Por culpa del celular
Por: Mary Tenorio

Hugo prepara su nueva colección. Todo es tensión a su alrededor. Los gritos de Armando no cesan y esto pone de mal humor a Hugo. Decide salir del taller para ver si se le calman los nervios y se encuentra con Nicolás.

“Lo que me faltaba. Ahora tengo que ver al tonto este.”

“Hola, hola, ¿que tal don Hugo? ¿Cómo está la colección? ¿Ya terminó?”

“Mal. No está terminada. Y no. ¿Le conteste las preguntas o tiene más?”

“Don Hugo usted como que está de mal humor y eso no es bueno. ¿Por qué no se come algo a ver si así se le quita? A mí eso siempre me funciona, como y se me desaparecen todos mis problemas.”

“More, no estoy de humor, mucho menos tengo apetito. Lo que quiero es salir de acá, respirar aire puro.”

“Bueno, si usted quiere, yo lo llevo a que coja aire puro, pues tengo que ir a llevar unos papeles a los abogados de Ecomoda. Así no tengo que ir solo, porque a la verdad que cada vez que salgo las mujeres no me dejan caminar. Todas quieren estar conmigo.”

“Sí, como no. A ver, déjame ver si entendí. A usted no le gusta salir solo porque las mujeres no lo dejan en paz. La verdad es que usted es gracioso. Pues mire que le voy a aceptar la invitación aunque me arrepienta toda la vida.”

“Pues vamos, vamos, que no se puede perder el tiempo.”

Cuando están saliendo de Ecomoda se encuentran con Freddy y Hugo dice:

“No, si hoy es mi día. No bastaba el tonto, ahora llega el mensajero.”

“Hola, buenos días, don Hugo, doctor Mora. ¿Y se puede saber a dónde van ustedes tan solitos? ¿Tienen alguna fiesta privada?” les pregunta Freddy.

“No confunda, Freddy. Sólo estoy haciéndole un favor a don Hugo,” dice Nicolás.

“Mire, Freddy, yo tengo malos momentos, pero no malos gustos,” dice Hugo.

“Freddy, si usted quiere puede acompañarnos,” dice Nicolás.

“Pues como no, yo tengo deseos de ver nuevos horizontes. Aquí el aire está medio cargado. Don Armando no para de gritarle a todo el mundo.”

Nicolás le explica a Freddy lo que va a hacer y por qué Hugo va con él. Freddy rápido busca solución a sus problemas a su manera.

“Bueno, yo tengo la solución para liberarnos de tanta tensión. Nos vamos a un bar, pedimos una botella de un buen licor y a olvidar las penas, los gritos, los abogados y todo lo que se interpone en nuestro camino a la felicidad.”

“No, Freddy, me mata don Armando si no llego rápido y sigo con la dichosa colección. Ay, sólo de mencionarla siento que me sofoco, me falta aire. Freddy…”

“No, a mi no. No me mire. Si le falta aire vamos rápido al convertible de Nicolás y así le da el aire puro.”

“Freddy no sea iluso, que usted no es mi tipo.”

“No, ni aunque lo sea.”

“Bueno, bueno, vamos. Yo creo que Freddy tiene razón. Vamos a tomarnos ese licor y a olvidar los problemas por un rato. Después resolvemos con don Armando y sus gritos,” dice Nicolás.

Los tres se van en el carro de Nicolás al Gato Negro. Están decididos a olvidar por un rato a Ecomoda y sus problemas. Rápido que llegan allí se van al bar y piden una botella del mejor licor.

“Ay, no sé. Todavía siento los gritos de Armando. Yo creo que se dio cuenta y nos siguió,” dice Hugo.

“Vamos, don Hugo, sea hombre, caramba, aunque le de trabajo,” dice Freddy.

“Mire Freddy conmigo no se meta, que usted está aquí porque Nicolás lo invitó.”

“No, si yo sé que usted quería estar solito con él,” dice Freddy.

“Bueno, vinimos aquí a hablar o a tomar. Vamos, otra ronda por nosotros los hombres,” dice Nicolás.

“Y los no tan hombres,” dice Freddy.

“Bueno, pero que quede bien claro, estoy aquí sólo por no escuchar a don Armando, no es que quiera estar aquí con ustedes dos,” dice Hugo.

Cuando van por la segunda botella ya los tres parecen los mejores amigos del mundo.

