�Qu� debe ser un joven comunista?
Ernesto Che Guevara
Queridos compa�eros:
Una de las tareas m�s gratas de un revolucionario, es ir observando en el transcurso de los a�os de Revoluci�n c�mo se van formando, decantando y fortaleciendo las instituciones que nacieron al inicio de la Revoluci�n; c�mo se convierten en verdaderas instituciones con fuerza, vigor y autoridad entre las masas, aquellas organizaciones que empezaron en peque�a escala con muchas dificultades, con muchas indecisiones, y se fueron transformando, mediante el trabajo diario y el contacto con las masas, en pujantes representaciones del movimiento revolucionario de hoy.
La Uni�n de J�venes Comunistas tiene casi los mismos a�os que nuestra Revoluci�n, a trav�s de los distintos nombres que tuviera, a trav�s de las distintas formas de organizaci�n. Al principio fue una emanaci�n del Ej�rcito Rebelde. De all� quiz�s surgiera tambi�n su nombre. Era una organizaci�n ligada al ej�rcito para iniciar a la juventud cubana en las tareas masivas de la defensa nacional, que era el problema m�s urgente y el que precisaba de una soluci�n m�s r�pida.
En el antiguo Departamento de Instrucci�n del Ej�rcito Rebelde nacieron la Asociaci�n de J�venes Rebeldes y las Milicias Nacionales Revolucionarias. Despu�s adquirieron vida propia: esta �ltima la de una pujante formaci�n de pueblo armado, representante del pueblo armado y con categor�a propia, fundida con nuestro ej�rcito en las tareas de defensa. La otra, como una organizaci�n destinada a la superaci�n pol�tica de la juventud cubana.
Despu�s, cuando se fue consolidando la Revoluci�n y pudimos ya plantearnos las tareas nuevas que se ven en el horizonte sugiri� el compa�ero Fidel el cambio de nombre de esta organizaci�n. Un cambio de nombres que es toda una expresi�n de principios. La Uni�n de J�venes Comunistas, est� directamente orientada hacia el futuro. Est� vertebrada con vista al futuro luminoso de la sociedad socialista, despu�s de atravesar el camino dif�cil en que estamos ahora de la construcci�n de una sociedad nueva, en el camino del afianzamiento total de la dictadura de clase, expresada a trav�s de la sociedad socialista, para llegar finalmente a la sociedad sin clases, la sociedad perfecta, la sociedad que ustedes ser�n los encargados de construir, de orientar y de dirigir en el futuro.
Para ello, la Uni�n de J�venes Comunistas alza sus s�mbolos, que son los s�mbolos de todo el pueblo de Cuba: el estudio, el trabajo y el fusil.
Y en sus medallones se muestran dos de los m�s altos exponentes de la juventud cubana, muertos ambos tr�gicamente sin poder llegar a ver el resultado final de esta lucha en que todos estamos empe�ados: Julio Antonio Mella y Camilo Cienfuegos.
En este segundo aniversario, en esta hora de construcci�n febril, de preparativos constantes para la defensa del pa�s, de preparaci�n t�cnica y tecnol�gica acelerada al m�ximo, debe plantearse siempre, y ante todo, el problema de que es y que debe ser la Uni�n de J�venes Comunistas.
La Uni�n de J�venes Comunistas tiene que definirse con una sola palabra: vanguardia. Ustedes, compa�eros, deben ser la vanguardia de todos los movimientos. Los primeros en estar dispuestos para los sacrificios que la revoluci�n demande, cualquiera que sea la �ndole de esos sacrificios. Los primeros en el trabajo. Los primeros en el estudio. Los primeros en la defensa del pa�s.
Y plantearse esta tarea no s�lo como la expresi�n total de la juventud de Cuba, no s�lo como una tarea de grandes masas vertebradas en una instituci�n, sino como las tareas diarias de cada uno de los integrantes de la Uni�n de J�venes Comunistas. Para ello, hay que plantearse tareas reales y concretas, tareas de trabajo cotidiano que no pueden admitir el m�s m�nimo desmayo.
