Armando Mendoza toca la bocina de su Mercedes estacionado frente a un vendedor de frituras. Es una noche m�s en Bogot� en la cual �l intenta liberar su estr�s, al momento, con muy poco �xito.
�Nicol�s, hombre, ap�rese que llegamos tarde a la opera.�
Nicol�s paga los pocos pesos que cuestan una gaseosa y unas papas a la francesa y corre hacia el carro de Armando mientras come.
�Nicol�s es que su est�mago no tiene fondo,� dice Mario Calder�n quien se encuentra sentado al lado de Armando.
��No le fue suficiente el arroz con huevo, el jugo de mora, los biscochuelos, las dos papas asadas y el churrasco y medio que se acaba de comer en el Le Noir?�
Nicol�s se sube a la parte trasera del carro y recoge una que otra papa que cae en el asiento al sentarse.
�Perd�neme, doctor Calder�n, pero es que en esos sitos caros sirven muy poco. Aqu� en esta tiendita, por unos pocos pesos, me dan un kilo de papas a la francesa.�
�Bueno ya nos vamos,� dice Armando y arranca. Minutos m�s tarde Armando y Mario escuchan unos quejidos que vienen de la parte de atr�s del auto.
�Oiga, Nicol�s, �y ahora a usted qu� le pasa?� pregunta Armando irritado.
�Ay, es que creo que me exced� un poco con las papitas. Tengo un dolor de est�mago fuert�simo.�
�Eso le pasa a usted por estar comiendo esas porquer�as,� comenta Mario. �Es que esas papas a la francesa yo creo que las hicieron con los pies. Es que no aguanto el olor. Por Dios, es como una mezcla de sudor y mugre.�
�Ah, perdone hermano,� interrumpe Armando. �pero es que yo tengo una mal caso de pie de atleta. Betty me dijo que mejor usara chancletas en la casa, pero es que no me gusta andar sin medias.�
��Y ha ido al m�dico?�
�Hice cita para el lunes...�
��Se�ores!� grita Nicol�s. ��Ser� que podemos concentrarnos en algo m�s importante o sea en este terrible dolor que tengo? �Por qu� no vamos un momento a una farmacia y me compre un anti�cido?�
�Pero, Nicol�s,� protesta Armando. �La opera est� a punto de comenzar.�
�Le prometo que soy r�pido.�
Armando accede y se dirige a la farmacia m�s cercana. Todos deciden bajar y en el camino se encuentran a un mendigo.
�Buenas noches,� dice el se�or. ��No quieren ayudar a un pobre mendigo?�
El pobre hombre r�pido les caus� asco a los tres ejecutivos. Era viejo, sucio, barbudo y ol�a peor que los pies de Armando.
Pero el buen coraz�n pudo m�s que el asco y Nicol�s le dio unos cuantos pesos. Armando por suerte ten�a unos pocos billetes en el bolsillo y se lo echa en el vaso pl�stico que sostiene el mendigo.
Mario mira a todas partes mientras silba una canci�n. Mira su reloj y se mece de lado a lado. Nicol�s y Armando esperan a que �l de su parte, pero Mario los ignora.
�Oiga, est�pido,� dice Armando. ��No ve que estamos esperando por usted? Acabe y d�le a este pobre hombre algo de dinero. Mil pesos, lo que sea.�
�Ay Armando, ustedes ya le dieron bastante. Mejor vamos por la medicina de Nicol�s que se nos est� haciendo tarde.�
�No se�or,� insiste Armando, acerc�ndose de forma desafiante hacia Calder�n. �De aqu� no nos movemos hasta que usted d� algo. Ecomoda no sali� como la empresa m�s caritativa del a�o por nada. Acaba y saque cualquier billete que tenga ah� en los bolsillos. No sea porquer�a, hombre. Tenga verg�enza.�
Mario ignora a Armando y continua su silbido. Se acaba la paciencia de Armando y �ste da un salto y sus manos caen por toda la chaqueta de Mario. El forcejeo de los dos ejecutivos causa que salga volando la billetera de Mario la cual cae justo a los pies del mendigo. Se abre y �ste no puede contenerse. Agarra la billetera y sale corriendo tan r�pido que ninguno de los tres ejecutivos lo puede alcanzar.
