El Zapato
Por: Mary Tenorio

Sofía recibe una invitación para la boda de su sobrina. Esta se casa con el hijo del dueño de una cadena de supermercados de Colombia.

“¿Pero qué voy a ponerme para la boda? Si no tengo nada decente. Creo que mejor no voy,” dice Sofía hablando sola cuando ve a Hugo y lo llama.

“Don Hugo, ¿será que puedo hablar con usted un momento?”

“Y esto, ¿como para qué? ¿De qué tenemos que hablar usted y yo?”

“Verá, es que tengo un problema y creo que la persona más indicada para ayudarme es usted.”

“¿Yo ayudarla a usted?”

“Sí, don Hugo. Verá, lo que pasa es que mi sobrina se casa y…”

“Y usted quiere que yo le haga el vestido de novia. Pues no, no puedo. Estoy muy ocupado con lo de la colección.”

“No es eso. Es que no tengo nada decente que ponerme para ir a la boda.”

“Ah y usted quiere que yo le preste una de mis bellas túnicas.”

“No, don Hugo, no es eso. Yo lo que quiero es que usted me haga un vestido para ir a la boda.”

“Y el novio, ¿es lindo?”

“ ¿Cómo?”

“No, digo que si es una boda de un familiar suyo, cualquier trapo que se ponga está bien.”

“No, don Hugo, lo que pasa es que el novio es de una familia de mucha plata y debo ir vestida de acuerdo a la ocasión. No quiero verme peor que los demás.”

“No, si peor se va a ver siempre con lo enana que es.”

“Don Hugo, no me falte el respeto que usted tiene sus defectos y yo nunca le he faltado el respeto.”

“Está bien. Le voy a hacer la ropa, pero no espere milagros por llevar un traje mío. La mona aunque se vista de seda…”

“¿Pero va a seguir?”

“No, está bien, ya. Vamos a tomarle las medidas. Déjeme buscar el medio metro.”

“¡Don Hugo!”

“Ok, ya deje la gritadera.”

Hugo le cose el vestido a Sofía y le queda perfecto. Este le dice a Sofía:

“Bien, ya cumplí con mi parte. Espero que haya comprado unos buenos zapatos para llevar con esa ropa tan fina.”

“Si supiera que no. Es que yo no sé si comprar zapatos. Terminan quedándome grandes o chicos.”

“Pero si es que tiene que ir al departamento de niñas.”

“Don Hugo, usted quedó en respetarme.”

“Pero es que es la verdad. Con ese pie tan chico que tiene.”

“¿Por qué usted no va conmigo y me ayuda a escogerlos?”

“¿Yoooo? ¿Usted está loca?”

“Don Hugo, así me hace el favor completo. Verá después de esto le prometo que no vuelvo a molestarlo.”

“Sé que me voy a arrepentir de lo que voy a decirle, pero está bien, vamos.”

“Gracias. Yo se que en el fondo usted es un caballero, o algo parecido, que le gusta ayudar a las damas en apuro.”

“Ya, déjese de bobadas. Vamos.”

Ambos salen de Ecomoda para ir a comprar los zapatos de Sofía. Cuando salen a la calle pasa la sobrina de Sofía con el novio y se detienen.

“Hola, tía. ¿A dónde vas?”

“Voy a comprarme unos zapatos.”

“Si quieres te podemos llevar.”

“No sé si don Hugo quiera.”

Cuando Sofía le va a preguntar a Hugo si quiere ir con ellos, ya éste está abriendo la puerta del carro y saluda al novio de la muchacha. Cuando van por el camino, la sobrina le dice a Sofía:

”Nosotros vamos a un sitio que se llama “El Corrientazo”. Nos dijeron que allí se come y se bebe muy bien. ¿Por qué no nos acompañan después de comprar los zapatos?”

“No sé si don Hugo quiera,” dice Sofía.

“Claro que quiero. No faltaba más. Esta pareja de jóvenes tan guapos no se merecen nuestro desprecio,” dice Hugo, mirando al muchacho.

“Entonces los llevamos a comprar los zapatos y luego vamos a El Corrientazo,” dice la sobrina.