La tarea de la organizaci�n debe estar constantemente unida a todo el trabajo que se desarrolle en la Uni�n de J�venes Comunistas. La organizaci�n es la clave que permite atenazar las iniciativas que surgen de los l�deres de la Revoluci�n, las iniciativas que plantea en reiteradas oportunidades nuestro Primer Ministro, y las iniciativas que surgen del seno de la clase obrera, que deben transformarse tambi�n en directivas precisas, en ideas precisas para la acci�n subsiguiente.
Si no existe la organizaci�n, las ideas, despu�s del primer momento de impulso, van perdiendo eficacia, van cayendo en la rutina, van cayendo en el conformismo, y acaban por ser simplemente un recuerdo.
Hago esta advertencia porque muchas veces en este corto y, sin embargo, tan rico per�odo de nuestra Revoluci�n, muchas grandes iniciativas han fracasado, han ca�do en el olvido por la falta del aparato organizativo necesario para poder sustentarlas y llevarlas a buen fin.
Al mismo tiempo, todos y cada uno de ustedes deben tener presente que ser joven comunista, pertenecer a la Uni�n de J�venes Comunistas, no es una gracia que alguien les concede, ni es una gracia que ustedes conceden al Estado o a la Revoluci�n. Pertenecer a la Uni�n de J�venes Comunistas debe ser el m�s alto honor de un joven de la sociedad nueva. Debe ser un honor por el que luchen en cada momento de su existencia. Y, adem�s, el honor de mantenerse y mantener en alto el nombre individual dentro del gran nombre de la Uni�n de J�venes Comunistas. Debe ser un empe�o constante tambi�n.
En esta forma avanzaremos a�n m�s r�pidamente. Acostumbr�ndonos a pensar como masa, a actuar con las iniciativas que nos brinda la gran iniciativa de la masa obrera y las iniciativas de nuestros m�ximos dirigentes; y, al mismo tiempo, actuar siempre como individuos, permanentemente preocupados de nuestros propios actos, permanentemente preocupados de que nuestros actos no manchen nuestro nombre ni el nombre de la asociaci�n a que pertenecemos.
Despu�s de dos a�os podemos recapitular y observar cu�les han sido los resultados de esta tarea. Y hay enormes logros en la vida de la Uni�n de J�venes Comunistas.
Uno de los m�s importantes, de los m�s espectaculares, ha sido el de la defensa.
Los j�venes que primero -algunos de ellos-, subieron los cinco picos del Turquino; los que se enrolaron en una serie de organizaciones militares, todos los que empu�aron el fusil en los momentos de peligro estuvieron prestos a defender la Revoluci�n en cada uno de los lugares donde se esperaba la invasi�n o la acci�n enemiga.
A los j�venes de Playa Gir�n les cupo el alt�simo honor de poder defender all� a nuestra Revoluci�n, defender all� las instituciones que hemos creado a fuerza de sacrificio, los logros que todo el pueblo ha conseguido en a�os de lucha; toda nuestra Revoluci�n se defendi� all� en setenta y dos horas de lucha.
La intenci�n del enemigo era crear una cabeza de playa suficientemente fuerte, con un aeropuerto dentro, que permitiera hostilizar todo nuestro territorio, bombardearlo inmisericordemente, convertir nuestras f�bricas en cenizas, reducir a polvo nuestros medios de comunicaci�n, arruinar nuestra agricultura. En una palabra: sembrar el caos en nuestro pa�s. La acci�n decidida de nuestro pueblo liquid� la intentona imperialista en s�lo setenta y dos horas.
J�venes que a�n eran ni�os, se cubrieron de gloria. Algunos est�n hoy aqu� como exponentes de esa juventud heroica, y de otros nos queda por lo menos su nombre como recuerdo, como acicate para nuevas batallas, que habr� que dar, para nuevas actitudes heroicas frente al ataque imperialista.
En el momento en que la defensa del pa�s era la tarea m�s importante la juventud estuvo presente. Hoy la defensa del pa�s sigue ocupando el primer lugar en nuestros deberes. Pero no debemos olvidar que la consigna que gu�a a los J�venes Comunistas est� �ntimamente unida entre s�: no puede haber defensa del pa�s solamente en el ejercicio de las armas, prestos a la defensa, sino que, adem�s debemos defender el pa�s construy�ndolo con nuestro trabajo y preparando los nuevos cuadros t�cnicos para acelerar su desarrollo en los a�os venideros. Ahora esta tarea adquiere una importancia enorme y est� a la misma altura que la del ejercicio directo de las armas.
