Sentía sus besos, pero parecía mentira. Sentía sus caricias, pero es que no podía ser real. A ambos se les olvidó que estaban en un restaurante, y Gabriela por fin detuvo el intercambio de pasión.
“Nicolás, esto no es correcto. Mire que se nos hace tarde para el trabajo.”
“Aja…” contestó él sin escucharle una palabra; se encontraba entretenido dándole mordisquitos en el cuello.
“Aquí no, Nicolás. Aquí no.”
“No hay problema. ¿Dónde quiere que la bese?” preguntó él, con la voz de dormido; estaba como en un sueño.
“N-no. Me refería que mejor vamos a otro lugar. ¿Qué le parece si vamos… a su apartamento?”
Lo intentaron, pero no llegaron al apartamento de Nicolás; se quedaron en el estacionamiento. Las pocas personas que pasaban se quedaban mirando el Mercedes que se meneaba de lado a lado, con siluetas de manos en las ventanas ahumadas.
Los dos años de celibato de Nicolás llegaron a su fin.
* * * *
Aura Maria se encontraba en su escritorio llenando unos papeles. Escuchó una voz familiar cantando una canción muy alegremente. Freddy se detuvo frente al escritorio y le demostró una florcita que estaba media marchitada, pero, de todos modos, se veía él muy dulce con ella en la mano.
“Una flor para mi grillita.”
Aura María levantó los ojos del papeleo y se sorprendió al ver el detalle que le presentó su marido.
“¿Freddy a qué se debe el detalle?”
Freddy se pasmó; el pensó que ella se iba a emocionar y que le iba a caer a besos. Por el contrario, lo único que mostró era sospecha.
“Pero, reinita, ¿es que yo no puedo darte un regalito?”
“Bueno, es que me parece como si estuviésemos peleados. Usted nunca me da nada así porque así.”
“Perdóneme, pero discúlpeme, mi grilla. Entienda que pues si ahora soy su esposo, pero que el romance perdura en el matrimonio.”
“Freddy déjese de bobadas y cuente por que vino así con esa cara de asustadito. Cuénteme que le pasa.”
“¿A mí?” dijo con voz de niño. “Ja, ja… ¿A mí?”
“Sí, a usted.”
“Pues es que yo tengo miedo de que si no le doy detalles a mi grillita, pues se me va con Nicolás Mora.”
“¿Cómo así, Freddy? Yo sería incapaz de fijarme en otro hombre, ¿oyó? Usted es mi amor, mi grillo, mi bebé…”
“Si, su bebé, pero hace rato usted miro así al doctor Mora con esos ojos que parecía como si lo estuviese desvistiendo ahí mismo. Y pues me puse celoso…”
“Ay, Freddy, no sea bobito,” dijo Aura María levantándose y poniendo sus brazos alrededor de él. “Usted sabe que al que yo quiero es a usted. Si miro a otros hombres, pues es que es algo natural. Pero al que yo quiero que me bese, que me abrase, es usted.”
Aura María le dio un beso, que dejó a Freddy con la presión alta. Después de tanta tragedia para el había sido, siguieron, como siempre, siendo grillitos mutuos.
* * * *
“Beatriz, con permiso, ¿no sabe usted dónde se encuentra Gabriela?” preguntó, con un acento americano marcado, el doctor Kenneth.
“¿Es que aún no han llegado de almorzar ella y Nicolás?”
“Pues parece que no porque la he buscado por todas partes y no la encuentro.”
“Bueno, ya llevan bastante rato afuera así que no deben tardar en regresar.”
“Espero que no les haya pasado nada.”
“No, que va. Ella anda con Nicolás. No se preocupe que ella esta segura con él.”
“Eso espero porque el doctor Mora vino hoy muy cambiado. Y a Gabriela le gustan mucho los flacos…”
Kenneth se fue y Betty se quedo riéndose sola.
Por casualidad, en ese mismo instante acababan de entrar Nicolás y Gabriela. Estaban los dos con la ropa medio estrujada, cansados (por obvias razones) y disimularon como que nada había pasado. No había por que dejar que todo Ecomoda se enterara. Habían quedado que lo ocurrido seria un secreto entre los dos.
