su unidad
discursiva en la generación de procesos graduales de generalización.
La perspectiva sociohistórica y cultural que he adoptado en relación
con los procesos de conceptualización, la construcción de esquemas y la
adquisición del conocimiento se fundamenta en las siguientes razones:
1) Destaca la interacción de enunciados como la instancia discursiva, la
unidad compleja que permite la existencia simultánea tanto de la unidad y de
la diversidad a través de la actualización discursiva resultante de la
relación intersubjetiva (heterogénea) en un contexto situacional
específico.
2) Ofrece una validez explicativa a la dinámica inseparable entre lo
externo y lo interno, destacando el papel central del enunciado como elemento
mediador para la construcción de los procesos de internalización de los
esquemas de conocimiento. Lo real, el significado de las cosas y de las
relaciones entre los sujetos y las cosas emerge en el enunciado como producto
de las relaciones sociales entre los sujetos discursivos que en él se
instauran.
3) Permite ver el signo en su desarrollo, en una construcción dinámica
y viva de la construcción de los esquemas de conocimiento y por ende del
aprendizaje como proceso evolutivo.
4) Destaca el papel del otro en el proceso de aprendizaje y la
importancia de esta relación dual en el proceso de evolución subjetiva y de
no-conclusividad y complementariedad del sujeto. Se trata de la dimensión
dialógica de una construcción intrasubjetiva de naturaleza intersubjetiva.
Así pues, considerar el proceso de significación desde la perspectiva
dialógica implica naturalmente hacer ciertas opciones epistemológicas: la
principal opción tiene que ver con la necesidad de pensar el lenguaje desde
una dimensión discursiva que permita dar explicación a la dinámica
inseparable entre lo externo y lo interno, una explicación acerca de la
manera como el mundo natural, social y cultural es semantizado en y a
través del discurso en el proceso de comunicación intersubjetiva de
enunciados. Esta perspectiva permite proponer un modelo semántico
[8]
que considera el lenguaje no sólo como un sistema de formas
lingüísticas, sino como un sistema de valores ontológicos, sociales y
culturales que influye en la mediación de la experiencia externa y en la
construcción misma del sujeto social. Los esquemas de conocimiento desde una
dimensión dialógica se proponen como el resultado de la relación
intersubjetiva, cuya significación discursiva resulta de la fusión estrecha
entre contexto y forma material, lo cual responde al concepto de la creación
continua del signo y su evolución.
Como señala Vygotski,
"lo esencial del lenguaje no son absolutamente los sonidos, ni los gestos, ni las imágenes, ni las grafías. Lo esencial del lenguaje es la utilización funcional del signo y esto es lo que corresponde al lenguaje humano" [9] ,
…
y es lo que permite el proceso de internalización. Cuando hablamos de la
utilización funcional del signo estamos hablando por supuesto de enunciados,
a nivel del discurso. El discurso se convierte en la vía compleja,
heterogénea y a la vez única para el acceso a la maduración verdadera de
una competencia discursiva como prolongación de la competencia comunicativa,
en el sentido de Dell Hymes. La tendencia intencional del signo daría cuenta
del uso funcional del significado, en donde los agentes de la interacción,
los objetos con los que estos interactúan, sus propósitos e intenciones, sus
modos de formulación organizativa y argumentativa son parte del mismo
significado discursivo.
Para Vygotski, el habla es el elemento psicológico por excelencia, el
cual no solamente funciona externa y socialmente sino que mediatiza y regula
internamente la acción de los procesos mentales. Vygotski rompe la dicotomía
entre psicología y sociología, pues la representación conceptual,
entendamos ahora esquemas, es imposible sin el proceso de intercambio verbal,
sin la utilización funcional del signo; permite además establecer la unidad
complementaria entre habla y pensamiento, pues si bien es cierto que los
esquemas mentales funcionan internamente, desde esta perspectiva los esquemas
son de naturaleza intersubjetiva, se construyen y se modifican en esta
relación. Entonces, mis argumentos se apoyan también en Vygotski para quien
el habla es el elemento psicológico por excelencia, el cual es tanto un
elemento social como un elemento cultural y es el elemento que mediatiza y
posibilita la interiorización del proceso social. De esta forma el habla
no solamente funciona externa y socialmente, sino que mediatiza y regula
internamente la acción de los procesos mentales. Así, los procesos
socio-históricos en el nivel social institucional afectan el funcionamiento
intersicológico. “La palabra, dice Vygotski, juega un papel muy importante
no solamente en el desarrollo del pensamiento sino también en el crecimiento
histórico de la conciencia como un todo... el pensamiento no se expresa en la
palabra, es allí donde se realiza”. Así, si bien el pensamiento opera
internamente, su naturaleza es dialógica, es decir, que el pensamiento es el
resultado de procesos graduales de generalización motivados en y por la
relación intersubjetiva que se estable en el intercambio verbal.