Cuando se plantearon problemas como estos la juventud dijo presente una vez m�s. Los j�venes brigadistas respondiendo al llamamiento de la Revoluci�n, invadieron todos los rincones del pa�s. Y as�, en pocos meses y en batalla muy dura -donde hubo incluso m�rtires de la Revoluci�n, m�rtires de la educaci�n-, pudimos anunciar una situaci�n nueva en Am�rica: la de que Cuba era el territorio libre de analfabetismo en Am�rica.
El estudio a todos los niveles es tambi�n hoy una tarea de la juventud. El estudio mezclado con el trabajo, como en los casos de los j�venes estudiantes que est�n recogiendo caf� en Oriente, que utilizan sus vacaciones para recoger un grano tan importante en nuestro pa�s, para nuestro comercio exterior, para nosotros, que consumimos una gran cantidad de caf� todos los d�as. Esta tarea es similar a la de la alfabetizaci�n. Es una tarea de sacrificio que se hace alegremente, reuni�ndose los compa�eros estudiantes -una vez m�s- en las monta�as de nuestro pa�s para llevar all� su mensaje revolucionario.
Son muy importantes esas tareas porque dentro de ellas la Uni�n de J�venes Comunistas, los j�venes comunistas no solamente dan. Reciben, y en algunos casos m�s de lo que dan: adquieren experiencias nuevas, una nueva experiencia del contacto humano, nuevas experiencias de c�mo viven nuestros campesinos, de c�mo es el trabajo y la vida en los lugares m�s apartados, de todo lo que hay que hacer para elevar aquellas regiones al mismo nivel que los lugares m�s habitables del campo y las ciudades. Adquieren experiencia y madurez revolucionarias.
Los compa�eros que pasan por aquellas tareas de alfabetizar o recoger caf�, en contacto directo con nuestro pueblo ayud�ndolo lejos de sus hogares reciben -puedo afirmarlo- m�s aun de lo que dan, �y lo que dan es mucho!
Esta es la forma de educaci�n que mejor cuadra a una juventud que se prepara para el comunismo: la forma de educaci�n en la cual el trabajo pierde la categor�a de obsesi�n que tiene en el mundo capitalista y pasa a ser un grato deber social, que se realiza con alegr�a, que se realiza al son de c�nticos revolucionarios, en medio de la camarader�a m�s fraternal, en medio de contactos humanos que vigorizan a unos y otros, y a todos elevan.
Adem�s, la Uni�n de J�venes Comunistas ha avanzado mucho en su organizaci�n. De aquel d�bil embri�n que se formara como ap�ndice del Ej�rcito Rebelde, a esta organizaci�n de hoy, hay una gran diferencia. Por todas partes, en todos los centros de trabajo, en todos los organismos administrativos, en todos los lugares donde puedan ejercer su acci�n, all� hay j�venes comunistas y all� est�n trabajando para la Revoluci�n.
El avance organizativo debe ser considerado tambi�n como un logro importante de la Uni�n de J�venes Comunistas.
Sin embargo, compa�eros, en este camino dif�cil ha habido muchos problemas, ha habido dificultades grandes, ha habido errores groseros, y no siempre hemos podido superarlos. Es evidente que la Uni�n de J�venes Comunistas, como organismo menor, como hermano menor de las Organizaciones Revolucionarias Integradas, tiene que beber all� de las experiencias de los compa�eros que han trabajado m�s en todas las tareas revolucionarias, y debe escuchar siempre -con respeto - la voz de esa experiencia.
Pero la juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una anomal�a, realmente. Y a la Uni�n de J�venes Comunistas le ha faltado un poco de esp�ritu creador. Ha sido, a trabes de su dirigencia, demasiado d�cil, demasiado respetuosa y poco decidida a plantearse problemas propios.