Por supuesto que Nicolás se fue a contarle todo a Betty.
“Betty fue como un sueño. Fue lo más hermoso que he vivido. Esa mujer es un ángel, bueno hasta que estacionamos el carro,” dijo Nicolás, riéndose.
Betty intento no mostrar la alegría que sentía por el hecho de que Nicolás haya encontrado a alguien; después de todo, ella tenía que ser la sensata y no dejar que su amigo se fuera mucho por las nubes. Pero sí le alegro que haya encontrado a Gabriela y no a una cualquiera. Ella conocía a la doctora y sabia que era una mujer razonable y bastante responsable.
“Pero Nicolás, baje un poco de las estrellas y vuelva acá al planeta. ¿Está seguro que ella siente lo mismo por usted?”
“¡Segurísimo, Betty! Si me dijo que me amaba como diez veces y me besó, no como Patty, si no con muchas ganas. Sus caricias eran de amor.”
“Como que se enamoró un poco rápido… ¿Y me dice usted que ella estaba un poco tomada?”
“No, Betty, pues eso no tiene que ver con nada. Sí, se tomó unas copitas, pero nada más. Ella sabía lo que hacía… Créame.”
Armando paso por la oficina de Betty, y como es de costumbre en Ecomoda, se puso a escuchar la conversación.
“Bueno ya, Nicolás. No me vaya a contar detalles que eso es entre ella y usted. Lo que quiero que entienda es que quizás ella solo buscaba un momento de pasión. Quizás ella no lo vio como usted lo esta viendo. Porque, según veo, usted esta como que enamorándose un poco“
“¿Un poco? ¡Betty estoy enamorado totalmente! Y se lo debo todo a usted. Gracias por llevarme ayer a hacerme este cambio. De verdad que se lo agradezco.”
“S-si, claro. Para eso están los amigos, Nicolás.”
Betty suspiro de una forma que le indicó a su amigo que algo recorría por su mente.
“Oiga, Betty, ahora me toca preguntarle a usted que qué le pasa.”
“Es que nuestro día juntos me causó a mi un serio problema con Armando. Él vio cuando usted me besó y pensó que hay algo entre usted y yo. ¿Y después yo venir y decirle que voy a pasar el día entero con usted? Ay, no, hasta cierto punto comprendo por qué el se molestó. Pero lo que no comprendo es como él pudo ser tan tardo e irse a emborracharse por los celos que siente. Llegó anoche todo borracho y… bueno digamos que fue un desastre.”
“No, no, no, Betty. No me diga usted eso. Usted tiene que explicarle a Armando que ese beso fue una torpeza por mi parte. Vea, es que no se en que estaba yo pensando. Es que desde hace tiempo que no besaba a nadie y me aproveché la situación. Y déjeme decirle que fue bien extraño; me pareció como su hubiese besado a mi abuelita.”
“Gracias,” dijo Betty fingiendo estar molesta. Afuera, Armando sonrió. “Y además ya yo le dije a él que el beso fue algo inocente y se fue a embriagarse como quiera. Eso sí se me va a hacer difícil perdonarle. Tengo que hablar con él ya mismo y aclarar toda esta situación.”
Armando escuchó cada palabra y se sintió estúpido por haber dudado de su mujer y Nicolás por segunda vez. Se le ocurrió una idea para arreglar las cosas y corrió hacia el taller de Hugo Lombardi.
* * * *
“Dígame, mi queridísima doctora Garza,” comenzó a inquirir Mario Calderón en la oficina de Gabriela. “¿cómo le fue su cita con el doctor Mora? ¿Se ve igual de cerca que como de lejos o es el como una de esas pinturas de Monet?”
“Calderón por favor, no estoy de humor,” dijo Gabriela con un tono de tristeza. Antes que Mario le preguntara que qué le sucedía, ella comenzó a llorar, aun media embriagada.
“Oiga, oiga Gabriela, ¿qué le sucede? ¿Le hizo algo a usted ese tipo?”