Toda teoría del aprendizaje está en íntima relación con el desarrollo
del lenguaje. Una dimensión dialógica e interactiva sobre el aprendizaje y
el desarrollo del lenguaje da un lugar central a los factores sociales y
contextuales. Retomando a Vygotski, el aprendizaje es un fenómeno
socio-cognitivo que resulta de la interacción continua entre el organismo y
sus capacidades de especie, por un lado, y el medio físico e
histórico-cultural, por el otro. Así, el lenguaje racional de la especie
humana sería el resultado de dos raíces distintas, una natural y otra
socio-cultural. Vygotski demuestra que el niño en su primera infancia
construye, en su interacción con el medio físico, “esquemas
representativos”, y en su interacción con el medio social, “esquemas
comunicativos”. El lenguaje propiamente dicho resulta de la fusión de estas
dos líneas de desarrollo, y en el proceso de interiorización, el lenguaje
toma el control de las facultades mentales del hombre para convertirse en
pensamiento.
Para completar la idea anterior sobre la importancia del uso funcional
del lenguaje retomo a Bajtín, quien argumenta que la conciencia se vuelve
conciencia en el proceso de interacción, por medio del signo, y el signo es
el resultado de la fusión estrecha entre forma material y contexto y no
emerge sino en el proceso de interacción de una conciencia individual con
otra, lo cual significa que el signo y la situación social están
definitivamente fusionados.
“El proceso del habla, comprendido en un sentido amplio como un proceso de actividad ‘langagière` tanto externa como interna no tiene ni principio ni fin. La enunciación actualizada es como una isla que emerge de un océano sin límites, el discurso interior. Las dimensiones y las formas de esta isla están determinadas por la situación de enunciación y por su auditorio” [10] .
El concepto de signo bajtiniano permite dar cuenta de la dinámica
evolutiva del signo: no es asunto de uno solo sino de dos sujetos socialmente
organizados, y la experiencia se vuelve significativa solamente en el
intercambio verbal intersubjetivo; la construcción del sujeto, del
pensamiento interior, va a depender también de la experiencia sociocultural
evocada en y por el enunciado en esta relación dual
[11]
.
Abordar el lenguaje desde el discurso permite romper la dicotomía entre
significación y comunicación y postular que la función esencial del
lenguaje es la de establecer una comunicación con sentido
[12]
, lo cual da cuenta de una competencia discursiva, por la cual el
lenguaje es visto no como un simple instrumento sino como el escenario
discursivo donde se realiza el encuentro significativo entre dos sujetos
social y culturalmente organizados y la experiencia externa.
"Ningún enunciado, desde una perspectiva general, puede ser atribuido a un solo locutor: el enunciado es el producto de la interacción de los interlocutores y, de manera general, el producto de toda situación social compleja, en la cual éste surgió" [13]
Bajtín y Vygotski ofrecen una síntesis de la organización compleja de
lo real y de sus procesos de interiorización, ofrecen para los teóricos de
la significación y el sentido un paradigma integral que puede dar cuenta del
fenómeno complejo de interiorización de la diversidad externa, de la
construcción de los esquemas conceptuales y de su propio proceso evolutivo.
Una visión dialógica e interactiva en la que se destaca el papel activo del
enunciado en el proceso de construcción del sentido.
El ecodiscurso
El intercambio de enunciados representa entonces la primera unidad
material del mundo presente en el campo visual de los seres humanos. La
dimensión dialógica ubica esta unidad en el centro de la significación
puesto que es la que permite la convergencia simultánea de un abanico de
diferencias. Una unidad con tales posibilidades es la única que puede dar
cuenta tanto de la persistencia como del cambio conceptual.