Hoy se est� rompiendo eso. El compa�ero Joel nos hablaba de las iniciativas de los trabajos en las granjas. Son ejemplos de como se empieza a romper la dependencia total - que se convierte en absurda - de un organismo mayor, como se empieza a pensar con la propia cabeza.
Pero es que nosotros, y nuestra juventud con todos nosotros, esta convaleciente de una enfermedad que, afortunadamente, no fue muy larga, pero que influy� mucho en el retraso del desarrollo de la profundizaci�n ideol�gica de nuestra Revoluci�n. Estamos todos convalecientes de ese mal, llamado sectarismo.
�A qu� condujo el sectarismo? Condujo a la copia mec�nica, a los an�lisis formales, a la separaci�n entre la dirigencia y las masas. Incluso en nuestra Direcci�n Nacional, y el reflejo directo se produjo aqu�, en la Uni�n de J�venes Comunistas.
Si nosotros - tambi�n desorientados por el fen�meno del sectarismo - no alcanz�bamos a recibir la voz del pueblo, que es la voz m�s sabia y m�s orientadora, si no alcanz�bamos a recibir las palpitaciones del pueblo para poder transformarlas en ideas concretas, en directivas precisas, mal podr�amos dar esas directivas a la Uni�n de J�venes Comunistas. Y como la dependencia era absoluta, como la docilidad era muy grande, la Uni�n de J�venes Comunistas navegaba como un peque�o barquito al garete, dependiendo del gran barco: nuestras Organizaciones Revolucionarias, que tambi�n estas marchaban al garete.
Aqu� se produc�an iniciativas peque�as, que era lo �nico capaz de producir la Uni�n de J�venes Comunistas, las cuales se transformaban a veces en slogans groseros, en evidentes manifestaciones faltas de profundidad ideol�gica.
El compa�ero Fidel hizo serias criticas de extremismos y de expresiones, algunas tan conocidas por todos ustedes como: "la ORI es la candela...";, "somos socialistas, p'adelante y p'alante...".; Todas aquellas cosas que criticara Fidel, y que ustedes conocen bien, eran el reflejo del mal que gravaba nuestra Revoluci�n.
Hemos salido de esa etapa. La hemos liquidado totalmente, pero, sin embargo, los organismos van siempre un poco m�s lentamente. Es como un mal que hubiera tenido inconsciente a una persona Cuando el mal cede, el cerebro recupera la claridad mental, pero todav�a los miembros no coordinan bien sus movimientos. Los primeros d�as despu�s de levantarse del lecho el andar es inseguro y poco a poco se va adquiriendo la nueva seguridad. En ese camino estamos nosotros.
As� debemos definir y analizar objetivamente todos nuestros organismos para seguir limpiando. Saber, para no caernos, para no tropezar e irnos al suelo; conocer nuestras debilidades para aprender a resolverlas, conocer nuestras flaquezas para liquidarlas y adquirir m�s fuerza.
Esa falta de iniciativa propia se debe al desconocimiento, durante un buen tiempo, de la dial�ctica que mueve los organismos de masas y al olvido de que los organismos como la Uni�n de J�venes Comunistas no pueden ser simplemente de direcci�n, no pueden ser algo que constantemente mande directivas hacia las bases y que no reciba nada de ellas.
Se pensaba que la Uni�n de J�venes Comunistas y todas las organizaciones de Cuba eran organizaciones de una sola l�nea. Una sola l�nea que iba desde la cabeza hacia las bases, pero que no ten�a un cable de retorno que trajera la comunicaci�n de las bases. Un doble y constante intercambio de experiencias, de ideas, de directivas, que vienen a ser las m�s importantes, las que hicieran centrar el trabajo de nuestra juventud.
Al mismo tiempo se pod�an recoger los puntos en que estuviera m�s flojo el trabajo, los puntos donde se flaqueara m�s.
Nosotros vemos todav�a c�mo los j�venes, h�roes de novelas casi, que pueden entregar su vida cien veces por la Revoluci�n, que se les llama para cualquier tarea concreta y espor�dica, y marchan en masa hacia ellas. Sin embargo a veces faltan a su trabajo porque ten�an una reuni�n de la Uni�n de J�venes Comunistas, o porque se acostaron tarde la noche anterior, discutiendo alguna iniciativa de los J�venes Comunistas, o simplemente no van al trabajo porque no, sin causa justificada.