“A ver, mi distinguido doctor Mora, ¿usted me quiere decir que ha nunca tomado tanto licor? Pero mi amigo, usted entonces no es de este planeta,” dice Freddy.

“ ¿Y hasta ahora usted se entera? ¿Es que no ve esa pinta? ¿Usted cree que hay otro igual a él en la Tierra?” dice Hugo sin poder contener las carcajadas.

“No, a la verdad, distinguidísimo doctor, que usted está bien feito,” dice Freddy a punto de caer al suelo de tanta risa y tantos tragos.

“Bueno, bueno, que ustedes tampoco son bellos: don Hugo usted está calvo y Freddy, usted tiene la cabeza plana. Yo sólo tengo algunos defectos casi invisibles,” dice Nicolás enojado.

“Mi querido doctor, no se enoje que estamos pasándola muy bien aquí. A ver, ya queda poco en esta botella. Hay que pedir más,” dice Freddy.

“No, Freddy, si ya no puedo beber más. Ya veo dos Nicolás y dos Freddy y creo que no soportaría ver ni uno más de ustedes. Mejor nos vamos,” dice Hugo.

“No, mi querido amigo. Todavía queda licor en esta botella y hay que terminarla. Este licor es del mejor y cuesta mucho dinero,” dice Freddy.

“Bueno, por lo menos no tengo que pagar yo. A mi me invitaron a salir y el que invita, paga,” dice Hugo a Nicolás.

“No, don Hugo, usted se equivoca. Yo lo invité a tomar aire. En todo caso, el que nos invitó a beber fue Freddy. Así que al que le toca pagar es a él,” dice Nicolás.

“ ¿C-cómo? Ustedes saben que yo no tengo dinero. Soy un simple mensajero. Usted Nicolás es un ejecutivo. Gana más que yo. Y usted Hugo como diseñador le pagan muy bien,” dice Freddy asustado.

“Freddy yo no tengo plata. Yo dejé mi bolso en Ecomoda,”’ dice Hugo.

“Y yo me marché tan rápido que dejé la billetera en la oficina. Como yo no salí a beber… Esos fueron inventos suyos,” dice Nicolás.

“Ayyyyym, ¿qué hacemos ahora? Yo no tengo plata. Yo pedí las botellas del mejor licor porque estaba con ustedes. Yo pensé que ustedes pagaban,” dice Freddy al borde de la histeria.

“Pues, Freddy, la próxima vez que invite asegúrese de que puede pagar. Y ahora, busque la forma de hacerlo porque usted es el responsable de que estemos aquí,” dice Hugo.

“Yo creo que lo mejor es llamar a Ecomoda para que Wilson me traiga la billetera y el bolso a don Hugo y entre los dos pagamos,” dice Nicolás.

“A la verdad, doctor Mora, que usted lo que tiene de feo lo tiene de bruto,” dice Freddy.

“Lo de bruto no se lo acepto,” dice Nicolás muy serio.

“¿Pero usted no ve que no podemos llamar a Ecomoda? Si Wilson nos ve así en este estado, se lo va a contar a todo el mundo. El pobre es torpe y no sabe guardar secretos,” dice Freddy.

“Entonces, ¿qué hacemos? Yo no voy a lavar platos. Se me daña el manicure,” dice Hugo.

“Bueno, creo que lo mejor es llamar a Betty. Ella es de mi confianza y no nos va a delatar,” dice Nicolás.

“Pues llámela, pero no diga que yo estoy aquí. Ella me odia y si sabe esto me hace papillas mi reputación,” dice Hugo.

“Por lo menos traje el celular. Voy a llamar a su oficina y espero que esté sola, que el ogro no esté allí. Si se entera que nos fuimos de rumba, como dice Freddy, nos mata,” dice Nicolás.

Nicolás marca el número de la oficina de Betty en el celular, y en ese momento Freddy derrama un vaso de licor encima de Hugo y éste le grita a Freddy. Nicolás suelta el celular para calmarlos y los tres están gritando a la vez cuando escuchan por el celular una voz que les grita:

“Nicolás Mora, Hugo Lombardi y Freddy Stewart Contreras, ¿en DONDE demonios se encuentran ustedes?”

F I N

    Reto al Estilo Ecomoda #5:
  • Personajes: Freddy, Nicolás, Hugo
  • Objetos/Situaciones: bar, celular, licor, dinero

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