La enunciación se convierte en el escenario de un evento específico de relaciones
mutuas de tipo ontológico, social y cultural. Así, la unidad discursiva
se presenta como la instancia de discurso, el escenario interpretativo de lo
real, la metáfora de la realidad donde ocurre la transformación de la
experiencia de la realidad en sentido, donde el locutor/autor despliega la
posición y evaluación de un enunciador con relación a su propio enunciado y
a los enunciados de otros y con respecto al oyente/lector, adjudicándole una
posición de enunciatario, instaura su presencia, la presencia de otros y la
otra presencia con su anhelo de respuesta activa. Y es en este escenario del
acto discursivo donde el sujeto se construye como persona; el sujeto construye
su identidad social y cultural en este “encuentro ecodiscursivo” con el
sentido. Desde este punto de vista, los sujetos no son considerados como
localizaciones de locutores reales sino como posiciones de roles semánticos,
por la manera como las relaciones sociales y las tensiones entre los sujetos
discursivos y de éstos con los contenidos son evocadas y construidas en y por
el discurso.
Entonces, la comprensión no es una relación de reflejo entre
pensamiento y realidad: no son los principios generales externos al
pensamiento y al lenguaje pero inherentes al objeto o a la situación los que
van a permitir la conceptualización; la comprensión tampoco es el resultado
de una relación de espejo entre la forma lingüística y la realidad: tampoco
son los principios generales inscritos en un sistema abstracto; no es el
resultado de la puesta en funcionamiento de esquemas formales preconcebidos: y
tampoco son los principios generales lógicos los que predeterminan la
conceptualización de la realidad. Se trataría de un proceso de comprensión
dialógica mucho más complejo inscrito en la mediación dinámica de una
semántica discursiva, de un proceso dialógico, interpersonal que se
constituye en la condición necesaria para que se establezca un proceso
dialéctico y significativo con la realidad y con la construcción de los
esquemas conceptuales.
Tres aspectos se destacan en la estructura semántica del intercambio de
enunciados: la exotopía (diferencia-heterogeneidad), la complementariedad y
la alteridad. El enunciado, dice Bajtín, es como una especie de puente
lanzado entre el Yo y los otros.
Aquí encontramos la noción de exotopía como esa necesidad
fundamental de una relación externa que permita comprender lo interno. Una
relación externa ligada en gran parte con la construcción semántica del
campo visual del sujeto. En efecto, la posición de cada interlocutor pone
límites a su propio campo visual creándose entonces una negación de la
propia visión que es completada por el otro. Existe una afortunada diferencia
entre los dos interlocutores puesto que aún estando en el mismo evento, estas
visiones diferentes completan el significado de una cierta manera para cada
uno. Se trata de ‘un otro lugar’ que no se puede reducir a uno sino que se
complementa.
La diferencia
está dada por la distancia entre el tiempo, el espacio y la evaluación
adecuada para mí, y el tiempo, espacio y evaluación adecuada para los otros.
El terreno común está dado por la unidad discursiva compleja que
sintetiza simultáneamente estas diferencias. La exotopía implica
entonces modos de relación mutuos que en el intercambio verbal se
instauran por medio de un movimiento de alteridad de los
interlocutores. Considero que esta dinámica compleja es la que determina las
relaciones y particularmente los roles semánticos entre los protagonistas del
evento y sus relaciones con el mundo natural y social. Una semántica de este
tipo sólo puede lograrse mediante la inserción del significado en una unidad
compleja de comprensión de tipo dialógico que permita ver el fenómeno
igualmente complejo de la significación entre dos. Esto implica reconocer
por un lado el papel mutuo de los participantes en el proceso de
significación y por otro, el papel de los participantes en el proceso social
de la comprensión. De aquí surge mi propuesta de que los esquemas
conceptuales son el resultado de procesos de generalización que se operan en
y por la interacción de enunciados, es decir, que son procesos de
generalización subjetivos de origen intersubjetivo
[14]
.
El ecodiscurso responde a una teoría mediadora del conocimiento, a la
explicación de la dinámica externa e interna de la interacción verbal (o
intercambio de enunciados), a la dinámica del proceso mismo de
interiorización, de generalización y de construcción de esquemas. La noción de discurso que aquí se maneja no es la de texto
más contexto sino la del contexto en el discurso, no es la de sujetos más
texto sino la de sujetos construidos en y desde el discurso, no es la de mente
más lenguaje sino la de mente en el discurso. La propuesta está en relación
con la convergencia simultánea de por lo menos tres espacios discursivos;
discursivos porque corresponden a la construcción de imágenes en el
escenario discursivo: Espacio Discursivo Cultural, Espacio Discursivo Social y
Espacio Discursivo Evencial (= relativo al Evento, llamado asimismo Experiencial) y sus correspondientes
sujetos discursivos (YOc-TUc, YOs-TUs, YOe-TUe)
[15]
.

