Encerrado en el closet
Por: Super Tina

Hugo no era maquillista de profesión, pero Gabriela Garza reconocía que él tenía muy buen gusto. Él le escogía su maquillaje y ella, a cambio, lo invitaba a eventos donde seguro se encontraría con ejecutivos hermosísimos.

Hugo llamó a Gabriela desde su apartamento para recordarle que buscara los productos de belleza que él había escogido para ella.

“Te escogí unos tonos malva que te van a quedar divinos.”

“Si, Hugo, te iba a decir que---“

“El rubor está bombis y los lápices labiales requetebombis.”

“Te quiero decir que---“

“Y lo mejor de todo es que hasta me sobró de tu plata y te compré una correa hermosísima. Es de camuflaje con tonos rosa y azul oscuro que sé que te quedará precioso con tu chaqueta azul.”

“Hugo es que---“

“Pero, ¿por qué tanta interrupción?” preguntó Hugo, molesto. “No me digas que no te gustan los colores malva. Ay, no, no… ¿Pero cómo va a ser?”

“Hugo, Hugo, cálmate. El maquillaje que escogiste está perfecto. Es que quería avisarte que tengo un compromiso esta noche y no voy a poder ir. ¿Te parece bien si envío a Kenneth a tu apartamento para que me los busque?”

Hugo se quedó sin palabras. Quería saltar por todos los muebles y expresarle a todo Bogotá su alegría con un grito. Pero sólo dijo:

“Está bien. Dile que… lo estaré esperando.”

* * * *

Hugo preparó la casa para recibir al americano. Colocó almohadas por toda la sala en lugares muy estratégicos, bajó la intensidad de las luces y puso un poco de música clásica para crear ambiente.

Se sentó en un sillón y colocó a Bárbara Chesai en su falda. Le peinó a la perrita su pelo con un cepillito de muñeca, y le susurró al oído:

“Barb, yo creo que esta noche se me da.”

Sonó el timbre de la puerta y Hugo prácticamente flotó hacia ésta. Con Barb en una mano, abrió la puerta. Se quedó boquiabierto.

“¿P-pero qué es esto?”

“Buenas, buenísimas, don Hugo. Perdone, pero disculpe la molestia ya que me encuentro yo aquí en sus aposentos, pero es que el queridísimo doctor Johnson aquí a mi lado---“

“Hola, don Hugo.”

“---y yo nos vamos de rumba tan pronto salgamos de sus instalaciones semivaroniles.”

“Mire, Freddy Stewart,” dijo Hugo. “Se me va usted de acá, pero volando. Aquí nadie le invitó. Flu, flu, voló.”

“Que pena, don Hugo,” dijo Freddy. “pero me encuentro aquí presente por ordenes específicas del doctor Johnson.”

“¿O-ordenes? ¿Pero cómo que ordenes? Kenneth ¿para qué usted le pidió al cabeza de plancha este a que le acompañara acá?”

Kenneth no tenía valor para contarle a Hugo que temía estar solo con él; Hugo no disimulaba con sus avances en Ecomoda, y él no se quería imaginar lo que intentaría hacer Hugo a solas con él en su apartamento.

“Eh… Hugo, ¿será que me puede entregar el maquillaje de Gabriela? Es que tengo mucha prisa.”

“Vamos, vamos, don Hugo. Colabore que se nos enfrían las niñas que nos esperan al doctor y a mí en el Gato Negro.”

“Está bien,” dijo Hugo, derrotado. “Ya voy por las cosas.” Puso a Bárbara Chesai en el suelo y le dijo a la perrita: “Cualquier cosa que toque el marrano mensajero me lo saca a mordiscos, ¿oyó?”

Hugo entró a su amplio closet y se le ocurrió una brillante idea…

Freddy y Kenneth se quedaron esperando a Hugo, muy incómodos, al observar que la decoraciones de la sala consistían mayormente de desnudos masculinos. De pronto se escuchó la voz de Hugo que llamaba:

“¡Ay, Kenneth! Kenneth, ¿serías un amor y viene acá a la habitación un momento?”

“¿A-a la habitación?” Kenneth miró a Freddy y le dio un empujón de ‘mejor vaya usted’.