“No, no Calderón. Fui yo la que hice algo malo.” No pudo continuar y siguió con su llanto. El alcohol que aun circulaba por las venas la hacia mas emocional que lo normal. “Estábamos charlando de lo más felices en el Le Noir y me di cuenta que me empezó a gustar él. Para mi desgracia, él cayó dentro de todas las características que yo le dije anteriormente a usted que busco en un hombre. Me asuste y empecé a tomar y lo besé. Y sé que dije que no quería una relación superficial, pero cuando lo bese--- ay no.”
“Pero no se detenga. Continué por favor. ¿Qué pasó después?”
“¿Y para qué le voy a contar si usted lo único que hace es hacer bromas.”
“Gabriela confíe en mí. Cuénteme qué pasó cuando lo beso. ¿Le dieron nauseas? ¿Se sintió enferma?”
“No, para nada. Cuando lo besé… pues… sólo quería acostarme con él. Y entonces salimos del restaurante y---”
Mario comenzó a reírse y a hacer burlas. No pudo creer lo que acabo de escuchar.
“Es que entonces Nicolás es el feo más feliz del mundo. Un triplichín así como el acostándose con una diosa como usted… Puede estar segura que ese hombre puede morir feliz. Es más, si le cortan la mano ni lo siente.
“Cállese, Calderón, que ese no es el problema,” dijo Gabriela, mientras las lágrimas seguían fluyendo. “El problema es que le dije que le amaba.”
“Uy… Gabriela pero cómo hizo eso…”
“Ay, Calderón, le dije que lo amaba… que lo amaba,” repitió desconsolada. “¿Cómo pude ser tan estúpida?”
“Y usted sabe como son los feos. Tenga cuidado que ya el no le esté comprando el anillo de matrimonio. Es más, yo creo que la orquesta está ya reservada.”
Gabriela siguió llorando y Mario mostró un poco de compasión. Le dio unas palmadas suaves en la espalda para que se calmara.
Ella continuó: “Tengo que explicarle que no significo nada, que fue un momento de locura y nada más.”
“Pero tenga en cuenta que estamos hablando de un sapo de pantano, del primo de Herman Munster. Se habrá cambiado así todo el físico pero la mentalidad de feo sigue ahí. Lo que usted le diga puede dejarlo marcado de por vida. Es mas, yo creo que se mete a cura.”
“Ay, no me diga eso, Calderón.”
“Oiga y de por cierto, Nicolás no le menciono nada a usted sobre Betty.”
“Bueno sólo ella fue la que le ayudo a comprarse ropa nueva y a conseguirse los lentes de contacto. Imagínese que tuvieron que sacar el día para hacerlo. Me dijo que era tan buena con él que la veía como una hermana.”
“Ah… entiendo…” Calderón sólo escuchó en su cabeza los insultos que él le hizo a Betty. La cachetada le fue bien merecida. Betty ya tuvo su desahogo así que no vio necesidad en pedirle disculpas.
* * * *
Todas las del cuartel se encontraban en el pasillo. Freddy jugaba con Aura María y Betty se encontraba conversando con Kenneth.
“¡Atención a todos!” exclamó Hugo Lombardi. “Aquí esta lo que todo Colombia estaba esperando. ¡El regreso de la magia, de la aventura salvaje! ¡El regreso de lo desconocido, de lo sublime! No, no estoy hablando de mí. Les presento: el regreso de la princesa Lilí!”
Armando salió vestido en una versión más tropical de la princesa Lilí. En vez de una peluca de plumas rojas, esta vez eran flores. Vestía con zapatacones y maquillado a lo drag queen. Todos se quedaron pasmados al principio. Armando trato de dar un paso de lo más coqueto y por poco se lleva a Hugo al suelo. El diseñador lo aguanto justo a tiempo, pero a Armando se le viró la peluca al revés.
Todos en el pasillo rieron y Armando se acerco a Betty quien no podía ni respirar por tantas carcajadas que emitía.
“¿Regreso? ¿Pero es que se vistió así antes?” preguntó Freddy.
“Mejor que no le contesten, Freddy que nos perturbaría a todos la respuesta,” dijo Aura María.
“¿Mi amor a que se debe esto?” preguntó Betty cuando consiguió el aire necesario para hablar.
“Es para demostrarte lo idiota que he sido. Esto no se compara con nada con las idioteces que te hice estos pasados días y las que te he hecho antes. ¡Y mira lo ridículo que me veo!”