El enunciado, desde un punto de vista dialógico, instala la
intersubjetividad permitiendo la comunicación entre mutualidades y
divergencias no solamente ontológicas (en tiempo y espacio) sino también
posicionales y axiológicas. De esta manera, el discurso está constituido por
una multiplicidad de voces mutuamente correlacionadas que resuenan aún en los
enunciados más simples: así, la polifonía desde la perspectiva bajtiniana
es el fenómeno dialógico por excelencia. No estamos hablando de la
acumulación de sujetos, ni de localizaciones, ni de exterioridades, sino de
la construcción y el cambio constructivo de la relación intersubjetiva que
incide en la variabilidad del sujeto, en su propia relación de variación
intrasubjetiva, estamos hablando de una polifonía inter e intrasubjetiva. El
contexto como parte constitutiva de la semántica del enunciado, se significa,
se construye y reconstruye en el terreno común del enunciado, del
ecodiscurso. La heterogeneidad social de la relación intersubjetiva, la
visión significativa de la orilla del otro que me permite construir mi propia
orilla, la alteridad constructiva de los sujetos se ponen en escena en esta
unidad dinámica.
Así, confluyen en la unidad ecodiscursiva una diversidad polifónica,
una variabilidad exotópica, una diferenciación
de momentos construidos en la relación intersubjetiva que inciden en la
relación intrasubjetiva de cada uno de los sujetos. Así la noción de
polifonía está ligada tanto a las voces diversas de los sujetos discursivos
que interpretan distintos personajes como a la variación polifónica de un
mismo sujeto discursivo que se adecúa a los ritos interactivos de enunciados.
Y por supuesto, es todo esto lo que me permite argumentar que los
esquemas de conocimiento (subjetivos), son el resultado de la relación
intersubjetiva y responden a las leyes de la construcción del signo a partir
de la fusión estrecha entre el contexto y la forma material. El contexto no
actúa desde afuera, ni la mente desde adentro; como lo ha señalado Bajtín,
“la vida penetra en el discurso y la vuelve significativa y el discurso
penetra a su vez en la vida y en la mente”.
Retomando a Bajtín, el enunciado procede de un locutor social y se
dirige al horizonte social responsivo de un auditor. El intercambio
verbal representa la primera
unidad material del mundo presente en el campo visual de los seres humanos. La
dimensión dialógica ubica esta unidad en el centro de la
significación puesto que es la que permite la convergencia simultánea de
un abanico de diferencias. El discurso se presenta aquí como el escenario
de un evento específico de relaciones mutuas de tipo ontológico, social y
cultural, y la configuración de los esquemas conceptuales debe ser el
resultado de procesos de interiorización gradual de factores experienciales,
sociales y culturales semióticamente mediados a través de los enunciados.
Desde esta perspectiva no se concibe ni el pensamiento ni lo situacional
independientes del material lingüístico (o del material semiológico), sino
fusionados en forma complementaria para lograr el sentido discursivo.
El evento de intercambio verbal es una práctica social que integra en su
unidad discursiva todos los saberes semánticos: ontológicos, sociales y
culturales resultantes de la actividad interpersonal (ecodiscursiva) que ha
permitido convertir estas experiencias en saberes significativos, en esquemas
conceptuales que en el modelo denomino espacios discursivos: evencial,
interpersonal y cultural; allí se escenarizan de manera simultánea y
diferenciadora los sujetos discursivos evenciales, sociales y culturales
respectivamente. Esta polifonía se evidencia de manera gradual en el discurso
según la perspectiva adoptada y el acento que se imprima a uno u otro sujeto,
a uno u otro espacio discursivo.
La hipótesis particular que subyace es que el espacio discursivo evencial
es el resultado de generalizaciones hechas a partir de la manera
como los participantes en el intercambio verbal se ponen en relación mutua.
Comparto la opinión de Chafe (1979) según la cual el evento de
acción-proceso es el evento de base a partir del cual se generan los otros
eventos. Efectivamente, en el modelo que propongo, la acción-proceso es el
primer esquema conceptual, la primera generalización de evento que se
realiza. Pero no porque sea el primer esquema de evento pre-existente al
lenguaje, sino porque corresponde a la estructura semántica del evento de
intercambio verbal, la cual a su vez es dinamizada funcionalmente por este
intercambio, permitiendo de esta manera su construcción; en este sentido,
entonces, las relaciones de agente y de paciente serían las primeras
relaciones mutuas entre los interlocutores de un intercambio verbal. El
intercambio verbal es el terreno común y único que hace posible la
generalización discursiva de diferentes posiciones interaccionales. Estas
relaciones funcionales alternativas, diversamente focalizadas y reiteradas son
las responsables de la diferenciación de los roles semánticos de agente y de
paciente, de la misma manera que de la generalización de conjuntos evenciales típicos como la acción-proceso (XWYZ), el proceso (OWYZ), la
acción (XWOZ) y el fenómeno
(OWOZ)
[16]
.
