El Foco
Por: Mary Tenorio

“Ay, no mijito, conmigo no cuente,” le dice Berta a Freddy.

“Pero Bertita, por favor, si usted no me ayuda, ¿qué va a ser de mí? ¿No ve que don Armando está Empeñado en que lo acompañe hoy al Gato Negro y a la verdad es que yo, pues, le tengo miedo a la doctora Betty.”

“Pero Freddy, si usted lo que tiene que decirle es que no puede y ya.”

“No, Berta, no es tan fácil. Verá, es que la doctora y él están peleados y él como que quiere desquitarse saliendo a beber.”

“Pues que se vaya solo.”

“No, eso es lo malo. Ahí es que está el problema. No se quiere ir solo y si yo voy, la doctora se va a enojar conmigo por acompañarlo.”

“Bueno Freddy, yo le voy a decir algo. Yo voy a hablar con mi gordo y le voy a explicar el problema. Si él está de acuerdo, voy con usted, pero eso sí, me tiene que pagar una buena cena.”

“Lo que sea Berta, pero no me deje solo con don Armando.”

Berta sale prometiéndole a Freddy que va a hablar con su gordo y llega Armando.

“Freddy esta noche será la mejor noche de su vida. Verá lo que nos vamos a divertir usted y yo solos, sin ninguna mujer que nos diga lo que tenemos que hacer.”

“Verá, don Armando, es que hay un pequeño problemita.”

“¿Qué pasa, Freddy?”

“Usted sabe como es Berta, siempre está escuchando escondida porque a ella le encantan los chismes. Pues ella se enteró de que usted y yo vamos a ir al Gato Negro y me amenazó que si no la llevábamos a ella se lo decía a la doctora. No tuve más remedio que decirle que sí. Ahora, si usted no quiere que ella vaya yo le digo que no va, pero eso sí, de segura se lo cuenta a la doctora Beatriz.”

“Nooo, Betty no quiere que yo vaya al Gato Negro. Ella detesta ese lugar. Está bien, Freddy, vamos con Berta. Ahora tengo que llevar más plata porque ella come como diez personas.”

“Bien, doctor, entonces a rumbear esta noche.”

Llega la hora de salida y cuando sale armando ya Berta y Freddy lo están esperando.

“Hola, Berta. ¡Qué bueno que usted viene con nosotros! Así estamos mejor acompañados, porque es bueno siempre salir con una mujer que vigile a uno, no sea que uno haga cosas prohibidas,” dice Armando riéndose sarcásticamente.

“Don Armando, no lo entiendo. Yo voy porque Freddy…” empieza a decir Berta.

“Bien, bien, vamos que estoy loco porque empieza la rumba,” la interrumpe Freddy.

“Sí, es verdad, vamos antes que alguien más se nos quiera unir,” dice Armando.

“Freddy, no entiendo a don Armando, está como molesto porque yo voy,” dice Berta en voz baja a Freddy.

“No, Berta, lo que pasa es que está nervioso. Como la doctora no le gusta que él vaya al Gato Negro, tiene miedo de que ella se entere. Pero con usted yo sé que no hay peligro. ¿Verdad?” dice Freddy, temblándole la voz, pues sabe que Berta es la madre de las chismosas.

“Freddy, ¿cómo cree que yo voy a delatar a don Armando. Si me va a pagar la cena y qué cena. Voy a pedir lo más caro porque mi silencio vale dinero, en este caso, comida,” dice Berta.

“Bueno, ¿van a subir al carro o se van a pie? Apúrense que pueden llegar más espías,” dice Armando.

Freddy y Berta suben al auto. Llegan al Gato Negro y está más lleno que nunca.

“Freddy, esto está lleno. Nunca lo había visto así. Tenía que ser hoy que tenemos compañía,” dice Armando en voz baja para que Berta no escuche.

“No se preocupe don Armando, que Berta está de nuestro lado. Usted nada mas páguele una buena cena y ella es una tumba,” dice Freddy.

“No es que si ella dice que estuve acá el que se va a la tumba soy yo. Betty me mata.”

Llega la mesera y les busca una mesa cerca de la tarima. El encargado del lugar anuncia que es la noche de karaoke.

“¿Oyó eso, Freddy? Esta noche hay karaoke. Voy a anotarme. Ya yo tengo la canción que voy a cantar,” dice Armando.

“Don Armando, cante una balada. Usted canta muy bien aquella que dice: ‘mujer… mujer… mujer… si puede usted con Dios hablar….’ ¿Se acuerda que usted un día quería cántársela a la doctora?” dice Freddy.

“¡Cállese, Freddy! ¡Ya dije que sé lo que voy a cantar!”

“Muy bien, doctorcito, como usted diga.”

Armando se anota para cantar. Piden de comer y beber. Berta come de todo hasta que no puede más. Freddy y Armando están pasados de tragos y le toca a Armando el turno para cantar.

“Señores, esta canción se la quiero dedicar a Berta, amiga de mi esposa. Berta, ésta es para usted.”

Armando comienza a cantar: “De bochinche en bochinche… me gusta la noche, me gusta el bochinche… soy un caso perdido, me meto en el ruido y no puedo parar…”

Mientras Armando está cantando, por estar pasado de tragos, pierde el balance y se va de lado, y cuando quiere sostenerse lo hace de un foco de los que alumbran la tarima, y este se zafa y le cae encima.

“Se mató,” grita Berta.

“Doctor, pero qué bruto,” grita Freddy. “¿Para qué toma tanto?” le dice ayudándole a levantarse.

“Llamen a la ambulancia, que me atropelló un camión,” dice Armando que de tan tomado que está no sabe lo que sucedió.

“Don Armando, si fue sólo un foco lo que le cayó encima,” dice Freddy.

“No, Freddy, no fue un foco. Fue el camión completo que me atropelló,” dice Armando quejándose de dolor.

Freddy se asusta y desaparece. Mientras tanto, Berta lo atiende junto con las personas a cargo de la seguridad del lugar. Pasa un rato y él sigue insistiendo en que lo atropelló un camión.

“Don Armando no se preocupe, que fue sólo un foco de esos que alumbran ;a tarima que le cayó encima. Sólo tiene un chichón en la cabeza. No es nada.”

“Berta, cuidado si le va a decir algo a Betty. Para eso le pagué la comida, para que no hable.”

“No, don Armando, si yo no tengo que decirle nada porque ahí está Betty y viene para acá.”

“¿Pero cómo se enteró? Si el único problema era usted y está aquí. Nadie más sabía que veníamos para acá,” dice Armando.

Betty llega a donde él y está bien asustada. Le mira el chichón que tiene en la cabeza y lo besa.

“Betty, perdóname mi amor, es que tenía coraje contigo y quise venir a desquitarme a este lugar, como sé que lo detestas. ¿Y sabes lo que me pasó de castigo?” pregunta Armando.

“Si, mi amor, lo sé todo. Por eso no tengo coraje, porque sé que ya recibiste tu castigo y por lo menos no fue nada de qué lamentarse. Es sólo un golpe como el que te iba a dar yo si me enteraba que estabas aquí. El foco se encargó de eso,” dice Betty riéndose ya que sabe que él está bien.

“Oye, mi amor, ¿y cómo te enteraste de que yo estaba acá? Porque Berta no se ha separado de mí ni un momento. ¿Y Freddy? ¿Dónde está Freddy? ¡FREDDY STEWART CONTRERAS!” grita Armando, pero Freddy hacer rato que desapareció.

F I N

    Reto Estilo Ecomoda #17
  • Personajes: Armando, Berta, Freddy
  • Objetos/Situaciones: foco, karaoke, ambulancia, balada

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