Cuando se observa una brigada de trabajo voluntario donde se supone que est�n los J�venes Comunistas en muchos casos no los hay. No hay uno. El dirigente ten�a que ir a una reuni�n, el otro estaba enfermo, el de m�s all� no se hab�a enterado bien. Y el resultado es que la actitud fundamental, la actitud de vanguardia del pueblo, la actitud de ejemplo viviente que conmueve y lleva adelante a todo el mundo - como hicieron los j�venes de Playa Gir�n -, esa actitud no se repite en el trabajo. La seriedad que debe tener la juventud de hoy para afrontar los grandes compromisos - y el compromiso mayor es la construcci�n de la sociedad socialista - no se refleja en el trabajo concreto.
Hay debilidades grandes y hay que trabajar sobre ellas. Trabajar organizando, trabajar puntualizando el lugar donde duele, el lugar donde hay debilidades que corregir, y trabajar sobre cada uno de ustedes para poner bien claro en sus conciencias que no puede ser buen comunista aquel que solamente piensa en la Revoluci�n cuando llega el momento del sacrificio, del combate, la aventura heroica, de lo que se sale de lo vulgar y de lo cotidiano y, sin embargo, en el trabajo es mediocre o menos que mediocre.
�C�mo puede ser eso, si ustedes reciben ya el nombre de J�venes Comunistas, el nombre que nosotros, como organizaci�n dirigente, partido dirigente, todav�a no tenemos? Ustedes que tienen que construir un futuro en el cual el trabajo ser� la dignidad m�xima del hombre, el trabajo ser� un deber social, un gusto que se da el hombre, donde el trabajo ser� creador al m�ximo y todo el mundo deber� estar interesado en su trabajo y en el de los dem�s, en el avance de la sociedad, d�a a d�a.
�C�mo puede ser que ustedes que ya hoy tienen ese nombre, desde�an el trabajo? Ah� hay una falla. Una falla de organizaci�n, de esclarecimiento, de trabajo. Una falla adem�s, humana. A todos nosotros -a todos, yo creo- nos gusta mucho m�s aquello que rompe la monoton�a de la vida, aquello que de pronto, una vez cada cierto tiempo lo hace pensar a uno en su propio valor, en el valor que tiene dentro de la sociedad.
Y me imagino el orgullo de aquellos compa�eros que estaban en una "cuatro bocas", por ejemplo, defendiendo su patria de los aviones yanquis, y de pronto a alguien le tocaba la suerte de ver que sus balas alcanzaban un avi�n enemigo. Evidentemente es el momento m�s feliz en la vida de un hombre. Eso nunca se olvida. Nunca lo olvidar�n los compa�eros a los que les toc� vivir esa experiencia.
Pero nosotros tenemos que defender nuestra Revoluci�n, la que estamos haciendo todos los d�as. Y para poder defenderla, hay que ir construy�ndola, fortific�ndola con ese trabajo que hoy no le gusta a la juventud, o que, por lo menos considera como el �ltimo de sus deberes, porque conserva todav�a la mentalidad antigua, la mentalidad, proveniente del mundo capitalista, o sea que el trabajo es, si, un deber, es una necesidad, pero un deber y una necesidad tristes.
�Por qu� ocurre esto? Porque todav�a no le hemos dado al trabajo su verdadero sentido. No hemos sido capaces de unir al trabajador con el objeto de su trabajo. Y al mismo tiempo, de impartirle al trabajador conciencia de la importancia que tiene el acto creativo que d�a a d�a realiza.
El trabajador y la m�quina, el trabajador y el objeto sobre el que se ejerce el trabajo son dos cosas diferentes y antag�nicas. Y ah� hay que trabajar, para ir formando nuevas generaciones que tengan el inter�s m�ximo en, trabajar y sepan encontrar en el trabajo una fuente permanente y constantemente cambiante de nuevas emociones. Hacer del trabajo algo creador, algo nuevo.
