Cantar para que no oscurezca
Cantar para que se mantenga florecida la pile de la esperanza.
Cantar, hermano chileno. Con ese canto tuyo y nuestro:
Con la dureza de las manos callosas del minero� que hoy siente m�s oscuro el socav�n.
Dulcemente� tierno como Violeta misma; como la misma� Gabriela. Valiente como V�ctor; acribillado con su guitarra �a las bestias asesinas, esperanzado: "...alg�n d�a se abrir�n las grandes alamedas..."
Esencialmente humano como el pueblo mismo. Cuyo ancestral amor por la libertad se acrisola en la lucha.
Sabemos que hace falta algo m�s consistente que el canto solo. Pero si se origina del pueblo, cuyo pecho florece en el combate; entonces ese canto es un hermoso aliado de los brazos que se alzan. Es otro pu�o que golpea. Es el c�ndor cordillerano que le va diciendo al mundo que Chile esta vivo, y que all� como en toda nuestra martirizada Patria Latinoamericana, amanecer� de nuevo
Manos dulces del pueblo
Va diciendo en la oscurana
De la noche general
Nuestros hermanos cantores que hoy, lejos de la ra�z vital de su tierra, afinan voces, guitarras y charangos. Lo hacen� con la certeza de que all�, en la profunda geograf�a de la patria, el pueblo afina la punter�a contra el cubil.
Compa�eros, d�jenme decirles algo, recordando al padre poeta:
CHILE ENTRE SOL Y ESTRELLAS CONFIESA QUE RESISTE
ALI PRIMERA
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