��Armando mi billetera!�
�Lo siento, hermano.�
�Ah� est� todo mi dinero.�
�Eso lo puede reponer.�
�Mis tarjetas de cr�dito��
�Eso tambi�n lo puede reponer.�
�Las taquillas para la �pera��
��MALDITA SEA!�
* * * *
Un silencio de catacumba llena el Mercedes mientras los ejecutivos se dirigen de vuelta a sus casas. Nicol�s duerme con la boca abierta, aliviado gracias al anti�cido. Mario lee la revista de far�ndula que Nicol�s le tuvo que comprar ya que todo su dinero lo tiene el mendigo. Armando conduce con ojos que pueden hacer estallar a un tanque militar.
Nicol�s despierta y toca a Armando en el hombro con unas r�pidas palmaditas.
��QU� QUIERE?�
�Es que ya me bajaron las papitas y tengo que ir al ba�o. �Ser� que podemos parar en un restaurante.�
��NO voy a parar en ning�n RESTAURANTE! �Aguante como macho y se calla pero YA!�
�Pero Armando es que no puedo aguantar, y su Mercedes es muy fino para que yo haga aqu� atr�s alguna atrocidad.�
Con un ruidoso chillido se detiene el auto.
�Se baja pero ya. Cualquier porquer�a que tenga que hacer la hace ah� afuera, imb�cil.�
�Pero eso es un callej�n oscuro. �Qu� tal que me encuentre con un asesino?�
�Si se encuentra con un asesino, ofr�zcale irse una noche a pasear con �l como lo hizo usted conmigo hoy. �As� le puede fastidiar, torturar y amargar la vida con sus estupideces as� el maldito asesino va y se suicida antes de hacerle algo a usted! �C�mo le parece, ah? D�game, �c�mo RAYOS le parece?�
Nicol�s sale del auto y se dirige al callej�n muy cauteloso. Avergonzado de que alguien le vaya a ver, camina m�s y m�s adentro. Se detiene asombrado al ver una peque�a ciudad de cajas de cart�n habitadas por mendigos. La mayor�a duerme y el resto est� ocupado apost�ndole a las cartas (con las pocas pertenencias que tienen, claro). Nicol�s no esta seguro, pero cree que ve al mendigo ladr�n. Piensa que de seguro est� utilizando el dinero de Mario para apostar. Sale corriendo del lugar antes de que lo vean, y les cuenta lo visto a Armando y Mario.
Estacionados cerca del callej�n, deciden formular un plan. �Para poder recuperar la billetera,� dice Armando, como todo un l�der. �tenemos que infiltrarnos dentro del grupo de mendigos. En el ba�l tengo el disfraz de pirata para la fiesta de disfraces de la semana entrante. Utilizamos la barba y la chaqueta---�
��Y la cotorra tambi�n?� pregunta Nicol�s.
�No sea cotorro. No interrumpa pues,� protesta Armando. �Como dec�a, uno de nosotros se disfraza de mendigo, entra al callej�n, recupera la billetera como sea y sale corriendo. El carro estar� estacionado en frente listo para arrancar y asunto resuelto. �Qu� les parece?�
�A m� me suena bien,� dice Mario.
�No, mejor llamamos a la polic�a,� dice Nicol�s.
�No hombre, �d�nde est� su sentido de aventura?� dice Mario. �Adem�s, la polic�a tarda mucho y de aqu� a que lleguen y recuperen la billetera junto con las taquillas, pues se nos acaba la �pera.�
�Tiene usted raz�n, doctor. Pero entonces, �qui�n de nosotros es el que se disfraza?�
Nicol�s y Mario miran a Armando a la vez.