El espacio discursivo evencial no se construye por acumulaciones de
eventos en el cerebro sino a partir de procesos cualitativos de
generalización que surgen de esta estructura significativa de acción-proceso
del diálogo referencial en la que la acción y la palabra son indisolubles.
El agente, el paciente y el testigo no son simples reflejos de localización
sino el resultado de un proceso de toma de conciencia de estas entidades
por medio de una semiótica mediatizada a través de la relación
intersubjetiva; un proceso de generalizaciones graduales en las que el
niño empieza a establecer relaciones entre los roles de agente y de paciente.
No se trata de relaciones directas sino de procesos graduales de
generalización entre los roles semánticos y los actos de habla
irrepetibles, entre la relación mutua de uno y otro y entre la relación de
éstos con los objetos. Esta diversidad compleja ligada inevitablemente a la
alternancia significativa asegura la dinámica generadora de los espacios
discursivos, las construcciones de sentido en profundidad y el desarrollo del
sentido discursivo.
Se postula aquí una gradualidad en la manera como se construyen los
esquemas: los evenciales tienden a ser más universales, permanentes, más
comunes; los interpersonales más móviles pero al mismo tiempo buscan una
cierta estabilidad en razón de los roles sociales e institucionales, los
culturales parecen ser más ilimitados y móviles. Existe entonces una
gradualidad en el proceso intrapersonal de los espacios discursivos debidas al
proceso evolutivo interpersonal. Toda esta dinámica conforma la arquitectura
del enunciado y del significado.
Insisto en la dinámica mediadora del Intercambio Verbal en el proceso de
conceptualización. Una dinámica ligada, por una parte, a la variedad de la
organización social de los individuos; por la otra, a las condiciones de vida
y a los modos de relación entre los seres humanos y de éstos con los
objetos. Esta relación entre lo
interno y lo externo aparece como un proceso de desarrollo a la luz de una
semántica discursiva entendida como un movimiento que pone en escena la
significación de la experiencia objetiva, social y cultural a través de la
relación intersubjetiva. Los elementos del espacio referencial entran en un
proceso de significación sólo a partir de las relaciones dinámicas
intersubjetivas que se escenarizan en la unidad discursiva del intercambio
verbal. Tenemos entonces que la significación está relacionada, por un lado,
con la fusión del material lingüístico (o semiológico) con la actividad
situacional del intercambio verbal entre personas, y, por otro, el intercambio
verbal tiene una influencia decisiva en el proceso de generalización y de
construcción de los conceptos.
Una explicación basada en el proceso de generalización que interviene
en la construcción de los esquemas evenciales me parece más adecuada que
una explicación de existencia apriorística de éstos al lenguaje, o de una
acumulación de percepciones de evento. En este modelo el lenguaje en su
calidad de unidad discursiva intersubjetiva es el verdadero “culpable” de
la construcción de los esquemas.
A este nivel, debemos aceptar que nuestra comprensión es dialógica; que
la interacción verbal, dada su extraordinaria capacidad de adaptación a los
diferentes contextos y sentidos, es una construcción semántico-discursiva;
que el intercambio verbal en tanto que terreno común donde se lleva a cabo la
construcción de los diferentes espacios discursivos y esquemas conceptuales
es igualmente el lugar generador de una unidad de comprensión común.
Sólo la corriente
eléctrica de la
comunicación verbal transmite a la palabra la luz de su significación.
Bajtín
La
situación de enunciación como componente básico
para la construcción de la significación y del sentido
La situación
de enunciación se nos presenta entonces como el componente básico de una
teoría del lenguaje inscrita en la dimensión dialógica e interactiva.
Situación en la cual en y desde
el enunciado se instauran, se ponen en escena una serie de relaciones sociales
y de tensiones entre esas relaciones que van a determinar finalmente las
formas de manifestación textual y discursiva que tomará el enunciado.
