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| CUANDO ME SO�� LA REVOLUCI�N | ||||||||||
| ����������� Cuando me so�� la revoluci�n, el polvo se me hizo estrellas y la gente soleada que llevaba siglos de mentiras y de olvidos, bebi� en mis ojos de guerrera, la infinidad del abrazo. Fueron las ganas que el silencio resignado no termin� de guardar en las llagas de los espejos de los pueblos salobres. Y entonces, una cosquilla de p�jaros, rode� mi cuerpo adolescente, y cada mont�culo, y cada pared, y el asfalto caliente, manifestaron la candidez del discurso en las palabras arrinconadas de los oprimidos. | ||||||||||
| ����������� Mi garganta, mi cuatro� callejero, mis medias tobilleras, mis libros agitados, los tachones de una falda vino tinto� te�ida de urgencias desataron la rebeli�n y la algarab�a. | ||||||||||
| ����������� No le daba nombre a estos sue�os. Como �yo andaba as�, despabilada, inventando las pasiones que pudieran romper la oscurana impuesta a golpe de golpes. No imagin� que se nombrara la vida. Ni que costara so�arla. �Qui�n pagaba las ventanas de los �rboles y la lluvia bendecida por� los semerucos? �Qui�n le preguntaba a la ventolina paraguanera de d�nde ven�a ni a d�nde iba?� �Qui�n se embolsillaba el oleaje del Cabo San Rom�n?� �Qui�n compraba la� nobleza de mi perro Sult�n retozando y yo, acariciando el cari�o de su cola de palmera?� Desde entonces ya so�aba la revoluci�n y no lo sab�a. | ||||||||||
| ����������� Hasta que un d�a, me dieron no s� cu�ntos latigazos en el alma - porque no estaba de moda la crucifixi�n- por andar caminando a toda protesta �por las calles de la ciudad. Por la arepa inexistente del comedor, por la biblioteca exigua de libros y saturada de telara�as, por la camisa obsesiva "por dentro", mientras el hambre se com�a los ojos de mis compa�eros. Por las muelas cariadas y un servicio m�dico inservible. Por la brujer�a que idiotizaba al mundo, y bueno, la revoluci�n sacudi� mis ruinas rabiosas. Y como nunca fui pobre de revoluci�n, por andar dibujando salidas, no han conseguido la forma de sac�rmela de los huesos. | ||||||||||
| ����������� Cuando la revoluci�n nos so��,� arrastraron sin piedad a mis hermanos y� nos los entregaron como cad�veres torturados hasta el cansancio in�til, para sacarles la revoluci�n de la sangre y quemarles las miradas que le�an a Marx, a Bol�var, al Ch�, a Fidel...� o para apagarles el sonido de Al� Primera, �de �V�ctor Jara, de �Glor�a Mart�n, �de Los Guaraguao, de Atahualpa Yupanqui... �de las voces de los pueblos insurrectos. �������� Pero como no �ramos pobres de revoluci�n, que es la pobreza m�s �ngrima,� guardamos las historias de los juntos para alegrar la eternidad que nos aguarda.�� � |
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| ����������� Los que dejaron de so�ar, envejecieron. Se hicieron de la vista gorda, rompieron sus corazones y se encarcelaron en aquelarres. Llegaron a vomitar mon�logos de n�meros por las pantallas de los televisores y juraban que la gente les cre�a la verborrea. Se llenaron de mansiones, adornos y rejas. Por all� andan envidiosos, poni�ndole celadas� a la certeza de los que sacuden el dolor de los excluidos. En ellos lo so�ado, �huy� a otras ternuras. | ||||||||||
| ����������� Y como las ternuras no pueden morir de encierro, se volvieron banderas� ��de luchas �para un continente desesperado de piqueteros, de marchas ind�genas, de �in�ditos levantamientos campesinos, de insurgencias obreras totales que enloquecen a los intelectuales, que desarman a los estadistas, que asaltan las ganancias de los financistas �y derrocan politiqueros. � | ||||||||||
| ����������� Porque como no �ramos pobres de amor, la revoluci�n so�� con nosotros una manifestaci�n de pisadas, de gente movi�ndose para que las l�grimas se airearan en el nosotros, liberador de soledades. | ||||||||||
| ����������� Cuando la revoluci�n so�� al mundo,� Dios asisti� a la Asamblea Popular como otro m�s, �y en medio de los abrazos de bienvenida, se le aguaran los ojos, porque el amor entre los que menos ten�an hab�a crecido en justicia, en solidaridad, en encuentros. ����� Se dio cuenta que un monstruo de oscuridad desesperada,� lanzaba campa�as tenebrosas que surt�an efecto� en los solitarios, en los soberbios muriendo de ajeno. Y una y mil veces, les invit� a dialogar en el coro de los muchos, pero como eran ricos en privilegios y pobres en libertad, insultaron a Dios y no entraron. Hay banquetas� en la Asamblea Popular que les pertenece, chorreando tristezas. |
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| ����������� Y como la revoluci�n es un sue�o largo que invita a todo el mundo a su fiesta, se la pasa merodeando a los amantes y� les coquetea en la revoluci�n de los besos, para so�arlos so��ndoles hijos a la vida. | ||||||||||
| ����������� Es as� como no somos pobres de infinitos. Y aunque el porvenir invente otras palabras y conjuguen otros verbos, este cuento se �auto escribir� en los sue�os que esperan por nacer. | ||||||||||
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| LA CHICHE MANAURE | ||||||||||
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