Ese es quiz�s el punto m�s flojo de nuestra Uni�n de J�venes Comunistas. Hoy por eso recalco este punto, y en medio de la alegr�a de festejar esta fecha aniversario, vuelvo a poner la peque�a gota de amargura para tocar el punto sensible, para llamar a la juventud a que reaccione.
Hoy nos pas� en una asamblea en que se discut�a la emulaci�n en el Ministerio. Muchos de ustedes probablemente ya hayan discutido la emulaci�n en sus centros de trabajo y hayan le�do un tremendo papel que esta circulando. Pero �cu�l es el problema de la emulaci�n, compa�eros? El problema es que la emulaci�n no puede regirse, por papeles que la reglamenten, la ordenen y le den un molde. El reglamento y el molde son necesarios para poder comparar despu�s el trabajo de la gente entusiasta que est� emulando.
Cuando dos compa�eros empiezan a emular, cada uno en una m�quina para construir m�s, despu�s de un tiempo empiezan a sentir la necesidad de alg�n reglamento para, determinar cu�l de los dos produce m�s en su m�quina: de la calidad del producto, de la cantidad, de las horas de trabajo, la forma en que queda la m�quina despu�s, c�mo la han atendido... Muchas cosas. Pero si en vez de tratarse de dos compa�eros que efectivamente emulan y a los cuales nosotros vamos a darles un reglamento, aparece un reglamento para otros dos que est�n pensando en que llegue la hora para irse, a su casa, �para qu� sirve el reglamento, qu� funci�n cumple?
En muchas cosas estamos trabajando con reglamento y haciendo el molde para algo que no existe. El molde tiene que tener un contenido, el reglamento tiene que ser en estos casos, lo que defina y limite una situaci�n ya creada. El reglamento debiera ser el resultado de la emulaci�n llevada a cabo an�rquicamente si quieren, s�, pero entusiasta, desbordante por todos los centros de trabajo de Cuba. Autom�ticamente surgir�a la necesidad de reglamentar, de hacer una emulaci�n con reglamentos.
As� hemos tratado muchos problemas, as� hemos sido formales en el tratamiento de muchas cosas. Y cuando en esa asamblea pregunt� por qu� no hab�a estado, o cu�ntas veces hab�a estado el secretario de los J�venes Comunistas, supe que hab�a estado alguna vez, pocas, y que los J�venes Comunistas no hab�an estado.
Pero en el curso de la asamblea, discutiendo estos problemas y otros, los J�venes Comunistas, el n�cleo, la Federaci�n de Mujeres y los Comit�s de Defensa y el Sindicato, naturalmente, se llenaron de entusiasmo. Por lo menos se llenaron de un rescoldo interno, de amargura, de un deseo de mejorar, un deseo de demostrar que eran capaces de hacer aquello que no se ha hecho: mover a la gente. Entonces, de pronto, todos se comprometieron a hacer que el Ministerio completo emulara en todos los niveles, a discutir el reglamento, despu�s de establecer las emulaciones, y a venir dentro de quince d�as a presentar ya todo un hecho concreto, con todo el Ministerio emulando entre s�.
Ya all� hay movilizaci�n. La gente ya ha comprendido y ha sentido internamente -porque cada compa�ero de esos es un gran compa�ero- que hab�a algo flojo en su trabajo. Se ha llenado de dignidad herida y ha ido a resolver. Eso es lo que hay que hacer. Acordarse de que el trabajo es lo m�s importante. Perd�nenme si insisto una y otra vez, pero es que sin trabajo no hay nada. Toda la riqueza del mundo, todos los valores que tiene la humanidad, son nada m�s que trabajo acumulado. Sin eso no puede existir nada. Sin el trabajo extra que se da para crear m�s excedentes para nuevas f�bricas, para nuevas instalaciones sociales el pa�s no avanza. Y por m�s fuertes que sean nuestros ej�rcitos estaremos siempre con un ritmo lento de crecimiento, y hay que romper eso, romper con todos los viejos errores, manifestarlos a la luz p�blica, analizarlos en cada lugar, y entonces, corregirlos.
Quiero plantear ahora, compa�eros, cu�l es mi opini�n, la visi�n de un dirigente nacional de las ORI, de lo que debe ser un joven comunista, a ver si estamos de acuerdo todos.