La situación
de comunicación específica, el objetivo y el auditorio son aspectos que se
integran en la dinámica de semantización del enunciado. Un enunciado será
entonces no el resultado de dos sino de por lo menos tres sujetos enunciadores
(un triálogo) cuyas relaciones sociales de diferente intensidad en él se
manifiestan. La tonalidad, la intención y la expresividad que adquiera el
enunciado estará dando cuenta de los tipos de relación puestos en escena en
el enunciado. Estas relaciones sociales van a orientar las formas de
realización sintáctica y funcional que tomará el discurso.
Las relaciones
sociales entre los enunciadores se manifiestan en el enunciado desde tres
orientaciones:
1.
Desde
la postura activa del hablante/autor en relación con el oyente/lector, cuya
relación valorativa hará por una parte que el enunciado se impregne de una
entonación que evidenciará la manera como el hablante se asume en términos
de Enunciador y se manifiesta a través de una voz de autoridad, pedagogo o
científico, y por otra, que el enunciado instaure una imagen que el hablante
asigna en términos de Enunciatario al otro, en virtud de la actitud
responsiva anticipada del primero, lo cual evidencia la búsqueda de un
aliado, testigo o por el contrario un oponente. A la tensión que rige entre
los dos interlocutores se le denominaría Tonalidad predictiva.
2.
Desde
la postura activa del hablante con respecto al discurso ajeno, el Enunciado o
Tema, se establece una relación valorativa que se manifestará a través de
la posición que asuma el primero en términos de Enunciador con el enunciado
ajeno: una mirada de respeto, de sumisión, de odio, de crítica, de
engrandecimiento. A la tensión que rige entre el enunciador y el enunciado se
le denominaría Tonalidad apreciativa.
3.
Desde
la postura activa del mismo hablante/autor con respecto a sí mismo y sus
intenciones en relación tanto con el oyente/lector como con el
objeto/discurso ajeno, la relación valorativa implica una toma de posición
en términos de intención, la cual se manifiesta a través del punto de vista
asumido por el Enunciador con respecto a ambos y que se manifiesta a través
de un propósito o voz preferencial: convencer, informar, seducir, hacer
actuar, persuadir. A la tensión
que se instaura en el enunciador se le denominaría Tonalidad intencional.
Así, en todo
enunciado siempre se instaura una relación dinámica desde el presente de la
enunciación con unos enunciados anteriores ajenos y unos posibles
enunciados-réplicas posteriores. Las formas de organización discursiva de un
enunciado están entonces ligadas no sólo a las relaciones dinámicas que dan
indicios de una tonalidad sino a las relaciones dinámicas entre las tres
tonalidades. Por supuesto en un discurso se podrá enfatizar una
tonalidad más que la otra, pero esto no quiere decir que las otras
desaparezcan. Siempre estas relaciones sociales harán parte de la dinámica
estructural del enunciado.
Textualidad
y Discursividad: cohesión y coherencia
Las formas de
manifestación del enunciado se realizan a través de dos dimensiones
discursivas: la textualidad y la discursividad, la cohesión y la coherencia
respectivamente. Estas dos dimensiones de la construcción arquitectónica del
discurso estarán inextricablemente conectadas entre ellas por medio de la
dinámica relacional social que se instaura entre los tres enunciadores que
intervienen en el proceso de semantización del enunciado durante el acto
discursivo.

Ante la
dicotomía que en un momento dado reinó en los años 70 y 80 entre las dos
funciones principales del lenguaje, Widdowson (1979:147) propone un enfoque
integrativo en el que se articulan ambas: la función conceptual y la función
comunicativa del lenguaje. Esta
propuesta cobra hoy no solamente una importancia metodológica sino una
importancia teórica por cuanto permite mostrar, por un lado, la manera como
se manifiestan las formas de la lengua en la construcción de la textualidad
para dar cuenta de la significación del texto y, por el otro, la manera como
se organizan las funciones o actos de habla en la construcción de la
discursividad para dar cuenta del sentido del discurso. Estas dos dimensiones
que se actualizan en todo enunciado se interrelacionan entre sí a través de
una dinámica creativa de negociaciones de significado y de sentido en toda
ocasión de uso social del lenguaje, es decir, en toda práctica social
discursiva.
