Macho Cabrío
Por: Super Tina

“¡Hugo Lombardi! ¿Dónde diablos están los diseños para la nueva colección?”

En el lenguaje de Ecomoda, eso significaba ‘buenos días’.

“Mire, bestia peluda,” dijo el modista quien se encontraba abanicándose en su taller. “A mi no me grito que hoy tengo los nervios de point. Mire nada más mi frente: ¡estoy sudando!”

Hugo se seca el sudor con el pañuelo que lleva puesto en la cabeza.

“Hugo,” dijo Armando, con la vena del cuello lista para estallar. “necesito ver esos diseños, PERO YA!”

“¿Armando qué está pasando aquí? Preguntó Kenneth Jonson al entrar en el taller. “Tus gritos se escuchan por todo el pasillo.”

Hugo, al ver al guapo americano, no pudo controlar sus emociones y se le acercó muy coquetamente.

“Pero, ¿qué es esta luz celestial que se aparece en mi humilde taller?”

“Eh… hello, Hugo,” saludó el ejecutivo, sonrojado de la vergüenza. “Armando, Gabriela está preguntando por la colección. Estamos llenos de faxes de Nueva York. Será que tu y Betty nos pueden dar el informe de sobre cómo va la colección?”

“En eso estoy, Kenneth. Lo que pasa es que la reinita desplumada aquí presente no acaba de hacer su trabajo.”

“Ay eso dolió…”

“Un momento, Armando,” dijo Kenneth. “Yo entiendo que estás enfadado con don Hugo, pero eso no es motivo para que le hables de esa manera.”

“Tienes razón, Kenneth. Hugo, le pido mis disculpas,” dijo Armando, sin ganas.

“Bzzzz!” le hizo Hugo a Armando. Luego le echó los brazos a Kenneth, quien se puso aún más incómodo.

“Eh… no era para tanto.”

“Hugo, ¿será posible que suelte a Mr. Johnson? Es más, ¿será que algún dia usted no le coquetee a un hombre, hada silvestre?”

Hugo soltó de inmediato a Kenneth y se le acercó a Armando.

“¿Qué quiere usted insinuar? ¿Que yo no puedo controlar mis… avances?”

“El día que lo haga será un milagro,” dijo Armando riéndose. “Sería tan imposible como usted buscarse una mujer.”

“Si a mí me diera la gana, me conseguía una mujer pero así,” dijo Hugo de forma desafiante, tronando los dedos.

“¿Ah, sí? ¿Quiere apostar?”

* * * *

El billar parecía uno de película. Hombres altos, fuertes y muy feos jugaban mientras fumaban cigarros y tomaban cervezas.

Cuando entraron Armando, Kenneth y Hugo, el contraste era evidente. Armando y Kenneth con sus chaquetas caras, y Hugo quien vino vestido lo más masculino que sabía, con unos pantalones de vaquero, botas y gorra de béisbol.

“Hugo, este lugar apesta,” protestó Armando. “ ¿Por qué no fuimos a un club?”

“Porque todo club en Colombia conoce a Hugo Lombarda. Mis machos… digo, mis amistades no pueden verme vestido así de… así de…”

“¿Así de masculino?”

“Precisamente.”

Se dirigieron al bar y Armando empujó a Hugo para que hablara con una mujer que se encontraba en su quinta cerveza. Llevaba un tatuaje de una Rosa en el brazo, el cual asustaba a Hugo.

“¡Uy, no, don Armando, pero mire que fea es!”

“Hugo, vaya e intente conquistar a esa mujer o yo gano la apuesta.”

Hugo hesitó, pero no podía permitir que Armando ganara la apuesta. Sacó de su chaqueta de futbol americano que le prestó Kenneth, el “nursery” de la niña de Armando.

“Hugo, ¿qué hace usted con el comunicador de mi hija?”

“Eh, Armando, el nursery se lo di yo,” contestó Kenneth. “Se lo pedí a Betty. Es que, como vinimos a un bar… Si aquí son como los de Nueva York, son muy peligrosos. Se forman muchas peleas.”

“Entonces, si alguna de estas bestias… digo, hombres que están aquí me molestan, yo los llamo con el comunicador y ustedes me rescatan.”

“Ay, ya, ya, no explique tanto, hombre. Acabe y haga lo que tiene que hacer.”

Hugo se lleva una pieza del comunicador y la esconde en su chaqueta, mientras que Armando y Kenneth se quedan con el receptor.

“Bien, Hugo, tiene quince minutos para salir con el número telefónico de esa mujer. Y no haga trampas, ¿oyó?”

Armando y Kenneth se dirigieron a la salida, y escucharon la voz masculinizada de Hugo que decía: “Rosa… Rosa… tan maravillosa… Buenas, encantadora dama…” Se rieron de lo extraño que se escuchaba, y de el seguro fracaso de el pobre Hugo.

Esperaron fuera del negocio por quince minutos y nada. El escandaloso vallenato que se escuchaba no les dejaba oír muy bien. Se hablaban a gritos.

“Armando, creo que ya pasaron los quince minutos.”

“Ay, Huguito, Huguito… ¿Cuándo aprenderás?”

De pronto tres patrullas de la policía se estacionaron en el lugar con sus sirenas y luces. Salieron varios policías corriendo al negocio. Armando detuvo a uno de ellos.

“Oficial, ¿qué ocurre?”

“Recibimos una llamada que están agolpeando a un tipo la ganga de Rosa allá adentro.”

“¡Hugo!” gritaron ambos ejecutivos a la vez.

Armando rápidamente acercó a su oído el nursery y, efectivamente, escuchó los gritos de auxilio del diseñador los cuales el escándalo de la música había escondido.

* * * *

Al día siguiente todos en Ecomoda se aliviaron al ver llegar a Hugo. Este había comunicado por teléfono a Inesita que les anunciara a todos su caída por las escaleras de su apartamento. Llegó con unos moretones los cuales escondió bastante con su maquillaje, y caminaba medio cojo.

Nadie se atrevía a hablarle, y llegó hasta el taller. Allí le esperaban Armando y Kenneth.

“Bueno, Hugo, de verdad que lamento lo ocurrido anoche, pero una apuesta es una apuesta,” dijo Armando.

“Hi, Hugo, que pena, pero es que la música…”

“Un momento, Kenneth.” Hugo sacó de su pañuelo un papel y se los mostró.

Ambos ejecutivos quedaron boquiabiertos.

“P-pero eso no puede ser…” tatareó Kenneth.

“Como lo ven, mi querida Rosa me dio su teléfono. Y es de verdad, porque como ven está escrito con mi sangre. Ella se compadeció de mi cuando su hermano Bruno rompió el taco de billar sobre mi sien.”

Armando y Kenneth se echaron a un lado a inspeccionar el papel y era genuino. Hugo habrá logrado conquistar una mujer.

“¡Maldita sea, Kenneth!” dijo Armando en voz baja. “Yo que pensaba que esto iba a ser una victoria segura.”

“Oiga, yo me fui del taller antes de ver en qué consistía la apuesta.”

“Bueno, habíamos quedado en que si yo ganaba, Hugo tenía que afeitar a su perra.”

“¿Y si el ganaba?”

Armando tragó y antes de poder hablar, Hugo le dio un pellizco a Kenneth, y le dijo al oído:

“Nos vemos esta noche, tigre.”

F I N

    Reto Estilo Ecomoda #7
  • Personajes: Hugo, Kenneth, Armando
  • Objetos/Situaciones: sudor, billar, policia, "nursery"
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