Yo creo que lo primero que debe caracterizar a un joven comunista es el honor que siente por ser joven comunista. Ese honor que le lleva a mostrar ante todo el mundo su condici�n de joven comunista, que no lo vuelca en la clandestinidad, que no lo reduce a f�rmulas, sino que lo expresa en cada momento, que le sale del esp�ritu, que tiene inter�s en demostrarlo porque es su s�mbolo de orgullo.
Junto a eso, un gran sentido del deber hacia la sociedad que estamos construyendo, con nuestros semejantes como seres humanos y con todos los hombres del mundo.
Eso es algo que debe caracterizar al joven comunista. Al lado de eso, una gran sensibilidad ante todos los problemas, gran sensibilidad frente a la injusticia; esp�ritu inconforme cada vez que surge algo que esta mal, lo haya dicho quien lo haya dicho. Plantearse todo lo que no se entienda; discutir y pedir aclaraci�n de lo que no est� claro; declararle la guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismo. Estar siempre abierto para recibir las nuevas experiencias, para conformar la gran experiencia de la humanidad, que lleva muchos a�os avanzando por la senda del socialismo, a las condiciones concretas de nuestro pa�s, a las realidades que existen en Cuba: y pensar -todos y cada uno- como ir cambiando la realidad, como ir mejor�ndola.
El joven comunista debe proponerse ser siempre el primero en todo, luchar por ser el primero, y sentirse molesto cuando en algo ocupa otro lugar. Luchar por mejorar, por ser el primero. Claro que no todos pueden ser el primero, pero s� estar entre los primeros, en el grupo de vanguardia. Ser un ejemplo vivo, ser el espejo donde se miren los compa�eros que no pertenezcan a las juventudes comunistas, ser el ejemplo donde puedan mirarse los hombres y mujeres de edad m�s avanzada que han perdido cierto entusiasmo juvenil, que han perdido la fe en la vida y que ante el est�mulo del ejemplo reaccionan siempre bien. Esa es otra tarea de los j�venes comunistas.
Junto a eso, un gran esp�ritu de sacrificio, un esp�ritu de sacrificio no solamente para las jornadas heroicas, sino para todo momento. Sacrificarse para ayudar al compa�ero en las peque�as tareas, para que pueda as� cumplir su trabajo, para que pueda cumplir con su deber en el colegio, en el estudio, para que pueda mejorar de cualquier manera. Estar siempre atento a toda la masa humana que lo rodea.
Es decir: se plantea a todo joven comunista ser esencialmente humano, ser tan humano que se acerque a lo mejor de lo humano, purificar lo mejor del hombre por medio del trabajo, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos los pueblos del mundo, desarrollar al m�ximo la sensibilidad hasta sentirse angustiado cuando se asesina a un hombre en cualquier rinc�n del mundo y para sentirse entusiasmado cuando en alg�n rinc�n del mundo se alza una nueva bandera de libertad.
El joven comunista no puede estar limitado por las fronteras de un territorio: el joven comunista debe practicar el internacionalismo proletario y sentirlo como cosa propia. Acordarse, como debemos acordarnos nosotros, aspirantes a comunistas aqu� en Cuba, que somos un ejemplo real y palpable para toda nuestra Am�rica, y m�s a�n que para nuestra Am�rica, para otros pa�ses del mundo que luchan tambi�n en otros continentes por su libertad, contra el colonialismo, contra el neocolonialismo, contra el imperialismo, contra todas las formas de opresi�n de los sistemas injustos; acordarse siempre de que somos una antorcha encendida, de que nosotros todos somos el mismo espejo que cada uno de nosotros individualmente es para el pueblo de Cuba, y somos ese espejo para que se miren en �l los pueblos de Am�rica, los pueblos del mundo oprimido que luchan por su libertad. Y debemos ser dignos de ese ejemplo. En todo momento y a toda hora debemos ser dignos de ese ejemplo.