La textualidad
es una dimensión de carácter semántico a través de la cual se construyen
las relaciones de significado en el texto como un todo. La noción de
textualidad está ligada a la noción de cohesión que se refiere a la
identificación de los lazos y marcas formales que se utilizan para relacionar
una información nueva con una información vieja en el desarrollo
proposicional que se realiza a través del texto; así, un pronombre personal
como ella, es una marca formal que está estableciendo una relación
semántica con algo o alguien que
se ha mencionado con anterioridad y que permite llenar esta marca formal de
significado. La textualidad siempre estará al servicio de la construcción de
la discursividad en la búsqueda del sentido.
La
discursividad es una dimensión de carácter pragmático que permite
interpretar la manera como se construyen las relaciones de sentido en el
discurso. La discursividad estaría entonces ligada a la noción de
coherencia, la cual se refiere a la función que los contenidos del texto
están desempeñando en el discurso: dan información, amplían una
explicación, ejemplifican, definen, contradicen. La coherencia se refiere en
consecuencia a la manera como se realiza el desarrollo ilocutivo, la secuencia
de los actos de habla a través del discurso.
Para el logro
de los objetivos mencionados anteriormente, estudiaremos la manera como se
produce y organiza el discurso, la forma como las oraciones se entretejen para
mantener una continuidad textual y cómo éstas se utilizan para realizar
funciones comunicativas en el discurso.
Son pocas las
definiciones satisfactorias de lo que es “discurso”; la mayoría de los
lingüistas lo definen a partir de una descripción estructural y desde un
punto de vista metodológico. Es posible que tal dificultad se deba a la
conjunción, en el discurso, de innumerables factores de diversa índole:
psicológico, social, físico, filosófico, ideológico, etc. y existe en los
estudiosos del discurso el temor de no lograr una definición completa que no
descuide ningún aspecto.
La estructura
del discurso será determinada por las condiciones reales o supuestas a partir
de las cuales el discurso se realiza, es decir, sobre todo por la situación
social inmediata y el medio social más amplio; por el hecho de que procede de
alguien y se dirige a alguien. El discurso es en definitiva la actualización
e integración a través del lenguaje en uso de las relaciones sociales
existentes entre el locutor, el interlocutor y el enunciado y sus
correspondientes tensiones.
El texto está
formado por proposiciones que se relacionan entre sí por medio de lazos
formales explícitos que ayudan a determinar el significado del texto. Las
proposiciones a la vez realizan actos ilocutivos y estos actos también
establecen un desarrollo ilocutivo adecuado a la situación e intenciones del
hablante, determinando qué se hace y qué clase de comunicación se establece
mediante las proposiciones; o sea, cuál es el valor que toman tales
proposiciones: una descripción, una conclusión, una propuesta, etc.
Podemos
descifrar el significado de una expresión sin interpretar su valor
correctamente. Cuando hablamos de
significado nos referimos a lo que sería común a todas las expresiones de
una oración como: “son las tres y media”, es decir, al significado
referencial y a los lazos referenciales de significado que se establecen entre
los términos y las marcas formales a través del texto. Cuando hablamos de
valor nos referimos al sentido que toma la expresión realizada por unos
hablantes particulares en una situación particular: “¿por qué lo dice?,
¿ya se hizo tarde?”.
Veamos un
análisis más detallado:
Una expresión
como “son las tres y media” puede tomar en un momento dado el valor de
advertencia: “vístete rápido, ya vamos a salir”; de amenaza: “si no
estás lista me voy”, de consejo: “falta media hora, es mejor que empieces
a arreglarte”; de recuerdo: “es hora de tu programa favorito”.
Sólo con la
unión de significado y valor podemos lograr sentido completo.
Así,
considero que para poder dar cuenta del sentido discursivo es necesario partir
de los tres aspectos que intervienen en el funcionamiento discursivo:
(i)
el análisis del componente de base, de
la situación de enunciación inscrita en el discurso,
(ii)
el análisis de la textualidad en sus
diferentes niveles (microestuctura, desarrollo temático, macroestructura y
estructura semántica de los tipos de textos),
(iii) el análisis de la discursividad también en sus diferentes niveles (nivel enunciativo y puntos de vista que a su vez apoya el primer análisis, desarrollo ilocutivo o funcional, desarrollo argumentativo, organización superestructural).
Estos tres
niveles de funcionamiento discursivo se realizan simultáneamente en el
discurso y están íntimamente relacionados.