Betty dijo que sí con la cabeza y Armando se rió de si mismo. Se acercó a ella y le dijo con una voz dulce: “Fui un cretino al no creerte mi amor y pido que me disculpes por haberme comportado como un tonto.”
“Te perdono, mi amor.”
“Mi monstris…” dijo el muy dulcemente. “Bueno mejor me voy a quitar todo esto.”
“Ay, pero ¿por qué?” protestó Hugo. “¡Si es todo un éxito! Déjeme decirle que el rojo le queda muy bien. Pero la falda no tiene remedio por que es que de glúteos, pues más tiene mi perrita Bárbara Chesai.
Armando estaba de muy buen humor como para pelearle a Hugo y sólo le dijo “Ya…ya…”
Todos disfrutaron del show y se fueron a sus puestos mientras que Armando y Betty se quedaron abrazándose muy tiernamente.
“Y pensar que hace unos días tu preocupación mas grande era el florero de Margarita,” dijo Betty.
“¡Betty! ¡El florero!”
“No me digas que se rompió el nuevo.”
“No es eso.”
“Entonces, ¿qué?”
“¡Se me olvidó enviarlo!”
* * * *
Los efectos del alcohol ya le habían pasado bastante a Gabriela. Aun así, se sentía enferma y sólo tenia ganas de irse a la cama a olvidar que los sucesos de ese día. Ya era casi hora de irse. Junto todas sus cosas y se dirigió hacia la puerta de su oficina, pero justo ahí entro Nicolás.
“Hola, mi amor, ¿ya te vas para tu apartamento?”
“Eh… si doctor Mora. Ya me voy. Mire: ya es hora de irme,” le contestó ella mostrándole el reloj.
“¿Qué es eso de doctor Mora? ¿Qué paso con ‘tigre’, con ‘titán’ y con…? Bueno hasta ya me da vergüenza repetirlo.”
“Nicolás voy a ser franca con usted, y si después de esto usted no desea hablarme más, le entiendo perfectamente.”
Nicolás ya sabía lo que le venia; era muy bonito para ser verdad.
“Usted no me quiere. Ya me lo imaginaba.”
“Pero no es nada en contra suya. Es más, hoy descubrí qué gran persona es. Platicamos, nos reímos y me di cuenta que fui ignorante al no intentar formar una amistad con usted desde antes.”
“Ah, que bien…”
“Me extralimité. Me deje llevar por lo guapo que se ve y no pensé en las consecuencias. Además lamento haberle dicho que le amaba, pero es cualquiera por que usted sí que sabe dónde… eh, digo...”
Nicolás rió al ver que ella se sonrojo, y ella se sintió tan avergonzada que rió también.
“Yo también pienso que fue muy bonito, doctora Gabriela.”
“¿Podemos seguir siendo amigos, Nicolás?”
Ser amigo de una mujer tan hermosa no parecía tan mala idea. Pensó que hace sólo unos días ella titubeaba en darle la mano.
Gabriela le observó y notó que el estaba con los ojos medios cerrados, como esforzando la vista.
“¿Qué le pasa?”
“Ah, es que me quite los lentes de contacto. Es que hace rato que los llevo puestos.
“¿Y por qué no se pone sus anteojos?”
“No puedo. Aquí tengo sólo los viejos,” dijo señalando su bolsillo. “Dejé los que me compre ayer en la casa.”
“¿Y por que no se los pone?” Gabriela quería hacer una prueba.
“¿Y espantar al mundo de nuevo?”
“Póngaselos… ¿Por favor?” le suplicó Gabriela. Él la obedeció y se los puso. Con tan sólo los anteojos se parecía al mismo Nicolás Mora de siempre: todo un nerd.
“Ríase.”
“¿Qué?”
“Que se ría,” insistió ella.
Nicolás no entendía y se rió de la forma más raspada que pudo. Ella sintió un gran alivio. Avanzo hacia el y lo abrazo. Ahora si que Nicolás no entendía nada. Ella lo miro tiernamente a los ojos y le susurro al oído.
“Nos vemos mañana, tigre.”
FIN