�No, no, no, no� Ni se les ocurra. Esc�chenme bien los dos: NO voy a disfrazarme como un rid�culo a buscar la billetera suya, Mario, la cual perdi� ya que Nicol�s tuvo que ir a la farmacia. Yo me he comportado muy juiciosito esta noche as� que olv�denlo. Lean mis labios: �YO NO ME VOY A DISFRAZAR!�
* * * *
�Armando a la verdad que esta barba de pirata te queda muy natural No me hab�a fijado que tu color de cabello es marr�n cenizo.�
�C�llate, Mario, no seas tan atrevido, idiota. Ap�rate y pega bien la barba ya y d�jate de bobadas.�
Mario y Nicol�s se quedan en el auto listos para arrancar al momento que Armando salga con la billetera. Armando se dirige al callej�n y se sienta muy calmado al �rea de apuestas.
�Guzm�n, apuesto un zapato roto y tres tuercas,� dice un mendigo.
�Muy bien, Rigoberto, a tu zapato roto y tres tuercas les subo un cepillo sucio y una manigueta de ventana de Honda Civic.�
El tercer mendigo mira sus cartas y Armando aguanta la respiraci�n a ver lo que �ste apuesta.
�Yo apuesto esto,� dice el barbudo mendigo. �Tres taquillas para la �pera.�
Los mendigos r�en.
�Prefiero la manigueta de Guzm�n antes que esas porquer�as, Seraf�n.�
Seraf�n indignado por las risas, le a�ade la billetera de Mario a la apuesta �para que sigan riendo�.
Armando sabe que tiene que actuar r�pido as� que grita mientras se�ala a la esquina.
��Arroz con huevo!�
��D�nde?� preguntan los tres mendigos con mucha emoci�n.
Armando agarra la billetera de Mario y sale como una bala fuera del callej�n.
��Nicol�s arranque que ah� viene Armando!�
VROOOOM! Nicol�s acelera m�s r�pido que Andretti en el Indian�polis 500 y el Mercedes desaparece de la vista.
�Imb�cil, �a d�nde va? �Espere a que me suba al carro!� exclama Armando, pero ya Nicol�s y Mario est�n a millas del lugar. Armando corre antes de que los mendigos le alcancen y choca con un polic�a que patrulla el lugar.
�Oiga, cuidado,� dice el polic�a. Mira la cara de p�nico que lleva el barbudo Armando y observa que trae una lujosa billetera de cuero. Se la quita de las manos y ve un rostro diferente en la foto de la licencia que contiene �sta.
�P-perm�tame un momento que yo le puedo explicar todo. Es que yo sal� hoy para ver a la �pera con mis compa�eros. Eh, yo soy Armando Mendoza, vicepresidente de Ecomoda. El due�o de la billetera es Mario Calder�n, mi amigo y ejecutivo de la empresa. Le dar�a mi identificaci�n pero es que la deje en el Mercedes. Esto es un disfraz, mire, esta barba es de mentiritas, je, je.�
Armando hala la barba, pero el pegamento no permite que la remueva.
�Mejor h�gale ese cuento al fiscal,� dice el polic�a garrando a Armando del brazo.
�Oiga espere, espere que esto sale. �AY!�
�Deje de halarse la barba, �loco!�
�Pero espere. Aqu� la v�ctima soy yo. Unos mendigos me est�n persiguiendo. �M�relos!�
Pero en la calle no hay nadie, pero Armando jurar�a que ve�a unas cabezas asom�ndose en unos botes de basura.
Al menos en la comisar�a Armando logra estar en paz en su celda. Mientras tanto, en la �pera de Bogot�, todos se asombran (y se tapan la nariz) al ver a tres mendigos disfrutando de la buena m�sica.
F I N
Reto al Estilo Ecomoda #40:
- Personajes: Armando, Nicolas, Mario
- Objetos/Situaciones: mendigo, opera, barba, medicina