Hugo ayuda a Sofía a comprar los zapatos y se van a “El Corrientazo”. Una vez allí no puede ocultar su admiración por el novio de la muchacha, y por la emoción toma de más lo cual él no está acostumbrado.

“Oiga, joven, ¿usted está seguro de que quiere casarse? Porque yo no creo que esta mujer le convenga. Mejor dicho, esta y ninguna otra,” dice Hugo.

“Don Hugo yo creo que mejor nos vamos. Usted ha tomado demasiado y no sabe lo que dice,” comenta Sofia.

“Claro que sé lo que digo, lo que pasa es que usted sabe que es la verdad. Su sobrina está fea y él es tan lindo.”

“Bueno, ahora sí nos vamos. Gracias por todo.”

“Pero, ¿cómo se van a ir? Si ustedes vinieron con nosotros,” dice el novio.

“Pues tu me llevas a mi y las dos feas que se queden juntas,” dice Hugo.

“No, usted vino conmigo y se va conmigo,” dice Sofía.

“Ok, yo creo que mejor se llevan nuestro carro. Nosotros tomamos un taxi. Mañana lo busco en tu casa, tía,” dice la sobrina.

“Yo creo que es lo mejor, porque don Hugo está que casi ni puede caminar.”

“Ah, el carro tiene las llaves pegadas, tía.”

“¿Que qué? ¿Como están los ladrones por aquí?

“¿Quién va a querer robarse un carro, mejor lo hurto a él,” dice Hugo.

Sofía se lleva a Hugo de lugar con mucho trabajo pues este no se quiere ir. Llegan al carro y Sofía coloca los zapatos en el piso del carro al lado de Hugo, y se marchan.

“Que bueno es viajar en carro. Este aire fresco es bueno para el cutis,” dice Hugo bajando el cristal del carro.

“Don Hugo, no se asome tanto que se va a caer,” dice Sofía al ver a Hugo asomado por la ventana mirando hacia fuera.

“¡Ay, que rico se siente! Voy a hacer algo que hacía cuando era muchacho,” dice Hugo a la vez que tira un objeto a un señor que iba en bicicleta.

“Don Hugo, pare las tonterías que nos van a detener por su culpa. Échese para adentro,” le regaña Sofía.

“Me siento mal; creo que tomé de más. Apúrese que quiero ir a mi apartamento, pero ya.”

Sofía lleva a Hugo a su apartamento y se va a su casa. Cuando llega adentro suena el teléfono. Es su sobrina.

“Tía, ¿por qué no se llevaron el carro? ¿En qué se fueron?”

“¿Cómo que no nos llevamos el carro? Está aquí en el garaje.”

“No, tía, el carro de nosotros está aquí.”

“Entonces el carro que está en mi garaje, ¿de quién es?”

“No sé, pero el nuestro no es.”

“Ok, sobrina, te dejo. Voy a ver ese auto.” Llega al garaje y cuando mira, el auto es rojo y el de su sobrina es azul.

“Dios mío, ¿qué me ha hecho hacer don Hugo? Me va a llevar la policía. Yo lo mato. O mejor no, él me ayudó a comprarme lo zapatos. ¡Los zapatos! Los dejé en el carro.”

Sofía abre el carro para buscar sus zapatos y ve la caja abierta. Falta un zapato. Lo busca por todas partes y no lo ve. Va corriendo al teléfono a llamar a Hugo. Este le contesta todo dormido:

“¿Que quiere? Déjeme en paz. Usted me debe todo a mí por esta noche tan buena que le hice pasar.”

“¿Buena? ¿BUENA? El carro que nos trajimos no es el de mi sobrina.”

“¿Y de quién es?”

“ ¿Qué voy a saber yo? Y para completar, en la caja de zapatos hay uno solo. ¿Usted no sabe en dónde está el otro.”

“Y yo, ¿cómo voy a saber?”

“Pero no puede desaparecer, yo vi los dos en la caja cuando salimos de la tienda.”

“Pues yo no sé nada de sus zapatos y ya déjeme dormir.”

“Don Hugo, ¿qué fue lo que usted le tiró al señor aquel que iba en la bicicleta?”

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F I N

    Reto Estilo Ecomoda #6
  • Personajes: Hugo, Sofia
  • Objetos/Situaciones: boda, zapato, el Corrientazo, carro hurtado

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