“Ay, ¿por qué yo?” dijo Freddy en voz baja, y luego con más volumen. “Eh, ¿qué se le ofrece, don Hugo? Que yo le ayudo.”

“Estoy hablando con Mr. Johnson No sea atrevido, Freddy.”

Kenneth no encontró nada más que hacer que ir a donde Hugo.

“Ay, Kenneth, mire es que colgué la correa que le compré a Gabriela en un gancho que está medio viejito y ahora fíjese que no sale. Usted que es tan alto y fuerte… y varonil… eh, pues intente sacarlo a ver.”

Hugo y Kenneth entraron al closet y Hugo haló rápidamente la puerta para que quedaran ambos encerrados.

“¡Ay, se cerró la puerta!” exclamó Hugo, pretendiendo estar sorprendido.

A Kenneth le dio pánico al verse encerrado con el modista. Hugo lo notó, se le acercó y le dijo suavemente:

“Ay no… ¿pero qué vamos a hacer usted y yo aquí encerrados?”

“Don Hugo no se acerque más. Le recuerdo que yo fui un Marine de los Estados Unidos de América y me sé defender muy bien.”

Kenneth se colocó en posición de artes marciales y Hugo comprendió que éste no le iba a seguir el juego.

“Ay, usted es un aguafiestas. Está bien, me rindo. Váyase con Freddy a emborracharse con las trepadoras esas que les gustan a ustedes.”

“Don Hugo apúrese y abra la puerta que yo soy claustrofóbico.”

“¡Y homofóbico!”

“Perdone que le gritara pero usted se las buscó.”

Kenneth buscó la perilla de la puerta y no la encontró.

“Don Hugo, ¿cómo vamos a salir de aquí? ¡Estamos atrapados!”

Ambos le gritaron a Freddy a que les rescatara. Freddy les oyó y corrió a la habitación seguido por Barb.

“¿Qué es esto? P-pero, ¿qué es esto?” preguntó Freddy. “¿Qué hacen ustedes ahí encerrados?”

“Deje de hacer preguntas tontas y abra la puerta,” gritó Hugo.

Freddy trasteó la perilla, pero nada.

Don Hugo, perdóneme, pero discúlpeme, pero esto no me abre.”

“Es que usted es bruto, Freddy,” dijo Hugo. “¿Usted no ve que esta puerta es lo último en la tecnología? Necesita una llave para abrirla.”

Freddy ve una llave en la cama y la inserta por la ranura. La gira y gira y ¡clac! se parte.

“Ah, antes que se me olvide,” dijo Hugo. “No vaya a usar la llave que está en la cama que es del carro. La llave a la que me refiero es una tarjetita que se parece así como las de crédito.”

“Don Hugo,” dijo Freddy. “es de mi más pésame sentimiento que le informo a usted y a Mr. Johnson, que se encuentran ahí encerrados en tan pequeños espacio, que…” y echándose a llorar dijo: “…metí la llave que no era y se me quedó atorada la mitad de la llave de su carro en la ranurita.”

Kenneth y Hugo le gritaron insultos en español e inglés. Freddy se defendió preguntándole a Hugo que a quién se le ocurre tener un closet bajo llave.

“Déjese de bobadas y haga algo, Freddy, que se me desmaya el gringo.”

En efecto, Kenneth no soportaba los espacios encerrados y estaba al punto del desmayo. Hugo aprovechó para sujetarlo hasta que un técnico pudo abrir la puerta minutos más tarde.

Freddy se pasmó al ver a sus compañeros de trabajo. Hugo estaba parado con una correa masculina amarrada en la frente, y con una cara de ‘yo no hice nada’ mientras que Kenneth se encontraba sentado en la esquina llorando, con las manos en la cara, con la correa de Gabriela puesta en lugar de la suya y repitiendo a sollozos:

“Yo fui un Marine de los Estados Unidos de América… Yo fui un Marine de los Estados Unidos de America…”

F I N

    Reto al Estilo Ecomoda #20
  • Personajes: Kenneth, Freddy, Hugo
  • Objetos/Situaciones: correa, maquillaje, atorado, llave

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