El objetivo fundamental de esta conferencia era mostrar que los esquemas
conceptuales son construcciones holísticas, graduales y consensuales de
naturaleza discursiva. Para
justificar esta hipótesis me apoyé en las investigaciones de Vygotski sobre
el desarrollo de los conceptos en el niño y, por otra parte, en la posición
teórica de Bajtín acerca de la fusión indisoluble del contexto social y del
enunciado. Esta posición me
permitió explicar el papel activo que juega la estructura semántica del
intercambio verbal, en su relación intersubjetiva, para la construcción semántica
de los esquemas conceptuales. A
partir de la puesta en relieve de la semántica del contexto determiné tres
tipos de espacios discursivos: evencial, social y cultural. Las nociones de
exotopía, alteridad, heterogeneidad y complementariedad, introducidas por
Bajtín en la dimensión dialógica del lenguaje, me sirvieron de punto de
partida. Por medio de una analogía
quise mostrar, y espero haberlo logrado, que la estructura de acción-proceso
del intercambio verbal es la estructura semiótica discursiva generadora de
los primeros esquemas conceptuales evenciales: acción, proceso/estado, acción-proceso
y fenómeno. Finalmente destaco la situación de enunciación como el
componente básico de una teoría de la significación inscrita en una dimensión
dialógica y propongo tres tipos de tonalidades (apreciativa, intencional y
expresiva) resultantes de la tensión existente en las relaciones sociales que
se generan entre los tres sujetos enunciadores. Destaco igualmente una doble
dimensión en la construcción discursiva: la textualidad y la discursividad,
la cohesión y la coherencia respectivamente.
La relación intersubjetiva del intercambio verbal es el punto central de la dimensión dialógica, en cuya unidad discursiva se realiza la metáfora del mundo.
[1]
Las formulaciones aquí
expuestas hacen parte de una
propuesta de modelo integral de la significación y de la construcción de
los esquemas de conocimiento presentada en mi Tesis Doctoral, JIMENEZ MARTÍNEZ
María Cristina (1991) Analyse du discours des manuels scolaires de
sciences ou la sémantique du social et la sémantique de la nature, un
écodiscours. Université de Paris XIII.
[2]
Citado en Aage Petersen (21985: 301).Niels Bohr, a
century volume. Harvard University Press.
[3]
Bakhtine en Todorov (1981) Le principe dialogique
suivi de Ecrits du cercle de Bakhtine. Editions du Seuil, Paris p. 33.
[4]
Bakhtine (1984:372)
Esthétique de la création verbale. Editions Gallimard, Paris.
[5]
Lévinas (1972) Humanisme de l'autre homme, citado
por Todorov (1981:50), Mikhaïl Bakhtine, le principe dialogique, suivi
de Ecrits du Cercle de Bakhtine. Éditions du Seuil, Paris.
[6]
Zavala Iris M.(1996) Bajtín y sus apócrifos. Edit. Anthropos,
biblioteca A. Puerto Rico.
[7]
Halliday M.A.K. (1978:1982) El
lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y
del significado. FCE. México.
[8]
MARTINEZ María Cristina (1995) “El
discurso como escenario del mundo”. Revista lenguaje No.19, Escuela
de Ciencias del Lenguaje, Universidad del Valle. Cali. Colombia.
[9]
Vygotski (1932:85/1962)
Pensée et langage. Messidor, Editions Sociales, Paris (La
traducción correcta sería Pensée et parole).
[10]
Bakhtine (1929/1984:48,74,139,148)
Esthétique de la création verbale. Editions Gallimard, Paris
[11]
Todorov (1981:67-92), Mikhaïl Bakhtine, le principe
dialogique, suivi de Ecrits du Cercle de Bakhtine. Éditions du Seuil,
Paris
[12]
o función dialógica.
[13]
Todorov (1981:50), Mikhaïl Bakhtine, le principe
dialogique, suivi de Ecrits du Cercle de Bakhtine. Éditions du Seuil,
Paris
[14]
Gran parte de estas propuestas se encuentran en Martínez,
María Cristina (1993) La semántica social y la semántica de la
naturaleza: un ecodiscurso, Ponencia presentada en IX Congreso de la
Asociación Internacional de Filología y Lingüística (ALFAL), Veracruz,
Méjico.
[15]
Ver MARTINEZ María Cristina (1995) “El discurso escrito, como base
fundamental de la educación y la polifonía del discurso pedagógico”, en
Revista Lenguaje Nª22. Escuela de Ciencias del Lenguaje, Universidad
del Valle, Cali, Colombia.
[16]
Nomenclatura tomada de Luis Angel Baena, revista Lenguaje Nos.17 y 24,
ECL, Universidad del Valle.