Eso es lo que nosotros pensamos que debe ser un joven comunista. Y si se nos dijera que somos casi unos rom�nticos, que somos unos idealistas inveterados, que estamos pensando en cosas imposibles, y que no se puede lograr de la masa de un pueblo el que sea casi un arquetipo humano, nosotros tenemos que contestar, una y mil veces que si, que s� se puede, que estamos en lo cierto, que todo el pueblo puede ir avanzando, ir liquidando las peque�eces humanas, como se han ido liquidando en Cuba en estos cuatro a�os de Revoluci�n; ir perfeccion�ndose como nos perfeccionamos todos d�a a d�a, liquidando intransigentemente a todos aquellos que se quedan atr�s, que no son capaces de marchar al ritmo que marcha la Revoluci�n cubana. Tiene que ser as�, debe ser as�, y as� ser�, compa�eros. Ser� as�, porque ustedes son j�venes comunistas, creadores de la sociedad perfecta, seres humanos destinados a vivir en un mundo nuevo de donde habr� desaparecido definitivamente todo lo caduco, todo lo viejo, todo lo que represente la sociedad cuyas bases acaban de ser destruidas.
Para alcanzar eso hay que trabajar todos los d�as. Trabajar en el sentido interno de perfeccionamiento, de aumento de los conocimientos, de aumento de la comprensi�n del mundo que nos rodea. Inquirir y averiguar y conocer bien el porqu� de las cosas y plantearse siempre los grandes problemas de la humanidad como problemas propios.
As�, en un momento dado, en un d�a cualquiera de los a�os que vienen -despu�s de pasar muchos sacrificios, s�, despu�s de habernos visto quiz� muchas veces al borde de la destrucci�n-, despu�s de haber visto quiz� c�mo nuestras f�bricas son destruidas y de haberlas reconstruido nuevamente, despu�s de asistir al asesinato, a la matanza de muchos de nosotros y de reconstruir lo que sea destruido, al fin de todo esto, un d�a cualquiera, casi sin darnos cuenta, habremos creado, junto con los otros pueblos del mundo, la sociedad comunista, nuestro ideal.
Compa�eros, hablarle a la juventud es una tarea muy grande. Uno se siente en ese momento capaz de transmitir algunas cosas y siente la comprensi�n de la juventud. Hay muchas cosas que quisiera decir de todos nuestros esfuerzos, nuestros afanes; de c�mo, sin embargo, muchos de ellos se rompen ante la realidad diaria y como hay que volver a iniciarlos. De los momentos de flaqueza y de c�mo el contacto con el pueblo -con los ideales y la pureza del pueblo- nos infunde nuevo fervor revolucionario.
Habr�a muchas cosas de que hablar. Pero tambi�n tenemos que cumplir con nuestros deberes. Y aprovecho para explicarles por qu� me despido de ustedes, con toda mala intenci�n si ustedes quieren. Me despido de ustedes, porque voy a cumplir con mi deber de trabajador voluntario a una textilera; all� estamos trabajando desde hace ya alg�n tiempo. Estamos emulando con la Empresa Consolidada de Hilados y Tejidos Planos que trabaja en otra textilera y estamos emulando con la Junta Central de Planificaci�n, que trabaja en otra textilera.
Quiero decirles, honestamente, que el Ministerio de Industrias va �ltimo en la emulaci�n, que tenemos que hacer un esfuerzo mayor, m�s grande, repetido constantemente, para avanzar, para poder cumplir aquello que nosotros mismos decimos de ser los mejores, de aspirar a ser los mejores, porque nos duele ser los �ltimos en la emulaci�n socialista.
Sucede, simplemente, que aqu� ha ocurrido lo mismo que les ha ocurrido a muchos de ustedes: la emulaci�n es fr�a, un poco inventada, y no hemos sabido entrar en contacto directo con la masa de trabajadores de la industria. Ma�ana tendremos una asamblea para discutir esos problemas y para tratar de resolverlos todos, de buscar los puntos de uni�n, de establecer un lenguaje com�n de una identidad absoluta entre los trabajadores de esa industria y nosotros los trabajadores del Ministerio. Y despu�s de logrado eso, estoy seguro de que aumentaremos mucho los rendimientos all� y que podremos, por lo menos, luchar honorablemente por los primeros lugares.
En todo caso, en la pr�xima asamblea el a�o que viene les contaremos el resultado. Hasta entonces.
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